XXV

Puede que te sientas solo…

- ¿Te casarías conmigo?- inquiere él, con tono sincero, mientras la mira preparar la cena. Ella trata de ocultar su entusiasmo.

- ¿Es eso una propuesta, Hudson?- responde, sin mirarlo y sin abandonar su tarea.

- Es más bien una pregunta hipo… hipatetica.

- Hipotética.

- Eso. Supongamos que te lo pido y que tenemos edad y yo… ya te compré una casa y tu ya has ganado un par de Tomis…

- Tonys.

- Si, un par de esos. Tu… ¿Te casarías conmigo?- repite, con un dejo de esperanza en la voz. Rachel sonríe, limpiándose las manos con el delantal que lleva puesto y sentándose frente a él en la isla de la cocina.

- Veamos… me casaría con un hombre, de seguro. No se si la casa me importaría tanto, y los Tonys son opcionales. Hay otras cosas más importantes.- le explica, tomándolo de las manos.

- ¿Más importantes que un Tony?- pregunta Finn, entre confundido y sonriente, provocándole a Rachel un ataque de risa.

- Sí, Finn, hay cosas más importantes que un Tony.

- ¿Cómo por ejemplo…?

- Que ese hombre sea el correcto.

- ¿Y que debe tener uno para ser el correcto?

- Debe ser amable y dulce. Tener un buen corazón. Ser determinado y pasional. Tener un lindo cabello, aun si es imposible de peinar.- bromea ella, acariciándole los desarreglados y cortos cabellos de su coronilla. Finn sonríe ante el contacto.- No hay mucho más que pedir, en realidad. Si me ama lo suficiente como para esperar hasta que gane un Tony para casarse conmigo… debe ser el hombre correcto, ¿no?- murmura, trazando con su pulgar la línea de sus labios. Finn la mira por un momento antes de volver a hablar.

- ¿Estoy en una buena posición entonces?- le pregunta, también en un murmullo, con una media sonrisa que trata de esconder (vanamente) la fragilidad que sus ojos muestran.

- Estas en una excelente posición.- responde Rachel, escondiendo la mirada. Se pregunta por un instante como una charla tan simple se tornó en algo tan profundo, tan sincero, tan increíble.

- Yo me casaría contigo.- dice él, con voz segura.

- ¿Si?

- Si, sin dudas.

- ¿Ahora?

- Sí, ahora mismo. En esta cocina. ¿Te casarías conmigo?

- No.

- ¿Por qué no?

- No te pusiste de rodillas, Finn. No puedo tomarte en serio.

- Me estoy arrodillando ahora…- las risas de Rachel se ven interrumpidas por el sonido de la puerta de entrada azotándose, y segundos después Kurt aparece en la cocina.

- Oh… creí que estarían afuera.- murmura, sorprendido, tratando de ocultar el rostro. Tiene los ojos hinchados y rojos, como si hubiera estado llorando.- Estaré en mi habitación.- dice, dejando sus cosas en la mesa de la cocina y perdiéndose en las escaleras.

- ¿Y a éste que le pasó?- inquiere Finn, mirando a Rachel con sorpresa. Ella encoje los hombros y niega con la cabeza. Sabe, sin embargo, que lo único que puede poner a Kurt en ese estado de tristeza empieza con B y canta unos duetos magníficos.

-oo-

- ¿Kurt? ¿Puedo pasar?- inquiere Rachel, abriendo un poco la puerta.

- Sí… pasa.- responde él, con la voz tomada, limpiándose la nariz.

- ¿Quieres contarme que te ocurre?- pregunta ella, sentándose a su lado en la cama. Kurt suspira.

- Blaine rompió conmigo.- le explica, conteniendo el llanto. Rachel siente como si su corazón se rompiera en mil pedazos.

- Kurt… lo siento mucho.- murmura, recostándose a su lado y abrazándolo por la cintura. Él se relaja un poco entonces, como si eso fuera lo único que le hiciera falta.

- Dice que no quiere someterme a todos sus problemas, que su padre está cada vez peor y que yo ya tengo suficiente con mis propios líos. Traté de hacerlo cambiar de opinión, pero ya estaba bastante decidido.- le dice, con la voz cargada de tristeza y resignación, y las lágrimas vuelven a brotarle.

- Volverá, ya lo verás.- lo consuela ella, limpiándole el rostro.

- ¿Cómo lo sabes?

- Creo que tengo un poco más de experiencia en esto que tu, ¿no?- bromea ella, sonriendo al oír la pequeña risita de Kurt.- Y si no vuelve… conseguiremos otro. Mercedes y yo podemos formar una especie de… brigada. Haremos un casting de novios para ti.

- Eso sería fantástico.- agrega él. Se quedan en silencio un momento, ambos pensando en formas de solucionar las cosas, y es Kurt quien vuelve a hablar.- Sabes… a veces me daban ganas de golpearte contra una pared. Pero eso ocurre cada vez menos.- confiesa él, con una media sonrisa.

- Tomaré tu comentario como un cumplido. La cena estará lista en quince minutos, si quieres bajar.- le dice ella, dándole un pequeño apretón y dirigiéndose a la puerta. Antes de abandonar la habitación, sin embargo, se voltea para verlo.- ¿Sabes cual es nuestro lema, no? Puede que te sientas solo…

- Pero no lo estás. Lo se, gracias Rach.- finaliza él, también levantándose y buscando su pijama. Rachel piensa entonces en como va a hacer para transmitirle a Finn la noticia.

-oo-

- No, no te sientes aquí, siéntate ahí enfrente.- la escucha decirle a su hermano en cuanto baja la escalera. Se detiene en el pequeño descanso para escucharlos.

- ¿Porqué no quieres que me siente a tu lado?- se queja Finn, ocupando el lugar en la otra punta de la mesa.

- Porque no es conveniente que Kurt nos vea juntos, Finn. No quiero que se sienta peor. Es como… escarbarle en la herida.

- Aún no puedo creer que ese idiota haya cortado con él. ¿Qué acaso está loco?

- Finn…

- No, en serio, lo detesto. Siento que debería… darle una paliza. ¡Eso haré! Llamaré a los chicos e iremos a darle una paliza…

- No, no irás.- lo interrumpe Kurt, entrando en la habitación, arrastrando sus pantuflas y tumbándose en la silla. Finn lo mira con el entrecejo fruncido por un segundo.- Te agradecería si pudieras evitar hablar del tema. Se que no puedes evitar ser este… macho protector, y te lo agradezco, en serio que si. Pero no lograrás solucionar nada. Así que… comamos esta delicia que Rachel preparó.- finaliza, como si con eso bastara para terminar con el tema.

- Tu hablabas de Rachel todo el tiempo cuando nosotros terminamos.- murmura Finn, ofendido, concentrándose en su plato.

- Era diferente. Yo trataba de hacerte entrar en razón. Nunca propuse ir a golpearla. Aunque si pensé en golpearlo a él un par de veces.- le murmura a Rachel, con una media sonrisa. Ella le devuelve el gesto.

- ¿Quieren ver "American Idol" después de comer?- propone ella.

- Suena fantástico.- exclama Kurt. Hablan de la receta de la comida, de SAM y Mercedes, de la práctica de Football de Finn y de sus planes para el último mes de vacaciones. Rachel les cuenta un par de historias graciosas de una prima suya que colecciona cosas raras, y critican a cada uno de los concursantes de "American Idol" (claramente, ninguno de ellos llega ni a los pies de Rachel o de Kurt). Para cuando Carole y Burt vuelven de su torneo de Bowling, ya han armado tres rompecabezas y Finn dormita sobre la falda de Rachel mientras ella y Kurt miran "La Novicia Rebelde".

- ¿Se divirtieron hoy?- pregunta Carole, dejando las bolsas en el suelo. Kurt suelta un suspiro, y Rachel puede ver como se le llenan los ojos de lágrimas.

- ¿Cenaron Burt y tu? Porque hice lasaña y quedó bastante en la heladera. Puedo recalentarla si quieres.- le dice a Carole, tratando de cambiar el tema. La mujer la mira por un momento, como tratando de entender porqué su hijo parece a punto de llorar.

- No, tu… quédate cariño. Yo lo haré.- dice ella, dejándolos solos de nuevo.

- ¿Crees que tus padres se enojarían si te quedaras a dormir conmigo hoy?- le pregunta Kurt, volviendo a mirar la pantalla del televisor, pero apoyando suavemente su cabeza en el hombro de Rachel. Ella mira a Finn, quien suelta pequeños ronquidos mientras duerme en su falda, y piensa en todas las noches en que lloró sola en la penumbra de su habitación.

- No, claro que no. Les enviaré un mensaje para avisarles.- le responde a su amigo, dejando caer su propia cabeza sobre la de él.

-oo-

- ¿Sabes? Ya me parecía que todo esto era demasiado bueno para ser real.- le confiesa Kurt, mientras ambos se meten en la cama. Rachel suspira.

- ¿Porqué dices eso, Kurt?

- Porque es verdad. Piénsalo, Rach… en sólo un año pasé de ser este chico encerrado en el closet a tener un novio increíble, un montón de amigos, una familia fantástica… algo debía salir mal.- explica, con un dejo de amargura en la voz, untándose una crema en las manos. Rachel está a punto de contestarle cuando la cabeza de Finn se asoma por la puerta.

- ¿Puedo pasar?- pregunta, manteniendo los ojos cerrados.

- Si, cariño, entra.- le ordena Rachel. Finn deja un plato de galletas y dos vasos de leche caliente en la mesa de luz.

- Es para… hacerte sentir mejor.- le dice a Kurt. Él asiente, con los ojos llorosos, murmurando un gracias.- Si me necesitan, saben adonde encontrarme.

- Si, tu ve a dormir, yo me ocupo desde aquí.- asiente Rachel. Finn se acerca hasta su lado de la cama para besarla, pero se arrepiente a último minuto, al recordar que Kurt está allí.

- ¡Bésala ya y vete a si podemos hablar!- protesta su hermano, en tono de broma, y Finn obedece.

- Buenas noches.-le murmura a Rachel, besándola primero en los labios y después en la frente.

- Buenas noches.- responde ella, acariciándole una mejilla. En cuanto Finn cierra la puerta, ambos atacan el plato de galletas y los vasos de leche, y Kurt apaga la luz mientras Rachel se mete debajo de las sábanas.

- De entre todas las pocas certezas de mi vida, hay un par de cosas que tengo en claro.- le dice, en la oscuridad. Rachel suelta una risita.

- ¿Qué mis galletas son increíbles?

- Número uno, sí. Realmente son increíbles. Número dos, tengo un cabello magnífico. Número tres, voy a envidiarte por siempre que tu hayas conocido a Patti Lupone antes que yo…

- Hey, no me culpes. La culpa es de Finn por llevarme a cenar a Sardi's.

- Número cuatro que, a juzgar por lo fantásticos que son para cuidarme a mi y a mi pobre corazón en pena, Finn y tu serán unos padres maravillosos algún día.- le confiesa. Ella suspira.

- ¿Realmente lo crees?

- Claro que si. ¿Te he mentido alguna vez? Desde que somos mejores amigos, al menos.

- No, no me has mentido.- afirma ella. Se estira un poco en la cama para tomarlo de la mano, pero entonces Kurt se gira y la abraza, poniendo su cabeza en el hombro de la chica otra vez. Hablan bastante esa noche. Hablan de Broadway y de Finn y del Club Glee. Hablan de Santana (¡Dios, que bien se siente poder compartir eso con alguien!) y Kurt habla un poco de su madre. Hablan de todo lo que duele, también. Él llora, ella llora, ambos lloran. Nada de eso, sin embargo, es lo importante. Lo más importante es que ambos descubren, en esa noche, que realmente no están solos, y nunca lo estarán.

-oo-

Blaine aparece a la mañana siguiente, mientras todos comen el desayuno, con un ramo de flores y los ojos rojos de tanto llorar. Rachel no sabe cómo hizo Finn para contener su furia al abrir la puerta y encontrarse con él del otro lado. Para ese entonces, Carole y Burt ya están al tanto de la situación, y la mujer les hace prometer a su esposo y a su hijo que no harán ninguna estupidez, a lo que ambos responden con un quejido (y Finn murmura algo parecido a un "Rachel me ordenó lo mismo"). Una hora después, Blaine y Kurt entran a la cocina de la mano, sonriendo, y Rachel les prepara algo de café y un par de tostadas. Organizan una noche de películas para el fin de semana, y Blaine se ofrece para llevar a Rachel hasta su casa en cuanto terminan de desayunar.

- ¿Nos vemos el Sábado, entonces?- le dice, en cuanto estaciona en la entrada de la residencia de los Berrys.

- Nos vemos el Sábado, Warbler.- afirma ella, bajándose del auto. Se detiene antes de cerrar la puerta, y se inclina un poco para verlo.- ¿Blaine?

- ¿Sí, Rachel?

- Esta vez te salvaste de que te rompa el trasero… pero la próxima, Finn y yo no te tendremos tantas consideraciones.- le dice, con los ojos cargados de furia. Blaine asiente, tragando saliva, y Rachel sabe que el mensaje le ha llegado porque al sábado siguiente, en su cita programada, Blaine hace lo imposible para perder a las charadas.