Sauce y Melodía

Capítulo 25: Decir te amo


Desde la rama en la que Melodía se encontraba, podía observar a Sauce caminar por la arboleada sin preocuparse de ser vista. El observarla era algo que la llenaba de felicidad y lo que, pensaba, era lo único que podía hacer. Sauce le gustaba y mucho. La forma en que dirigía la arboleda había provocado que la admirara, sentimiento que con el tiempo evolucionó en amor, algo de lo que fue consciente cuando salvó su vida.

"Me gustaría tanto decirle lo que siento, pero solo lograría que me odie o que piense que me burlo de ella", pensó Melodía.

Temía que Sauce malinterpretara sus sentimientos, que pensara que estaba confundida. Ella lo había pensado en un principio, creyó que confundía admiración con amor, pero la forma en que su corazón latía cuando la tenía cerca, el reconocer su olor en sus prendas y sus sueños le hicieron saber que lo que sentía era amor.

Lo que más temía era el rechazo. Que sus sentimientos le provocaran desagrado y no quisiera volver a hablarle. Aunque una parte de ella quería poder tomarla de la mano y salir en citas como cualquier pareja, había una parte de ella, una más cobarde, que prefería que las cosas se mantuvieran del modo en que estaban, que se conformaba con la amistad de la líder de la arboleda.

Varias veces había intentado llamar su atención. Probó con ser la más fuerte, Tormenta siempre la vencía, por más que lo intentaba nunca estuvo siquiera cerca de alcanzar su récord en arquería. Probó siendo lista, quería demostrar madurez, lo único que logró fue meterse en problemas y sus consejos resultaban erróneos, Lirio, sin contar a Sauce, seguía siendo la voz de la razón.

Cepilló y lavó su cabello varias veces. Se dijo que, si era la más linda de las pitufas, podría conseguir que la viera. Nadie fue capaz de encontrar un cambio en su apariencia. "Apuesto a que, si mi cabello se pareciera un poco al de Pitufina, Sauce me amaría", se dijo mientras probaba con diferentes peinados; ninguno lograba convencerla.

Después de varios intentos fallidos, tomó su trompeta y dedicó varios a componer una canción, siendo una de las pocas cosas de las que se sintió satisfecha. Melodía estaba segura de que una canción la ayudaría a expresar lo que no podía decir.

Plan que se vio obligada a abandonar cuando encontró su trompeta rota. Les preguntó a sus amigas si sabían sobre lo que lo había provocado. Ninguna le dio respuesta. Lo más extraño para Melodía fue la forma en que reaccionaron cuando las interrogaba, algunas parecían nerviosas y otras aliviadas. Si Melodía no hubiera estado segura de sus habilidades con la trompeta, habría considerado que a ninguna le había gustado su canción, pensamiento que consideró demasiado absurdo para siquiera tomar en cuenta.

Se dijo que, si era energética, Sauce le pondría más atención. Ni siquiera tomando más de diez tazas de café pudo imitar a Retoño. Lo único que logró fue pasar toda la tarde enferma. A pesar de su fracaso, era de este intento del que menos se arrepentía. Pasó por muchas situaciones incómodas e incluso resultó agotador el pretender estar emocionada todo el día, sus mejillas le dolieron de tanto sonreír. Fue el que Sauce cuidara de ella lo que le hizo pensar que había valido la pena.

—¿Hay algo que te preocupe? —preguntó Sauce, su voz denotaba preocupación. Melodía mentalmente se regañó por haber hecho que se preocupara.

—No es nada —respondió tratando de sonar lo más convincente que podía.

—¿Segura? —por la expresión de Sauce era evidente que no le creía —. Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.

—Lo sé —Melodía bajó la cabeza, incapaz de mirarla a los ojos.

Mentalmente se reclamó por su actitud. Se dijo que ella no era así, que nunca había actuado así. No le gustaba la forma en que el temor a ser rechazada la estaba haciendo actuar y peor aún, la forma en que afectaba a sus seres queridos.

—Entonces… —Sauce hizo una pausa, invitándola a continuar.

—Es solo que necesito poner en claro mis pensamientos.

Melodía notó la mirada de Sauce sobre ella, por unos minutos llegó a tener miedo de que sus palabras no lograran convencerla. Si fue así, no tenía forma de saberlo. Vio a Sauce negar con la cabeza antes de tomar asiento a su lado y acariciar su cabello.

—No es bueno guardarse las cosas por mucho tiempo… si necesitas hablar, ya sabes dónde buscarme. Descansa, mi pequeña.

Melodía cerró sus ojos, sabiendo que soñaría con Sauce, con ella pudiendo confesarle sus sentimientos. "Me preguntó si algún día podré decirle lo que siento", fue su último pensamiento antes de sucumbir ante el cansancio.