Los personajes no me pertenecen y la historia tampoco , pertenece a Desscullen , yo solo la traigo aquí para que la disfrutéis tanto como yo.
En menos de cinco segundos, Edward estaba a la espalda de Bella, la cual al notar la presencia de alguien en su retaguardia se giró sobresaltada. Pero lo peor fue cuando fijo sus ojos en el rostro de Edward.
Jamás lo había visto así: Tan vampiro, tan inhumano, tan peligroso… Tan atractivo e irresistible.
Tenía los ojos completamente negros, abiertos como platos. Las cejas curvadas en una expresión confusa entre ira y disgusto. Todos los músculos de la cara estaban tensos, como a punto de romperse, y la mandíbula apretada, con los labios tan juntos que parecían una fina línea en su rostro, el cual estaba más pálido de lo normal; igual que el mármol recién pulido.
Apretaba los puños a los costados de su erguido cuerpo, tensando los tendones de los brazos. Parecía que estuviera haciendo un esfuerzo hercúleo para no moverse.
- Edward… tranquilízate – le pidió suavemente Alice. – No hagas una tontería… - la voz de la vampira era un leve susurro que fue casi inaudible para Bella.
- No es para ponerse así, Edward… contrólate – le exigió Rose con tono firme. Aunque estaba tensa, ya que no sabía como podría reaccionar su hermano. No recordaba haberlo visto jamás tan dolido y enfadado.
- A no? – pregunto Edward mirando fijamente hacía Bella. Su tono era monocorde; helado; sin vida.
Bella por su parte tenía la cara desencajada, similar a cuando tienes ganas de llorar y estás controlando las lágrimas. Cosa que no estaba demasiado lejos de ser cierta. Se sentía confusa, nerviosa, y estaba empezando a albergar un sentimiento hacia Edward el cual creía olvidado: Miedo.
- No es bastante que tengamos que ser testigos de sus citas de adolescente hormonada, sino que viene a restregárnoslo por la cara besuqueándose como una cualquiera en el coche delante de casa – las palabras de Edward salían de su boca como dagas cargadas de veneno; las cuales iban directas al cerebro y al corazón de Bella, que seguía en estado de shock.
Silencio.
- Dejarnos solos – pidió Edward a sus hermanas… Más bien, lo ordenó.
Bella alzó rápidamente la mirada hacía las vampiras, suplicando que no la dejaran a solas con él.
Alice y Rose se lanzaron sendas miradas casi de pánico. Sabían que podría ser un buen momento para que Edward abriera su corazón a Bella, aunque fuera discutiendo, pero a la vez estaba tan enfadado que temían que fuera a cometer una tontería… Una sin solución.
- Edward… - lo llamó con tono de advertencia Rose – No creo que sea lo mejor, la verdad.
En ese momento, Jasper y Emmet hicieron un discreto acto de presencia.
Esme y Carlisle estaban fuera, de caza. Así que todos los que estaban en casa estaban allí, en el hall de entrada.
- Edward, porque no salimos a cazar y así descargas tensiones? – le sugirió Jasper, el cual estaba captando la ira y el dolor que provenían de su hermano.
- Si, Edward, vamos… Ahora estas enfadado y no riges… Déjalo pasar… Deja que la tormenta amaine. – propuso Emmet intentando sonar divertido.
- No - Negó Edward tajante. – Voy a hablar con ella ahora. – Recalcó con tono serio. Miró hacía Bella, la cual no se atrevía ni a levantar la cabeza. – Tú no dices nada? – le preguntó sonriendo maléfico – Porque por si no te has enterado aun, esto va contigo, eh? – añadió sarcástico.
Bella alzó levemente la cabeza, pero sin llegar a mirarlo.
-¡ Habla! – la instó alzando un poco la voz.
- No sé qué quieres que te diga, Edward – le contestó con la voz apagada y el ceño fruncido por el disgusto.
- Os repito que nos dejéis solos – volvió a pedir.
Aunque parecía más calmado, sus hermanos no acababan de fiarse mucho. Sabían lo mucho que le dolía a Edward ver a Bella con Jake, pero lo del beso de hoy había sido algo que lo superaba.
- Edward, solo te diré que si le haces algo, luego tendrás que rendir cuentas a Carlisle – Le recordó Alice. Sabía que era un punto débil para Edward; el respeto por su padre.
- No sé de que clase de cuentas me hablas, Alice – le contestó déspota.
- Sabes perfectamente a lo que se refiere – intervino Jasper – Y no solo a Carlisle… si estropeas el juego de Aro, él mismo te exigirá una explicación. Tu mismo leíste en su mente que Bella es una de sus favoritas. – Jasper le hizo un gesto con los ojos, para hacer recordar a Edward el día de la entrega.
- Fuera – Volvió a decir. Su tono de voz era seco, igual que un desierto.
Los cuatro vampiros se miraron y Alice les hizo una señal afirmativa. Estaba tanteando el futuro y no veía a Edward descontrolarse al extremo de morder a Bella.
Pero si le habían llegado ligeros destellos de que esto traería consecuencias. Tras su discusión, la cual no hacía falta tener visiones para saber que ocurría, se desencadenarían una serie de sucesos que no veía claros, pero que no le gustaban. Y claro, no podía tener una visión nítida porque Jake andaba metido en el ajo.
- Tu veras lo que haces Edward… - con estas palabras, Alice abrió su mente para que su hermano viera esos pequeños destellos. Que se basaban principalmente en la discusión que iban a protagonizar.
Pero Edward no se paró a indagar en la mente de su hermana. Estaba demasiado enfadado y dolido como para pararse a recapacitar ni lo más mínimo.
Una vez solos, Edward encaró a Bella. La movió suavemente para quedar cara a cara y ella se dejó hacer como una muñeca.
- Así que no sabes qué decir, eh? – le preguntó con ironía.
- Pues no, la verdad… No sé a que viene este numerito – le dijo ella alzando la cabeza y mirándolo por fin a los ojos, aunque sin fijar la mirada en ellos.
- Debo reconocerte que eres valiente… - Bella frunció el cejo sin comprender – Si, estas ahí de pie, parada delante de mi; un vampiro terriblemente enfadado contigo, el cual necesita pensar cada movimiento para no abalanzarse sobre ti. – Bella jadeó y abrió lo ojos y la boca, dando un paso hacía atrás. – Temes que te muerda? Que me alimente de ti, verdad? – Bella agachó la cabeza apretando fuertemente los ojos; notaba como Edward se acercaba sigilosamente a ella y como su bello se ponía de punta ante la cercanía del vampiro.
- No sé qué es lo que quieres, Edward, en serio. – Se aventuró a hablar en un susurro, con la frente arrugada por la congoja y la confusión. – No sé que ves de malo en que salga con Jake… Me haces sentir mal… - Edward no la dejó continuar.
- Qué te hago sentir mal? A ti? – preguntó asombrado, volviendo a dejar ver su enfado, el cual intentaba esconder.
- Sí. Me haces sentir como si te estuviera traicionando… Como si hubiéramos tenido algo y te la hubiera pegado con tu mejor amigo… Y eso no es así para nada. – Alzó levemente la voz, mirándolo a la cara. – ya te dije hace tiempo que tuviste la oportunidad de que cancelara mi primera cita con Jake y no lo hiciste… No lo hiciste porque en el último momento reflexionaste y te diste cuenta de que no era justo; que yo solo era un capricho para ti. Una humana que olía excesivamente bien, demasiado tentadora para ti. – Bella cogió aire para continuar, ahora ya estaba lanzada y su tono de voz se iba elevando – Solo son celos territoriales, nada más… Eres un ser egoísta y patético – le escupió con rabia. Edward se quedó completamente pasmado. – Quiero que te mantengas lo más lejos posible de mí, que no me dirijas ni tan siquiera la palabra… Como si fuéramos invisibles el uno para el otro, me oyes? – Bella estaba llenándose de coraje y por fin se atrevió a clavarle la mirada a Edward. – Intentemos mantener las formas por el bien de la convivencia con el resto de la familia, en menos de nueve meses yo ya no estaré en tu vida, me iré a Italia y ya no tendrás que saber más de mí. – Sentenció tajante. Pero sus propias palabras le hacían tantísimo daño, que parecía que se le abriera un agujero negro en medio del pecho llevándoselo todo a su paso.
A Edward, oírla hablar de esa forma, sobre todo refiriéndose a marchar a Italia y no volver a verla jamás le dolía incluso más que cuando Carlisle lo había transformado. Aunque gracias a su condición de vampiro pudo esconder ese dolor a los ojos de Bella.
- Así que celos territoriales? – le preguntó asintiendo con la cabeza de forma cínica. – Esa es a la deducción que llegas? – Bella asintió completamente convencida – Ajá… Y no se te ha dado por pensar que pudiera ser otra cosa la que me hace ponerme así? – Bella dudó unos instantes, pero no le dio tiempo a su cerebro a pensar en su otra teoría. La que tanto miedo y tanto deseaba oír a su vez.
Que Edward estuviera enamorado de ella.
Se lo sacó de la cabeza rápidamente, negando ante la pregunta de Edward, el cual se la quedó mirando con una expresión inescrutable.
- Bien… ya que estás tan convencida de tu teoría, así haremos – Contestó él después de más de un minuto de silencio.
- Estupendo… todo aclarado. – Replicó ella con soberbia.
- Pero antes de que te vayas… Quisiera comentarte una pequeña cuestión. – Le pidió él educadamente.
- Claro, dime… - Bella se mostró confiada ante el semblante tranquilo de Edward.
- Si tienes tan claro que dentro de nueve meses te irás a Italia, y allí, o morirás o te convertirás… A qué estás jugando con Jacob? – Esa pregunta pilló desprevenida a Bella, la cual soltó todo el aire que tenía en los pulmones de golpe, abriendo los ojos y la boca de forma exagerada. – Por qué una vez allí, Aro no te dejara marchar. Eso lo sabías, verdad? Como bien ha dicho Jasper, eres una de sus favoritas. Y no volverás a ver a Jacob… pero por tu cara creo que eso lo tenías bastante claro. – Edward estaba siendo cruel con Bella y lo sabía. Incluso en ese momento de rabia lo estaba hasta disfrutando. – Sé que no lo amas, no te discuto que te guste, por supuesto… Pero él si está enamorado de ti, como ya bien sabes. Ese chico para ti es solo una diversión. Una manera de evadirte y distraerte – A Bella iba desencajándosele la cara por momentos. Edward estaba siendo de lo más directo, acertando de lleno en sus deducciones. – Es injusto, ya que él no sabe el final del juego… Cree que podrás quedarte, como humana… Que la decisión es tuya, jaja! – Rió de forma cruel, ante la mirada atónita de Bella – Recalco como humana, ya que aunque te quedaras como vampira vuestra relación no podría ser. – Bella arrugó al frente sin entender – Aunque en la reserva todos somos amigos y nos llevamos estupendamente, la tribu tiene unas reglas. Anticuadas y ancestrales, pero normas que se siguen a rajatabla. Un Quileutte no puede estar emparejado con un/a vampiro/a.
Bella no respiraba, sino que resoplaba al igual que un búfalo. Las palabras de Edward la habían cogido completamente por sorpresa; a parte de que no contaba con que fuera a ser cruel de esa forma.
Contaba con que gritara, con que la asustara… Pero no que le hiciera daño describiéndola de una manera tan pueril. Aunque Edward no estaba inventándose nada. Realmente la estaba describiendo a la perfección.
En ese momento comprendió que el vampiro tenía razón. Ella no amaba a Jacob ni de lejos. Era su vía de escape… El poder estar con otro humano y así poder disfrutar el tiempo que le quedaba de su condición como mortal, como persona viva.
Estaba jugando con los sentimientos del chico.
- No dices nada? – le preguntó con sorna. Su semblante, hasta hacía unos instantes tranquilo y confiado, ahora se mostraba malicioso y ruin, revelando una sonrisa cínica y de superioridad aplastante.
Eso hizo enfurecer a Bella. Notaba como la sangre le hervía en las venas, abrasándoselas. La adrenalina le fluía hasta el cerebro y su corazón latía descontrolado golpeándole las costillas sin piedad.
- Eso no es asunto tuyo, Edward Cullen – le contestó con la voz tomada por la ira; con tono gélido y dañino. – Métete en tus asuntos, me oyes? Déjame en paz, olvídame… Y si tanto te jode que con él me haya besado por voluntad propia, sin artimañas ni trucos, es tu problema, no el mio. – le dijo clavándole una mirada intensa, penetrante y tan helada como el tono de su voz. – A partir de ahora no voy a sentirme mal por quedar con Jake; eso no volverá a pasar jamás. Cuando vuelva de mis citas, sino estás preparado para oír lo que pueda contarles a las chicas, te recomiendo que te vayas. Pero no voy a tener ninguna compasión por ti… ni por tus sentimientos, los cuales acabo de comprobar que no posees. Estás helado, sin vida, sin alma… y por consiguiente, no tienes capacidad de sentir, o por lo menos, no sentimientos buenos. – Mientras Bella hablaba, Edward iba acumulando rabia; encolerizándose por momentos.
Mientras Edward y Bella se lanzaban dagas envenenadas mutuamente, los cuatro vampiros seguían la conversación atentamente desde la cocina.
- Están haciéndose daño sin motivo… - sollozó Alice. – Están tan ciegos que no ven lo muchísimo que se aman el uno al otro. – Afirmaba ante el asentimiento de los otros tres.
- Debajo de toda esa maldad, soberbia y rabia se esconde un amor tan fuerte el uno por el otro… - meditaba Jasper en voz alta – Es difícil de captar, pero los sentimientos están ahí.
- No sé si después de todo lo que se están diciendo llegarán a reconciliarse. – Añadió Rose. – Edward es tan terco… Deberíamos haber hablado con Bella, haber intervenido en su momento y no dejar que esto llegara tan lejos. – Sentenció pensativa.
- Bueno… no todo está perdido – agregó Alice, dejando asomar una sonrisa pícara.
- Cariño, esa sonrisa me da miedo – Jasper temía cuando su adorada esposa ponía esa cara tan peculiar; y no era otra cosa sino que estaba maquinando algo.
- Cuenta… qué se te ha ocurrido – La instó Emmet sonriendo y complacido por ver una posibilidad de unir a esos dos, por pequeña que fuera.
- Aunque se hayan escupido todo esto… Sé que su amor es fuerte, la visión que tuve de ellos dos el día que Aro nos la entregó fue fuerte, sólida. Algo que estaba predestinado a cumplirse… Conozco perfectamente mis visiones – explicó – Simplemente que están embotados, confundidos y sobre todo asustados.
- Sí… es verdad, no entiendo muy bien ese sentimiento, pero es así. Están aterrados de declararse – agregó Jasper. – Es algo que capto de ellos desde el principio, y cada día que pasa va en aumento.
- Pues no sé de qué tienen miedo, la verdad – Añadió Emmet. Él siempre sabía ver la sencillez de las cosas.
Mientras Alice les contaba el plan y lo iban perfeccionando entre los cuatro, la "parejita" seguía discutiendo en el hall.
- Qué sabrás tú de mis sentimientos? O de la capacidad que tengo de poder sentir? – Gruñía Edward; ese comentario le había dolido como ninguno.
Si Bella supiera lo muchísimo que la amaba… Lo deseoso que estaba de tenerla, de forma voluntaria, entre sus brazos, estrecharla, protegerla, amarla…
Pero como bien había dicho Jasper, estaba demasiado embotado y asustado como para declarárselo a Bella.
- Que qué sabré? Lo que me has enseñado durante estos tres meses… - le replicó Bella – Eres egoísta… eres un demonio con carcasa de hombre… Eso es lo que eres – le escupió mirando con todo el odio que era capaz. – Dentro de unos meses solo seré un recuerdo para ti. Una humana incordiante que vino a fastidiarte la vida durante un año. Solo eso. – El pecho de Bella subía y bajaba frenético por la veracidad de sus propias palabras. – Esta discusión ha llegado a su fin.
Sin más, se dio media vuelta y casi corriendo subió las escaleras para encerrarse en su cuarto.
Necesitaba salir de allí cuanto antes; notaba como se estaba descontrolando, la rabia y el dolor que sentía en esos momentos la superaban. Y sabía que las lágrimas no tardarían en asomar, y cuando lo hicieran no sería capaz a pararlas.
Edward se quedó inmóvil cual estatua de mármol, dejando a Bella marchar. Ahora que la ira ya no dominaba su capacidad de razonamiento, sino que había dado paso al dolor puro, sabía que era absurdo seguir discutiendo. Que lo único que harían serían lazarse veneno el uno al otro, y realmente no quería seguir haciéndole daño a Bella; a la mujer que amaba más que a nada en este mundo.
Pero si antes tenía dudas, ahora ya no estaba seguro de nada en absoluto. Bella le había confirmado su intención de irse a Italia y por consiguiente desaparecer de su vida.
La había perdido para siempre.
Se sentía abatido, cansado… Se dejó caer sentándose al borde de la escalera con las manos sujetándose la cabeza, un gesto de desesperación total.
Alice se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros con cuidado; no sabía cual sería la reacción de su hermano.
Pero Edward se apoyó en ella. Sabía que ahora mismo no tenía fuerzas para nada. Se abrazó a su hermana y sollozó.
- Alice… la he perdido, para siempre… Tiene claro que se irá a Italia, y de alguna manera, ha reconocido que lo de Jake no es más que un capricho, nada serio. – se lamentaba, resumiéndole a Alice lo que ella ya había oído. – Aunque al principio si que tuve cierto temor a que entre ellos surgiera algo auténtico, hace tiempo que sospechaba que para ella no significa nada… Pero tiene asumido que va a morir – Edward levantó la cabeza y miró con ojos cristalinos a su hermana, la cual se estremeció al ver a Edward tan dolido.
Lo siento , lo siento tantisimo, pero entre que he estado enferma y unos cuantos problemas de la autora no lo he podido subir hasta aora
