Capítulo 25: Una cita con mi peor enemigo (Parte III)

Rose sonrió al percatarse de la construcción que se asomaba entre las desnudas copas de los árboles.

-Una vez mis padres vinieron aquí cuando estaban en Hogwarts –explicó, notando la mirada curiosa de su acompañante examinándola. Malfoy arqueó una ceja y preguntó quién en su sano juicio usaría la Casa de los Gritos como el lugar de una cita-. Es una buena pregunta –asintió-. Creo que en aquella época mis papás todavía no aceptaban del todo sus sentimientos, y como tío Harry no había podido venir con ellos al pueblo, hicieron todo lo posible por tener una tarde que implicara algo… amoroso.

-Y yo creí que Zabini con sus invitaciones a largas sesiones de besos en un armario de escobas era lo menos romántico que existía –dijo, ahora posando sus ojos en la Casa de los Gritos-. Creo que me equivoqué. Tus padres ganan el premio.

-Si no estuviera segura de tu orientación sexual, me inclinaría por creer que Zabini te invitó a un armario y no quedaste satisfecho con sus besos –Rose se rió al ver la cara del chico. Malfoy simplemente rodó los ojos-. ¿Acaso puedes opinar sobre romanticismo? ¿Qué dices de la vez que te encontré en el baño de chicas… teniendo una sesión de besos con Maggie Willoughby? Porque la sola idea de tener que besarte con un inodoro incrustado en mi espalda es tan tentadora…

-¿Te das cuenta que acabas de lanzar un comentario con el cual puedo responderte de dos maneras? –inquirió, serio pero el asombro se leía evidentemente en su semblante-. Una forma comprometedora e incómoda; y la otra, solo te hará sentir incómoda…

La chica ni siquiera hizo el amago de pensar en qué contestarle. Estaba más bien interesada qué diría él.

-Optaré por la segunda –dijo luego de un rato-: ¿De verdad crees que solo teníamos una sesión de besos? –al notar que Rose se sonrojaba, le pellizcó una mejilla-. Pero qué inocente eres, Weasley.

Podría fácilmente haber hecho alusión directa al hecho que ya lo había besado, y por cómo se había desarrollado aquello, no parecía que le fuera tan desagradable la idea de besarlo (con inodoro o no incluido). Y el hecho que no lo hubiera mencionado, la tranquilizó un poco; pero también la hizo preguntarse por qué no había aprovechado la oportunidad de hacerla sentir incómoda, y ponerla entre la espada y la pared. Estaban caminando por los alrededores de Hogsmeade a solas. No habría un mejor escenario para ahondar en el tema de lo que él sentía por ella, y preguntar por qué ella no sentía lo mismo por él.

Aparentemente, Scorpius Malfoy lo estaba tomando con calma. Solo podía imaginar dos causas: quería confirmar si de verdad estaba interesado en ella (vamos, que un día a solas claramente sería esclarecedor para ambos); o solo quiso complacer a los demás accediendo a la cita, sin realmente tener interés en ella.

No se burla de mí porque ya nos hemos besado, sino que me recordó el estado en que lo encontré con Willoughby.

-Bueno, gracias por recordarme la manera en que casi te veo desnudo –retrocedió un paso, impidiendo que pudiera seguir pellizcándola.

-Debe ser un recuerdo placentero, ¿no? –sonrió, deteniéndose y se giró, para quedar frente a ella-. Pocas chicas pueden decir que me han visto prácticamente en ropa interior…

-Sí, empezando por tu mamá –rodó los ojos.

-Mi mamá nunca me vistió ni me baño ni cuidó de mí de esa manera de niño, Weasley –contestó, como si nada-. Por cierto, debo agradecerte por el hecho que me encontrarás con Willoughby. Después de tu típico discurso Ravenclaw, me di cuenta que estaba bajando mucho mis estándares femeninos. Hasta una rata es más inteligente e interesante que Willughby.

-Er, de nada, supongo.

¿Cómo podía cambiar tan rápido de tema? Lo de su madre no fue broma, lo sabía muy bien porque sus ojos así lo demostraron. Entonces, ¿cómo seguía hablando de algo tan irrelevante como aquel encuentro en el baño de chicas en quinto año?

Bien, oficialmente estaba mucho tiempo junto a Malfoy y no sentía ganas de matarlo. Tampoco es que fuera todo lo contrario, pero… muchas dudas empezaron a despertar. Rose se sentía cada vez más intrigada por el chico. No lo había notado antes, mas cada acción y palabra parecían tener un significado oculto. Y de pronto, la chica comenzó a analizar una y otra vez todo lo que decía.

Siguieron caminando, hablando realmente de nada importante. Él solía lanzarle alguna frase traviesa, ella le respondía siempre con sorna, y él le devolvía el comentario con su usual sarcasmo crudo.

Rose no pudo evitar decir luego de un rato:

-Siempre eres tan Malfoy.

Cuando llegaron a la cima de un gran montículo de nieve, el rubio aminoró el paso y volteó el rostro para observarla con curiosidad.

-Noté el tono con que lo dijiste, Weasley –entrecerró los ojos y movió levemente la cabeza hacia los lados mientras preguntaba:-. ¿Qué rayos es eso de una actitud marca Malfoy?

-¿En serio? –rió-. ¿Cómo es que mi más importante competidor en el área académica no puede inferir qué significa todo lo que tiene marca Malfoy? –movió el dedo índice de la mano derecha en círculos, señalándolo acusadoramente.

Malfoy esbozó una sonrisa, y arqueó la ceja, claro gesto que significaba que todavía estaba esperando la respuesta.

-Ya sabes, "Oh, yo soy mejor que todos en esta escuela. Soy inteligente, atractivo, millonario, y sexy. No hay chica en Hogwarts que se me resista." –habló usando una voz grave, causando que el rubio la mirara divertido-. O los típicos: "Profesor, no fue nada. Terminar un ensayo de cien líneas en una hora, y que merezca un Extraordinario, es fácil".

-Nunca le he dicho eso a un profesor. ¡Eso es calumnia, Weasley! Y…

-Espera, espera –le tomó el brazo, para que no siguiera interrumpiéndola. Él se silenció casi al instante, pero una gran sonrisa se mantuvo en sus labios-. Los que más odio son los del estilo: "Oh, Weasley, eres tan aburrida e hipócrita. En las fiestas eres todo alcohol, baile, y diversión; y en clases eres más estirada que McGonagall con la menopausia."

-Creo que te lo dije una vez… -dijo, pensativo.

-Sí. No sé si fue en cuarto o quinto año –asintió-. Bueno, esos comentarios acompañados de tu actitud soy-el-mejor-de-Inglaterra componen las cosas marca Malfoy. Espero que mi explicación haya sido suficientemente gráfica y satisfactoria para usted, señor Malfoy.

-Gracias, profesora Weasley –se burló-. Pero no puedes negar que mi actitud marca Malfoy es parte de mi encanto…

-Tienes razón –aceptó. Él la miró, sorprendido por su rápida y sincera respuesta-. Parte del encanto que te coloca en mi lista de las personas que más detesto de Hogwarts.

Ya estaban alejándose mucho del pueblo, asumió la chica al ver que el camino que conectaba Hogsmeade con la escuela y la estación del Expresso de Hogwarts. Haciendo una sutil señal con el brazo al rubio, cambiaron el rumbo indefinido de su caminata hacia donde debía hallarse el pueblo. Rose realmente no quería caminar por lugares desconocidos y finalmente perderse.

-¿Entonces me odias por la manera en que actúo y las cosas que digo?

La pregunta sonó de un modo muy casual y simple, pero Rose sintió que un escalofrío le recorría desde la punta de los pies hasta la cabeza. Nunca habría imaginado que el mismísimo Malfoy le preguntaría directamente por qué lo odiaba. Manteniendo la vista en sus propios pies, la chica reprodujo la pregunta en su mente. No había ni una gota de su usual sarcasmo ni burla; Malfoy estaba hablando muy en serio.

Aún pensativa y tratando de encontrar la forma de salvarse para responder, se detuvo al sentir el brazo del chico extendido a la altura de su estómago, bloqueándole el paso. ¿La razón? Aparentemente no podía pensar y fijarse hacia donde caminaba, ya que sino fuera por la intervención de Malfoy, se habría incrustado una rama en la cara.

Un ahogado "gracias" salió de sus labios. Y no precisamente porque le faltaba la respiración, sino porque su corazón comenzó a latir tan fuerte y rápido, que la descolocó por completo: los ojos del chico la observaban con ansiedad, y algo que solo podía atinar a describir como agonía. De pronto, se sintió transportada al día en que había regresado de las vacaciones de navidad, y Malfoy la miró de la misma manera, para luego darle una de las conversaciones más horribles de su vida.

Reanudaron la caminata, y Rose trató de hundir el mentón en enorme bufanda gris.

-No realmente. Solo ayuda a mantener igual la forma en que te veo, lo que pienso de ti –dijo, sintiéndose extrañamente incómoda de tocar este tema.

-¿Sabes? -luego de un rato, en los que Rose contó que dieron veinte pasos, se armó de valor y alzó la cabeza, buscándolo. Sus ojos se encontraron al instante, y la chica entendió que Malfoy parecía meditar cuidadosamente lo que quería decir-. Nunca he sabido por qué me odias –dijo, por fin. Ella parpadeó-. Tengo derecho a saberlo, porque me cuesta comprender… -se alzó de hombros, y negó con la cabeza-, digo, sé que no soy la persona más agradable del mundo; pero no soy tan malo, ¿sabes? Y no puedo pensar siquiera en una vez que te haya hecho algo que pudiera hacer que me odiaras durante seis años.

-Cinco –corrigió. Él le dedicó una mirada confundida-. En primer año solo me caíste mal. Fue en segundo año que te consideré mi enemigo… ¿No lo recuerdas, verdad?

-¿Qué debería recordar?

Está bromeando, ¿cierto?

Los comentarios de Malfoy habían hecho que la primera impresión que tuviera del chico no fuera nada buena, y con el pasar de los meses, la mala impresión evolucionó en desagrado hasta odio.

-Todas las cosas horribles que has dicho y hecho desde que te conozco –respondió, entrecerrando los ojos. Malfoy la miraba fijamente, sin mostrar expresión alguna-. ¿Primer año, clase de vuelo? Te burlaste de Kate, porque no sabía volar. Y vale, ella no vuela e hizo el ridículo; pero empezaste a imitarla y no tuviste siquiera la decencia de hacer el espectáculo para tus amiguitos, sino que lo hiciste tan público, que Kate escuchó y luego de la clase, se fue llorando al castillo –explicó, todavía recordando aquel día. Tuvo que usar todo tipo de artimañas para lograr que su amiga volviera a las clases de vuelo sin ponerse una bolsa de papel en la cabeza para que no la reconocieran como la-pobre-idiota-que-no-podía-ni-montar-una-escoba-en-el-suelo-. ¿Y qué me dices de cuando hiciste un dibujo de por qué nadie querría acercarse a Nollan? ¿Acaso también debías mostrarlo a todos en clase? Nollan quedó con un trauma por tu culpa. ¡Tuvo que ir a terapia por dos completos para darse cuenta que solo la pubertad estaba haciendo estragos en su rostro!... Y, oh, espera. La vez que reíste de unos Hufflepuffs que te pidieron ayuda para una redacción de Pociones. ¿No lo recuerdas? –sonrió enormemente, sintiendo que el corazón se le aceleraba-. Lograste que dos chicas se quedaran llorando en el pasillo y uno de los niños te golpeó. Pero, oh, suertudo Malfoy, justo ocurrió fuera del aula de Pociones, y Slughorn salió en defensa del pobre chico Slytherin. Debiste haber sido tú el que fue a detención por un mes, y no Johnson.

Hizo una pausa, al darse cuenta que estaba hablando tan rápido, que le faltaba la respiración. Inspiró y espiró varias veces, regulando su respiración mientras analizaba al chico que tenía al lado.

Ya no tenía ese semblante carente de emoción, pero la desconcertó ver aquella mirada ansiosa y llena de agonía. ¿Acaso Malfoy no iba a defenderse, a explicarle por qué era tan idiota, o tal vez simplemente la atacaría diciéndole que ella tampoco era una santurrona? ¿Por qué se encontraba tan callado, aceptando todo su discurso sin replicar?

-Lo que me hizo realmente odiarte fue cuando dirigiste uno de tus estúpidos ataques hacia mí. Haz memoria, vamos… -aplaudió, animándolo. Si hubiera un premio a "Rey o Reina del Sarcasmo", ella lo ganaría de seguro-. Un día, Pociones, fui a hablar con Slughorn porque me había puesto una mala calificación y estabas tú también… ¿Ya recordaste o quieres que cité lo que me dijiste? –tosió, preparando su voz para imitarlo-: "¿Te fue mal y qué? Supéralo. Tendrás que hacerlo mejor la siguiente vez y tal vez puedas aspirar a tener un Extraordinario". Y luego, cuando te pregunté a qué te referías, me respondiste: "Sí, eso quise decir. No puedo creer que te estés hundiendo en una tormenta por algo tan miserable como una calificación. No todas las personas tienen las mismas capacidades para sobresalir, ¿sabes?" –Malfoy apartó por fin la mirada, y eso le supo a victoria a la pelirroja-. No te conocía y lo primero que me dices en la vida, fue eso. Me sentía fatal y gracias por los ánimos, en especial porque después me miraste de manera despectiva cuando dije que podía sobresalir... Te comportaste como un imbécil.

-Bueno, ¿qué querías? ¿Que te diera rosas y te diera una charla motivacional? –preguntó, bruscamente, pero sin alzar la voz.

No era precisamente la reacción que había esperado. Tantos años de haber caído en aquel juego de verdades disfrazadas en sarcasmo, le había dado el conocimiento para prepararse ante el siguiente movimiento de su oponente. Sin embargo, Rose no estaba lista para encontrarse con una respuesta que desencajaba con la vergüenza que transmitía todo su cuerpo.

Malfoy bufó, colocando las manos en los bolsillos traseros del pantalón.

-Lo siento, es solo que… -exhaló, como si hubiera estado conteniendo el aliento desde hacía muchísimo rato. Dio una suave patada al suelo, salpicando nieve a sus zapatos-. Sé que era un idiota. Bueno, todavía lo sigo siendo; pero no como lo era antes. Realmente no sabía cómo desenvolverme con el resto sin ser… sin ser…

-¿Sin ser qué? –inquirió, dándose cuenta que lo había estado observando tan fijamente, que podía catalogarse como acosadora. Y la verdad, es que no le importó en lo más mínimo-. ¿Vas a explicarme por qué te comportaste como el mayor imbécil de Hogwarts durante años? O quizás, ¿por qué sigues a veces siendo tan insufrible? –dijo, notando cómo su mandíbula se tensaba-. Porque me parece realmente hipócrita de tu parte cuestionar lo que pienso de ti, siendo que tú también tienes la culpa de todo. Mi competitividad no es nada sorprendente cuando-

-¡No lo entenderías, Rose! –se habían detenido y él ya no estaba mirando hacia el frente, sino que había girado todo su cuerpo hasta quedar a su lado.

Rose no sabía qué era lo que más la impactó: el hecho que con aquel movimiento brusco, había hecho que sus rostros quedarán demasiado cerca; o la desesperación y enojo con que había hablado; o que la llamara por su nombre de pila; o simplemente, la manera tan intensa en que le devolvía la mirada, como si quisiera decir mucho más de lo que su boca hacía.

Tal vez ahora llegaría el momento de la verdad; el lugar donde por fin todo lo que habían dicho, y pensado del otro llegarían a colisionar. No sabía si se trataba de la influencia de Taft o de que ella misma estuviera reflexionando mucho más acerca de la vida en general, pero quería encontrar la razón del porqué Malfoy se había comportado como un idiota cuando llegaron a Hogwarts; del porqué nunca había tratado de seguir una táctica normal y ser amable con ella, para que cambiara la opinión que tenía de él y pudiera existir la posibilidad que le interesará como un chico; del porqué había tomado interés en ella cuando nunca le mostró su lado amigable o bueno. Quería saber, necesitaba responder los porqués.

Dando un paso hacia atrás, se recordó que debía volver a respirar o sino moriría en la nieve (no podía morir con su estado del agua más odiado).

Vamos, hacer comentarios irónicos y estúpidos no cambia las cosas. Malfoy sigue delante de mí y… y no soporto este silencio.

-¿Por qué no lo entendería? –trató de sostener la mirada, pero no pudo. Hablar con sinceridad no era su mayor cualidad y se sentía más segura si contemplaba el dobladillo de su abrigo-. ¿Sabes por qué finalmente acepté venir a esta cita? –suspiró-. Más allá de que mi orgullo me impide darme por vencida en los desafíos más estúpidos, es porque… Quiero saber si todo lo que he pensado de ti tiene fundamento, o solo fui una imbécil que se imaginó cosas, o… -o si esto es un punto final o el comienzo de algo-. Así que quiero que me expliques, Malfoy –con todas las fuerzas de voluntad que le quedaban, levantó la mirada-. No estoy jugando ni estoy enojada o compitiendo por ganarte. Por primera vez me tienes dispuesta a escucharte.

Oh, Kate estaría tan orgullosa de mí.

-Porque eres hija de Ron Weasley y Hermione Granger, héroes de la guerra –una triste sonrisa se asomó en sus labios-. En cambio, yo soy hijo de Draco Malfoy y Astoria Greengrass. Mortífagos.

Sabía mucho sobre las dos guerras, tal vez mucho más que el común de las personas, debido a que en su familia se encontraba el núcleo del Trío de Oro (sin contar que sus padres eran Ron Weasley y Hermione Granger). Es por eso que no necesitó mayor explicación del chico para entender el enorme peso de sus simples palabras.

No es como si antes no lo hubiera pensando, ya que en el mundo mágico había cierta actitud reticente a olvidar el pasado, pero nunca podría haber imaginado que Scorpius Malfoy de verdad se sintiera afectado por el bando que sus padres habían tomado en la segunda guerra. Los hijos de mortífagos o ex mortífagos, habían sufrido mucho al entrar a Hogwarts, especialmente los primeros años. James le había explicado que era normal, puesto que el rencor existía latente incluso en las generaciones que no vivieron en aquella época, y nadie tenía la intención de dejar en paz o tratar bien a los hijos de personas que mataron, secuestraron, y aterrorizaron el mundo mágico. Muchos se convertían en antisociales que no tenían amigos y solo aparecían para asistir a clases, otros eran chicos callados que tenían un grupo de amigos muy hermético; y los pocos, realmente sobresalían de los demás. Como Malfoy. Uno de los chicos más populares de Hogwarts.

-Ser hijo de un Greengrass no es tan horrible, pero ser Malfoy ha sido lo peor –dijo, luego de un prolongado silencio-. Toda mi vida me han tratado distinto por lo mismo. Mis padres me habían dicho que sería difícil desligarme de los errores que ellos cometieron, pero eso no importaba, porque cada vez que salía de casa, debía soportar las miradas y comentarios de las personas… Como si yo también fuera un asesino.

-El señor Malfoy no es un asesino –un nudo le oprimía la garganta. Él la miró, extrañado-. Al director Dumbledore lo mató alguien más.

-Exactamente. ¿No te das cuenta, verdad? Me dices lo que ya todos saben, pero nadie admite que a mi padre le adjudican un crimen que finalmente no cometió… Es mucho más fácil criticar y caer en el prejuicio, antes que tomar el pasado y no tomarlo en cuenta –dijo antes de voltear y seguir caminando.

Algo que dolía más que caerse desde una escoba a tres metros del suelo, era que le gritarán una verdad que nunca se había tomado siquiera la molestia de pensar.

Este sería el momento ideal para que Kate y Albus entraran en escena, canturreando "Te lo dijimos". Porque así era. Ella sí tal vez no era prejuiciosa, pero sí rencorosa. Si a eso le sumaba su pequeño problema de competitividad, las decisiones irracionales estaban esperando por suceder.

Lo siguió corriendo. Cuando llegó a su lado, imitó su ritmo y esperó unos segundos para calmarse, y poder hablar sin usar un tono severo o irónico (lo cual era algo realmente inusual y difícil de lograr cuando se trataba de Malfoy y ella):

-¿No había otra manera de encajar? –preguntó, llamando su atención. De seguro se esperaba alguna recriminación o un "No tenía idea, lo siento por ti".

-¿Qué mejor manera que ser el prototipo de Slytherin ideal? –ella no pudo evitar sonreír ante su respuesta. Sarcástico hasta cuando se había sincerado de un modo impensado con ella-. No me disculparé, Weasley, por lo que hice en el pasado. Sí, me comporté como un idiota; pero fue necesario para conseguir encajar en Hogwarts y que nadie piense en mi padre cuando me ven. El fin justifica los medios.

Se encontraba aliviada que aquel tema estaba llegando a su fin. No podía negar que la había tomado por sorpresa, y quizás una placentera, el haber encontrado por fin una razón para comprender el motivo de sus actos. Pero tampoco quería seguir con esta conversación. De alguna forma, se estaba transformando en algo muy íntimo y aquello la ponía nerviosa.

De todos modos, Malfoy seguía siendo Malfoy. Tan sarcástico y molesto como siempre.

-¿Citando a Maquiavelo? –alzó una ceja, tratando de sonar entusiasta. Aparentemente no falló, porque el rubio suavizó su expresión y Rose creyó ver algo como agradecimiento en su mirada-. Parece que cualquier medio justifica el fin, ¿no? Incluso pedirle a alguien, que resulta haber sido un amigo de niñez, que se parece físicamente mucho a ti, para que… Oh, espera, ¿qué era? –se cruzó de brazos-. Ah, sí. Para que cuando estuviera con él, me recordara a ti –Malfoy se alzó de hombros, como diciendo "Sí, ¿y qué?"-. Qué plan más complicado, y retorcido.

-Soy Slytherin, ¿qué esperabas de mí? –rió y muy rápido, se hincó alargando el brazo hacia el suelo-. ¡Piensa rápido, Weasley!

Rose recibió un montón de nieve en la cara.

-¡Y luego me dices a mí que yo soy la inmadura! –chilló, quitándose la nieve de la cara. Malfoy lanzó una enorme carcajada-. Uh, eres un imbécil. Sino tuviera nieve en los ojos, créeme que estaría en condiciones físicas para darte tu merecido, pedazo de…

-Lo siento, lo siento. Es que sinceramente hablar de temas tan tristes o serios, no me interesa en lo más mínimo, ya que me gusta ser el centro de atención por otros motivos –dijo, escuchándose un poco más serio. La chica bufó, tratando de quitarse la nieve de los ojos-. Vale, espera –sintió una mano ajena en su rostro-. Yo te ayudo…

Aunque ella misma se quitó la nieve de los ojos, permaneció momentáneamente con los ojos cerrados sintiendo cómo las manos de Malfoy le limpiaban las mejillas y el mentón. Su corazón latía tan fuerte, que podía jurar que sus oídos también retumbaban, dejándola sorda.

Al sentir que sus manos ya no estaban, abrió los ojos lentamente y se encontró con el rostro del chico muy cerca.

Me cuesta creerlo, pero no importa. ¿Son mis pensamientos, cierto? Puedo pensar lo que se me dé la gana: desearía que estuviéramos así para siempre. Que él nunca se alejara y que yo piensa o haga cualquier estupidez irracional.

-Te queda en el pelo –le escuchó decir, y Rose hizo enormes esfuerzos para concentrarse en la realidad y dejar su pequeño monólogo mental-. ¿Ya no te encuentras incapacitada para darme mi merecido, Weasley?

Está tratando de distender la inexplicable atmósfera que se ha creado. Qué… ridículamente tierno. Y… ¿Acaso he calificado de tierno a Malfoy? OH, MERLÍN. ¡Debo estar bajo los efectos de un Imperius!

Su mano derecha se deslizaba por su cabello, quitándole las pequeñas motas de nieve apelotonadas en los rizos que le caían por los hombros.

-No lo sé, Malfoy, pero… pero a veces me siento de la misma forma que tú. Respecto a cargar el pasado de nuestros padres –dijo, sintiéndose algo extraña al revelarle algo tan personal a él. Tal vez era para estar a la par, pero Rose realmente sentía que debía decírselo-. Todos te dan atención especial por ser la hija de Ron y Hermione Weasley. Debes comportarte bien en lugares públicos, saludar a todos en los eventos sociales, sonreír ante las cámaras… Y todos esperan de ti que te mantengas a la altura de tus padres, que seas igual o mejor que ellos –él simplemente le devolvía la mirada, en silencio-. Es por eso que cuando llegué a Hogwarts también traté de deshacerme de mis padres a mi modo. Le pedí al Sombrero Seleccionador que no me enviara a Gryffindor, sino a Ravenclaw. No quería seguir los pasos exactos de mis padres –exhaló, sintiendo que el pecho se le oprimía.

Tío Harry fue el que le dijo que podía pedirle al Sombrero Seleccionador no quedar en alguna casa en específica, y tal vez también sería capaz de sortearla donde ella quisiera. Había acudido directamente con él para hablar del tema, ya que Rose no quería convertirse en una Weasley más. "Quiero a mis padres y estoy orgullosa de ellos, de lo que hicieron. Pero también quiero ser yo. ¿Entiendes?" le dijo, y él le contó que sino fuera porque le pidió al Sombrero no quedar en Slytherin, habría sido una serpiente y probablemente la historia habría sido otra.

-Aunque todavía pienso que podrías haber sido más inteligente y no ser tan grosero en el pasado, de todos modos… Supongo que te entiendo.

Un nudo se le formó en la garganta, y no era precisamente porque lo que acababa de revelar era algo tan personal, sino porque se dio cuenta por fin que Malfoy y ella ya no tenían doce años. Y con todo lo que se habían hecho, aún podía sorprenderse con descubrimientos como éste. Malfoy realmente tenía una buena razón para ser un imbécil y aunque no lo justificaba, lo comprendía. No era lo mismo, sus casos eran realmente opuestos; pero el solo hecho de tener una mínima idea de lo que él debió haber… no, de lo que aún debía vivir todos los días; la inquietaba enormemente. Pero no una inquietud incómoda, sino sobrecogedora.

Bajó la mirada, evitando que él pudiera darse cuenta que se estaba poniendo nerviosa ante la intimidad que habían construido en los últimos minutos.

Piensa en algo para cambiar de tema, para volver a reírse… Piensa, Rose, ¡rayos, piensa maldita pelirroja!

¿Acaso no era una Ravenclaw? ¿Por qué no podía idear al menos una forma de acabar con este momento entre ellos?

De seguro Rowena no se vio en esta situación.

-En fin. Yo… -se llevó las manos al estómago. La comida siempre era una buena excusa-, tengo hambre –dijo, sonriendo. Y milagrosamente, como si aquellas palabras lo hubieran despertado, su estómago gruñó-. ¿Qué hora es?

Malfoy demoró en contestarle, como si estuviera reticente o se encontrara descolocado por lo que antes le había revelado.

-Las cuatro –dijo, viendo su reloj del pulsera.

-Oh, entonces vamos al pueblo. Muchos ya deben estar haciendo las últimas compras antes de volver al castillo –miró el cielo. Iba a llover en la noche, a juzgar por las espesas nubes grises avanzando lentamente desde el sur. Estaban en primavera, ¿por qué todavía llovía y nevaba?-, así que no habrán muchas de tus admiradoras acosándonos mientras almorzamos.

-¿Te preocupas de mis admiradoras? –preguntó, sonriendo. Rose no pudo evitar imitarlo, sintiéndose más aliviada al ver que volvía lentamente a la normalidad-. ¿En serio?

-Tienes un buen punto –fingió adoptar una expresión reflexiva-. No, no les tengo miedo. Ambos sabemos que les patearía el trasero y arruinaría tu imagen social.

-Tan femenina como siempre, Weasley –rodó los ojos, mientras comenzaban a caminar.

Llegaron pronto al pueblo, y tal como había dicho Rose, no estaba atestado de estudiantes como lo había estado horas atrás. Muchos ya caminaban hacia los carruajes, quejándose abiertamente del clima y que no querían encontrarse fuera del castillo cuando lloviera. Pero aún una buena cantidad caminaba por las calles, y entraban y salían de las tiendas.

Ignorando las miradas de los curiosos (una chica chilló a sus amigas: "¿Qué rayos hace Scorpius Malfoy caminando con Rose Weasley? ¿Cómo es que no me he enterado que eran novios?"), él le abrió la puerta de Las Tres Escobas y con la mano, la invito a entrar primero.

-Gracias –dijo.

No estaba lleno, pero aún así había una cantidad de público considerable. Se fijó que un par de mesas en un rincón se encontraban vacías, por lo que le propuso a Malfoy sentarse en una de ellas mientras se quitaba el abrigo. Él asintió y caminaron hasta el lugar.

-Uh, odio que nos observen –comentó la chica, sentándose.

-Somos parte de las celebridades de Hogwarts, y somos figuras públicas que se han visto envueltas en una guerra académica –le sonrió, tomando asiento frente a ella-. No debería sorprenderte.

-¿De verdad te gusta todo el rollo de ser popular, no? –inquirió.

-Bueno, estoy acostumbrado –respondió, encogiéndose de hombros-. Además, se trata de un Malfoy y una Weasley en Hogsmeade, a solas.

-Lo haces sonar como si fuéramos una versión barata de Romeo y Julieta –lanzó una carcajada-. Oh, Merlín. Recordé algo muy, muy divertido.

-¿Qué? –preguntó, sonriendo.

El dueño de la taberna llegó hasta ellos y les preguntó qué ordenarían.

-Ibas a contarme qué habías recordado –dijo Malfoy, una vez que ya habían ordenado y el hombre se había retirado a la cocina.

-Bueno, pues el día que debíamos ir a Hogwarts, ya sabes, en primer año y con todo el lío de la selección de casas y la pena de dejar casa por un año –empezó a relatar, tratando de no reírse por lo estúpidamente ridícula que le resultaba aquella escena-; mi padre y yo te vimos a ti con tus padres. Y él me dijo seriamente: "Así que ése es el pequeño Scorpius… Asegúrate de vencerlo en cada prueba, Rosie. Gracias a Dios heredaste el cerebro de tu madre." –dijo, recordando exactamente las palabras de su padre-. Y, y, luego mamá lo reprendió por decir aquello. Yo estaba tratando de no reírme, porque realmente me parecía sin sentido lo que él me decía, y luego vino y me dijo que mi abuelo no estaría para nada orgulloso si me casaba con un sangre pura, por lo que no debía ser muy amigable contigo.

-Ahora entiendo de dónde viene todos tus traumas de personalidad –dijo, posando una mano bajo la barbilla y observándola con interés-. Las palabras de tu padre calaron hondo en ti, ¿cierto?

-No seas estúpido, por supuesto que no –negó con la cabeza-. Es solo que me hace gracia que comentes eso de un Malfoy y una Weasley en algo parecido a una cita, cuando mi papá me dijo todo eso. Es como si hubiera tratado de impedir esto –se señaló a ambos-, desde el primer día que te vi en King Cross.

-Parece que nuestros dos padres tenían una opinión muy mala entre ellos o tenían un ojo interior desarrolladísimo –dijo, sonriendo. Rose notó que se le formaban dos pequeños hoyuelos encima de las comisuras, y suspiró-. Papá solo me dijo: "Scorpius, no te metas en problemas con los Weasley".

-Oh, qué… directo. Eso quiere decir que mi padre se gana el premio a dramatismo.

Lo que habían ordenado llegó y ambos empezaron a almorzar.

El almuerzo fue agradable. La mayoría del tiempo Malfoy la molestó porque usualmente las mujeres solían ordenar ensalada y agua, siendo que ella había pedido carne y cerveza de mantequilla; mientras la chica se defendió diciendo que no iba a matarse de hambre cuando al tener una dieta perfectamente balanceada estaba feliz con su peso y si quería comer kilos de grasa, lo haría sin sentirse culpable. Pero aún así, incluso Malfoy haciendo comentarios que la molestaban, el tiempo transcurrió muy rápido para Rose y no pudo creer que ya eran las seis de la tarde.

-¿Vamos? –preguntó él, notando que el cielo ya estaba completamente oscuro a través de las ventanas.

-Claro, pero antes debo ir al baño –anunció, levantándose. Al ver que el chico iba a decir algo, se le adelantó:-. Y no te preocupes, no me escaparé por la ventana del baño.

-¿Acaso crees que podrías caber por las diminutas ventanas del baño? –separó levemente los dedos índice y pulgar de la mano derecha, enfatizando lo de diminutas.

-Gracias por decirme que estoy gorda, tarado –le dio un golpe la cabeza antes de perderse en el pasillo donde se encontraban los baños.

Después de salir de uno de los cubículos, Rose se contempló en el espejo mientras se lavaba las manos.

Nunca había tenido una salida a Hogsmeade con alguien más que no fuera Kate, Albus, o sus primos. Sí, era muy patético; pero nunca había tenido la experiencia de estar en el pueblo en plan de cita romántica o de una salida casual con alguien más. Y su primera vez era con el mismísimo Scorpius Malfoy.

Extrañamente, este día no ha terminado en un completo desastre.

Le costaba admitirlo, por motivos de su enorme testarudez y orgullo, pero debía hacerlo. Debía aceptar que había sido una buena idea venir finalmente y tener la oportunidad de tener que lidiar a Malfoy en una situación fuera de lo cotidiano, porque sentía que por fin podía dar vuelta la página y dejar realmente en el olvido toda esa estúpida rivalidad.

Adiós a la competencia y a los sentimientos confusos que generaba en ella el chico.

Por fin puedo hacer un borrón y cuenta nueva.

Se limpió las manos con una toalla mágica que flotaba junto al espejo (no se humedecía y siempre estaba lista para usarse), y salió del baño, encontrándose con Malfoy esperándola.

-Apuesto que trataste de comprobar que sí cabías por la ventana, ¿cierto? –preguntó, burlonamente-. Aquí tienes tu abrigo –se lo tendió-. Ya pagué, así que podemos irnos.

El rubio estaba con la espalda apoyada en la pared del pasillo, y con la mano libre en el bolsillo trasero del pantalón. Su pose era muy informal, ya que una de sus piernas estaba doblada, apoyando todo el pie en la pared.

¿Cómo mierda voy a hacer un borrón y cuenta nueva cuando el idiota se ve tan malditamente atractivo así?

-Oh, vale –tomó el abrigo, sintiendo que repentinamente tenía mucho calor-. Gracias.

-¿Te puedo molestar con que te has sonrojado, Weasley? –se paró con ambos pies, irguiéndose y empezaron a caminar-. ¿Por qué estás roja ahora, Weasley?

-Malfoy, si quieres llegar con vida a Hogwarts, entonces déjame tranquila –le advirtió, enojada.

-Sabes que en todos estos años jamás he podido dejarte tranquila, así que es imposible que ahora, siendo ya casi un hombre maduro, cambie aquello.

-Corrección: eres un idiota odioso –masculló.

Volvieron a regresar en un carruaje solo ellos dos solos. Si bien antes Rose prácticamente quería sobornar a alguien para que los acompañara, la verdad es que esta vez se sentía más calmada ante la idea de viajar solo ellos de regreso al castillo. Después de todo, Malfoy no era para nada aburrido, así que el viaje estuvo marcado por las risas y el sarcasmo de ambos.

Cuando el carruaje se detuvo en la entrada del castillo, la puerta se abrió y vieron a uno de los profesores diciéndoles que ya estaba por terminar la hora de llegada, por lo que sería mejor que se apresuraran sino querían recibir un castigo por llegar después de la hora establecida.

-Ninguno quiere manchar su perfecta vida académica con un castigo, así que vamos –dijo Malfoy, poniéndose de pie.

A Rose le costó entender que su mano extendida hacia ella significaba que la tomara.

¿Desde cuándo está actuando tan caballerosamente?

La aceptó, y bajó seguida de él.

A diferencia del viaje, el trayecto a pie al castillo fue hecho en completo silencio. Y la verdad no era como si Rose estuviera capacitada para hablar, ya que se encontraba pensando en… algo mucho más inquietante.

Malfoy me dijo que yo le gustaba.

La escena del lago había sido una de las cosas más dramáticas que había hecho en su vida. Podría contársela a sus nietos como una anécdota ridícula, pero… pero ese día Malfoy y ella se habían dicho muchas verdades. Todas dolorosamente ciertas.

Era extraño explicarlo, sin embargo, Rose sentía que este maldito día junto a él, había cambiado todo en ella. Por una parte, podía finalmente dejar en el olvido la rivalidad estúpida. Pero también, había conocido un lado de Malfoy que jamás creyó que siquiera existía. De algún modo, la imagen de este chico de mirada intensa confesándole que siempre había estado interesado en ella calzaba con el pedante, divertido, y acomplejado rubio que había conocido el día de hoy. Y eso, la inquietaba de sobremanera.

Rose había venido simplemente para dejar en claro que no había absolutamente nada entre Malfoy y ella, y pues, era cierto. Este día había sido una confirmación que los días de competencia y locura habían quedado atrás; pero también, le demostraron que tampoco quería dejar ir a Malfoy completamente. Era como si quisiera dar la vuelta a una página, y a la vez, quedarse en lo que ya estaba escrito.

Merlín, estoy hecha un desastre de confusión.

Lo miró de reojo. Su perfil era estilizado, casi perfecto. Y Rose no pudo evitar notar que su piel adquiría un brillo especial bajo la luz de la luna.

-Malfoy… -dijo, de repente en un ataque de ansiedad. Él la miró, curioso-. ¿Qué esperabas lograr con esta cita?

Inmediatamente él comprendió que no era una de sus bromas, sino que la pregunta iba en serio.

Vio que la manera rápida en la que parpadeaba, y Rose se dio cuenta que se encontraba sorprendido y nervioso por la pregunta tan directa e inesperada.

Vale, no puedo culpar a luz de la luna por esto, pero verlo así se me hace… Oh, Merlín, esto es difícil, pero creo que Malfoy se ve… adorable.

-Conocerte de verdad, supongo –dijo, mirándola directamente a los ojos-. Quería saber si el modo en que te conozco en Hogwarts, se asemejaba a cómo eres fuera de la escuela.

Su pecho le dolía. Su corazón latía muy rápido y fuertemente.

-¿Y a qué conclusión llegaste? –preguntó, con la voz ahogada.

-¿Importa? –se encogió de hombros. No sabía si había estado todo el tiempo o recién habían aparecido, pero Rose distinguió tristeza y resignación en sus ojos-. No creo que haga la diferencia lo que yo piense o sienta, ¿verdad?

Rose no respondió. ¿Qué iba a decir? "Sí, tienes razón. Tú ya diste el primer paso, de un manera muy Slytherin, pero lo diste y yo te rechacé."

-Usualmente no me disculpo, pero… Pero te debo una gran disculpa, Weasley –dijo, con una calma que la hacía sentirse terriblemente incómoda-. Lo que hice; lo de planear todo para acercarme a ti, ir a tu casa en vacaciones, lo de hablar con el chico Scamander, y bueno, por todo; no fue una de mis ideas más inteligentes. Actué con precipitación y no tomé en cuenta, que, bueno… Tú claramente ya tienes una opinión de mí y es muy opuesta a la que yo tengo de ti –respiró profundamente-. Te hice pasar por muy malos momentos, y no te lo merecías. Lo siento.

No esperó que ella dijera algo, ya que volteó y caminó al castillo con rapidez, dejándola atrás.

Maldito día, maldito Malfoy, y malditos sentimientos contradictorios que solo hacen que me sienta abrumada. ¡Odio todo esto!

La chica siguió caminando, observando la espalda del chico, como si en ella fuera a aparecer mágicamente lo que debía hacer ahora.

¿No podía dejarlo así nada más, cierto?

-Malfoy… -susurró tan bajo, que ni ella misma era capaz de oírse con claridad. Se aclaró la garganta-. Malfoy –le llamó, con determinación-. ¡Malfoy, detente ahora mismo! ¡No me ignores! –exigió, al ver que él parecía estar prácticamente corriendo al castillo.

¿Malfoy y ella? ¡Rídiculo! Eso era lo primero que le venía a la cabeza al pensar en la remota posibilidad de ellos teniendo algo más que una relación de odio o de cordialidad, pero también le venía una imagen muy distinta: el beso en la sala común de Ravenclaw. Y luego, las pocas ocasiones en que Malfoy se mostraba amigable e interesado por ella en el pasado, y el día de hoy, y… y su corazón le latía tan fuerte, que golpeaba en sus costillas, haciéndole dificultosa la respiración.

-¡No me obligues a usar un hechizo contra ti, así que espérame!

Desechando la idea de usar un hechizo contra él (en su estado de nerviosismo, podría provocar un accidente y no quería tener que soportar a Filch y su gata torturándola durante un mes), empezó a correr tan rápido como pudo. Y cuando lo estaba alcanzando, aminoró la velocidad, tratando de tranquilizar su respiración para poder hablar:

-Scorpius… -exhaló, presa de una desesperación nunca antes sentida.

Él volteó, luego de un momento. Lucía evidentemente sorprendido.

-No creo que seas un imbécil. O sea, lo eres –se corrigió, sintiendo que las palabras tropezaban en sus labios-, pero… pero no es algo totalmente irritante.

¿Tengo un gran huracán mental que me está haciendo tener un ataque de estrés, dejé que Malfoy me ignorara, corrí tras él, me permití no reprenderme mentalmente por llamarlo por su nombre de pila de un modo tan natural; y todo para decirle que no es un imbécil?

-Y ciertamente no te odio. Ya no te odio.

Ambos sabían el peso de estas palabras. Si tenía que ser sincera, Rose apenas podía pensar con claridad, y no podía ofrecerle más que esta enorme verdad.

Rose sentía que se iba a desmayar por todas las emociones y el revuelo en su cuerpo, y dándose más tiempo para tratar de reordenar sus pensamientos de forma coherente, se le acercó a pasos pequeños.

No, no puedo pensar.

Malfoy bajó levemente la cabeza, para poder mirarle el rostro. Por primera vez, la pelirroja sintió que ser alta era una cualidad positiva, puesto que podía apreciar con detalle sus tupidas pestañas casi blancas y podía oler su colonia en la parte baja de la oreja. Y también porque…

De hecho, no extraño para nada pensar ahora mismo.

… sus labios se encontraban tentadoramente cerca de los de ella.

Rose estaba plenamente segura que si sus cuerpos no se encontrarán prácticamente pegados, él le respondería algo como "¿Ya no me odias, Weasley? ¿Acaso caerás rendida a mis pies?" en un tono pedante o le ofrecería una de esas miradas que perforaban en su corazón. Pero el chico se encontraba demasiado ocupado observando su boca.

A muchos de los queridos lectores no les sorprenderá esto, pero para nuestra protagonista fue sorpresivo darse cuenta que no le desagradaba para nada que Malfoy estuviera pensando en su boca. Es decir, ¡ella misma trataba de decidir si se lanzaba y lo besaba!

Simplemente dejándose llevar, la chica dio un pequeño paso más, sintiendo que ahora sí sus cuerpos estaban pegados y se puso levemente de puntillas. Al hacer esto último, su busto se deslizó sobre el pecho de él.

Rayos, ¿qué estoy haciendo? Estoy actuando como una maldita zorra que calienta a los chicos.

Sintió que el cuerpo de Malfoy se tensaba de tal forma, que en cualquier momento se convertiría en una estatua.

Pero bueno, supongo que besarlo sería algo apresurado, ¿no? Igual le tengo que hacer saber que… me gustaría… Bueno, que estoy confundida. Un enorme silencio en su mente. Bien, bien. La verdad es que estoy nerviosa y mi maldito cuerpo se mueve solo, no puedo controlarme. Repito: Rayos, ¿qué estoy haciendo?

Inhaló su colonia, y subió la cabeza, posando sus labios en el oído del chico:

-No lo pasé mal, ¿sabes? Fue un día interesante –dijo, lentamente-. Gracias por este día, Scorpius.

Y con una determinación y fluidez que hasta a ella la sorprendieron, reclinó su cuerpo y le dio un beso en la comisura de los labios.

-Buenas noches.

Se fue, corriendo tan rápido como las piernas la dejaron.

No hizo ni quiso voltear la cara, para darle una última mirada. Por que, ¡por Merlín! ¿Qué había sido todo eso? Había una tensión impresionante entre ellos y realmente no sabía de qué manera había movido su cuerpo para aumentarla.

MALDITAS HORMONAS. ¿ACASO NO SE HABÍAN IDO A LOS QUINCE AÑOS?


N/A: Antes que nada, quiero agradecerles a todas (admitámoslo, no hay hombres leyendo esto) por sus reviews. No tienen idea de lo felices que me hacen. Siendo críticas o palabras lindas, realmente agradezco que les interese tanto el fic :). Soy la persona más afortunada del mundo, en serio. Y sé que es algo muy superficial, pero ver más de 600 reviews me enorgullece mucho de tener personas que constantemente participan en el fic. ¡Muchas gracias!

Bien, ahora el capítulo: O-M-G. Solo en esas tres iniciales lo puedo expresar. Claramente se nota que aquí hubo de todo. Desde conversaciones serias a un final lleno de UST (tensión sexual). Y tal vez eso se deba a que viajé por todos los estilos musicales (en serio, hasta escuché cumbia. Con eso les digo todo); pero estoy feliz con el resultado porque, finalmente, Scorpius y Rose son todavía jóvenes y recién están saliendo de la adolescencia para introducirse en la adultez, así que sienten una gama de emociones y deseos abrumadora.

Y no sé si celebrarlo, pero… ¿no les parece realmente GENIAL que POR FIN Rose se haya dado cuenta que tenía una opinión basada en el pasado sobre Scorpius?

En este capítulo usé estas tres ideas que me dieron para la (no) cita: silvers draco propuso que exploraran los alrededores, Alecita-Luna que Rose le dijera cómo partió su odio por él, y Patricilla21 sugirió que Scorpius revelara algo de su vida como hijo de ex mortífago. Aunque las últimas dos ya las tenía decididas desde antes, les agradezco a las tres :).

Bueno, chicas. Solo quedan dos capítulos para que se termine el fic. Así que solo les puedo decir que daré lo mejor de mí para terminar este fic de la manera que se lo merece (de forma épica, jeje).

Un gran besote, espero que les haya gustado el capítulo.

¡Hasta la próxima, chau!