¡Hola a todos!
Hago un pequeño inciso al principio antes de comenzar.
Pido disculpas por no poder responder a los mensajes y comentarios vertidos en mis fics. Mi ordenador quedó fuera de servicio el lunes y hasta hoy no pude terminar de arreglarlo (necesitaba un antivirus que tiene mi hermano y sólo viene un par de veces por semana a verme).
Así que desde aquí, mi más sinceras disculpas. He podido leer fics y los comentarios, pero desde el móvil es una castaña para meterse y poder responder adecuadamente.
Actualizaré lo más rápido que mis dedos puedan hacer, tanto éste como el fic de Kanon. Afortunadamente estoy de vacaciones y tengo una semanita por delante para avanzar.
¡Un saludo a mis seguidores y comentaristas!
25. Sit tibi terra levis
La noche que velaron los presentes en el Santuario fue agotadora. Sargas sentía sus ojos escocidos y su cuerpo malherido de dormir mal. Segin dormía apoyada en su hombro, con Aioros entre sus brazos.
Cuidadosamente despertó a su compañera y le indicó que abriera los brazos para llevarse al pequeño de Sagitario a la habitación donde dormían sus compañeros.
Llevando a Aioros entre sus brazos, caminó sin hacer ruido. Shion salió a recibirle y le indicó el camino para llevarle a la sala donde dormían su hermano y los otros dos niños. El caballero buscó una camita libre y depositó a Aioros, cubriéndole con la sábana.
Cerraron la puerta suavemente y se alejaron de la habitación.
Caminaron juntos, sin decirse nada. Pero Sargas decidió romper el hielo.
-Mi señor…¿quién cree que ha podido cometer esta atrocidad?-
Shion exhaló un suspiro.
-No lo sé. Aún es pronto para saber nada. Lo único que tengo claro es que ha tenido que ser alguno de los presentes. Y eso me llena de gran pesar-
Dicho esto, Shion se retiró el casco dorado y dejó ver su rostro. Envejecido por los años y por las situaciones vividas en los últimos meses, habían hecho muchísima mella en su espíritu.
Los ojos violáceos del Patriarca, aparecían apagados y tremendamente tristes. Sumado a las marcadas arrugas que surcaban su rostro y el cabello plateado, era un anciano que se sentía abrumado por todo.
Hacía muchísimos años que nadie le veía sin casco, a excepción de su alumno Mü.
Por ello, Sargas se sorprendió de que el Patriarca tuviera ese acto de desnudez frente a él.
-Sargas. Mi honorable caballero de plata de la constelación de la Serpiente. Hace tiempo, mucho tiempo, que algo diabólico se está gestando en este Santuario. Y no sé con exactitud el qué o quién. Las almas se corrompen con mucha facilidad. Ni siquiera ser un caballero de oro de Atenea te libra de cometer actos impuros. Es más…somos los más propensos a caer en las redes de ilusiones de poder, aún a costa de nuestros juramentos. Sólo nuestra fuerza de voluntad, nuestra fe en nuestra diosa y la férrea defensa de nuestros ideales nos pueden hacer vencer a esas tentaciones. Confío en todos y cada uno de vosotros. Pero ha llegado un momento en que la sombra de la sospecha planea sobre nosotros. Y en mal momento, a decir verdad. Nuestra diosa, Atenea, aquella a quien juramos proteger y defender con nuestra vida, no tardará en reencarnarse-
El plateado escuchaba con atención y se sorprendió al escuchar las confidencias que le regalaba el Patriarca. Éste prosiguió.
-Nuestros alumnos están destinados a lograr una proeza que muchos de ustedes no habéis visto antes. La Gran Guerra contra Hades tomará lugar de nuevo, pero no estaré aquí para ello-
-¿Pero qué dice, mi señor? Usted estará allí, guiando a nuestros jóvenes guerreros para enfrentar a Hades y proteger a la humanidad. Estoy seguro de ello- enfatizó Sargas.
Shion rió dulcemente y su mirada se tornó aún más triste.
-Ya sobreviví a una Guerra Santa. No aguantaré más de una década en pie. Estoy buscando a mi sucesor en el trono, como muchos ya sabéis. Y mis dos candidatos predilectos son Aioros y Saga. Uno de los dos guiará al resto en esa batalla-
Sargas se quedó pensativo unos segundos y supo que el Patriarca se callaba algo.
En ese momento, fueron interrumpidos por Alejandro, que se quedó atónito al presenciar el rostro de Shion. Éste sonrió y se colocó el casco, regresando sus facciones a la sombra.
-Mi señor, han llegado los caballeros Aparctias y Casanova, junto a sus alumnos Camus y…Muerte de la Máscara…o algo así- informó.
Sargas se giró hacia el Patriarca y preguntó por ese nombre tan extraño. Shion se encogió de hombros y frunció el ceño. Indicó al caballero que fuera a recibir a sus compañeros y que él estaría en su estudio, preparando la ceremonia que se oficiaría en escasas 24 horas.
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Alejandro se mantuvo en silencio mientras recorrían el camino que separaba el Templo Patriarcal de las puertas del Santuario.
-Qué callado estás, Alejandro- inquirió Sargas, preocupado.
El mencionado se paró en seco a la altura del templo de Escorpio y atisbó por los alrededores.
-Creo que sé quien fue- murmuró en voz baja.
Sargas se sobresaltó y empujó al guardia hacia dentro del templo, cerrando la puerta rápidamente.
-Habla, te estoy escuchando-
El guardia asintió y sintió un escalofrío recorrer su espinazo.
-A eso de las once de la noche yo tenía cambio de turno de guardia. Entregué mi tessera a mi oficial y me dirigí a mis aposentos a dormir. Pues bien, cuando…- de repente se escucharon unas voces conocidas y Sargas ordenó a Alejandro que se callara. Los dos salieron fuera a ver qué sucedía.
El guardia indicó con un gesto que se marchaba y que debían hablar más tarde. Sargas asintió y le dejó ir.
A su vez recibió a su primo Aparctias y a Casanova, que según vieron a su compañero lo saludaron.
El caballero de lagarto iba acompañado de su alumno Angelo y Aparctias de Camus, pero los dos niños ni se dirigieron la mirada.
-Saludos Sargas. Malas noticias nos hicieron regresar de Italia. ¿Cómo están los pequeños?- preguntó Casanova, con la mirada entristecida.
Sargas observó a su compañero. Había adelgazado y se le veía muy agotado. No sabía si achacar ese malestar físico al viaje intempestivo de madrugada o a algo más.
-Buenos días, Casanova. Los hermanos están durmiendo. Aioros se quedó velando el cuerpo de su maestro hasta hace un poco, que lo llevé a dormir a una cama-
Angelo tiraba de la mano de su maestro, con impaciencia.
-Angelo, compórtate por favor- gruñó Casanova a su alumno.
-Pero quiero ir a ver el cadáver-
Hasta Camus, siendo tan pequeño, se sorprendió de la frialdad con la que Angelo había dicho esas palabras. Aparctias sujetó a su alumno y le pasó una mano por el cabello, tratando de reconfortarle del susto.
Casanova suspiró y se disculpó ante sus compañeros, siendo arrastrado escaleras arriba por su alumno.
-¿Qué está sucediendo en el Santuario, primo?- preguntó Aparctias, con el ceño fruncido.
-No lo sé. Siento como si algo maligno estuviera influyendo en algunos de nosotros. Sólo así se entendería este horrible crimen-
Los dos primos se miraron. Debían hablar, en privado. Pero no ahora.
En el horizonte se divisaba una pequeña claridad. Hacía muchos años que Sargas no estaba despierto para ver el alba. Y sintió que a partir de entonces, el Santuario ya no era una fortaleza segura e inquebrantable. Un escalofrío de temor recorrió su espina dorsal, y por primera vez quiso largarse de allí lo más rápido posible.
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El templo patriarcal se llenó de gente, no sólo los moradores del Santuario pasaron a despedir al caballero de Orión. También se dejó abierto el templo para los habitantes de localidades cercanas pudieran hacerlo. Folo era muy querido en los pueblos colindantes al Santuario, en especial Rodorio. De hecho pasaba más tiempo merodeando por allí, ayudando a los más necesitados y ofreciendo protección a cualquiera que lo necesitase. Y frecuentemente se dejaba acompañar por Aioros, con lo que el pequeño niño era conocido en la aldea igualmente.
Durante el día llegaron el resto de caballeros y amazonas que se encontraban fuera de Grecia realizando alguna misión o entrenando a sus pupilos.
La siguiente en llegar, tras Aparctias y Casanova, fue Galatea acompañada de Afrodita. Llegaron por la tarde, tras un largo viaje en avión desde Groenlandia.
El niño se estaba desarrollando de manera especial, y su belleza era ampliamente reconocida. Paseaba con aire majestuoso a pesar de su corta edad, pero su maestra le había indicado que acudían a un funeral, por lo que mantuvo el rostro serio y distante. Juntos fueron a dar sus condolencias a los niños y rezaron juntos por el alma de Folo.
Galatea se encontró con Segin y las demás compañeras, que decidieron ir a hablar al recinto de las amazonas dejando Afrodita al cuidado de Casanova y Angelo.
El futuro caballero de Piscis lanzaba miradas furtivas al niño que acompañaba a Casanova. Angelo se percató de ello y se revolvió irritado.
-¿Qué miras niña?- bufó el italiano.
Afrodita no se amedrentó por los modales de Angelo y realizó una mueca de desprecio.
-No soy una niña, eso para empezar. Y te miro porque estás siendo un maleducado. ¿Acaso tu maestro no te enseñó modales? ¿O es que no quisiste aprenderlos?-
Casanova despertó de su ensimismamiento al oír al chiquillo contestar a su alumno.
-Pues pareces una niña. Sólo falta que lleves un vestido. ¿Y por qué llevas una rosa en tu chaqueta? Menuda cursilería- se mofó Angelo de Afrodita.
El sueco cerró suavemente los párpados.
-No es el momento ni el lugar para comenzar un combate- cortó tajante Afrodita.
El maestro de Angelo suspiró aliviado y cuando su alumno fue a contestar, le mandó callar y respetar el cuerpo presente.
En ese momento aparecieron Algedi y Shura por la puerta principal. Aioros levantó la vista del cuerpo de su maestro y con los ojos húmedos recibió las condolencias del mejor amigo de su maestro y de su alumno.
El árabe estaba desolado por la muerte de su amigo Folo, y permitió que las lágrimas fluyeran sin parar, mientras estrechaba entre sus brazos a Aioros. Después se acercó a Aioria, que aunque no le recordaba mucho, sabía quién era y casi fue él quien consoló a Algedi.
Shura se mantuvo al lado de Aioros. Bastaba su sola presencia para que el futuro caballero de Sagitario hallara consuelo. Ambos se mantuvieron juntos frente al cuerpo de Folo.
Tras ellos, llegaron Espartaco y Aldebarán que llegaron de Brasil. Ambos dieron el pésame a los niños y a Alegi. Espartaco se quedó junto a su compañero. Aldebarán abrazó a Aioros con fuerza y saludó a Shura, que acababa de conocerle.
Se enredaron a hablar un momento, cuando apareció Saga por la puerta principal.
-Aldebarán, ve con mi hermano y el resto a jugar fuera. También a Afrodita y Angelo. Salid del templo patriarcal- pidió Aioros.
-¿También yo?- preguntó Shura. Aioros asintió con la cabeza.
El español sonrió y le dio una suave palmada en el hombro, siguiendo a Aldebarán.
El brasileño buscó a Aioria, Mü, Camus y Milo. Shura se encargó de ellos y le pidió a Aldebarán que fuera en busca de los otros dos.
Éste oteó entre la muchedumbre congregada y dirigiéndose a una joven amazona le pidió que saliera fuera.
La amazona se quedó a cuadros.
-Pero ¿por qué?- preguntó sin saber por qué ese niño le pedía que saliera fuera del templo.
-Me dijo Aioros que sacara a Afrodita y a Angelo del templo, para salir a jugar. Eres la única amazona joven que veo por aquí, aunque si sería tan amable de indicarme quién es Angelo…-
La joven amazona empezó a reírse.
-No pequeño no, yo no soy Afrodita. A los que buscas son aquellos de allí- dijo señalando a los dos niños que aún estaban junto a Casanova, quien charlaba con otros caballeros, sin perder de vista a su alumno.
Aldebarán se tornó colorado y pidió disculpas por la confusión. Se alejó de allí y fue en su busca.
-¿Sois Afrodita y Angelo?- preguntó tímidamente el brasileño.
-Mi nombre es Máscara de Muerte, no Angelo- escupió el italiano. Aldebarán y Afrodita se miraron horrorizados.
Casanova se giró al oír esto.
-¡Angelo, haz el favor! Pequeño, Angelo es mi alumno, no le hagas caso y no te asustes-
Aldebarán reunió fuerzas y pidió a ambos salir del templo patriarcal, por orden expresa de Aioros. Afrodita asintió y se encaminó a la salida, acompañando al pequeño brasileño. Angelo sin embargo se mantuvo en el sitio.
-Vamos- ordenó el sueco. Pero el italiano no se quería mover del lugar.
Afrodita suspiró y le dijo que se enfrentarían en un combate, con lo que Angelo salió disparado fuera del templo.
Saga se colocó frente al cuerpo de Folo y rezó unas plegarias. Aioros mantuvo el rostro firme y serio, pero cuando se acercó a abrazar a su compañero, notó cierta tirantez.
El gemelo retrocedió indeciso.
Saga se quedó mirando a su compañero. Apenas se conocían, cierto, pero no era para ponerse a la defensiva.
-¿Qué ocurre?- preguntó, completamente ignorante de las razones de Aioros para rechazarle abiertamente.
Aioros se mantuvo unos segundos en silencio antes de responder.
-Te vi subiendo las escaleras por la noche. Nos cruzamos cuando yo iba a la entrada, en mi ronda nocturna ¿recuerdas?-
Saga abrió los ojos y cayó en la cuenta. Maldijo a su hermano. Tenía que encubrirle. Más tarde hablaría con él.
-Sí, es cierto- respondió rápidamente.
-¿Y no viste nada?- los ojos de Aioros comenzaron a humedecerse de nuevo. El niño quería respuestas. Él era un posible testigo.
Saga suspiró aliviado. Por un momento creyó que sospechaban de él.
-No Aioros. No vi nada sospechoso- respondió, sin querer desvelar más hasta que supiera la verdad. Si no sabía qué hacía su hermano merodeando por el Santuario, no quería comprometerse a decir algo que pudiera tornarse en su contra. Sólo suplicó a los dioses que lo que él temía, no fuera real. Porque entonces lo mataría sin más miramientos.
Aioros agachó la mirada hacia el cuerpo de su maestro y se echó a llorar amargamente. Saga lo sostuvo entre sus brazos y desvió la mirada hacia el rostro cerúleo de Folo.
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Fuera del templo, los niños no sabían cómo sentirse. Se alegraban de estar juntos de nuevo, pero las circunstancias eran terribles. Aioria miraba al horizonte con pesar y pateó una piedrecita.
Afrodita discutía acaloradamente con Angelo. Shura trataba de poner paz entre ellos, pero era imposible.
-¡No tienes idea de con quién estás hablando!- contestó Angelo.
-Cierto, no sé si te llamas Angelo o Máscara de Muerte- respondió Afrodita, esbozando una sonrisa de medio lado.
Los demás niños se refugiaron asustados tras Shura, que miraba con desdén la altanería del italiano.
-Que nombre tan horrible- murmuró Mü, parapetado tras Aldebarán.
-Antes te burlaste de mis rosas, pero ahora vas a comprobar su poder…- Afrodita se colocó en posición de ataque.
-¡Y yo te voy a enviar al Inframundo de un solo golpe!- gritó Deathmask, haciendo lo propio.
-¡Parad los dos!- ordenó una voz.
Un muchacho, más mayor que ellos, se dirigió a los dos contrincantes. Miró con su rostro serio a los dos niños, que movieron sus posiciones de ataque.
Saga observó al resto de pequeños compañeros.
-Ha fallecido un superior vuestro y maestro de dos compañeros. Debéis mostrar respeto en estos momentos. Nada de peleas ¿entendido?-
Todos asintieron, a excepción de Aioria, que observaba a Saga con detenimiento. No era capaz de sentir el cosmos de él, pero algo conocido destilaba. Sintió un temor recorriendo su cuerpo.
Sin más, el gemelo bajó las escaleras, desapareciendo al cruzar el templo de Piscis.
Milo había escudriñado al milímetro a ese joven. Algo había llamado la atención del pequeño escorpión, y sin pensárselo dos veces, se encaminó escaleras abajo tras él.
-¡Pero dónde vas! ¡Vuelve!- ordenó Shura en vano.
Saga caminaba más rápido que Milo y justo iba a atravesar el templo de Capricornio cuando el pequeño lo vio desde lo alto del templo de Acuario. Sin pensárselo dos veces le gritó.
-¡Eh! ¡Tú! ¡Oye!-
El gemelo se volteó y vio al pequeño bajar los escalones peligrosamente.
-¿Qué quieres niño? Tengo prisa-
Milo observó al mayor. Tenía el pelo bastante largo y azul, igual que él.
-¿Quién eres?- preguntó, intuyendo el cosmos del gemelo.
-Soy Saga, futuro portador de la armadura de Géminis. ¿Y tú?- A pesar de estar algo nervioso, decidió pararse a hablar con el pequeño. Algo había en él que le desconcertaba.
-Soy Milo, seré caballero de Escorpio- exclamó orgulloso. Saga sonrió por la determinación del pequeño. "Así que Escorpio…" pensó para sí mismo.
-Bien, pues encantado de conocerte. Si me disculpas, tengo que irme. Y tú deberías regresar con tus amigos, te estarán buscando-
Dicho esto, se dio media vuelta y se esfumó entre la sombras del décimo templo.
Milo se quedó unos segundos viendo como desaparecía, y con una gran pregunta en la mente.
-¡Milooooo! ¿Dónde estáaaaas?- una voz muy conocida le llamaba. Camus apareció en su templo, acompañado de Mü y de Shura.
-¡Le voy a decir a tu maestro que te castigue por desobedecerme!- amenazó el español al griego.
El pequeño griego se giró sobre sus talones y corrió escaleras arriba a reunirse con ellos.
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Sargas y Aparctias se habían encerrado en el templo de Escorpio y llevaban un buen rato charlando.
-Tenemos que hablar con Alejandro, él conoce la identidad, o cree conocer la identidad del sospechoso- dijo el caballero de Serpiente cruzándose de brazos.
Aparctias admitió la propuesta.
-Pero tenemos que ser cautos, nadie debe saber que Alejandro lo sabe, correría peligro-
Sargas asintió.
-Vamos a esperar a que se calmen un poco las cosas y tras el funeral le preguntaremos. Por ahora sigue haciendo guardia en su puesto, y no quiero acercarme por allí para no comprometerle. De momento vamos a buscar a esos dos enanos, cenaremos y nos iremos a dormir, que mañana al alba es el oficio, según me indicó Shion-
Aparctias se levantó del sofá para dirigirse a la puerta y salir con su primo en busca de sus alumnos.
Saga se alejó del templo despacio, para que no escucharan sus pisadas.
"Así que hay alguien en el Santuario que ya sabe quién ha matado a Folo".
Sin demorarse más, continuó su camino hasta su casa.
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El templo de Géminis se hallaba sumido en la oscuridad. Cuando entró, llamó a su maestro y al no obtener respuesta elevó su cosmos para abrir la ilusión donde se hallaba su hermano. Las pisadas retumbaban en el frío mármol. Se paró ante la puerta e inspiró, sólo para tomar fuerza y abrir la puerta de golpe, casi destrozándola.
-¿Eres idiota? ¿Qué forma es esa de entrar?- Kanon se despertó sobresaltado con la mano en el corazón. Sin esperar un segundo su hermano retiró las sábanas de la cama hacia atrás y agarró a su hermano por el cuello de su camiseta.
-¡Dime que no has sido tú!- exclamó iracundo.
Kanon miró a su hermano a los ojos y le extrañó ver esa demostración de ira. Saga jadeaba mientras sostenía aún a su hermano de la camiseta. Volvió a repetir la pregunta, pero ésta vez con una voz gutural.
-No sé qué te ocurre, pero estaba durmiendo y casi muero de un infarto. Así que si me dices qué ha sucedido, te lo agradecería- trató Kanon de apaciguar los ánimos. Saga aflojó el agarre y empujó a su hermano contra el colchón.
La extraña fuerza se apagó y cayó de rodillas al suelo, jadeando por el aparente esfuerzo.
Kanon observó y analizó la escena que había montado su gemelo.
-Folo ha sido asesinado- dijo dejando escapar un suspiro.
-¿Y eso qué tiene que ver conmigo? No pensarás que he sido yo- reclamó Kanon.
Saga tragó saliva y se incorporó, sentándose junto a su hermano al borde del colchón.
-Me dijo Aioros que me vio camino al Templo del Patriarca una hora antes. Tengo coartada, puesto que estaba en nuestro templo a la hora señalada. Así que no me queda otra que pensar que eras tú quien se paseaba tranquilamente por el Santuario. ¿Me equivoco?-
Kanon sonrió de medio lado.
-Cierto, me crucé con él cuando estaba dando un paseo nocturno. Como no me dejas salir de día…tendré que hacerlo por la noche ¿no? No esperaba encontrármelo de frente, así que opté por imitarte. Y aunque hubiera luna llena, Aioros no me reconoció. Pero sólo estuve merodeando por el Templo de Escorpio y regresé. No llegué hasta Sagitario-
-¿Seguro?¿Y no viste a nadie ni nada?- inquirió Saga. Su hermano sacudió la cabeza negativamente.- Está bien…te creo. Pero aún así, no quiero que salgas durante unos días. Y si ves a alguien, haz el favor de esconderte, no te pasees por ahí como Pedro por su casa.-
Dicho esto agarró a su hermano y le dio un beso en la mejilla, levantándose y abandonando la estancia.
Kanon se limpió la mejilla besada.
-Ahora va de hermano bueno, tras entrar como un torbellino. Cada vez está peor…- y refunfuñando más maldiciones a su hermano, recogió las sábanas y estrechando la almohada entre sus brazos, se quedó dormido.
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Saga fue en busca de su maestro para cenar.
Caminó hasta su habitación y llamó a la puerta suavemente.
-Adelante- susurró una voz, temblorosa. Saga se extrañó de ese sonido tan gutural.
-Maestro, deberíamos cenar. Mañana es el funeral de Folo y tenemos que madrugar- informó Saga.
A pesar de la oscuridad, Saga pudo entrever algo anormal en Atreo. Contrario como normalmente solía aparecer, estaba metido en su cama y se tapaba la cabeza. Al incorporarse, la sábana se deslizó a un lado y dejó entrever una parte del cabello de Atreo, que era de color más claro, en lugar de su característica melena azul oscura.
El caballero de Cuervo recogió rápidamente la sábana y se cubrió con ella, ignorando si su alumno se había percatado de ello.
-Gracias Saga. No voy a cenar, no me encuentro muy bien y es probable que no acuda al funeral. Por cierto, ¿se sabe quién ha matado a Folo?- preguntó, aclarando la voz.
-De momento no se sabe nada. Pero parece ser que alguien del Santuario conoce la identidad del asesino. Un guardia, un tal Alejandro- informó Saga.
Atreo se revolvió en su cama y tosió fuertemente. Como un resorte, su alumno fue hacia su cama para atenderle, pero Atreo le pidió que mantuviera la distancia, no quería contagiarle y debía estar preparado para representar a Géminis en el funeral.
Saga asintió y salió del cuarto para refugiarse en el suyo.
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A las seis menos cuarto de la mañana, Sargas se despertó en su templo, compartiendo cama con Segin y Milo. Casi al borde del colchón, desplazado por la mujer y el niño, que dormían abrazados.
Se pasó las manos por el rostro y notó que ya empezaba a salirle la barba de nuevo. Rápidamente sacó de una bolsa una cuchilla simple y un pedazo de jabón para afeitarse.
Tras el acicalamiento, movió suavemente a su compañera, quién masculló una palabra ininteligible.
-Vamos despierta, que tenemos que irnos. En 45 minutos iniciará el funeral Shion-
Segin bostezó y se pasó la mano por los ojos, parpadeando varias veces. Tenía a Milo entre sus brazos durmiendo profundamente. Cuidadosamente se deshizo del abrazo y fue al baño a acicalarse.
Sargas bajó a la cocina a preparar algo de desayuno ligero para ellos dos. La amazona bajó a los pocos minutos y se sentó con él. No había mucho que hablar, ya que ambos se hacían las mismas preguntas. Finalmente el hombre formuló una diferente, mientras daba vueltas a la cucharilla.
-Segin, ¿no notas algo extraño en el Santuario?-
La amazona se sobresaltó.
-¿Extraño de qué?- preguntó indecisa.
-No sé…llevo muy poco tiempo lejos de aquí, pero hay algo distinto en el ambiente. No sabría decirte qué. Ya me sucedía antes de irme a la isla, sólo que ahora se ha acrecentado- musitó Sargas, dándole un trago a su café.
La mujer se mantuvo callada unos instantes.
-Supongo que es por todo lo que ha sucedido. No es agradable saber que entre nosotros se halla un asesino y que todos seremos sospechosos hasta que se demuestre lo contrario- la forma de decirlo fue entre sarcástico y amargo.
-Segin…si algún día no te sientes bien aquí…sea por lo que sea…por favor, huye. Ven conmigo a isla de Milo. No quisiera que corrieras peligro-
Ella asintió lentamente, haciendo que sus temores aumentaran. No quería alarmar a su compañero, pero ella también había notado ese peligro inminente. Y lo peor de todo, indefinido. Porque no sabía la causa, no sabía qué era lo que estaba acechando entre las sombras, solamente que algo no iba bien.
Iba a levantarse para despertar al pequeño, pero éste bajó las escaleras frotándose los ojos, con gesto cansado.
-Entre el viaje intempestivo y el día de hoy, tienes que estar muy cansado amor. ¿Por qué no te quedas durmiendo?- sugirió la amazona.
Milo rápidamente despertó y negó con la cabeza.
-Tengo que estar con mis compañeros en estos momentos. Necesitan mi apoyo-
Sargas y Segin sonrieron, sin terminar de creerse que ese pequeñajo pronunciara una frase tan sentida.
Tras darle un vaso de leche y unas galletas, los tres salieron del templo escaleras arriba.
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Cuando llegaron al templo de Acuario, Aparctias ya estaba listo junto a su alumno para ir al templo patriarcal. También se hallaba Casanova con Angelo y Espartaco con Aldebarán.
Subieron todos juntos las escaleras y al pasar por Piscis se les unió Galatea y Afrodita.
-¿Y Algedi?- preguntó la amazona de Coma Berenice.
-Estará en el templo patriarcal, se quedó velando el cuerpo de su amigo. Y Shura se habrá quedado con Aioros y Aioria- dijo Espartaco, quién durante la noche había intentado en vano que su compañero fuera a descansar.
Los niños permanecían en silencio y caminaban cabizbajos, excepto Angelo, que se mostraba con un semblante serio. Al ser el mayor de los cinco niños, hizo frenar a sus compañeros suavemente.
-Anoche fui al Inframundo- declaró con total naturalidad. Los niños le miraron aterrorizados, excepto Afrodita, que alzó una ceja incrédulo.
-Y una voz me dijo que quien lo mató era del Santuario- dijo enfatizando la última palabra.
-Qué lentas te llegan las noticias ¿no? Menuda novedad, no hacía falta que fueras al reino de los muertos para saber eso- contestó sarcásticamente el sueco.
Angelo sonrió de medio lado.
- Si me dejas terminar…porque añadió algo "esa persona son dos en uno". Aunque no sé a qué se referirá…- musitó quitándole importancia.
Afrodita se echó a reír, llevándose la mano a la boca.
-¡Ahora resulta que el asesino está en oferta! Cállate ya, Angelo, y muestra respeto de una vez- recriminó.
Angelo pateó una piedrecita y se calló, aunque por lo bajini siguió murmurando esas palabras, para tratar de darle sentido.
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Así llegaron al fin al templo patriarcal, que ya estaba prácticamente lleno de gente.
Los caballeros de plata se colocaron a los lados del soporte de madera que acarreaba el cuerpo de Folo.
Los primeros rayos del sol no tardarían en aparecer y Shion comenzó la exequias, cantando unas plegarias. Se unieron las voces de todos los caballeros restantes, y el cuerpo de Folo fue izado.
Salieron hacia el cementerio del Santuario, en riguroso orden. Primero el Patriarca, que seguía cantando. Tras él, Aioros y Aioria, cabizbajos y con las manos unidas. Tras ellos, Casanova, Sargas, Espartaco, Aparctias, Algedi y Haldus, caballero de Auriga portando a Folo.
Siguiéndoles, el resto de caballeros de plata y bronce, junto a las amazonas y los pequeños, a los que se había unido Saga.
Los guardias y resto de mortales completaban la comitiva.
El entierro fue rápido pero emotivo. Unos guardias personales acarreaban la lápida con la inscripción en griego de Folo y la armadura que portó en vida.
Los primeros rayos del sol ofrecieron algo de calor y consuelo en esa fría mañana y poco a poco los asistentes fueron alejándose del lugar.
Shion se mantuvo junto a los dos alumnos del difunto y se agachó para ponerse a la altura de Aioros.
-Pequeño, sé que no querrás que nadie ocupe el lugar de tu maestro. Así que te ofrezco oficialmente que te encargues del adiestramiento de tu hermano, aunque ya lo hacías junto a Folo. La fuerza que acarreas dentro de ti está a punto de ser revelada, tal y como me informó tu maestro días antes. Y no puedo más que decirte que la armadura de Sagitario estará lista para ser recibida por ti, como legítimo dueño y portador. Pero ahora deberíais descansar. En unos días podréis regresar al templo de Sagitario, si así lo deseáis. Si no, podéis quedaron en mi templo hasta que lo estiméis oportuno-
Aioros se limpió las lágrimas de la cara y asintió decidido.
-Por Atenea seguiré adelante, mi señor. Gracias- respondió el muchacho.
El Patriarca sonrió y acarició las mejillas de los dos, alejándose del cementerio.
Los dos niños se quedaron allí hasta que el sol apareció completamente en el cielo.
-Conseguiré esa armadura de oro y encontraré a tu asesino, Maestro- declaró Aioros, pensando en Folo.
NOTAS:
Sit tibi terra levis, significa "Que la tierra te sea leve". Inscripción en latín que se colocaba antiguamente como epitafio, antes de los conocidos RIP y DEP.
Mucha acción en este día completo, puesto que la acción se desarrolla en esas 24 horas, desde que preparan el cuerpo del fallecido hasta que lo entierran. De alba a alba.
He querido que Shion tenga aspecto de anciano. No tendría un aspecto de viejuno como Dohko, sino que me acordé del Patriarca de Lost Canvas, Sage y su hermano Hakurei. Porque cuando Shion aparece en la saga de Hades, menciona que tiene aspecto joven porque ese es el poder del dios del Inframundo. Y de hecho se cachondea de Dohko...para que éste se desnvuelva de su envoltorio y le haga un ¡Zas en toda la boca!
En fin, no tengo mucho más que contar, esto es todo por ahora.
¡Muchas gracias por leer!
