Salvando a Draco Malfoy

de Dayspring

beta LatexoHPo

Capítulo 24. Encuentros En El Gran Comedor

Draco inspeccionó la vista desde la mesa Gryffindor… y no estaba impresionado. Hmph. Uno creería que el Niño Dorado de Dumbledore tendría una vista decente. Pero no, era sólo el Gran Comedor y nada más. Qué lástima.

Aún era temprano y la luz del sol tentaba a la mayoría a de los estudiantes a quedarse afuera el mayor tiempo posible, así que la sala estaba vacía, excepto por un trío de jóvenes Hufflepuff que reían sobre algo y no prestaban atención a los demás ocupantes del lugar. Esas tontitas criaturas. Él y Blaise habían apostado que los Hufflepuff reirían incluso bajo un Crucio. Si se hubiera vuelta un mortífago, podría haberlo averiguado.

Mmh… ¿Cuál era el valor de esa apuesta?

―Los Gryffindor se acercan― siseó Blaise desde su lugar más allá en la mesa. Draco, claro está, ocupaba un asiento a lado de Harry. Blaise había decidido ser un caballero y se sentó al final de los "traidores" Slytherin, protegiendo a los demás de posibles Gryffindor furiosos. Draco pensó que toda su explicación era pura mierda; Blaise sólo quería estar más cerca de la puerta.

―¿Visitando los barrios bajos, Harry?― preguntó Finnigan en la que probablemente pensó era una manera fina.

―Estoy sentando con amigos, Seamus. No hay nada malo con eso, ¿cierto?

Draco estaba impresionado. La voz de Harry tenía el tono justo de casualidad con un deje de desafío. Y al parecer, Finnigan no era tan tonto como parecía.

―No, Harry. No hay nada malo con eso― aceptó Seamus encogiéndose de hombros junto a los demás, y los cuatro se sentaron sin más comentarios.

―Los tienes bien entrenados― le susurró Draco a Potter.

―Ellos no…― comenzó el pelinegro. Luego meneó la cabeza―. Me conocen hace mucho tiempo. Me están dando el beneficio de la duda.

Draco rodó los ojos. ¿Acaso Potter no comprendía la cantidad de influencia que tenía? La gente siempre le besaría el trasero esperando que salvara los suyos.

―Slytherin.

Draco se tensó ante la nueva advertencia de Blaise. Esto podría ser… difícil. ¿Por qué había accedido a esta… unión de Casas? No le importaba salvar Hogwarts o cómo Pansy había dicho, a "la nueva generación Slytherin". ¿Por qué había escuchado a sus seguidores? ¿Por qué sus seguidores le habían solicitado este tipo de comportamiento? ¿Acaso los seguidores no debían sólo escuchar y no hacer sugerencias que arriesgaban su vida y su integridad física?

Nott estaba equivocado: él sería un pésimo Señor Oscuro.

―¿Señor Malfoy?

Draco se giró y miró a los ojos al Slytherin de segundo año. Dos chicos, uno de quinto y uno de sexto estaban parados tras él. Cobardes.

―¿Sí, Bennington?

Conocía a todos por nombre. Añadía terror al que ya sentían por él.

―¿Por qué…?― se interrumpió el niño, asustado de completar la pregunta. Luego, uno de sus compañeros le dio un codazo en la espalda― ¿Por qué está sentado aquí en lugar de en nuestra mesa?

―Porque esta es una mesa de Hogwarts, lo que significa que también es mía. Nada aquí le pertenece sólo a una Casa. No tenemos por qué sentarnos sólo en una mesa. No tenemos que ser amigos sólo de aquellos que son de nuestra Casa. Una Casa es solamente el lugar donde está tu dormitorio, no tu vida.

―¿Entonces… entonces está diciendo que Potter es su amigo ahora?― la confusión del chico estaba reflejada en los rostros tras él, y en los demás rostros del Gran Comedor. Pobre Bennington. Todos escondidos tras un niño de doce años. Draco sonrió. Bennington sería un excelente Slytherin.

―Sí, Bennington. Harry es mi amigo. Saluda al señor Potter, un estudiante de Hogwarts como tú.

―Hola, señor Potter― dijo Bennington obediente.

―Hola, Bennington. Puedes llamarme Harry si lo deseas. ¿Cuál es tu nombre?

―Og… Ogden, señor.

―¿Quieres tomar asiento, Ogden?― le preguntó Potter haciéndose a un lado para ofrecerle espacio.

―No… no gracias, señor. Pero aprecio la oferta― concluyó Odgen y dio un gran paso atrás para marcharse casi corriendo hacia la mesa Slytherin.

―Eso fue divertido― dijo Draco con una gran sonrisa.

―Qué chico más educado― comentó Hermione.

―Mejor dicho petrificado― dijo Harry secamente― ¿Qué le hiciste, Draco?

―Los modales son señal de buena crianza― respondió Draco. Iba a añadir "pero estoy seguro que ese es un concepto extraño para ustedes", sin embargo consideró su ubicación actual y mantuvo la boca cerrada.

El Gran Comedor siguió llenándose con estudiantes que observaban, cuchicheaban y señalaban. Justo cuando Draco estaba preguntándose cuál hechizo sería más efectivo… y seriamente consideraba comenzar con la mesa de profesores, ya que ellos sabían y aún así estaban mirando… Ron Wealsey entró. El silencio resultante fue tan completo y repentino que miró alrededor para ver quién había lanzado un hechizo silenciador.

Pero no era un hechizo; simplemente una multitud esperando ver qué harían el mejor amigo de Potter y su gran enemigo Malfoy. Weasley no notó nada de lo que sucedía a su alrededor y se dejó caer en el asiento vacío a lado de Granger.

―Odio las detenciones― murmuró a nadie en particular.

―Pero fue una gran broma la que hiciste en Adivinación― dijo Crabbe, que estaba sentado a su derecha.

Ron sonrió sin una pizca de arrepentimiento.

―Sí, lo fue, ¿no es así?―. Se sentó derecho y miró alrededor. La multitud contuvo el aliento― ¿Malfoy?

La multitud se tensó por la anticipación.

―¿Sí, Weasley?

El nivel de emoción aumentó.

―Pásame las salchichas―. El plato fue entregado―. Gracias.

El Gran Comedor explotó.

―Pero qué bullicio el de hoy― comentó el pelirrojo, masticando alegremente uno de los artículos solicitados.

―Fiebre de primavera― respondió Draco.

―Oh, no sabía nada de eso. Demasiado ocupado puliendo bolas de cristal.

―Hablando de eso― interrumpió Hermione― ¿Por qué llegaste después de Seamus?

―Tiré una de las bolas accidentalmente, tuve que lavar tazas de té después.

―No es divertido― murmuró Goyle con simpatía.

―Lavar tazones es más fácil― comentó Crabbe.

El ruido de fondo aumentó.

―¿Harry?― susurró Draco.

―¿Sí?― susurró Harry a su vez.

―Bésame.

―¡¿Qué?!― eso definitivamente no fue un susurro. Miró nervioso alrededor, luego continuó susurrando― Eh… quizá deberíamos esperar hasta que se recuperen del primer shock.

―Esta es la ocasión perfecta. Confía en mí.

―Yo…

Ya que el tiempo adecuado era extremadamente importante, Draco decidió tomar al toro por los cuernos, por decirlo así. Tomó a Potter por las orejas y lo acercó a sí. Eso fue tentativo al principio, luego Potter pareció comprender que supuestamente debía participar y bueno… no fue tan malo. Potter lucía un poco mareado cuando Draco lo liberó y el Slytherin sonrió.

―¿Estás bien?― preguntó.

Potter asintió tontamente.

Draco rió encantado.

Harry parpadeó y sonrió.

―Tu definición de "estilo" es algo a lo que me costará acostumbrarme.

―No es lo mismo que "sutil", ¿cierto?― bromeó Draco. Fue un buen beso, no le asustó en lo más mínimo. Quizá deberían intentar otro en el futuro próximo.

―Creo que los rompiste a todos.

Draco miró alrededor de la habitación. Todos los ojos estaban fijos en ellos. Bocas congeladas en diferentes posiciones, al igual que manos, y toda la comida había sido detenida en su camino.

―Pronto se les quitará.

―¿Huh?

De pronto las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe y Mitchell Flint entró a tropezones, sus manos presionadas con fuerza sobre su frente. Primero fue a la mesa Slytherin furioso. Cuando nadie reaccionó, buscó en la habitación hasta encontrar a Draco. Marchó hacia la mesa Gryffindor.

―¡¿Qué me hiciste hijo de perra?!

―¿De qué hablas, Flint?― inquirió Draco parpadeando inocentemente.

―¡De esto!― bramó y bajó las manos. Todos en el Gran Comedor jadearon como uno. En lugar de una frente, había un par de redondas nalgas. Dos segundos después, hubo un sonido y los montículos de piel se estremecieron.

Mitchell Flint se había tirado un pedo desde la cabeza.

Draco arrugó la nariz y movió su mano abanicando el aire.

―Cielos, Flint, ¿acaso nadie te ha enseñado modales?―. Flint fue por su varita. Antes de que pudiera sacarla completamente, una mesa completa de personas tuvieron sus varitas apuntadas hacia él. Draco se preguntó brevemente si debería agradecer a los Gryffindor por su apoyo, pero decidió que sólo eran ellos siendo Gryffindor―. Deberías hacer que alguien le dé una mirada eso, ¿sabes? Creo que los muggles los llaman… ¿proctólogo?― miró a Granger para confirmar. Había escuchado a unos sangre sucias hablando sobre diferentes tipos de medi…uh, doctores… y a él le había entrado la curiosidad.

Flint botó su varita y se arrojó hacia la garganta de Draco. Pero se encontró con una muralla llamada Potter.

Una furiosa muralla Potter.

Draco pensó que su pareja era bastante impresionante. Los ojos verdes destellaron tras esos estúpidos anteojos. El gancho de derecha aterrizó sólidamente. Y la picada para seguir a Flint al suelo con facilidad pudo realizarse desde una escoba. Harry, al parecer, no necesitaba de mucha tutela en estilo.

―¡Suficiente, señor Potter!

El profesor Snape estaba de pie a un lado de los luchadores, su varita en la mano pero sin usarla. Harry le dio otro golpe al chico y se levantó gruñendo.

―¡Estás en mi lista, Flint!

―Él… él me está amenazando, profesor― se quejó Flint a su Jefe de Casa.

―Usted comenzó las amenazas, señor Flint. Potter estaba en su derecho de defender a su… compañero.

―¡Pero…! ¡Pero Malfoy me hizo esto!

Draco bufó.

―Tú te lo hiciste a ti mismo, Flint, cuando se te ocurrió informarle a mi padre sobre mis asuntos personales―. Se aseguró de que todos escucharan su amenaza. No que tuviera alguna esperanza de que no llegara a oídos de Lucius. Sólo les estaba dando a ellos, y a Harry, la advertencia justa de la retribución que vendría.

―Vamos donde Madame Pomfrey― dijo Snape―. Parece estar sufriendo del peor caso de acné que he visto―. La cabeza de Flint volvió a tirar un pedo― ¡Cúbrete!― ordenó el profesor antes de llevarse al chico a rastras fuera del Gran Comedor.

Ron esperó hasta que las puertas se cerraran antes de largarse a reír. El resto de los estudiantes lo siguió.

Todo el asunto del beso Potter-Malfoy fue medio olvidado con la diversión.

Bueno, no en realidad. Pero era más seguro sólo reír.