CAPÍTULO 25
En la soledad de aquella iglesia, Seneca apoyó las manos sobre el mármol del altar, hundiendo sus dedos en el fino tejido inmaculado que lo cubría y tensando sus brazos al sostener el peso de su cuerpo. Enredó la tela en sus puños, apretando con fuerza, sus nudillos casi blancos de la tensión. Había creído tenerlo todo bajo su control; sabía de las intenciones de Peeta de dejar aquellas tierras despejando así de su panorama cualquier impedimento para esa boda, incluso creyó en la predisposición de Katniss, aleccionada por él y su chantaje, de acuerdo, pero a sabiendas de que no pondría jamás la vida de su propio hermano en peligro. Katniss se hubiera casado con él, la habría conseguido, había estado a un paso, hasta que ese maldito había decidido interrumpir la ceremonia... con gusto lo habría matado. Y Katniss no había dudado ni un instante en irse con él. Lo pagaría, ambos lo pagarían. Esa osadía le costaría la vida a Marvel y en la conciencia de ambos quedaría y, por lo poco que conocía de sus espíritus, ninguno de los dos viviría tranquilo con aquella culpabilidad en su alma. Aunque no lo satisfacía del todo, al menos eso les impediría ser felices, convirtiéndose en una postrera venganza.
-Capitán -escuchó la voz de Clove tras él.
-Deseo estar solo -respondió con voz dura sin ni siquiera moverse.
-Entiendo vuestra rabia...
-Vos no entendéis nada -ahora sí giró su rostro para mirarla, con las facciones endurecidas y los ojos llenos de rabia.
-Esa estúpida -trató de congraciarse con él.
-¿Y vos estáis sorda? -volteó de nuevo la vista hacia el altar. -¡Quiero que os marchéis! -bramó tirando con fuerza de aquel tejido que cubría la piedra, lanzando todos los útiles para la infructífera ceremonia al suelo, resonando como un estruendo en las paredes de la iglesia.
Luego dio un paso hacia Clove quien, atemorizada, trataba de no parecerlo, alzando su barbilla y sosteniendo con gran esfuerzo su fulminante mirada.
-Decidle a vuestro marido que se prepare -reverberó la voz de Seneca como lacerante eco.
No le hizo falta nada más para comprender. Sin atreverse siquiera a pestañear, Clove giró sobre sus pasos para salir de la iglesia, siguiéndola Seneca con tensa lentitud. Salía del edificio cuando Finnick fue a su encuentro.
-Capitán...
-No ha muerto nadie -lo atajó con dureza, -así que no necesito condolencias.
Finnick asintió bajando su rostro, simulando su alivio, liberado de la obligación de confortarlo sin deseo alguno de hacerlo.
-Dispone a los hombres. Vamos al Palacio Everdeen -le ordenó Seneca con la mirada pérdida hacia el frente, hacia la carroza de Clove que se perdía en el camino.
Cuando Marvel, desde el ventanal de la biblioteca, la vio aparecer por la entrada de la finca sintió un escalofrío. Dio un tirón a la cadena de su reloj sacándolo del bolsillo de su casaca para comprobar la hora; era demasiado pronto. Había decidido permanecer allí durante toda aquella jornada festiva, no queriendo ser partícipe en ningún momento de aquella celebración, pero que no se viera ni rastro de ningún invitado le llamaba la atención. Sólo habían vuelto los trabajadores de la finca y de eso ya hacía un buen rato. Algo estaba sucediendo por lo que se dirigió hacia el salón para acudir al encuentro de Clove.
-¡Que saquen todo lo que estaba preparado para este matrimonio! -le escuchaba gritarle a Octavia. -No quiero ver nada.
-¿Pero qué ha pasado? -preguntó el joven entrando en la estancia. -¿Dónde está Katniss?
-¿Por dónde quieres que comience? -inquirió ella mordaz.
Marvel la miró lleno de impaciencia.
-Presumo que tu queridísima hermana está en estos instantes en el Palacio Mellark, después de que se la llevara su gran amor -comenzó a explicarle, llenas sus palabras de desprecio.
-¿De qué hablas? -preguntó Marvel exasperado.
-Es que es increíble -negaba ella con la cabeza. -Peeta irrumpió en la iglesia llevándose a Katniss con él -espetó con rabia, -en plena ceremonia, frente al propio Capitán James.
-¡Alabado sea Dios! -exclamó Marvel de repente, alzando exageradamente sus brazos hacia el cielo.
-¡Marvel, por favor! -se indignó Clove.
-Contra todo y contra todos, como tiene que ser -continuó Marvel, ignorándola, apretando los puños con gesto triunfal. -¡Y yo que no he querido asistir a la iglesia me he perdido el mejor espectáculo de toda mi vida! -se lamentó.
-¿Te has vuelto loco? -le reprendió ella. -Seneca viene hacia aquí para arrestarte. Cuando termines esta escena patética ten la cortesía de explicarme qué vas a hacer para impedirlo, porque está furioso...
-Que Seneca haga lo que crea oportuno -la encaró con firmeza. -Lo importante es que Katniss sea feliz. Eso es todo lo que importa.
-¿Y tu esposa? -se dio por ofendida.
-Clove, puedo luchar contra un hombre noble, de hombre a hombre, pero no puedo evitar la venganza de un criminal con el poder de Seneca -se defendió él.
-¿Y qué vas a hacer? -preguntó llena de impotencia.
-Aceptaré lo que él decida -se encogió él de hombros.
-Te estás destruyendo por el capricho de una muchachita y, de paso, me estás sacrificando a mí -le reprochó casi al borde de las lágrimas, ya no de pesar, si no de cólera. Por culpa de aquella estúpida todo se le estaba escurriendo de las manos, como fina arena entre los dedos.
-Yo no estoy sacrificando nada ni a nadie, Clove -tensó Marvel su mandíbula. -Me estoy comportando como un hermano, como un hombre.
-Hombres como tú me asustan -ironizó ella. -No sabéis hacer otra cosa que no sea hablar del "honor" y del "deber" -lo miró con desdén. -¿Y el respeto hacia una esposa?
-Tienes razón -habló con su mismo sarcasmo. -Los hombres como yo conocen pocas palabras, y muchas veces se equivocan. Sin embargo, cuando finalmente entienden, nada puede detenerlos, nada.
-Conde -la suave voz de Annie los interrumpió. -Un regimiento francés se acerca a la entrada -le informó con gesto compungido, sabiendo lo que eso significaba.
-Tranquila -caminó hacia ella y tomó su mejilla. -Todo saldrá bien.
La joven asintió, tratando de serenarse.
-Vamos -le susurró.
-¿A dónde? -inquirió Clove a sus espaldas.
-Me crees más cobarde de lo que yo pensaba -le sonrió con amargura.
Con la frente erguida caminó hacia la salida, escuchando los pasos de las dos mujeres tras él. Decir que no tenía miedo hubiera sido mentir, sabía que su vida estaba a merced de Seneca. Si lo fuera a someter a un juicio justo podría tener alguna posibilidad, pero Seneca se creía en posesión de la justicia y la ley, y, con toda seguridad, las aplicaría a su antojo. Vincent y su triste final acudieron a su memoria de forma inevitable, aunque, no sólo el recorrido de aquel filo hacia su cuerpo que sesgó su vida, sino el espíritu de lucha que sobrevivió en él hasta el último segundo de su aliento. Eso era lo que debía perdurar sobre todo lo demás, el hecho de luchar por lo que era justo era lo más importante, y no dejarse avasallar por un déspota como Seneca era un buen motivo. Además, por qué no, se sentía orgulloso de sí mismo. Estaba cumpliendo con la promesa que le hiciera a Portia de proteger a Katniss y parecía haberlo conseguido. Sólo lamentaba no ser libre el tiempo suficiente para ver a Glimmer y besarla por última vez.
Alcanzó la escalinata de salida cuando, al pie de ella vio el regimiento al que había hecho referencia Annie, liderado por Seneca y Finnick. Con mirada impávida, descendió hasta ellos.
-Veo que ya estáis preparado -rió el Capitán desmontando de su caballo. -Y pensar que a vuestra hermana le ha faltado tan poco para salvaros de la guillotina -se mofó caminando hasta él.
-¿Poco? -le sonrió Marvel lleno de seguridad. -Tal vez yo he amado mucho más a mi hermana de que lo que decíais amarla vos.
Seneca lo miró de pies a cabeza, tratando de no responder a su provocación. Simplemente, le hizo un gesto lleno de satisfacción a una brigada para que le pusiera las esposas. Sin embargo, Marvel le ofreció sus muñecas por cuenta propia, provocándolo aún más.
-Condesa -quiso dirigir su ira a Clove, quien lo observaba detrás de Marvel. -¿No le dais el beso de despedida a vuestro esposo?
Marvel rió quedamente y, sin esperar una respuesta que jamás llegaría, comenzó a caminar hacia una brigada que esperaba por él con las riendas de un caballo.
-¡Deteneos, Seneca! -la voz de Peeta sobresaltó a todos los presentes. En ese instante llegaba al galope, acompañado de Katniss.
-¿Vos también queréis brindarle el último saludo al Conde Marvel? -lo ignoró Seneca.
-Liberadlo inmediatamente -exigió mientras desmontaba. -Dijo la verdad cuando aseguró haber matado a mi madre para salvar a su hermana. Eso, según tengo entendido, se llama legítima defensa y yo estoy dispuesto a testimoniar a su favor en cualquier tribunal.
Una desagradable risotada escapó de la garganta de Seneca.
-Sí, claro -lo miró con desprecio, recordando su reciente afrenta. -Ahora qué queréis entrar en la familia, no recordáis la justicia que me pedisteis por la infame muerte de vuestra madre.
-No tengo tiempo para vuestra vulgaridad -lo miró Peeta con altivez. -Esta carta está escrita por mi madre -agregó sacando la misiva del interior de su casaca. -Es una confesión de su puño y letra; quería matar a Katniss-aclaró ante la mirada atónita de Seneca, quien la desplegaba.
Conforme la vista de Seneca se paseaba por aquellas líneas, sus facciones se iban crispando.
-Como veis está manuscrita y firmada por ella misma -se regocijó Peeta con sonrisa torcida. -Hay documentos en mi palacio con los que podréis cotejar su escritura si aún no estáis satisfecho. Aunque, tal vez lo que os falte sea el coraje para aceptarlo.
Seneca le lanzó una mirada iracunda, devolviéndole el pliego de forma desdeñosa.
-Aquí culmina vuestro chantaje, Capitán -sentenció con gran seguridad Katniss, acercándose a su hermano.
Seneca temblaba de la ira y la impotencia. Nada podía hacer ante aquello. Era consciente de que se había excedido en su trato hacia Marvel tratándose de un noble como era pero no le había preocupado, habiéndose podido excusar alegando la necesidad de profundizar en la investigación por falta de pruebas en caso de alguna llamada de atención por parte de sus superiores, pero con aquella carta...
-Suéltalo -siseó mirando a Finnick, quien obedeció de inmediato, tratando de reprimir una sonrisa que luchaba por escapar de sus labios.
Incapaz de soportar su cólera, y sin esperar que el Teniente concluyera su orden, Seneca montó en su caballo y salió al galope, seguido de sus soldados.
-Enhorabuena, Conde -murmuró Finnick.
Marvel palmeó su hombro, agradeciendo su sinceridad.
-Creo que vos y yo debemos hablar -se dirigió entonces a Peeta, indicándole con un gesto que lo acompañase al interior del palacio. -Adiós, Teniente -se despidió de Finnick, quien, a su vez, inclinaba su cabeza.
Estaba ya el joven a punto de montar cuando Annie se acercó a él con rapidez. Con cierta cautela, la joven miró a su alrededor asegurándose de que todos habían entrado y de que no había nadie más cerca, tras lo que se alzó sobre sus puntillas y depositó un rápido beso en labios de Finnick, haciéndolo sonreír.
-Te espero en el bosque -le susurró él con complicidad.
-Está bien -accedió ella con una gran sonrisa, -pero deja que primero me asegure de que no necesitan nada. Effie aún no ha regresado.
Finnick asintió y, a continuación, montó mientras Annie volvía a la escalinata para subirla casi a la carrera. Se dirigió al salón y, al entrar, encontró en mitad de la estancia a Marvel, Katniss y Peeta, todos a excepción de Victoria que se había sentado en un butacón un tanto alejada de la escena, observándola con tediosa desgana.
-Annie, que traigan el mejor licor -le pidió Marvel. -La ocasión lo amerita, ¿verdad? -se dirigió ahora a Peeta. -De sobra está decir que habéis salvado mi vida y la de mi hermana.
-La fortuna ha hecho que encontremos la carta de mi madre a tiempo -quiso Peeta restarse méritos.
-Pero de igual modo habrías declarado a favor de mi hermano -lo secundó Katniss.
-Os lo agradezco profundamente -insistió Marvel.
-Sólo he hecho lo que creía justo -bajó Peeta su mirada, avergonzado. -Yo os debo una disculpa aunque sé que no bastará para resarcir el daño que he hecho, o el que hizo en su día mi madre.
-En cuanto a vuestras faltas -posó Marvel su mano sobre su hombro en un gesto conciliador, -habéis hecho más que suficiente para compensarlas y, en cuanto a las de vuestra madre, no son vuestras para que tengáis que pagar por ellas.
-Mi madre... -murmuró Peeta con la mirada borrosa. -Yo la amé muchísimo, pero creo que, a veces, el amor no es suficiente para perdonar.
-Yo, en cambio, opino que sí -intervino Katniss, acercándose a él. -El amor es necesario precisamente para eso.
Peeta la estrechó entre sus brazos, lleno de alivio. Katniss le estaba entregando ese perdón, el que le liberaría de toda esa culpa, permitiéndole ser feliz, a su lado. Inclinó su cabeza para besar su frente pero los hizo separarse el carraspeo de Marvel quien sonreía divertido al ver el rubor de su hermana y el apuro de Peeta. Entonces, éste, soltó a la joven atusando su casaca y se acercó un paso a Marvel, con las facciones llenas de seriedad.
-Conde -pronunció casi con solemnidad, -deseo pediros la mano de vuestra hermana en matrimonio.
-Y yo deseo que dejes de tratarme con tanto protocolo -respondió Marvel con desenfado, para sorpresa de todos. -¿O vas a esperar al día que te cases con mi hermana para dejar de hacerlo?
Katniss, sin poder ocultar su felicidad, corrió hacia los brazos de su hermano, quien la abrazó con fuerza.
-Gracias, Marvel -sonrió Peeta lleno de alegría.
-Siento haber tardado tanto en comprender que la felicidad de mi hermana eres tú -se separó de ella, cogiendo su mano para ofrecérsela a Peeta y tomándola él. -Eso mismo es lo que he tratado de hacerte entender a ti con mi comportamiento de estos días -miró a su hermana.
-Lo sé -asintió comprensiva.
-¿Sabes lo que más lamento? -suspiró con pesar dirigiéndose a Peeta ahora. -No haber estado en la iglesia para ver cómo te la llevabas frente a las narices de Seneca -sentenció divertido, haciendo que todos rieran, todos menos Clove, que chasqueó la lengua con hastío. Incapaz de soportar aquella indigesta escena ni un segundo más se incorporó.
-Felicidades a ambos -les deseó desde la lejanía, esbozando una falsa sonrisa. -Si me disculpáis, me retiro. Demasiadas emociones para un solo día.
Sin esperar respuesta por parte de nadie, Clove salió de la estancia.
-Permitidme un segundo -les pidió Marvel para ir tras ella.
-Clove -la detuvo él en mitad del corredor. -No pareces contenta de que todo se esté solucionando.
-¿A eso lo llamas tú solucionarse? -apuntó ella con desdén.
-Seneca ya no puede detenerme, tanto como te preocupaba -aseveró. -¿O es que no era eso lo que te preocupaba en realidad? -sugirió mordaz. -¿Por qué querías que Katniss se casará con Seneca?
-¿Qué insinúas? -se hizo la ofendida. -Temía por ti.
-No lo dudo -se encogió de hombros él. -Sin embargo, sigues sin estar satisfecha. Se perdieron tus expectativas de emparentar con un, según tú, prometedor oficial francés ¿no?
-Ese oficial al que tanto desprecias tiene el poder en estas tierras -le recordó ella. -Y la afrenta de ese par puede costarnos muy caro.
-¿A quién? -cuestionó con sorna. -¿A ti?
-Voy a casa de mis padres -dio ella el tema por zanjado. -Seguro que allí hallaré el sentido común que a ti te falta.
-Que te vaya bien -respondió con indiferencia, dejándola marchar.
Retornó sobre sus pasos y volvió al salón, encontrándose a Peeta y Katniss fundidos en un apasionado beso que interrumpieron al escuchar sus pasos.
-Perdón -alzó Marvel sus manos excusándose, sonriendo la pareja, azorados ambos. -Y perdonadla también a ella.
-No tienes por qué excusarte, no esperaba menos de ella -negó Katniss. -Marvel, no puedes seguir así -se acercó a él. -Ya es tiempo de que dejes de pensar en mi felicidad y luches por la tuya.
Marvel le lanzó una mirada de cautela a su hermana.
- Peeta sabe de tu amor por Glimmer -le aclaró ella.
-Y no te juzgo -se apresuró a tranquilizarlo él. -Al contrario, opino lo mismo que tu hermana.
-Gracias a los dos -suspiró Marvel con alivio. -Aunque debéis reconocer que la situación es complicada.
-No más de lo que lo era la nuestra -apuntó Peeta. -Yo casi pierdo a Katniss por no luchar, no hagas tú lo mismo.
-Señor Conde -sonó con timidez la voz de Octavia en la puerta.
-Pasa -le indicó Marvel.
-La Marquesa Glimmer pregunta por vos -le informó. -Os espera en la biblioteca.
-Gracias, Octavia. Enseguida voy.
-Desde luego, ella está dispuesta a hacerlo -le sonrió Katniss con complicidad. -No la hagas esperar.
Marvel sonrió ampliamente y tomó las manos de su hermana para besarlas.
- Peeta, quedas en tu casa -se disculpó aún sonriente, saliendo a toda prisa de salón.
Katniss lo observó hacerlo, quedando su mirada absorta en la puerta tras verlo marcharse.
-¿Qué te preocupa? -se le acercó Peeta por detrás, abrazándola.
-Que todo es demasiado bueno para ser verdad -musitó ella, angustiada.
-Te conformas con poco -la hizo girarse para mirarla de frente. -Nuestra felicidad acaba de comenzar -le susurró con suavidad, sintiéndose ella enrojecer.
Katniss se mordió el labio, bajando su rostro mientras Peeta acariciaba su mejilla.
-Extrañaba tu delicioso sonrojo.
-No te burles -le reprochó mortificada.
-Mi Katniss -rió él levemente llevándola hacia su pecho. -Lamento mucho todo el tiempo que hemos estado separados -agregó ahora con pesar. -Pero juro que no volveré a alejarme de ti. Ahora que cuento con el consentimiento de Marvel, quiero que nos casemos cuanto antes.
Peeta habría esperado una respuesta, algún comentario por parte de Katniss. Sin embargo, permaneció en silencio, aunque aferrando sus manos a su casaca, acercándose más a él, intensificando su abrazo.
-Katniss...
-Abrázame con fuerza -la oyó pedirle, obedeciendo él.
-¿Qué sucede? -se apartó un poco de ella, preocupado.
-Es que aún no puedo creer que estás aquí -le confesó.
-Yo haré que te convenzas -murmuró antes de inclinarse sobre ella y volverla a besar.
Katniss se dejó enfundar por aquellos brazos y esa boca que le hacía mil y una promesas. Durante un único segundo más pensó en Seneca, en su hermano y en todo lo que había sucedido, perdiéndose finalmente en la bruma de los besos de Peeta, en el tacto de sus dedos que tanto había extrañado, en su sabor del que jamás se saciaría. En ese instante, la felicidad acariciaba sus labios, sin importar nada más.
-§-
Glimmer apenas podía creer lo que Octavia le había contado Sin apenas duda había creído que la humillación causada a Seneca frente a todos tendría nefastas consecuencias. Por eso se alegró de que su marido hubiera propuesto, dado que no habría celebración, retornar a Turín, al Palacio Di monte, a continuar con el retrato de Rue; ella aprovecharía para ir a la finca y saber qué había ocurrido. Rue no sabía el favor que le había hecho al insistir en que su prometido estuviera presente mientras ella posaba, ya que Thresh también tenía la intención de visitar a su amigo. De ese modo, Glimmer pudo acudir sola con la esperanza de ver a Marvel aunque fuera sólo un momento. Sin embargo, no contaba con que las cosas se hubieran dado de tal modo.
Fue al ver a Marvel entrar sonriente en la biblioteca cuando pudo asimilar que era verdad.
-Alguien podría vernos -le llamó ella la atención viendo sus intenciones de besarla.
Marvel hizo caso omiso a sus quejas y la besó con pasión, con todo su ser.
-Ven -tomó Marvel su mano.
-¿A dónde? -le cuestionó ella.
-A mi recámara -susurró en su oído mientras alcanzaban el corredor. -Tranquila, Clove ha ido a casa de sus padres.
-Qué casualidad, mi marido también está allí -apuntó ella divertida.
-Mejor, ojalá se entretengan mutuamente y tarden en regresar a casa -sentenció cerrando la puerta de su habitación, apoyando en ella la espalda de Glimmer y aprisionando su cuerpo contra el suyo.
-¿Qué haces? -rió Glimmer ante su impulsividad.
-Hacerte el amor -repuso, hundiendo sus labios en la piel de su cuello. -¿Tan mal lo hago que lo pones en duda? -bromeó.
-Si serás tonto -trató de apartarse de él aun riendo. -Tenemos que hablar.
-Resulta que Peeta -comenzó a explicarle mientras su boca descendía hacia sus hombros, -encontró una carta en donde su madre le confesaba...
-Eso ya me lo contó Octavia -lo interrumpió intentando no sucumbir a sus caricias. -Es de otra cosa de la que necesitamos hablar -añadió con forzosa seriedad.
-¿Qué pasa? -se apartó Marvel preocupado. -¿Acaso Gloss te ha...?
-No -negó ella con rapidez. -Gloss está inmerso en su trabajo, transcurre su tiempo en casa de tus suegros retratando a Rue o encerrado en el estudio, retocando el lienzo. No ha vuelto a tocarme desde... -vaciló, -desde aquella vez.
-Es que como lo haga, lo mato -tomó sus mejillas.
-Tranquilo -lo disuadió ella. -De hecho, hace mucho que dejó de buscarme.
-¿Te refieres a vuestra vida marital? -preguntó con recelo.
Glimmer asintió.
-Bueno -atusó Marvel sus cabellos, -yo cumplí en mi noche de bodas, pero desde entonces Clove y yo dormimos en cuartos separados, no he vuelto a tener nada con ella.
-Yo no he estado con Gloss incluso desde antes de llegar aquí -hizo ella hincapié.
Marvel resopló disgustado.
-Entiéndeme, Glimmer. Te creí pérdida -trató de excusarse. -Sé que fui un estúpido al creer que podía ser feliz al lado de otra mujer pero no puedes acusarme por ello.
-Es que no te estoy acusando -respondió ella con rotundidad.
-Entonces, te juro que no te entiendo -se cruzó él de brazos. -¿O es que crees que yo te acusaría a ti? -se extrañó él. -No puedo culparte por las veces que te acostaste con tu marido en el pasado, lo que me preocupa es que lo hagas ahora. Y, aunque me hago cargo de que te puede resultar difícil negarte a cumplir con tus deberes de esposa, no quisiera que te entregaras a él.
-Y yo te repito que no lo he hecho -negó ella casi con desesperación.
-Glimmer -se alarmó él con su reacción. -No te estoy pidiendo explicaciones.
-Pero yo quiero dártelas.
-¿Por qué? -seguía sin comprender. -¿A qué viene esto?
-A que no quiero que tengas dudas -exclamó angustiada.
-Glimmer, mírame -le pidió con voz calma tomando sus mejillas. -¿Dudas sobre qué?
Glimmer tomó aire un par de veces en busca de sosiego antes de responder.
-Sobre quién es el padre de mi hijo.
Marvel la soltó alejándose un paso de ella, estudiándola.
-¿Estás embarazada? -preguntó con seriedad.
-Sé que esto cambia las cosas...
-Y tanto que las cambia -la atajó. -Acabo de convertirme en el hombre más feliz de este mundo -agregó con una gran sonrisa resplandeciente dibujada en su rostro.
-¿Hablas en serio? -demandó ella, emocionada.
Marvel la rodeó con sus brazos, estrechándola con fuerza, tanta que hasta la hizo elevarse del suelo.
-¿Es que podías pensar otra cosa? -le cuestionó él con la voz quebrada. -Jamás creí poder sentir una dicha así.
Glimmer buscó sus ojos para comprobar que las lágrimas escapaban de ellos.
-Marvel... -susurró enjugando la humedad de su rostro.
-Te amo, Glimmer, y amo a nuestro hijo -le reiteró. -Y ahora más que nunca debemos luchar por ser libres y así poder estar juntos.
-Sí, pero ¿cómo?
-Me voy a divorciar -sentenció Marvel. -En Francia está permitido y estamos bajo dominio francés.
-Ya lo sé -asintió ella. Muchas veces lo había pensado y siempre había desechado la idea. Una mujer divorciada y sola, eso significaba tener que soportar todo el peso de la sociedad sobre ella, aunque ahora...
-Estarás bajo mi protección hasta que podamos casarnos -pareció leer Marvel sus pensamientos.
-Lo sé -suspiró resignada. -Sólo que dudo que Gloss me devuelva mi libertad sabiendo que es para unirme a ti.
-Él no es tu dueño para disponer de tu vida y no necesito su permiso para amarte -se tensaron sus facciones. -Me gustaría que vivieras conmigo siendo mi esposa pero, en caso de que no fuera posible, no pienso renunciar a ti sólo por eso.
-¿Estás seguro? -vaciló ella.
-¿A ti te importa el qué dirán? -preguntó ante su inseguridad.
-Sólo me importa lo que digas tú - sacudió ella la cabeza.
-Bien -concordó él mientras una sonrisa pícara comenzaba a asomar en sus labios. -Pues entonces digo que no hay nada más de lo que hablar -alegó con tono sugerente. -Al menos, en este momento.
-Marvel...
La silenció posando un dedo sobre sus labios y que hizo deslizar por su barbilla, delineando la curva de su cuello hasta su escote y jugueteando con la puntilla que cubría la parte superior de sus pechos, oscilantes por su marcada respiración.
-No sabes la falta que me has hecho -susurró Marvel con voz grave en oído, mientras sus dedos comenzaban a desatar el cordel de su corpiño con gran maestría.
-Claro que lo sé -musitó ella antes de buscar su boca y entregársele toda.
-§-
-Nunca me cansaré de elogiar tu cocina -saboreó Haymitch la última cucharada de su plato.
-Pues el cocinero de la difunta Marquesa no estaba muy seguro de dejarme invadir su territorio -le contó Effie.
-Cuando lo pruebe se convencerá de que ha hecho bien en permitírtelo.
-Gracias -aceptó su cumplido.
-Aunque, tú no pareces satisfecha con el resultado -supuso él. -Casi no has tocado el plato.
-Estos días estoy con el estómago un poco revuelto -admitió.
-¿Estás bien? -se preocupó él.
-Sí, no es nada -lo disuadió. -Serán los nervios con todo lo sucedido.
Haymitch separó su silla un poco de la mesa y le pidió a Effie con un gesto que se sentara en su regazo.
-Aun así, no estaría de más que te revisara -quiso asegurarse. -Daría muy mal ejemplo como médico si se enfermase mi mujer -bromeó.
-Tu mujer -repitió ella mientras rodeaba el cuello de Haymitch con sus brazos.
-Effie, -hizo una pausa sin saber si escogía las palabras apropiadas, -voy a comprar una casa en el pueblo.
-¿De verdad? -lo miró entusiasmada. -Pero...
-Al vivir todos estos años al lado de Enobaria me despreocupé del hecho de tener mi propia casa pero creo que ha llegado el momento de hacerlo. Tengo algo de dinero ahorrado...
Los labios de Effie silenciaron su discurso. Haymitch aferró sus manos a su cintura, disfrutando de su inesperada caricia.
-¿Quiere decir eso que vendrás a vivir conmigo? -susurró él.
-¿Me lo estás pidiendo? -tanteó ella.
-Bueno... -titubeó. -Discúlpame, tal vez lo estoy haciendo en el orden inverso a como a ti te gustaría -alegó mortificado. -Mi amor por ti está muy por encima de las formalidades pero nos casaremos antes si es lo que quieres.
De repente, Effie comenzó a reír nerviosamente mientras las lágrimas rodaban incesantes por sus mejillas.
-No sé si debería preocuparme -dijo Haymitch en vista de su reacción. -¿Eso es un sí?
Effie asintió sin poder reprimir su nerviosismo.
-Pero ¿un sí a qué? -se quiso asegurar él.
-¡A todo! -respondió ella abrazándose a él. -Irnos a vivir juntos, casarnos... me da igual con tal de estar contigo.
Haymitch tomó su rostro buscando sus labios. Aquella respuesta lo llenaba de dicha y no encontraba modo mejor para demostrárselo. La besó con insistencia queriendo transmitirle los miles de sentimientos inexplicables que lo invadían en ese momento.
-No sabes cuánto ansío ese momento, cuando por fin compartamos nuestras vidas -musitó él sobre sus labios.
-Yo también -sonrió ella. -Aunque, ahora que la Marquesa murió, ¿qué vas a hacer?
-No creo que esté de más que haya un médico en el pueblo -le respondió. -Antes de convertirme en el médico personal de Enobaria, mis pacientes eran personas humildes, sencillas y, te aseguro que era muy gratificante. Además, tampoco necesitamos grandes lujos para vivir ¿no?
-Claro que no -negó ella. -Y ten en cuenta que yo también trabajo ¿o vas a ser como esos hombres que quieren a su esposa las veinticuatro horas metida en casa?
-Por supuesto que no -rió él con la sugerencia. -Sé que a esa familia te une mucho más que el deber. Sólo espero que a Marvel no le importe que ya no vivas en Palacio.
-Marvel no se opondría nunca a mi felicidad -suspiró ella. -Lo que yo sí espero es que él encuentre la suya.
-Por lo pronto, con la carta de Enobaria, Seneca ya no tendrá excusas para seguir molestándolo -argumentó Haymitch.
-Sí, eso le otorgaría una gran tranquilidad -admitió Effie -pero no será suficiente.
-¿Te estás refiriendo a Glimmer?
-Sé que se aman, ambos son muy desdichados en su matrimonio -se lamentó. -Cometieron un grave error al unir sus vidas con la persona incorrecta y ahora...
-Aún no es tarde -discrepó él. -Es cierto que tienen por delante un camino muy difícil pero, si se aman como dices, estarán dispuestos a recorrerlo.
-Estos chicos -negó Effie con la cabeza. -No hacen más que obligarme a preocuparme por ellos.
-No exageres -rió él. –Katniss y Peeta, vuelven a estar juntos y Marvel hallará la solución para poder estar con Glimmer.
-Te olvidas de Annie -agregó ella.
-Finnick es un hombre noble y muy inteligente y, sobre todo, ama a Annie -puntualizó. -Eso es lo que importa, no de donde viene o el uniforme que viste. Además, tampoco comparte los ideales de Seneca aunque ambos aseguren defender la misma causa. Por lo que he visto en él, Finnick es un hombre honrado y justo. Cinna acabará aceptándolo, es la felicidad de su hermana.
-¡Vaya! -suspiró Effie profundamente. -Acabas de aliviar todas mis inquietudes, ya no me queda nada en lo que pensar.
-¿Cómo qué no? -rozó su nariz con la suya. -Tienes que empezar a pensar en cuál de todas las casas que hay desocupadas en el pueblo te gusta más.
Effie no tuvo tiempo de contestar, los labios de Haymitch se lo impidieron aunque, bien pensado, ese beso era mejor que cualquier respuesta.
-§-
Los dedos de Finnick tamborileaban sobre el borde de piedra de la vieja fuente en el que se hallaba sentado. Annie tardaba demasiado y le preocupaba que la hubieran retenido en el Palacio o que su hermano la hubiera descubierto. Aunque, conociéndola, sabía que Annie se las ingeniaría para salir de la finca y encontrarse con él, y él aguardaría por ella todo el tiempo que hiciera falta. Necesitaba verla, la necesitaba. Con el paso de los días su carencia se hacía cada vez más insoportable pero, después de lo que habían compartido la noche anterior, una especie de ahogo se había instalado en su pecho, habiendo desaparecido aquella opresión durante el corto instante en que la había tenido entre sus brazos apenas una hora antes. Annie se había introducido en su alma de tal forma que ya siempre estaría incompleta si no la tenía cerca.
Se irguió al escuchar el sonido de unos cascos acercarse, tensándose sus músculos, atento a una visita indeseada y relajándose de inmediato al vislumbrar a Annie sobre el caballo.
-Perdón por el retraso -se disculpó mientras se detenía.
Trataba de desmontar cuando Finnick tomó su delicada figura entre sus manos y la hizo descender, atrapando sus labios con los suyos incluso antes de que sus pies tocaran el suelo. Annie se colgó de su cuello y se dejó cubrir por su abrazo.
-Te he extrañado tanto -apoyó Finnick su frente en la de Annie, lanzando ella una leve risa. -¿Te parece ridículo? -se apenó él.
-Tonto -susurró ella besando levemente sus labios. -Me parece maravilloso que sientas lo mismo que yo porque, aunque sé que han pasado pocas horas desde que nos separamos esta mañana, me han resultado eternas.
Finnick la abrazó con fuerza hundiendo Annie su rostro en su casaca.
-Viniendo hacia aquí, he tenido miedo -le confesó ella.
-Ya -asintió él, -te estabas retrasando más de lo que creía pero te habría esperado igualmente.
-No temía que te hubieras cansado de esperar -negó ella. -Temía que ni siquiera hubieras venido.
Finnick se separó de ella para mirarla de frente.
-¿Por qué haría eso? -inquirió.
-Porque, después de lo que pasó anoche...
-Te amo aún más -la cortó él. -El día de ayer marca una gran diferencia en mi vida, Annie.
-También en la mía -afirmó ella.
-Pues te garantizo que para ambos ha sido en el mismo sentido -aseveró él. -Si antes creía no poder vivir sin ti, ahora estoy seguro.
Annie volvió a refugiarse en su pecho.
-¿Olvidas que ayer mismo me dijiste que serías mi esposa? -dijo Finnick con tono desenfadado. -Espero que no hayas cambiado de opinión porque mi oferta sigue en pie.
-Claro que no -rió ella con su ocurrencia.
-Escúchame, Annie -le pidió más serio ahora, reafirmando su abrazo. -Hacerte el amor fue lo más hermoso que me ha sucedido jamás y, después de eso, no habrá nada ni nadie que me separe de ti, sólo tú.
-No quiero que te separes de mí -alzó ella su mirada con temor.
-Entonces, acabas de salvarme la vida -le respondió con sonrisa torcida haciendo que ella lanzase una risita.
Finnick se inclinó sobre ella y la besó con dulzura, recorriendo con lentitud esos labios que nunca se cansaría de besar.
-¿Qué va a pasar ahora? -suspiró Annie al separarse de él. -Imagino que, después de lo sucedido, tu Capitán no verá con buenos ojos que te relaciones conmigo.
-La verdad, ya empiezo a estar harto de los excesos de Seneca-declaró él. -Aprovechándose de su poder, ha tratado de jugar con la vida de Marvel y Katniss a su antojo y no fue para ver este tipo de abusos por lo que me alisté en el ejército.
-Dijiste que no podías hacer nada -se encogió ella de hombros.
-Directamente, no -le ratificó él. -Pero tengo pensado escribirles a nuestros superiores en París para que sepan lo que ha estado sucediendo aquí.
-¿Y si toma represalias contra ti? -se inquietó ella.
-Eso no es lo que más me preocupa en este momento -le quitó importancia.
-¿A qué te refieres?
-A tu hermano -frunció el ceño. -No creo que su desprecio hacia mi uniforme cambie de un día para otro y no quisiera que te vieras en la disyuntiva de tener que escoger.
-Yo ya he escogido -apuntó con sonrisa pícara.
-Esto es serio, Annie.
-¿Crees que bromeo? -lo miró ella de reojo.
-No, pero quiero que seas consciente de lo que puede significar que Cinna no me acepte.
-Él va a hacer su vida con Octavia y por la misma razón yo tengo derecho a hacer la mía con quien quiera.
-Con quien quieras no, conmigo -le advirtió él con fingida seriedad y echándose Annie a reír.
-Claro que sí.
-¿Aunque deba volver a Francia? -se atrevió a preguntar.
-Donde sea con tal de estar contigo -le aseguro llena de seriedad.
Finnick la atrajo hacia sí para rodearla entre sus brazos y sentirla más cerca, notando su dulce aliento sobre su cuello. Sabía que ella cumpliría con su promesa pero le dolía el tener que alejarla de allí. A él no le esperaba nada en Francia, sin embargo, ella tenía muchos afectos que la aferraban a ese lugar. Peter tenía que comprender, no sabía cómo pero debía conseguirlo.
-Debo marcharme ya -la escuchó decir con voz tenue.
-Yo también debo volver al Fuerte -se lamentó él. -Me he ausentado mucho tiempo.
-¿Tendrás problemas?
-No -la calmó él. -Seneca estará encerrado en su despacho, rabioso. No creo que ni siquiera se haya percatado de que no he vuelto aún.
-La actuación de Peeta ha sido magistral -recordó ella divertida.
-Y tanto -sonrió él. -Casi no podía reprimir las ganas de reírme al ver la cara de Seneca. Pero lo más importante es que me ha dado nuevas esperanzas. Eso es para mí la Revolución; la libertad y la justicia, no la opresión.
-Hablas como todo un militar -hizo ella un mohín. -A mí, simplemente, me ha parecido de lo más romántico.
Finnick rió con su comentario.
-Es el resultado de luchar por lo que se quiere -argumentó él. -Pero tranquila, si decidieras casarte con otro, te robaría antes de que entrases a la iglesia.
-Me gustaría verlo -sonrió pícara.
-No me tientes -se aproximó más a ella, con sonrisa sugerente.
Annie alzó su rostro en una clara invitación, accediendo Finnick, besándola con afán.
-Mejor me voy o seré yo la que tenga problemas -murmuró Annie con la respiración agitada.
-Está bien -se rindió él, agarrando su mano para acompañarla al caballo.
Antes de ayudarla a montar, tomó sus mejillas para besarla de nuevo con intensa ternura.
-Te veré pronto -le prometió él mientras le ofrecía las riendas.
-Eso espero -se despidió Annie de él sonriente.
Finnick golpeó el costado del caballo que echó a cabalgar y vio como Annie volteaba un par de veces a mirarlo mientras se alejaba. Aguardó hasta que desapareció en el bosque, tras lo que montó en su caballo y picó espuelas, haciéndolo galopar. Era cierto que Seneca estaría sumido en su propia rabia, pero se había retrasado demasiado, aunque, los minutos transcurridos cerca de Annie bien valían cualquier amonestación. Aun así, debía apresurarse. Seneca había mandado a Chaff con unos cuantos hombres a inspeccionar el bosque, previniendo un posible ataque de El Gavilán y, a esas horas, ya debería haber vuelto al Fuerte para reportarse.
Al llegar, sin embargo, no vio rastro de Chaff ni de su patrulla, aunque no había terminado de desmontar cuando lo vio cruzar el portón principal, con una gran sonrisa triunfal en su rostro, percatándose Finnick al instante del motivo. De la montura del Sargento colgaba una cuerda y, en el otro extremo, algunos metros por detrás de su caballo, caminaba casi arrastras y maniatado un hombre, con una máscara cubriendo su rostro, la de El Gavilán.
Continuará….
Hola, mis queridas lectoras siento haber tardado tanto pero es que estaba un poco desanimada por las muchas que han pasado en el último mes que me olvide de todo, bueno casi, pero al final recordé que tengo una obligación con ustedes y es seguir publicando esta historia.
¡ALELUYA!
Hasta que al fin se aclararon las cosas, y Seneca ya no podrá chantajear a Marvel. Y enhorabuena por nuestro Marvel que es padre. Al parecer las cosas están volviendo a la normalidad pero como saben todo no siempre es color de rosa, ya que faltan aún muchos obstáculos más que deben enfrentar.
Agradecimientos:
Valeria Luis: Tranquila mi querida lectora, yo no he olvidado esta historia y en lo posible tratare de actualizar dos veces por semana ya que es un fic un poco largo y no quiero a largarlo mucho tiempo. Ten paciencia para que puedas deleitarte con el final de Seneca y Clove porque estoy 100% segura de que quedaras fascinada, bueno no te adelanto más y me alegra que te haya gustado el fic.
Mariadelmonte: Cuanto me alegro de que te haya gustado por favor seguid comentando.
Gracias a todas por su gran apoyo, por todas las que han agregado esta historia a favoritos no saben lo feliz que me hacen.
