LA RECONSTRUCCIÓN

El OMNIPRESENTE Disclaimer: El presente trabajo se basa en caracteres creados originalmente por J. K. Rowling, quien ha cedido algunos derechos a ciertas personas/empresas entre las que afortunada o desafortunadamente no me encuentro. No recibo ningún beneficio económico por trabajar en esto. Pero puedes recompensarme con un comentario (review).

NOTA IMPORTANTE: Sergei Tolshenko, Jasón Milos, Yishí Pemo y Jill Matthews así como los términos y las circunstancias de esta trama que no aparezcan en los libros de J.K Rowling son de mi creación.

Acerca de la puntuación: Por favor avísenme si notan alguna cosa extraña.

Dedicado a tokio2323, por dejar el primer review en el capítulo anterior; a sdc90 por dejar review y poner la historia en favoritos; luna-maga, quien ha seguido esta historia desde el principio, sin importar que algunas veces me tardara más de un mes en publicar; a Smithback, que espero me perdone por no haber hablado más de Salazar Slytherin en el capítulo anterior…

Y también dedicado a todas las personas que hayan leído esta historia. Gracias.

Lo que sucede en sueños aparece en negritas.

24 Un sueño de muchos.

En el capítulo anterior:

Draco miró a su alrededor un tanto desorientado.

Estaban en el Expresso de Hogwarts. Había sido una gran siesta. Tenía la vaga sensación de haber tenido un largo e interesante sueño.

Pero no lograba recordarlo.


Esperaron un buen rato hasta que ya no se oyeron más pisadas en el pasillo. Theodore corrió la puerta del compartimiento y salió. Draco iba justo detrás de él. Y entonces, sucedió: escuchó que la puerta del compartimiento de enfrente se abrió también y sin poder evitarlo, sus ojos se encontraron directamente con los de Hermione Granger. Un extraño remolino de imágenes borrosas surgió en su mente. Estuvo a punto de acercarse a ella. Pero su sentido común lo hizo reaccionar a tiempo. Todo lo que hizo fue murmurar:

- Buenas noches, Granger.-

Y sin esperar respuesta, se alejó a toda prisa por el pasillo.

Durante el instante que se habían mirado a los ojos, Hermione tuvo la misma sensación de deja-vú y sintió que su corazón daba una sacudida extraña. Lo miró alejarse, atribuyendo su prisa a que deseaba alcanzar a Theodore Nott. Pero por más que lo pensó, no supo a que se debía esa extraña sensación de añoranza que Malfoy había suscitado en ella.

- ¿Ese hurón albino te molestó, Hermione?- dijo Ron, tomándola de la mano.

Por alguna razón desconocida, a ella le molestó ese gesto. Estuvo a punto de retirar su mano, pero lo pensó mejor. Después de todo, Ron era su novio. Sin embargo, no pudo evitar seguir sintiendo que algo había cambiado entre Draco y ella.

A pesar de que ya era noche cerrada, los tres amigos quedaron sorprendidos al mirar por las ventanillas del carruaje.

El Castillo había cambiado.

No quedaba ni un rastro de la terrible batalla librada apenas unos meses antes.

Hogwarts, la milenaria escuela de magia, lucía espléndida. Como nueva.

Fue Harry quien logró hablar primero:

- ¡Lo han reconstruido!-

Esta palabra "reconstruido" hizo que una efímera chispa saltara en la mente de Hermione. Ahora recordaba…había soñado algo acerca del Castillo y su restauración. Poco a poco, recuperó un par de imágenes del sueño.

- ¿Hermione? ¿Te sientes bien?-

Harry, Ginny y Ron la miraban con semblante preocupado. Así que rápidamente les contestó:

- Oh, no. Estoy bien. ¡Miren, ya casi llegamos!-


Después de que el último alumno seleccionado ocupara su lugar en la mesa de Ravenclaw, la Directora McGonagall se puso de pie y dijo:

- Ahora, la Ceremonia de Selección de nuestros estudiantes de intercambio extranjero.-

Un rumor se extendió por todo el Gran Comedor.

La Directora continuó:

- Este año tenemos con nosotros dos magos extranjeros que cursarán Séptimo Año y presentaran los EXTASIS de algunas materias. Pasaran entre nosotros un año escolar completo y por tanto, serán seleccionados. ¡Démosles la bienvenida! –

En cuanto McGonagall pronunció las últimas palabras, dos jóvenes hechiceros cruzaron el Gran Comedor y se formaron en donde minutos antes se encontraban los alumnos de primer año. La profesora Vector, que era la nueva subdirectora, comenzó a llamarlos, aparentemente en orden inverso al alfabético:

- Tolshenko, Sergei -

Un mago de aspecto amable, con los rasgos característicos de los habitantes de las estepas rusas ocupó el banquillo. Un medio minuto después, el Sombrero anunciaba:

- ¡ Gryffindor !

Un escalofrío recorrió la espalda de Hermione. ¿Por qué Sergei Tolshenko le parecía tan familiar? Y su desasosiego aumentó mucho más al ver al siguiente alumno de intercambio.

- Milos, Jasón –

Un muchacho con toda la apariencia de un joven dios griego se adelantó hacia el banquillo.

-¡Ravenclaw!-

Ahora Hermione estaba perfectamente segura de que algo extraño estaba pasando. ¿Por qué tenía la sensación de haber visto antes a los alumnos de intercambio?

Entonces se oyó la voz de Minerva McGonagall diciendo:

- ¡Qué comience el Banquete! –

Las mesas se llenaron de deliciosos platillos. Mientras saboreaban la comida, la conversación giraba en torno a la impresionante restauración del Castillo. En todas las mesas se podía sentir un ambiente festivo de cordialidad y, porque no decirlo, hasta de fraternidad que extrañaba un poco a los alumnos de los cursos superiores. Cuando llegaron a los postres, la Directora pidió la atención de todos y dijo:

- En primer lugar quiero presentar a la nueva profesora de Defensa contra las Artes Oscuras, Mijaela Cosmaya.-

Hermione vio a la nueva profesora y nuevamente sintió un escalofrío. Estaba segura de que no la conocía, sin embargo, ¿por qué le parecía tan familiar? El aplauso de bienvenida que salió de todas las mesas, no tenía la respuesta a su inquietud, así que optó por poner atención a lo que McGonagall decía:

- Como saben, los todavía recientes acontecimientos han hecho necesarios algunos ajustes importantes de los cuales hablaran específicamente con los jefes de Casa y los profesores de asignatura. Sin embargo, tengo algunos anuncios importantes que les conciernen a todos. Primero, con gran alegría les comunico que el Castillo ha sido restaurado y ampliado con nuevas instalaciones. Tenemos un nuevo gimnasio, dos campos de quidditch auxiliares y dos pistas para carreras de escobas.-

Esta información ocasionó una nueva salva de aplausos, sobre todo de parte de los entusiastas del quidditch, Harry y Ron incluidos.

Cuando por fin se hizo silencio, la Directora continuó:

- Por otro lado, este año se abrirán nuevos clubes, de acuerdo con las convocatorias que aparecerán en los tablones de sus respectivas Casas. Y los alumnos que se encuentran reponiendo Séptimo Año no podrán participar en los equipos de quidditch…- Harry y Ron no podían creer lo que estaban oyendo. Hubo algunos gritos de protesta, pero la Directora ni se inmutó.- Por último, les recuerdo que por ningún motivo deben acercarse al Bosque Prohibido.- Hizo una significativa pausa para mirar enfáticamente hacia todas las mesas del Comedor. Luego, terminó diciendo:

- Este banquete de bienvenida se ha alargado más de lo normal y por eso espero que vayan directo a sus camas. ¡Qué este sea un año de grandes logros para todos!

Llegado este punto, Hermione se sentía en medio de su propio episodio de "La Dimensión Desconocida". Porque, casi palabra por palabra, había podido "adivinar" gran parte del discurso de la Directora. Ansiosa, volteó en todas direcciones, tratando de averiguar infructuosamente si alguien más tenía la rara sensación que se había apoderado de ella. Incluso miró hacia la mesa de Slytherin, donde se encontró nuevamente con los ojos grises de Draco Malfoy.

Mientras tanto, en la mesa de Slytherin, Draco intentaba desentrañar un gran enigma: ¿por qué nadie había mirado a los nuevos alumnos de su casa como si fueran escregutos de cola explosiva? Era extraño el ambiente de…cordialidad. Era como si…pero no. ¿O sí? Hasta le costaba trabajo formular semejante pensamiento en palabras. Pero luego de un esfuerzo, encontró la frase correcta: era como si por fin, después de quien sabe cuántos años, los alumnos de Slytherin verdaderamente formaran parte de la familia de Hogwarts. Cosa que por cierto, resultaba especialmente inexplicable si se tomaba en cuenta el papel que muchos le atribuían a la Casa de Slytherin en la Guerra. Y justamente estaba pensando en cuán raro resultaba ver a todas las Casas de Hogwarts conviviendo civilizadamente, cuando su mirada se cruzó nuevamente con la de Hermione Granger, quien, sabe Merlín por qué rayos, había abandonado su postura normal de espaldas a la mesa de las serpientes. Pero lo que esa mirada despertó en él no era la constante sensación de desprecio que había marcado su relación desde primer año. Era algo muy diferente que sorprendió a Draco y lo hizo desear que esos intercambios visuales no se convirtieran en una costumbre, porque, desgraciadamente, no parecía estar en condiciones de resistirse a acostumbrarse.


Se despidió de Ron con lágrimas en los ojos. Puede que su relación estuviera naufragando, pero no podía dejarlo partir así sin más, sobre todo dadas las circunstancias.

- ¡Saluda a todos de mi parte Ron!-

Él volteó y asintió con la cabeza, antes de salir prácticamente corriendo de la torre de Gryffindor.

Ella se dejó caer en el sillón frente a la chimenea donde había pasado tantos momentos con sus mejores amigos. Y lloró.

Lo peor de todo es que Harry no estaba ahí para hacerla sentir mejor. Y escribirle no era lo mismo. Con suerte, Harry leería la carta y le contestaría con una escueta nota escrita entre clases. Ciertamente estudiar en la Academia de Aurores no permitía mucha vida social.

Se sentía francamente miserable. O mejor dicho, miserablemente sola.

Y entonces, recordó algo. Una conversación con Harry.

- Tenía que pasar, tarde o temprano. Nuestra amistad está evolucionando. Hemos crecido juntos. Pero lo cierto es que llega el momento en que todo sendero se bifurca. No es la primera vez que pienso en esto, Hermione. De hecho, tenía miedo de que esto pasara, supe que las cosas tendrían que cambiar cuando me di cuenta de que entre Ron y tú estaba creciendo algo diferente. -

- ¿Tenías miedo de que te dejáramos solo?-

- Así es, Hermione. Hasta llegué a pensar en formas de sabotear su relación. – Harry sonreía traviesamente.

- No te creo…-

- Te digo todo esto porque no quiero que te sientas culpable y mucho menos que te sientas responsable por "arreglar las cosas" de forma que todo vuelva a ser como antes.-

- Sí, Harry. Entiendo.-

- Gracias, Harry.- dijo Hermione, abrazándolo con fuerza y sintiéndose muy aliviada. O mejor dicho: Liberada.

- No, Hermione, gracias a ti. No sé qué rayos habría sido de nosotros sin ti. Pero ahora es tiempo de que pienses más en ti y menos en nosotros.-

- Trato hecho, Harry.- dijo Hermione, al tiempo que le tendía una mano, que Harry estrechó para luego darle un corto abrazo. Todo estaba bien.

Pero, ¿de verdad había tenido esa reconfortante conversación con Harry? No. Había sido un sueño. Últimamente, mejor dicho desde el 1° de septiembre, había tenido sueños muy extraños. Eran como trozos de un sueño más largo. Recuerdos de un sueño que no lograba hacer encajar. Sin embargo, la verdadera rareza de esos sueños es que parecían predecir algunas de las cosas que realmente estaban pasando, como la reconstrucción del Castillo, la llegada de los estudiantes de intercambio, su ruptura con Ron y…bueno, lo que estaba pasando con Draco Malfoy, que en realidad, era lo que más le preocupaba.

Entonces decidió que debía consultar a un experto. O por lo menos, lo más cercano a un experto que tuviera a la mano.


Estuvo varios minutos dando vueltas por el pasillo, tratando de decidirse. Se sentía al filo del ridículo. Ella, siempre tan racional, buscando a un profesor de Adivinación para que la ayudara a descifrar el significado de sus sueños.

Finalmente se dio valor y tocó la puerta del aula.

La voz de Firenze, el centauro, respondió claramente:

- Adelante.-

Sintiéndose un poco intrusa, Hermione abrió la puerta y entró.

- Señorita Granger. ¿Qué se le ofrece?- preguntó Firenze, acercándose a ella.

- Es que…verá, profesor. Desde que comenzó el año, he tenido unos sueños muy extraños…- y le contó los pedazos de sueño con tantos detalles como recordaba.- Lo que me impresiona es que…parecen sueños premonitorios y yo nunca había tenido esa…habilidad.- concluyó casi murmurando.

Firenze la miró atentamente durante unos momentos. Sin decir nada, la tomó por ambas muñecas y las examinó con detenimiento. Hermione estaba comenzando a asustarse, cuando finalmente Firenze la soltó y dijo:

- En realidad, no se trata de sueños premonitorios. Al menos no como suelen definirse de forma canónica. Son secuelas de una fuerte y ciertamente rara experiencia onírica. Lo normal sería que hubiera olvidado el sueño por completo, pero aparentemente una parte importante de él se ha quedado anclada en su consciencia y por eso sigue saliendo a la superficie.-

- Si no son sueños premonitorios, ¿por qué parece que predicen el futuro?- preguntó Hermione, un tanto confundida por la explicación de Firenze.

- Oh, no. No predicen el futuro….- Firenze se quedó pensativo, como si buscara la forma más sencilla de explicarlo.- Verá, lo que ocurre es que este sueño no ha sido sólo suyo, sino de muchas otras personas. Al soñar, creían que estaban despiertos y se comportaban tal como si se tratara de la vida real, tomando las mismas decisiones que luego han tomado en la realidad. Por eso, el sueño guarda muchas similitudes con la realidad actual, porque tanto el sueño como la realidad han sido tejidos por esas decisiones.-

Esta explicación hizo que las cosas se aclararan bastante para Hermione. Sólo le quedaba una duda:

- Si las demás personas que soñaron este mismo sueño ya lo olvidaron ¿por qué yo sigo recordándolo?-

- Bueno, no estoy muy seguro. Podría deberse a varias razones. Quizá usted tomaba una decisión arriesgada que por alguna razón ha estado evadiendo en la realidad. O puede ser que su corazón desea que algo que pasó en el sueño ocurra de verdad.-

"Yo creo que son ambas" respondió silenciosamente la voz de su consciencia.

Y cualquiera hubiera creído que Firenze había alcanzado a leer este pensamiento, porque la sombra de una sonrisa se dibujó en su rostro.


De regreso a la torre, Hermione iba pensando en lo que Firenze acababa de decirle.

Ahora entendía porque ninguno de los retazos de sueño incluía que a Harry le llegara una carta del ministro invitándolo a ser el mago más joven admitido en la Academia de Aurores, ni tampoco que a George Weasley le ocurriera un accidente que forzaba a Ron a dejar Hogwarts para hacerse cargo de "Sortilegios Weasley" durante la convalecencia de su hermano. Aparentemente, Kingsley Shacklebolt no había participado en el extraño sueño colectivo. En cuando a George, estaba segura de haberlo visto rondando en sus "recuersueños"… ¿o era Fred?, el caso es que el accidente no había sido una decisión suya y por tanto no sucedía en la dimensión onírica compartida.

Al llegar a esta conclusión, se paró en seco. El pasillo le parecía interminable sin la compañía de sus dos amigos. De pronto, se había dado cuenta de que la Torre de Gryffindor le parecía triste sin ellos y para no terminar llorando de nuevo, prefirió encaminarse hacia la biblioteca.

Mientras Hermione se escondía detrás de un grueso "Diccionario Enciclopédico de Maldiciones Romanas", Draco vagaba por los terrenos del colegio. Últimamente una extraña sensación lo perseguía por doquier. Era una singular mezcla de expectación con indecisión. Y es que le parecía notar que no le era completamente indiferente a Hermione Granger, lo cual hubiera sido completamente irrelevante si no fuera porque, muy a su pesar, había terminado por reconocer que debajo de todos los insultos proferidos en siete años había una constante necesidad de su atención y unos celos incendiarios contra Harry Potter y Ron Weasley. El problema era que, habiendo reconocido que sentía algo por ella que definitivamente no era desprecio, debía hacer algo al respecto. Durante toda su vida había sido muy fácil limitarse a desempeñar su papel como orgulloso mago de sangre limpia con un estilo de vida predeterminado, que le facilitaba enormemente la toma decisiones, al restringir las opciones "permitidas" para alguien de su estirpe. Sin embargo, a partir sus experiencias recientes encarando las consecuencias de esas decisiones que al principio habían parecido tan fáciles, tenía muy claro que en adelante haría lo que él quisiera, no lo que se suponía que debía hacer.

Se encontraba bordeando el lago, cuando escuchó a sus espaldas dos voces femeninas:

- ¡No puedo creer que Ron Weasley se haya ido esta mañana!-

- Pues sí, yo misma lo vi salir corriendo de la Torre de Gryffindor.-

- ¿Y sabes por qué se fue así?-

- Creo que uno de sus hermanos, el que es dueño "Sortilegios Weasley", tuvo un accidente y ahora Ron tiene que hacerse cargo del negocio…-

- Y según sé, no es un mal negocio. Fíjate nada más en la sucursal de Hogsmeade…-

Luego, las voces se alejaron. Pero Draco ya había escuchado lo que le interesaba.

Ron Weasley fuera de Hogwarts. Eso significaba que Hermione Granger andaba por ahí…sola. Igual que él. No tuvo que esforzarse mucho para pensar en donde podría encontrarla.

La biblioteca. Ella estaba sentada como siempre, de espaldas al gran ventanal, de forma que la luz de la tarde iluminaba sus cabellos dando la ilusión de una aureola. Durante un instante, la consciencia de lo que estaba a punto de hacer (o de intentar hacer) lo paralizó. Pero de inmediato se repuso. No era momento para perder el control. Y con paso resuelto, se dirigió a la mesa donde Hermione Granger se hallaba estudiando.

Tenía una pregunta importante que hacerle.

Y ella le dio una respuesta que ningún libro de Adivinación habría predicho.

Pero eso, ninguno de los dos lo sabía, hasta que se miraron a los ojos y decidieron al unísono que era justo darse una segunda oportunidad. Más allá del orgullo y el prejuicio acumulados durante siete años. Y más cerca de un sueño compartido que comenzó una mañana, en el Expresso de Hogwarts.

Y, extrañamente, a partir de esa noche, Hermione no volvió a tener esos raros sueños.


Acerca del capítulo:

Están en todo su derecho si deciden bombardearme a Crucios y Avadas. Comprendan que la recta final de la maestría me costó mucho trabajo y las cosas no salieron como yo quería…(suspiro de resignación).

Bien, este es el último capítulo. Para la redacción del epílogo (o epílogos, aún no lo decido), me encantaría que me hicieran llegar sus dudas o inquietudes acerca de la historia y los personajes que no se hayan resuelto a lo largo de la historia. ¡Esperaré con ansia sus comentarios!

Snif. Qué bueno que escribo en una computadora, porque si no algunas partes de esta página estarían ilegibles.

Nuevamente, gracias, mil gracias por haberme acompañado en este viaje de la imaginación.

¡Dulces sueños!

Contestación a reviews del capítulo anterior:

Chanita23: Lo menos que puedo hacer por una persona que espera mis actualizaciones con ansia es dedicarle un capítulo. Espero que con este final se hayan aclarado algunas de tus dudas, otras espero que se disipen en el epílogo. Sin embargo, voy a decirte porque al pedir los deseos Draco debía repetirle al Oniro lo de "Tú sabes que me refiero". Es para evitar lo que decía Snape acerca de la malinterpretación de los deseos. Si el Oniro-genio quería jugarle una broma de mal gusto a su amo, podía tergiversar el significado de las palabras con que se había formulado el deseo. La forma de evitar esto, aparte de hacer los deseos más explícitos posibles, es ordenarle al Oniro que haga lo que sabe que tú quieres, aunque tus palabras no lo hayan expresado con exactitud. Esto se puede hacer sólo con Oniros cautivos, que están obligados a obedecer. Con los Oniros libres no funciona, por eso Draco no les dice a los tres hermanos nada parecido, sino que redacta sus deseos con mucho cuidado.