CAPÍCULO 24: Der windbrand
"Cuando Neptuno quiere calmar las tempestades no se dirige a las olas, sino a los vientos." - Antoine Rivarold
Las alarmas antiaéreas aullaron como si fuera el día del juicio final. EN cielo, cientos de bombarderops Gelinka y Vientososcuros (la versión artillada del vientofuerte) empezaron a descargar su carga letal de bombas mako sobre la población.
"Corred maldita sea!" gritó Diego. No hacía falta que lo recordase. Toda la población e Nueva York huía despavorida. Los altavoces de la estación empezaron a repetir una cantinela "ataque aéreo, diriganse a los refugios más cercanos y colaboren con las fuerzas armadas. Repetimos, ataque aéreo..."
Las bombas mako impactaron contra el suelo. Fuego, hielo, electricidad y fuerza sísmica fueron desatadas mientras cientos de vidas se consumían. En la calle, algunas personas disparaban sus armas de fuego contra las fuerzas invasoras. Daba igual. Estas estaban mucho más preparadas que cualquier ciudadano paranoico, y debido a la confusión reinante, esos disparos asustadizos lograron en su mayor parte, herir a personas inocentes.
De pronto un rugido se oyó desde las alturas. La fuerza aérea de los EEUU no había tardado en hacer acto de aparición. Sin embargo, eso no sirvió de mucho. Desde la tierra, los soldados especializados en el uso del mako lanzaron magias de confusión sobre los pilotos de los cazas, que se estrellaron contra los rascacielos en una escena digna del apocalipsis. En medio de todo el estruendo, sirenas de policía y bomberos estallaban en una algarabía, totalmente desbordados ante las múltiples emergencias.
Ya atardecìa. En el mar la flota de los EEUU empezaba a tomar posiciones en el puerto. Se oyeron unas alarmas. Los focos reflectante de los cruceros iluminaron a una cosa que estaba detràs de la Estatua de la libertad. Bahamut salió de detràs de esta. Los barcos dispararon sus baterìas antiaèreas contra la invocación. Hubo un destello de energía que iluminó toda el agua a su alrededor. El poderoso haz de energía de Bahamut se llevó por delante a los misiles y el crucero incluídos. "Tapa la visiòn de nuestros misiles de largo alcance, quiten esa cosa de ahì en medio" dijo el general Rude a su subordinado. "A sus órdenes señor" respondió. La artillería mako canalizó una magia de tierra en su grado máximo hacia Rode Island, haciendo tambalear a la estatua de la libertad, cuyo pedestal acabó por hacerse añicos, cayendo su mole maziza al mar en un estruendo que resonaría en los años venideros.
"Vámonos de aquí antes de que nos maten!" gritó de nuevo Diego ante la paralización del grupo, que miraba todo aquello atónito. "Así que al final... ha sucedido" dijo un impretérrito Vicent. Unos transportes anfibios desembarcaron de la costa. Miles de soldados desembarcaron y empezaron a tomar posiciones, amparados bajo la artillería mako. Del cielo, caían miles de paracaidistas. A lo lejos, una titánica figura se recortó contra la silueta del Empire State. Estaban usando robots gigantes, la auténtica caballería pesada...
En ese momento, vieron otra figura, encaramada a la azotea de un rascacielos. Una figura familiar. Oscura. Pero aquello sencillamente no podía ser verdad.
"S... Sefirot?" balbuceó una aprehensiva Aeris. La silueta era perfectamente visible. En lo alto de un rascacielos, recortándose contra las llamas. "No tenemos tiempo para eso, salgámos de aquí" apremió Diego.
Nimrod había sido promovido por su muy útil aportación al proyecto de clonación de Sefirot. Su futuro se presentaba radiante, su cuenta bancaria, fortalecida y sus nuevos proyectos, prometedores. Ahora tenía a todo un equipo de investigación bajo sus órenes, incluído un científico de primera línea, Hojo, así como acceso a prácticamente todos los archivos del imperio.
Y eso era lo que estaba haciendo ahora. A pesar de sus cada vez más constantes jaquecas, Axel no podía apartar la vista de los archivos imperiales, llenos información confidencial (la mayor parte de ella perteneciente a archivos secretos de Shin Ra). Una gran parte de ellos no le interesaba. Las disputas antiguas de Shin Ra, el proyecto de crear Hermanas Ray en serie... de todos esos proyectos y secretos, se vió más atraído por la carrera espacial. En un principio el proyecto entusiasmo a las autoridades, pero poco a poco fué decayendo. Sin embargo, después del descubrimiento de Jénova, el proyecto se hizo realidad. Al parecer, muchos en Shin Ra creían que podrían encontrar la tierra prometida en el espacio, en otro planeta. Enviaron sondas a la Luna, después al planeta más cercano al nuestro, Némesis. Sin embargo, ya habían preparado la misión tripulada (incluso ya habían seleccionado al astronauta para ella), cuando los fondos se redujeron drásticamente. El descubrimiento de la rebosante energía Mako del crater norte había echado abajo las teorías que situaban la tierra prometida en otro mundo. Eso unido al desinterés supino de Rufus por todo el proyecto y su ansia por recortar gastos (que ya se sabe, gasto recortado, más dinero para la cuenta personal) evitaron que hubiera ninguna misión tripulada. Sin embargo, esos archivos habían sido completados con los de Ciudad Cohete. Por increíble que pareciera, la pequenha ciudad estado de Ciudad Cohete llevó adelante su carrera espacial y logró llevar un cohete tripulado hasta Némesis, el planeta más cercano al suyo y más similar a la Tierra. Y al parecer, allí algo salió mal. Se perdieron las vidas de dos de los tres astronatuas. De ello sólo había informes confusos y confidenciales que hablaban de declaraciones del superviviente totalmente confusas hablando de un ataque de una forma de vida alienígena. Pero aquello había sido desestimado como divagaciones producidas por un estado de shock. La versión oficial era que las muertes habían sido producidas por la neligencia del tercer astronauta, Cid, un ex miembro de la ahora fugitiva Avalancha. Sin embargo Nimrod no las desestimó. Vida alienígena. Jugueteó con la idea. Muy fantasiosa, su mente racional le decía que era imposible que hubiera ninguna vida en el desolado Némesis. Pero había visto los informes sobre Jénova. Sobre sus capacidades físicas e intelectuales que desafiaban la razón, sobre su intrincado ADN, sobre su mente colmena, sobre su locura, todo. Y después de ver cosas como esa, después de ser capaz de devolver a la vida a un muerto, después de ver como se construía un imperio en meses, su mente se había abierto hasta el punto de redactar un informe en el que recomendaba la exploración a fondo de Némesis así como de un relanzamiento del programa espacial y la contemplación de la posibilidad de que haya vida en ese planeta. Sin embargo, no pudo acabar ese informe. Murió mientras lo escribía, de una embolia cerebral.
A miles de kilómetros, Jénova esbozó lo que podría considerarse como una sonrisa.
Las tropas avanzaban como una marcha infernal sobre Madison Street. Sin embargo, las fuerzas de este mundo ya habían empezado a formar un balbuceante contraataque, y aquí y allá se sucedían los tiroteos con la infantería de marina que el gobierno había mandado. Sin embargo, pocos refuerzos podrían llegar. La toma de la ciudad era la culminación del plan de ataque, no el inicio. Antes habían cortado carreteras y bombardeado las bases aéreas antes de que ningún caza despegara. Y ahora, un titánico robot de forma antropoide se paseaba al lado del edificio Crysler, desde el cual Sefirot Alfa miraba toda la batalla. Pero ya estaba harto de esperar y contemplar, para eso estaba Omega. Había venido a luchar, a luchar contra las mejores tropas de este mundo, frente a frente. A través de su intercomunicador, Sefirot Alfa ordenó al piloto del robot que le bajase de la azotea de aquel edificio.
"...no, no puede ser" dijo Aeris con los ojos clavados en la figura del edifio. "Sefirot... vivo? Pero no es posible... ni si quiera con todo eso que Zack nos contó sobre los ancianos ha podido sobrevivir. Yo le... le decapité y después todo el maldito crater explotó y..." decía un conmocionado Cloud. "Cloud, aún suponiendo que sea Sefirot, si lo pudiste derrotar una vez, podrás hacerlo de nuevo. No lo dudo" dijo Tifa "No dudo de tí" susurró. "Muy bien. Pues a qué esperamos. Parece que se ha ido a la parte baja de ese rascacielos. Vamos tras él. Hay un par de cosas que quiero decirle" dijo Cloud. "Y yo" añadió Aeris. "Et moi" dijo Vicent. "Pues yo la verdad es que no, pero bien que va a molar verle, que no?" dijo Alex. Vicent y Yuffie subieron a sus respectivos chocobos mientras que el resto puso rumbo hacia el edificio Crysler. "Y por cierto Tifa" dijo Cloud. "Qué?" preguntó ella. "Te he oído" le susurró Cloud.
Sefirot descendió al suelo con un grácil salto lobuno. Lo que no contaba era con que caería justo delante de un blindado y cuatro soldados enemigos. Los marines no tardaron ni medio segundo en encañonarle. "Alto ahí! Esta ciudad está bajo ley marcial y... mirad eso, tiene una de esas especie de hesvásticas!" gritó uno de los soldados. EL aire se llenó con el sonido de los seguros de las armas al ser retirados. Sefirot sonrió. Muy lenta, pausada, sobriamente deslizó su increíble katana de su funda. "Suelte el arma!"le gritaron desde uno de los altavoces del tanque. Sefirot permaneció inmóvil, clavando sus ojos violeta en sus oponentes. Los soldados oyeron el clamor de las explosiones, el fuego a su alrededor, la destrucción causada de improviso de manera cruel. Vieron a ese extraño hombre vestido de negro, con sus cabellos del color de la luna ondeando como un estandarte maligno y su confiada mirada clavándoseles en el alma. Y su sonrisa, desdeñando todo el sufrimiento a su alrededor. No supieron con certeza quien se había movido antes, si los dedos en sus gatillos o el brazo que empuñaba la Masamune. Con un grácil giro de muñeca y una fuerza terrible, Sefirot seccionó el brazo de uno de los dos soldados que estaba más próximo a él, que empezó a gritar como si no hubiera mañana. "Fuego, maldita sea, disparad, disparad!" Ordenó uno de los sodados. Los rifles de asalto de los otros otros tres soldados que aún conservaban sus brazos rugieron fuego hacia Sefirot. Este tardó sólo unos segundos. Remató al soldado atravesando con su masamune su garganta, y con un grácil giro sobre sí mismo, esquivo la primera andanada de balas a la vez que se acercaba a otro soldado. Una estocada fué suficiente para partir en dos su cabeza. Sefirot se giró para ver al tanque y a los dos otros asombrados (y ahora, atemorizados) marines. "Y vosotros sóis los soldados más poderosos de este mundo?, vamos, demostradme que lo sabéis hacer mejor" dijo Seirot en tono retador. "Te voy a dar lo mejor de mí maldito hijo de putaaaaa!" gritó uno de los soldados corriendo hacia él a la vez que disparaba su fusil. "No, maldita sea no te acerques a él!" gritó su compañero. Demasiado tarde. Sefirot blandió a masamune. Una ráfaga de balas fué desviada. Para entonces,el sodado ya estaba a su alcance. Giró su cuchilla y... el soldado había podido pararla con la bayuneta de su rifle. El marine sonrió con los dientes apretados y el sudor cayéndole por su rostro. "Qué te parece esto, bastardo?" preguntó mientras pujaba por sobreponerse a su rival. De la presión disparó su rifle varias veces al aire. "Mierda, están tan juntos que no puedo disparar sin darle por accidente" dijo el soldado que se mantenía más alejado mientras le apuntaba. "Qué qué me parece esta maniobra tuya?" dijo Sefirot sonriendo. El soldado estaba al borde del colapso muscular, ejerciendo toda su fuerza sobre el rifle en un intento de alejar la masamune de su garganta. "Me parece fútil" respondió Sefirot. Su maniobra apenas pudo ser vista por el ojo humano. De pronto retiró su espada a la vez que saltaba hacia atrás. El soldado saltó hacia denlante, liberando la fuerza acumularda. Sefirot se limitó a ensartarle, clavándole la espada en el corazón. Se giró hacia el soldado superviviente y el tanque. Retiró la espada del corazón de su oponente y la dirigió hacia ellos. El filo de su masamune apuntaba ahora hacia sus rivales mientras goteaba sangre fresca. No tuvieron ni que oír la orden. Blindado y soldado abrieron fuego con sus ametralladoras. Sefirot corrió hacia ellos. Sintió el impacto de decenas de balas. No importaba, ya estaba llegando a su altura. Entonces fué cuando el tanque viró su torreta hacia él. Un estruendo inundó el aire y donde antes había estado sefirot ahora sólo había una bola de fuego y humo. Los soldados tanto dentro como fuera del tanque empezaron a lanzar vítores.
Entonces, lo oyeron. "...tap... ...tap, ...tap, tap, tap, tap". "No... no es posible..." dijo el último soldado en pie. Pero sí era posible. Como buen anciano expuesto a la radiación mako, los músculos y piel de Sefirot eran increíblemente más duros, flexiles y resistentes que los de un humano normal, por mucho que se regeneraran a la misma velocidad. Sefirot corría hacia su objetivo con una velocidad pavorosa, empuñando su masamune en pose de batou. Dentro del tanque los soldados gritaban aterrados se exhalaban órdenes. El tanque empezó a retroceder mientras cargaban su cañón de artillería y el soldado de fuera les disparaba. Sefirot dió un salto pavoroso y su espada giró, ingrávida. Un sonido metálico rasgó el aire. El cañón del tanque cayó al suelo con estrépito al ser seccionado, mientras que Sefirot aterrizaba en el cuerpo del tanque. El soldado que aún quedaba en pie ya había vaciado un cargador infructuosamente y totalmente al borde de un ataque de nervios, recargaba su rifle. Sefirot se lo tomó con calma, bajó del tanque y se aproximó a él. El soldado el intentó dar un culatazo con su rifle, pero fué en vano. Sefirot paró el golpe con el mango de la masamune, y después dirigió su mano enguantada en cuero negro hacia el cuello del soldado. "No, no, no! no!" gritába este mientras forcejeaba para librarse de la garra que le oprimía su garganta. Sefirot cerró los ojos y con un horrible chasquido de huesos y tendones, partió el cuello al soldado con un simple movimiento bruso de su mano. El marine dejó de moverse súbitamente. AHora colgaba como un trapo del brazo de Sefirot. Este lo dejó caér al suelo y miró en dirección hacia el tanque. Estaban intentando retirarse, pero la calle era demasiado estrecha. Sefirot andó hacia ellos. Sin su cañón de artillería, no podían alcanzarle desde ahí. Sin embargo, conservaban su ametralladora. Desde el interior del tanque, pugnaban por recargarla, insertando la cinta de munición anti infantería a toda prisa. De nuevo, una ráfaga de balas se dirigió hacia él. Sefirot avanzaba mientras saltaba e un lado a otro para esquivar los disparos. No tardó más que las anteriores veces en llegar a la altura del tanque. Asió la masamune con ambas manos y de un sólo movimiento, atravesó el blindaje tras el cual el soldado manejaba su ametralladora. Del agujero abierto en las chapas metálicas empezó a brotar sangre mientras que unos aullidos apagados brotaban del interior del vehículo. Después de eso, se subió tranquilamente a la torreta del tanque hasta alcanzar la escotilla. Tres golpes certeros bastaron para abrirla. Se asomó por la escotilla. Un soldado le apuntaba con su pistola directamente al cráneo. Disparo. "Eso está bien, que no se rinden ante las primeras de cambio. Mis felicitaciones, pero no es suficiente" dijo Sefirot pausadamente. El soldado que disparo estaba anonadado. La bala estaba arrugada e incrustada en la frente de Sefirot, pero apenas había rasgado su piel y chocado contra sus endurecidos huesos. Un pequenho hilillo de sangre brotaba de la zona de impacto, allí donde deberia haber una cabeza hecha pulpa. Todos los ocupantes del tanque gritaban, el que le había disparado se echó a reír maníacamente, de pura desesperación. Era imposible matarle. Sefirot se ajustó los guantes y aferró el mango de su katana, donde unas pequeñas esferas verdes brillaban en sus oquedades. Extendió la palma de su mano ante la abertura de la escotilla. "Veo que a pesar de haberos dado tiempo para reaccionar y contraatacar, en vez de eso ya os habéis desesperado y no hacéis otra cosa más que gritar. Decepcionante." dijo Sefirot. "Última" pronunció en voz trémula. Un fulgor verde invadió el interior del tanque. Después de esto, los gritos finalmente cesaron.
El grupo avanzaba dificultosamente por la ciudad. Todo era un caos y avanzar unos metros suponía un auténtico suplicio. Nadie sabía de quien eran las balas, pero todas mataban igual. Era el infierno, el infierno en forma de guerra.
Yuffie y Vicent habían podido atravesar el accidentado terreno gracias al instinto innato de los chocobos, que sabían cuando y como saltar, agacharse y fintar para evitar una muerte segura. SIn embargo, el resto del grupo no lo tenía tan fácil. Ahora estaban agazapados en una esquina, que en cuestión de segundos había pasado a ser una línea de fuego cruzado.
En medio de la refriega, una especie de vagabundo zarrapastroso gritaba incoherencias sobre el apocalipsis mientras blandía un kalashnikov. "Bienvenidos a Nueva York" dijo Alex. "Y ahora como hacemos para salir de aquí?" se preguntó Diego. "Creo que lo mejor será esperar hasta que esto se acla..." iba recomendando Cloud. En ese momento, oyeron un silbido. El cielo era nítido y pudieron verlo mientras caía. "Un mortero!" gritó Erika. "Vámonos de aquí!" clamó Zack mientras tiraba a Aeris del brazo. Todos empezaron a correr. Alex miraba aterrorizado como el proyectil caía hacia ellos. "Muévete maldit..." le gritó Diego. El mortero detonó. Tifa estaba intentando usar la magia de barrera unida a "todos" para poder proteger al grupo del impacto, pero no fué lo suficientemente rápida. Tampoco lo fué Alex. Era el que se había quedado más rezagado. Era el que haía recibido la mayor parte de la explosión. Un grito agónico rasgó la cacofonía que generaba la monumental batalla. "Ooooh, Diego, donde estás hermano? Donde...? Qué ha pasado? Duele, duele mucho, qué cojones ha pasado eh...?" gritaba. EL humo se aclaró. Todos estuvieron a punto de vomitar. La explosión se había llevado por delante casi todo el cuerpo de Alex de cintura para abajo. "Mis ojos... también me duelen, no puedo abrirlos... aaaaaaa!!!!, qué me ha pasado Diego, dime, qué mierda me ha pasado!!" gritaba Alex agónico. A lo largo de un radio de diez metros se veían "cosas" carbonizadas y manchas de sangre. Diego no podía hablar. El nudo de su garganta era más fuerte que el grito que quería proferir. Sus ojos lloraban casi sin darse cuenta. "N... no... no pasa nada Alex, tranquilo." le dijo Cloud arrodillándole delante suya y cogiéndole la mano. De todos era el que mejor reaccionaba ante eso. Durante su servicio como mercenario, lucha con avalancha y aventura por salvar el planeta, había visto cosas... como esta. "Sí tío, te vas a poner bien, no pasa nada, no mires, es muy vistoso, pero apenas un rasguño" dijo un lloroso Diego. Tifa no se lo pensó dos veces. Cerrò los ojos y se concentró en usar la magia de cura. Una luz iluminó a Alex desde dentro. "Duele... pero menos..." dijo Alex esbozando una sonrisa. Mientras tanto, la sangre que manaba de sus muñones destrozados empezaba a lamer los zapatos de Cloud. "Aeris... Aeris tu puedes curar a la gente, no? Tu seguro que sabes manejar magias de cura y esas cosas, por favor, ayúdame, te lo ruego" susurró Diego. "Yo... yo... no... no puedo hacer milagros yo..." balbuceaba Aeris tapándose la boca sin apartar la vista de la masa sanguinolenta que era Alex. "Oh, Dios... Diego, no creo que ella pueda hacer nada..." dijo Zack. Aeris se arrodilló ante él, Cerró los ojos e inició una serie de murmullos. Una tenue luz verdosa recorrió el cuerpo de Alex. Por un momento, el torrente de sangre que manaba de sus dos femorales seccionadas dejó de fluír. Un rayo de esperanza iluminó el rostro de Diego. Sin embargo, al retirarse la luz de su hermano, la sangre siguió manando. "Estoy frío... tenéis una manta, un radiador unas guindillas o algo así?" dijo Alex tiritando por la falta de sangre. En ese momento llegaron de vuelta Vicent y Yuffie montados en sus chocobos. "Hemos llegado demasiado tarde, sòlo hemos podido encontrar el rastro de Sefirot. Cuatro soldados cortados a pedazos y un tanque carbonizado por dentro..." dijo Vicent. "Sefirot ha vuelto, y esta vez parece que... ¡¡!!" Yuffie dijo una exclamaciòn ahogada al ver el estado de Alex. Su hermano estaba arrodillado a su lado, sostenìendole la mano, apretàndosela fuertemente, como si asì pudiera retener la sangre de sus venas, la vida de su cuerpo. "Estoy aquì, ¿ves?" dijo Diego conteniendo los hipidos que le producìan las làgrimas para que su hermano no sospechara nada. "Oh... no, no... no..." susurraba Yuffie. Se bajò de su chocobo y corriò hasta Alex. "Tifa... Diego... alguien.... por favor, que alguien me diga que podemos solucionar esto..." dijo Yuffie por lo bajo. Vicent negò ominosamente con la cabeza. Erika miraba la escena angustiada, sin saber que hacer y dicièndose a sí misma que la siguiente carrera que estudiaría será cirugía. "Frío... frío... veo cosas... Diego, estoy viendo cosas... ¿què me pasa, què me pasa? ¿por què no puedo mover mis piernas...?" preguntó Alex cada vez màs desesperado mientras su respiraciòn se entrecortaba. Cerrò los ojos. Diego cerrò los ojos y comenzò a llorar en silencio para que su hermano pudiera al menos morir en paz. Yuffie se empezò a mover frenètica. Sacò de una alforja de cuero de su chocobo un objeto, una especie de pluma roja brillante de plàstico. La partiò encima de Alex. Un destello rojizo iluminò su rostro. Volviò a recuperar la consciencia. Abrio los ojos muchìsimo. "Ya... empiezo a ver... una luz... distante... ahì, està ahì mismo..." dijo extendiendo la mano hacia la usada pluma de fénix. Yuffie le acariciò la cabeza al moribundo Alex. "No pierdas de vista esa luz... seguro que es preciosa" dijo Yuffie con la voz ahogada. "Oh, sì, ya lo creo, creo... que..." empezò a respirar frenèticamente, mientras que su pulso se desvanecìa. "...creo ....creo" murmuró mientras cerraba los ojos. En pocos segundos, su corazòn habìa dejado de latir. Diego sencillamente miraba la escena pasmado, sollozando, sin atreverse si quiera a gritar. Yuffie le abrazò por detràs, con los ojos húmedos y le apretò contra su pecho.
"Cuando Neptuno quiere calmar las tempestades no se dirige a las olas, sino a los vientos." - Antoine Rivarold
Las alarmas antiaéreas aullaron como si fuera el día del juicio final. EN cielo, cientos de bombarderops Gelinka y Vientososcuros (la versión artillada del vientofuerte) empezaron a descargar su carga letal de bombas mako sobre la población.
"Corred maldita sea!" gritó Diego. No hacía falta que lo recordase. Toda la población e Nueva York huía despavorida. Los altavoces de la estación empezaron a repetir una cantinela "ataque aéreo, diriganse a los refugios más cercanos y colaboren con las fuerzas armadas. Repetimos, ataque aéreo..."
Las bombas mako impactaron contra el suelo. Fuego, hielo, electricidad y fuerza sísmica fueron desatadas mientras cientos de vidas se consumían. En la calle, algunas personas disparaban sus armas de fuego contra las fuerzas invasoras. Daba igual. Estas estaban mucho más preparadas que cualquier ciudadano paranoico, y debido a la confusión reinante, esos disparos asustadizos lograron en su mayor parte, herir a personas inocentes.
De pronto un rugido se oyó desde las alturas. La fuerza aérea de los EEUU no había tardado en hacer acto de aparición. Sin embargo, eso no sirvió de mucho. Desde la tierra, los soldados especializados en el uso del mako lanzaron magias de confusión sobre los pilotos de los cazas, que se estrellaron contra los rascacielos en una escena digna del apocalipsis. En medio de todo el estruendo, sirenas de policía y bomberos estallaban en una algarabía, totalmente desbordados ante las múltiples emergencias.
Ya atardecìa. En el mar la flota de los EEUU empezaba a tomar posiciones en el puerto. Se oyeron unas alarmas. Los focos reflectante de los cruceros iluminaron a una cosa que estaba detràs de la Estatua de la libertad. Bahamut salió de detràs de esta. Los barcos dispararon sus baterìas antiaèreas contra la invocación. Hubo un destello de energía que iluminó toda el agua a su alrededor. El poderoso haz de energía de Bahamut se llevó por delante a los misiles y el crucero incluídos. "Tapa la visiòn de nuestros misiles de largo alcance, quiten esa cosa de ahì en medio" dijo el general Rude a su subordinado. "A sus órdenes señor" respondió. La artillería mako canalizó una magia de tierra en su grado máximo hacia Rode Island, haciendo tambalear a la estatua de la libertad, cuyo pedestal acabó por hacerse añicos, cayendo su mole maziza al mar en un estruendo que resonaría en los años venideros.
"Vámonos de aquí antes de que nos maten!" gritó de nuevo Diego ante la paralización del grupo, que miraba todo aquello atónito. "Así que al final... ha sucedido" dijo un impretérrito Vicent. Unos transportes anfibios desembarcaron de la costa. Miles de soldados desembarcaron y empezaron a tomar posiciones, amparados bajo la artillería mako. Del cielo, caían miles de paracaidistas. A lo lejos, una titánica figura se recortó contra la silueta del Empire State. Estaban usando robots gigantes, la auténtica caballería pesada...
En ese momento, vieron otra figura, encaramada a la azotea de un rascacielos. Una figura familiar. Oscura. Pero aquello sencillamente no podía ser verdad.
"S... Sefirot?" balbuceó una aprehensiva Aeris. La silueta era perfectamente visible. En lo alto de un rascacielos, recortándose contra las llamas. "No tenemos tiempo para eso, salgámos de aquí" apremió Diego.
Nimrod había sido promovido por su muy útil aportación al proyecto de clonación de Sefirot. Su futuro se presentaba radiante, su cuenta bancaria, fortalecida y sus nuevos proyectos, prometedores. Ahora tenía a todo un equipo de investigación bajo sus órenes, incluído un científico de primera línea, Hojo, así como acceso a prácticamente todos los archivos del imperio.
Y eso era lo que estaba haciendo ahora. A pesar de sus cada vez más constantes jaquecas, Axel no podía apartar la vista de los archivos imperiales, llenos información confidencial (la mayor parte de ella perteneciente a archivos secretos de Shin Ra). Una gran parte de ellos no le interesaba. Las disputas antiguas de Shin Ra, el proyecto de crear Hermanas Ray en serie... de todos esos proyectos y secretos, se vió más atraído por la carrera espacial. En un principio el proyecto entusiasmo a las autoridades, pero poco a poco fué decayendo. Sin embargo, después del descubrimiento de Jénova, el proyecto se hizo realidad. Al parecer, muchos en Shin Ra creían que podrían encontrar la tierra prometida en el espacio, en otro planeta. Enviaron sondas a la Luna, después al planeta más cercano al nuestro, Némesis. Sin embargo, ya habían preparado la misión tripulada (incluso ya habían seleccionado al astronauta para ella), cuando los fondos se redujeron drásticamente. El descubrimiento de la rebosante energía Mako del crater norte había echado abajo las teorías que situaban la tierra prometida en otro mundo. Eso unido al desinterés supino de Rufus por todo el proyecto y su ansia por recortar gastos (que ya se sabe, gasto recortado, más dinero para la cuenta personal) evitaron que hubiera ninguna misión tripulada. Sin embargo, esos archivos habían sido completados con los de Ciudad Cohete. Por increíble que pareciera, la pequenha ciudad estado de Ciudad Cohete llevó adelante su carrera espacial y logró llevar un cohete tripulado hasta Némesis, el planeta más cercano al suyo y más similar a la Tierra. Y al parecer, allí algo salió mal. Se perdieron las vidas de dos de los tres astronatuas. De ello sólo había informes confusos y confidenciales que hablaban de declaraciones del superviviente totalmente confusas hablando de un ataque de una forma de vida alienígena. Pero aquello había sido desestimado como divagaciones producidas por un estado de shock. La versión oficial era que las muertes habían sido producidas por la neligencia del tercer astronauta, Cid, un ex miembro de la ahora fugitiva Avalancha. Sin embargo Nimrod no las desestimó. Vida alienígena. Jugueteó con la idea. Muy fantasiosa, su mente racional le decía que era imposible que hubiera ninguna vida en el desolado Némesis. Pero había visto los informes sobre Jénova. Sobre sus capacidades físicas e intelectuales que desafiaban la razón, sobre su intrincado ADN, sobre su mente colmena, sobre su locura, todo. Y después de ver cosas como esa, después de ser capaz de devolver a la vida a un muerto, después de ver como se construía un imperio en meses, su mente se había abierto hasta el punto de redactar un informe en el que recomendaba la exploración a fondo de Némesis así como de un relanzamiento del programa espacial y la contemplación de la posibilidad de que haya vida en ese planeta. Sin embargo, no pudo acabar ese informe. Murió mientras lo escribía, de una embolia cerebral.
A miles de kilómetros, Jénova esbozó lo que podría considerarse como una sonrisa.
Las tropas avanzaban como una marcha infernal sobre Madison Street. Sin embargo, las fuerzas de este mundo ya habían empezado a formar un balbuceante contraataque, y aquí y allá se sucedían los tiroteos con la infantería de marina que el gobierno había mandado. Sin embargo, pocos refuerzos podrían llegar. La toma de la ciudad era la culminación del plan de ataque, no el inicio. Antes habían cortado carreteras y bombardeado las bases aéreas antes de que ningún caza despegara. Y ahora, un titánico robot de forma antropoide se paseaba al lado del edificio Crysler, desde el cual Sefirot Alfa miraba toda la batalla. Pero ya estaba harto de esperar y contemplar, para eso estaba Omega. Había venido a luchar, a luchar contra las mejores tropas de este mundo, frente a frente. A través de su intercomunicador, Sefirot Alfa ordenó al piloto del robot que le bajase de la azotea de aquel edificio.
"...no, no puede ser" dijo Aeris con los ojos clavados en la figura del edifio. "Sefirot... vivo? Pero no es posible... ni si quiera con todo eso que Zack nos contó sobre los ancianos ha podido sobrevivir. Yo le... le decapité y después todo el maldito crater explotó y..." decía un conmocionado Cloud. "Cloud, aún suponiendo que sea Sefirot, si lo pudiste derrotar una vez, podrás hacerlo de nuevo. No lo dudo" dijo Tifa "No dudo de tí" susurró. "Muy bien. Pues a qué esperamos. Parece que se ha ido a la parte baja de ese rascacielos. Vamos tras él. Hay un par de cosas que quiero decirle" dijo Cloud. "Y yo" añadió Aeris. "Et moi" dijo Vicent. "Pues yo la verdad es que no, pero bien que va a molar verle, que no?" dijo Alex. Vicent y Yuffie subieron a sus respectivos chocobos mientras que el resto puso rumbo hacia el edificio Crysler. "Y por cierto Tifa" dijo Cloud. "Qué?" preguntó ella. "Te he oído" le susurró Cloud.
Sefirot descendió al suelo con un grácil salto lobuno. Lo que no contaba era con que caería justo delante de un blindado y cuatro soldados enemigos. Los marines no tardaron ni medio segundo en encañonarle. "Alto ahí! Esta ciudad está bajo ley marcial y... mirad eso, tiene una de esas especie de hesvásticas!" gritó uno de los soldados. EL aire se llenó con el sonido de los seguros de las armas al ser retirados. Sefirot sonrió. Muy lenta, pausada, sobriamente deslizó su increíble katana de su funda. "Suelte el arma!"le gritaron desde uno de los altavoces del tanque. Sefirot permaneció inmóvil, clavando sus ojos violeta en sus oponentes. Los soldados oyeron el clamor de las explosiones, el fuego a su alrededor, la destrucción causada de improviso de manera cruel. Vieron a ese extraño hombre vestido de negro, con sus cabellos del color de la luna ondeando como un estandarte maligno y su confiada mirada clavándoseles en el alma. Y su sonrisa, desdeñando todo el sufrimiento a su alrededor. No supieron con certeza quien se había movido antes, si los dedos en sus gatillos o el brazo que empuñaba la Masamune. Con un grácil giro de muñeca y una fuerza terrible, Sefirot seccionó el brazo de uno de los dos soldados que estaba más próximo a él, que empezó a gritar como si no hubiera mañana. "Fuego, maldita sea, disparad, disparad!" Ordenó uno de los sodados. Los rifles de asalto de los otros otros tres soldados que aún conservaban sus brazos rugieron fuego hacia Sefirot. Este tardó sólo unos segundos. Remató al soldado atravesando con su masamune su garganta, y con un grácil giro sobre sí mismo, esquivo la primera andanada de balas a la vez que se acercaba a otro soldado. Una estocada fué suficiente para partir en dos su cabeza. Sefirot se giró para ver al tanque y a los dos otros asombrados (y ahora, atemorizados) marines. "Y vosotros sóis los soldados más poderosos de este mundo?, vamos, demostradme que lo sabéis hacer mejor" dijo Seirot en tono retador. "Te voy a dar lo mejor de mí maldito hijo de putaaaaa!" gritó uno de los soldados corriendo hacia él a la vez que disparaba su fusil. "No, maldita sea no te acerques a él!" gritó su compañero. Demasiado tarde. Sefirot blandió a masamune. Una ráfaga de balas fué desviada. Para entonces,el sodado ya estaba a su alcance. Giró su cuchilla y... el soldado había podido pararla con la bayuneta de su rifle. El marine sonrió con los dientes apretados y el sudor cayéndole por su rostro. "Qué te parece esto, bastardo?" preguntó mientras pujaba por sobreponerse a su rival. De la presión disparó su rifle varias veces al aire. "Mierda, están tan juntos que no puedo disparar sin darle por accidente" dijo el soldado que se mantenía más alejado mientras le apuntaba. "Qué qué me parece esta maniobra tuya?" dijo Sefirot sonriendo. El soldado estaba al borde del colapso muscular, ejerciendo toda su fuerza sobre el rifle en un intento de alejar la masamune de su garganta. "Me parece fútil" respondió Sefirot. Su maniobra apenas pudo ser vista por el ojo humano. De pronto retiró su espada a la vez que saltaba hacia atrás. El soldado saltó hacia denlante, liberando la fuerza acumularda. Sefirot se limitó a ensartarle, clavándole la espada en el corazón. Se giró hacia el soldado superviviente y el tanque. Retiró la espada del corazón de su oponente y la dirigió hacia ellos. El filo de su masamune apuntaba ahora hacia sus rivales mientras goteaba sangre fresca. No tuvieron ni que oír la orden. Blindado y soldado abrieron fuego con sus ametralladoras. Sefirot corrió hacia ellos. Sintió el impacto de decenas de balas. No importaba, ya estaba llegando a su altura. Entonces fué cuando el tanque viró su torreta hacia él. Un estruendo inundó el aire y donde antes había estado sefirot ahora sólo había una bola de fuego y humo. Los soldados tanto dentro como fuera del tanque empezaron a lanzar vítores.
Entonces, lo oyeron. "...tap... ...tap, ...tap, tap, tap, tap". "No... no es posible..." dijo el último soldado en pie. Pero sí era posible. Como buen anciano expuesto a la radiación mako, los músculos y piel de Sefirot eran increíblemente más duros, flexiles y resistentes que los de un humano normal, por mucho que se regeneraran a la misma velocidad. Sefirot corría hacia su objetivo con una velocidad pavorosa, empuñando su masamune en pose de batou. Dentro del tanque los soldados gritaban aterrados se exhalaban órdenes. El tanque empezó a retroceder mientras cargaban su cañón de artillería y el soldado de fuera les disparaba. Sefirot dió un salto pavoroso y su espada giró, ingrávida. Un sonido metálico rasgó el aire. El cañón del tanque cayó al suelo con estrépito al ser seccionado, mientras que Sefirot aterrizaba en el cuerpo del tanque. El soldado que aún quedaba en pie ya había vaciado un cargador infructuosamente y totalmente al borde de un ataque de nervios, recargaba su rifle. Sefirot se lo tomó con calma, bajó del tanque y se aproximó a él. El soldado el intentó dar un culatazo con su rifle, pero fué en vano. Sefirot paró el golpe con el mango de la masamune, y después dirigió su mano enguantada en cuero negro hacia el cuello del soldado. "No, no, no! no!" gritába este mientras forcejeaba para librarse de la garra que le oprimía su garganta. Sefirot cerró los ojos y con un horrible chasquido de huesos y tendones, partió el cuello al soldado con un simple movimiento bruso de su mano. El marine dejó de moverse súbitamente. AHora colgaba como un trapo del brazo de Sefirot. Este lo dejó caér al suelo y miró en dirección hacia el tanque. Estaban intentando retirarse, pero la calle era demasiado estrecha. Sefirot andó hacia ellos. Sin su cañón de artillería, no podían alcanzarle desde ahí. Sin embargo, conservaban su ametralladora. Desde el interior del tanque, pugnaban por recargarla, insertando la cinta de munición anti infantería a toda prisa. De nuevo, una ráfaga de balas se dirigió hacia él. Sefirot avanzaba mientras saltaba e un lado a otro para esquivar los disparos. No tardó más que las anteriores veces en llegar a la altura del tanque. Asió la masamune con ambas manos y de un sólo movimiento, atravesó el blindaje tras el cual el soldado manejaba su ametralladora. Del agujero abierto en las chapas metálicas empezó a brotar sangre mientras que unos aullidos apagados brotaban del interior del vehículo. Después de eso, se subió tranquilamente a la torreta del tanque hasta alcanzar la escotilla. Tres golpes certeros bastaron para abrirla. Se asomó por la escotilla. Un soldado le apuntaba con su pistola directamente al cráneo. Disparo. "Eso está bien, que no se rinden ante las primeras de cambio. Mis felicitaciones, pero no es suficiente" dijo Sefirot pausadamente. El soldado que disparo estaba anonadado. La bala estaba arrugada e incrustada en la frente de Sefirot, pero apenas había rasgado su piel y chocado contra sus endurecidos huesos. Un pequenho hilillo de sangre brotaba de la zona de impacto, allí donde deberia haber una cabeza hecha pulpa. Todos los ocupantes del tanque gritaban, el que le había disparado se echó a reír maníacamente, de pura desesperación. Era imposible matarle. Sefirot se ajustó los guantes y aferró el mango de su katana, donde unas pequeñas esferas verdes brillaban en sus oquedades. Extendió la palma de su mano ante la abertura de la escotilla. "Veo que a pesar de haberos dado tiempo para reaccionar y contraatacar, en vez de eso ya os habéis desesperado y no hacéis otra cosa más que gritar. Decepcionante." dijo Sefirot. "Última" pronunció en voz trémula. Un fulgor verde invadió el interior del tanque. Después de esto, los gritos finalmente cesaron.
El grupo avanzaba dificultosamente por la ciudad. Todo era un caos y avanzar unos metros suponía un auténtico suplicio. Nadie sabía de quien eran las balas, pero todas mataban igual. Era el infierno, el infierno en forma de guerra.
Yuffie y Vicent habían podido atravesar el accidentado terreno gracias al instinto innato de los chocobos, que sabían cuando y como saltar, agacharse y fintar para evitar una muerte segura. SIn embargo, el resto del grupo no lo tenía tan fácil. Ahora estaban agazapados en una esquina, que en cuestión de segundos había pasado a ser una línea de fuego cruzado.
En medio de la refriega, una especie de vagabundo zarrapastroso gritaba incoherencias sobre el apocalipsis mientras blandía un kalashnikov. "Bienvenidos a Nueva York" dijo Alex. "Y ahora como hacemos para salir de aquí?" se preguntó Diego. "Creo que lo mejor será esperar hasta que esto se acla..." iba recomendando Cloud. En ese momento, oyeron un silbido. El cielo era nítido y pudieron verlo mientras caía. "Un mortero!" gritó Erika. "Vámonos de aquí!" clamó Zack mientras tiraba a Aeris del brazo. Todos empezaron a correr. Alex miraba aterrorizado como el proyectil caía hacia ellos. "Muévete maldit..." le gritó Diego. El mortero detonó. Tifa estaba intentando usar la magia de barrera unida a "todos" para poder proteger al grupo del impacto, pero no fué lo suficientemente rápida. Tampoco lo fué Alex. Era el que se había quedado más rezagado. Era el que haía recibido la mayor parte de la explosión. Un grito agónico rasgó la cacofonía que generaba la monumental batalla. "Ooooh, Diego, donde estás hermano? Donde...? Qué ha pasado? Duele, duele mucho, qué cojones ha pasado eh...?" gritaba. EL humo se aclaró. Todos estuvieron a punto de vomitar. La explosión se había llevado por delante casi todo el cuerpo de Alex de cintura para abajo. "Mis ojos... también me duelen, no puedo abrirlos... aaaaaaa!!!!, qué me ha pasado Diego, dime, qué mierda me ha pasado!!" gritaba Alex agónico. A lo largo de un radio de diez metros se veían "cosas" carbonizadas y manchas de sangre. Diego no podía hablar. El nudo de su garganta era más fuerte que el grito que quería proferir. Sus ojos lloraban casi sin darse cuenta. "N... no... no pasa nada Alex, tranquilo." le dijo Cloud arrodillándole delante suya y cogiéndole la mano. De todos era el que mejor reaccionaba ante eso. Durante su servicio como mercenario, lucha con avalancha y aventura por salvar el planeta, había visto cosas... como esta. "Sí tío, te vas a poner bien, no pasa nada, no mires, es muy vistoso, pero apenas un rasguño" dijo un lloroso Diego. Tifa no se lo pensó dos veces. Cerrò los ojos y se concentró en usar la magia de cura. Una luz iluminó a Alex desde dentro. "Duele... pero menos..." dijo Alex esbozando una sonrisa. Mientras tanto, la sangre que manaba de sus muñones destrozados empezaba a lamer los zapatos de Cloud. "Aeris... Aeris tu puedes curar a la gente, no? Tu seguro que sabes manejar magias de cura y esas cosas, por favor, ayúdame, te lo ruego" susurró Diego. "Yo... yo... no... no puedo hacer milagros yo..." balbuceaba Aeris tapándose la boca sin apartar la vista de la masa sanguinolenta que era Alex. "Oh, Dios... Diego, no creo que ella pueda hacer nada..." dijo Zack. Aeris se arrodilló ante él, Cerró los ojos e inició una serie de murmullos. Una tenue luz verdosa recorrió el cuerpo de Alex. Por un momento, el torrente de sangre que manaba de sus dos femorales seccionadas dejó de fluír. Un rayo de esperanza iluminó el rostro de Diego. Sin embargo, al retirarse la luz de su hermano, la sangre siguió manando. "Estoy frío... tenéis una manta, un radiador unas guindillas o algo así?" dijo Alex tiritando por la falta de sangre. En ese momento llegaron de vuelta Vicent y Yuffie montados en sus chocobos. "Hemos llegado demasiado tarde, sòlo hemos podido encontrar el rastro de Sefirot. Cuatro soldados cortados a pedazos y un tanque carbonizado por dentro..." dijo Vicent. "Sefirot ha vuelto, y esta vez parece que... ¡¡!!" Yuffie dijo una exclamaciòn ahogada al ver el estado de Alex. Su hermano estaba arrodillado a su lado, sostenìendole la mano, apretàndosela fuertemente, como si asì pudiera retener la sangre de sus venas, la vida de su cuerpo. "Estoy aquì, ¿ves?" dijo Diego conteniendo los hipidos que le producìan las làgrimas para que su hermano no sospechara nada. "Oh... no, no... no..." susurraba Yuffie. Se bajò de su chocobo y corriò hasta Alex. "Tifa... Diego... alguien.... por favor, que alguien me diga que podemos solucionar esto..." dijo Yuffie por lo bajo. Vicent negò ominosamente con la cabeza. Erika miraba la escena angustiada, sin saber que hacer y dicièndose a sí misma que la siguiente carrera que estudiaría será cirugía. "Frío... frío... veo cosas... Diego, estoy viendo cosas... ¿què me pasa, què me pasa? ¿por què no puedo mover mis piernas...?" preguntó Alex cada vez màs desesperado mientras su respiraciòn se entrecortaba. Cerrò los ojos. Diego cerrò los ojos y comenzò a llorar en silencio para que su hermano pudiera al menos morir en paz. Yuffie se empezò a mover frenètica. Sacò de una alforja de cuero de su chocobo un objeto, una especie de pluma roja brillante de plàstico. La partiò encima de Alex. Un destello rojizo iluminò su rostro. Volviò a recuperar la consciencia. Abrio los ojos muchìsimo. "Ya... empiezo a ver... una luz... distante... ahì, està ahì mismo..." dijo extendiendo la mano hacia la usada pluma de fénix. Yuffie le acariciò la cabeza al moribundo Alex. "No pierdas de vista esa luz... seguro que es preciosa" dijo Yuffie con la voz ahogada. "Oh, sì, ya lo creo, creo... que..." empezò a respirar frenèticamente, mientras que su pulso se desvanecìa. "...creo ....creo" murmuró mientras cerraba los ojos. En pocos segundos, su corazòn habìa dejado de latir. Diego sencillamente miraba la escena pasmado, sollozando, sin atreverse si quiera a gritar. Yuffie le abrazò por detràs, con los ojos húmedos y le apretò contra su pecho.
