Emma se despertó al escuchar voces conocidas alrededor suyo. A pesar de estar despierta, continuo acostada y con los ojos cerrados. Todavía no tenía fuerzas para que los demás sepan que ella estaba despierta. De a poco comenzó a recordar todo lo que había pasado, todo lo que Hans le había dicho. ¿En verdad Neal estaría atrás de todo esto? No podía evitar sentirse preocupada. Después recordó la confesión que Killian le había hecho. Killian la amaba. Por supuesto que ella ya lo sabía desde hace un tiempo, lo sentía en sus miradas y en cada gesto que tenía con ella. A ella le aterraban ese tipo de confesiones, pero para su sorpresa está vez no, está vez era distino. Killian la hacía sentir segura. Emma lo amaba tanto como él a ella, así que se dejo llevar y disfruto lo que se siente el amor correspondido. De repente sintió como alguien se acostaba a su lado y la abrazaba.

- Hola peque. – Saludo Emma a su hijo abriendo los ojos y dándole un beso en la cabeza.

- Hola mamá. – Devolvió el saludo con una sonrisa. - ¿Cómo te sentís? – Preguntó mirándola con preocupación.

- Mejor. – Respondió honestamente, haber dormido la había hecho recuperar bastante sus fuerzas. - ¿Vos? – Era su turno de preguntar.

- Mientras estés bien, yo también voy a estarlo. – Contestó el niño con ternura.

- Me alegra que estés bien. – Dijo Rose mirándola con una sonrisa.

- Es bueno verte despierta. – Dijo Regina agarrándole la mano.

- Gracias chicas, las quiero. – Dijo Emma tratando evitar emocionarse.

- Si nos volves a dar un susto así, yo misma te voy a matar. – Bromeó Regina haciendo que todos rían.

- Permiso, ¿Emma Swan? – Interrumpió una mujer morocha con rasgos orientales golpeando la puerta de la habitación, a pesar de que estaba abierta.

- Si, soy yo. – Informó Emma.

- Soy Mulán, la oficial encargada de tu caso, me gustaría hacerte una pequeña interrogación. – Se presentó.

- ¿Henry por qué no vamos a desayunar? – Propuso Rose al ver como Emma y Killian intercambiaban miradas tratando de buscar la forma de que Henry no este presente para escuchar eso.

- Si Henry, ve a desayunar con Rose. – Interfirió Emma al ver que Henry no respondía.

- Pero, ¿Después volvemos acá, cierto? – Preguntó Henry con cierta preocupación. – Mamá no quiero ir al colegio, quiero quedarme con vos. – Pidió dándole un abrazo.

- Y yo quiero que te quedes conmigo, así que a desayunar y después vuelves para acá. ¿De acuerdo? – Dijo ella despeinándolo dulcemente

- De acuerdo. – Aceptó Henry, le dio un beso en la mejilla a su mamá y después dejo que Rose lo lleve a desayunar.

- Bueno, como dije soy la oficial a cargo. – Comenzó a decir Mulán una vez que Henry y Rose se habían ido.

- ¿Qué pasó con Hans? ¿Lo detuvieron? – Interrumpió Killian, necesitaba saber que el hombre que había dañado a Emma no tenga posibilidad de volver a hacerlo.

- Si, está detenido. El señor Hans fue encontrado en la escena del crimen con un arma en la mano y una mujer con una herida de bala, así que por supuesto fue detenido. – Aseguró Mulán.

- Bien, menos mal que lo detuvieron. – Suspiró Regina aliviada. - ¿Va a haber un juicio o algo así? – Preguntó.

- Primero que nada estamos juntando los testimonios. – Informó Mulán.

- ¿Y que van a hacer con ellos? – Preguntó Killian.

- Recopilar la información para poder resolver el caso y luego se vera si va a juicio o no. – Respondió Mulán.

- ¿Cuánto tiempo llevará? – Preguntó Regina.

- Depende, todos los casos son distintos. – Dijo Mulán empezando a sentirse molesta al recibir tantas preguntas.

- Chicos, ¿Por qué en vez de hacer tantas preguntas no nos deján a Mulán y a mí hablar? – Sugirió Emma percibiendo la incomodidad de la oficial.

- Si, esa sería una buena idea. – Asistió la oficial.

- ¿Cómo está Elsa? ¿Está bien? – Preguntó Emma preocupada.

- Si, ella está bien. Está con su hermana Anna y su cuñado Kristoff. – Respondió Mulán. – Ella ya dio su testimonio, me gustaría escuchar el tuyo ahora para ver si coinciden. – Dijo ella en tono casi suplicante, necesitaba que la dejen hacer su trabajo.

- Entiendo, ¿Qué necesitas saber? - Asistió Emma.

- ¿Qué fue lo que pasó anoche? – Preguntó Mulán sintiendo cierto alivio al ser ella la que preguntaba.

- Elsa me llamó diciendo que Hans tenía un arma y estaba violento, así que fui a su casa. – Respondió Emma y agarro su celular para mostrarle los registros de llamada.

- ¿Qué pasó cuando llegaste a la casa de Elsa? – Preguntó luego de anotar varias cosas en su cuaderno.

- Escuche gritos, así que llame al 911. Estaba esperando a que lleguen para entrar, pero de repente escuché un tiro y no pude evitar entrar. – Dijo Emma intentando de explicar todo lo mejor posible.

- ¿Y cuándo entraste estaban Hans y Elsa? – Continuó preguntando Mulán.

- Si, ella estaba toda lastimada, como seguro la viste. – Emma suspiro al recordar el estado de Elsa. – Así que lo convencí de que la deje salir de la casa a cambio de que yo me quede. – Dijo intentando que las miradas de Regina y Killian de preocupación y admiración no la abrumaran.

- ¿Y luego? – Preguntó Mulán al ver que ella había dejado de contar los hechos.

- Me pegó el tiro. – Contesto Emma. Ella agarro la mano de Killian porque vio como la furia lo invadía, y quería recordarle que ella estaba bien.

- ¿Algo más que sea relevante o te parezca importante mencionar? – Sugirió Mulán para darle la oportunidad a Emma de agregar algo más si quería.

- No. – Negó sacudiendo la cabeza.

- Bueno, los testimonios coinciden. Se determino que la bala pertenece al arma que tenía el señor Hans a su disposición cuando fue encontrado. Aparte el arma solo tiene las huellas digitales de él. Se supone que va a ser sencillo a partir de ahora. Me mantendré en contacto por cualquier avance o novedad. – Informó Mulán dejando una tarjeta con su información personal de contacto.

Emma decidió que por ahora no iba decir nada sobre Neal. No estaba segura de que él este completamente relacionado con eso y no quería preocupar a las personas que la querían. Tal vez que el jefe de Hans se llamaba Neal era solo una coincidencia, y luego solo había jugado con ella y su mente al ver que el nombre había generado una mala reacción en ella. Por ahora Emma prefería dejar el tema de Neal fuera de todo esto.

Emma tuvo muchas visitas esa tarde de sus amigos.

- Hola Emma, me alegra que estés bien. – La saludo Robin con ternura.

- Gracias Robin. – Agradeció ella devolviendo el saludo con afecto.

- ¿Cómo está ella? – Pregunto Regina a su novio mientras Emma conversaba con Henry y Killian.

- Muy bien. – Respondió Robin con una sonrisa.

- ¿De quién hablan? – Preguntó Emma haciendo que los otros se sorprendan al ver que había escuchado.

- De vos. – Mintió Regina.

- No me mientas. – Negó Emma con la cabeza. - ¿Qué me están escondiendo? – Preguntó y vio como todos intercambiaban miradas tratando de descifrar si decirle o no. - ¿Ustedes también? – Dijo mirando a Henry y Killian.

- Es sobre Mary Margaret, ella tuvo a su hijo anoche. Están acá en el hospital. – Respondió Killian decidiendo que no tenía ningún sentido seguir ocultándoselo.

- Por eso David y Mary no vinieron a verme. – Dijo Emma pensando en voz alta. – Pero, ¿No faltaba una semana para que nazca? – Preguntó muy pensativa.

- Si, faltaba una semana. – Asistió Robin.

- Se adelanto. – Dijo Emma y de repente su mirada se transformó al descubrir lo que creía que había pasado. - ¿Por mí? – Preguntó con la voz temblorosa.

- Emma no, no te sientas culpable. – Dijo Killian tratando de calmarla.

- Cualquier mujer embarazada que está por dar a luz, habría entrado en trabajo de parto al enterarse que una de sus mejores amigas recibió un tiro. – Explico Regina.

- Yo tengo que ir a verlos. – Decidió Emma y uso el palo del suero como bastón para ayudarse a ponerse de pie.

- ¡Emma no! – Comenzaron a protestar todos a la vez.

- Nada que puedan hacer o decirme va a detenerme. Me pueden ayudar o quitarse de mi camino. – Dijo Emma con convicción. Nadie podía ganarle en terca.

Regina y Robin llevaron a Henry a merendar, mientras Killian la acompaño a ver a David, Mary Margaret y Leo. Emma entro a la habitación y noto como las miradas de sus amigos se iluminaban de alegría al verla bien. David la abrazo con fuerzas y luego la ayudo a sentarse en una silla al lado de la cama de Mary Margaret.

- ¿Cómo están? ¿Cómo se sienten? – Dijo Emma mirando al bebe con ternura.

- Muy felices. – Dijo David con una gran sonrisa.

- ¿Vos como te sentís? – Preguntó Mary Margaret tomándole la mano.

- Bien, ya casi no me duele. – Respondió Emma con sincerdidad.

- Igual, es una locura que hayas venido hasta acá, tendrías que estar descansando. – Advirtió David.

- Yo dije lo mismo, pero ya saben como es, terca. – Dijo Killian con cierto humor.

- Yo tenía que verlos, quería conocer a mi sobrino. – Explico Emma quitándole importancia al asunto. - ¿Puedo sostenerlo? – Preguntó algo tímida.

- Por supuesto. – Dijo Mary Margaret pasando a Leo a los brazos de Emma.

- Hola pequeño, soy tu tía Emma. – Dijo ella acariciando la nariz del bebe con ternura. – Es hermoso. – Apreció.

- Si, lo es. – Coincidieron David y Mary Margaret al mismo tiempo.

- Se parece mucho a ti David y tiene tus ojos Mary. – Dijo Emma mientras lo observaba detenidamente. – Chicos, quería disculparme con ustedes, sobretodo con vos Mary. Lamento que hayas tenido que tener el parto a causa de lo que pasó conmigo. – Se disculpó Emma luego de un largo silencio.

- No tenes que disculparte, no fue tu culpa. – Aseguró David.

- Pero lo fue en parte, Leo tendría que haber nacido la semana que viene. Si no hubieras estado preocupada por mi no se habría adelantado. – Dijo Emma sintiéndose mal por toda la situación.

- Emma no importa que Leo se haya adelantado, lo que importa es que él está bien y vos también. – Dijo Mary Margaret transmitiéndole toda la calma que era posible.

- De todas maneras, lo lamento. – Insistió Emma.

- Emma, nos gustaría hacerte una propuesta. – Dijo David luego de varios minutos de silencio donde todos miraban como Emma mecía a Leo en sus brazos.

- ¿Si? – Preguntó ella quitando su atención del bebe.

- David y yo estuvimos pensando, ninguno de nosotros tiene hermanas, por eso nos gustaría que la madrina de Leo sea una amiga nuestra. Nos gustaría que vos seas la madrina Emma. – Informó Mary Margaret.

- ¿En serio? – Preguntó sorprendida.

- Si, en serio. – Aseguró David.

- Si, me encantaría. – Acepto ella con una gran sonrisa

Emma se sentía feliz con la propuesta. David y Mary Margaret se habían convertido en familia para ella desde que los conoció. Emma estaba agradecida de que la vida se haya encargado de que esa pareja sean sus vecinos. Ella siempre había pensado en ellos como su familia, porque sus actitudes siempre eran las que a ella le hubiera gustado que sus padres tengan. Ella sabía que ellos iban a ser unos padres increíbles. Emma iba a proteger y cuidar a Leo como sus amigos siempre hacían con ella.

Antes de volver a su habitación Emma decidió hacer otra visita, pero está vez le pidió a Killian que la espere fuera.

- Hola. – Dijo Elsa sorprendida al verla. - ¿Cómo te sentís? – Preguntó Preocupada.

- Bien. ¿Vos? – Dijo Emma sentándose en el borde de la cama de Elsa.

- Mejor. Aunque todavía me siento culpable por todo, perdón por lo de Hans. Yo tendría que haber sido la que recibió el tiro, no vos. – Se disculpó Emma sintiéndose culpable.

- Tranquila, no es tu culpa, es la de Hans. Pero ya no tenemos que preocuparnos, él va a estar en prisión por mucho tiempo. – Dijo Emma intentando calmarla. - ¿Puedo hacerte una pregunta por más rara que parezca? – Preguntó ella.

- Claro. – Asistió Elsa.

- ¿Alguna vez escuchaste algo sobre un tal Neal? – Preguntó Emma tomando coraje.

- No, nunca. ¿Por? – Dijo Elsa luego de pensar por unos instantes.

- Por nada, no tiene importancia. – Dijo Emma.

Emma se sintió desilusionada de que Elsa nunca haya escuchado nombrar a Neal. Pensaba que quizás ella le podía ser de cierta ayuda para descubrir si Neal estaba metido en todo esto o no. Ahora no le quedaba otra que pensar por sus propios medios alguna forma de averiguar algo sobre su ex novio. ¿Pero cómo? Pensar, paciencia y silencio. Eso era lo único que sabía por ahora.