¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤

¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤-¤

COFFE AND TV

BLUR

Es la octava vez que suspira, fastidiado. Daniel se encuentra a su lado hablando hasta por los codos. Es normal –y James lo sabe- cuando se es papá por primera vez uno parece un verdadero loro. El problema en esta ocasión es que él será padre por segunda vez y Mía lo ha dejado.

No que no se lo merezca. Ameliè llegó con su andar veela y sus sonrisas coquetas. Los roces accidentales y luego él ya estaba sobre ella en un elevador. No es que se sintiera orgulloso. No pensó en las consecuencias hasta que vio como los ojos de Mía se apagaban y no volvían a encenderse.

Llevaban más de dos meses separados. Aunque él se había ido de casa, Mía decidió irse unos días con Neemaná y Graham. Edward estaba feliz de poder estar con la pequeña Elizabeth, para el niño tan solo se trataba de unas largas vacaciones mientras su papá trabajaba.

James no podía sentirse peor.

Tenían una reunión familiar. Todo debido al futuro nacimiento del primer hijo de Lilly. Su pequeña hermana ya era tan grande…

A veces, sentía como la mirada de esta y de su madre se clavaban en él. Mezcla de indignación y compasión. Una barba de varios díos adornaba sus mejillas. Ojeras y los ojos abatidos. Jamás se había sentido así…

− Ella vendrá, James − dijo Alexandra, a un lado de Louis, quien se limitaba a verlo algo molesto, antes de mascullar algunas palabras en francés.

La puerta de Grimmauld Place se abrió dejando pasar a un pequeño de tres años de edad. Cabello despeinado de color cobrizo y ojos grises.

− ¡Papá! − grito el niño en cuanto tuvo a James cerca. James estiró los brazos para después alzar al pequeño.

− ¡Hola Edward!, ¿dónde está tú…?

No pudo terminar la pregunta. En la entrada de la mansión se encontraba Mía. Con un vestido corto azul claro de maternidad y las ondas de chocolate hasta la barbilla. James no pudo quitarle los ojos de encima. En esos meses su vientre se había abultado haciendo notorio su estado.

Saludó a todos de forma cortés, pero James pudo ver que le hacía falta esa chispa de ternura que era común en ella. Cuando sus ojos se cruzaron, él pudo notar lo profundos que eran, siempre lo habían sido… ahora estaban tan vacíos.

Su padre llegó y prácticamente arrancó a Edward de sus brazos. James se había aferrado a él como a un salvavidas en medio de la tempestad.

− No es sano… − dijo el que en otro tiempo fue el niño que vivió mientras con un gesto le indicaba que subiera. James aceptó de mala gana.

No supo cuando tiempo había dormido. Cuando abrió los ojos un retortijón le hizo saber que era necesario bajar a comer algo.

Mía estaba en la sala, con su madre y hermana.

− No voy a regresar, Ginny − dijo Mía con la voz tan fría, que James estuvo seguro que se trataba de una Slytherin.

− ¡Pero él te ama, Mía! − exclamo su madre, con desesperación. − ¡Te entiendo, pero también él es mi hijo!, ¡me duele verlo caminando como zombie cuando él no es así!

Mía frunció los labios hasta que estos se convirtieron en una línea delgada. Había cambiado mucho en esos dos meses…

− Mía… − susurró Lilly, mientras le tomaba una mano.

Y a diferencia de esos últimos dos meses, Mía rompió a llorar.

− ¡No entiendes, Ginny!, ¡yo lo amo!, ¡lo amo pero… pero me duele demasiado!, es horrendo despertar en las noches pensando que cuando el gemía tu nombre pensaba en otra… es horrendo cuando Edward pregunta por él y yo tengo que sangrarme los labios para no llorar enfrente de él. ¡Tengo tanto miedo!, ¡estoy sola y estoy muerta de miedo!, estoy sola, embarazada y muerta de miedo… ¡y no hay nada que quisiera más que abrazarlo y besarlo y decirle que quiero todo igual, pero no puedo!, ¡me duele!, me duele mucho…

Y con un sollozo ahogado, Mía se arrojó a los brazos de Ginny, que no pudo hacer otra cosa más que canturrearle mientras acariciaba su cabello. Lilly se giró hacia James y le hizo una seña. Tragó saliva, asustado.

− Entonces Mía… sería bueno que lo hablaras con él − declaró su hermana mientras tomaba a James de la mano.

Mía se separó de Ginny y observó a James. Se sonrojo como en sus días en Hogwarts y James no pudo evitar tomar un mechón de su cabello, ahora corto.

− A ti te gustaba más largo − dijo ella, como justificando el por qué se lo había cortado. James asintió, como dándole a entender que la comprendía.

No se dieron cuenta cuando Ginny y Lilly se habían ido de la cocina. Solo se abrazaron en silencio, tratando de olvidar el dolor con cada caricia.

− Cásate conmigo Mía − Mía se separo de él, para verlo a los ojos. − Cásate conmigo y juro pasar el resto de mis días dándote la felicidad que te he quitado en estos meses. Cásate conmigo y no te arrepentirás por que… Mía, todo lo bueno que hay en mi, eres tú. Pero más que nada, cásate conmigo por que te amo a ti − beso su boca, − amo a Eduard − beso su frente − y amo a nuestro bebé − beso su vientre.

Había duda en sus ojos, y eso James lo sabía. Pero en esos momentos solo podía rogarle a Merlín, Morgana, Rasputín y demás que Mía lo perdonara.

− Tendrás que hacer el desayuno todos los días − contestó Mía con los ojos llenos de lágrimas.

− Por el resto de mi vida − contestó James, antes de unir sus labios con los de ella.

− ¿Ya acabaron las vacaciones? − preguntó Edward, dando un sonoro bostezo cuando su padre lo deposito en la parte trasera del auto.

− Y no tendremos vacaciones separados nunca más, Eddy − contestó James, antes de besar su frente con cariño.

− Que bueno… ya te extrañaba, papá − dijo el niño, antes de volverse a quedar dormido.

− Y yo a ustedes, Edward − contesto James mientras abrazaba a Mía por la cintura. − Yo también.

Ginny y Lilly observaban la escena con una radiante sonrisa en el rostro. Hacían una familia tan bonita…

"…So give me coffee and tv
History
Ive seen so much
Im goin blind
And Im braindead virtually
Sociability
Its hard enough for me
Take me away form this big bad world
And agree to marry me
So we can start all over again…"