La historia es una adaptación del libro Making Faces de Amy Harmon los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original


23. ENCONTRAR EL LADO POSITIVO

Ben era más pesado de lo que Emmett había anticipado, más larguirucho, y más difícil de sostener. Pero lo recogió en sus brazos y caminó sin parar por el deteriorado sendero, apoyando sus pies con cuidado, sin apresurarse. Había corrido kilómetros con su uniforme completo con 70 kilos en su espalda muchas veces, y podría llevar a Ben por la colina ida y vuelta.

Iban de camino a visitar las tumbas de los cuatro soldados caídos, Emmett por segunda vez, Ben la primera. El camino era empinado y estrecho, y llevar la silla de Ben hasta la cima con él encima sería más difícil que cargarlo a él, pero cargarlo era demasiado para Mike Cheney o cualquier otra persona del círculo cercano a Ben, así que Ben no había podido visitar el lugar de descanso de sus amigos. Cuando Emmett había descubierto esto, le dijo a Ben que lo llevaría a la cima, y se había presentado sin avisar aquella tarde, dispuesto a cumplir su promesa.

Angie Cheney se ofreció a prestarle la camioneta, pero Emmett lo había rechazado, recogiendo Ben en sus brazos y dejándolo en el lado del pasajero de su vieja camioneta y ajustándole el cinturón. Ben empezó inclinarse a un lado, incapaz de mantenerse derecho sin el apoyo de su silla, pero Emmett metió una almohada entre el asiento y la puerta para que pudiera apoyarse sobre ella.

Podía decir que Angie estaba un poco preocupada por dejarlos marchar sin la silla de ruedas, pero se despidió de ellos con una sonrisa forzada, y Emmett tomó las curvas con cuidado. No tenían que ir muy lejos, pero Ben parecía disfrutar yendo de copiloto y le insistió a Emmett que encendiera la radio y bajara las ventanas.

Cuando llegaron a la cima de la colina, Emmett sentó a Ben cuidadosamente en el banco de piedra y luego se sentó junto a él, sujetándolo contra su costado, asegurándose de que no volcara.

Se sentaron en señal de respeto durante un rato, Ben leyendo las palabras de cada lápida y Emmett mirando más allá de las tumbas, con la mente cargada de recuerdos que deseó poder apagar.

—Desearía poder ser enterrado aquí con ellos. Sé que es un monumento a los caídos. Pero me podrían enterrar por aquí junto al banco. Marcar con un pequeño asterisco mi tumba.

Emmett se rió, como Ben esperaba que hiciera, pero la fácil aceptación de Ben de su propia muerte lo molestaba.

—Pero voy a ser enterrado en el cementerio de la ciudad. Mis abuelos están ahí y algunos otros Cheney de generaciones anteriores. Tengo mi sitio seleccionado —dijo Ben de forma sencilla, incluso a gusto, y Emmett ya no pudo contener su lengua.

—¿Cómo lo soportas, Ben? ¿Mirar a la muerte a la cara durante tanto tiempo?

Ben se encogió de hombros y lo miró con curiosidad.

—Actúas como si la muerte fuera lo peor.

—¿No lo es? —Emmett no podía pensar en nada peor que perder a sus amigos.

—No lo creo. La muerte es fácil. Vivir es la parte difícil. ¿Recuerdas aquella niña que estaba de visita en el condado de Clairemont que fue secuestrada hace unos diez años, cuando su familia estaba acampando? —preguntó Ben, sus ojos se estrecharon sobre la cara de Emmett—. Los padres de Bella y los míos se ofrecieron como voluntarios en la búsqueda. Pensaban que podía haberse caído al arroyo o simplemente haberse extraviado. Pero había bastantes campistas más por allí ese fin de semana por lo que también existía la posibilidad de que alguien se la hubiera llevado. Al cuarto día, mi mamá dijo que la madre de la niña estaba rezando para que encontraran el cuerpo de la niña. No estaba rezando para que la encontraran viva. Estaba rezando para que su bebé hubiera muerto de forma rápida y accidental, porque la alternativa era mucho más terrible. ¿Puedes imaginarte saber que tu hijo estuviera en alguna parte sufriendo horriblemente y que no pudieras hacer nada al respecto?

Emmett miró fijamente a Ben, con confusión en sus ojos.

—Te sientes culpable porque tú viviste y ellos murieron. —Ben inclinó la cabeza hacia las cuatro lápidas—. Quizás Q y Laurent y Garrett y Peter te están mirando desde arriba sacudiendo la cabeza, diciendo: "Pobre Emm. ¿Por qué tuvo que quedarse?"

—El Sr. Bennett me dijo que los afortunados son los que no vuelven —recordó Emmett con los ojos en las tumbas de sus amigos—. Pero no creo que los chicos me estén mirando desde algún paraíso celestial. Están muertos. Desaparecidos. Y yo estoy aquí. Punto.

—Creo que en el fondo realmente no crees eso —dijo Ben en voz baja.

—¿Por qué yo, Ben? —replicó de nuevo Emmett, su voz demasiado alta para el serio entorno.

—¿Por qué no tú, Emmett? —respondió Ben de inmediato, haciendo que Emmett se sobresaltara como si lo hubiera culpado de un crimen—. ¿Por qué yo? ¿Por qué estoy en una maldita silla de ruedas?

—¿Y por qué Peter y Garrett? ¿Por qué Laurent y Q? ¿Por qué le suceden cosas terribles a gente tan buena? —preguntó Emmett.

—Porque a todo el mundo le suceden cosas terribles, Emm. Todos estamos tan atrapados en nuestra propia basura que no vemos la mierda por la que están pasando los demás.

Emmett no tenía respuesta para eso y Ben parecía contento con dejarle debatir con sus pensamientos durante un rato. Pero finalmente, Ben habló de nuevo, incapaz de sentarse en silencio durante demasiado tiempo.

—Te gusta Bella, ¿no, Emm? —La mirada de Ben era aprensiva y su voz grave.

—Sí. Me gusta Bella. —Emmett asintió distraídamente con sus pensamientos todavía en sus amigos.

—¿Por qué? —preguntó Ben inmediatamente.

—¿Por qué qué? —Emmett estaba confundido por el tono de Ben.

—¿Por qué te gusta Bella?

Emmett balbuceó un poco, sin estar seguro de a dónde quería llegar Ben, y un poco molesto de que Ben pensara que tenía derecho a que se lo explicara.

Ben lo interrumpió.

—Es solo que ella no es realmente el tipo de chica por las que solías ir. Ella y yo estuvimos hablando el otro día. Parece pensar que no es lo suficientemente buena para ti… que la estás soportando porque, en sus palabras: "se te echó encima". No puedo imaginarme a Bella echándose encima de nadie. Siempre ha sido bastante tímida cuando se trata de chicos.

Emmett pensó en la noche de los fuegos artificiales cuando había besado sus párpados, su cuello, su boca y deslizado sus manos debajo de su camisa. No había sido tímida entonces, pero pensó que se mantendría eso para sí mismo.

Ben continuó:

—Creo que por eso a Bella siempre le ha gustado leer tanto. Los libros te permiten ser quien quieras ser, escapar de ti mismo por un tiempo. ¿Ya sabes cómo a Bella le encanta leer esas novelas románticas?

Emmett asintió y sonrió, recordando cuán avergonzada había estado Bella cuando había leído un pasaje de su libro en voz alta. Se preguntó si las novelas románticas eran las que hacían a Bella tan apasionada y sensible. Solo pensar en ella le hizo añorarla, y aprisionó el anhelo inmediatamente.

—¿Sabes que también las escribe?

Emmett sacudió su cabeza para encontrarse con la sonrisa de Ben.

—¿En serio?

—Síp. Creo que debe estar en su sexta novela. Ha estado enviando sus libros a las editoriales desde que tenía dieciséis años. Hasta el momento, no ha conseguido un acuerdo, pero lo hará con el tiempo. Son realmente muy buenos. Un poco cursis y dulces para mi gusto, pero esa es Bella. Escribe bajo un nombre falso. Sus padres ni siquiera saben.

—¿Un nombre falso? ¿Cuál es?

—Nah. Tendrás que conseguir esa información de ella. Va a matarme por decirte acerca de los libros.

Emmett asintió, su atención fija en exactamente cómo iba a coaccionar un poco a Bella para que le dijera todos sus secretos. El deseo por ella se levantó de nuevo, y casi gimió en voz alta.

—Siempre me ha gustado leer. Pero prefiero un tipo de libros un poco diferente. El romance es simplemente una tortura para mí, ¿sabes? —agregó Ben.

Emmett asintió, su mente en los fuegos artificiales, la forma en que se sintió el estar al lado de Bella mientras la luz explotaba sobre ellos, su dulzura, el olor de su piel y el barrido suave de su cabello. Entendía la tortura.

—Así que vamos a escucharlo, hombre. ¿Cuál es el problema? No puedo patearte el culo, pero definitivamente sabré si me estás mintiendo. ¿Está Bella en lo correcto? ¿Estás tomando lo que está disponible?

—¡Demonios, Ben! Me recuerdas a Q… —Emmett hizo una mueca por el dolor que lo atravesó, como si hubiera presionado sus dedos en una herida reciente, la punzada aguda silenciándolo inmediatamente. Pero su silencio solo alimentó los temores de Ben.

—¡Si estás enredándote con mi prima y no estás locamente enamorado de ella, encontraré una manera de patearte el culo! —Ben se estaba agitando y Emmett le puso una mano en el hombro, calmándolo.

—Amo a Bella —admitió Emmett, su voz baja, su mirada cargada de confesión, y sintió un escalofrío de consternación por la verdad. La amaba—. Pienso en ella todo el tiempo. Cuando no estoy con ella soy miserable… pero cuando estoy con ella soy miserable también, porque sé que sé que Bella es la solución. ¡Mírame, Ben! Bella podría tener cualquier persona que quiera. ¿Yo? No tanto.

Ben se rió y gimió en voz alta.

—¡Buu, maldito huu! ¡Waaa! ¡Bebote! ¿Esperas que sienta pena por ti, Emmett? Porque no lo hago. Me recuerdas a un libro que acabo de leer en este curso de inglés online que estoy tomando. Este tipo, Cyrano De Bergerac, nació con una nariz grande. ¿A quién diablos le importa? Así que Cyrano nunca consiguió a la mujer que amaba porque era feo. ¡Esa es la cosa más estúpida que he oído en mi vida! ¿Dejó que su gran nariz lo mantuviera lejos?

—¿Ese tipo Cyrano? ¿No era quien escribía notas de amor para el chico guapo? ¿No hicieron una película de eso?

—Esa misma. ¿Te recuerda a alguien? Me parece recordar a alguien escribiéndote notas de amor y firmándolas como Rosalie. Al igual que Cyrano. Algo irónico, ¿no? Bella no creía que fuera lo suficientemente buena para ti entonces, y no creo que seas lo suficientemente bueno para ella ahora. Y los dos están equivocados... ¡y son tan estúpidos! ¡Estúuupiiiidos! —Ben arrastró la palabra con disgusto—. ¡Soy feo! No soy digno de amor, ¡waaa! —Ben los imitó con voz quejumbrosa, en tono alto, y luego sacudió la cabeza como si estuviera totalmente defraudado. Se detuvo un momento, preparándose para una nueva diatriba.

»¿Ahora me estás diciendo que tienes miedo de amar a Bella porque no te ves como una estrella de cine? ¡Dispara, hombre! Todavía te vea como una estrella de cine… solo como una que ha pasado por una zona de guerra es todo. ¡A las chicas les encanta eso! Sigo pensando que tal vez tú y yo podríamos tomar un viaje por carretera y decirle a todas las chicas que conozcamos en el camino que somos dos veteranos de guerra. Tienes una cara hecha un lío y mis heridas de guerra me han puesto en esta silla. ¿Crees que lo creerían? Tal vez entonces podría conseguir algo de acción. El problema es, ¿cómo voy a conseguir un puñado de tetas si no puedo levantar mis brazos?

Emmett se atragantó, riéndose de la irreverencia de Ben, pero Ben solo continuó, imperturbable.

—Daría cualquier cosa por hacer una de esas locas cosas de Freaky Friday contigo, Emmett. Solo por un día quiero cambiar cuerpos contigo. No perdería ni un segundo. Estaría llamando a la puerta de Rosalie. Aporrearía a Royce unas cuantas veces, echaría a Rosalie por encima de mi hombro, y no tomaría aire hasta que alguno de nosotros pudiera moverse. Eso es lo que haría.

—¿Rosalie? ¿Te gusta Rosalie?

—Amo a Rosalie. Siempre la he amado. Y está casada con un idiota, lo que es realmente reconfortante de una manera muy egoísta. Si estuviera casada con chico genial, agradable e e impresionante, sería más miserable.

Emmett se encontró riendo de nuevo.

—¡Eres algo más, Ben! Tu lógica no tiene precio.

—Es un poco divertido. Diversión irónica, quiero decir. Bella siempre le dijo a Rosalie que ha pasado toda su vida siendo perseguida por los hombres. Debido a eso, nunca tuvo la oportunidad de dejar correr el tiempo lo suficiente como para averiguar quién era y a qué tipo de chico debería dejar que la atrapara. Es un poco irónico que Rosalie y yo seamos amigos, ya que nunca he sido capaz de perseguirla. Tal vez ese es el lado positivo. No podía perseguirla, así que nunca tuvo que salir corriendo.

Después de un rato, Emmett tomó a Ben en sus brazos una vez más, y juntos descendieron la colina del memorial, perdidos en sus propios pensamientos de la vida y la muerte y el lado positivo.


Les dejo un nuevo capitulo, estoy intentado subir uno por día mientras pueda.

Gracias a todxs por leer