Capítulo 25: Aquella misteriosa chica de cabellos rubios y tez blanca, pálida hasta el extremo, era bastante hermosa, pero para los Detectives había algo que no les agradaba para nada.

- Deberíamos tener cuidado al respecto, esa chica no es de fiar. Le dijo Hernández a Fernández, mientras que ambos estaban en el salón de la casa.

- Lo sé, pero tampoco tenemos evidencias, no deberíamos sospechar de alguien al no tener pruebas contra ella. Sostuvo Fernández al respecto, ambos hermanos gemelos estaban muy sospechosos ante los movimientos de Sonya, ya que no habían obtenido ningún informe de la Central de la Interpol en Bruselas.

Justo en ese momento, cuando se dieron la vuelta, se toparon con su anfitriona, la cual estaba en la entrada al salón de su casa, en ese momento, ambos hermanos pegaron un brinco por el susto que habían recibido al respecto por la chica.

- Oh, disculpen, los asusté, discúlpenme. Les pidió disculpas la chica, mientras que agachaba la cabeza avergonzada por lo ocurrido.

- T, t, tranquila, no pasó nada. Le respondieron los gemelos, mientras que la animaban.

Mientras tanto, Saya estaba con Hagi en la habitación que Sonya les había dado para que se hospedara ella la noche anterior.

- ¿David mandó a Lizz a Ekaterimburgo? Preguntó Saya.

- Sí, por cierto, Riku y Kai también te esperan allí. Le dijo Tintin, mientras que por otra parte; David y los demás estaban yendo hacia Ekaterimburgo, en busca de dos personas involucradas en el "Delta 67".

- Según parece, el contenedor se encuentra en este sitio. Les dijo Hagi.

- ¿Y esa chica? ¿Es verdad? Quiso saber Haddock.

- Buscábamos a un hombre, su nombre es Gregori. Les dijo Saya al respecto de su misión.

- ¿Rasputin? Preguntó Tintin.

Todos se quedaron callados sin decir nada, Gregori Rasputin, conocido como "El Monje Loco", había sido un curandero y hechicero de la época de los Zares en Rusia, quien había curado a uno de los hijos del último Zar, Nicolás II y por una serie de motivos, fue mandado a asesinar, el atentado no resultó bien, ya que según la leyenda, Rasputin era inmortal y no murió; pero la pregunta era: ¿Esa chica era Gregori? ¿Cómo era posible? ¿Y su relación con el contenedor?

- Será mejor irnos ya. Sugirió Haddock.

- Nos despedimos y vamos a Ekaterimburgo y sin discusión. Dijo Tintin y cuando se estaban despidiendo de Sonya, ella les abrió la puerta; pero de ahí, ocurrió algo muy extraño y sorprendente.

La puerta cedió y una poderosa hacha se incrustó en el pecho de Sonya, ante la mirada de terror de todos los presentes, la puerta cayó por completo, fue todo un completo estruendo, causando la sorpresa de los presentes, donde en el umbral vieron a una mujer mayor con la clásica vestimenta de campesina rusa, Hernández y Fernández tomaron sus armas y apuntaron ante la atacante.

- ¡Policía, baje el arma, ahora! Le ordenaron los gemelos.

- No lo entienden, ella es la maldición de esta aldea, ese monstruo, es un demonio, es la responsable de la muerte de mi hijo. Viene para poner punto final a esta tragedia interminable. Les dijo la mujer, su nombra era Roba, había perdido a su hijo en un ataque de los Quirópteros y los aldeanos conocían al culpable y ese culpable de tan terrible crimen era Sonya.

- ¿Qué está insinuando? Preguntó Saya.

- Huyan de aquí, huyan. Les pidió Roba, cuando en ese momento, un feroz ataque de las filosas garras de una criatura la mató por completo, atravesando su pecho.

Roba cayó muerta por el ataque de su misterioso s, agresor.

- ¡Salgamos de aquí! Ordenó Tintin, mientras que salían de la cabaña y se internaron en un sendero de los bosques, donde allí los estaba esperando Gregori.

- Saya, ¿no te hace recordar al pasado? ¿Me recuerdas en ese baile? Le preguntó Gregori, Saya no recordaba ningún encuentro con esa chica, pero en su mente se empezaban a acomodar los recuerdos dispersados.

- ¡¿Quién eres y por qué la conoces?! Le preguntó Tintin enojado.

- No es asunto suyo. Gregori, has hecho un buen trabajo con estos intrusos. Le respondió un hombre de traje del Siglo XIX color vino, camisa blanca con corbata negra y un sombrero del mismo color, estaba sujetando las riendas de un carruaje antiguo y tirado por dos caballos, haciendo de cochero.

- ¡Amshel! Veo que has venido para ver la muerte de Saya, no te preocupe, cuando termine con ella, no habrán más problemas. Le dijo la chica rubia, mientras que le hablaba a ese hombre misterioso.

- Diva desea dormir sin problemas: Elimina a esos intrusos, ahora. Le ordenó Amshel, mientras que los caballos comenzaban a correr, llevándose a Diva del lugar.

- ¡Deténgalo, de prisa, no lo dejen escapar! Les ordenó Saya, mientras que sacaba su katana y comenzaba la batalla.

Mientras que Haddock traía el auto, se subieron rápidamente, Sonya no le importaba ese grupo de gente: Quería luchar contra Saya y saldar esa deuda del pasado.