La apuesta 22
Encuentro en altamar
Buenos días, señorita. Permítame ayudarla. – Rápidamente, abrió la puerta para dejarla pasar.
Gracias. – La señorita le dijo.
No hay de qué.
La dejó pasar. Vio hacia dónde se dirigía. Ella se sentaba a la par de una pareja. Eran sus padres. Él se fue a sentar con su familia; lo esperaban hacía ya 5 minutos. Le preguntaron por la dama en cuestión. Respondió con la verdad al admitirles no conocerla, pero haría todo lo posible por averiguarlo. Lo cautivó hasta el punto de olvidar el objeto de su apuesta. Se levantó y caminó hacia ella con seguridad. Frente a los padres de ella, se presentó ante ellos y la invitó por la noche a acompañarlo a cenar. El padre le pidió sentarse con ellos un momento. Si iba a permitir a su hija pasar unas horas con él, se aseguraría sobre las intenciones del joven. Explicó el plan. Les contó sobre el viaje con sus primos y su tía. Se volteó y les indicó quienes eran. El padre reconoció a la Tía Elroy de inmediato. Después de ello, la respuesta afirmativa por parte de los progenitores, alegró a la señorita y a él. Les aseguró llevarla a las 11 de la noche de vuelta a su camarote.
Los hermanos se impresionaron con la forma de actuar de Niel. Verlo así… tan atento… tan respetuoso… tan amable… Se quedaron boquiabiertos. A todo esto le agregaron algo considerado imposible: él tenía para el baile del capitán y ellos no. No se podían quedar atrás. Esa noche, se arreglaron de forma muy elegante. Llegaron a la sala de baile. Los hermanos vieron a Niel con su bellísima dama. Se acercó a presentarla. Ella les pidió bailar con su hermana y prima. Ellos accedieron rápidamente, deseaban disfrutar de esa fiesta. A los dos días, Niel logró invitar a la familia de ella a su mesa. Fue muy grato para la Tía Elroy darse cuenta del cambio radical de su sobrino. Estaba feliz.
Los días en altamar continuaron. Los tres se juntaban con las tres jóvenes después de desayunar. A veces leían, otras jugaban o simplemente paseaban por cubierta. Faltaban unos cuantos días para llegar a puerto. La mañana era gris y fría. No sabían que hacer. Uno sugirió jugar escondite como cuando eran niños. Los demás pensaron en lo divertido del juego. Lo vieron como una travesura ya que no estaban rodeados de adultos. Establecieron las reglas y comenzó el juego.
Una de ellas, tomó a su caballero por el brazo. Corrieron a esconderse. No se deberían esconder juntos, pero ella insistió. Entraron a un pequeño cuarto donde guardaban toallas. Por lo pequeño, estaban de pie muy juntos. Cualquier movimiento provocaría un resultado inesperado. Se quedaron muy calladitos para no ser encontrados. Se miraban uno al otro. La mirada comenzó traviesa; pasó a ser dulce; siguió cariñosa; se volvió deseosa… Las manos de ella se posaron sobre su pecho; las de él, por su cintura. Bajó su rostro hasta sentir su perfume con olor a lilas. Sus labios se buscaban. El contacto fue inminente, suave… En otro lugar, otra pareja estaba escondida en el mismo salón, pero en extremos diferentes. Pensaron haber escogido buenos escondites. No fue así. El tercer joven los encontró fácilmente. Ya había encontrado a la tercera. Solo faltaban los ocultos en el closet. Los buscaron por todos lados durante quince minutos antes de encontrarlos. Cenaron amenamente. Luego, salieron a pasear. Cada pareja tomó un rumbo diferente.
Me… me… me siento bien contigo. Ahora agradezco a mis padres haberme traído en este viaje. Pensé sería aburrido y no lo ha sido gracias a ti… - Lo vio a los ojos.
Eres tú quien lo hizo para mí. – Con su mano sobre su pecho, expresó. – Perdóname.
No te entiendo.
Por lo de esta tarde. No debí hacerlo.
¿Hacer qué? – Sabía perfectamente el tema a tratar, pero no quería escuchar arrepentimiento. Ella no se arrepentía.
Lo que pasó en el closet…
¿Te arrepientes?
Este… - Se sentía entre dos malas opciones.
No tienes por qué arrepentirte. – Susurró.
Ehhh… no me arrepiento. – Se miran a los ojos.
¿De verdad?
Es verdad. Me gustó mucho. Pero no es correcto.
Aunque estoy de acuerdo contigo…
Mira, seré sincero contigo…
Uff… No sigas, por favor. Alguien te gusta.
Más o menos.
¿Más o menos?
Hace poco estuve cortejando a una dama.
Hace poco…
Sí. Ahora ya no. Y… - Con inseguridad de seguir diciendo lo pensado.
Y… - Con esperanza en su tono.
Al verte… - Tomó aire y lo soltó. – Al verte, me quitaste el aire de mis pulmones de la impresión.
El viaje continuó.
Un ayudante llegó a la casa de Anthony. Le informó a Albert sobre el arribo de la Tía Elroy y sus sobrinos.
tamborsita 333: tan bonito tener opciones, ¿verdad? jajaja
cotapese: merequetengue... exacto. Vamos a ver que sucede )
PeLuChA g.U.s.S. : a veces nos sucede lo del internet. Gracias por seguir leyéndola. Siempre eres bienvenida.
Camila Andley: desde tu nombre, ya sé quién es tu dulcito favorito... jajajaja...
Roni de Andrew: Puede ser que Albert y Anthony se parecieran, pero me gustaría pensar en que de adultos no serían tan igualitos. Terry es peleonero, sí. Pero Albert se está defendiendo a él mismo y su amor por Candy. Por otro lado, solo me pareció interesante poner a todos los hombres guapos en la historia. Sería lo justo... jajajaja... Gracias por seguir leyendo. Tus reviews, igual que los de las demás personas, me hacen pensar y repensar en lo que sigue de la historia. Por eso, muchas gracias. Seguiré esperando tus reviews.
monapecosa: vamos a ver qué sucede con la Tía.
Gracias a todos y todas por leer y dejar sus reviews. Si no han dejado uno, los y las invito a hacerlo. Siempre son bienvenidos y apreciados.
Les mando un gran saludo,
TC GAN
