SECRETO
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Escrito por:
Saber Nezumi
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La soledad se hace más aterradora que la oscuridad.Abriendo las esposas, sujetándonos las pálidas muñecas,
Sobre tus rodillas, ofrece las dolorosas palabras de amor.
Ni siquiera me importa si es pecado, por favor di que me quieres
y dame un beso prohibido.
- Ali Project -
Los rayos del sol entraban fuertemente por los grandes ventanales que llegaban casi a tocar el techo, aquella luz bañaba el lugar dando la sensación de que acariciaba cada rincón que encontraba, por las ventanas se podía apreciar las copas verdes de los árboles que quedaban más o menos a esa altura, algunos pájaros volaban entre ellas. El cielo… no podía apreciarse de que color estaba, más bien la luminosidad del lugar, ese brillo casi celestial, no podía dejar apreciar los colores de forma nítida, ni tampoco las figuras que la rodeaban. La chica seguía caminando por aquel pasillo desconocido, a su izquierda podía ver retratos de gente que no conocía, puestos en marcos de fina nobleza; y a su derecha podía ver los ventanales en los que su reflejo le devolvía aquella mirada confundida, pero expectante. Siguió caminando. Y a los pocos segundos una música suave, como de baile de salón, inundó el lugar; era tan delicada cada nota que parecía acariciar su cuerpo, la hipnotizaba y la llevo a comenzar una carrera desesperada tras aquel sonido. A medida que sus pasos se acercaban más al final de aquel pasillo el ritmo de la música se aceleraba más y mas, en sus oídos podía escuchar una voz dulce que cantaba en un lenguaje que no entendía y que contrastaba totalmente con aquella frenética sinfonía. De sus ojos, inexplicablemente, comenzaron a caer lágrimas que se perdían en el camino. Cada paso que daba dejaba una huella en el suelo, a causa del polvo de años, mas desaparecían ya pasados unos segundos… como si la chica que las había producido no existiera. Un fantasma, en pocas palabras.
Se detuvo de improviso y una ráfaga de viento gélido vino con ella, golpeándola por la espalda, haciendo que se levantara un poco la falda de su vestido color perla, provocando que sus rubios cabellos fueran llevados con brusquedad hacia delante cubriendo su rostro. Y la música cesó, bruscamente, para luego retomar su ritmo normal, algo adormecedor. La voz tambien dejo de escucharse y algo en el corazón de la chica se alarmó, no quería dejar de escuchar aquella voz tan seductora. Ella se había protegido de aquel viento inhumano cruzando sus brazos frente a su rostro, mas ahora que había pasado, lentamente se atrevió a mirar el lugar al que el extraño pasillo la había conducido. Tenía el mismo aire celestial que el pasillo a su espalda. ¿Dónde rayos estaba? Era una habitación de paredes perladas, algo sucias, se notaba que nadie las había limpiado en años. En la pared más alejada se podía apreciar un gran ventanal que la ocupaba casi por completo, y en una de sus esquinas faltaba un gran pedazo de cristal, talvez alguien lo había roto por accidente. Se acerco más a él, esquivando una lámpara y algunos sillones, parecía que esa estancia la utilizaban como sala de estar, pero seguía sin saber como encajaba ella en todo eso. ¿Qué estaba sucediendo? Se situó frente a la gran ventana, unos treinta centímetros mas arriba comenzaba la gran herida en el cristal, y allí podía apreciarse una enorme telaraña que la ocupaba por completo. La chica no se estremeció, como lo habría hecho cualquier otra persona, al ver como una araña un poco mas grande de lo normal, pequeña de cuerpo pero de largas y delgadas extremidades, bajaba por un casi invisible hilo hasta quedar frente al rostro de ella. La muchacha solo se limito a sonreír y alzar una de sus manos para tocar a la criatura de color negro, sentía curiosidad, curiosidad por aquel insecto y por todo aquel extraño entorno que la rodeaba. Sus pálidos dedos estaban a punto de rozar las patas de la araña, y en una parte de su cerebro pensó que le gustaría ser mordida por ese arácnido, para saber si todo lo que estaba sucediendo era real. La araña abrió amenazante su diminuta boca, extendiendo las grandes mandíbulas que se hallaban a cada lado… sabia que su mordida seria mortal para la chica, y pese a todo lo que le había advertido con ese gesto, la muchacha no se retiraba… movía sus patas frenéticamente, lista para atacar; fijo su vista en el dedo índice de la mano que se le acercaba, el mortal veneno recorría raudo sus entrañas esperando ser liberado, deseando matar, se dio un pequeño impulso para saltarle encima, pero…
- ¡Depulso!
La chica dio media vuelta, sorprendida y asustada por como aquel grito había quebrado la quietud del lugar, sintió como la calidez de aquel hechizo le pasaba muy cerca de una de sus mejillas y trastabillo hacia atrás. Desconcertada miro hacia la dirección en que se había alejado aquel haz de luz y solo se encontró con la aturdida araña negra estrellada contra el ventanal. ¿Qué había sido eso?
- Deberías tener mas cuidado…
Miro en todas direcciones, solo se encontró con unos cuantos sillones vacíos y unos retratos, en las paredes de en fondo, cubiertos con sabanas blancas. Alguien le había llamado por su nombre, lo sabia y no estaba loca como todos creían, ella no escuchaba voces…
- Estoy aquí, Luna.
Esta vez si supo a donde dirigir la mirada. Cuando se volteo hacia la esquina mas alejada del ventanal se topó con unos profundos ojos marrones que la miraban con intensidad, se ruborizó¿porque no podía librarse de ella ni siquiera en aquel lugar? La chica que estaba sentada sobre el marco, dando cuerda a una pequeña caja de música de color negro, la miraba dirigiéndole una suave sonrisa que hizo que los labios de la rubia temblaran sutilmente. La otra chica se percató de esto y sonrió aun más. Luna no se movió de donde estaba y siguió observando extrañada a su nueva acompañante, esta dejo de mirarla para seguir dando cuerda a aquella particular caja de música. Pasados unos minutos y terminada su labor, la chica dejo a un lado la pequeña cajita. Enseguida la música comenzó otra vez. Palmando el respaldo de un sillón cercano, forrado en terciopelo rojo, le indico a Luna que se acercara. Esta dudo, pero luego de unos instantes dio unos pasos y se dejo caer sobre el mueble color sangre. Una nube de polvo se elevo alrededor.
- Cof, cof… ¿Acaso nadie limpia este lugar?– pregunto Luna algo molesta, agitando sus manos para alejar aquella nube toxica.
No obtuvo respuesta; la extraña chica que le acompañaba, de ojos marrones, un rostro bañado en pecas y un largo cabello rojo fuego que casi le llegaba hasta la cintura, se levanto del alfeizar del ventanal en donde estaba sentada y dio unos pasos hasta situarse frente a la rubia. Esta miró hacia un lado, para que la otra no pudiera darse cuenta del rubor que cubría sus mejillas. No, aquella chica no podía darse cuenta de sus sentimientos. La otra rió y apoyó sus manos en el respaldo del sillón, acercando su cuerpo mas al de Luna, sintiendo como la otra chica trataba de alejarse inútilmente de ella; la música de salón seguía sonando de fondo, sutil y pasional a la vez.
- En este lugar solo estamos tu y yo Luna – dijo la chica con tono sensual – Y nadie vendrá a limpiar o a interrumpirnos si eso te preocupa.
Luna miro al frente y se encontró cara a cara con los pechos de la mujer a la que tanto deseaba, cerro los ojos rápida y fuertemente para no caer en la tentación de abrirlos nuevamente. Sintió que su cara ardía, y comenzo a respirar con algo de dificultad. Una mano aterciopelada se poso en su mejilla izquierda, mientras el calor del ambiente aumentaba; luego comenzo a sentir como la respiración de alguien se acercaba a su rostro, hasta confundirse con la suya.
- Luna... ¿Qué ocultas?
- ¿A que te refieres, Ginny? – pregunto la rubia, abriendo los ojos y alzando la vista inmediatamente, para encontrarse enseguida con aquellos ojos marrones que en sueños y en la vida real siempre lograban hipnotizarla, adentrarse en su alma desnuda para saber sus mas ocultos secretos y deseos.
- Quiero saber que ocultas con tanto recelo… - respondió la pelirroja materializando su varita en una de sus manos.
- ¿Qué piensas hacer? – Luna se echó hacia atrás temerosa, hundiéndose en el sillón, tratando de alejarse lo más posible del cuerpo de su amiga.
- Ya veras…
Ginny posó la punta de su varita donde comenzaba el escote del vestido que llevaba Luna, susurro unas palabras con notorio placer y la punta de su varita comenzo a destellar como si un pequeño fuego hubiera nacido dentro de ella. Sonrió. Luna la observaba con miedo, pero al mismo tiempo una sensación calida recorría todo su cuerpo, provocándole pequeños temblores. No lo entendía. La varita de Ginny empezó su descenso por el vestido de la rubia, quemándolo levemente para que luego se fuera separando por si solo, dejando la blanca piel de Luna a la vista de la pelirroja, quien suspiro y siguió su trabajo a medida que la desnudez de su amiga se hacia mas evidente. Cuando llego al final de las faldas de aquel vestido y se agacho frente a las piernas abiertas de la ravenclaw, las dos se quedaron unos segundos sin hacer nada, cruzando miradas significativas.
- ¿Por qué lo haces? – pregunto Luna con un sollozo ahogado, estaba avergonzada, esa era la verdad y Ginny parecía no darse cuenta.
- Siempre he pensado que eres hermosa Luna ¿Lo sabias? – comento la pelirroja rozando delicadamente con sus dedos la parte interna de los muslos de su amiga.
- Ginny… no… - la ravenclaw no podía evitar gemir mientras lentamente las caricias de la menor de los Weasley se iban acercando más y más a aquel punto de infinito placer.
- ¿Por qué no? Desde hace tiempo lo deseas¿no es así? – pregunto la gryffindor posando uno de sus dedos sobre el fino genero que cubría el sexo de la rubia, provocándole un fuerte shock eléctrico que recorrió toda su espalda, haciéndola gemir de placer.
- Pero no… no de esta manera… - Luna ya no podía controlarse, sus mejillas estaban completamente rojas y sus ojos acuosos amenazaban con volver a soltar lagrimas. No, no le gustaba aquella manera, ella no quería de esta forma y menos con alguien que parecía no ser la persona que ella conocía y… - Ginny… por favor… no así…
- ¿Entonces como? – Ginny detuvo su placentera tortura, observo el bello rostro de la rubia y se sonrojo levemente, solo para comenzar a escuchar nuevamente sus pequeños gemidos ahogados al empezar a subir por su delgado cuerpo, dejando un camino de besos por su pálida piel.
La ravenclaw emitió un débil suspiro, no supo si de alivio al ver que Ginny se detenía o de frustración por la misma razón; ya no tenia mucho control sobre sus emociones, no sabia si quería seguir siendo torturada por aquella chica o salir corriendo de allí para perderse por aquel extraño lugar, lejos de la pelirroja, sola con su dolor. Mas no tuvo mucho tiempo para pensarlo y decidir, ya que la gryffindor acerco su rostro al de Luna hasta que solo la separaban escasos centímetros, la miraba intensamente, la deseaba y Luna caía bajo aquel encanto a una velocidad abismal. Sus labios se acercaban inconciente a los de su amiga, pero esta los alejaba para retrasar aquel beso que las dos sabían que querían consumar. La respiración entrecortada de la rubia causaba estragos en las defensas de Ginny, haciendo que su cordura fuera diseminada por aquella niebla de locura que se estaba apoderando de su corazón, cuerpo y mente. Pero antes debía saber…
- ¿Qué ocultas? – pregunto.
- ¿Qué…? – Luna no sabia muy bien a que se refería, sus pensamientos se esfumaban, solo pensaba en aquellos rojos, sensuales y deseables labios que la incitaban a ir un paso mas allá, dejar de lado todo por lo que había luchado para reprimir aquel sentimiento y por fin gritar al mundo lo que sentía; pero…
- ¿Qué ocultas, Luna? – sorpresivamente, y con algo de desesperación por hallar una respuesta, Ginny hundió su mano por entre la ropa interior de Luna, encontrando la humedad de esta. Sus dedos comenzaron a adentrarse en aquel lugar sagrado, llevados por un sentimiento difícilmente controlable en ese momento.
- Ginny… - Luna se abrazaba a la gryffindor, enterrando sus uñas en la espalda de la pelirroja, mientras su mente se nublaba – Ginny… tu…
- ¿Si? – la aludida sentía como dos de sus dedos se internaban hasta limites nunca explorados dentro del interior de Luna, se adentraban tratando de no lastimarla, sintiendo su fragilidad.
- …me gustas… Ginny…
La música, aquella bella canción de baile de salón, cesó de improviso, un gemido hizo estremecer el lugar y la calida brisa de verano se coló por el hueco en el ventanal.
…
- Maldita sea…
Era ya de mañana, aunque esta todavía no se apoderaba del cielo completamente, ya que aun se podían ver unas pocas estrellas solitarias en él. La mayoría de los alumnos de Hogwarts todavía dormían acurrucados entre las sabanas de sus respectivas camas, sumidos en sus propias fantasías oníricas, pero en la Sala Común de Ravenclaw, tirada en el suelo junto al fuego ya consumido de la chimenea, Luna Lovegood observaba el lejano techo de madera con unas pocas lagrimas en sus grises ojos. Estaba frustrada. Levanto una mano frente su rostro y las observo. Esas mismas manos pálidas y frías se habían aferrado a la espalda de su amiga, intentado reprimir los gemidos que inevitablemente salían de su boca con cada beso de aquella chica. Con esa misma mano golpeo el suelo enfurecida.
- Maldición…
Todo había sido un sueño. Y había despertado de él, al caer desde uno de los sofás que estaban cerca de la chimenea. Se había quedado leyendo el Quisquilloso hasta altas horas de la noches, intrigada por nuevos avistamientos en Suecia del Snorkack de Asta arrugada, de seguro se había quedado dormida ahí junto al calido fuego de la chimenea. Su teoría se confirmo al ver, un poco mas allá de sus pies, una revista algo arrugada abierta en alguna pagina al azar y que mostraba a una criatura parecida a una babosa con escamas y un gran cuerno que sobresalía desde el lugar donde debería estar su frente. Luna suspiro y se levanto, sentía que todo aquello le había dado fuerzas para dar aquel paso que faltaba en todo aquel asunto. Recogió su revista del suelo, la doblo y se la acomodo bajo el brazo, con una mano se arreglo un poco el cabello (causa perdida, siguió siendo tan desaliñado como siempre) y se encamino hasta el Gran Comedor. Cuando cerro la puerta tras de si y su corazón comenzo a latir cada vez mas rápido, supo que iba a hacer lo correcto… aunque no estaba segura si las consecuencias de aquello serian buenas.
…
Ginny vio que muchos profesores ya se había levantado de sus asientos en la gran mesa que presidía el comedor, y que eran pocos los alumnos que quedaban desayunando, eso solo significaba que faltaba poco para que comenzaran las clases de la mañana. Cogió una tostada y le dio un mordisco, luego la sostuvo en su boca para acomodarse su bolso. Cuando cruzo las grandes puertas del Gran Comedor, ya había terminado de comérsela y se propuso llegar hasta los invernaderos por el pasillo central para ahorrar tiempo, pero una mano la detuvo cogiendola por el brazo. Ginny giró, soltándose bruscamente de quien le retenía, llevando su mano instintivamente al bolsillo donde llevaba oculta su varita. Mas no hubo razón para utilizarla.
- Tranquila, solo soy yo – dijo Luna mostrándole sus pálidas manos, gesto de que no la iba a atacar, ni nada parecido – Hoy andas algo paranoica ¿no crees?
- Vamos, que todo el mundo anda así desde que el año pasado los mortífagos lograron entrar en Hogwarts – dijo Ginny sonriéndole, aunque por pocos segundos ya que cuando vio la cara de su amiga, su sonrisa se esfumo completamente para pasar a ser una mueca de preocupación - ¿Acaso tuviste pesadillas o que…?
- No, nada de eso, nada de eso… - se apresuro a negar la Ravenclaw, aflojando un poco su corbata y tratando de no cruzar miradas con la pelirroja – veras… quería hablar contigo sobre algo ¿Por qué no vamos al lago?
- Pero… pronto van a comenzar las clases… - replico Ginny, no estaba acostumbrada a que su amiga quisiera faltar a clases, porque a pesar de su aspecto y lo que pudieran decir los demás de ella, Luna era responsable, tal vez solo superada por Hermione.
- Ginny, lo que tengo que decirte es de suma importancia – dijo la rubia tomando la mano de la gryffindor y arrastrándola por los pasillos hasta que salieron a las afueras del castillo.
La fría brisa de la mañana las golpeo de lleno, obligándolas a refugiarse en sus bufandas, escondiendo sus cabezas en las capuchas de las túnicas para retener el calor, sus alientos se volvieron levemente visibles y un escalofrío las recorrió a las dos. Luna sujetaba la mano de Ginny fuertemente y la arrastraba tan rápidamente hasta un árbol cercano al lago que no se percataba de que la pelirroja casi tenía que correr para seguir sus largos pasos. Cuando ya faltaban unos pocos metros para llegar a la orilla del lago, Luna soltó a Ginny y corrió hasta que llego junto al tronco del árbol, donde se dejo caer para apoyarse después en el y descansar. Caminar hasta el lago no era gran esfuerzo, pero el frío matutino helaba su nariz y no la dejaba respirar con facilidad. La pelirroja llego un poco después, dejo caer sus cosas en la hierba cubierta por el rocío, y se sentó al otro lado de aquel viejo árbol. Suspiro y se puso a recoger las hojas secas que estaban regadas a su alrededor; las tomaba entre sus manos y soplaba sutilmente haciéndolas dar vueltas en el aire para luego volver a caer en el verde pasto. Pasaron así los minutos, Luna observaba el cielo tratando de encontrar fuerzas y Ginny jugaba con las hojas esperando a que su amiga hablara. Entonces la ravenclaw comenzo a escuchar una débil música en su cabeza, baile de salón; y se dejo guiar por ella, por aquel sentimiento que se desbordaba en su interior y se desparramaba por su cuerpo. Sus mejillas enrojecieron, inhalo lentamente y luego exhalo a la misma velocidad tratando de calmar un poco los rápidos latidos de su corazón. Si no era ahora, nunca.
- Ginny, tengo que contarte un secreto – dijo la rubia al fin.
- ¿De que se trata, Luna? – pregunto Ginny, dejando a un lado la hoja que acababa de recoger para impulsarla al aire.
- Es un secreto que podría acabar con nuestra amistad para bien o para mal – continuó, agarrando un poco de hierba cercana hasta casi arrancarla de la tierra.
- Pero… Luna… - Ginny se estaba preocupando, aquella conversación no era como las que normalmente ellas tenían, y aunque sus conversaciones siempre eran algo extrañas, la que estaban manteniendo era muy rara…
- Ginny, me he dado cuenta de que hay una persona que me gusta muchísimo…
- ¿Si?
- Creo que… estoy completamente enamorada de esa persona…
- ¿Y… quien es?
Luna miro el cielo despejado, unas blancas nubes lo surcaban y el sol que salía por el Este estaba más radiante que nunca. No, hoy no seria un mal día, la brisa helada se lo decía.
- ¿Quién es, Luna? – exigía la pelirroja, impaciente.
- Esa persona… eres tú…
- ¡¿Qué…?! – aquellas palabras la habían tomado por sorpresa.
Gateando se acerco hacia el lugar donde Luna supuestamente debería haber estado sentada, mas solo encontró un poco de hierba aplastada y arrancada. Suspiro. ¿Acaso lo había soñado? Luna… ¿Luna de verdad había dicho esas palabras? Ahora ni siquiera se encontraba allí¿cómo podía saber si todo no había sido mas que su imaginación? Pero entonces algo detuvo sus rollos mentales, le estaban dando golpecitos en el hombro. Se dio media vuelta, para ver quien la interrumpía, y entonces pudo sentirlos, añorados y tan dulces como se los había imaginado; los labios de la ravenclaw se apoderaron dulcemente de los de la gryffindor, saboreándolos por primera vez. Las mejillas de Ginny se tornaron de los mismos tintes que su cabello, mientras besaba a Luna sus labios temblaban y su corazón parecía querer estallar. Se estremeció cuando, sin siquiera pensarlo, profundizaron aquel beso, los vellos de su cuerpo se erizaron y se sentía extraña; poco a poco se fueron calmando, hasta que sus labios se separaron lentamente, mas sus rostros seguían cercanos y sus miradas conectadas. Sentían el calor que emanaba de la otra, era como si todo fuera irreal. Luna estaba encima de Ginny, y esta apenas se sostenía sobre el suelo con sus codos.
- Te amo… Ginny… -dijo la pelirroja acariciándole una mejilla y sonriéndole – desde hace mucho tiempo que lo hago…
- Luna, yo… - la gryffindor no sabia que decir, había sido todo muy rápido – tambien tengo algo que confesarte.
- ¿Y de que se trata?
- Es un secreto que tambien he guardado desde hace mucho…
- Dímelo, entonces, si tanta es la urgencia…
- Luna… yo tambien te amo…
- Me alegra saberlo, Ginny.
Y se volvieron a besar, esta vez despacio y disfrutando de aquella dulce caricia. Fue un beso corto, pero dulce, y cuando se separaron las dos se sonrieron. Luna se levanto y le extendió una mano a Ginny para ayudarla tambien a pararse. Esta se la estrecho y recogió sus cosas para acomodárselas nuevamente a la espalda. La rubia tomo con delicadeza la mano de su novia, entrelazando sus dedos con los de ella y emprendieron su marcha hasta el castillo. Debían regresar antes de que alguien se diera cuenta de su ausencia.
- ¿Sabias que han habido nuevos avistamientos de Snorkacks al sur de Suecia, Ginny?
- ¿En serio? Lo leíste en el Quisquilloso, me imagino.
- Si, y mi padre esta planeando otra expedición en su búsqueda…
- ¿Ira a Suecia?
- Y a toda Europa si es necesario.
- ¿Iras con él, Luna?
- Claro, será interesante.
- Estarás muy lejos…
- Por eso te lo menciono, Ginny.
- No entiendo…
- ¿Te gustaría acompañarme a mi y a mi padre?
- ¡¿Qué?!
- ¡Vamos! Será entretenido.
- ¿Estas segura que tu padre estará de acuerdo?
- Claro que si, el no permitiría que me alejara de mi novia por todo el verano.
- Un viaje juntas por Europa…
- Si, juntas, como debió ser siempre
Una nueva escritora!!!!! No saben que emocionada estoy de que mas escritoras se nos unan al reto, gracias a todas por participar y por enviarnos estas historias, me ha encantado este Luna - Ginny...
Gracias Saber Nazumi por compartir este femslash con nosotros, escribes bastante bien chica, esperamos tener mas escritos tuyos muy pronto al igual que de las otras escritoras que ya participan con nosotros y de nuevos escritores que se quieran unir a este proyecto...
De veras que me ha encantado este one - shot se me ha hecho mas que hermoso ¿no creen?, dejenoslo saber con sus REVIEWS!!!! que son los que nos ayudan a continuar escribiendo...
Besos y hasta la proxima... MM
