NT: ¡Otro capítulo para alegrar el fin de semana!

Hoy me acojo a mi derecho de hacer auto-promoción para avisar de que he empezado la traducción de otra historia. Esta es algo más oscura, y en general bastante diferente a Mugglefied. Para los que se quejan de que este fic va muy lento xD Su nombre es "A Marriage Most Convenient", si os interesa leerla está en mi perfil.

¡Besitos y buen fin de semana!


Capítulo 25: Caballero.


Draco se despertó con el sonido de otra persona en su habitación, y por un momento se encontró desorientado. ¿Dónde estaba? ¿Quién había allí? Draco hizo un sonido amenazador mientras su cabeza todavía se estaba despertando, y quien fuera que estuviera allí se apresuró a hablar.

—Malfoy, sólo soy yo. Me choqué con la silla mientras me levantaba. Lo siento. —Era la voz de Potter.

Poco a poco Draco se fue acordando de dónde se encontraba. Se incorporó y lo vio. Luego bajó la vista al cuaderno de cuero y la pluma que estaban a su lado en la cama. Vagamente recordó que había estado escribiendo durante un tiempo antes de dormir. Estaba en casa de los Weasley... En la Madriguera. Cerró el cuaderno y lo puso debajo de la almohada.

—Está bien. Es sólo que... —No logró terminar la frase.

Harry asintió con la cabeza, comprendiendo lo que quería decir.

—Es raro acostumbrarse a despertar en un lugar nuevo. Las primeras noches en la tienda de campaña Hermione, Ron y yo siempre nos despertábamos un poco desorientados.

Draco se humedeció los labios. Había besado Hermione el día anterior por la noche, bajo el muérdago. Habían tenido que hacerlo o de lo contrario no habrían podido salir de debajo de él. Se preguntó si todavía estaría flotando en alguna parte de la planta baja, y si alguien más había sido atrapado debajo de él desde entonces.

—Al menos estoy contento de que las paredes sigan en su sitio. La casa no parece muy estable desde el exterior —comentó, sólo por decir algo.

El joven de pelo oscuro asintió con la cabeza.

—Nunca parece que vaya a sostenerse en pie, pero no ha habido ningún problema con ella. Creo que he oído a personas bajando a la planta baja. ¿Estás listo para bajar?

—¿No deberíamos vestirnos? —preguntó Draco.

Harry se encogió de hombros, todavía en pijama también.

—No me preocupa eso, la verdad… pero puedes vestirte si quieres. Desayunar en pijama es bastante normal aquí, sobre todo en Navidad. Feliz Navidad, Malfoy.

—Feliz Navidad, Potter. —Ellos dejaron su habitación provisional y se dirigieron a la planta principal. Casi la mitad de la multitud de la noche pasada ya se reunía alrededor de la mesa con un café o un té en las manos. Sobre la mesa había un recipiente para café y otro para té, aparte de más tazas y cucharillas.

—Oh, bien, estáis despiertos —dijo Ginny. Su navideño pijama de color rosa no se adecuaba precisamente a su complexión. Se veía a leguas que le iba grande—. Sólo quedan Bill, Fleur y Hermione y estaremos todos.

—¿Hermione aún no está abajo? —preguntó Draco mientras miraba a su alrededor. Pronto se percató de que no estaba.

Ginny se encogió de hombros.

—Me pidió que le hiciera una taza de café. Dijo que necesitaba otros diez minutos de sueño.

Se escucharon muchos "Feliz Navidad" en la habitación. Había pan tostado en la mesa junto con las bebidas, un plato con mantequilla y un recipiente con mermelada. La señora Weasley dijo que prepararía un buen desayuno más tarde, pero hasta entonces todo el mundo tenía algo para picar.

Bill y Fleur llegaron al rato. Bill todavía seguía en pijama y parecía un poco somnoliento, pero Fleur estaba deslumbrante como siempre, aunque no se hubiera cambiado. Draco oyó a Ginny murmurar:

—¿De verdad hemos estado esperando a que se cepillara el pelo?

Sin embargo, Hermione todavía no había bajado.

—Ginny, ¿por qué no vas a ver cómo está? —preguntó la señora Weasley.

Ginny asintió y subió las escaleras. Draco no había sido invitado a subir, pero la siguió de todas formas. La pelirroja llamó a la puerta, pero al no obtener respuesta, abrió.

—¿Hermione?

Hermione seguía en la cama con las mantas y sábanas envolviéndola hasta arriba. Su cabello era un desastre. La caja de música estaba en la cama junto a ella, sonando. Tenía los ojos rojos, estaba claro que había estado llorando.

—Oh Salazar, nunca debí haber comprado esa maldita caja —murmuró Draco, empujando a Ginny para que se apartara y poder entrar en la habitación. Se acercó a Hermione y se sentó en la cama junto a ella, cerrando la caja de música. Luego puso un brazo alrededor de ella, pero no dijo nada.

—Sólo quería escucharla una vez antes de bajar —dijo, secándose los ojos.

Los ojos de Ginny se entrecerraron mientras observaba a Draco y a su amiga.

—¿Qué diablos está pasando?

Draco miró airadamente a la pelirroja.

—Le compré una caja de música a Hermione por Navidad.

—La canción que reproduce es la que mi madre solía cantarme de pequeña. Esta no es mi primera Navidad lejos de mis padres... no debería ser tan difícil. Pero es la primera vez que estoy lejos de ellos y saber que no voy a volver a verlos es…

La cara de Ginny se desencajó de repente.

—Oh Merlín. Oh Hermione. —Ella se acercó y se sentó al otro lado de la cama, abrazando también a su amiga.

—No quiero echar a perder la mañana de Navidad a todo el mundo. Por favor, no digáis...

—Hermione…

—No puedo arruinarle la Navidad a todos —dijo con firmeza—. Ya es suficientemente duro para todo el mundo... —Hermione respiró profundamente varias veces, haciendo todo lo posible por secarse los ojos a pesar de los brazos de Ginny alrededor de ella y el brazo de Draco sobre sus hombros—. ¿Cómo me veo?

—Como si no hubieras dormido bien y hubieras pasado toda la noche llorando —respondió Ginny sin rodeos—. Nadie va a decir nada. Mamá tiene ese aspecto casi todas las mañanas. Vamos abajo.

Hermione parpadeó, haciendo todo lo posible para que sus ojos volvieran a la normalidad.

—¿No sabes que hay un hechizo para eso? —preguntó Draco.

—¿Qué?

—Puedes hacer que desaparezcan los ojos rojos y las ojeras. Pero yo no creo que nadie te culpara si no lo hicieras —comentó Draco en voz baja.

Ginny abrazó a Hermione con más fuerza.

—Toda la casa sufre, Hermione. No hacemos como si no pasara nada. George se está quedando con Percy en lugar de enfrentarse a su antiguo cuarto sin Fred. Charlie era el único dispuesto a dormir en la habitación de Ron, y sólo porque alguien debía hacerlo. Ven abajo.

Ambos lograron convencer a Hermione de que bajara. Ella no usó el hechizo que Draco le había sugerido, pero esbozó una sonrisa de disculpa en sus labios cuando apareció frente a todos.

—Lo siento, me quedé dormida más tarde de lo que pretendía. Espero no haberos retrasado mucho tiempo.

—No, en absoluto —dijo Arthur—, sólo estábamos disfrutando de nuestro café para despertarnos un poco.

Él y la señora Weasley estaban uno al lado del otro en el sofá con otros miembros de la familia que ocupaban las sillas y espacio en el suelo. Hermione, Ginny y Draco eligieron un espacio libre de suelo entre el sofá y el árbol de Navidad y los que se encontraban de pie les dieron unas tazas de café.

—Muy bien, escuchad. George y Percy, sois los encargados de repartir los regalos —dictó la señora Weasley.

George y Percy estaban más cerca del árbol, así que se levantaron de sus sillas y se pusieron a cooperar.

Ginny le susurró a Malfoy:

—Nunca eres demasiado mayor, pecoso, alto o pelirrojo para escuchar y hacer lo que dice tu madre. Regla número dos de esta casa.

Él arqueó una ceja.

—¿Cuál es la regla número uno?

—Si no haces lo que dice mamá, por el amor de Merlín, no dejes que te atrape —dijo ella, sonriendo.

Percy se subió las gafas por el puente de la nariz para ponerlas de nuevo en su lugar. Su pijama parecía haber sido planchado recientemente y era evidente que se había peinado minuciosamente. Leyó la primera etiqueta.

—Ginny —dijo, sosteniendo un paquete.

Ginny lo tomó y lo desenvolvió. Eran unos nuevos guantes de Quidditch.

—¡Gracias!

Uno por uno, los regalos fueron abriéndose durante la mayor parte de la mañana. La señora Weasley lloró cuando abrió el medallón que Harry y Hermione le habían regalado con las fotos de Ron y Fred en el interior, y Arthur inmediatamente se lo puso alrededor del cuello. Hermione inmediatamente desenvolvió una de las plumas de caramelo que Ginny le había traído de Honeydukes y se la metió en la boca, también le dio las gracias a Harry por la pulsera encantada que le había dado. De ella colgaban una cara sonriente y un terrier.

Draco vio que a la señora Weasley le había gustado el delantal que había elegido para ella y el señor Weasley parecía lleno de alegría con su calculadora. Draco se sintió extrañamente satisfecho cuando sus regalos fueron tan bien recibidos. Por lo general siempre había comprado algún regalo para sus padres en esas fechas, pero al fin y al cabo lo único que le importaba era recibir los suyos.

Observó con placer cómo Hermione desenvolvía el calendario planificador que había elegido para ella con el fin de ayudarla a organizar sus ajetreados días de la semana. Draco se había tomado la libertad de apuntar a lápiz unas pocas cosas que pensaba que eran importantes como: "Tomarse una noche libre para hacer algo que no sea estudiar, como por ejemplo ir al cine" o "Preparar la cena para tu encantador vecino". También le había regalado un bote de gel que hacía burbujas y que olía delicioso, a manzanilla y lavanda. Se suponía que era relajante y que ayudaba a promover buenos sueños. Al menos eso es lo que decía la etiqueta.

Cuando le tocó a él abrir sus regalos se encontró con un paquete de dulces de azúcar y galletas de la señora Weasley, así como un suéter gris que parecía bastante cálido, obviamente tejido a mano. Tenía una D de color verde en la parte frontal. Al verse en medio de una dura persuasión por parte de la multitud Draco decidió hacer lo que pedían y se la puso sobre el pijama. Ginny le regaló una bufanda, incluso Harry le había comprado un reloj. Draco no estaba seguro de quién era, pero también había algo de comida para su búho, Xavier. No había logrado encontrar comida parecida en ninguna tienda muggle. Hermione le había regalado guantes –finos pero calientes–, y copas de vino.

—Justo cuando estaba empezando a acostumbrarme a beber el vino en tazas de café —bromeó, mirándola por encima del hombro.

Hermione estaba rodeada por un pequeño montón de regalos y una pila de papel de envolver. Su cabello todavía era un desastre, pero ella estaba realmente sonriente y la mayor parte de la rojez se había desvanecido de sus ojos. También llevaba un jersey Weasley, como más o menos todos los allí presentes.

George hizo todo lo posible por reír, sonreír y apreciar sus regalos. Percy hizo todo lo posible por tratar de responder a las bromas de su hermano, aunque muchas de las veces sonara demasiado seco. Los dos lo estaban intentando, pero Percy no era Fred. Hubo una risa general cuando su madre hizo un comentario despectivo sobre la longitud del pelo de George y Ginny se ofreció a encontrar algunas horquillas para él.

El paquete que Narcissa había enviado a Hermione para que lo custodiara hasta Navidad tenía una sorpresa extra en él. Cuando Draco lo abrió y cogió el pijama de seda negra que había enviado, un segundo paquete envuelto y una nota cayeron sobre su regazo. Él le entregó ambos a Hermione, ya que era su nombre el que estaba escrito en la nota. Ella la leyó en voz alta.

—Estimada Hermione, ya que sé que pasarás las Navidades con Draco pensé que el mejor lugar para poner tu regalo donde no lo encontraras sería dentro del de mi hijo. Feliz Navidad. Narcissa Malfoy. —Hermione abrió el paquete y encontró un bote de champú domador de enredos, de Evangeline—. ¿Es como una poción para el pelo? —preguntó.

Draco negó con la cabeza.

—Esa marca es mucho mejor. Te dará los mismos resultados que una poción normal para el pelo, pero durará más. Cuesta alrededor de cuatro veces más. Mi madre lo utiliza de vez en cuando hace mal tiempo. Pero si alguna vez le dices que te lo he dicho, voy a tener que matarte.

Narcissa había puesto un par de broches con forma de mariposas bastante realistas a un lado de la botella.

—Son muy… realistas —dijo ella.

—Y algo que nunca usarías —señaló él—. Al menos lo intentó. Espero que le guste la foto enmarcada que le envié. No estoy seguro de si alguna vez usará el vestido muggle pero... —Se encogió de hombros.

—Todo el mundo, mirad aquí —dijo el señor Weasley, sacando la cámara que Bill y Fleur le habían regalado. Él tomó una foto de la sala de estar con su familia.

Cuando todos los regalos fueron abiertos, la señora Weasley ordenó a las chicas que fueran a la cocina para ayudar con el desayuno y puso a Bill y Charlie a limpiar toda la sala de estar, hasta arriba de papel de regalo. Harry y Draco recogieron las cosas de las tostadas y el café y George y Percy pusieron la mesa para el desayuno. Draco observó cómo incluso el más mayor de los chicos Weasley hacía lo que le decía su madre. El señor Weasley se acercó a él y le susurró:

—Todos lo saben, nunca eres demasiado mayor, rico, inteligente, alto, pecoso o gracioso para hacer lo que dice tu madre. —Aquello le pareció un eco de lo que Ginny le había dicho anteriormente, por lo que Draco no pudo evitar echarse a reír.

En poco tiempo la mesa se llenó de bacon, salchichas, huevos, frijoles al horno y más tostadas, con jarras de jugo y más café y té, y todo el mundo se sentó para un desayuno tardío.

A medida que comenzó el desayuno, el señor Weasley se puso de pie para hablar, sosteniendo la mano de su esposa.

—Sé que Harry debe irse a atender sus deberes de padrino esta tarde, y Bill y Fleur se marchan a ver a la familia de ella, por lo que quería decir esto ahora. Gracias a todos por venir. Estamos encantados de contar con todos. Y quiero tomar un momento para recordar a las personas que no están aquí. No sólo... —Su voz se quebró, pero él continuó—, no solo a Fred y Ron, sino a todos los que no celebran la Navidad con nosotros este año. Tonks y Remus Lupin. Los Granger. Albus Dumbledore. Alastor Moody. Y tantos otros. Me gustaría dedicarles un minuto de silencio. —Todos se quedaron en silencio por un momento, y luego el hombre levantó un vaso de zumo de naranja—. Por la vida y por todos nuestros seres queridos. —Hubo un murmullo general y todos levantaron los vasos frente a ellos.

Draco estaba sentado entre Potter y Hermione de nuevo. Ella parecía estar llevándolo mejor de lo que lo había llevado esa mañana. Draco apretó su mano debajo de la mesa. Había esperado que el desayuno se volviera algo incómodo después del discurso del señor Weasley, pero George los sorprendió a todos comenzando a contar la historia de cómo él y Fred habían probado una poción de envejecimiento para conseguir entrar en la línea de edad que guardaba el cáliz de fuego.

—Nuestras barbas podrían haber competido con la de Dumbledore. Pero ni siquiera eso nos permitió atravesar la línea —dijo, riéndose de su desgracia.

Potter siguió el hilo de la conversación cuando todo el mundo dejó de reír.

—Ron me dijo una vez que su miedo a las arañas venía de Fred. Dijo algo acerca de su osito de peluche.

George asintió enérgicamente.

—Recuerdo eso. Ron estaba a punto de cumplir tres años y había roto la escoba de juguete de Fred. Él estaba tan enfadado que, de repente, al oso de peluche de Ron le salieron varias patas y saltó de sus brazos, corriendo por el suelo.

Toda la mesa empezó a contar historias sobre las personas que no estaban allí. Hubo un montón de risas, sonrisas y alguna que otra lágrima. Pero lo más importante era que no habían caído en el olvido.

—Es difícil elegir cuál de vuestros momentos es el mejor, George —señaló Hermione—. Vuestra gran salida de Hogwarts es legendaria, pero no puedo evitar recordar que vosotros le tirasteis bolas de nieve en la cara a Voldemort.

Hubo un estremecimiento general en la mesa al escuchar ese nombre, y un sorprendido George preguntó:

—¿Lo hicimos?

—¿No te acuerdas? Era mi primer año. Encantasteis unas bolsas de nieve para que siguieran a Quirrel por el castillo y alguna rebotó en la parte posterior de su turbante. Bueno, nos dimos cuenta más tarde de que Voldemort estaba viviendo bajo el turbante de Quirrell, así que realmente...

Hubo risas en general en la mesa, y una clara aprobación por parte de Charlie y Bill. Sólo la señora Weasley se veía un poco exasperada.

—¡George, no es apropiado hacer que bolas de nieve golpeen la cabeza de un profesor!

—Pero era quien-tú-sabes, mamá —argumentó George.

—No lo sabías en ese momento. ¿Le harías lo mismo a la profesora McGonagall? ¿O a mí?

—Merlín, no —respondió su hijo.

—Recuerdo cuando McGonagall sacó a Ron a bailar cuando estábamos aprendiendo para el baile de Navidad —dijo Harry, con la esperanza de cambiar el tema.

Draco escuchó las historias y decidió que sería mejor no contar la historia de la varita rota de Ron y el día que vomitó babosas.

Cuando el desayuno acabó (ya estaba bien entrado el mediodía) Harry se despidió de todos y se dirigió arriba para empacar sus cosas.

El señor Weasley miró a Hermione y Draco.

—¿Os veré a vosotros mañana?

—Aquí estaremos —respondió ella.

—Gracias de nuevo por todo, señor Weasley, señora Weasley. —Draco llevaba el jersey Weasley y había preparado el resto de sus cosas en su mochila, junto con el juguete de peluche que Draco le había comprado a Teddy.

Bill y Fleur también se despidieron –habían organizado el transporte por traslador para ir a ver a su familia en Francia, y éste se activaría pronto. Sólo necesitaban recoger sus cosas en Shell Cottage antes.

—¿Y ahora qué? —preguntó Draco a Hermione en voz baja al salir de la cocina. Él recogió sus cosas de la sala de estar para llevarlos arriba.

—Bueno, podríamos caminar hasta el pueblo. No creo que haya muchas tiendas abiertas siendo Navidad, pero es diferente de Londres. Menos agitado. Mucho menos. Podemos dar un paseo —respondió ella—. Ginny, ¿quieres venir?

Para decepción de Draco, Ginny decidió ir con ellos. Sospechaba que quería mantener un ojo puesto en Hermione. Finalmente todos se vistieron y se reunieron en la puerta trasera. Para sorpresa de Draco, George y Percy habían decidido ir también con ellos, aunque Charlie estaba trasteando en el cobertizo con su padre.

Así que la multitud vagó hasta el pueblo por la nieve. Hermione había tenido razón cuando dijo que no pensaba que hubiera muchos establecimientos abiertos, pero era algo que hacer y un lugar en el que estar. Draco habló en voz baja a Hermione mientras caminaban.

—No sabía que los lunátic-ehh, los Lovegood vivían tan cerca de aquí.

—Sí. Creo que realmente se dejan ver poco.

Él miró de soslayo a su alrededor y luego le susurró al oído a Hermione mientras caminaban:

—Ella me dijo anoche... que me perdonaba. Bueno, no dijo eso exactamente. Dijo que no me odiaba. Fue prisionera en mi casa durante semanas y yo no hice nada por ayudarla. Pero ella no me odia.

Hermione sonrió.

—Luna es buena. A pesar de sus locas teorías y por las raras ocasiones en las que la he visto enojada o frustrada... ella es muy buena. Creo que es una de las pocas personas que realmente entiende que el odio daña tanto al odiado como al que odia.

—No creo que yo me hubiera perdonado si fuera ella. —Él tenía sus nuevos guantes puestos y el jersey Weasley debajo de la chaqueta. Ginny había insistido en que también se pusiera la bufanda que le había regalado. Tragó saliva—. Cuando me quitaron la magia lo único que quería era volver a mi mansión y estar con mi madre y mi magia de nuevo. No estoy seguro de que ahora quiera lo mismo.

—¿No? —preguntó Hermione, sin mirarlo.

—Quiero mi magia. No voy a echar de menos caminar hasta la lavandería para lavar la ropa. O lavar los platos a mano. Y me gustaría ver a mi madre de nuevo, a pesar de que las cosas que dije anoche son ciertas. Pero no estoy seguro de que me gustara vivir en la mansión de nuevo. Sé que hasta este verano he sido bastante insensible pero... las terribles cosas que pasaron allí... he tenido tiempo para darme cuenta de ellas y no creo que alguna vez vuelva a verla como cuando era pequeño.

Hermione tomó su mano.

—Probablemente no. Pero no tienes que volver allí. No sé si el Ministerio dejará que te quedes con el piso, pero se puede conseguir otro lugar.

Ginny, George y Percy señalaron varios de los edificios en el pueblo mientras vagaban a través de él, e hicieron preguntas acerca de algunas de las decoraciones muggles de Navidad. Hermione hizo lo posible por explicar su significado en voz baja mientras caminaban por la pequeña calle principal.

Un rato después decidieron darse la vuelta y regresar.

—¿Qué hacemos ahora?

—Bueno, podríamos tratar de hacer una guerra de bolas de nieve, pero no hay suficiente cantidad en el suelo —dijo George, levantando un poco con sus botas.

—A mí me gustaría leer el nuevo libro que me han regalado de la historia del gobierno en el mundo mágico —anunció Percy.

—Me gustaría que me lo dejaras cuando te lo hayas terminado —añadió Hermione.

Al final llegaron a la Madriguera y Ginny logró convencer a Draco, George y Hermione para que jugaran a las cartas explosivas. Draco jugó con especial cuidado, ya que no tenía manera de hacer que volvieran a crecerle las cejas con magia si se le chamuscaban. Miró a su alrededor disimuladamente un par de veces, buscando el muérdago encantado de la noche anterior, pero no lo vio por ninguna parte. Tal vez ahora estuviera en la cocina.

—¿Os vais a quedar esta noche u os vais después de la cena? —preguntó Ginny.

Hermione miró a Draco.

—No he programado nuestro viaje de regreso en el autobús noctámbulo todavía, así que podemos pasar otra noche. —Hubo un implícito "si Draco quiere" al final de la frase.

Él asintió.

—No tengo prisa por volver a subirme a esa cosa.

Ginny se animó un poco.

—A mamá y papá no les importa que os quedéis toda la semana aquí si queréis —ofreció.

Hermione negó con la cabeza.

—No puedo estar toda la semana. Tengo mi aprendizaje con Belby y la tienda de George. Y Draco tiene trabajo. Pero ya que estás libre estos días y no tienes que volver a la escuela pregúntale a tu madre si puedes venir a mi casa para la víspera de Año Nuevo.

—Voy a ver si me deja. Se ha vuelto muy protectora últimamente —respondió Ginny.

—No hay nada de qué preocuparse. Mi casa está conectada a la Red Flu. Todo lo que tienes que hacer es entrar en la chimenea. —Miró a Draco—. Podríamos ver una película o algo.

Éste reprimió un suspiro. Desde anoche las piezas habían comenzado a encajar en su cabeza. La idea de pasar la víspera de Año Nuevo con Hermione era genial, y realmente prefería hacerlo sin la pelirroja, a ser posible. Pero no parecía probable.

—Podríamos invitar a Potter también —farfulló.

George se rió.

—Suenas tan emocionado por eso…

Draco puso los ojos en blanco.

—Y supongo que no sería una verdadera fiesta sin ti, así que mejor que aparezcas tú también.

George se frotó las sienes.

—Tal vez. Lee quería salir conmigo a algún lugar esa noche, pero no estoy seguro de que me apetezca estar en medio de una gran multitud. Quizás estar con vosotros sea mejor. Perce, ¿te apuntas?

—Normalmente ya estoy dormido antes de la medianoche —dijo con frialdad.

Su hermano rodó los ojos.

—Es Año Nuevo y no trabajas al día siguiente.

Llegados a ese punto Hermione se preguntó cómo lo que había comenzado como una simple invitación para que Ginny se uniera a ella y Draco en Año Nuevo se había convertido en lo que parecía ser una pequeña fiesta. En realidad ella no hacía fiestas. Pero ya era un poco demasiado tarde para echarse atrás.

Draco pareció leer su mente y susurró cuando se pusieron de pie:

—Si se llena demasiado para ti siempre puedes cruzar el pasillo y esconderte en mi piso hasta que todos tus invitados se vayan.

Eso la hizo sonreír. El grupo que había estado jugando a las cartas empezó a dispersarse. Percy quería volver a su libro, George tenía algunas ideas que anotar para la tienda antes de que se le olvidaran y Ginny regresó a su habitación para escuchar música. Draco se encontró cara a cara con Hermione por primera vez en todo el día y, de repente, no estaba seguro de qué decirle.

Afortunadamente, Hermione siempre había sido de ideas rápidas.

—¿Quieres ir arriba antes de que la señora Weasley nos pida que ayudemos con la cena?

—Merlín, sí —dijo, y ambos subieron las escaleras. Hermione se sentó en la que había sido la cama de Harry. Draco se acomodó en una de las sillas de la habitación. Ella jugueteó con su pulsera encantada.

—Me alegra que estés aquí —dijo.

—¿Por qué? ¿No crees que esté invadiendo una familia a la que no pertenezco?

Ella sacudió la cabeza.

—Creo que estás a punto de ser adoptado por la familia Weasley. Todavía no te han teñido el pelo de rojo, ni tatuado pecas en la cara… pero lo harán. Molly ya te da órdenes como a uno de los suyos, y pone el doble de cantidad en tu plato que en el de cualquier otro, igual que hace con Harry. No estás siendo tratado como un invitado, estás siendo tratado como uno más de la familia.

La mano de Draco fue a su cabello, como si tuviera miedo de que realmente pudiera estar cambiando de color.

—Ellos no lo harían.

Hermione se rió en voz baja.

—Probablemente no. Fred y George amenazaron con hacérselo a Harry una vez, pero no creo que lo hubieran hecho en realidad. Es probable que estés seguro en ese aspecto. Y me alegro de que estés aquí.

Draco se alisó el pelo hacia atrás.

—Yo también. Es mucho mejor que las alternativas.

Hermione se echó hacia atrás hasta que pudo apoyar la cabeza contra la pared.

—No estoy segura de que pueda soportar la idea de comer de nuevo, pero vamos a tener que ir abajo en algún momento.

—Supongo que sí.

Ella le hablaba al techo, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en la pared.

—Siento que esta mañana tú y Ginny hayáis tenido que venir a buscarme. Es extraño. Si me hubieran preguntado hace unos meses habría pensado que estar sin Ron en este momento sería más difícil que estar sin mis padres. He pasado un montón de Navidades lejos de ellos, generalmente para estar con él y Harry y… sé que todavía están por ahí en alguna parte, aunque no me reconozcan. Pero los he echado mucho de menos en estos últimos días.

Draco no estaba seguro de cómo responder a eso.

—Tal vez porque él realmente se ha ido, y tus padres siguen en el mundo de alguna manera, pero fuera de tu alcance. Extraño a mi madre más que a mi padre en este momento. No porque no estuviera cerca de él, sino porque sé que va a estar fuera de mi vida durante muchos años. Y sé que mi madre y yo volveremos a vernos mucho antes.

—Tal vez. —Ella movió una de sus manos fuera de su regazo y mantuvo la palma hacia arriba sobre la cama. Draco la miró por un momento, sin saber lo que ese gesto significaba. Tan pronto como lo entendió deslizó su silla hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para llegar a su mano, y simplemente la sostuvo. Se quedaron así durante un rato en un agradable silencio hasta que la señora Weasley los llamó a todos a la mesa.

Otro almuerzo con demasiada comida y un montón de lo que hablar. Esta vez Draco se sentó entre Hermione y George.
Aunque el señor Weasley fue el que habló con él la mayor parte del tiempo, encontró curiosas varias de las cosas que le contó sobre los artefactos muggles. Parecía un poco melancólico.

—A veces me he preguntado cómo sería vivir sin magia... Me he propuesto varias veces pasar sin magia una semana, pero nunca he conseguido lograrlo.

Su esposa se rió.

—A veces pienso que ni siquiera te podías atar los cordones de los zapatos sin magia.

—Puedo atarlos. Ellos simplemente no permanecen atados mucho tiempo —argumentó.

Había un brillo alrededor de ellos. Incluso con todo el dolor por el que habían pasado, se tenían el uno al otro.

Los ojos de Draco se encontraron un par de veces buscando el muérdago flotante cerca del techo, pero no volvió a verlo. En un momento dado, George se dio cuenta y le dijo en voz baja.

—Lo descolgué. Las probabilidades de que me encontrara bajo él con Percy eran demasiado fuertes, y eso sería horrible. Es mucho mejor para los pasillos de la escuela, fiestas, oficinas, ese tipo de cosas. —Él arqueó una ceja—. No te has visto atrapado bajo él, ¿verdad?

Draco hizo un gesto apenas perceptible y frunció el ceño ante la sonrisa que estalló en la cara de George, a pesar de que el pelirrojo no dijo nada.

La familia se reunió alrededor de la radio de nuevo por la tarde, a pesar de que Percy y Hermione estaban hojeando sus libros. Charlie estaba trabajando en el boceto de un tatuaje de dragón que estaba planeando hacerse. Ginny y George jugaban una partida de Gobstones. Draco tenía su diario en el regazo, pero no escribía, simplemente observaba la escena a su alrededor. ¿Así era como se sentía pasar un día de fiesta con una gran familia? Era sorprendentemente agradable.

Más tarde, la gente empezó a irse escaleras arriba. Percy quería irse a la cama temprano, ya que trabajaba la mañana siguiente. Lo mismo hizo Arthur, y por supuesto, Molly se fue con él. George había previsto la apertura de la tienda por la mañana, cuando estaba seguro de que habría un montón de gente en el callejón Diagon. Charlie puso su boceto a un lado y subió a la habitación de Ron. Ginny, Hermione y Draco fueron abandonados a su suerte.

—¿De verdad tienes que irte mañana? —preguntó la pelirroja.

—Sí, tenemos planes con Harry. Su primo va a venir. Todavía están tratando de encontrar un lugar donde vivir. Pero habla con tu madre para ver si puedes venir y unirte a nosotros para Año Nuevo —insistió Hermione.

Ginny asintió, se despidió y se fue arriba.

Draco miró a Hermione con diversión.

—Es interesante cómo has asumido que estoy libre en Año Nuevo sin ni siquiera preguntar.

El rostro de la castaña se tornó rosado de repente.

—Lo siento, pensé... —Las palabras se le enredaban en los labios. Ella dejó escapar un suspiro—. Me gustaría pasar la víspera de Año Nuevo contigo. Lo siento por suponer que tú también querrías pasarla conmigo.

Las palabras que salieron de su boca eran tan rígidas que Draco casi se rió. Él apenas resistió el impulso de tocar su cara.

—Eres la mejor compañía que he encontrado en mucho tiempo. Me gustaría pasar la víspera de Año Nuevo contigo, sólo que creo que estaré trabajando la mayor parte de ella.

La boca de Hermione formó una pequeña O.

—No había pensado que tuvieras que trabajar esa noche. Lo siento.

Él se encogió de hombros.

—Es una de las razones por las que estoy como voluntario en la biblioteca. Si tengo que trabajar, prefiero hacer algo en horas decentes que no me hagan trabajar hasta tarde los fines de semana y días festivos.

Ella asintió con la cabeza. Con su comenzado aprendizaje y las noches de trabajo de Draco, sus horarios eran casi totalmente opuestos.

—Draco, ¿qué vas a hacer cuando recuperes tu magia de nuevo?

Él la miró con una expresión algo contrariada.

—No lo sé. Todavía parece como si quedara una eternidad para eso. Como has dicho, no tengo que volver a la mansión. Pero no sé lo que podría hacer. Sería demasiado tarde para mí para volver a Hogwarts. No me puedo imaginar a nadie del Ministerio que quisiera tener nada que ver conmigo. Particularmente no quiero entrar en el negocio. Es sólo que, no sé...

Hermione hizo lo posible para aligerar el ambiente; después de todo había sido ella quien había llevado la conversación por ese camino.

—Bueno, si todo lo demás falla, el Caldero Chorreante podría estar buscando a alguien que fregara los platos.

—Vaya, gracias. —Se detuvo un momento antes de continuar—. Pero por el momento me gustaría pasar la víspera de Año Nuevo contigo. Incluso si llenas tu piso de Gryffindors esa noche.

Hermione sonrió.

—Me alegra oírlo. No me gustaría tener que arrastrarte hasta allí en contra de tu voluntad. —Se puso las manos en los bolsillos y miró hacia las escaleras—. Supongo que deberíamos irnos a la cama. No he tenido la oportunidad de hablar con Ginny sobre cómo fueron las cosas con Harry. —Draco arqueó una ceja, interrogante—. Bueno, ellos estaban juntos antes de que nos fuéramos a buscar Horrocruxes, y después de la batalla Harry desapareció durante meses. Ayer fue la primera vez que lo vieron desde entonces. Le dije a Harry que le escribiera al menos, pero seguro que no lo hizo. Ese hombre... puede hacer frente a un dragón sin apenas sudar, pero no le pidas que le hable a una chica que le gusta. —Ella sacudió la cabeza.

Draco sonrió.

—Es mucho más difícil hablar con una chica que te gusta de lo que es enfrentarse a un dragón.

—¿Y tú sabes lo que es enfrentarse a un dragón? —preguntó, escéptica, y luego añadió—: Yo he montado en un dragón. —Draco se echó a reír. El posible doble sentido de sus palabras fue demasiado para él. Hermione pareció darse cuenta de aquello después de un momento, y con una débil sonrisa le dio un manotazo en el brazo—. No era mi intención que sonara de esa manera —se quejó.

Draco se frotó el brazo.

—¿También le pegabas a tus amigos cuando estabas en la escuela?

—Sí. Aunque nunca les di un puñetazo a ninguno de ellos en la nariz. —Miró su nariz con una sonrisa reprimida—. ¿Rompí la tuya ese día?

Él se frotó la nariz.

—No, sólo heriste mi orgullo.

Sin pensarlo, ella extendió la mano y acarició el puente de su nariz con un dedo, como si se tratara de un pájaro o un pequeño gatito.

—Bueno, parece haber sobrevivido.

Draco suspiró profundamente mientras movía su mano. Deseó que George no hubiera quitado el muérdago. Sería más fácil besarla si tenía una excusa distinta a "wow Hermione, estás muy cerca de mí, me pregunto a qué saben tus labios. ¿Me dejas probarlos?" Tal vez sólo estuviera confundido por los días de fiesta, pero lo dudaba. El muro que había construido en su propia cabeza se había caído la noche anterior y ahora le tocaba averiguar lo que quería hacer al respecto.

—Sí, los Malfoy siempre sobreviven, con narices y todo.

Ella rió.

—Ya es tarde. Tendría que ir a la cama.

Él le ofreció el brazo.

—Permíteme que te acompañe a la puerta. Un caballero siempre acompaña a una dama.

—¿En serio? ¿Ahora eres un caballero? —preguntó ella arqueando una ceja, pero tomando su brazo todos modos.

—Yo siempre he sido un caballero —corrigió él.

Subieron juntos las escaleras y Draco dejó a Hermione en la puerta de Ginny. Se despidieron y Hermione entró en la habitación.

—¿Ginny? —preguntó en voz baja con la esperanza de no despertar a su amiga si estaba dormida.

—Todavía estoy despierta —dijo ella—. Has estado abajo mucho tiempo.

—Draco y yo estábamos hablando —comentó, sentándose en la cama chirriante—. Quería preguntarte cómo van las cosas con Harry.

—Estás cambiando el tema... Están bien. Fue bueno verlo. Él sigue siendo Harry. —Ella se encogió de hombros—. Se disculpó por no haberme escrito en los últimos seis meses. Dijo que necesita tiempo para superar las cosas y que no iba a ser un muy buen novio hasta ese momento. Dijo que tal vez en otros seis meses podríamos volver a hablarlo, pero que no debería estar esperándolo. Ya veremos en qué punto estamos los dos cuando termine en Hogwarts. Tendremos que ver si seguimos siendo compatibles. Puede que sí, puede que no.

—Gin, lo siento...

—No, él tiene razón —insistió ella, aunque su voz se quebraba un poco—. La verdad es que no soy la misma persona que era hace un año y medio. He visto cosas. Tengo pesadillas. Todavía me estremezco a veces y agarro mi varita con más frecuencia de lo que debería. Y no puedo ni imaginar cómo han sido los días para ti, Harry y… Ron. Tal vez en otros seis meses todos estaremos mejor y Harry y yo podremos volver. Tal vez no. Todavía me preocupo por él. Y creo que él todavía se preocupa por mí. Pero... una relación no solo funciona con los sentimientos. Una relación necesita más cosas para funcionar.—Hermione no estaba segura de qué decir, así que Ginny siguió hablando—. De todos modos, es lo que es en este momento. Ambas personas tienen que estar dispuestas a tratar de hacer funcionar la relación, y él no está dispuesto en este momento. —Miró a su amiga con curiosidad—. Tú y Malfoy habéis estado terriblemente cerca el último par de días.

—No creo que hayamos estado mucho más cerca estos días de lo que lo hemos estado los últimos meses. Él es... él ha sido mi amigo, y me ayudó a mantenerme en movimiento a pesar de todo —dijo Hermione—. Yo no estaría tan entera como estoy ahora sin él.

Ginny la miró con aburrimiento y resopló.

—Bueno, independientemente de si habéis estado cerca los últimos meses… lo cierto es que estáis muy cerca. —La morena se mordió el labio mientras miraba a su amiga, y Ginny debió de haber visto algo en su expresión, porque sus ojos se abrieron mucho—. Ha pasado algo.

—Nos quedamos atrapados bajo el muérdago de George anoche —admitió Hermione—. Es extraño. Draco y yo... pasamos mucho tiempo juntos. Nos tomamos de las manos cuando necesitamos apoyo. Me hace la cena cuando he tenido un día largo, o pasamos el día en mi sofá viendo películas o leyendo. Esta fue la primera vez que nos besamos. No se sentía poco natural. Se sentía igual que todo lo que hacemos. No tiene mucho sentido.

Una sonrisa malvada apareció en la cara de Ginny.

—Te gusta Draco Malfoy.

—A mí no... tal vez. ¿Sí? No sé, Gin. No sé nada. No sé si sólo pasa tiempo conmigo porque no hay nadie más. O… o qué. Me gustaría volver a besarlo. Creo.

Ginny rió, sacudiendo la cabeza.

—Entonces hazlo. Sólo tienes una vida. Haz que cuente.

—¿Y el riesgo de arruinar o perder lo que sea que tenemos ahora? Hemos trabajado en ello durante meses.

Su amiga se encogió de hombros.

—Bueno, es tu decisión. Nunca lo sabrás a menos que lo intentes. Lo que estoy diciendo es que no sabes dónde estarás en seis meses. Ni él lo sabe.