Bueno, un capítulo cortito pero tiene su razón. No quiero poner de más ni de menos, sino sólo lo justo.
DeirdreMonaghan: Sí merece ser feliz, pero el ser buena persona no te asegura que la vida no te pateará... Pero aún falta algún trecho por terminar así que no llores... aún *risa malvada*. Gaymente... De verdad... ¡Como me haces reír sin ganas con tus reviews!
Erick Kingdom: Todo se resume en que es Muerte y el orgullo va por delante siempre jaja.
metalic-dragon-angel: ¡Vaya que sí!
DecepticonQueen: I'll look for it, I don't think that I can find it in spanish but it's a mere detail. Thank you for the info!
XXV. Recuento de Daños
La caminata de vuelta al punto de encuentro con el Arcángel se hacía eterna. Muerte y Leafe andaban en silencio, cada uno sumido en sus propias meditaciones. Él observaba a la chica discretamente, sin que ella se percatara. Se veía mucho más delgada que cuando habían dejado Tripetra, sus mejillas estaban pálidas y sus ojos estaban apagados y adornados con ojeras que mostraban su cansancio. De vez en vez le compraban a Vulgrim suministros traídos desde Tripetra que Leafe necesitaba para su supervivencia pero eran vagas las noticias que él les proporcionaba de los Hacedores, esto por capricho del propio demonio. Ella casi nunca hacía comentarios negativos, pero últimamente no hacía ninguno. Este persistente silencio inquietaba al Jinete. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que comenzaron su misión? En tiempo humano… ¿un año, quizá? Él lo sentía como si hubieran pasado siglos. Notaba los cambios que había en ella y sabía que su sonrisa nunca era del todo sincera. Y, sin embargo, no decía ni una sola palabra más que a ella misma y a Polvo, a quien le hablaba en voz baja de vez en cuando, cuando el ave consideraba conveniente ir a posarse un rato en su hombro.
El resplandor al final de la Torre que se había convertido en la guarida del Arcángel les sacó de su ensimismamiento y los predispuso para combatir.
-¡NO!- un grito desesperado del Arcángel los recibió en la estancia del Estanque Prohibido.
-La Llave, Arcángel, sé que la tienes…- siseó Muerte amenazante y desenfundando sus guadañas.
-Es ¡MIA!- exclamó el contrario, después se relajó.- Aunque él quisiera… Yo no podía destruir la Llave. Tienes que entenderme, Jinete ¡Hice lo que debía hacer!
-¿Alegas tu inocencia después de haber matado a tus semejantes?- susurró Leafe con una mirada peligrosa y seca, nada habitual en ella. Muerte sintió un vuelco en el estómago.
-¿Te atreves a cuestionarme? ¿Tú, cuya raza no hizo otra cosa más que arrancarse el pellejo los unos a los otros mientras existían? No tienes vergüenza… Ni tampoco el agrado del Señor.- la Corrupción se extendió en el cuerpo del Arcángel.- Sólo yo puedo usar la Llave.
De un golpe que Muerte no pudo prever el Arcángel lo lanzó hasta hacerlo caer en uno de los patios flotantes ya en ruinas de la Ciudad que quedaba más cercano a la Torre y voló tras él. Leafe corrió al balcón más alto de la Torre, no podía llegar hasta donde ellos se encontraban por sus propios méritos y sus flechas no alcanzarían a cubrir esa distancia. Gruñó de frustración y se dispuso a observar.
La pelea que siguió fue complicada debido a que la Vara de Arafel en posesión del Arcángel era un arma muy peligrosa. Después de un rato que a Leafe se le antojaron horas Muerte por fin lo había debilitado lo suficiente como para poder usar su forma de Segador y lo atravesó con la guadaña, le arrebató la Llave y dejó caer el cuerpo del Arcángel, que se perdió junto con la Vara en el vacío infinito que se extendía debajo de ellos. Leafe sonrió levemente, pero cuando Muerte recobró su forma normal, apoyó una rodilla en el suelo. El Arcángel había logrado al menos mellar un poco su fuerza. Leafe llamó a gritos a Nathaniel desde otro de los balcones, éste al escucharla voló hasta donde se encontraba ella.
-¡Está herido! ¡Tienes que traerlo aquí, por favor!- le rogó a la desesperada mientras le señalaba el patio y a Muerte.
-Estoy en ello.- replicó Nathaniel y voló hasta donde se encontraba Muerte.
-Déjame, no necesito tus cuidados.- dijo Muerte mientras se ponía de pie para después trastabillar levemente.
-La señorita me lo ha pedido.- dijo Nathaniel con voz paciente y extendió su mano.
Muerte gruñó por lo bajo y aceptó el agarre del Ángel, permitiendo que lo llevara de vuelta al Estanque Prohibido. Leafe se acercó a él y tocó suavemente una herida que tenía en el pecho con expresión angustiada.
-No es nada.- dijo él y le apartó la mano con brusquedad.
-Creo que ahora al menos merezco una explicación. Sé que mataste al Arcángel.
Muerte explicó vagamente lo que había sucedido y señaló la dirección en la que aún se encontraba con vida el Escriba.
-Entonces… Así sucedió.- El rostro de Nathaniel reflejaba culpa.
-Los engañó a todos. No habrías podido saberlo por ti mismo.- le dijo Leafe sentada a la orilla de la sala, con los pies al aire, sin mirarlo.
-Puede que sí. Pero si el Escriba aún vive y parte de su mente sigue intacta, puede que haya salvación para él.
-Ve con cuidado.- le dijo Muerte en despedida.
-Ustedes también… Especialmente tú.- Leafe no respondió ni lo miró y el Ángel levantó el vuelo.
Los últimos rayos del atardecer pintaban de anaranjado el lugar y Leafe observaba el horizonte con la vista perdida y los cabellos al viento. Muerte se sentó junto a ella. Pasaron algunos minutos así, en silencio.
-No es la primera vez que nos encontramos así.- dijo Leafe al fin.
-¿Mmhh?
-Tripetra, ¿recuerdas? Antes de ir a por el Guardián. También estábamos mirando el horizonte, sólo que antes pintaba más bonito.
-Ya… Sí lo recuerdo.
Ella soltó un suspiro y su voz sonó distante y amarga.
-¿Sabes? En aquél entonces casi podía sentir que era mi lugar, que era parte de ellos. De los Hacedores, ya sabes. Como una familia. Me sentía tan natural, era ya tan parte del panorama habitual. Incluso alguna vez pensé que podría quedarme por siempre. Por momentos perdía de vista el dolor y mi misión. Y era incorrecto, pero se sentía tan bien… Olvidarme de todo. Poder reír con estupideces que no tenían sentido. Sentirme parte de ti y de tu vida.- Muerte se quitó la máscara después de sentir una punzada en el pecho.- Es casi como si hubiera pertenecido aquí siempre y que estuve en el lugar equivocado durante años sin saberlo. Y luego lo vi todo, y va y resulta que realmente no pertenezco a ningún lado… Ya no.- una sonrisa irónica brotó en sus labios.- Y a pesar de todo, aquí estoy, hablando de otro tipo de idioteces con alguien a quien no le importa escuchar un carajo de mis problemas existenciales… Y aun así… Aún con todo lo que ha sucedido… Aún con todo lo que hay en contra… A pesar de que está prohibido para mí… Me da gusto estar aquí…- terminó en un susurro bajito y con una nota de pesar y posó su mano suavemente sobre la de Muerte.
Él no dijo ni una palabra. Ni siquiera un cambio de expresión que le diera a entender que si quiera le movía un poco sus palabras. Y a pesar de eso, tomó su mano pequeña, delgada y frágil entre las de él, fuertes y rasposas por el paso de los eones y las batallas. Ella recargó su cabeza en su hombro y cerró los ojos con una expresión de dolor, como si el tacto del Jinete la quemara. Y él no dijo nada, pero dejó su cabeza descansar en la de ella, respirando el aroma dulce de ella, dejándose llenar de su dolor entremezclado con el de Leafe. Y el atardecer murió en el horizonte oscuro y vacío.
