Bueno, yo voy y vengo como la lluvia de verano, aunque no sé si tan refrescante. Saludos a todas/os los que lean, y espero que sea por lo menos legible.
10 meses después
"Estás Despedida"
-…Y cómo ves cerramos el acuerdo con la corporación por el 15% de las regalías del primer año, y el 10% los siguientes – Quinn explicaba con cierto orgullo a su padre Russel mientras él servía una botella de champagne – sé que no me creías capaz de lograrlo – dijo elevando una mueca hacia el hombre él cual arqueó una ceja – papá… nos conocemos, sé que no me creías capaz…
-¿Yo? – el hombre se tocó el pecho con incredulidad – yo jamás he creído eso, estás muy equivocada – comento tranquilamente mientras llenaba la copa de su esposa – si no te hubiera creído capaz, no te habría enviado simplemente.
-¿Y por eso te pasaste toda la semana diciéndome cuan distraída y poco concentrada estaba? – se defendió la chica tomando su copa y la de Rachel que sentada a su lado observaba con diversión el intercambio. Y orgullo. Como Russel. Ese acuerdo significaba un avance para el negocio de los Fabray, igual que estabilidad.
-Y es que lo estabas – Quinn chasqueó la lengua y su padre la observo sonriente – lo estás, desde hace exactamente 10 meses estás completamente desconcentrada, digamos que… al 20% de tus habilidades.
-Claro – contestó Quinn con ironía – por eso mismo descorchamos champagne para celebrar el contrato de nuestras vidas.
-De tu vida – comento Russel restándole peso – de tu vida, Quinn – agregó con tranquilidad – este par de viejos – "Cariño" lo reprendió Judy por lo bajo – pero hermosos viejos, completamente atractivos – "Papá", ahora la que lo reprendía era Quinn – estamos camino al jubileo, seremos unos jubilados muy sexys pronto.
Quinn se sonrojo, Rachel se sonrojó un poco pero su sonrojo fue en aumento cuando su padre interrumpió – Y tanto que es usted un hombre muy atractivo, Russel – dijo Leroy como si se tratará de lo más normal.
-Y no hablemos de Judy – agregó Hiram con picardía – creo que podría abandonarte por una Venus como la madre de Quinn, mi querido Leroy – "Papás", plural, ahora era Rachel la que reprendía a sus progenitores.
-Ay si como si pudieras vivir sin mí – respondió el aludido sin tapujos y ambos se dieron un guiño de ojos ante la risa de los Fabray y los reproches de sus respectivas hijas.
El caso es que en Lima, Ohio, se celebrara una cena familiar. Una cena de una familia recientemente conformada. Los Fabray y los Berry después de años de discordia limaron asperezas a través de cócteles y margaritas una tarde de sábado cuando sus hijas estaban de vacaciones por la península de Yucatán en un mini descanso necesitado y merecido junto con 2 parejas amigas. Una latina verborrágica que lanzaba improperios y piropos en español sonrojando a los residentes quien estaba acompañada de una rubia muy extraña pero amable que viajaba con un gato gordo. La segunda pareja era una policía de licencia temporal después de un largo caso y una escritora que no se perdería por nada un viaje como ese y menos ver a su reciente novia en bikini.
Pero no es de ellas que hablamos. Los ahora devenidos consuegros pusieron las cartas sobre la mesa primero con seriedad, whisky para Russel y cócteles para los demás, y luego con bromas, risas y muchas margaritas. Luego solo con margaritas. Así es como se hizo esta relación tan amena para el gusto de todos y el espanto, muchas veces, de las respectivas "niñas" de la casa. Hay que ver lo mucho que tanto Quinn como Rachel agradecían y renegaban, en igual medida, por la nueva, fluida, madura y demasiado confianzuda relación.
-Pero lo dicho – siguió Russel- no estamos aquí para celebrar el acuerdo con la corporación Umabot sino por otra razón – Quinn lo observó con escepticismo – estamos aquí para celebrar algo distinto…
-Papá no hace falta que inventes una excusa sino quieres reconocerlo.
-Levanten las copas mis queridos invitados, familia – continuó Russel – porque no estamos aquí celebrando el contrato de la empresa Fabray y asociados, sino porque es un día especial para Quinn…
-Papá… por favor – Quinn meneó la cabeza con desazón por la parafernalia para evidentemente decir lo mismo.
-Quinn… hija… estás despedida…
-Papá por favor si ibas a… ¿Qué?
Los comensales intercambiaron miradas asombradas y Quinn palideció evidentemente.
-Que estás despedida – dijo Russel con mucho menos énfasis pero más claramente todavía – despedida, despachada, eliminada, out… como quieras decirle…
-¿Papá? ¿Qué demonios has bebido? – le retrucó Quinn pensando que el hombre estaría de broma o borracho.
-Lo mismo que tú, es en serio Quinn – Russel se sentó tranquilamente en su sitio – desconozco por qué no puedes creértelo pero desde este momento, es más, desde hace bastante no perteneces a la plantilla de trabajadores que dependen de mi.
-Russel – si Quinn dejaba de llamar papá a su padre había un problema – esto es una especie de chiste malo ¿verdad?, si querías despedirme no me habrías enviado a firmar ese contrato.
- Pues… sobre eso – Quinn sentía que las orejas le ardían de repente, "¿qué es toda esta puñeta?"- verás cariño – había un halo condescendiente en el tono de voz de su padre que sabía que esto no sería bueno – ese contrato no lo firmaste para nosotros, hace un par de semanas le vendía la llave, fondo y firma a una joven neoyorquina y su socia…
-¿QUÉ QUE!? – Quinn sentía que se le acababa el aire – pero si vi los contratos… decían Fabray y asociados… además UMABOT jamás habría aceptado firmar con unas totales desconocidas, esto es una locura, y si es cierta una estafa a ellos… y a mí…
Hiram se acercó a Rachel con mucha cautela y susurró - ¿esto es real o bebimos demasiado?
-Real – fue lo único que escapo de la inerte boca de una pálida Rachel que había proyectado otra clase de celebración para esa noche.
-Pues ya te he dicho que hemos vendido la firma por completo, incluido el nombre – dijo Russel muy cortésmente, antítesis del estado de alarma de su hija – mira Quinn, mira… estamos grandes, tu madre y yo merecemos el descanso propio de esta edad, aprovechar el tiempo que nos queda reconciliados – dijo estrechándole la mano a su nuevamente mujer- me jubilé hace semanas y ella no tardará en hacerlo, tenemos rentas para un buen tiempo y la vida solucionada, ya era el momento.
-Pero – Quinn no podía entenderlo, es decir, podía entender a su padre y aunque no quería ser egoísta no dejaba de pensar que pasaba con ella, ¿y ella?, ella había puesto mucho de sí para estar con su padre en esa firma, antes y después de Rachel, sobre todo después dejando escapar miles de minutos por estar ahí, para esa empresa financiera que tanto quería y vio crecer – podrías habérmelo consultado al menos.
-No, no podía, habrías hecho un escándalo de saberlo, mejor así…
-¿Así? ¿Frente a mi suegros? ¿Frente a mi mujer? – Quinn no podía ver nada de válido en todo esto.
-Sí, frente a todos, porque es una celebración, una de verdad – Russel la observó con cariño – mira Quinnie, tú y yo sabemos lo mal que estabas pasando estos últimos tiempos por estar separada de Rachel… hija… necesitas esto, necesitas empezar de cero en New York, aprovechar esta etapa de tu vida como quieres, no como puedes…
-Pero ¿hacía falta vender así nuestro trabajo?- Quinn no entendía como su padre, el hombre que tanto dio por esa compañía la dejaba ir así sin más, sin imponer batalla.
-Sí, hacía falta – su padre saco una pequeña caja de su bolsillo, Rachel sintió un latido un su sien al verla muy parecida a una caja de anillo de compromiso y Quinn la observo con incredulidad, la misma de Hiram y Leroy – mi pequeña, no creas que te irás con las manos vacías, además de una importante suma que tu madre y yo depositamos en tu cuenta de la cual dispones ahora mismo para lo que necesites, tienes esto – le acercó la caja a Quinn y esta rozó con la punta de su dedo índice uno de los lados pero luego se la quedo observando un poco más sin abrirla.
Judy levanto la voz por fin – Quinn por favor, danos un voto de fe y ábrela, te prometo que no lo lamentarás – la observo con una media sonrisa.
Quinn respiró profundo y soltó el aire abruptamente – sea lo que sea tendré que abrirlo en algún momento y enfrentarme a ello – dijo, se sintió confortada al notar como Rachel le tomaba la mano que izquierda mientras ella abría la dichosa caja con la derecha, todos mantuvieron el aire en los pulmones mientras se abría - ¿y esto?
Una pequeña llave. Era lo que había en el interior. Una llave de un departamento o una casa o algo parecido, a lo largo de la misma brillaba en letras románicas Fabray y Asociados.
-¿Qué es esto? – dijo Quinn levantándola y sopesándola en el aire - ¿otra broma? Fabray y Asociados no existe más…
Russel se incorporó con elegancia – claro que existe, ya te lo dije se la vendí a una joven profesional neoyorquina y su socia…
-¿Y pretendes que trabaje para ellas? – pregunto Quinn con aprensión.
-No… no podrías trabajar para ellas, excepto que quieras estar a la orden de cierta latina malhumorada a las ocho de la mañana pero tú misma…
-¿QUÉ? – Quinn se quedó estática y Rachel sintió que su mandíbula rozaba la de sus padres en el suelo de la casa de Russel, esa latina no podía ser otra que... – ¿Santana? – preguntó la rubia con más escepticismo que nunca
-¿Recuerdas lo que siempre te decía sobre nuestra empresa? Nuestra empresa está completa, su servicio es integral y el mejor, solo nos faltaría…
-Un equipo legal – concluyó Quinn abrumada.
-Exacto y quién mejor que tu mejor amiga para ayudarte a dar los primeros pasos sola por el mundo financiero, y de la mano de UMABOT.
-No entiendo – Quinn era inteligente pero las emociones a veces nos nublan.
-UMABOT nunca firmo un acuerdo con Russel Fabray y Asociados, lo hizo con la inteligente, la perspicaz e intuitiva hija menor del mismo – se regodeo de orgullo – fácil deducir… con Quinn Fabray y Asociados.
-Yo… - Quinn quería decir algo, quería hacer algo pero no sabía qué, su garganta estaba seca y su mente también. "¿Qué puedo decir?" Sintió la reconfortante caricia de Rachel en su piel y se encontró algo de luz – Yo… no sé qué decir… es demasiado para asimilarlo, ¿estás diciendo que me vendiste la firma a mí y a Santana? ¿pero si yo no firmé nada?
Russel se rascó la barbilla – es cierto, pero eso se soluciona – agregó acercándose a una mesa lateral y trayendo un enorme fajo de hojas a la mesa – te llevará algo de tiempo, ya sabes cómo funciona esto, inicial en cada una y firma en últimas fojas – se sentó mientras Quinn observaba con los ojos muy abierto la portada de aquel contrato de venta – hija, no hay nada que pensar, además Umabot necesita a sus agentes completamente instaladas y ya fue adquirido el piso para la empresa – bebió un sorbo – no creo que a Santana le haga gracia perder dinero por tus indecisiones – Quinn alzó la ceja izquierda ante esa idea - si no tienes donde quedarte podemos darte más dinero para comprar un depart….
-No, no, no – Rachel hacia acto de aparición luego de haber sido solo público neutral - ella puede vivir conmigo, tengo un loft enorme y siempre que vienes a New York te quedas allí – observó a Quinn – oye… si quieres, claro.
Quinn sonrió – claro, claro que quiero mi amor.
-Pues ya esta – dijo Russel sonriendo con alegría – asunto solucionado – tú pequeñaja firma esa cosa y llévasela a Santana, nuestra abogada se encargará de que se legalice correctamente – levantó la copa de champagne – Felicidades empresaria, que ese negocio siga siendo el mismo o mejor y que tu vida con Rachel te ayude a sostener todo lo demás, sean felices.
Y todos brindaron, incluso una incrédula Quinn que no alcanzaba a asimilar nada de todo aquello, excepto que vería a Rachel cada día de su vida de aquí en más. ´Puedo vivir con eso sin dudas´, se dijo mientras rodeaba la mesa y abrazaba a su padre y madre, susurrando un Gracias, aunque le parecía tan poca cosa. Del otro lado de la mesa, los Berry susurraban a su hija que era hora y que lo hiciera. Si bien Quinn pudo oír los comentarios no tenía ni idea de que iba la cosa. Hasta que una sonrojada Rachel se dio la vuelta y le hizo una pequeña seña para salir al jardín trasero, donde los Fabray tenían una hermosa fuente y un enorme jacuzzi. La luz era tenue.
Dentro Judy trataba de enterarse el porqué de la salida de ambas pero los Berry solo comentaron un ligero `Observen´.
Rachel dirigió a Quinn a el punto más bonito del patio y mientras mirada la luna le comentó – esta noche es hermosa, la luna brilla, la vida cambia, la vida es hermosa – se giró a ver a la rubia – aunque nada como tú, mi amor.
-Cuanto romanticismo de golpe, Rachel Berry – dijo Quinn y la abrazó con una sonrisa en los labios muy perceptible – pero… ¿qué hacemos aquí?
Rachel soltó el aire de sus pulmones y se separó un momento deslizando su mano en uno de los bolsillos de su vestimenta - hoy parece que es un día de sorpresas, llevo tanto queriendo hacer esto y he elegido justo la noche en la que tu padre te cede su empresa, soy tan oportuna – agrego con una mueca de suspicacia mientras le mostraba a Quinn otra caja parecida a la que su padre le había obsequiado.
-Parece que Russel te había comentado todo este asunto – dijo Quinn sin percatarse de los nervios que invadían a la morena - ¿me darás la llave de tu departamento? – preguntó.
Rachel frunció el ceño con algo de diversión por la ingenuidad de su novia, tan tranquila, incapaz de darse cuenta de detalles tan nimios – pero Quinn – le contestó – tú ya tienes esa llave…
-Entonces... –Quinn iba a seguir hablando pero se quedo en blanco al ver a la morena arrodillarse frente a ella – oh, Dios
Rachel tomando coraje de donde no sabía ni que tenía, cerró los ojos, respiro y abrió la caja dejando ver un par de anillos preciosos ambos con una piedra de varios quilates. Si hubieran mirado otra cosa que no fueran los ojos de la otra habrían visto como Judy Fabray contuvo un grito emocionado, Russel se quedo estático y los Berry se comían las uñas.
-Esto no es una llave – dijo la morena.
-Ya veo…
-Llevo meses queriendo estar contigo cada día de mi vida, pensando cómo hacer para convencerte de que no tenemos que estar separadas, que quiero un compromiso real – Rachel temblaba, sus labios temblaban pero aún así seguía hablando firmemente – hemos vivido esas sensaciones que querías y créeme cuando digo que cada sensación fue más y más placentera – sonrió – sabes que no puedo mentirte, tú estabas ahí…
Quinn Fabray llevaba 20 segundos queriendo gritar que si, si quiero, pero ver a Rachel tan entregada queriendo convencerla era demasiado hermoso para dejarlo estar.
-Durante mi vida siempre me han propuesto matrimonio, y tú también sabes eso, pero por una vez quería ser yo la que diera este paso por propia resolución, porque lo deseo más que a nada antes – siguió hablando con tanta naturalidad que se notaba que era completamente sincera – te amo Quinn Fabray, amo todo lo que tiene que ver contigo, amo como me miras, amo despertar y dormir en tus brazos, amo tus manías y tus enfados, amo que me prepares el café por las mañanas si me distraigo con algo o que me riñas cuando no desayuno, amo que me des besos solo por darme besos, y que la palabra que más te he oído decirme sea "te amo", no quiero estar lejos de ti otra vez, y esta propuesta iba a ir acompañada de una decisión que tu padre ha logrado desarticular – Quinn arqueó una ceja curiosa – iba a aceptar una oferta de un canal de San Francisco para venir contigo aquí pero parece que no hace falta – la rubia abrió los ojos, mucho, por segunda vez en la noche – Quinn quiero estar contigo hasta que seamos mayores, quiero que lo vivamos todos como una pareja formal, completamente formal – agregó – lo he dicho muchas veces ya de maneras distintas pero ¿quieres casarte conmigo?
-Rachel yo…
-Si crees que es muy precipitado lo entiendo y podemos olvidarlo.
Quinn se puso de rodillas frente a ella y la silencio con sus dedos – no, escúchame, Rachel te amo, claro que me casaré contigo, no tengo dudas… quiero pasarme la vida contigo desde hoy y para siempre, porque así es como esta vida que tengo esta completa – Rachel iba a hablar pero la detuvo – espera… necesito preguntártelo porque esto es una oportunidad de una sola vez en la vida – agregó con cariño – yo te acepto Rachel Berry, tú…¿me aceptas a mí como esposa?
-Si… sí, claro… te amo Quinn, te amo y quiero que seas mi mujer…
Se abrazaron y habrían intercambiado alianzas si no fuera porque Leroy gritaba desde adentro, ansioso – ¡Por Dios, pónganse de pie que no vemos!
Ambas se rieron a carcajadas y se pusieron de pie, cada una deslizo en el dedo de la otra su correspondiente anillo – y así, estamos comprometidas Quinn Fabray, ahora no te puedes escapar de mi – dijo Rachel.
-Ni que tuvieras tanta suerte, Berry, de mi no te libras en tu vida.
Dentro de la casa Judy se giró a decirles a los demás que había mucho que hacer y lo primero era celebrar una fiesta de compromiso. Leroy salió corriendo tras la mujer y Hiram se sentó con Russel a beber champagne mientras hablaban de lo ideal que sería realizar la boda en el club de campo al que iban los domingos. Fuera la luna era testigo del beso de dos mujeres más enamoradas que nunca.
Continúo. Porque al final nunca termine esta historia y eso es malo para mi salud mental. Siento tantas pausas. De veras, lo siento. Saludos de nuevo...
