Epilogo
En cuanto Kōga llegó a la habitación que compartía con InuYasha; este se despertó, se bajó y se alejó de los brazos que lo llevaban, acomodándose el Haori.
–No estoy muriendo.
Kōga gruñó.
–No lo estás, pero si te desmayaste.
El de orejitas se puso rojo, mas siguió en pie muy jactancioso.
–No es para tanto.
Naraku rodó los ojos e indicó a los otros capitanes que salieran.
–Oh y pueden llamar a Ren. –pudio el hanyō pelinegro.
Kuro asintió y Takeshi comentó.
–Voy a ver a los cachorros.
Naraku asintió; girándose hacia la pareja, que se veían retadores.
–Dejen las rabietas para otro momento.
Advirtió Naraku y luego agregó.
–Sessōmaru-sama ya viene.
Kōga obedeció y es que aún no sabía porque su cuñado estaba enojado con él. El Lord entró a la recamara y vio al par de jóvenes Yôkais.
–¿Desde cuándo te sientes mal otouto?
El de orejitas se removió incómodo y un poco enfurruñado.
–No me he sentido mal, solo…
Sesshōmaru detuvo la perorata de su hermano.
–Ya imagino. Esperemos a Ren, pero… –En ese momento, el Dai-Yôkai miró con molestia al lobo– ya veremos.
Los presentes no tuvieron que esperar mucho, Pues el sanador Ren, llegó.
–Mi lord.
–Ren, revisa a mi hermano.
El Inu médico, entró con uno de sus ayudantes y entre los dos acomodaron lo necesario. Ren sintió a su señor acercarse…
–Creo que está esperando un cachorro. El olor que tiene es muy diferente al de siempre.
El medico oteó el aire sin que InuYasha lo notara.
–Sería extraordinario.
Sesshōmaru no pudo no estar de acuerdo. Después de todo que su hermano fuese a tener un cachorro, siendo hanyō y su pareja un Yôkai, que si bien era fuerte, no era un Dai-Yôkai; era toda una hazaña.
Ren les pidió salir y dejarlo con el hanyō, –que hizo rabietas, pero obedeció al médico– en las indicaciones.
En el pasillo Kōga miró a su cuñado y tragando saliva, lo encaró.
–¿Por qué está enojado? –preguntó el lobo de ajos azules.
Sesshōmaru, vio feo al lobo, mas respondió bufando.
–Porque no puedo creerlo...
–…
Naraku suspiró cansino y como vio lo perdido que estaba el Rīdā del Ôkami, aclaró:
–Puede que…. Ustedes vayan a ser padres.
–¡¿Qué?! –exclamó Kōga.
El de Luna en la frente gruñó:
–¡¿Cómo no lo notó?!
–Bueno, el olor de mi Inu cambio, mas no lo atribuí a eso… no es como hubiese sido posible. InuYasha y yo nunca consideramos esa posibilidad. Creí que era algo con lo que InuYasha estuvo en contacto, aunque imaginarlo cerca de los cachorros es difícil, no es muy adepto a jugar con ellos.
Sesshōmaru le quitó importancia al último comentario de Kōga.
–InuYasha se inclina más por estar con guerreros y practicar.
Kōga estuvo de acuerdo y agregó.
–No me considero una mala pareja, por lo que no comprendo por qué está molesto si mi Inu y yo seamos padres. Debería estar feliz.
–Es mi hermano menor y podrá conocer el amor de un hijo, sin embargo no por eso le serán fáciles las cosas y lo que nunca he deseado es que InuYasha pase por malos momentos.
Kōga negó al mover la cabeza.
–No se puede estamos creciendo y ahora puede que seamos…
La puerta de la habitación se abrió estrepitosamente en ese instante y el aludido, salió cual tromba…
–¡No mates a Kōga, Aniki!
Sesshōmaru casi rodó los ojos y esperó a que el sanador también saliera. InuYasha se colocó a lado de Kōga y este lo vio con adoración…
Ren se unió al grupo y aclarándose la garganta, dijo:
–Sí, mi señor, el bocchan InuYasha tendrá, un heredero.
Sesshōmaru suspiró, se giró a ver a ese par y luego regresó la vista a Ren:
–¿Cómo pudo pasar?
El sanador entrelazó los dedos de sus manos y explicó.
–Yo diría que en ese caso -y no quiere ofender al Rīdā-, pero considero que es la sangre y fuerza del General corriendo por las venas de bocchan, hicieorn el trabajo y uniéndose con una sangre de yôkai lobo, pero no una débil se hizo el prodigio.
Kōga sonrió y tomó la mano de su pareja.
–Me alegra estar casado con un poderoso… Inugami.
El hanyō de orejitas se irguió ufano.
–La sangre de mi padre… –murmuró el Dai-Yôkai– No es tan mala herencia.
Cedió Sesshōmaru y Naraku al ver esto respiró tranquilo, pues no deseaba que InuYasha quedara viudo por el mal genio de su hermano mayor.
Kōga carraspeó, limpiándose la garganta y aseguró.
–Yo cuidare bien de mis Inu, es una promesa.
El orgulloso señor de Oeste tuvo que aceptar que Kōga no se asustaría y se quedaría con InuYasha por más que él lo amedrentara… eso lo agradaba.
–Vamos Naraku.
Sessōmaru llamó a su pareja y este le siguió. Ren y su ayudante también se retiraron y solo quedaron en el pasillo Kōga e InuYasha.
El hanyō dejó salir el aire y mencionó:
–No puedo creerlo…
–Ni yo…
–Pensar que esperábamos guiar a uno de los lobeznos para que fuese guía… algún día.
–Bueno, si él o ella no quieren ser Rīdā, tendremos que seguir con esos planes.
–Supongo…, pero no me fio mucho en esa opción. Imagina que hereda el deseo de mandar, de…
–¿Si…?
–De mi aniki.
Los dos rieron divertidos y luego InuYasha jaló al lobo y lo besó.
–Si Ren no me lo dice tan seriamente, aun creería que era una broma.
–Yo… ¡Oh Enma sama, estoy feliz!
–Sí… ¡lobo sarnoso como no serás tú el que engorde! ¡Y que no pueda salir en misiones en los últimos meses! y…–Kōga sonrió, e InuYasha siguió con sus lucubraciones– ¿Cómo no fuiste tú? Has estado un par de veces… abajo.
El lobo se encogió de hombros:
–Tu hermano dijo, la poderosa sangre de tu padre.
El de orejitas gruñó y golpeó en el brazo a Kōga.
–¡Patrañas! Fue suerte, mala, la mía.
–Inu…
El mencionado negó agitando la mano.
–Es un decir, roñosito, imagina un Inu tuyo y mío…
–O puede ser un lobo…
–No.
El Rīdā del Ôkami se encogió de hombros. La pareja entró a su habitación y se recostaron en el lecho susurrando íntimamente los planes que tenían para su cachorro.
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Taisei corrió al ver a sus padres. Kyōryokuna le siguió de inmediato. Sesshomaru alzó a su –no tan pequeño– hijo en brazos.
–¿Qué le pasó a Oji?
Naraku vio a su hijo y explicó.
–Tendrá un cachorro.
–Oh… como tú, papá. –Taisei vio a Naraku.
–Si. –respondió el pelinegro.
El pequeño bocchan, pensó un poco, mas para él no era algo que le quitase el sueño; aunque estaba contento de que sus tíos fueron a tener un cachorro.
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En la Cima de una montaña rodeada por un rio y algunos bosques; Yû leyó el pergamino, riendo por el contenido de este.
–Ginta, Hakkaku… Kōga será padre.
–¡¿Qué?! –exclamó Hakkaku.
–¿InuYasha lo sabe? Espera no creo que sepa, sino ya no viviría Kōga… ¿o sí? –opinó Ginta.
Yû se rió divertido, agregando:
–InuYasha lo gesta…
Los dos lobos se vieron y luego se rieron muy divertidos:
–Eso es perfecto.
Yû estuvo totalmente de acuerdo. Miró al horizonte y terminó.
–El Este, ya es casi mío.
Hakkaku y Ginta se acercaron a su líder, orgullosos de la fuerza del joven Inu.
…
A costa del enfurruñamiento de Sesshōmaru, InuYasha decidió regresar a la montaña del Ôkami, pues deseaba que su hijo o hija naciera ahí.
Por ese al hiperactivo líder hanyō, –se le veía por el hogar de los lobos– caminando de aquí para allá, sin descuidar las cacerías y actividades de entrenamiento y es que si bien el Lord del Oeste permitió que su hermano regresara a su casa, le pidió que volviera al castillo en cuanto su siguiente sobrino naciera y para que Ren vigilara su embarazo.
Kōga –que de por si era un consentidor con su pareja– parecía querer bajarle las estrellas a este, para que no se enojara en ningún momento, cosa que el de orejitas aprovechaba y campante participaba en cualquiera actividad que le apeteciera y que no le afectara a su hijo, tampoco era un inconsciente.
InuYasha no estaba avergonzado de su estómago, más si le era un poco extraño mostrarlo, por lo que no dejó de usar su Haori y este ocultaba perfectamente ese detalle y alguien que no estuviera enterado del estado del hanyō, solo lo notaba más llenito.
El concejo del Ôkami desde que la noticia fue dada; se encargó de que todos los clanes estuvieran enterados y es que era todo un orgullo que ese portento les sucediera a ellos.
Desde ese día, las lobas yôkai se dispusieron a crear ropas para el heredero y los guerreros hicieron armas, buscando crear una perfecta espada para el pequeño y era un hermoso gesto, por lo que el de orejitas nunca les confesó que Tessaiga era un colmillo de su padre, así como la de Yû era uno de su aniki.
…
Los meses continuaron su camino. Era una celebración como cualquier otra, se decía el niño; más al ver a tanta gente ir y venir, y a todos demasiado ocupados, supo que de verdad no era como las otras.
Taisei se rascaba la nuca aburrido de todo el ajetreo que se llevaba a cabo en el palacio, ya ni siquiera podía ir a dormir en Mokomoko, pues su padre recibía a todos los nobles yôkai que estaban invitados a la boda.
Yûko y Miku salieron al bosque con los padres de este último. Él no se les había unido porque no tenía muchas ganas de correr y ensuciarse, pues eso conllevaba ser aseado y arreglado de nuevo, y era algo que no estaba dispuesto a pasar por segunda vez.
Taisei buscó por los pasillos a su papá y lo encontró, pero colocando más guardias en todo el lugar, por lo que no podía quedarse tampoco con él.
El joven Inu, llegó hasta el jardín y estaba por darse por vencido e ir a su habitación a dormir una siesta con Kyōryokuna. Eso sonaba más que bien; el rostro del pequeño se iluminó, al recordar el regaló que el Yōrō-Zoku les dio al nacer. Se encaminó veloz y al entrar en su habitación, llamó a una de las Inu…
–Miko, puedes darnos una de las pieles blancas de lobo.
La yôkai asintió y sacó de un baúl lo que el bocchan pedía, este casi suspiró de contento al sentir la suavidad de ese edredón peludo y sin mirar atrás se acomodó en esta y se dejó llevar por uno de sus mayores placeres… dormir.
–Vamos Kyōryokuna.
El lobezno ya crecido caminó dócil con su amito y se acostó satisfecho con él. Ambos quedaron hechos un ovillo entre pieles de lobo blanco.
Lo interesante de la situación es que el evento poco importante para Taisei era la esperada boda de… sus padres.
Y si era una celebración donde no hubo yôkais, ayakashi u otra entidad –pequeña o grande–, que quisiera perdérselo.
Con diez años en su vida. Taisei no veía el motivo de que sus padres hicieran tal cosa, pues ya vivían juntos y se amaban.
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InuYasha estaba sentado en una poltrona sin ninguna intención de levantarse; ya lo haría cuando fuera hora, y es que su estómago había dejado esa pequeñez de los primeros meses. Y el hanyō juraba y perjuraba que tendría ogros y no Inu o lobitos.
Kōga llegó hasta su pareja y se sentó cerca de él.
–¿Cómo está? –preguntó el hanyō.
–Dormido. La verdad es que es muy tranquilo.
–Sí, espero que los nuestros se parezcan a él.
Kōga asintió, pero se rió un poco.
–Inu…., pero solo que se parezca en lo tranquilo.
–¿Por qué?
–Es que es muy… bonito.
–Baka.
Kōga se rió, arrullando al bebé de cabello negro y encantadora piel clara, el cuarto hijo de Sesshōmaru y Naraku…, Byakuya; se decía que el cachorrito era el último bocchan.
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Cerca de la entrada al bosque. La hermosa infanta se agarró la carita entre las manos y exclamó:
–¡Esperen, que no puedo dejar…!
Y corrió dentro del palacio. El joven Inu se quedó parado esperando a su amiguita y cuando esta salió con esa extraña piedra engarzada en un círculo, suspiró derrotado.
–Claro. Tu piedra Meidō, la llevamos con nosotros. –le dijo resignado. Más sonrió divertido a la nena– Pero sabes que a muchos yôkais, les asusta un poco.
La niña agitó la mano para quitarle importancia y como si fuese su juguete, apretó la pequeña piedra entre sus manitas.
Kuro suspiró rendido; lo que era su hijo y la Hime, eran muy unidos porque este parecía siempre dispuesto a ser sincero en todo con Yûko.
Los niños corrieron seguidos de Kuro, pues a pesar de que Miku ya entrenaba como soldado y era muy bueno en ello, aun no podían andar solos a esos dos, no con Yûko siendo una Hime que tenía ese poder.
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La tarde ya caía y la ceremonia estaba por iniciar. InuYasha estaba sentado dentro del templo provisional, Kōga –a su lado– seguía cargando a Byakuya; según las palabras de Sesshōmaru… Es para que ensaye joven Rīdā…
El lobo sospechaba que solo era una excusa de su cuñado, pues Byakuya –como todo los bocchan– tenía ayas.
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Los jóvenes hijos del señor de Oeste ya estaban también en el templo. Cuando Irasue e Inu no Taisho arribaron; el General corrió a ver a sus nietos, luego se dedicó a atosigar a InuYasha, hasta que la Inu no Kami lo llamó, para alejarlo de un hormonado hanyō que estaba a punto de morderlo.
El hijo de Kuro y Takeshi, admiró a Irasue y suspiró al girar a ver a Yûko. Miku negó, acomodó los mechones claros de su amiga detrás de las orejitas de esta y suspiró un poco abatido al pensar que esa Hime* tenía el poder de hacer portales a otros mundos y de… revivir a los muertos y que algún día…. Tendría que unirse a su abuela, en el inframundo.
–Pero que sea dentro de muchas centurias… el día que te alejes de nosotros.
Aseguró el cachorro de cabello castaño. Yûko miró extrañada a su amigo y lo tomó de la mano.
–A donde quiera que vaya… irá mi Capitán Inu ¿O no?
Miku la miró y sus ojos brillaban esperanzados.
–¡Hasta al otro mundo, princesa!
Taisei chasqueó la lengua por lo ridículo que le pareció esa escena y sintió como le daban un coscorrón y al levantar la vista se indignó…
–¡Aniki!
Yû lo miró serió y el pequeño ya no dijo nada. Claro que tampoco por las burlas de ciertos lobos que le hacían carantoñas burlescas, escondidos detrás de Yû para que no los viera; sin embargo…
–Ya, ustedes dos. –calmó el primogénito de Sesshōmaru.
Y así el trio se quedaron tranquilos. Yûko y Miku no habían notado su presencia por eso cuando el joven Inu vio a Yû, se irguió cual soldado.
–Yû-sama. No los vi llegar
Yû se rió del pequeño Inu y saludó.
–¿Cómo está el futuro capitán de las tropas de la Inu no Kami?
Yûko se sonrojó y Miku se tomó las manos, nervioso.
–Yo…. Le aseguró que trabajaré y entrenaré muy duro Yû-sama, para ser digno de ese honor.
El primogénito del Dai-Yôkai negó, al responder.
–No tienes que decírmelo, sé que lo harás y que tus padres te guiaran por ese camino. No en vano son los más fuertes entre el ejército de mi padre.
Kuro y Takeshi asintieron orgullosos. Sesshōmaru y Naraku entraron en ese momento y el silencio se extendió por el templo.
Esa pareja se unía ante los demás, pues entre ellos se habían amado desde hacía muchos años. Y el brillo en la mirada de ambos, lo demostraba.
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La celebración de la boda estaba en su apogeo cuando el hanyō de orejitas llamó a su pareja y al tenerlo cerca casi lo muerde…
–Ya viene…
Kōga palideció, sin embargo ayudó a su Inu a levantarse e ir hacia su habitación. Lo dejó en el lecho y salió cual bólido a buscar a Ren.
El medico arribó casi a volandas ayudado por Kōga y seguido de sus ayudantes.
InuYasha gruñó de dolor y llamó al lobo.
–¡Ven acá roñoso, te voy a matar y no puedo moverme!
Kōga sonrió nervioso, pero se acercó a su esposo, cual corderito.
–Aquí estoy, mi Inu…
–No le dijiste a mi aniki, ¿verdad?
Kōga negó.
–No quiero interrumpirlos...
–Exacto. –concluyó el hanyō.
Ren intentó calmar a ese par de jóvenes guerreros y futuros padres…
–Solo será un corte, bocchan…
InuYasha volvió a gruñir, pero…
–Adelante, que me han herido más en las batallas….
La puerta se abrió y…
–No es una batalla otouto, es un parto.
–¡Aniki, no hubieses…!
–No termines esa frase. Soy tu hermano.
Ren casi rodó los ojos y tuvo que intervenir…
–Mi señor… ¿Se quedará?
Sesshōmaru negó y salió, no sin antes ver a su hermano y decir.
–Estaré aquí.
InuYasha mostró sus colmillos, Kōga medio sonrió. Sesshōmaru salió y… Naraku, Inu no Taisho e Irasue, lo miraban con sendas sonrisas…
–…
El lord no dijo nada.
La fiesta no se interrumpió, sin embargo para que nadie notara la ausencia de los Inu. Yû y sus hermanos, se ocupaban de los invitados y hacían de anfitriones.
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El Ôkami y el Ichizoku Inu, fueron premiados con dos herederos…
Kōga e InuYasha observaban admirados a sus gemelos, dos hermosos lobitos de cabello oscuro que estaban demasiado interesados en dormir que pensar en su futuroo o en si serían líderes o no.
Fin
Ahora sí, llegamos al final.
Muchas gracias a las que no dejaron este fic. Un abrazote!
