Día 25: With Toys
La música estridente que provenía en todas direcciones le atormenta los oídos pero solo logra aferrarse al vaso de plástico entre sus manos y suspira derrotado al observar como su amigo se perdía en un mar de gente en el centro de la pista, estaban en la casa de alguno de los miembros del equipo de fútbol, celebraban un nuevo juego ganado que se sumaba a la buena racha que tenían esa temporada y por supuesto, no podía faltar la gran fiesta de celebración el fin de semana. Al inicio todo parecía secreto, pero al final gran cantidad de alumnos solo entraban en la enorme casa y se servían una cerveza; estaban tan alcoholizados que al dueño de la casa no parecía importarle.
Le da un sorbo a la cerveza caliente y esconde tras las mangas de su chaqueta el gesto de desagrado, no era amante de la bebida pero en definitiva una vez que pierde su frescura sabe lo más parecido a veneno.
Sonríe a medias y ladeando el rostro saluda comenzando a alejarse del sitio cuando escucha como su amigo le llama para que permanezcan juntos, a él en realidad le encantaba bailar, pero el estar rodeado de tantas personas en un espacio tan reducido, no le apetecía en absoluto; así que, luego de parecer entretenido con algo lejos de su campo de visión, en pasos calmados se aleja buscando la salida.
Aspira sonoro y relaja los músculos de los hombros una vez que la ventisca fría golpea contra su rostro, ajusta la chaqueta que tambaleaba sobre sus hombros y por momentos solo disfruta del cambio de ambiente, una frescura clásica de las noches de verano que contrarrestaba el sofocante calor del día. Dejando la chaqueta a un lado, se sienta en el suelo cerca de los pequeños escalones de la entrada y luego de ojear sus alrededores asegurándose que no había nadie cerca, se deshace de la cerveza entre algunos arbustos y floreros.
—Si no la querías, podrías habérmela dado a mí. —Siente como se le eriza la piel tras el cuello y gira el rostro con rapidez, abriendo los ojos de par en par asustado, como un pequeño cometiendo una travesura. Una figura desdibujada, oculta bajo las sombras creadas a la fluorescencia de la luz de la entrada.
—Ya estaba caliente. —Intenta excusarse y una cálida risa se escucha al tiempo que la flama de un encendedor hace aparición y él se concentra en poder contemplar el rostro del hombre que estaba a tan solo pasos de distancia. Sus grandes ojos obscuros son lo primero que le llama la atención, su cabello achocolatado caía sobre su frente creando pequeños y graciosos bucles y en sus labios danzaba un fino cigarro de color negro. Extraño.
—Lastima. —Su voz grave y endulzada como la miel resuena de nuevo haciéndole temblar pero prefiere culpar al frío. El intoxicado humo que escapa de su boca desaparece en el vasto espacio y él se pregunta que sería aquella extraña esencia que le invadía los sentidos, no parecía el conocido olor viciado característico de los cigarros. —¿Quieres? —Su mirada curiosa y penetrante debe ser exagerada y obvia ya que el extraño arquea una ceja en su dirección. Él alza las manos y niega varias veces.
—No fumo.
—Lastima. —El hombre comenta casual y él parpadea confundido. El castaño ríe con ganas y finalmente se aleja del anonimato de la obscuridad para quedar sentado a su lado; él cree que será víctima de un ataque cardíaco al darse cuenta de la identidad del ahora no tan extraño. No era nadie más que Choi Minho, el capitán del equipo de fútbol.
Permanecen en silencio por varios minutos, simplemente agradeciendo la compañía del otro y la poca tranquilidad que ofrecía la noche, aunque fuesen capaz de escuchar, con menor intensidad, la música que provenía de la fiesta.
—Choi Minho. —Se presenta después de un rato.
—Lo sé. —Se siente avergonzado ante su respuesta pero era algo automático ya, todos en el campus sabían perfectamente quién era Choi Minho, el capitán estrella de flameante carisma. —Lo siento. —Susurra apenado y esconde el rostro dejando a la vista su bochorno; Minho solo ríe divertido.
—No, no, está bien. —Todavía sacudiendo los hombros leve a causa de la risa que no desaparecía por completo, lanza una mirada al pequeño que gracias al flequillo que caía fluido sobre su frente, escondía su mirada. —Está bien. —Le asegura y posa una mano sobre su cabello despeinándole un poco y le siente relajarse bajo su toque.
—Taemin. Lee Taemin. —Se presenta el moreno y le dedica una brillante sonrisa dejando atrás el embarazoso momento. Sí, Minho también sabía quién era ese chico; el niño prodigio de la escuela de artes escénicas, los rumores decían que su cuerpo se movía con tal encanto y fluidez al son de la música que parecía ser de papel. Asiente a modo de reconocimiento y se ven envueltos en el silencio una nueva ocasión.
Minho se termina con calma el cigarrillo, disfrutando el sabor suave que le calmaba los nervios, es capaz de ver como el chico de cuenta nueva le mirada con ojos curiosos pero no se animaba a liberar sus dudas, pero no debía ser un genio para entender.
—Es un Djarum negro. —Exhala despacio y las cenizas caen a sus pies.
—¿Eh?
—Es un cigarro de clavo. —El chico se conforma con la explicación, igual extrañado de la existencia de semejante cosa pero no menos contento. Poco después sisea sorprendido al sentir el tacto caliente de las cenizas sobre su piel, era un accidente inocente y Taemin cubre su brazo para aliviar el ardor pero tal parece que su reacción no había pasado desapercibida por el atleta.
Minho arquea una ceja y una media sonrisa maliciosa se pinta sobre sus labios, ¿acaso estaba más borracho de lo que creía y su mente le estaba jugando sucio o era que ese chico, Taemin, acababa de gemirle al oído luego de ser quemado por las cenizas de su cigarro?
Taemin hace amago de querer alejarse del mayor casi asustado pero Minho le mantiene en su sitio gracias al fuerte agarre de su muñeca, el moreno le dedica una mirada preocupada; Taemin no era ningún tonto, él sabía los pros y contras de la situación que vivía, le había sucedido en varias ocasiones anteriores. Las personas le miraban extraño y tomaban de algún bicho raro al enterarse que él disfrutaba del contacto ardiente y del escozor que solo un cigarrillo contra su piel desnuda le ofrecía.
El castaño relaja su agarre y le acaricia con la punta de los dedos cuidadoso, sube por su brazo y hombro hasta llegar a su cuello, se entretiene con los suaves mechones y sonríe amplio mostrando una hilera de perfectos dientes blancos al verle temblar expectante; no siente ningún tipo de remordimiento al escucharle gemir adolorido y asombrado una vez que el cigarro casi deshecho choca contra la tersa piel de sus costillas. Taemin se aferra a la camisa del mayor y descansa la frente en el hombro contrario tratando de calmar su respiración agitada a causa de la descarga de adrenalina que le invadía.
Crea círculos con sus dedos en la piel de su cuello para tranquilizarle y luego de levantarle el rostro por el mentón, deja un casto beso en su mejilla cerca la comisura de sus labios.
—Vendrás a casa conmigo. —Le hace saber sin dejar espacio a discusiones, él había encontrado un ser tan adorable con los gemidos más encantadores que había escuchado jamás y estaba totalmente decidido a oírle toda la noche. Ni siquiera le deja escapar, le toma de la cintura y le carga, haciéndole rodear su cintura con las piernas y Taemin por miedo a caer solo se abraza al cuello del castaño, Minho ríe una vez más, parece que el chico le mantenía más entretenido que la fiesta en sí, sin siquiera saberlo.
—¡Hey, Choi! —Unos gritos desde la puerta llaman su atención y él se gira con Taemin todavía en brazos. —¿A dónde vas?
—A casa. —Apega el tembloroso cuerpo de Taemin a su pecho y no discute el hecho de que el pequeño escondiese el rostro en su cuello tratando de no ser reconocido; no era vergüenza per se, simplemente nadie tenía por qué saber que haría o no el resto de la noche y aun cuando para Minho no fuese importante, ya podía imaginar los murmullos mientras los cuerpos iban cayendo muertos de cansancio y sobrecargados de alcohol.
Choi Minho se llevaría a casa a alguien muy afortunado.
Lo que no entenderían jamás era que, el afortunado en realidad había sido él y lo comprobaba cada vez que contemplaba con codicia y lujuria el tonificado cuerpo que se contoneaba seductor bajo sus sábanas.
