Esta historia no es mía pero yo la traduje con el permiso de la autora original, Galimatias, quien amablemente me permitió hacer esto, todos los créditos corresponden a ella, yo solamente traduje.

Notas de la traductora MikoAucarod: ¿Es posible? ¡Sí, lo es! ¡Hemos alcanzado a Galimatias, luego de muchos meses (¿años?) ¡wiiii! ... y ahora sí no nos queda más que esperar a que Galimatias actualice el fanfic para poder ponerme a traducir un nuevo episodio y traerlo para todos ustedes (Galimatias, if you're reading this, don't think I'm begging you but, I beg you, please update a new episode! x3 I want to see what happens next!) Listo, ya supliqué XD

No los distraigo más, ¡disfruten!


Notas de la autora original Galimatias:

¡Miren quien volvióóóóóóóó!

¡Y finalmente cumplí mi promesa de actualizar esta semana! La próxima semana necesito revisar mis otras historias, para aquellos que las lean, ¡y hacer felices a todos a través del glorioso poder de, al fin, trabajar con fechas límite!

Hablando de historias, tengo un INMENSO favor que pedirles a todos mis lectores. Porque, honestamente, ustedes son fenomenales y sé que juntos podremos hacer esto.

Esto es lo que ocurre. ¿Alguien aquí ha visto Peabody y Sherman? ¿Sí? ¿No? ¡Cómo está eso! ¡Alguno de ustedes debe haberlo hecho! Bueno, eso es bastante fantástico (si no han visto la película, ignoren esta referencia y no miren atrás). En esta página ha tenido algo de publicidad pero, en mi opinión, no la suficiente. Y justo en este momento estoy trabajando en una historia para ese fandom llamada "The History of Now". Y la mejor parte es que ¡es del tipo de historia que les gusta! Dolor/consuelo/angustia/¡DEMASIADATERNURAQUENOPUEDOCONELLA!

Quiero asegurarme de que esta película reciba el reconocimiento que merece. Porque, aunque no fue la mejor película, sí vino de un muy buen lugar y envió muchas lecciones de vida sorprendentes. Además... soy fanática de la historia y cada una de esas bromas me parecieron sorprendentes y mucho más divertidas de lo que en realidad eran. Así que... sí.

El favor que les pido es que vayan a leer esa historia. Léanla y dejen sus mensajes. Díganme qué piensan de ella para que cuando otras personas vean en ese fandom vean los mensajes y en serio quieran apreciar esta película. Y no, no digo esto para tener más mensajes. Digo esto porque recibí un "reto" cuando alguien en esta página dijo que no leerían de ese fandom porque los trailers de la película les parecieron estúpidos. Bueno, persona, ¡ya veremos qué piensas luego de esto!

Y, aún si no dejan un mensaje, échenle un ojo, un 'me gusta' y después ¡revisen las otras historias ahí! ¡Denle algo de amor! ¡Asegúrense de que las personas sepan que existe!

Ok. De vuelta al tema. Este capítulo está dedicado a todas las personas que estuvieron conmigo en estos 3 largos, abandonados y fríos meses. Porque ustedes ¡son geniales!

En serio, ¡pienso que no reciben el reconocimiento que merecen!

Así que haré lo que debí haber hecho hace mucho tiempo.

El siguiente capítulo... será... Las tres estaciones parte 2.

SÍ. ES CORRECTO. Leyeron bien. Actualizaré mi capítulo que, hasta el momento, es el que más me han solicitado en todos los mensajes que he recibido. No quería hacerlo. No pensé que crearía alguna vez una parte dos. Pero... ustedes son demasiado geniales como para solo decirles 'no'. Así que el siguiente episodio será eso. Parte dos.

Veremos a Bunny patear algunos traseros.

¡Ahora! ¡Al episodio, mis amados, amados lectores!

~Gal


o0o

"No hay nada que te vuelva más loco que la familia. O más feliz. O más exasperado. O más... seguro."

~Jim Butcher

o0o


Jack de ninguna forma estaba preparado.

No era como si uno pudiera prepararse para estas cosas. Pero a Jack, como regla, le gustaba pensar que al menos sabía lo que estaba haciendo. Habían pasado muchos años, 300 para ser precisos, donde saber lo que iba a ocurrir no era una opción. La vida había sido un circo vacío, y él había estado caminando en una cuerda floja, extendida sobre otra cuerda floja, una y otra vez. Un acto de balanceo sin peligro, pero, al mismo tiempo, sin nadie que le animara, que le dirigiera palabras o cortara las cuerdas lo suficiente como para darle un desafío- o atraparle cuando eventualmente cayera. Y Jack casi se había cansado de nunca caer.

Pero después de tanto tiempo, parecía ser, que el mismo tiempo estaba recompensándole por todo. Las cuerdas se habían vuelto tan tensas que ni siquiera funcionaban y se habían reventado hace mucho tiempo. Y quedó con solo un obstáculo que nunca le permitiría encontrar su camino de salida. Y aún si hubiera personas, estaban tan abajo. Y Jack descubría, con cada paso, que tenía tanto miedo a las alturas como para dejarse caer hacia ellos.

O quizá, solo quizá, no quería intentarlo siquiera.

La confianza, después de todo, no era una cuerda floja. Era un algodón de azúcar. Oh, tan dulce y pegajoso y bueno para compartir. Pero, al mismo tiempo, un paso en falso, una caída al suelo bastaban para dañarla. Porque la tierra se pega rápido y permanece para siempre, adentrándose hasta lo más interno, para que cuando pienses que ya no hay más, pronto descubras que eso no pasaría. Tendrías que esperar en la fila para recibir otro algodón. Si es que te daban la oportunidad.

Y Jack nunca estaba listo.

Pero, de pie frente a esas grandes puertas, comenzó a preguntarse si era tiempo de intentarlo. Porque, si las cosas resultaban ser como él creía que serían, pronto ellos serían todo lo que le ataría a una familia. No un título, no una asignación especial. Solo la idea de que aún pertenecía a algo para no estar solo. Porque Jack no podía estar solo. No estaría solo.

Aún si aún tenía pesadillas tras pesadillas de gritar dentro de profundas cavernas y solo escucharse a sí mismo, él sabía que la realidad era algo que podía cambiar. Lo que había pasado por siempre le afectaría, y podría jamás confiar lo suficiente como para entregar algodones de azúcar en frente de cuerdas flojas, observarse a si mismo intentando no caer de un lugar hacia el suelo donde también tenía sujetadas piezas de sí mismo, cubiertas de glaseado rosa y azucarado. Pero no podía cambiarlo todo. Y lo que podía cambiar...

... lo intentaría.

Una pata cayó sobre su hombro y Jack se estremeció.

"¿Estás listo, amigo?"

El muchacho tragó saliva, concentrándose en el peso que empujaba contra su clavícula. La pata apretó la parte huesuda de su brazo y su sudadera formó pequeños cañones. "No..." porque no lo estaba. Nunca lo estaría. Recibió otro apretón suave.

"Estarás bien, ¿de acuerdo?"

Jack sonrió, pero difícilmente era real. Había probado miles de máscaras antes, y esta no era extraña. Las había tomado de percheros que existían solo para ser vistos por un par de ojos azules, las habría probado cada una individualmente, las había sentido comenzar a enlazarse con su tejido facial, músculos, abrirse paso alrededor de su piel hasta que se fusionaban en un desastre estable. Dolía, pero estaba acostumbrado. La cuestión con las máscaras, era que solo eran usadas en verdad en tres ocasiones. Halloween, carnavales o por personas que se metían a las casas, con dedos pegajosos y linternas brillando como objetivos. Y aún así, de alguna forma, cada una de las máscaras tenía agujeros alrededor de los ojos, para poder ver. Todas las máscaras eran así.

Y la de Jack no era diferente.

Y aún así, de alguna forma, el único que se daba cuenta de las verdaderas expresiones a través de los agujeros era la extraña criatura que se encontraba de pie, elevándose sobre el más joven, con los brazos cruzados. Y Jack lo sabía.

Sus hombros se tensaron y su espalda se volvió rígida. "Voy a estar bien." Dijo, firmemente, como si decir eso lo hiciera realidad. "Voy a estar bien."

"Sí," coincidió el conejo. Pero no había nada de fuerza en su tono. "Lo estarás."

El salón quedó en silencio después de eso, excepto por el ocasional reloj que se daba a conocer por sus 'tics' y 'clics', cortando el tiempo- un recordatorio de que, a diferencia de ellos, éste era interminable. Observaba todo y era completa y totalmente interminable.

Era irónico que el ser más poderoso no era la mujer que estaba sentada del otro lado de la puerta, sino el pobre reloj de madera que esperaba felizmente a que los siglos pasaran, contra una pared.

"¿Jack?" El duende invernal dio un salto cuando Norte, que lucía más de su edad que nunca, lentamente salió de la habitación, manteniendo la puerta parcialmente cerrada. "¿Estás listo?"

Jack pretendió decir sí. Iba a decir sí. Su boca se abrió para murmurar la palabra, pero había cuerdas apretadas en su garganta, jugando entre sí hasta formar telarañas. Podía sentir dos letras ahí, atrapadas en las cuerdas individuales. Hubo otro apretón en su hombro, un afecto que, sabía, se mantenía de forma sutil. La palabra no quería salir, así que en su lugar Jack simplemente asintió. Su mano se apretó en puño y deseó tener su cayado.

"Bien. Ellos están listos para ti."

Otro asentimiento. Una respiración. Su pie avanzó al frente, haciendo parecer que su cuerpo estaba mucho más preparado para recibir palizas brutales de palabras cuando su mente no lo estaba. Y mientras más se dio cuenta de eso, mientras más cerca llegaba a la puerta, bocanadas de flor de cerezo y ríos inflexibles llenaron el aire y más se dio cuenta de que no, no estaba listo.

Hizo un movimiento, el inicio de un vuelo temeroso. Su cabeza se movió para observar por el salón, sus rodillas se doblaron, sus pies se volvieron ligeros, listos para deslizarse. Norte parecía listo para decir algo, lo cual podría o no podría haber sido efectivo. Era un hombre duro, necesitaba serlo, pero a veces tenía mucha simpatía para mantener una reprensión constante. Y era muy lento para atrapar al muchacho si éste corría.

No tuvo que hacer nada.

La base del cuello de Jack fue sujetada, obligando al espíritu del invierno a inclinar su cabeza, a la par que un Bunny que le fulminaba con la mirada se acercaba a su rostro ladeado. "Ni siquiera lo pienses," siseó el Pooka, con su pesado acento, antes de darle el último mordisco de advertencia del día, más suave que los otros dos habían sido -y considerando lo mucho que había dolido, eso era decir algo- contra la sensible oreja del muchacho. Jack reprimió un pequeño grito.

Supuso que, muy a su manera, Bunny había sido amable haciendo parecer que la acción solo había sido un susurro. Le ahorró la vergüenza de tener que lidiar con los ojos curiosos de Norte, ya que el hombre no tenía idea de qué clase de castigo estaba recibiendo el más joven por parte de una autoridad más grande y animal, quien parecía no tener dudas, a diferencia del Cosaco, cuando se trataba de afirmar autoridad.

Sin embargo no ayudó de ninguna manera cuando fue prácticamente empujado frente a la puerta y le acercaron aún más. El portal de caoba se cerró con un portazo antes de que se pudiera dar la vuelta y protestar, golpeando su espalda y haciéndole avanzar unos cuantos pasos. Se detuvo a sí mismo, resopló, dobló sus dedos contra la orilla de su sudadera, para enderezar las arrugas y entonces levantó la mirada. Jack era un espíritu del invierno, por lo que el frío era su "punto fuerte". Pero en ese momento pudo haber jurado que su rostro estaba calentándose a temperaturas nada seguras.

El concejo seguía sentado en los mismos lugares. Todos los ojos le observaban, carentes de diversión. Jack se removió en su sitio y sus manos se cerraron otra vez, como si quisiera agarrar el cayado de madera que no tenía. Su boca se abrió una vez más, intentando hablar primero. Pero nada salió. Cerró su boca, generando un ligero chasquido y esperó, con sus dedos temblando en sus costados.

"Jack Frost…" Madre Naturaleza no se puso de pie, pero sí levantó su mejilla. Eso fue suficiente para generar olas de movimiento a través de su cabello. Jack juró ver un pescado nadando por la columna de su cuello como si estuviera bajo un espejo, pero permaneció en silencio. "Sabes el motivo por el que estás aquí, ¿no es así?"

Tragó saliva. Tragó otra vez. "Sí..." y entonces, "Madam."

"Bien," su cadencia se arremolinó por toda la habitación. "Entonces ¿estás preparado para enfrentar tu destino, sea cual sea?"

No hubo una respuesta a eso, haciendo que la boca de ella, aunque se mantuvo firme, pareciera formar la más pequeña de las muecas burlonas. "Sin embargo, nos hemos congregado aquí por una razón. De la cual estás enterado."

"Yo..." respiró una vez, "Yo no... En realidad yo no..."

"Es porque eres un mocos, por eso." Padre Tiempo se reclinó, con sus anteojos deslizándose por encima del puente de su nariz. "Y eres una perturbación para la paz."

"Yo…"

"Padre Tiempo está siendo directo," Rhea observó a Jack como si fuera un pedazo de carne detrás de un cristal sucio. "Pero es correcto. Tú, muchacho, has causado muchos problemas. Y no podemos permitir constantemente a otros actuar como el grupo que limpia tus gracias. Por supuesto, si hubieran habido circunstancias diferentes consideraríamos nuestras opciones."

"Pero por supuesto, eso nos lo has complicado bastante." Pilumnus cruzó sus anchos brazos. "Como lo has estado haciendo por años. Ya hemos tratado el tema de cada uno de tus pasatiempos, la última vez que hablamos. Cosas indignas de un guardián, ¿no están de acuerdo?"

"Sin duda, coincido," Rhea asintió. "Así como ser parte de un equipo sin el permiso de una orden superior, también has permitido que estas circunstancias te envuelvan en lo que yo considero es un profundo hoyo del que no hay escapatoria."

Pero Jack no estaba escuchando. Porque dos palabras habían llegado a sus oídos- unas llenas de esperanza e injusticia en misma cantidad. "¡¿Qué circunstancias diferentes?!" Jack finalmente encontró su voz y no era una a la que estuviera acostumbrado. Era muy desesperada para su agrado frente a tan poderosas personas.

"¡Entonces sí habla!" Padre Tiempo giró sus ojos hacia arriba, levantando sus brazos como alas sarcásticas. "Alabanzas a Manny." Jack se sonrojó.

Pero Madre Naturaleza ignoró al hombre, por lo que Jack podía ver, ella estaba acostumbrada a hacer eso. El viejo hombre era el único de los demás presentes que no temía a la mujer, y la mujer era la única de los presentes que no odiaba completamente a hombre. "Las otras condiciones, Jack Frost," declaró, con su voz alcanzándole como agua de rosas, "serían tu involucramiento con los Guardianes." Ella respiró por lo que le pareció a Jack ser la primera vez, y la habitación repentinamente se volvió más frío de lo que siquiera a él le importaba hacer. Escarcha comenzó a formarse por debajo de sus dedos de los pies. "Verás, no solo eres parte de este grupo de forma ilegal, así es, sino que también te has vuelto demasiado cercano para... nuestra comodidad."

"No comprendo, Madam." No lo hacía. En absoluto.

"Y por eso es que estamos considerando lo que pensamos," dijo el hombre joven, reclinándose hacia atrás. "Porque no conoces tu lugar."

"Yo no..." no podía decir eso otra vez. Jack tragó. "No sabía que tenía un lugar... señor..."

"Todos tienen un lugar, Jack Frost." La cabeza de Madre Naturaleza se movió un poco y su cabello se agitó. "Yo estoy aquí para mantener el balance. Es mi trabajo. Mi deber. Y cuando alguien quebranta ese deber-"

"Pero no era mi intención e-" La mirada que ella mandó era feroz. El hielo bajo sus pies comenzó a picar contra la piel callosa que estaba en contacto con ella y se removió en su sitio, evitando los dolorosos pinchazos que estaba causando. "Lo siendo... Madam."

Ella le miró de mala gana por otro momento, después continuó. "Jack Frost. Has perturbado el balance por crear algo que nunca debió haber sido creado." Los demás asintieron con sus cabezas, en aprobación. Todos excepto Padre Tiempo, quien revisó su reloj y suspiró. La mujer ni siquiera le dirigió la mirada, simplemente continuó. "Los Guardianes, como regla, deben mantener la distancia. Cada trabajo depende del otro, pero puede ser completamente funcional al mismo tiempo si es necesario. Y tú, Jack Frost, has roto esa fina línea."

"Roto... ¿Roto qué... Madam?" Estaba más confundido que nunca. Porque ¿qué no se suponía que estaba ahí por su mal comportamiento? Y ahora esto era algo completamente diferente. "¡Porque les prometo que estoy trabajando muy duro!"

"Entre todos tus pequeños atrofios," murmuró fuertemente el Hombre del Tiempo. Bueno... al menos estaban de vuelta en el tema.

La Mujer guardó silencio otra vez, sus uñas golpeaban el escritorio, cada una reverberando con el sonido del gorjeo de un ave. Afuera, el viento se volvía más fuerte. Aunque la ventana no temblaba, demasiado asustada para siquiera perturbar la quietud que la mujer aparentemente había creado.

"Permíteme hacerte una pregunta," le dirigió una ligera sonrisa y un brillo en su ojo que no estaba carente de crueldad. "Si algo fuera a ocurrirle a uno de los Guardianes... ¿qué harías?"

Y Jack, ante eso, en verdad tuvo que mantenerse neutral. No respondió, no habló. Pero sus ojos parpadearon más y su lengua salió para frotarse contra sus labios secos. Los labios de ella se levantaron un poco más. "Ah. ¿Lo ves? Has establecido una conexión que es profunda. Pero... qué tan profunda, es por eso que estoy ahí, para dar esa conclusión." Hubo otra pausa. "Una última pregunta sobre el tema, solo para comprender con qué es lo que estoy lidiando. Digamos que estás enfrentando el reto de mayor magnitud jamás vista. Y digamos que, de alguna manera, hubiera una amenaza dirigida directamente hacia tu querido amigo. "Una palabra extraña salió de su lengua. Una especie de lenguaje antiguo que Jack no podía siquiera comprender, pero se sintió algo mareado por la hermosa pronunciación. Un idioma que era demasiado hermoso como para ser escuchado.

"¿Qu-quién?" Recuperó la compostura. "¿Quién es... eso?" Porque ni siquiera podía intentar copiar el sonido.

Ella inclinó su cabeza por un momento. "Perdóname, joven Jack Frost. Olvido que no estás acostumbrado a los idiomas antiguos. Debes conocerlo como Aster. O, como le sueles decir muy seguido," y por primera vez desde que Jack la había visto, la Mujer frunció su linda cara en desagrado, formando arrugas donde él se imaginó que nunca se atreverían a aparecer, "Bunny." Su rostro recobró la compostura. "Imagina eso, Jack Frost. Si tu buen amigo Bunny fuera a morir-"

"¡No!"

Esa había sido la respuesta que había estado esperando y sonrió de lado de forma encantadora. Jack cerró su quijada fuertemente, no muy seguro de qué acababa de hacer.

"Así que verás, Jack Frost. Esto es lo que has hecho. Has creado peligrosos lazos que en años jamás se habían forjado, ni siquiera debían ser forjados. La supervivencia de estas especies dependen de si pueden o no vivir el uno sin el otro. Si hubiera una opción entre arrebatar a tu... Bunny fuera del camino del peligro o simplemente observar-"

"Yo siempre salvaría a Bunny." Esta vez, Jack no tuvo reparo en interrumpir. "Eso es lo que hacemos. Nos salvamos el uno al otro."

"Y eso es precisamente lo que no podemos permitir. Yo esperaría, como un Guardián, de que tomarías la responsabilidad de no hacer nada. Y esperaría que él, si la situación fuera a presentarse, tomaría la muerte con la mayor dignidad posible. Pienso, Jack, que olvidas que Aster fue entrenado de esa manera. Comprendes eso, ¿no es así? Que tu... Bunny... fue entrenado para dejar que sus camaradas mueran. Y eso también te incluye a ti."

"... No…"

"Me temo que así es."

"Él lo haría. Él lo haría."

"¿Estás tan seguro? ¿Lo suficiente como para poner en riesgo todo por la suposición de que una persona con previo entrenamiento lo dejaría todo atrás simplemente para salvarte?"

La oreja de Jack pulsó y su puño se cerró fuertemente, liberándose luego en un patrón similar. "No me importa." Porque no lo hacía. "Ustedes pueden... usted puede despedirme. Haga lo que sea. Pero aún así yo lo salvaría."

"Aún así serías débil, quieres decir."

"Si eso es lo que usted piensa que significa, Madam," y él levantó su mejilla, de forma aguda, cortando el aire. "Entonces sí. Yo sería débil."

"Pareces estar olvidando, Jack Frost, de que aunque sientes que no podrías sobrevivir sin ellos, ellos podrían sobrevivir sin ti."

Él tragó. "Lo sé."

"Eso significa," Rhea comenzó a golpetear una melodía con la punta de su zapato, "que no tendríamos ningún problema si fuéramos a expulsarte otra vez. Sabemos que estuviste solo y ellos no te necesitaron entonces-" El pánico comenzó a surgir en su pecho. Su corazón golpeteó sus costillas, rogando por dejarle salir. "Como Madre ya lo ha dicho, todos somos personas que sobreviven solas."

Pilumnus asintió. "Y no olvides- que lo hacemos bien. La gente viene a este mundo sola y se marcha del mismo sola."

"El tiempo eventualmente gana cada batalla," fue la primer cosa dicha sin gruñidos por parte de Tiempo, quien observaba a la distancia a un lugar que nadie podía ver. "Y el tiempo avanza solo. Así lo hace la gente. Eventualmente estarás solo, Jack Frost. Solo depende de qué tan rápido hagamos llegar esa línea de meta."

"Y," agregó Madre Naturaleza, expulsando dagas con sus ojos, "¿no estás tan cansado de estar solo?"

Jack no dijo nada. Pero no tenía que hacerlo. Ella reconocía las señales y sonrió una vez más. El aroma de las margaritas que habían elegido danzar alrededor de la habitación, se volvió en el de las dedaleras- veneno.

"Hoy, Jack Frost, nosotros decidimos tu destino. Y tú estás aquí para defenderte ante nosotros. Un juicio, si así lo deseas. Danos prueba suficiente de un caso y reconsideraremos. Falla y te encontrarás nuevamente con mucho tiempo para tu soledad." Ella se reclinó hacia atrás, una invitación para que comenzara.

El silencio de la habitación se enredaba en el cuello de Jack como una cuerda. Se ahogó en ella por un momento. Sus puños ya no se movían, pero su cuerpo entero temblaba. El hielo bajo sus pies finalmente había cortado su pálida piel y más comenzaba a subir por la parte trasera de su cuello, hacia el inicio de su cabello.

"Yo... yo..." Respiró profundamente. Y entonces, finalmente, cerró sus ojos y dijo la única cosa en la que pudo pensar. Era lo correcto de decir, lo sabía. Y tenía que ser dicho. Si este era su destino, entonces lo tomaría haciendo que todos se enorgullecieran.

Haría que Bunny se enorgulleciera.

Guardián es solo un título elegante, le había dicho el Conejo. Estoy orgulloso de que lo obtuvieras. Pero si no lo tuvieras igual estaría orgulloso de ti.

Así que Jack respiró de nuevo, juntó tanto valor como pudo y dijo, "Está bien." No fue tan dramático como había esperado. De hecho había sonado bajo, derrotado. Pero orgulloso. Al menos, en mayor parte, había sonado seguro de sí mismo. No había sonado así en algo de tiempo.

"¿Está bien?" Madre Naturaleza levantó una ceja. "Quieres decir que-"

"Quiero decir que si quieren deshacerse de mi, entonces lo hagan." No hubo una pausa, solo respiró, su pecho subió y bajó con precisión. "Tienen razón. Me equivoqué. Hice cosas malas y jugué algunas bromas. Y... y nunca fue mi intención alterar todo este sistema de supervivencia que tienen ustedes. En verdad no lo fue."

"Pero lo hiciste," fue el gruñido que escupió el hombre.

"Lo sé. Y... ¡Y no me arrepiento de eso!" El mismo anciano hombre no perdió ninguna de las líneas de su rostro, pero por primera vez su aire vago desapareció, su expresión facial cambió de gruñón a... sorpresa. "Estas personas son mi familia. Y sé que dijeron que no se supone que sea de esa manera, pero ahora lo es. Y no pueden cambiarlo. Ni siquiera si me mandan lejos por mucho tiempo. Aún si ellos... ellos..." negó con su cabeza. "La familia no se olvida de ti. Porque aún si te odian en el peor de los momentos, aún así están ahí para los peores momentos. Eso es lo que importa. Así que... no. Amo mi título. Lo hago. Pero..." respiró de nuevo. "Pero a ellos los amo más."

La habitación nunca había estado tan callada. Y la temperatura nunca había sido tan baja.

"Esa es tu respuesta final, Jack Frost." La Mujer no lucía afectada en lo absoluto, las palabras apasionadas le alcanzaron como puños contra una pared sólida. "¿Estás seguro de que así es como quieres que se mantengan tus últimas palabras con nosotros?"

Él asintió. "Estoy seguro." Y lo estaba. Quizá, solo quizá, había una diminuta parte de su mente que no lo estaba. Pero el resto de sí mismo se mantenía seguro de todo. Porque lo había dicho en serio. Y lo seguiría asegurando hasta el final de los tiempos.

"Muy bien entonces." Ella se giró hacia los otros. Ellos asintieron en su dirección, intercambiando millones de palabras solo con unas pocas miradas. "Hemos llegado a un veredicto." Jack tragó. La mujer no se movió, pero sí habló. "Que entre Aster."


Jack no estaba del todo seguro de qué pensar cuando Bunny fue enviado a la habitación. Había asumido que todo el caso sería del tipo de puerta cerrada sin contacto exterior por parte de nadie. Pero ahí estaba de pie Aster, tan solo a unos pasos de él, erguido como lo habría hecho un soldado. Su espalda derecha, sus manos tras de sí sujetándose, con su cabeza levantada y preparada, pies firmemente plantados en su lugar. Jack casi intentó imitarlo, sintiéndose insuficiente, pero no lo hizo. Después de todo él no estaba hecho para ese tipo de pose. Aster estaba hecho para lucir como de la realeza. Jack estaba hecho para lucir fuera de lugar. Así que se removió sobre su lugar un poco, al menos para compensar la pérdida.

"Aster Bunnymund," la Mujer se sentó más erguida. "Exactamente hace día y medio acudiste a nosotros con una amenaza. ¿Es correcto?"

"Sí, Madre, lo es." Incluso su voz sonaba lista para la guerra.

"Que si fuéramos a retirar a Jack de su lugar aquí, tú renunciarías a tu posición por otra menos adecuada. ¿Es correcto?"

"Sí, Madre, lo es."

"¿Y estás preparado ahora para cargar con la consecuencia cuando llegue a ti?"

Y Jack finalmente comprendió qué estaba pasando. "¡Bunny! ¡No puedes! Te dije que ellos te nec-" Pero recibió una mirada tan severa de parte del conejo que tuvo que acobardarse, luchando contra la necesidad de disculparse y ahondar en un castigo en ese mismo lugar.

"Estoy preparado, Madre." Respondió el conejo.

"Bien." Madre Naturaleza pensó por un momento. O quizá tropezó sobre sus palabras con tanta gracia como para notarlo, con sus labios fruncidos en pensamiento, permitiendo que el aroma de las lilas y la brisa fresca hiciera cosquillas en la nariz de todos. "Sabes, también tú has roto la ley. Teníamos un acuerdo desde el inicio. Que te mantuvieras leal al ideal de la supervivencia. Cada persona por sí mismo o misma. Sabes que la has roto."

"Con todo respeto, Madre, las cosas cambian."

"También la gente."

"Sí," él coincidió, asintiendo, sus orejas rebotaron ligeramente, "También la gente."

"Si recuerdo correctamente, solías odiarlo."

"Así es, lo hacía."

Ella tarareó, así como los otros. Excepto por Padre Tiempo, quien resopló. "Yo aún odiaría al mocoso." Fue su reacción. Bunny sonrió de lado.

"Para ser completamente honesto, Padre, algunas veces yo también lo hago." El rostro de Jack se calentó, pero no pudo evitar la sonrisa sutil que se expandió por su rostro. Cuando Madre Naturaleza le dirigió la mirada, él la retiró de su rostro, parándose más derecho. "Y estoy preparado para caer con él, Concejo."

Madre Naturaleza no se vio afectada. Sí se inclinó hacia el frente y su silla no hizo sonido alguno cuando se movió, pareció guardar silencio por miedo. "¿Lo salvarías? El muchacho dice que él te salvaría, pero no tenemos palabra tuya sobre el asunto. Y, como le dije antes, fuiste entrenado para dejarlo morir. Así que... ¿aún eres el guerrero que conocemos? ¿O estarías dispuesto a arriesgarlo todo por un pequeño muchacho que no es nada más que una nueva ave en la primavera?"

Dicho muchacho se mordió los labios, su corazón ahora era un martillo contra sus pulmones, los cuales parecían incapaces de agarrar nada de aire.

Hubo otra pausa larga. Rhea suspiró pesadamente y Pilumnus se sentó hacia atrás. Madre Naturaleza asintió hacia los dos en medio de la habitación. Todo lucía congelado, en silencio. Excepto por Padre Tiempo, que revisó su reloj otra vez y gruñó. Jack aún esperaba tener permiso para respirar.

"Lo haría, Madre." Y la habitación pareció volverse más pequeña. "Y tampoco dudaría al respecto."

Ella asintió. "Has roto una ley, Aster," entonó Madre Naturaleza, "y así como es el universo, una vez que una regla se rompe, otra regla debe ser creada." Ella los observó a ambos con curiosidad, como si no comprendiera. Pero quisiera hacerlo. En serio quería saber cómo hacer... lo que fuera que ellos hubieran hecho. Aprender todo de nuevo y descubrir qué es lo que lo había creado. Más complicado que las estrellas que había memorizado, los universos a los que había sonreído de lado. Este era su máximo reto.

"Aster Bunnymund, este muchacho es prácticamente una amenaza. Una perturbación para nuestro estilo de vida. Y el creador de algo que se supone nunca debió ser. Lo sabes, ¿correcto?" El puño de Jack tembló. Pero Bunnymund solo asintió una vez más.

"Créame, Madre, lo sé mejor que nadie."

"Sí, nos damos cuenta. Y sabes que es una gran... responsabilidad. ¿No es así?"

"De nuevo, Madre, lo sé mejor que la mayoría de las personas aquí."

"Sí, comprendo que lo sabrías. Y por eso es que hemos decidido mantener a Jack Frost, así como a ti, como Guardianes. Si te sientes lo suficientemente comprometido como para cuidar de él, claro está. Reconocemos que puede ser salvaje en el peor de los casos, pero esperamos que le ayudará tener a alguien tan... dedicado como tú guiándole."

Y Jack, un muy aliviado Jack, un Jack que intentaba retener qué tan feliz se sentía, podría haberse roto a reír cuando el Pooka a su lado dijo;

"Madre, en el peor de los casos él es algo mucho peor. En sus mejores tiempos es un idiota desagradable."

Y por primera vez ese día, Tiempo asintió y coincidió verbalmente. "Al menos tenemos algo en común, Roedor. El niño necesita que le den una buena charla."

"Ya se ha hecho, Padre."

"Bien entonces, pueden retirarse."

Y tan pronto como ambos salieron de la puerta, habiendo sido despedidos por un concejo aún estoico, Bunny se encontró sujetado en un fuerte abrazo. "¡Lo ves, amigo! Te dije que todo saldría bien." Hubo un murmullo por respuesta a través de su pelaje. Aster rió entre dientes y, cariñosamente, pasó una de sus patas entre el cabello blanco. "Estoy orgulloso de ti, Frosty. Muy orgulloso." Y Jack no habló. Pero sí le observó hacia arriba, con una sonrisa húmeda.


Fue en medio de la celebración por el éxito obtenido que Jack recordó por qué el lado de su rostro dolía. De hecho, si alguien no lo hubiera mencionado, podría no haberlo recordado sino hasta mucho después. Pero alguien lo mencionó, y ese alguien se precipitó en picada para flotar a su lado, observándole preocupada.

"Sweet Tooth, ¿por qué está toda roja tu oreja?" Preguntó el hada, acercándose para tocarla con la punta de sus dedos.

Su oreja pulsó como poseída y Jack colocó una mano sobre ella. "Em... ¿No lo sé...?"

"¡Parece que está lastimada! Ven, ¡déjame ver!"

"No, Tooth, estoy bien. En serio." Lo último que necesitaba era que la mujer viera las filosas marcas hechas por los dientes que aún residían ahí, aún si la piel no había sido rota. "Estaré bien. Es solo... algo debió haber pasado. Quizá me arañé."

"Luce más que solo un arañazo, Sweet Tooth. Ven, solo déjame-"

Jack la evadió rápido.

"Eh... es... em..." Explicación, una explicación, alguien deme una explica-

La Esperanza llegó en forma de un gran conejo que cargaba un gran vaso de ponche de huevo. "Estoy seguro que solo es una reacción a algo. ¿No lo crees, Frostbite?"

"¿Qué?"

"Tu oreja." Señaló con su nariz hacia el pedazo de cuerpo infractor. "Parece que podría ser una reacción alérgica a algo. Así que, Tooth, no hay necesidad de preocuparse."

Jack comprendió rápidamente. "¡Sí! Sí. No tienes que preocuparte en lo absoluto. Estoy bien. Perfectamente bien. Nunca he estado más bien(*)."

"No lo sé," ella ladeó la cabeza. "Aún así me gustaría revisarla."

Jack estaba a punto de protestar de nuevo, cuando nuevamente su Salvador peludo se interpuso. "Te diré qué haremos, Toothy. Yo me encargo del niño. Solo le pondré algo de pasta verde sobre la oreja, estará como nueva."

Ella se mordió el labio, lo masticó por un minuto. "¿Estás seguro?"

"Positivo. Encontraremos qué está mal. ¿No es así, Jack?"

"Qu- ¡oh! ¡Sí! Vamos a descubrir qué le pasó a la oreja. Eso es lo que vamos a hacer. Justamente eso. Solo descubriremos." Agarraron su hombro y lo desviaron para alejarse.

"¡Jack! ¡¿A dónde vas?! ¡Debes quedarte!" Meme, al lado del hombre, asintió. Aunque una mirada hacia al oreja del muchacho hizo que el Hombre Dorado pareciera listo para derrumbarse y reír histéricamente en silencio. Por supuesto, Jack debía haber sabido que Meme se daría cuenta de la verdad en un parpadeo.

"Regresará, no te preocupes Norte." El conejo habló por él mientras ambos se acercaban a la puerta. "Solo ayudaré al mocoso un momento. Volvemos en seguida."

Los demás los observaron marcharse. Excepto Meme, que ahora estaba sujetando sus costados, recostado sobre la mesa, rehusándose a decirles a todos los demás el por qué.


"Probablemente pesque una infección y muera," Jack frotó su oreja. "Conejo estúpido."

"No se infectará, Frostbite. Ni siquiera rompí la piel."

"Oh, qué alivio."

"Sabía lo que estaba haciendo." El Conejo se encogió de hombros. "Así que cálmate y deja de ser una reina del drama."

"¡Yo no me estoy comportando como una reina del drama!"

"Seguro que no." Colocó otra capa de pasta verde sobre la oreja del muchacho. "¡Y deja de tocarla! ¡Solo lo empeorarás!"

Jack murmuró algo sobre los conejos estúpidos y romper las leyes de los niños. El Conejo roló sus ojos.

"Mira, amigo, lamento eso. Pero honestamente, ¿qué querías que hiciera, eh? Estuviste a punto de cometer un terrible error. Y algunas veces juro que, literalmente, necesitas que te golpeen hasta que te entre algo de sentido común en ese duro cráneo tuyo."

"Pero no me golpeaste hasta meterme sentido común, me mordiste." bufó Jack.

"Es lo mismo."

"¡No lo es!" Suspiró. Aunque, en realidad, lo que fuera que el Conejo hubiera puesto sobre su piel, estaba haciendo su trabajo, y el dolor estaba desapareciendo. Hubo un sonido a su izquierda y observó a la alta criatura colocar botellas de vuelta en su lugar y limpiar las vasijas usadas para hacer la mezcla. "¿Cómo aprendiste a hacer todo eso?"

"¿Todo qué, Frostbite?"

"Todas estas cosas médicas."

"Es parte de mi cultura." Cerró los gabinetes, se giró y ajustó su bandolera. "Estas cosas se te quedan luego de un tiempo. Mantienes reglas y formas de vida contigo."

"Oh." Pasó un segundo. "Pero no la regla de la que hablaron. No... no la de que tienes que ver a la gente... morir."

Bunny lo pensó por un momento, luego negó con su cabeza. "Nunca me gustó esa regla. Pero tenemos que hacer las cosas que nos dicen aquí. Todo lo que importaba eran los niños. Todo lo que importan son los niños."

"Lo sé."

"Sí. Sé que lo sabes. Pero... luego de un tiempo tienes que comenzar a considerar que algunas veces otras cosas son primero."

"¿Como qué?"

Bunny abrió su boca, pero la cerró casi igual de rápido. "No hay una verdadera forma de describirlo, Frostbite."

"Oh... está bien..." Se reclinó hacia atrás, doblando sus manos contra los costados de la mesa sobre la que estaba sentado. "Pero les dijiste... les dijiste que me habrías salvado."

"Y lo decía en serio."

"Lo sé."

"Sé que lo sabes." Pasó otra larga pausa. El viento afuera finalmente se había calmado y Jack y Bunny se reclinaron hacia atrás en sus lugares, sonriendo suavemente hacia ningún sitio en particular.

"Familia."

"¿Qué?" Jack levantó la mirada.

"Eso es lo que quería decir. Eso es lo que es más importante. Familia."

"¿Nosotros somos familia...?"

"Me gusta pensarlo así."

Una sonrisa, más grande de la que Bunny había visto en días, se abrió camino en el rostro de Jack. "A mí también me gusta."

"Pues bien. Ahora... regresemos antes de que Norte mande a los perros tras nosotros."

Jack se frotó la oreja una vez más, asintió y ambos salieron para buscar más ponche de huevo. Afuera de la ventana, camuflada con el clima, Madre Naturaleza les observaba.

"¿Cómo piensas que es, Padre?" Ella no apartó la mirada, pero el hombre que estaba sentado en el canalón supo a quién se dirigía. "Tener un lazo tan fuerte."

"No lo sé. No tenemos permitido tenerlo, eso es todo lo que sé."

"Ellos tampoco lo tenían permitido."

"Sí, bueno, como el roedor gigante dijo, las cosas cambian."

Madre suspiró suavemente, la nueve voló por entre sus labios. "Algunas veces deseo..." Ella se detuvo, tocó la ventana con la punta de sus dedos. "¿Cómo piensas que es, Padre?" Preguntó otra vez. "¿Cómo piensas que es?"

Padre Tiempo levantó la mirada de su reloj, observó un copo caer hacia él, aterrizando contra uno de los mechones del cabello de ella. Levantó la mirada otra vez, entrecerró sus ojos y observó hacia las nubes grises sobre ellos. El viento removía su cabello, cernía su barba, le hablaba sobre cosas que solo el mismo viento podía comprender, pero esperaba que él también pudiera. Y, de alguna forma, lo hacía.

"Pienso, Madre," respondió, sin una pizca de sarcasmo, su voz años más joven de lo que jamás había sido, "Pienso que se siente... como caer."

Ella sonrió con tristeza. "Me gustaría caer. Sería una nueva experiencia. Pero nunca se sabe..."

"Ese es el punto. El pobre muchacho no sabe si alguna vez le atraparán." Padre Tiempo cerró su reloj de bolsillo. "Es un riesgo."

"Sí. Lo es." Ella flotó apartándose, alisando su vestido. "Nunca tomamos riesgos."

"No lo hacemos."

"Pero él está tomando uno."

"Lo hace." Padre Tiempo saltó del canalón, parándose sobre el delgado aire. "Aunque no se qué tanto riesgo corra en realidad. El niño siempre tendrá a ese gigante roedor ahí para atraparle."

"Quizá." Ella suspiró. Se apartó aún más. "Desearía que nosotros tuviéramos eso."

"Quizá un día lo tengas."

"No. No lo tendré. Fui creada para seguir las reglas del universo. Y eso significa estar sola. No puedo aferrar a los demás a ese estándar. Mi destino es solo mio, yo debo cargar con él." Padre Tiempo asintió.

"Bueno, aún me tienes a mi. Siempre podemos cargar con él juntos."

La Mujer sonrió pero no dijo nada. Ambos desaparecieron entre ráfagas que los llevaron de vuelta a lugares donde estar solo era simplemente una forma de vida. Mientras, dentro del Polo, Jack sonreía más que nunca, cayendo de las cuerdas flojas. Pero esta vez, esperaba a que la red le atrapara.


Notas originales de la autora, Galimatias: ¡Esto es todo amigos! ¡Espero que les haya gustado! Por favor dejen sus sugerencias, un mensaje, un gran parloteo sobre lo mucho que no pueden esperar para que salga el siguiente episodio.

Y por favor, por favor, por favor vayan y escriban en mi otra historia. "The History of Now". Les juro que les gustará. Y si no, por favor mándenme en Mensaje Privado sus palabras enojadas sobre promesas rotas y confianza perdida.

Tengan una fenomenal semana, muchachos. Y para aquellos que leen otras cosas, ¡vienen más actualizaciones en camino!

~Galimatias


Notas de la traductora, MikoAucarod:

(*) El diálogo no está mal traducido, en inglés Jack usa la expresión: "Never been more fine-er" un invento para decir que está 'más que bien', me pareció tierno que por el nerviosismo hable de forma 'cucha' y me pareció correcto dejar la traducción así.

Y pues hasta el momento es todo. He cumplido con Proteger, hasta la fecha este fue el último episodio, me dedicaré de lleno a Copos de nieve y El mundo sin mí de ahora en adelante, para también poder alcanzar a las autoras en sus historias. Gracias a todos los que han seguido esta traducción, recuerden que pueden dejar sus mensajes para Galimatias y con todo gusto le haré llegar sus recados, o bien, cualquier comentario que tengan sobre mis traducciones o fics, son bien recibidos. Espero pronto salga una nueva historia de Proteger para traérselas tan pronto me sea posible. ¡Un fuerte abrazo a todos!