Capitulo XXV


Los ladrillos sirven para cimentar un edificio o para enterrar un cuerpo. Estos en concreto me están llenando de barro y cemento. ¡Es genial! Nunca me había sentido tan sucia y viva. Siempre que construyo algo me dan ganas de saltar y bailar, es tan súmamente divertido, la fatiga...

"Elizabeth, tenemos que terminar esto..." le recordaba por enésima vez.

"No puedes continuar así, Eleanor. Tienes que alimentarte al menos una vez al día, ¡no puedes continuar a este ritmo! ¡Te va a matar!"

"¿Qué más doy yo, monstruo de la naturaleza, cuando hay tantas chicas ahí fuera sufriendo calamidades?"

"Trabajas cuatro días seguidos y duermes uno, sin parar. Y por las noches cuando no tienes luz suficiente te vas a pasar 'calamidades' para pagar los materiales. NO puedes continuar así, cariño, déjame ayudarte..."

"Tú vete al emporio y gana dinero, así me ayudas."

"Sabes que no me refiero a eso..."

"Elizabeth, Izzy, eres humana, no puedes con eso" ella me regañaba, pero yo también sabía regañarla.

"Si encontrara el Sr. Todd..."

"No quiero saber nada de él. Ahora vete" fui fría y cortante. Estaba harta del temita, siempre recordándome que necesitaba más manos para levantar el refugio, pero no me daba la gana ceder. No había entendido al Sr. Todd hasta que me tocó a mí alimentarme de otros seres vivos, Elizabeth era mi ser vivo, y me dolía cada hendidura que le provocaba.

Ella tenía razón. Necesito alimentarme, este subidón no me durará para siempre. Llevo casi una semana sin probar bocado, sin dormir. ¿Dónde podría conseguir algo?

Déjame pensar. Normalmente lo conseguiría matando, pero ahora mismo no me apetece otra carga de culpa sobre mis hombros. Como recurso tengo al director pero... es viejo. Su sangre estará corrompida, no me servirá de nada... y la de los jóvenes, son tan pequeños, tan puros, su sangre es tan inocente...

No estoy dispuesta a cometer más crímenes, la del viejo tendrá que valer.

Voy a arreglarme un poco para no asustarle, que con estos pelos...

"¿Se puede saber qué le ha echado a las galletas?"

"¡Sr. Todd! ¡Estos son mis aposentos! ¡No puede entrar sin llamar!" estaba en camisón, imagínate. Tuve que correr a por algo con lo que taparme. Él parecía de piedra, estoico, le daba totalmente igual. Creo que ni siquiera se había dado cuenta.

"Necesito saberlo, Sra. Lovett, qué les ha puesto, no las he vomitado" estaba realmente asustado. ¡Asustado, mi Sr. Todd! Sonreí mientras me ponía la bata.

"Es un ingrediente especial, me alegro de que funcionara, me ha llevado meses descubrir la cantidad justa."

"Es usted..." achicó los ojos. "... por eso me sabían bien todos esos tés e infusiones, maldita pécora... es usted..." no sabía si estar enfadado o sentirse orgulloso, se veía en su mirar.

"¿Maravillosa? ¿Increíble? ¿Un genio? ¿Diría que soy mejor que usted?" me regodeé acercándome a él, casi riendo. Sus ojos hacían casi una rendija perfecta, ay que ver lo que le costaba a este hombre admitir una mini derrota.

"... sorprendente."

"Supongo que es su forma de apreciarme" sonreí. "Está bien, gracias. Seguiré buscando recetas para que pueda comer como una persona normal."

"Pero... ¿cuál es el ingrediente?" parecía desesperado por saberlo.

"Jamás podría imaginárselo" reí.

"Espero que no haya hablado con nadie. ¿Ha hablado con alguien? ¿Se lo trae alguien?"

"Oh, sí, sí. El tendero del mercado, cada semana trae ingredientes. Voy a comprarlos."

"No juegue conmigo" me agarró del brazo.

"No, no se preocupe que no he hablado con nadie. ¿Puedo ir ya a dormir?"

"C-Claro" a veces el Sr. Todd perdía la noción del tiempo y el espacio. Estaba acostumbrada a ello así que no me molestaba en ponerme nerviosa cuando se me acercaba demasiado.

La verdad es que no es mala idea, ahora que lo pienso. Podría conseguir esos ingredientes, son muy comunes y acompañados de comida normal alimenta muchísimo más, aunque yo puedo comer comida normal, me vendría mejor hacerlo de la otra forma.

A todo esto, tengo que robar más ropa...

Recuerdo que el Sr. Todd insistía en acompañarme al mercado siempre que me veía salir, convencido de que había algo raro que le echaba en la comida. Y siempre que nos acercábamos a los ajos tenía que volverse a casa. Estaba muy enfadado porque no quería soltar prenda. Insistía en que tenía que ser veneno de ratas o algo así, porque no le cuadraba.

Una vez se sentó a comer su empanada delante de mi, observándome mientras hacía más.

"¡No puede ser!" se quejó tirándola en el plato. "¡Está tan buena que me distrae de distinguir los sabores!"

"Gracias" sonreí.

"Enséñeme cómo las hace."

"Ni hablar" de hecho, siempre que las cocinaba lo hacía en el sótano, porque está lleno de ajos y ahí no se atrevería a seguirme. "Por su fuera poco, le pedí un favor y todavía no me ha contado nada."

"Sra. Lovett, no hay nada extraño en ellos."

"No habrá mirado bien."

"Me está hartando, ¿sabe?"

"Sra. Lovett" me llamó Elizabeth, entrando de sopetón muy preocupada. "Tiene que venir, ha pasado algo en la casa de enfrente, necesitamos su ayuda."

"¿Lo ve?" acusé al Sr. Todd. "Ahora voy, deje que me lave las manos."

"La espero allí" se marchó corriendo.

"Si tan extraños son no quiero que vaya" me enganchó del brazo. "Sra. Lovett, no la quiero en peligro."

Sus ojos brillaban con preocupación y cariño, esa pequeña parte de él que no gustaba de mostrar a menudo. Le acaricié el brazo, en respuesta. Ojalá luego no hubiera ido tan mal, tan estrepitósamente mal. ¿Por qué nos enfadamos en realidad? No puedo recordarlo, está borroso, lleno de lagunas. Pero sé que no fue hasta después de la conversión. Ya llegaré a ello.

"No se preocupe, corazón. Esté ojo avizor, ¡y cuide de mi planta!" besé su mejilla para tranquilizarle y salí corriendo detrás de Izzy.

No había revuelo en la calle, cosa extraña si de algo tan extraño se trataba. Crucé con cuidado de que no me atropeyase ningún coche de caballos y subí las escaleras de la entrada. Una mano apareció y tiró de mi a la oscuridad. Me tapó la boca con la mano y me miró a los ojos, era Izzy.

"¿Está loca? El Sr. Todd está mirando desde el otro lado, si ve algo extraño vendrá corriendo."

"H-he tenido un problema..."

Subimos a las plantas superiores de la casa de los nuevos vecinos a que me contaran el problema, mas cuando vi el cuerpo inerte de un hombre en el suelo no hicieron falta muchas explicaciones.

"¿Qué ha ocurrido aquí?"

Habían estado teniendo una aventura. Izzy y mi vecino se habían estado viendo a espaldas de todos salvo de la hermana, que tenía sus propios problemas con un hijo bastardo. Ese hombre había sido contratado para pillarles in fraganti, al parecer lo había conseguido y habían tenido que matarlo. Ahora me querían a mí para limpiar los trapos sucios.

"Estan locos" les recriminé. "Acaban de meterme en el lío, si la policía se entera..."

"No sabía a quién recurrir..." sollozó Elizabeth refugiándose en los brazos de su amante. Suspiré. Total, uno más.

"Ma'e... ¿qué ocu'e?" el pequeño infante había conseguido salir de su habitación llamado por la curiosidad de la escena.

"Nada, cariño. Vuelve a tu habitación" lo besó tiernamente la madre, guiándole hacia la puerta.

"¿Tienen sótano?" pregunté cuando la hermana estuvo de vuelta. Ésta asintió, quedándose en la esquina más alejada de todos.

"Bien, iré a llamar al Sr. Todd. No dejen que nadie entre y mucho menos vea esto."

"¿Qué van a hacer?" preguntó asustada la mujer.

"Dirijo un emporio de empanadas, señora. La carne la molemos en el sótano."

"¿Va a...?" parecían horrorizados.

"Puede ser. El Sr. Todd sabrá qué hacer. Nos llevaremos esto y nunca habrá pasado, ¿de acuerdo? Van a estar consumiendo en mi tienda por los siglos de los siglos para pagarme esto."

"¿Es... necesario?" tragó hondo él, seguramente preguntándose si ese detective formaría pronto parte de las empanadas.

"Sí" fui rotunda, yo le echaba todas las culpas a él por seducir a mi amiga.

Cuando llegué a la panadería el Sr. Todd estaba mirando mi planta, casi embelesado y con la mirada perdida. Me dio pena distraerle. Aun así, el problema era urgente y no debía esperar.

No me acuerdo qué hicimos con el cadáver. Sé que a mi barbero le costó mucho no avalanzarse a comer delante de todos, y que una vez llegamos a nuestro sótano no pudo entrar.

Oh, sí, la cripta. La cripta llena de cadáveres templarios. Ahí lo enterramos, con ladrillos tapiando la entrada.

Rezamos para que nadie volviera a saber del pobre hombre.

Claro está, nos equivocábamos.


...


Reviews are love :3