Capítulo 25: Metamorfosis.
Despierto un poco aturdida en una camilla en un cuarto Blanco, solo con una mesa con un pequeño arreglo de flores y un radio que emite un show de radio; muy seguramente me encuentro en un hospital. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? No recuerdo nada de lo que sucedió después de tener la espantosa Arena frente a mis ojos.
Veo mis manos; las noto suaves y más regordetas. Aun no creo que haya ganado, y súbitamente pienso con alegría que por fin volveré a ver a mi familia ¿Qué habrán dicho cuando me vieron ganar? Seguro tuvieron el primer respiro desde que me separé de ellos.
El comentarista de radio dice que pasarán el éxito número uno del Capitolio, justo para aquellos enamorados.
Comienza la melodía, suave y pegajosa, justo como un vals. Me quedo sentada en la camilla, y comienzo a escuchar la letra. Habla sobre cómo la mirada de una persona cautivó a alguien y que desde entonces creyó en el amor. Me siento extrañamente cautivada, estas canciones raramente llegan a ser escuchadas por gente de los Distritos. Continúo escuchando la canción y menciona que todas las noches en sus sueños bailan juntos, solo ellos dos; sin nadie que los separe.
Sólo hay una persona a la que mantengo en mi mente durante la balada, Deo. Cada palabra parece hacérmelo recordar, y diversas emociones surgen en mí.
La canción termina hablando sobre cómo la acompaña incluso en sus pesadillas y que al despertar toda pena se olvida al volver a mirarse en sus ojos.
Súbitamente un par de enfermeros, vestidos de blanco completamente exceptuando por su cinturón y un par de guantes color negro, entran a la habitación. Uno, alto y de cabello negro, se me acerca sujetando un plato de plata con la manzana más roja que he visto en mi vida.
—Aquí tiene la vencedora de los Septuagésimos Segundos Juegos de Hambre —Se inclina de una forma elegante frente a mí, con una impecable sonrisa.
No digo nada, tal vez mi mirada de extrañeza es suficiente para comunicarle mis dudas. No tomo la manzana de la bandeja; dirijo mi mirada al segundo hombre, que es muy alto y bien parecido; pero no parece querer comunicarse de alguna manera conmigo.
—No te preocupes por él, es de pocas palabras —Vuelve a llamar mi atención amablemente el sujeto de la manzana — Me llamo Feránn.
No le dirijo ninguna palabra en especial, en mi opinión es demasiado amable para ser un enfermero del Capitolio… De hecho creo que es demasiado amable para ser del Capitolio.
—Bien… Veo que eres también de pocas palabras —Agarra mi mano sutilmente —Nos han encargado cuidarte y preguntarte si quisieras sacar a relucir esa parte de ti que se encuentra dentro.
Lo miro fijamente a sus ojos negros, no creo haber entendido su pregunta.
— ¿A qué te refieres?
—Verás… hay un fondo dedicado a los ganadores de los Juegos, para mejorarlos.
— ¿Mejorarnos? —Quito mi mano rápidamente de la suya y comienzo a pensar en cosas que no me atrevo a decir.
Entra un tercer hombre, esta vez de ojos rasgados, con una máquina.
— ¿Ya despertó? Eso fue inusualmente rápido — Dice el recién llegado.
Parece que ninguno de los otros dos le contesta. Por lo que Feránn continúa hablándome:
—Sólo para que le agraden más al público —Hace una expresión que casi me hace pensar que me coquetea —Serás como las estrellas del Capitolio y seguramente amada y envidiada.
—Yo me encuentro bien como soy… gracias —Respondo con incomodidad.
El hombre alto ahora se dirige hacia un costado de mi cama preparando una jeringa y me comienzo a asustar.
—No te preocupes —Toma mi mano nuevamente para tranquilizarme — A todos les gusta cuando terminamos el trabajo.
Entre ambos me agarran y doy un grito ahogado. Mientras forcejeo siento un piquete en mi brazo y todo se pone borroso, pero no me quedo completamente dormida; aun los escucho hablar.
Aunque no entiendo ni una palabra de lo que dicen, en unos momentos siento un fuerte y rápido dolor de cabeza y todo se pone negro.
Despierto súbitamente en un lugar a campo abierto, acostada sobre una mesa de piedra. El cielo es el más azul que he visto, al igual que el pasto bajo mis pies. No hay árboles ni nada más que pasto en el suelo.
Camino por unos minutos más confundida que nunca, incluso creo que he muerto.
Un enorme laberinto hecho de arbustos se levanta frente a mí. Es oscuro, pero no siento miedo, hasta que noto que alguien me observa. Volteo a ver al ser y me doy cuenta que soy yo, pero ésta "copia" tiene el cabello recogido.
La otra Aurora corre al laberinto y se interna, no puedo evitar gritarle sobre quién es. Me adentro yo también y exploro el laberinto hasta que se hace de noche. Me comienzo a preocupar, hasta que finalmente encuentro un espejo; pero, aunque es igual que yo, la que se encuentra ahí no es mi reflejo.
Me acerco con cautela y pongo mi mano sobre el espejo, ella lo hace segundos después y al juntar nuestras manos una enorme fractura aparece súbitamente haciéndome gritar.
Despierto de súbito, sola; en una nueva habitación blanca. Respiro profunda y rápidamente, y al levantarme noto que mi busto es más grande, lo cual me causa un espanto. Veo en una esquina un espejo de cuerpo completo y corro a verme en él.
Aunque sutiles, aprecio los cambios inmediatamente; me han operado el busto, mi nariz, mis labios se han hinchado e incluso estoy más acinturada. Por unos segundos casi lloro, pero mis lágrimas no logran salir al darme cuenta de que en verdad me veo mejor.
Volteo a ver mi rostro confundida y recuerdo el extraño sueño… Me hace dudar sobre lo que pienso de mi cuerpo ahora mismo.
No hay ruido alguno y pienso en salir del cuarto, por alguna razón no siento pánico ni miedo.
Abro la puerta y noto una alfombra morada bajo mis pies, salgo a un pasillo en dónde pasan algunas enfermeras de un lado a otro; aunque a nadie parece importarle que yo salga. Al final del pasillo veo una pequeña sala gris, con alguien con un atuendo verde muy llamativo y me dirijo a ella. Me sorprendo al ver que ahí se encuentra Alculeo.
—¡Aurora! —Grita mi estilista sin inhibiciones.
—¿Alculeo? —Digo sorprendida y avanzo hacia él.
Se acerca, me da un amplio abrazo y no puede evitar notar mis nuevos… atributos.
—Realmente eres afortunada ¡muchos soñamos con una transformación así de completa! —abre inusualmente la boca en forma de sorpresa. —¡Valieron la pena las cuatro horas que tuve que esperarte aquí!
Me comienza a contar sobre todas las emociones que sintió, junto con cada detalle de lo que veía.
Justo cuando comenzó a contarme de su idea para la siguiente entrevista (que sorprendentemente es hoy), de un elevador no muy lejano a la sala salen varios hombres vestidos con un traje negro; rodeando a una mujer muy alta, con un peinado alto y castaño. Lleva un enorme abrigo de piel, blanco, sobre un vestido negro corto y, al acercarse un poco más a mí, puedo notar que a pesar de tener arrugas, se ve fresca y elegante.
— ¡Ivy! — Grita mi estilista súbitamente — ¿Qué haces aquí?
—Así que tú eres la joven a la que quieren que le dé estilo… — Dice la mujer con una voz muy pedante —Bien, no hay mucho tiempo, la entrevista es dentro de nueve horas.
—Disculpa, cómo verás… Aurora ya tiene un estilista —comienza ofendido Alculeo —Soy yo.
—Oh sí, el hombre obeso de los arbustos —La mujer ni siquiera le dirige la mirada —Tu trabajo ha terminado, puedes marcharte. Llévense a la chica.
Los Hombres de traje me toman de los brazos hacia el pasillo por el que acabo de salir.
—¡Alculeo! — lo llamo.
—¡Aurora! — Responde y luego se dirige a la mujer — ¡Le diré a todo el Capitolio lo que estás haciendo! Y Cuando todos se enteren y le exijan a Séneca que me vuelvan a hacer Estilista de Aurora no tendrá opción; Aunque es su primer año, ¡A estas alturas ya sabemos que no aguanta la presión pública!
—Si logras hacer todo eso antes de nueve horas y todavía lograr escoger un atuendo y peinados adecuados, avísame. —Contesta la cínica mujer
—Te advierto Ivy, que si no te retractas ¡Renunciaré! —Grita mi ex-estilista amenazante.
—Alculeo —Suspira la mujer — ambos sabemos no renunciarías ni aunque tu vida estuviera en riesgo —dice mientras me sigue por el pasillo, a un cuarto contiguo del que salí.
Aun pensando en Alculeo y dudosa de lo que sucede, entramos a un cuarto con varios espejos y muebles que seguramente traen ropa en su interior.
—Mi nombre es Ivy Vanderfeller —Se presenta mientras busca un vestido entre los armarios. —Soy la estilista más famosa del Capitolio y sólo visto a gente con poder.
—Si sólo viste a gente con poder ¿Por qué me vestirá a mí? —Pregunto enojada, esta mujer me comienza a desesperar.
—Snow personalmente me lo ha pedido —Da una ligera pausa —Le debía un favor y me ha dicho que necesita cambiarte a algo que maraville al público. Punto, Zip, El Fin; de ahora en adelante no quiero que me distraigas.
Pasamos un par de horas buscando el vestido correcto, yo no hago ningún sonido pero debo admitir que con cada vestido que pasaba me sentía la chica más hermosa del mundo, hasta que llegamos al último. Ivy no me dejó medírmelo, entonces me dejó con el sujeto que me peinará.
Éste no dijo mucho tampoco, no es que yo le quisiera hablar pero así me hubiera distraído de pensar en lo que diré cuando me pregunten por Deo…
Faltan por lo menos tres horas cuando Ivy llega de nuevo, haciendo que le abran la puerta, por suerte ya han terminado de arreglar mi cabello, parece una versión sumamente mejorada del que me habían hecho en el desfile de carruajes; es ahora totalmente negro y liso, pero unos brillos realmente llamativos y grandes le dan una elegancia increíble.
El sujeto me dijo que mi cabello esta peinado estilo "Pouf", haciendo un volumen muy curioso en la parte superior de mi cabeza, y había mezclado extensiones y cabello para que todo se viera más abundante. Sólo mi ojo izquierdo queda descubierto, me dijo que es porque se había vuelto mi peinado ícono.
Mi peinado es muy pesado, pero con cada mirada que me doy en el espejo, me lleno de felicidad.
—Aquí está el vestido perfecto para ti —Ivy menciona una vez que me han terminado de peinar —Es sencillo, pero atrevido; quien se atreva a criticarlo será porque no sabe nada de Glamour.
Me ayuda a ponérmelo, ya que es algo ajustado. Es un vestido strapless con cuello de corazón, de un color oscuro, pero no totalmente negro, tampoco llega a ser gris. Me llega más alto que media pierna y termina en una forma muy curiosa, haciendo mi cadera más grande de los lados; lo suficiente como para hacer saber que no es mi verdadera cadera.
Los zapatos que me dieron son muy altos y blancos, sin embargo carecen de tacón; sólo la parte frontal tiene una plataforma y, aunque me da miedo caminar con ellos, resulta que son muy cómodos. Los Zapatos son del mismo color que una simple pero gran pulsera que también me han proporcionado para mi muñeca izquierda.
El último detalle que vi en el vestido fue un símbolo "I", cuando le pregunté a Ivy sobre esto me llamó ignorante… y después me dijo que era el símbolo de su empresa.
Ya cuando todo esta listo, el estilista que arregló mi cabello coloca un enorme tocado con forma de una Mariposa Monarca en la parte superior derecha de mi frente.
Aunque me lo esperaba, me sorprendí del producto final de tantas horas y esfuerzo. Podía ver a una estrella del Capitolio frente a mí: el maquillaje, el vestido, el peinado… ¡incluso las operaciones me agradaron! Será difícil volverme a ver en un espejo y no sentirme así.
Subimos a una Limusina para ir al Capitolio, estar en un Auto lujoso es una experiencia divertida si no se dirige uno a una muerte a sangre fría.
Por las ventanas ennegrecidas veo los enormes edificios de concreto, puedo apreciar a la gente feliz… No puedo creer que así sean las vidas cotidianas de estas personas. Hay enormes edificios, gente bailando, divirtiéndose, jugando con el agua de las fuentes, en los parques, niños riendo, parejas enamoradas, incluso familias con mascotas de colores… pareciera que en el Capitolio uno puede vivir feliz para siempre.
Llegamos al estadio en dónde se hará la entrevista, hay gente ya esperando y gritando mi nombre, sin embargo, no logran verme ya que entramos por un túnel subterráneo. Al subir esperamos una media hora y me confirman que todo está listo para iniciar con el espectáculo.
Ivy me dice que me pare en las X amarillas al salir a escena y haga poses "Feroces", que le fascinará al público.
Camino de improviso a la salida para salir al escenario y comienzan los gritos y risas de la multitud. Por alguna razón no siento nervios como en la entrevista anterior… de hecho una gran felicidad y confianza emana de mí ser. Pongo mi mejor sonrisa y avanzo acompañada de vítores de la multitud hasta las marcas amarillas.
Dos enormes alas de mariposa monarca salen de mi espalda en un rápido movimiento, la gente grita aún más fuerte de emoción y súbitamente poso de la mejor forma que se me ocurre, nunca borrando la sonrisa; bajo una lluvia de confeti. Me muevo por las siguientes dos marcas hasta llegar a mi asiento, en cada marca vuelven a aparecer las alas revoloteando.
El Estadio está lleno de Cámaras, unas dirigidas hacia mí, otras al público y otras más a Caesar. La más grande de todas, detrás de nosotros, será la que reproduzca los videos.
Justo al sentarme, me llama la atención una chica pelirroja que está frente a mí, entre la multitud; la observo por un par de segundos, me resulta familiar. Su rostro cambia de felicidad a sorpresa… Si no fuera por tanto maquillaje, diría que es Giselle.
Caesar, tan alegre como siempre me da un beso en la mejilla y me dice:
—¡Vaya ahora realmente te has transformado! —El público vuelve a gritar; al verlos, siento que veo un torbellino de colores, intento encontrar de nuevo a la chica pero no la vuelvo a ver.
Caesar comienza a felicitarme por mi asombrosa participación en los juegos, me pregunta sobre cómo me siento respecto a eso y menciona varias ocasiones que se han vuelto "Clásicos de Aurora". Yo sin inhibiciones bromeo un poco con él sobre las locuras que son esos clásicos.
Pasan la cosecha de mi distrito, dónde nadie parece tener una idea de quién es Aurora Roblee, a lo que Caesar agrega de la ironía de que ahora soy famosa por todo Panem.
Sigue la parte de los carruajes, conmigo sólo saludando, pero me sorprendo cuando me enfocan al sonrojarme.
—Aurora ¿Por qué ese rubor? —Me pregunta el entrevistador acompañado del rugido del público — ¿Alguien en especial?
Sé de quién habla, y recuerdo bien por qué me sonrojé, pero decido decir que fue por la emoción de estar frente a las cámaras y al Capitolio. Parece ser obvio que miento ya que Caesar no parece creerme.
Después de varias risas y pasar la escena de la entrevista y remarcando que mi apodo pasó a ser el de "La Mariposa del 7" a "La Mortaliposa" (haciéndome sentir un poco incómoda por lo que eso implica) Caesar dice:
—Bien Aurora, en un punto le dijiste a Gordon que tenías una idea de cada contrincante porque ya habías hablado con todos ¿Eso es verdad?
—Bueno, no les hablé literalmente a todos, pero tenía una idea de quiénes eran. —Le contesto mientras muevo mi cabello con mi mano.
—¡Porque es hora de la pequeña recapitulación de cómo perdieron los demás tributos!
Al gritar esto al cielo, el Capitolio hace más ruido que nunca; incluso lanzan fuegos artificiales. Yo paso un poco de saliva, no recordaba esta parte… pero todo eso ya pasó, no hay nada que pueda hacer al respecto, únicamente voltear a la enorme pantalla.
¡En minutos Subo el Próximo Capítulo y contesto Reviews! Este Capítulo iba a ser "Las 23 Muertes" pero si lo ponía todo completo salían más de 21 hojas en Word… así que dividiré en tres lo que tenía planeado, los siguiente Capítulos sí tratarán principalmente de los otros tributos.
¡Gracias por los Reviews y por seguir mi Fanfic!
