Hikari apretó el paso en cuanto el semáforo se puso en rojo. Llegaba tarde, como siempre, aunque sabía que Takeru tendría en cuenta su tardanza y saldría más tarde no le gustaba dejar a su novio esperando. Llevaban unos meses saliendo y desde que se mudaron a Tokio cenaban todos los miércoles y viernes juntos. Takeru sabía que a Hikari le gustaba quedarse charlando con sus compañeros después de clase así que esperó unos minutos más de lo debido para salir a su cita, cogió la chaqueta y salió. Un hábito nuevo que había adquirido desde que estaba en la universidad era andar lento y distraído, cualquiera que lo viera pensaría que era alguien melancólico y triste, no estaban del todo equivocados.

Desde que Takeru había entrado en la universidad se había retraído de nuevo, lo que preocupaba tanto a Yamato como a Hikari pero desgraciadamente no podían hacer nada por él. Takeru había entrado en un programa de excelencia en el campo de las letras por lo que en su clase apena había una docena de personas. En cualquier otra circunstancias aquel curso hubiera formado unos lazos más o menos fuertes entre sus componentes pero no esta vez, Takeru era apartado. Ninguno de sus compañeros había sido desagradable con él, siempre lo trataban con respeto y lo miraban admirados cuando presentaba algún trabajo por la calidad de su escritura pero no se esforzaban por entablar relación con él. Takeru lo entendía, no era fácil entablar relación con él debido a su particularidad así que tomó la decisión de apartarse voluntariamente y siempre llevaba un libro para que el resto no se sintiera incómodo ni forzado a hablar con él.

Llegó al restaurante y se sentó a esperarla, con Hikari a su lado las cosas eran infinitamente más fáciles. Su novia apareció unos minutos después jadeando y pidiéndole perdón, él sólo sonrió. Hikari estaba preocupada, había visto el rostro de Takeru justo antes de que advirtiera su presencia y sabía lo que ese rostro significaba, también la falsa sonrisa que hubiera convencido a cualquiera menos a ella. Pero Hikari sabía que no servía de nada presionarle, delante suya se derrumbaría tarde o temprano y le contaría lo que le pasaba.

- ¿Cómo ha ido el día?

- Muy bien, hemos avanzado mucho con el trabajo en grupo… - Comenzó a contarle lo que había aprendido aquel día en clase. El entusiasmo de Hikari por sus estudios se contagiaba a cualquiera.

Hikari fue prudente y no preguntó por el suyo, Takeru se cerraría en banda si aún no estaba preparado. En lugar de eso comenzó a hablarle de una nueva serie que habían comenzado a ver juntos hace poco y consiguió animar un poco a Takeru. Ya en los postres se sentía lo suficientemente preparado para hablar con ella, Hikari entendió su señal cuando Takeru suspiró pesadamente.

- ¿Vas a contarme lo que te pasa?

- No es nada nuevo, lo de siempre.

- No estás solo, me tienes a mí, a tu hermano y a los demás.

- Lo sé, pero cada día me pregunto si fue buena idea venir a la universidad como si fuera normal. Quizá debí quedarme en Odaiba y hacer algún curso en una escuela especializada.

- No vuelvas a decir que no eres normal, Takeru Takaishi.

- Sabes a lo que me refiero, ni siquiera puedo hablar normalmente con mis compañeros. Me gustaría poder hacer amigos, como el resto. – Hikari no respondió, sólo apretó los labios con rabia.

Sabía que no podía hacer nada, si tan solo enseñaran lenguaje de signos en la escuela la vida de Takeru y la de otros chicos como él sería infinitamente más fácil. Takeru era un chico encantador, inteligente y muy creativo pero los demás no lo sabrían jamás porque nadie le entendía. Era como un extranjero en su propio país.

- Sé que las cosas son difíciles para ti y siento no poder ser de más ayuda. Pero no te rindas, tienes mucho que ofrecer, demuéstrales a todos lo que puedes hacer.

Como siempre Hikari conseguía sacarle una sonrisa, lo que más deseaba en el mundo es escribir y transmitir a los demás todos sus sentimientos. Así por fin podrían comprenderle.

La cita terminó y Takeru la acompañó a casa, vivían en barrios distintos pero podían ir andando de uno a otro. La conviviencia de Hikari con Miyako era muy entretenida, nunca sabía por dónde podría salir su mejor amiga, siempre conseguía sorprenderla con sus ocurrencias y disfrutaba viendo lo bien que iba su relación con Ichijouji. Nunca pensó que lo suyo prosperaría pero después de verlos juntos no había dudado de la fuerza de su amor, eran tan diferentes que se complementaban. Ken estudiaba en la academia de policía de Tokio y Miyako trabajaba a tiempo completo en una tienda de informática recomendada por Koushiro.

La convivencia de Takeru con Yamato y Koushiro era mucho menos impredecible, ambos trabajaban mucho en la universidad desarrollando un proyecto, incluso organismos internacionales se habían fijado en ellos y les habían ofrecido trabajo al terminar. Yamato tenía muy claro dónde quería trabajar pero Koushiro era un misterio, lo que pocos sabían era que Koushiro ya poseía una empresa bastante rentable que le permitía dedicarse a lo que quisiera cuando quisiera. Takeru se encargaba de la limpieza y Yamato de la comida.

Por otra parte estaban Sora y Taichi, ambos se habían ido a vivir juntos y pocos los diferenciarían de una pareja recién casada. Su convivencia era divertidísima según todos sus amigos, Taichi volvía loca a Sora en más de una ocasión pero siempre se reconciliaban de la forma más azucarada posible. Taichi hacía prácticas en una oficina de atención al ciudadano y para sorpresa de todos sus compañeros y jefes lo tenían por alguien serio y entregado.

Todos comían juntos los domingos para no perder el contacto aunque contar con Jou era cada vez más difícil. Hacía la residencia en un hospital de las afueras y el poco tiempo libre que tenía se lo dedicaba a su novia. Había conocido a Noriko en el propio hospital donde la chica hacía la residencia de enfermería y cuando el chico se la presentó a los demás todos coincidieron en que no había nadie más adecuado para Jou que ella. Era una chica educada en los valores conservadores, educada, cariñosa y muy abnegada en su trabajo, soportaría sin quejar el matrimonio con un doctor y sospechaban que se dedicaría a los niños en cuanto nacieran. Todos estaban contentos por su amigo aunque lo echaban de menos.

Se despidieron al llegar al edificio de la chica y Takeru siguió el camino hacia su piso aunque cogió el camino largo y andaba mucho más despacio para las largas piernas que tenía. Pasear mientras pensaba en nuevas historias o retomar antiguas, era un bálsamo suave para la melancolía que últimamente lo acompañaba. Le hacía sentirse menos solo pensar en historias donde el fuera el protagonista y donde tuviera un control absoluto de sí mismo, donde podía hablar y hacer amigos allá donde fuera. Se sentía menos solo cuando escribía porque en sus historias todo era perfecto y maravilloso, sabía que por muchas penalidades que hiciese pasar a sus personajes el final siempre sería feliz.

Al día siguiente Hikari seguía algo preocupada y pensaba en preparar algo especial para su novio el fin de semana que se acercaba. A la hora de comer se reunió con sus compañeros como siempre para reponer fuerzas antes de seguir estudiando, hablaban de ir a tomar algo después de clase y ella se debatía entre ir con ellos o visitar a Takeru.

- ¿Te apuntas, Yagami?

- No sé, quiero pasarme a ver a Takeru.

- Vamos, no seas tonta, dile que se venga.

- Sí, queremos conocerle, no paras de hablar de él.

- No sé… - Ya le habían propuesto que Takeru se uniera a ellos otras veces pero ella no era capaz de decirles que Takeru era sordomudo, aunque no sabía por qué.

- ¿Qué pasa, tiene 50 años o algo así?

- Veréis, Takeru tiene una peculiaridad…

- ¿Es uno de esos chicos que siempre van disfrazados de personajes de anime? – algunos rieron.

- No, veréis… Takeru es sordomudo, puede escuchar pero no puede hablar – Muchos la miraron con compasión.

- Oh, vaya, está bien.

No insistieron más en conocer a Takeru y aquello la molestó aunque no sabría explicar por qué. No salió con sus amigos y tampoco fue a ver a Takeru aquella noche, estaba triste y molesta consigo misma por haber ocultado a su novio. Cuando empezó a salir con él supo que las cosas serían un poco más difíciles pero no supo hasta qué punto, ni siquiera podía ir a tomar algo con su novio y sus amigos como cualquier otra chica de su edad. No era justo.

No ayudó que en los días posteriores escuchara algunos comentarios donde se lamentaban por ella, muchas decían que era muy buena chica por aceptar salir con alguien así, otros decían que se merecía algo mejor y otros sólo la miraban con pena. No entendían por qué no podían ser todos como su hermano o los demás, cuando advirtieron el problema de Takeru no dudaron ni un segundo en ayudarle pero los demás convertían a Takeru en alguien invisible.

Cuando llegó el viernes Hikari fue al piso de Takeru para cenar, Ken tenía el fin de semana libre y quería darle espacio a la pareja. Takeru notó el enfado de Hikari inmediatamente, lo hacía todo con brusquedad y tenía el ceño ligeramente fruncido, además de no haberse dirigido a él en casi ningún momento.

- ¿Qué te pasa, Hikari?

- Sólo un mal día.

- ¿Y por qué es un mal día? – Hikari sabía que no debía hablar del tema con Takeru porque buscaría la forma de echarse la culpa.

- Unos comentarios desafortunados – Pero no podía mentirle, no a Takeru.

Le contó lo que pasó a grandes rasgos e intentando minimizarlo lo máximo posible pero no evitó que al terminar los ojos azules y esperanzados de su novio se humedecieran. Se abrazaron durante un largo rato.

- Vámonos.

- ¿Cómo?

- El fin de semana, vámonos a algún sitio. Pronto empezarán los exámenes y no podremos hacerlo.

- Está bien, vámonos.

Takeru sabía que necesitaban alejarse y pensar, cada uno por sus propias razones y pasar más tiempo a solas era algo que no podían rechazar. Hicieron las maletas y cogieron el primer tren a la mañana siguiente.