Notas: ¡Feliz solsticio de invierno! ¡Feliz navidad! Y feliz año nuevo, volveré hasta el 2019. Sé que dije que actualizaría antes pero mis primos estaban enfermos af y ahora yo ando igual, mi hermano me llevó a ver Spiderman: Into The Spider-verse para levantarme el ánimo y estuve llorando por lo perfecta y hermosa que fue la pelí, me atrevo a decir que es la mejor película de héroes de este año, btw, no los aburro más, gracias por su apoyo, capullitos de alelí *corazón ghei*. Citas del Cantar de los Cantares del versículo 7:10 a 7:12. Advertencia: como dije, estoy enferma como la mierda y mi cerebro no funciona bien, disculpen las faltas de ortografía que van a encontrar.
Capítulo XXV
Mimetismo
{O de cómo fingir ser una persona promedio es una gran estrategia.}
Harry estaba haciendo una enorme mueca, faltaba poco para que inflara las mejillas y frunciera el ceño. Hermione rodó los ojos y Ron intentó halagar el uniforme que los directivos de Hogwarts eligieron para los dos campeones.
—El patrón de ajedrez en la ropa pasó de moda hace mucho —susurró después de un rato Harry, con voz devastada—. No niego que el verde y el negro combinan pero… ni siquiera cuando estoy en el orfanato uso cosas tan feas.
—Harry, sólo es una tonta camiseta —regañó Hermione—. Deja de ser una princesa del drama.
—¡Oye!, si tuviera un título de la realeza, sería una reina —corrigió Potter con una sonrisa socarrona.
Hermione suspiró. Al menos Harry estaba de buen humor y se veía mucho mejor, sus mejillas tenían algo de color y mantenía la espalda recta, signo de que su cansancio era mínimo.
—A todo esto, ¿dónde está Draco? ¿Se atreve a faltar a mi día del juicio?
—Ahora que lo dices… —empezó Hermione—, la última vez que lo vi fue por eso de las diez, me dijo que el profesor Snape quería hablar con él y desde entonces no sé dónde está. De seguro llegara para cuando sea tu turno de participar.
Harry asintió. Se despidió de sus amigos antes de ir hacia la carpa en la que les explicarían sobre la prueba que iban a hacerles para probar su valía. Cuando llegó, los otros campeones ya estaban ahí y, para placer suyo, Cedric también usaba el horrible uniforme… era sólo que… a Diggory se le veía bien. Potter parpadeó, ¿por qué la gente bonita podía usar una bolsa de basura y todavía tener su dignidad intacta? ¿Qué clase de magia oscura usaban para parecer que se encontraban en una pasarela todo el tiempo? ¿A qué dios le tenía que ofrecer en sacrificio una virgen para obtener la belleza eterna? Fleur y su terrible ropa de deporte lucía salida de un catálogo de ropa carísima para ir a los gimnasios. Viktor tampoco se quedaba atrás.
Harry se alzó de hombros en resignación, algunos eran guapos y otros muy inteligentes, él estaba en el segundo grupo, el de "genios certificados". De repente pensó de Tom y volvió a ponerse de mal humor, el hijo de puta era hermoso y un genio visto cada siglo, arrugó su nariz en un berrinche, su querido Tommy era la excepción a todo, si él hubiera sido uno de sus oponentes en el Torneo, bueno, estaba seguro de la opción de sobrevivir sin ningún daño ni siquiera se le pasaría por la cabeza.
Aunque se enfurruño, también se sintió relajado. Comparar al aterrador adolescente que no dudaba en admitir que había matado sin culpa y que podría hacerlo miles de veces en pro de sus objetivos o supervivencia con sus oponentes del magno evento puso las cosas bajo una perspectiva más amigable. Viktor, Cedric y Fleur lucían inofensivos al lado de Tom.
"Mira eso, mi Pudín Oscuro me ha salvado de una crisis nerviosa antes de que ocurriera, alabado sea el patrón del infierno", pensó Harry.
Un hombre regordete entró a la carpa mientras reía de manera escandalosa, saludó a Viktor con mucho respeto, lo alabó por su destreza y papel en el Mundial de Quidditch, después repartió palabras de cortesía a los demás. Harry alzó una ceja, entretenido por la patética pantalla de quien se presentó como Ludo Bagman, Jefe del Departamento de Deporte y Juegos Mágicos. Bagman aclaró que también sería uno de los cuatro jueces del Torneo de los Tres Magos. Enseguida procedió a informarles en lo que consistiría la primera prueba:
—Los llevaremos uno por uno al campo de Quidditch, en cuanto salga la primera persona se mostrará la estructura que hemos estado escondiendo minuciosamente. —Ludo hizo una pausa dramática—. Es una torre con diez pisos, deben de llegar hasta el último para encontrar una princesa que tiene entre sus manos un cofre con un huevo sorpresa en su interior.
Harry estaba sorprendido de que la inspiración en cuentos de hadas hubiera sido tan literal. ¿Quizá habría obstáculos en cada piso y eso haría difícil la llegada al décimo?
—Pero, como toda princesa que se precie, la suya estará protegida por un dragón, tienen que superarlo antes de que puedan salvar a la dama custodiada.
Cedric volteó a ver a Harry, el chico le había dicho que la prueba tenía que ver con una princesa y fuego, ahora veía que no fue una broma de mal gusto sino una advertencia justa. Incluso si Potter era un Slytherin, se solidarizó con un Hufflepuff y le dio pistas sobre la primera prueba. Cuando Harry le devolvió la mirada, Diggory le sonrió con simpatía. Potter ladeó su cabeza y le dedicó una mirada de pura confusión por la amabilidad repentina.
Ludo se aclaró la garganta una vez que terminó de hablar sobre lo que estaba y no estaba permitido en el campo de juego: desde no involucrar al público de manera premeditada hasta matar al dragón o dañarlo de manera irreversible.
Con cada regla añadida sobre el estado físico del dragón, la arruga en el entrecejo de Harry se hizo más profunda, ¿qué demonios? ¿Por qué a los organizadores del evento se les había ocurrido molestar dragones? ¿Qué culpa tenían ellos de que al mundo mágico le apetecería organizar el evento más estúpido del siglo? Era maltrato animal. No estaba nada feliz con la forma en la que parecían ver a la bestia como un medio de entretenimiento, era igual de aborrecible que la actitud de las personas al tratar a las serpientes como criaturas merecedoras de la muerte. Incluso Kudu, un basilisco que durante muchos años fue visto como una bestia sedienta de sangre, estaba mostrando señas de que era capaz de convivir con los humanos siempre y cuando su apetito fuera saciado y no lo molestaran. Se cruzó de brazos y observó a Bagman con desdén.
Ludo concluyó su discurso con un deseo de buena suerte, sacó una bolsa de tela y la extendió a los participantes para que sacaran su turno y el dragón que custodiaría su torre al azar.
Harry dejó de prestarle atención a su entorno al ver al Colacuerno húngaro en la palma de su mano. La réplica en miniatura del dragón le gruño y Potter soltó un suspiro. La selección natural insistía en poner presión sobre él para ver si era digno de transmitir sus genes a la siguiente generación, no le quedaba claro que era un individuo apto incluso después de todo lo que le paso desde que llegó al mundo mágico.
Bagman salió de la carpa riendo, anunciando lo deseoso que estaba de verlos en acción, Harry tomó asiento en uno de los bancos que vio al saber que sería el último en presentarse. Dejó al pequeño dragón a un lado y cerró los ojos para pensar en lo qué haría a continuación.
Para empezar, el dragón tenía un tamaño similar a Kudu sin los hechizos para encogerlo, era igual de letal, rápido y su rango de ataque era mayor debido a la ventaja que suponían las garras y las alas. Sería absurdo enfocarse sólo en los dientes y mirada, debía de pensar en contener al dragón o de buscar una alternativa para distraer a la bestia.
Mientras Fleur se iba, dispuesta a enfrentar y superar la prueba, Cedric se acercó para intentar animar a Harry, pensando que su silencio se debía al miedo, no obstante, no obtuvo ninguna respuesta, Potter estaba sumido en un trance, golpeaba las puntas de sus dedos en su pierna derecha movía la boca y murmuraba de vez en cuando.
Harry siguió recordando todo lo que sabía sobre dragones, su fuerza y posibles debilidades. Después de unos minutos, en los que Fleur completó su prueba y Viktor salió, pensó que la opción más obvia sería encadenar al Colacuerno para ingresar a la torre, sin embargo, si el campo estaba limpio y sólo se hallaba un edificio en medio de la nada, tendría que buscar material que transformar. El metal sería la opción ideal pero dudaba que existiera suficiente, una cantidad mínima lo obligaría a realizar un esfuerzo mayor y quizá no sería tan veloz. Tomando en cuenta la rapidez del dragón, lo mejor que podía hacer era encontrar algo igual de resistente y en grandes porciones.
Al cabo de unos instantes abrió los ojos. La miniatura del Colacuerno húngaro estaba dormida y recargada contra su muslo. Fleur y Viktor se encontraban en el interior de la carpa, ambos con curaciones en diferentes partes del cuerpo, las multitudes rugían ante Cedric Diggory.
Diez minutos después, Cedric apareció con una quemadura en la cara pero una sonrisa. Harry se levantó, cuidando que el pequeño dragón no sintiera su ausencia. Fue hasta la salida de la carpa y saludó con un movimiento de cabeza a Diggory.
Escuchó el gritó ensordecedor del público, su presentación y una narración sobre sus antecedentes, enfocó su atención a la enorme torre que estaba en el centro y al dragón que la custodiaba. La bestia se hallaba libre, en la cima de la construcción, mirándolo como si no fuera nada más que un insecto.
"Y, quizás, soy una hormiga para alguien de su tamaño y edad", meditó. Alrededor de las tribunas brillaba una pared que parecía hecha de cristal, que se extendía metros hacia arriba y se curvaba en una bóveda, como una jaula que impedía la salida del dragón y de la persona que ingresaba.
Alrededor del campo se ubicaban diferentes rocas de pequeños y colosales tamaños, pasto verde y otro tanto recién quemado, además de unos cuantos árboles.
Harry sacó su varita de su pantalón, ingresó a la jaula y un ruido anunció que su prueba había iniciado, el dragón soltó un rugido que le advertía que si acercaba a lo que custodiaba sería hecho trizas. Potter sonrió al escuchar los latidos de su corazón en sus oídos y sentir que su temperatura se elevaba. Su estómago se sintió pesado y olvido que existía el mundo.
Aquel dragón le recordó la belleza letal de Kudu. Estaba emocionado. Mierda. Por alguna razón tenía una debilidad por las criaturas mortales, desde Tom hasta la bestia que liberaba fuego de sus fosas nasales. Empezó a correr hacia la puerta de madera que obviamente tenía que derribar antes de lanzarse a un lado y rodar por el césped al oír el rugido del dragón, éste aterrizó con fuerza en el lugar donde estuvo Harry segundos antes.
Harry agradeció por su velocidad y reflejos superiores a la media. Se mantuvo de cuclillas por si tenía que volver a huir pronto. El dragón lo contempló desde la lejanía, listo para atacar ante el próximo movimiento, esperando a que su presa cometiera un error. Con una rapidez inesperada de un chico de catorce años, Potter movió su varita para romper la puerta con un hechizo bombarda maxima. La madera estalló en cientos de pedazos y los alrededores hechos de piedras macizas se agrietaron. El dragón extendió sus alas y en cuestión de segundos apuntó sus garras hacía la pequeña figura de Harry, éste volvió a moverse, esquivando en varios momentos el agarré de la fiera, en una ocasión estuvo tan cerca de ser atrapado que una de las filosas garras del dragón le cortaron parte de su cabello.
El dragón decidió dejar de jugar con su escurridiza presa y abrió el hocico para lanzar una enorme llamara de fuego, Harry corrió hasta una de las rocas de mayor tamaño para resguardarse detrás de ella, apenas lo logró, el calor abrasador lo rosó en sus pies y sintió alivio al notar que la piedra estaba ardiendo de un color rojo intenso pero que él seguía intacto. Se arremangó las mangas de camisa, se puso de rodillas y empezó a mover su varita en complejos movimientos, murmuró ecuaciones para hallar la cantidad de magia que requería usar y los hechizos. La piedra que ardió de un rojo intensó se elevó y se transformó en una enorme cadena hecha de un metal ardiendo. Harry lanzó la cadena en dirección al dragón con la mayor velocidad que pudo.
La bestia se elevó para evitar la cadena pero una de sus patas se vio comprometida al ser golpeada. Harry aprovechó la vacilación del dragón para levitar de nuevo el objeto y enredar las alas con el metal. El animal cayó con fuerza contra el suelo, rugió, furioso y lanzó fuego en todas direcciones.
Potter corrió para evitar el peligro. Fue hacia la puerta de la torre. Sabía que la cadena no duraría, la fuerza del dragón era muy superior y que tenía que ir lo más rápido que pudiera a través de las escaleras y hacia el décimo piso.
Sentía que el sudor escurría de su cara y se acumulaba en su espalda, tenía una sensación de pesadez en las piernas y escuchaba con más intensidad el correr de su sangre en sus oídos, su corazón golpeaba contra su pecho sin descanso. Fue con precaución a través de los pasillos, pensando en la posibilidad de que existieran trampas en el edificio. No se equivocó, invocó una protección ante unas flechas que se aproximaron a él desde la nada y tuvo volver cenizas unos murciélagos de aspecto rabioso.
Enfrentó pasadizos que se cerraban al pisar en el lugar inadecuado y techos que se desmoronaban. Evitó y destrozó unas armaduras con espada que lo atacaron sin darle oportunidad de respirar. Cuando llegó al último nivel abrió la puerta sin problemas y con un dolor recorriéndole todo el cuerpo.
Draco Malfoy estaba en el centro de la habitación, descansando en un sofá, mirando el cofre que Bagman mencionó.
—¿Tú eres la princesa? ¡Qué timo! ¡Denme a Hermione! —gritó Harry—. Ni siquiera tienes un vestido o una larga cabellera, eres una deshora para las princesas. Apuesto que no cantas como los ángeles o hablas con los animales, ¿sabes qué? Yo haría un mejor papel.
Draco miró la apariencia desaliñada de Harry y soltó un suspiro de alivio.
—Morgana, estás bien, ¡creí que morirías! Cuando Severus me explicó por la mañana la prueba y mi papel pensé que era una locura. ¿Comprendes porque no le pidieron a Hermione que viniera a la torre? Es peligroso, mi padrino me dijo que enloquecerías si la veías a ella aquí.
Harry dejó el drama de lado y asintió. Incluso si sonaba como un mal amigo para Draco, prefería mil veces arriesgar a otra persona antes que a Hermione. Si por el fuera, Malfoy y Weasley podrían morir si eso significaba que su amiga siguiera en una pieza y sin un solo rasguño. Prefería no externar sus pensamientos y clara preferencia.
—¿Y bien? ¿Venciste al dragón? —preguntó Draco.
—De manera temporal, encadene sus alas pero creo que ya debe de haberse liberado, transforme rocas fundidas a metal, cantidad de masa similar pero propiedades un poco diferentes, lo que significa que las cadenas no eran tan fuertes como me hubiera gustado y el dragón que me tocó es el más fuerte y agresivo, un Colacuerno húngaro.
Draco hizo una mueca, Harry tenía una suerte horrible. Se acercó al cofre y sacó el objeto del interior, era un huevo conformado con piezas de diferentes colores
—Este es tu premio. Nos sacas a mí y al huevo de este lugar y terminas la prueba.
Harry hizo que sí con la cabeza, miró la pieza que Draco tenía entre sus manos y pensó que parecía un rompecabezas, como un cubo rugbi, sólo que ovalado.
—Acepto ideas, cariño, estoy a punto de intentar una invocación de una mamba negra y replicarla diez veces con un gemino para que ataquen al dragón, incluso si eso me trae penalizaciones o me siento después terrible por dañar a una bestia que no tiene la culpa de nada. —Harry movió su cuello de un lado a otro para tronarlo, movió los hombros para quitarse la rigidez y luego se estiro.
—Ese es un pedazo de magia oscura, Harry, la gente empezaría a pensar peor de ti.
—¿A quién le importa? Ya creen que soy una especie de tipo rencoroso que está Slytherin por amargura y deseos de venganza contra el lado oscuro porque asesinaron a unos padres que no recuerdo ni me importaban hasta hace unos años pero que todavía veo como desconocidos.
Draco resopló, despeinó el cabello de su nuca y enseguida pensó en la habilidad de Harry en la escoba, sus reflejos eran una locura y podría distraer al dragón mientras él salía junto al huevo.
—Invoca tu escoba, puedes volar alrededor de la bóveda para distraer al dragón mientras yo huyo junto con esto.
—Sabía que por algo Hermione te veía con ojos brillantes.
Malfoy se sonrojo ante la mención de cariño de parte de Granger. Harry se río de él y enseguida extendió su mano para invocar la escoba. Mientras esperaba a que apareciera el objeto le hizo una seña con la cabeza a Draco de que se fuera preparando.
—Estoy seguro de que he desactivado la mayoría de trampas del lugar, sino es que todas, ve con cuidado de cualquier forma.
—Bien, suerte con el dragón. No le rompas el corazón a Hermione y termines siendo masticado.
—Acepta que tú también te preocupas por mí —dijo Harry.
Draco rodó los ojos.
La escoba que Harry usaba para los partidos de Quidditch rodeó la figura de Draco y se asentó en la mano de su dueño.
—Es momento de brillar —dijo Harry antes de explotar una de las paredes, corrió para lanzarse al vació antes de que el dragón fuera hacia el estruendo.
Draco fue detrás de Harry, se asomó y lo vio montarse en la escoba a escasos metros del suelo para acelerar hacia lo alto en segundos. Rechistó ante el espectáculo presumido de su amigo antes de salir de la habitación y correr por los pasillos que vio más dañados, apenas tomó desviaciones, siguiendo el consejo dado. Al llegar al primer piso observó la puerta volada.
"Ese tipo… tiene algo por destruir las cosas, me pregunto si se ha dado cuenta de lo agresivo que es", reflexionó Draco. Antes de salir miró a los alrededores para cerciorarse de que estaba libre de peligro. El dragón se hallaba en lo más alto, persiguiendo y lanzándole fuego a Harry.
Malfoy salió de la torre y corrió hasta la salida, uno de los domadores de dragones le abrió la puerta y la cerró al instante, Draco miró en dirección a su amigo, levantó y movió su brazo buscando hacerle una seña de que estaba fuera y de que lo único que tenía que preocuparse era de salir.
Harry lo notó al instante. Se movió en peligrosas piruetas alrededor de la torre para despistar al dragón y obtener una ventaja en cuanto a distancia. La construcción empezó a derrumbarse por la enorme cantidad de golpes que recibió.
Después de un largo tiempo logró su cometido, voló hasta la salida a la mayor velocidad posible, el dragón logró rasgar en el último segundo la parte trasera de la escoba. La persona a cargo de la puerta soltó un silbido cuando el dragón chocó contra las protecciones y Harry se lanzó y rodó por el suelo para disminuir el impacto de la caída. La escoba se estrelló metros más adelante, sin control alguno.
La multitud soltó un grito desgarrador. Harry había sido el único en salir sin una herida visible o aparatosa del campo de batalla.
Potter se quedó en el suelo, viendo el cielo azul libre de nubes. Odiaba tener que mostrar que era un individuo capaz, eso significaba esforzarse y gastar mucha energía. Lo peor de todo era que la gente desarrollaba expectativas. Le gustaba pasar por una persona inteligente pero no excesivamente talentosa en la práctica para evitar alboroto a su alrededor.
Adiós a sus días tranquilos.
—¿Estás bien? —preguntó Draco desde las alturas.
—Desearía no estarlo —respondió Harry.
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(Mimetismo)
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Tal y como lo predijo, las personas empezaron a verlo bajo una nueva luz, los alumnos de Slytherin le dieron su apoyo cada vez que se cruzaron con él y hubo desconfianza de parte de las otras casas. Harry no estaba feliz.
La gente que iba por el mundo mostrando sus cientos de talentos nunca tenía un as bajo la manga, era predecible y poco subestimada. Harry ignoró a cualquiera que quiso volverse su amigo ahora que iba en el primer lugar del estúpido Torneo. Se siguió refugiando en el armario junto a sus libros y esperando la ocasional visita de Luna Lovegood.
Luna fue un bálsamo para su ira, ella siguió comportándose extraña e incluso aumento el nivel de cosas raras que decía ahora que tenía confianza. Harry nunca la silencio o la corrigió, le gustaba oírla y pensar que, a lo mejor, lo que ella veía, era una interpretación de algún fenómeno no explicado en el mundo mágico.
De vez en cuando, Harry se llevaba sus agujas de tejer y bolas de estambre para relajarse mientras hacía ropa para Kudu y Veratrum, sus habilidades habían mejorado de manera dramática, ahora podía hacer patrones más complejos, tejer sombreros, pequeñas corbatas e incluso capas más coloridas. Luna le preguntó en una ocasión para quién eran tan encantadoras prendas.
Potter dio un salto de fe y en su siguiente reunión en el armario llevó a Vera con él. Lovegood, siguiendo su patrón de comportamiento inusual, saludó a la serpiente y se mantuvo quieta cuando Veratrum se deslizó por su pecho hasta asentarse en sus hombros. La víbora había acercado su lengua a Luna para olerla mejor y enseguida le dio un golpecito con la cabeza.
Harry podía ver la aprobación a kilómetros de Veratrum hacia Luna. Días después, cuando se anunció un baile para Navidad, Potter no tuvo que pensar mucho en su acompañante, le pidió a Lovegood que fuera con él.
Luna lució más confundida que de costumbre pero asintió ante la petición.
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(Mimetismo)
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Draco y Ron estaban de mal humor, Hermione había aceptado la invitación de Viktor Krum para el baile de navidad bajo la excusa de que quería darles más tiempo a los dos para que pusieran en orden sus pensamientos y lo que planeaban hacer una vez que descubrieran lo que querían.
Harry simplemente se burló ante del ánimo del par y siguió adelante con sus pendientes, desde planear lo que le faltaba para la última parte del ritual de Tom hasta pensar en el huevo rompecabezas. Descartó el huevo cuando se dio cuenta de que podía idear un algoritmo de resolución y siguió adelante con la situación de Tom.
En el transcurso de las primeras semanas de diciembre, los gemelos Weasley se acercaron a él para hablar de "negocios" y lo llevaron hasta un pasillo menos transitado.
—Hemos visto tu participación en el torneo —empezó Fred.
—… y creemos que puedes ganar —siguió George.
—¡Obtener el premio de mil galeones! —dijeron ambos.
Harry soltó un ruidillo de duda como respuesta.
—Desde hace años, el sueño de estos gemelos es poner una tienda de bromas —dijo George.
—… pero necesitamos un patrocinador
—… pensamos que tú puedes ser el hombre, el elegido, ¡el ser bondadoso que haga realidad nuestros anhelos!
Potter siguió moviendo su cabeza de un lado a otro para prestar atención al discurso fragmentado.
—Ronkins nos ha dicho cosas buenas de ti —comentó Fred—. Que no eres tan malo como a la gente le gusta creer, así que esperamos que consideres nuestra propuesta
—… ¡y como muestra de nuestra buena fe, te damos en ofrenda el mejor mapa jamás visto!
George sacó un trozo de pergamino en blanco, lo desdobló y se aseguró de que nadie les prestara atención. Con un movimiento de su varita pronunció de manera clara:
—Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
En el pergamino empezaron a aparecer diferentes líneas, se bifurcaron y formaron figuras ornamentadas, en la parte superior y centro se leía: "Los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta, los proveedores de ayuda mágica a los traviesos se enorgullecen en presentar el Mapa del Merodeador."
—Esta belleza es un mapa de la escuela, muestra todos los pasadizos que existen en Hogwarts y las personas que transitan por los pasillos, nos ha ayudado en múltiples ocasiones con nuestras travesuras —explicó Fred, abrió el pergamino para mostrar una réplica exacta de los terrenos de la escuela.
—… lo memorizamos hace años y decidimos que era momento de que alguien más lo utilizara. ¿Y quién mejor que nuestro futuro proveedor?
"Par de jóvenes encantadores", pensó Harry con una sonrisa. Los hermanos de Ron se habían robado todo el carisma de la familia, no existía otra explicación para que ellos fueran considerados tan agradables por toda la población de Hogwarts.
—… cuando termines de usarlo, sólo tienes que decir "travesura realizada", para que vuelva a ser un simple pergamino. —Fred le extendió el pergamino a Harry, con una sonrisa llena de expectativas.
—Ustedes, cosas adorables, nunca saben cuándo detenerse —dijo Harry. Tomó el mapa y lo guardó en su túnica—. El dinero será suyo mientras gane.
Fred y George chocaron sus palmas y soltaron un grito de felicidad. Le revolvieron el cabello a Harry y lo declararon el mejor Slytherin de la historia.
Potter los dejó ser. Al parecer, algo bueno había salido del Torneo, si resultaba campeón podría ayudarle a los gemelos a cumplir su meta en la vida. Se despidió de Fred y George y fue hacia la Cámara de los Secretos, pronto sería el solsticio de invierno y tenía que tener listo el caldero de gran tamaño con los litros de pociones en su interior.
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(Mimetismo)
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Mientras Harry mezclaba los trozos de la piedra filosofal junto a líquidos de procedencia desconocida en una enorme licuadora que parecía sacada de una tienda para hacer batidos, Tom se paseó por la Cámara, notando el suéter y gorro con motivo navideño de Kudu. El basilisco estaba acostado en un mullido cojín color rojo y tapado con una manta estampada con copos de nieve.
Riddle miró a Harry maldecir a la piedra que se negaba a hacerse un polvo soluble y luego a Kudu. Era un poco difícil concebir que la persona que se ponía a soltar una sarta de palabrotas cuando las cosas no le salían bien era la misma que trataba a un basilisco como un cachorro mimado.
Harry se veía radiante ahora que Draco y Hermione le estaban suministrando pociones para atenuar el daño en su cuerpo. Tom estaba seguro de que en el solsticio de invierno, Potter no iba a terminar muerto. No era seguro que el último paso del ritual fuera inofensivo para Harry pero no estaría tan enfermo y resistiría ante las laceraciones provocadas por la magia oscura.
—El solsticio es el veintidós de diciembre, suerte, porque el veinticuatro hay un tonto baile para que los campeones se luzcan. Me libre de las clases de baile por los pelos cuando mostré que las que tomé en la primaría por iniciativa de Hermione todavía estaban grabadas en mi cabeza.
—¿Así que eres un buen bailarín? —preguntó Tom, entretenido por la imagen de Harry en un baile formal.
—Diablos, no. Soy la persona más rígida del mundo pero por lo menos puedo guiar a una chica. Tomábamos clases de baile de salón, ¿sabes? Era un colegio privado así que todos los talleres que daban eran tan suntuosos. La única razón por la que me inscribí fue porque no quería que Hermione fuera sola; como era de esperarse, ella brilló y pronto fue la mejor de la clase. Es toda una señorita. —Harry pateó el suelo y gritó cuando vio que un trozo de piedra era necio a fracturarse.
Tom se río.
—¿Estarás bien en navidad?
—Sí, conseguí una cita más extravagante que yo, entre los dos lograremos algo —respondió Harry.
—¿Sí? —preguntó Riddle con rigidez en su tono.
—Sí, se llama Luna Lovegood, rubia de ojos azules y con ideas e historias fuera de lo común. Es una chica bonita a su manera —dijo Harry, golpeó el aire cuando el trozo terco de la piedra filosofal se partió en dos, luego en cuatro y así sucesivamente, hasta hacerse más pequeño.
Tom frunció el ceño, disgustado por la idea de alguien nuevo en la vida de Harry.
—Le mande una carta a mi padrino —continuó Potter antes de que pudiera indagar más sobre la dichosa Luna—. Le pedí que te diera asilo mientras decides qué hacer con tu vida.
—¿El fugitivo? —preguntó Riddle.
—Ése. Me ha dicho que posee una casa en Londres muggle que ha pasado de generación en generación en la familia Black y que tiene las mejores protecciones debido a que sus parientes eran paranoicos. Ni siquiera aparece en los registros oficiales del estado. —Harry aumentó la velocidad de la licuadora—. No quería que Sirius volviera a Reino Unido tan pronto pero dijo que no había problema si se mantenía en la casa la mayor parte del tiempo y salía en su forma de animago cuando se aburriera. Quiere regresar para recibirte y descansar un poco de su recorrido por el mundo, hasta donde sé, se quedó en Belice.
—¿Por qué sugeriste que fuera a Sudamérica?
—Por el buen clima, allá es verano —respondió Harry con una sonrisa.
Tom pensó en la opción que le daba Potter. Era una ayuda ofrecida en bandeja de plata, evitaría que vagabundeara o que tuviera que visitar las abandonas propiedades de los Riddle y los Gaunt en busca de refugio.
—¿Él sabe quién soy, mejor dicho, quién es mi contraparte vieja?
—No. —Harry no parecía ni un poco arrepentido—. Puedes decírselo tú si quieres. Yo te recomendaría que primero fraternices con él y luego le digas la dramática verdad.
Tom hizo una mueca. Su orgullo le decía que no aceptara pero la lógica le decía que necesitaba de unos meses tranquilos para ordenar su vida. Además, Harry nunca le había fallado, confiaría en el chico, manteniendo sus reservas.
—Bien, conoceré a tu segundo padre —dijo Riddle al cabo de un rato—. Haré mi mejor esfuerzo para que me acepte y sepa que soy serio.
Harry le dedicó una expresión de burla por la forma tan suntuosa de aceptar la ayuda y la broma en sus palabras. Siguió con sus preparaciones y vació las cantidades absurdas de poción en el gigantesco caldero que estaba cerca de la crisálida. El capullo lucía más humano, como la réplica de un cuerpo humano hecho de cera.
—Lo que digas, Tommy. —Harry revolvió la poción.
Tom puso una expresión de complacencia.
—¿Cómo vas con el huevo?
Potter pensó en el rompecabezas y entrecerró los ojos, su mirada siguió fija en la poción, esperando a que tomara el color indicado en los libros.
—Bien, desde que lo vi supe que seguía un patrón similar al de los cubos rugbi, por lo tanto se puede resolver al desarrollar un algoritmo, sólo necesito encontrar los vértices. Me divertiré en año nuevo con eso, ahora que me dejaras me sentiré abandonado y necesito distraerme.
Riddle no logró descubrir si Harry hablaba enserio o estaba riéndose de él como siempre. Hubo euforia en la conclusión de que fuera importante para el niño al que le hizo imposible la vida y lo molesto más de lo debido.
—¿Y los otros campeones?
—No sé, no he hablado con ellos pero, ¿adivina qué? Cedric Diggory tiene un club de fans, hace un mes me regalaron una foto de él —dijo Harry.
—Tírala, tiene pulgas —comentó Tom, se cruzó de brazos y miró sin diversión a Potter.
—No seas dramático, es inofensiva y está muy bien lograda. Cedric brilla con la intensidad de mil luces, la primera vez que lo vi pensé que se parecía mucho a ti, ambos son súper guapos e inteligentes, la diferencia es que Diggory sí es una buena persona. Es todo lo que fingiste ser antes de mostrar tu personalidad fea —dijo Harry.
Se formaron arrugas en el entrecejo de Tom por el disgusto.
—No te enfurruñes, sigues siendo mi favorito —comentó Harry cuando vio la expresión de Riddle—. A ti te amo más. Siempre te querré más.
—Jódete —respondió Tom con una sonrisa de lado. Empezó a desaparecer, dándose cuenta de que era absurdo pelear por una foto y que era mejor regresar a su diario. Le dio un asentimiento de cabeza a Harry antes de irse por completo.
Potter exhaló. Siguió vigilando la poción antes de abandonarla, de ahora en adelante, sólo tenía que esperar y mantener el líquido hirviendo durante tres días antes de que llegara a la espesura deseada.
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(Mimetismo)
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El día del solsticio de invierno, Harry llegó a la Cámara de los Secretos en la madrugada, se despidió de Ron y Draco con la petición de que estuvieran listos con las pociones para que pudiera tomarlas de inmediato al regresar a la sala común.
Saludó al navideño Kudu y fue hacia el caldero, verificando el color y la consistencia de su preparación. La crisálida estaba en su punto máximo, parecía lista para explotar en cualquier momento. Regresó hasta donde estaba el basilisco para encargarle la muda de ropa que había traído para Tom. Su estómago le dolió por los nerviosos, estaba deseoso de que todo saliera bien, le gustaba estar vivo y la idea de que Riddle fuera independiente. Lo único que esperaba era no desatar un pandemónium.
Sacó su varita para levitar la crisálida y echarla al caldero que todavía bullía con las diferentes pociones y la disolución de la piedra filosofal. Vio como salían luces del recipiente y se hizo para atrás por inercia, se volvió a acercar para aventar el diario de Tom, saltaron más chispas pero menos violentas. Apagó el fuego y tomó un respiro antes de mover su varita y empezar con el ritual.
—"(…) Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento. Ven, oh amado mío, salgamos al campo. Moremos en las aldeas. Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si están en cierne… Si han florecido los granados; allí te daré mis amores." —Harry se quedó sin aire por unos momentos, hubo un dolor en su garganta y oídos, como si alguien estuviera presionando su cabeza y cuello al mismo tiempo.
Resistió al malestar, prosiguió con los movimientos de varita y los hechizos a recitar. Mientras más se acercaba al final, más le pesaba el cuerpo y le dolía la espalda, la opresión se volvió insoportable y los ojos empezaron a llorarle. Harry saboreó su sangre en su boca cuando una ráfaga de energía particularmente fuerte lo golpeó en su pecho.
Le ardía el esófago, sólo quería detenerse, dejar de murmurar los encantamientos y esperar que lo que hizo hasta ese momento funcionara. Hizo una pausa ante un desordenado ataque de tos; curvó su espalda y hombros para reducir la pesadez, sus oídos zumbaban y se sentían húmedos.
En el instante que terminó cayó sobre sus rodillas y luego sobre su pecho, su cara golpeó contra el suelo, respiró con problemas y un lloriqueó salió de su boca. Le dolía todo, quería dormir y no volver a levantarse.
—Has hecho un buen trabajo, cariño mío —dijo una voz melodiosa que Harry conocía bien—. Por eso buscaré monopolizarte cada día de mi vida.
Potter luchó por reincorporarse pero sus extremidades no le respondieron. Escuchó un chapoteó y enseguida el ruido de las pisadas mojadas. Harry quería decirle a Tom que su ropa estaba con Kudu pero tenía un nudo en la garganta. Volvió a toser con fuerza, la cabeza le punzó y decidió quedarse en su lugar.
—Camisa y pantalones negros, me gustan. —Tom se vistió con calma, luego fue hasta donde estaba Harry, se sentó en el piso y arrastró al otro hasta su regazo. Le dio media vuelta para que quedaran frente a frente.
Harry contempló el cabello húmedo de Riddle, se pegaba contra su rostro y seguía escurriendo. Los ojos de Tom eran grises. Harry sonrió ante el descubrimiento. Se removió y se quejó ante el repentino dolor de su esófago y pecho.
Tom peinó los mechones rebeldes de Harry, vio las lágrimas en sus ojos, hacían más brillantes el par de esmeraldas que presumía. De su boca y oídos escurría sangre. Se inclinó sobre la figura más pequeña y besó las comisuras de los labios de su querido niño. Luego tomó un pedazo de la mejilla derecha ajena entre sus dientes, Potter se movió cuando pudo para evitar que lo siguieran mordiendo.
Cuando Tom lo soltó, Harry tenía una marca de dientes en su cachete, hizo una enorme mueca, enojado por el daño. Tom le sonrió y lo siguió contemplando.
—Nuestro trato ha terminado —empezó Riddle—, pero no te libras de mí.
Tom dejó que su frente descansara contra la de Harry y pensó en lo gracioso que era que la persona destinada a ser su mayor enemigo fuera la misma que se iba a quedar siempre a su lado sin necesidad de rogar. Potter jamás se iba a reír de sus pecados.
Riddle iba a grabar el olor de Harry en su memoria, no podía identificar con exactitud qué aroma desprendía Potter pero le quedaba bien.
—Me duele —dijo Harry al cabo de un rato.
—Sólo un poco más —respondió Tom y apretó su agarré en Potter. Todo le daba vueltas y se sentía eufórico. Estaba obsesionado.
