Übertreibung

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"Y entonces, la situación se salía de control para Emma. Gilbert estaba listo para dejarse llevar por la ira... no podía creer que..."

- ¡Oye, Gilbo! - Antonio gritó.

Francis, Antonio y Gilbert estaban en la habitación de éste último, en la casa Beilschmidt. Los tres chicos purgaban "arresto domiciliario" por las aún pendientes dos semanas de suspensión.

El día que recibieron dicho castigo, habían sucedido muchos eventos:

1. El anuncio del ganador del concurso relámpago de Literatura.

2. La foto viral de Roderich y Antonio, y su sexualidad expuesta.

3. La suspensión del grupo y del niño favorito de América: Alfred F. Jones.

Este último evento fue relatado por Gilbert en su blog, en unas extensas diecisiete, dieciocho entradas, a modo de una historia digna de ser producida como película, en palabras del albino.

- Mon Dieu, no somos tan listos, Mon ami. - comentó el afrancesado.

- Y le das demasiada personalidad al Cejotas. - el moreno se quejó. - Y Lovi NUNCA me traicionaría. ¡JAMÁS! - Dijo, muy seguro de sí mismo.

- Pues prefiero que ese evento pase a la historia de esta manera. - respondió el blogger, arrogante.

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- ¡No es justo!

Alfred gritaba en su habitación. Sus padres no estaban nada contentos con su participación en la puesta en ridículo del joven Eldestein. Y estaba más que castigado.

No móvil.

No PC.

No videojuegos.

Y su única visita autorizada era del agradable jovencito inglés que sería su tutor hasta que la suspensión termine.

- Ella dijo que ellos estaban de acuerdo y que ya no querían fingir...

- Ya cállate, Alfred. - respondió Arthur. - En este punto, nadie va a creerte.

- ¿Ni tú, Artie?

El chico de frondosas cejas no contestaría aquella pregunta. Se enfocó en el libro que tenía entre manos.

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Muchas de las participaciones en la venganza de Emma fueron bastante exageradas por Gilbert.

Sí, Lovino tuvo que ver. El le dio la foto a Emma, pero por error.

Sí, Basch se había enterado, pero no le había contado a nadie más que a Roderich. El moreno hizo lo propio para que la historia llegue a oídos de sus demás primos.

Sí, Govert también tuvo que ver, pero nunca involucró a Francis y a Arthur; además, trataba de aconsejar a su hermana a que hiciese otra cosa (o por lo menos que los extorsionara, para ganar dinero).

Arthur se involucró cuando supo que Alfred estaba implicado, pero no por el chico, sino por su reputación de tutor y presidente del consejo. (o eso se dice a si mismo)

Francis se involucró después porque él, defensor del amor...

- Aún no puedo creer que hayas abofeteado a Emma, tío. - Antonio mencionó y Gilbert asintió.

- Yo no puedo creer como lo hice y que Govert no haya venido a partirme las piernas.

Francis había jurado que estaría en el hospital, y no con ellos, aún pasados cinco días del incidente.

- Además, esa frígida malvada se lo merecía. Nadie pone a minimum Antoine en evidencia cuál criminal sin pagar por ello.

El había abrazado a su lindo amigo de nalgas suculentas, o eso era lo que pensaba mientras una mano estaba tanteando la parte baja de la espalda del moreno.

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Sin embargo, no todas las historias eran falsas.

Ya quisiera el viejo Aurelio que los hijos del amor de su vida no lo detestaran, o, que su lindo Feliciano fuera heterosexual.

O peor: que Ludwig no tuviera una crisis de identidad en estos días. Es decir, el día en que Roderich sale involuntariamente del clóset, el rubio recibió su primer beso. De su amigo.

Y no tiene a nadie a quien contarle, para ser socorrido.

Feliciano tampoco estaba bien porque su amigo de músculos grandes y corazón aún más grande no ha hablado con él por cinco días.

- ¿Será que Luddy me odia?

El joven amante del arte no dejaba de preguntar aquello en su mente.

Luego, otra voz rompe el silencio.

- ¿Pensando en la "Papa con esteroides"? - la creatividad de Lovino para los sobrenombres era impresionante.

- Sí... Hermano, quiero hablarle...

- ¿Y qué carajo te lo impide?

- ¿Que no me hable?

- Ma come! Como si le hubieses hecho algo...

- Le comí la boca, Lovino.

A Lovino casi se le cae la mandíbula. A veces podía jurar que Feliciano era un retrasado, pero era indudable que tenía esa vena rompe-corazones del viejo y su hermano menor.

- Pagarás mi terapia por años, estúpido hermano menor.

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En casa, Erika tenía una pequeña reunión junto a Vash, Roderich e Ivan. Todos estaban en la cocina haciendo repostería.

Ella se sentía sumergida en un mundo bizarro porque el muchacho de origen eslavo le daba un trato empalagoso a su primo y su querido hermano tenía una resistencia envidiable para no vomitar. Las muestras "descaradas" de afecto no eran lo suyo.

- Sí siguen así, los pastelillos estarán incomibles. - Vash llegó a su límite.

- Nyet. Hemos puesto lo justo de azúcar a la mezcla. - refuta Ivan.

- Kleine... - dijo Roderich. - dudo mucho que mi pariente esté refiriéndose a los ingredientes.

Ambos rubios miraron escépticos al moreno. "¿Le dijo 'pequeño'?" era lo que pasaba por sus mentes.

Al menos, estas particulares situaciones cotidianas le despejaban la mente a Erika. La jovencita estuvo siendo acosada el resto de la semana por Emma y Alfred, gastando energía ambos en pedir disculpas. Sin embargo, a Emma le costaría algo de tiempo...