Charlotte y Draco aterrizaron en lo alto de una colina solitaria. Enfrente a ellos se veía un pequeño pueblo limitado por el mar a un lado y por los campos de cultivo por el otro lado con un frondoso bosque. A simple vista parecía un pueblito sacado de un cuento tradicional, con su puerto, sus manzanos, su plaza… El mar estaba en ese momento algo picado y la nieve era muy escasa. Pero aún así el aire les llegaba frio y salado.

- Vaya, que bonito – dijo Charlotte mirando como empezaba a ocultarse el sol más allá del mar, y como iban encendiendo poco a poco las luces de las casas.

- Si y muy tranquilo. Vivimos al otro lado del pueblo, en aquella otra colina.

Charlotte levantó la vista para posarla donde le indicaba Draco, y efectivamente allí había otra pequeña colina que acababa con un acantilado pegado al mar donde reinaba una casita blanca, la de los Malfoy.

Los dos echaron a caminar ladera abajo y para cuando llegaron al centro del pueblo ya casi era de noche. Estaban en una plaza rodeada de varias casas y tiendas y una hermosa iglesia sencillita ya muy antigua. Justo en el centro, acababan de instalar un gran árbol de navidad, que aún estaba apagado. Alrededor de él jugaban los niños, corriendo y riendo, mientras los más mayores se sentaban a comentar lo bien que había quedado ese año el árbol.

- Mañana harán el encendido de las luces, si te apetece podemos bajar a verlo. Al parecer es una tradición del pueblo y se reúnen todos.

¿Draco Malfoy asistiendo a una tradición muggle rodeado de muggles? Una grata sorpresa…

- Si, me encantaría verlo – le sonrió.

Continuaron el camino a casa enfilando un caminito de tierra al salir del pueblo. Al final, en lo alto, Charlotte pudo apreciar la casa. Era una maravillosa casa victoriana, preciosa, de color blanca con los marcos de las ventanas y la puerta verdes claro. En las ventas había maceteros colgados con preciosas florecillas de todos los colores. Pero lo que más le gustó a Charlotte fue el porche, que rodeaba la fachada y los laterales de la casa. Al lado de la puerta había un cómodo sofá exterior desde el cual sin duda, se podía ver todo el panorama del pueblo. La casa acababa con una buhardilla, con una ventanita redonda y con los cristales tintados de varios colores.

- Llegamos – le susurró Draco. Y a juzgar por la voz quebrada, Charlotte dedujo que su amigo estaba muy nervioso. La tomó de la mano y abrió la puertecita que daba al jardín delantero. Ambos lo cruzaron, Charlotte observándolo todo, las flores, los matorrales, las rosas blancas… Todo aquello parecía tan surrealista, tan hermoso.

- ¿Te gusta? – le volvió a hablar Draco.

- Me encanta. ¿Tu madre cuida del jardín?

- Si, la jardinería siempre le gustó. Y con este hizo un espléndido, pero tu espera a ver el de atrás – le sonrió algo más tranquilo.

Sintieron abrir la puerta principal, y por ella apareció una majestuosa Narcissa con una radiante sonrisa en su rostro.

- Draco cariño, ya estás aquí – y corrió a abrazar a su hijo. Se notaba que lo echaba de menos, y ese día estaba ansiosa por volver a verlo. El chico hizo lo propio con ella, y también la rodeó con sus brazos. Al separarse, Narcissa se volvió hacia Charlotte.

- Oh, Charlotte, como me alegro volver a verte – y la abrazó también a ella - ¿Cómo estás? Me alegré mucho cuando Draco me dijo que vendrías.

- Bien señora Malfoy. Muchas gracias por recibirme – le contestó Charlotte. Narcissa se limitó a sonreírle y los hizo pasar adentro. Los condujo hasta al salón, donde un fuego crepitaba en una hermosa chimenea al fondo, rodeada por un sofá y varios sillones cómodos. En la repisa de la chimenea y sobre una cómoda descansaba las fotografías familiares, que parecían sacadas del siglo XVII. Las cortinas colgaban elegantes sobre las ventanas, y en los muebles relucían la vajilla y demás decoración. Todo era tan acogedor que a Charlotte no le costó imaginarse lo bien que debía sentar estar al lado de aquel fuego leyendo un buen libro, sin preocuparse de nada. En el centro, había una mesita, con un jarrón con flores y tres tazas humeantes de chocolate recién hecho con un platito de pastas.

- Creí que llegaríais con hambre y frío, así que supuse que lo mejor era un chocolate caliente. ¿Todavía te gusta con un poco de nata no?

- Si claro.

Charlotte se quedó boquiabierta. Aquella señora todavía recordaba cómo le gustaba el chocolate cuando lo tomaba con ocho años. Y de aquello hacía ya tanto tiempo… Y ahora estaban allí, en un ambiente cálido, sencillo y humilde, era una madre preocupada por el estado de su hijo después de casi cuatro meses sin verlo. Parecía imposible vincularlos con aquella familia que había aportado tanto daño en la guerra. Se preguntó si el orgulloso Lucius Malfoy sabría cómo estaban viviendo su mujer e hijo, y si eso continuaría así cuando saliera de Azkaban… Quizás volverían a la mansión…

- Draco cariño ¿podrías subir los baúles a las habitaciones? Después de tomar el chocolate podrás enseñarle a Charlotte dónde dormirá.

- Si madre – y con un hechizo levitador desapareció por el pasillo y subió por las escaleras con los dos baúles detrás de él.

- ¿No tenéis elfos domésticos? – dejó escapar Charlotte sin querer, pero dicen que la curiosidad mató al gato. Se arrepintió enseguida al ver como una sombra fugaz oscurecía los ojos de su anfitriona.

- No, ya no. Tuvimos que dejarlos después de los juicios. Tan sólo se quedó uno, que vive en la mansión para poder seguir cuidándola. Nosotros, con el poco dinero que nos quedaba, compramos esta casa y logramos mantenernos con las pocas ganancias de nuestros negocios. Hoy en día es difícil cerrar un trato cuando el apellido Malfoy está presente en el documento – Charlotte se sentía incómoda con aquella conversación. Era de esperar que si Draco tenía problemas con la escuela, lo mismo ocurriera con la familia en general en asuntos económicos – Espero que cuando Draco se incorpore a l frente de las empresas todo mejore… - soltó en un suspiro justo antes de que el joven Malfoy entrase en el salón. Charlotte cogió su taza de chocolate con nata y tomó un sorbo, sintiendo enseguida el calor reconfortante de la bebida.

...

Faltaban tres días para Navidad y Charlotte y Draco habían decidido dar una vuelta por el bosque de detrás de la casa antes de comer. Habían pasado toda la mañana adornando la casa para la Navidad y hartos de tantas luces y adornos, se habían alejado un poco del trabajo para poder respirar aire fresco. Ambos iban metidos en enormes abrigos, con las manos en los bolsillos y ocultos por sendos gorros de lana. Draco, además, llevaba una gruesa bufanda alrededor del cuello que lo cubría hasta la nariz.

- ¿Qué te parece la casa? – le volvió a preguntar Draco.

- Me ha encantado. Es tan… - se detuvo a pensar – hogareña. Además, tu madre está muy entusiasmada con las fiestas y la ha dejado preciosa. No creí que pudiera sacar tantas fuerzas este año para celebrar las fiestas.

- Si, bueno. Yo también, pero reconozco que me gusta verla así. Además mi familia necesita algo de paz y tranquilidad. Alegría. Y eso mismo es lo que está intentando mi madre. Por fin el miedo quedó atrás y no tiene sentido seguir arrastrándolo cuando ya todo terminó. ¿No crees?

"Oh, sabias palabras, joven Malfoy"

- Tienes toda la razón – le concedió la chica.

- Y en parte, es gracias a ti.

- ¿A mí?

- Si, tú la distraes. Si tú no estuvieras aquí ella no se esforzaría tanto en hacer lo que está haciendo porque sabe que a mí estas cosas no me interesan. Y en vez de estar decorando y canturreando por la casa estaría pensando en mi padre y en todo aquello en que no le conviene pensar. Tú la obligas a estar ocupada y es lo que necesita. Sin duda estará dándole vueltas a la cabeza sobre el menú del día de Nochebuena. Esa noche estaremos comiendo y celebrando gracias a ti. Si no hubieras venido nos limitaríamos a visitar a mi padre y después… nada.

Charlotte se le quedó mirando ¿Sería cierto todo aquello? ¿Los Malfoy se hubieran quedado sin Navidad si ella no fuera? No, seguro que Draco estaba exagerando, como siempre. Después de todo ella no había echo absolutamente nada, sólo ayudar a poner las luces y los adornos del jardín.

- Volvamos, le prometía a mi madre que estaríamos para ayudarle a poner la mesa. Además si llegáramos tarde jamás me lo perdonaría – se rió Draco. Ese día Narcissa había invitado a unas amigas a comer para que vieran a Draco y presentarles a Charlotte. Así que echaron a caminar de vuelta a casa.

- ¡Oh, mirad como ha crecido el pequeño Draco! – Charlotte tuvo que contener la risa al ver a una señora de más de 50 años y vestida con los colores de la navidad achuchando las mejillas de Draco como si fuera su nieto adorado.

- Por supuesto Clarisse – dijo otra mujer más o menos de la misma edad y un elaborado peinado – ya es todo un hombrecito – y se acercó a abrazarlo también.

Draco se limitó a quedar allí parado, de pie, sonriendo de forma forzada. Después de todo no las conocía de nada, tan sólo las había visto un par de veces antes de marcharse a Hogwarts. Pero su mirada parecía consternada, obviamente nadie lo tocaba así, y Charlotte hacía milagros para no estallar de la risa por culpa del "pequeño Draco". Pero se le pasaron las ganas cuando otra mujer se dirigió a ella:

- ¿Y tú eres su novia? – preguntó una señora mayor de gafas oscuras y el caos se armó en el vestíbulo de los Malfoy. Las otras dos señoras empezaron a gritar de la emoción y Charlotte no pudo contestar, poniéndose cada vez más roja por la vergüenza. Ahora era el turno de Draco de reírse.

- Ahora ya sabemos porqué te gusta tanto ese internado Draco – le comentó la segunda mujer, que se hacía llamar Magarett.

- Si, pero espero que te den bien de comer, estás en la etapa de crecimiento y debes alimentarte – le dijo Clarisse.

Y entre el rebumbio de las dos mujeres bajo la atenta mirada de una tercera que parecía más seria, Narcissa consiguió hacerse escuchar obligando a las dos mujeres que soltaran las mejillas de los jóvenes.

- Os presento a Charlotte Snape, y como ya habéis supuesto, es una compañera del colegio de Draco.

- Y claro que le va a gustar, si todas las chicas son tan guapas como éstas, Draco debe estar en la gloria – las tres mujeres no hacían otra cosa que comentar la posible relación de los chicos. Y lo peor no había llegado, pues ayudando en la cocina Charlotte había descubierto que la señora Malfoy había comprado una botella de brandy para tomar en el postre, y todavía iban por el primer plato… Si aquellas preguntas indiscretas ya salían en aquel momento no quería ni imaginarse cuando las señoras ya llevaran unas copitas encima. Pero la conversación llegó a un extremo que Charlotte sintió la necesidad de explicar la confusión.

- No, sólo somos compañeros de clase – dijo toda colorada. Pero sus colores se intensificaron cuando se hizo un silencio en la mesa mirándola. Draco también la miraba, pero con una expresión que la chica no pudo identificar: ¿enfado? ¿sarcasmo? ¿molestia? ¿humor?

- No hacia falta que lo explicaras – la taladró la señora mayor y de gafas oscuras que se hacía llamar Joanne – Pero gracias. Y todas las mujeres, incluida Narcissa se echaron a reír. Draco seguía mirándola con aquella extraña expresión, entre curiosidad y ganas de reírse. A Charlotte no le quedó otro remedio que agachar la cabeza y mirar fijamente su plato bajo el análisis de la señora Malfoy.

La joven Snape se sentía muy fuera de lugar, incómoda, no le gustaba la mirada de aquella anciana que no le quitaba el ojo de encima, ni las risotadas que soltaban las otras dos. Pero era tarde para escapar, estaba sentada en la mesa al lado de Draco y por lo tanto no tenía otro remedio que seguir comiendo rezando porque que llegaran pronto al postre.

- Dime Draco, ¿todo bien en la escuela?

- Si, gracias. Todo va de maravilla – contestó el muchacho tratando de imprimir despreocupación en sus palabras, cosa que consiguió. Tan solos su madre y Charlotte supieron que el chico mentía.

- ¿Y las notas?

- Hasta el final de curso no las tenemos. Hasta ahora sólo hacemos pruebas y trabajos.

- ¿Y tú Charlotte? ¿Qué tal con las clases? – se dirigió hacia ella Clarisse.

- Oh, muy bien. Draco es mi compañero de trabajo, así que las notas son muy buenas – le contestó, sin pararse a pensar en los dobles sentidos de aquella frase.

- Ya – le espetó de forma escueta Joanne - ¿Y qué estudiáis exactamente?

Draco se quedó paralizado al escuchar la pregunta, al igual que Narcissa ¿qué demonios estudiaban los muggles?

- Pues lo normal – se apresuró Charlotte para sacarlos del problema – Cálculo, literatura, geografía, geometría, lenguas… lo general – les sonrió falsamente.

Los Malfoy respiraron aliviados, no estaban muy seguros de que decir Transformaciones o Pociones pudiera causar buena impresión.

- ¿Y a que tenéis pensado dedicaros después del colegio? – esta vez era Margarett quien volvía al ataque. ¿Es que no tienen otro tema de conversación que no sean ellos dos?

- Esto… yo voy… - "Eso Charlotte ¿Qué vas a hacer después?" se preguntó a si misma. Nunca lo había pensado. Su abuelo y su padre habían sido profesores al igual que su madre en el mundo muggle… era la única profesión que conocía – me gusta enseñar. Si, creo que me gustaría dedicarme a la educación. A Draco le gustan los negocios y las empresas, por eso se inclina más hacia economía o dirección de empresas.

- ¿Y por qué contestas tú por Draco? – la cortó de mala forma Joanne. "¿Y que coño tienes en contra mía?" frunció el ceño Charlotte también de mala gana.

- Porque me conoce bien – le sonrió de forma educada para después calmar a la chica posando una mano sobre la de ella. Esta vez, Clarisse decidió desviar el tema dada la tensión entre su amiga y aquella chica

- Y supongo que tendrás muchos amiguitos ¿no? – otra vez, pero por los pelos de Morgana, aquello ya rallaba la ridiculez. Además aquel tema era muy duro para Draco, no podía imaginarse como alguien a quien siempre le importó tener a la sociedad babeando a sus pies ahora no tuviera a nadie con quien contar, y además esas tres mujeres no hacían más que recordarle la situación que llevaba en Hogwarts.

- Si, son todos muy… simpáticos. Siempre están pendientes de mí – masculló entre dientes el Malfoy.

Después de comer, los chicos se despidieron de las señoras, que iban a tomar café con la señora Malfoy, y esta vez decidieron dar una vuelta por la playa bien abrigados..

¿Qué te han parecido las amigas de mi madre? – volvió a cuestionar Draco. "Otra vez aquel tipo de pregunta. ¿Porqué estará tan interesado Draco en saber que me parece todo?" Draco seguía impasible, sentado en la arena mirando las olas del mar.

- Son las típicas señoras de pueblo cuya misión es enterarse de todos los cotilleos y si es posible, crear más – se rió – pero en el fondo parecen buenas mujeres, agradables y simpáticas una vez que llegas a conocerlas.

- Si, mañana seremos la comidilla de todo el pueblo – y los dos se echaron a reír, la verdad es que no les importaba nada – Así que… ¿sólo somos compañeros de clase?

Charlotte se volvió sorprendida por la pregunta, y volvió a descubrir a Draco con aquella misma expresión que no alcanzaba a entender. Pero pronto la -convirtió en una pequeña sonrisa que alivió a la chica.

- Bueno, al fin y al cabo lo somos ¿no? Digo – no sabía como expresarse, sobre todo cuando recordó aquellos besos, aquel beso en particular en la habitación. Obviamente no podían decir que sólo eran compañeros, porque como mínimo eran amigos. ¿Amigos con derecho a roce? Pero tampoco lo habían hablado todavía – A ellas no les debería importar lo que hagamos o dejemos de hacer, lo que somos o no. Eso tan sólo es cosa nuestra ¿no?

- Claro – siguió sonriendo Draco. Le gustaba verla sonrojada, sonriente, tímida. Después de todo, era prácticamente el único que sabía apreciar aquellos cambios en la Snape.

- Simplemente no me pareció adecuado soltar en medio de la comida y delante de tu madre "Oh bueno, a Draco le encanta arroyarme por los pasillos del internado para poder robarme un beso" – soltó simpática Charlotte.

Draco se rió de la supuesta contestación, y sin poder contenerse más se abalanzó sobre ella, tumbándola en la arena y quedando encima de la chica. La Snape se quedó sorprendida con aquel acto, sin saber muy bien cómo actuar, pues Draco no era de esos que mostraba sus sentimientos ni se dejaba llevar por los impulsos.

- Así que te robo besos por los pasillos ¿eh? – Y la besó allí, en medio de la fría playa – pues ahora puedes incluir la playa a la lista de los sitios donde te los robo – Charlotte sonrió como una tonta, ya mucho más relajada, pero se tensó al volver a escuchar – Charlotte, yo no invito a mi casa, y mucho menos para pasar las navidades, a una mera compañera de clase.

Charlotte no supo que contestar. ¿Era acaso aquello una confesión? ¿Draco sentía algo realmente por ella? ¿Algo más que cariño? Se conocían desde que eran unos críos, desde los siete años ¿Aquellos besos significaban que más que a una hermana la veía como a una… mujer? "Pues claro que no te ve como una hermana idiota" se recriminó a si misma "¿dónde viste tu a dos hermanos besarse de esta manera?" Pero aún así, Charlotte no podía permitir traslucir sus sentimientos, ni ella misma los sabía a ciencia cierta. Draco era… era… no sabía como definirlo… un chico malo. Es cierto que con ella no era frío ni calculador (o no mientras se llevaban bien) aun que eso no le prohibió burlarse de ella y hacerle daño cuando estaban distanciados por ser amiga de Harry Potter. Cierto, si la hubiera querido como algo más que a una hermana, una amiga, no habría permitido que se alejara de él cuando ella entró en Gryffindor, no se burlaría de ella por ser la nieta de Albus Dumbledore, no le haría daño bajo ningún concepto. Pero había echo todo aquello durante años… "No eres más que un juguete, algo con lo que entretenerse mientras los demás alumnos no lo vuelvan a aceptar. En cuanto vuelva a ser el Rey de Slytherin, tú no tendrás cabida en su vida". Y por eso, se limitó a sonreírle nostálgica, cómo si le diera la razón, a pesar de que ambos sabían que aquello no era así.

Pero Draco quedó satisfecho y después de volver a besarla con pasión, se hizo a un lado y quedó acostado a su lado. A pesar de todo aquello, Draco no podía dejar aquel comentario en el aire. De hacerlo así, Charlotte lo podría malinterpretar, y ni él mismo sabía qué era eso que estaba sintiendo cada vez que tenía a la castaña a su lado. No podía permitir que aquellos ojos negros le preguntaran qué era lo que sentía por ella, porque estaba seguro de que no podría contestarle. No, eso no convendría… porque incluso si eso se pudiera llamar amor, él no podría atarla a él de esa forma, no podía ni quería. Charlotte era lo más valioso de su vida, aparte de su madre, y por ese mismo motivo no podía dejar que se marchitara a su lado, al lado de un mortífago que nadie quería ver. Charlotte había sufrido demasiado en una guerra que no le pertenecía y él no era quien para hacerle sufrir las consecuencias de aquella trágica batalla. Así que cambió de tema.

- Tienes razón, esas señoras no son más que muggles cotillas, pero son las amigas de mi madre. Ellas las aprecia de verdad, incluso las llama amigas. Y nunca antes había llamado así a ninguna de las mujeres que no frecuentaban antes.

Charlotte recordó a la señora Malfoy de antaño. Siempre que había asistido a su casa, Narcissa tenía una visita de alguna señora de un don importante, o de una mujer encargada de una fundación también importante. Fuera el día que fuera, siempre tenía a alguien a quien atender, ninguna bruja deseaba no ser amiga de Narcissa. Pero puede que Draco tuviera razón, la chica no podía recordar que la señora Malfoy presentara a alguna de esas mujeres como su amiga. Y sería irónico que las primeras amigas de una Malfoy (y de una Black) fuesen precisamente unas muggles. "Hay cuando salga Lucius de Azkaban, le va a dar un infarto" pensó para sus adentros Charlotte, porque estaba segura de que eso en concreto, el señor Malfoy no debía de saberlo.

- ¿Cómo fue que tu madre se hizo amiga de unas muggles así? – le preguntó. Draco se quedo mirando divertido, pues él tampoco lo había entendido en el verano cuando aquellas mujeres habían empezado a frecuentar su casa: "¿cómo su madre, una mujer elegante y de alta alcurnia se había involucrado con semejantes mujeres?" Pero después, mediante las cartas que le enviaba a Hogwarts lo había entendido: aquellas mujeres podrían ser cotillas, ruidosas y algo maleducadas, pero no tuvieron ningún problema en ofrecerle ayuda y apoyo a Narcissa. La ayudaron a integrarse y conocer el pueblo, la ayudaron con la casa, con su cuidado, enseñándole a plantar y a cocinar, le habían aconsejado en todos y cada uno de los aspectos de la nueva vida de Narcissa Malfoy. Y lo que era más, le habían hecho compañía sin pedir nada a cambio, sólo por amistad y generosidad. Sin importarles de donde viniera ni lo que hubiera hecho. Le habían dado a su madre justo lo que necesitaba: una nueva vida con amigos de verdad.

Además aquello no distaba mucho de lo que hacía antaño su madre, aparte de lo de cocinar y mancharse las manos con la tierra de la huerta. Siempre recibía en su casa a las mujeres más distinguidas del mundo mágico, y pasaban horas y horas cotilleando y poniéndose al día sobre las últimas noticias de la sociedad. Pero nunca las había llegado a llamar amigas, sino simplemente visitas. Y ahora, Narcissa Malfoy había aprendido una valiosa lección, para ella ya no existían límites sociales, ni alta ni baja sociedad.

- Esta noche encienden el árbol. Anoche dijiste que querías ir. ¿Te sigue apeteciendo?

- Si claro – le contestó entusiasmada. Sólo con él, además de sus tres amigos, Charlotte se permitía ser espontánea, mostrar lo que sentía. Y dada la emoción de su amiga, Draco no pudo evitar soltar una carcajada fresca y natural. Como las que le gustaban a Charlotte.

Draco se levantó de la arena de forma ágil para tenderle después la mano a Charlotte y ayudarla a levantarse, como un caballero. Ella la tomó algo cohibida, pero aquel contacto, reducido por los gruesos guantes, la reconfortó enseguida, sobre todo cuando aquél chico de ojos grises no la soltó para volver caminando a casa.

...

Y allí estaban, uno al lado del otro, Draco abrazándola por los hombros, rodeados por muggles entusiasmados e impacientes mirando fijamente el árbol del centro a punto de encenderse. Narcissa también había bajado, y en esos momentos estaba del otro lado del círculo con aquellas tres mujeres, pero a diferencia del resto de los pueblerinos, ella no miraba el árbol, sino que observaba atentamente los gestos de su hijo con aquella chica que había crecido con ellos durante una buena temporada.

En medio de un sonoro Oooooh el árbol se encendió con millones de luces de colores, siendo seguido por el resto de las luces que adornaban el resto del pueblo. La campana de la iglesia dio las campanadas de las doce de la noche, convirtiendo aquel momento en un mágico, donde los dos chicos eran alumbrados por aquellas lucecitas, la gente aplaudía y la melodía de las campanas los rodeaba.

Y Draco estaba allí, rodeado de muggles y no le importaba. Se sentía a gusto y feliz con aquella chica a su lado. No necesitaba nada más, porque ella le hacía olvidarse del resto. Nada más importaba. "Aii Draco, estás perdiendo la cabeza" se dijo a si mismo cuando vio el brillo del árbol en los ojos negros de la Snape. Pero aún así le sonrió, aprovecharía aquel momento al máximo.


Y bien, aquí el siguiente capítulo. Una vez más con algo de retraso. Espero que os haya gustado. :D Parece que los chicos van evolucionando y aceptando esos sentimientos que cuando sentimos por primera vez no sabemos muy bien como catalogarlos… ¿a nadie le ha pasado? :D

Bueno, pues esto es todo, nos vemos en la siguiente entrega, pero antes de nada, quiero agradecerles, y mucho, a los nuevos que pusieron a esta historia como seguidores y favoritos, MUCHAS MUCHAS GRACIAS! lisicarmela, Jossi Redfield y Black'Uchiha'Leto'Salvatore este capítulo va para vosotros! :D:D Un beso enorme!

01/10/2014