Y que Dios se apiade de mi alma, disculpen la tardanza he estado horriblemente estresada por la universidad que gracias a Dios ha terminado por ahora, pasé todas mis materias y tendré unos dos meses o menos para descansar y relajarme antes de volver, así que para celebrarlo les traje el capítulo 25, yo sé que lo han estado esperando. Bueno a parte debo decir que una chica muy linda Brandy Moon me ha hecho unos fan-arts de Sef y Kitzuna totalmente preciosos, los links están en mi perfil de aquí, pueden ir a verlos como mis propios dibujos que he hecho, por fin le doy una cara a Kitzuna.

Disclaimer: InuYasha no me pertenece así como ninguno de sus personajes.

Advertencia: Faltas de ortografía que se me haya pasado.

Viaje al pasado

La petición de Shôta

Las madrugadas eran en su mayoría tranquila, los kitsunes que vigilaban en esas horas normalmente no estaban muy pendientes pero dado la infiltración del humano y su ataque a su señora, esa madrugaba tenían los 5 sentidos en alerta, nada iba a pasar bajo su narices y aún si no hubieran estado alertas se habrían percatado enseguida de la figura que corría sin preocuparse por su integridad o por ocultarse si quiera.

—Humano. Cachorro —murmuró uno de los guardias agazapado entre las sombras de un árbol, la noche tenía una gran luna por lo que en poco rato pudieron visualizar al niño que corría directo hacia ellos.

—¿Qué vendrá hacer a estas horas? No hay nadie con él o siguiéndole —respondió su compañero.

—Interceptémoslo. Sólo hay que mandarlo de regreso, recuerda no podemos dañar a nadie —habló el primero.

—Lo sé —replicó y de un salto se puso en medio del camino, logrando que se detuviera, lo observó de arriba abajo; agitado, sin aliento, sonrojado por el esfuerzo y con los ojos desesperados—. Alto. Estás lejos de tus tierras, mocoso.

Su compañero seguía oculto por si era un ataque sorpresa.

—… Ne-necesito ver a… Kagome-sama —recordaba perfectamente el nombre con el que el yōkai la llamó ayer a la humana.

Con esa petición ambos kitsunes de tensaron, ¿qué quería ese humano con su señora? El gruñido que salió del kitsune que le impedía el paso le hizo retroceder asustado.

—Vete. ¡Ahora! Kagome-sama no veré a nadie, menos a un humano después de que uno de ustedes trato de dañarla —su voz reflejaba enojo.

Shôta tragó saliva o la poca que podía salivar, tenía la boca prácticamente seca pero necesitaba verla, hablarle… disculparse.

El yōkai ocultó se levantó sorprendido y su compañero retrocedió unos pasos pues el niño se había arrodillado y bajado la cabeza completamente.

—Por favor… necesito una audiencia con Kagome-sama, nunca fue mi intención herirla, sól-

Se interrumpió al sentir como era jalado hacia arriba con fuerza y brusquedad, sus ojos se encontraron a la altura del rostro guerrero.

—¡Fuiste tú quien atacó a Kagome-sama!

—Nunca fue mi in-intención —murmuró lo más audible posible, la presión sobre su cuello era lo bastante fuerte para impedirle hablar pero aún así lo hacía—… por fa-favor, quiero di-disculparme.

No quería soltarlo, si apretaba un poco más quebraría la tráquea, sólo un poco. Se sobresaltó al sentir una mano sobre su hombro, encontró los ojos de su compañero al girar la cabeza, su cabeza comenzó a enfriarse y liberó al humano, quien cayó de rodillas tosiendo e intentando inhalar.

El yōkai que se mantuvo oculto se puso de cuclillas para ver más cerca al niño, éste levantó la cabeza mostrando unos ojos llorosos por la reciente agresión.

—Po-por favo-r…

—… Kagome-sama descansa ahora, el sol no saldrá pronto, tendrás que esperar. Te escoltaré — explicó ayudándole a levantarse.

—¡Kôki! —exclamó el que se había dejado llevar por sus instintos—. Él fue quien atacó a Kagome-sama.

—Y vino a disculparse —rebatió sacudiendo un poco las ropas llenas de tierra del humano, después de todo se presentaría ante la pareja de su señor, no podía verse tan desaliñado—. Kagome-sama le recibirá con gusto, quédate en la guardia, Kenji.

—… Bien —aceptó con un gruñido inconforme, le dio una última mirada al niño antes de perderse en las sombras al acecho de algún desprevenido.

Kôki le siguió con la vista hasta que se camufló, suspiró para girarse al humano que se sobresaltó y desvió sus ojos.

—No te haré daño —prometió—, después de todo fue la misma Kagome-sama quien prohibió el derramamiento de sangre humana, ni una sola gota. Y nosotros somos leales, así que ven, sígueme y no te vayas apartar de mí, no muchos están conformes con esa orden; después de todos somos yōkais y respondemos a nuestros instintos para proteger lo que amamos.

Shôta se apresuró a ponerse a la par que el kitsune, se sentía con los pelos de punta mientras se internaban entre los árboles, el bosque siempre ha sido prohibido desde generaciones porque para ellos era sinónimo de muerte, los yōkais rondaban entre árboles y ramas, flores y espinas, suelo y piedras; si querían vivir tendrían que quedarse donde el sol tocaba la tierra.

—… ¿realmente no le hice daño?

Kôki le mandó una mirada evaluadora, parecía sinceramente preocupado.

—No. Kagome-sama está perfectamente, abogó por ti y tu vida. Es realmente… compasiva.

—… Lo siento —murmuró con gran pesar.

El kitsune no pudo evitar sonreír, el niño no parecía peligroso.

—No es a mí a quien le corresponde esa disculpa —comentó relajado—. Venga camina más rápido, nos queda un largo camino.

Shôta apresuró el paso, sintiéndose observado y juzgado.

0-0-0-0-0

Sayumi se removió unos segundos antes de parpadear, sus ojos se acostumbraron enseguida a la poca luz, el sol apenas se comenzaba alzar. Se estiró para su delicia y la de sus músculos, levantándose hecho una mirada a su alrededor ahí estaban su madre, Rin y Renard pero… ¿Y Sef? ¿Renard?

Oyó un murmullo persistente que venía del exterior, curiosa se dirigió hacia la entrada lo que vio le sorprendió, en medio de una muchedumbre de kitsunes se hallaba encogido contra sus hombros un niño humano, su olor lo delataba enseguida.

Vio a Sef enfrente de todos intentando hablar.

—¡Es el humano que atentó contra Kagome-sama no debería estar siquiera aquí!

—¡¿Por qué lo trajiste Kôki?!

—¡Sáquenlo de nuestro territorio!

—¡No tiene nada que hacer aquí!

A pesar de las demandas y gritos estaban lo suficientemente lejos como para que despertaran a su madre, se acercó cautelosa y conforme se acercaba los kitsunes comenzaban a percatarse de su presencia, se apartaban y callaban.

—Sayumi-sama.

Por fin llegó hasta Sef y el niño.

—¿Qué está pasando? —preguntó dándole una mirada a Shôta para luego centrarse en Sef.

—Buenos días, Sayumi-sama. Discúlpenos haberla levantado —saludó el líder con una sonrisa algo tensa.

—No lo hicieron —respondió—. ¿Qué está pasando?

La pregunta quedó al aire, nadie parecía querer responder hasta que una voz que aún tenía matices infantiles respondió.

—Quisiera una audiencia con Kagome-sama.

Sayumi miró los ojos mercurios y vio muchas cosas, tantas emociones buenas como malas, la tristeza ensombrecía sus ojos grises.

—¡No hables con tanta confianza, humano!

Un empujón y la rapidez del acto no impidió que la Inu tendiera sus brazos para atajarlo, los yōkais reunidos contuvieron el aliento ante tal cosa. Sayumi ajena a eso tomó la cara del niño entre sus manos con preocupación, Shôta se estremeció ante el suave tacto.

—¿Estás bien?, ¿no te lastimaste?

—… ¿quién eres? —preguntó con asombro, su cara era hermosa aún siendo tan pequeña, tenía las mejillas rosas y unos ojos increíblemente abiertos, brillante y cálidos… como el sol.

Sayumi sonrió antes de soltarlo.

Shôta se puso recto y firme.

—Mi nombre es Sayumi.

—La hija de Sesshōmaru-sama, Lord de estas tierras. Deberías mostrar más respeto —intervino Sef, acercándose a Sayumi.

Renard que estuvo sólo de espectador se apresuro a situarse al lado de Sayumi, en el derecho frunciendo el ceño al humano que bajó la vista.

—Mi equivocación, Sayumi-sama —se apresuró a corregir su tono, se removió incomodo—. Pero he venido a disculparme con Kagome-sama… por mis acciones del día anterior.

Ella sonrió ante la sinceridad del niño pero entendía lo que pasaba, ellos aún no dejarían atrás sus conflictos ni su rencor tan rápido por mucho que su madre quisiera, había un largo trecho para eso, un gran salto para dar.

—Levanta tu rostro —cuando hizo lo que pidió le sonrió—, ¿cuál es tu nombre?

—Date Shôta.

Clan Date fue el pensamiento de ella, había leído de ellos en sus libros de historia nunca imaginó encontrarse con algún miembro, aún faltarían unos 60 años o un poco más para que naciera Date Masamune quien fundaría Sendai, era interesante conocer a unos de sus antepasados.

—Date Shôta serás recibido por Kagome-sama —aclaró mirando a los demás—, tus disculpas serán escuchadas y ella decidirá qué pasará después.

Sef sonrió levemente, ¿quién más podría decir esas palabras en medio de una enfurecida turba de kitsunes?

—Pero Sayumi-sama —intentó replicar uno de los kitsunes de alto rango mirando con resentimiento al niño—, tal vez debería reconsiderar y-

—Será recibido —interrumpió sin dejar de sonreír, una sonrisa tensa que muchos reconocieron como una señal para dejar de hablar—, Kagome-sama nunca dejaría de recibir a nadie fuese humano, hanyō o yōkai. ¿Quién lo escoltó hasta aquí?

Kôki se adelantó a la multitud para arrodillarse frente a la heredera del Oeste.

—Fui yo.

—Hiciste bien.

Para un observador de afuera el que una niña hablara por sobre la voz del líder y felicitara a un guardia sería inadmisible, por lo menos eso sería en su propia aldea pensaba Shôta al ver como se desarrollaba los eventos, ni el siendo hijo del terrateniente Date podía hacer que su voz se escuchara.

—Sef, ¿podrías quedarte otro momento? Veré si mi madre ha despertado —murmuró sólo para él, quien asintió con una sonrisa alentadora—. Gracias.

Se alejó seguida por Renard quien no se sentía cómodo por todo lo que acababa de pasar.

—¿No crees que es arriesgado que dejes que el mismo atacante de ayer hablé con Kagome-sama?

Sayumi le golpeó el brazo con enojo.

—Confianza, Renard, eso es lo que necesitas; lo que todos necesitan. Y él no le hará daño, sus ojos no muestran odio, sólo miedo —le sonrió pero el ceño fruncido de Renard la hizo suspirar—. ¿Podrías confían en mí?

Él la miró.

—¿Podrías confiar ciegamente en mí, Renard?

No dudó ni un segundo al contestar.

—Daría mi vida por ti si fuera necesario.

Sayumi sin saberlo se sintió un tanto perturbada por esas palabras pero dejó la sensación al lado para enfocarse en sus siguientes palabras.

—Entonces debes creen en mis palabras, si confías en mí como para dar tu vida; cree en lo que yo creo, confía en lo que yo confío. Él no la lastimara.

—… De acuerdo.

Ella sonrió antes de acariciar con suavidad el brazo de Renard, se alejó para alcanzar a su madre que si no se equivocaba estaba a punto de levantarse.

0-0-0-0-0

—No dude en volver cada vez que lo necesite.

Kitzuna asintió con una sonrisa pero la tristeza aún empañaba sus ojos, la noche anterior con el frío de la madrugada los aldeanos hicieron valer el último deseo de Kaede, ser cremada y que sus cenizas se pusieran al lado de su hermana Kikyō.

—Lo haré, regresaré a visitarla —concedió apretando las manos de la aldeana que respondía al nombre de Yuriko—. Gracias por su hospitalidad, la apreció mucho.

—Los amigos de Kaede son los nuestros, tú y los tuyos serán bienvenidos.

—Ustedes recibirán el mismo trato —y sus palabra no eran vacías, Sesshōmaru se mostró sorprendentemente tranquilo con respecto a esa aldea y la idea de que pudieran visitar el Oeste—, cuiden de la tumba.

—Lo haremos, tengan un buen viaje. Cuídate.

Kitzuna sonrió ante la preocupación de la mujer, la memoria de Kaede nunca se perdería, porque el cariño que le profesaban era completamente sincero y desinteresado. Sintió la presencia de su señor acercándose, le había dejado despedirse y que se restauraran todas sus funciones vitales antes de volver al Oeste.

—Es hora —la voz de Sesshōmaru estremeció a muchos por lo sorpresivo de su aparición.

—Sí.

Dio un último apretón antes de marcharse, mientras se iba alejando escuchaba las despedidas de los aldeanos y luego la calma de una mañana, las aves despertando al igual que el bosque, sin poder evitarlo llevó una mano a su pecho, la sensación de calidez seguía tan nítida como la primera vez que la sintió, ahora sabía que era, un vestigio de lo que Kaede tuvo que hacer para salvarla.

—Ella fue escoltada y llevada como noble hacia las puertas del inframundo para ser juzgada. Tendrá un buen lugar.

Kitzuna se atrevió a mirarlo que él seguía con la vista al frente y la cara seria, pero supo que trataba de algún modo animarla, tal vez Kagome ya estuviera influyendo mucho sin que la morena lo supiera, una prueba eran las palabras anteriores.

—Fue una humana ejemplar, su amabilidad y compasión eran grandes. Sólo he conocido a otra igual, hasta más extraña pero grandiosa igual.

Sesshōmaru no necesitaba preguntar de quien hablaba, era obvio y hasta cierto punto sentía sienta añoranza de verla y eso que no habían pasado más de un día.

—Única.

Kitzuna se sorprendió gratamente al escuchar esa palabra viniendo de él pero se alegró internamente, su barrera se iba agrietando y la única que lo podría ver completamente abierta sería Kagome, ella quería que su amiga fuera feliz.

Ahí acabo la conversación pero no importo, la yōkai presenció lo que ningún otro antes.

Tu amor le ha llegado, Kagome.

0-0-0-0-0

Kagome se apresuró a salir una vez Sayumi le puso al tanto de la situación, se cambió a un traje de sacerdotisa que le habían conseguido para que se distinguiera como una pero hasta ese momento no había tenido razón para utilizarlo; apenas dio un paso al exterior logró ubicar a Sef, quien se mostró aliviado al verla y le dio una sonrisa antes de apartarse revelando al niño. Había pedido a Sayumi y Renard esperar dentro.

Los kitsunes reunidos agacharon la cabeza saludándola y al mismo tiempo mostrándole su respeto, ella sonrió a todos antes de centrar su completa atención en Shôta.

—Me ha dicho Sayumi que querías verme —se detuvo a unos pasos.

Shôta bajo la cabeza.

—Así es, Kagome-sama, me disculpo por molestarla tan temprano y sin avisar sobre mi visita pero me gustaría que escuchara mis palabras.

Tan joven, pensó ella al verlo temblar y sin embargo sus palabras le llegaban firmes.

—Sef —llamó—, me permites usar la cueva por unos momentos, quiero atenderle.

—No necesitas ni pedirlo, Kagome-sama, úsala.

—Gracias —miró al niño, él levantó ligeramente la vista—. Sígueme.

La morena procedía a entrar de nuevo cuando recordó algo dicho por Sayumi, sus ojos recorrieron todo el lugar analizando rostros antes de hablar:

—¿Quién es Kôki?

Él avanzó hasta el frente de todos antes de arrodillarse posando únicamente la rodilla derecha.

—Yo, mi señora.

Ella le observó por unos segundos, sin duda un guerrero pero no tan poderoso para tener completamente su cuerpo humanoide, su cola se agitaba revelando su creciente nerviosismo.

—Entra igual.

Sorprendido y algo asustado, creyendo que tal vez se le daría un castigo por haber traído al niño humano; armándose de valor les siguió dejando atrás el exterior.

Sayumi los vio entrar, se acomodo contra la pared junto a Rin, Renard y Kitto, la primera no sabía de qué iba todo eso pero podía intuir que era algo serio.

Kagome se sentó sobre sus talones, Sef se ubicó a su izquierda mientras los dos invitados se mantenían en pie esperando, la morena movió su mano indicándoles que tomaran asiento, no perdía ningún detalle de su comportamiento.

—Kôki —él se puso recto al ver que su señora le hablaba—, ¿por qué trajiste al niño hasta aquí?

La voz de ella no dejaba entrever nada, era suave pero neutral.

—Mi señora, si he cometido falta alguna me disculparé y aceptaré el castigo que me ha de dar; pero en los ojos y palabras del humano no encontré mentira, y sus deseos son nombres, no puede sólo echarlo de vuelta al ver su sinceridad.

El yōkai mantuvo la vista hacia abajo durante su contestación, arriesgándose la levantó levemente, no esperaba la sonrisa tan hermosa que le dirigía Kagome.

—Hiciste bien, nunca te castigaría por haberle traído. Pero quería saber el por qué lo hiciste, si por voluntad propia o no, y me has demostrado que fue desinteresado; por eso te agradezco, tu corazón es puro y honesto.

El yōkai no soportó tales palabras y esa sonrisa, era como ver a una deidad o a una doncella celestial; tan hermosas y benignas, ¿de verdad sería humana? Si alguien le llegara a decir que su señora era uno doncella celestial lo creería sin dudarlo.

Kagome ahora dirigió su atención a Shôta, él se estremeció al sentir esos ojos tan azules sobre su persona.

—Te escucharé, ¿qué es lo que quieres?

Shôta inhaló profundamente antes de inclinarse hasta que su frente toco el suelo, Kagome se alarmó pero antes de pedirle que se levantara Sef la detuvo palmeando su hombro, cuando sus ojos se encontraron él negó suavemente; como líder, guerrero y hombre sabía que hacer una reverencia y mostrar esa sumisión era duro para el orgullo, aún más siendo para una mujer; y él igual sabía que cuando alguien dejaba su orgullo de lado era para hablar por un ser importante.

—Mi nombre es Date Shôta, hijo del terrateniente Date Yokomo, gran guerrero entre hombres, hijo de reyes; y quisiera que escuchara mis disculpas y si no es mucho pedir una petición.

Sef le indicó que era momento de hablar, ella aún no se familiarizaba con eso de dar audiencias.

—Adelante.

Sin mover un músculo de su posición apretó las manos contra el suelo intentando que dejaran de temblar.

—Acepte mis disculpas Kagome-sama, lo que hice no tiene excusa, pude haberle lastimado gravemente. Si usted considera que merezco un castigo lo aceptaré sin problema, pero antes quisiera que supiera el por qué de mi invasión de ayer… Desde pequeño he oído que los kitsunes tienen un extenso lugar para sembrar plantas medicinales, nosotros no sabemos cómo cultivarlas. Mi madre ha caído enferma por un veneno, según dicen que no soportara mucho más; por eso irrumpí ayer, en mi camino a su campo me encontré con un grupo de kitsunes y al ver que alguien se acercaba a mi escondite me asuste y ataqué —su voz se volvió aguda como si estuviera reteniendo el llanto—. Lo siento mucho Kagome-sama, pero quiero salvar a mi madre.

Kagome entendió perfectamente, ese amor tan incondicional hacia una madre, ella haría lo que fuera por la suya.

—Levántate, Shôta —pidió la morena—. Castigo por haberme atacado no habrá, pero por irrumpir en estas tierras sin permiso no me toca a mí, Sef lo decidirá. Ahora, ¿cuál es tu petición?

El niño que ya se había levantado, volvió agachar la cabeza, esta vez sólo eso, ya no hizo la reverencia completa.

—Salve a mi madre, Kagome-sama.

Esa frase tuvo reacciones negativas, porque si ella accedía a su petición tendría que salir de las tierras kitsunes y no se podían permitir el que llegara a ser lastimada, bajo ningún concepto.

—Kagome-sama —llamó Sef—, no estoy de acuerdo con la petición aquí hecha.

—Pero yo sí —rebatió sabiendo por qué se ponía en contra, le sonrió para tranquilizarlo—. Estaré bien. Shôta —ahora se dirigió a él—, haré lo que esté en mis manos para salvarla. No puedo prometer nada sin verla antes.

Sef suspiró antes de levantarse, atrayendo la atención de todos.

—¿Sabes qué pasara si llegan a lastimar a Kagome-sama, humano? Nosotros marcharemos contra ustedes.

Shôta se puso firme.

—Aún soy un niño a los ojos de todos, pero se las consecuencias de un ataque a lady Kagome —él llegó a la conclusión de que era la pareja del Lord, porque sólo de esa forma se explicaría el celo tan grande que le guardaba.

—Entonces irá, pero con una escolta. Yo no puedo salir —aunque quisiera hacer, puesto que Kitzuna no estaba, ella era quien tomaba el mando en sus ausencias; y sin una figura de alguno de los dos al frente sería caótico—. Kôki, Renard y Kitto serán los encargados de escoltarla. Desde el momento en que Kagome salga del límite de estas tierras, ellos tienen la orden de hacer lo que sea necesario para traerla a salvo.

Los nombrados ya se encontraban enfrente de Sef; al terminar de hablar todos asintieron para mostrar su conformidad, protegerla sería la prioridad.

—¿Por qué yo no puedo ir?

El líder se volteó para encontrar a la heredera del Oeste con los brazos en jarras, se notaba ligeramente inconforme con la decisión de sólo mandar a esos tres, ella podría proteger a su madre tan bien como ellos.

—No saldrás —aclaró con firmeza—, dejar ir a Kagome fuera de mi protección es algo que no quiero hacer, pero esos son sus deseos así que lo único que puedo brindarle es la escolta, ellos están preparados para cualquier escenario posible. Tu salida es otra cuestión, mientras Sesshōmaru-sama no se encuentre aquí no puedo dejarte ir; mandarte a ti con Kagome es doblemente peligroso. No puedo arriesgarme a perder a amabas.

—Pero-

—Sayumi —Kagome intervino, se levantó para llegar hasta la niña y acariciar su mejilla—, estaré bien, nada me pasara. Además si algo saliera mal ellos me protegerán, ¿o es qué no confías en ellos?

—¡No! —exclamó abochornada pensando que sus palabras anteriores podría considerarse un insulto a los guerreros—. No es eso, sólo me gustaría acompañarte.

Kagome le sonrió.

—Lo sé, pero debes quedarte, ¿me esperaras?

Sayumi desvió la mirada antes de suspirar y asentir, después de todo era su madre y no debía desobedecerla, aunque eso ella no lo supiera.

Sef al ver ya todo en orden volvió a tomar la palabra.

—Entonces todo ya está dicho, llevaran a Kagome-sama y al humano hasta su aldea; si llegan a sentir hostilidad a grandes rasgos se retiran, su prioridad es la vida de lady Kagome. ¿Entendido?

—¡Sí!

—Entonces, pueden retirarse —se volteó hacia la morena—. No se exponga, Kagome-sama.

Ella asintió.

—No lo haré. Bueno, ¿nos vamos?

—Cuando usted diga.

Kagome miró a Sayumi y luego a la otra niña, le hizo una seña rápida con la mano, Rin había permanecido en silencio y al ver la seña se adelantó hasta donde se encontraba Sayumi.

—Volveré pronto, Rin, ¿podrás esperarme junto a Sayumi?

—Lo haré —declaró con una sonrisa—. Cuídate, Kagome-sama.

—Por supuesto —prometió se inclinó para besar los cabellos de la niña, luego hizo lo mismo con Sayumi—. Pórtense bien, nada de travesuras —se levantó—. Es hora.

Sef la escoltaría hasta la frontera y la vería partir.

0-0-0-0-0

—¡¿Dónde está Shôta?!

Los sirvientes se encogieron antes la voz severa de su señor, se encontraba enojado, furioso; había ido a ver a su hijo y cuando entró en su habitación no estaba, nadie sabía de él, ¿por qué no lo vigilaron como debían?

—Nunca nos retiramos de la puerta, señor.

—¡¿Entonces como explican que no esté?! —Ante el silencio sólo pudo enojarse aún más, su enojo nacía de la preocupación, ama a su hijo como a su esposa, y en estado en que ella está no puede pensar bien, todo pareceré revuelto y borroso, confuso; sólo quería salvar a su esposa, sólo eso; ahora con la nueva desaparición de su heredero se sentía ahogar—. ¡Encuéntrenlo! ¡Vayan!

Se replegaron en seguida para comunicar la orden de su señor, él se quedó ahí plantado con las emociones a flor de piel, le costaba respirar por todas la sensaciones que recorrían su cuerpo.

—Señor —él volteó para encontrarse con una de las muchachas que acompañaban a su pareja.

—¿Qué sucede? —preguntó un poco más calmado, necesita serenarse.

—La señora quiere verle.

—¿Qué le pasa?

Ella desvió un poco la vista con pena, apretó sus manos sobre su vestimenta.

—… no queda mucho tiempo.

—¿Le dijeron sobre la desaparición de Shôta?

—Sí, lo siento mucho, ella preguntaba, al no contestarle lo intuyó por eso pidió hablar con usted —explicó bastante afectada.

Cansado, eso era lo que le sobrecogía ahora, ¿cómo explicarle a su esposa que su único hijo se encontraba desaparecido? Ordenando a la mujer que se retirara se encaminó a la habitación de su esposa, vio a los guardias ponerse firmas al verlo acercarse y respirando profundamente cruzó el umbral; las mujeres al verlo se inclinaron y rápidamente se retiraron sin decir ni una palabra.

—¿Yokomo? —la voz de la mujer acostada en su lecho con la tez pálida y las extremidades débiles sonaba amortiguada, se extinguía poco a poco; se acercó para situarse a su lado.

—Aquí estoy, Himeko.

Al oír la voz de su amado sonrió, con esfuerzo alzó la mano para que la tomara, cuando sintió la calidez rodearla suspiró con alegría.

—¿Shôta se fue?

—Lo hizo.

Ella suspiró recordando la testarudez de su pequeño al decirle que él la curaría, buscaría la forma de hacer que se recuperara.

—Es un buen muchacho —musitó rememorando los buenos momentos con él, curioso, despierto e inquieto.

—Debería estar aquí en vez de haberse ido —replicó con enojó.

Ella negó suavemente.

—Él está haciendo lo que cree correcto, déjalo. Cuando uno hace lo que cree que debe hacer, nunca se arrepentirá, pase lo que pase.

Yokomo suspiró con pesadez, la miró y con la mano que no tenía ocupada acaricio el rostro pálido de Himeko, suavemente como temiendo herirla con ese toque.

—Lo consientes mucho, Himeko, siempre lo has hecho. Él es el heredero, tenemos que mostrarnos firmes con él, nosotros-

—Tú —interrumpió ella—. Tú deberás terminar de educarlo, no lo castigues tan fuerte sigue siendo un niño —sus ojos grises que le heredo a su pequeño se llenaron de lágrimas—. Ámalo, yo siempre estaré cuidándolos.

—¿Por qué te estás despidiendo? Las curanderas lograran hacer el antídoto y-

No pudo seguir cuando sintió que la princesa acarició su mano que tenía en el rostro femenino.

—¿Desde cuándo le mientes a tu esposa, Yokomo?

—… Desde que me miento a mí mismo.

Cuando le iba a contestar un sonido se extendió por todo el lugar y sin mentir, por la aldea completa; era la campana que anunciaba yōkais.

—¿Yōkais?, ¿habrá pasado algo con Shôta? —la preocupación de ella le hizo intentar reincorporarse pero Yokomo la detuvo con su mano.

—Yo saldré, no te atrevas a levantarte, todo estará bien.

Ella sostuvo su mano cuando él intentó irse, sus ojos se encontraron por unos segundos antes de que Himeko apretara el agarre y luego le dejara ir.

—Ten cuidado.

Yokomo asintió antes de irse sin mirar atrás.

0-0-0-0-0

El recorrido hacia la aldea humana fue relativamente corto puesto que Kagome y Shôta iban a lomos de Kitto, aunque estuvo reticente con el humano pero unas cuantas palabras de Sayumi antes de su salida lo calmaron lo suficiente para que le dejara montarlo; la Inu le secreteo al niño que era un honor que un kitsune se dejara montar puesto que sólo personas muy importantes podían hacerlo; por lo que Shôta iba bastante tenso pero fueron tan sólo unos minutos antes de que Kagome procediera a calmarle preguntándole a cerca de los síntomas y dolencias que presentaba su madre, cuando acabo de relatarle todo la morena estaba convencida que era veneno de efecto retardado que actuaba hasta que la su víctima estuviera prácticamente envenenada por completo, y si eso era cierto, sólo tenía mínimas probabilidades de salvarla mientras más tiempo pasara.

Renard y Kôki se adelantaron para asegurar el área, pero su presencia no paso inadvertida y las campanas que avisan de avistamiento de yōkais se hizo sonar sin tardanza alguna; cuando lograron alcanzarlos los ánimos estaban tensos.

0-0-0-0-0

Yokomo no sabía cómo proceder, tenía a dos yōkais, uno muy joven a decir verdad, enfrente con los ojos barriendo la zona, calculando y analizando; eso no le gustaba ni un poco pero no podía iniciar un enfrentamiento con civiles presentes, saldrían dañados. Tomando una resolución se abrió paso y conforme se iba acercando la atención de ellos se centró completamente en él, alzó la barbilla para no mostrar temor.

—Su presencia no es bienvenida, yōkais, ¿qué hacen en territorio humano?

Kôki estuvo a punto de contestar pero se contuvo, ya que Renard se hallaba presente y por posición quien tenía la obligación de hablar era él, puesto que como hermano menor del líder tenía ese poder; pero sabía que la leyes humanas eso no aplicaba, era los adultos solamente quienes tenían ese poder y por más hijo que fueras no tenías voz en nada; así que el hombre que se adelantó para conocer el por qué de su presencia ahí podría considerar el que Renard hablara como un insulto o una broma, ya que a sus ojos sólo era un niño. Sopesaba las posibilidades cuando oyó la voz de Renard en un susurro, tan bajo que un humano no habría podido distinguir las palabras aunque estuvieran a su lado.

—Será mejor que hables en mi lugar, serás el porta voz.

—Como usted desee —contestó, luego dio un paso al frente—. Hemos venido por una petición que se nos fue hecha.

Yokomo frunció el ceño creyendo que querían tomarle el pelo, nadie en su sano juicio iría a pedirles algo a unos yōkais.

—¡Mentira! No hemos mandado a nadie y-

Tuvo que interrumpirse al ver la figura de un kitsune acercarse velozmente, muchos aldeanos dieron varios pasos hacia atrás, una cosa era ver yōkais con formas cercanas a las humanas, que verlos en su forma original.

Kagome se apresuró a bajar siendo seguida de cerca por Shôta que al ver a su padre se adelantó sin pensarlo dos veces.

—Shôta —exclamó al verlo bien, se inclinó para asegurarse que se encontraba en buenas condiciones, al constatar que todo iba bien volvió a reincorporarse—. ¿Qué quieren?

—He venido porque Shôta me pidió que curara a su madre —habló la morena, atrayendo la atención de todos por su condición humana, demasiado humana; y por el traje de sacerdotisa que portaba, pero eso no les daba confianza puesto que iba con yōkais, ninguna sacerdotisa harpía eso, ella acababan con ellos.

—¿Quién eres? —increpó sin deseos de ser educado.

Kôki se adelantó con el ceño fruncido ante ese tono empleado pero la mano que Kagome extendió fue suficiente para que se detuviera. Renard le dio un codazo en la pierna, él debía presentar a su señora.

—Ella es Kagome-sama —su voz se extendió por todo el lugar, ella se sobresaltó al oírle, no pensaba que la iba a presentar, ella misma estaba buscando las palabras indicadas para hacerlo—, pareja de Sesshōmaru-sama, Lord de estas tierras; no deberían dirigirse a su persona de esa manera.

Todos se quedaron perplejos ante tan cosa, no sabían si creerle o no, ¿además no era humana esa sacerdotisa? Todos conocían el desprecio que el Lord del Oeste profesaba a los humanos, era imposible.

—¿Eres humana?

—Lo soy —respondió Kagome antes de que Kôki pudiera adelantarse tanto de palabra como acción, los yōkais eran muy impulsivos si alguien insultaba a alguien de su especie o protegido; lo comenzaba a comprender.

Yokomo entonces frunció aún más el ceño.

—Entonces no puedes ser la señora del Oeste, él desprecia a los humanos.

Eso fue suficiente para la paciencia de Kôki, pero no dio más de unos pasos cuando una barrera le impidió seguir su camino, dirigió una mirada a su señora que le sonreía con comprensión.

—Tranquilo, Kôki —le pidió bajando la barrera antes de caminar para acercarse a los aldeanos y a su líder—. Estoy consciente de eso, pero no he venido aquí para hablar sobre Sesshōmaru y… nuestra relación, sino por la madre de Sōta, ¿la dejara morir si hay una pequeña esperanza de salvarla?

El hombre tuvo un debate mental, amaba a su esposa pero no confiaba en los yōkais, ellos acabaron con su abuelo y nunca olvidaría eso pero…

—Bien, pero sólo usted pasara, no quiero a ningún yōkai cerca —sentenció con el rostro duro.

—He de protestar —Kôki se adelanto alarmando a todos, quienes retrocedieron—, Kagome-sama no puede entrar sola; ustedes podrían dañarla y nuestro deber es evitarlo.

—¡No pasara ningún yōkai! ¡Son ustedes quienes traicionan y apuñalan por la espalda!

El kitsune no aguanto más, su cola se puso tiesa mientras que sus garras se afilaban, todos notaron el cambio y el pánico empezó a desatarse, hasta que Kagome molesta se puso en medio con un brazo levantado hacia Kôki y el otro hacia Yokomo.

—¡Deténganse! —exclamó logrando erizar a más de uno—. La vida de una persona pende de un hilo, ninguno de los dos ganara esto, las rencillas y desconfianza han estado desde mucho antes que nosotros naciéramos; pero yo no he venido para calmar esto, he venido para intentar salvar a una mujer y el tiempo es preciado, así que se calmaran, ¡ambos! Entonces, Renard me acompañara —señaló al kitsune que se adelanto—, y usted me guiara a los aposentos de su esposa para ver la gravedad del asunto. ¿Me he dado a entender?

Kôki se arrodillo y los humanos por inercia hicieron lo mismo, asombrados del poder que salía de su voz, era como si no pudieran negarle nada.

—Sí, Kagome-sama; pido disculpas por mi actuar tan impulsivo.

—Sólo hacías lo que debes —cedió la morena antes de girarse a líder—. ¿Me guiara? —al ver los ojos tan inquietos del hombre suspiró—. Renard es confiable, no hará nada sin ordenes.

Dudó pero asintió.

—Es por aquí.

Y Kagome atravesó el lugar, siendo escoltada por Renard, con el corazón agitado.

Bombeando con fuerza.

La agitación crecía para Shippō al saberse cerca del Oeste, vería a Sayumi.

—¡Hemos llegado! —anunció la exterminadora.

Y a penas esas palabras salieron de su boca cuando unas sombras se cernieron sobre ellos para neutralizarlos, no pudieron escapar y la oscuridad rodeo sus ojos.

Continuará.

Detrás de cámaras

Fira dibujaba muy concentrada en su estudio cuando el sonido de la puerta le hizo sobresaltarse.

—¿Fira? —Lili veía cargada de papeles que iban desde presupuestos hasta cartas para la autora—, ¿qué haces?

—Hemmm… ¿escribo? —dijo pretendiendo su mejor sonrisa.

La directora rodó los ojos antes de acercarse para depositar los papeles en el escritorio y de paso ver que se traía en manos su compañera, encaró una ceja al ver los bocetos que estaban regados por la mayor parte de la superficie de madera.

—¿Qué te picó para que empezaras a dibujar de nuevo?

Fira se recostó en su silla con un puchero.

—Sólo quería dibujar, ¿acaso están feos? —preguntó preocupada mientras tomaba uno de Kitzuna.

—No —respondió con una sonrisa mientras se sentaba sobre el escritorio, apartando las hojas para que no se arrugaran—, sólo es raro verte dibujando de nuevo, ¿qué harás con ellos?

Antes la sonrisa de su amiga se relajó.

—Bien, lo voy a subir a nuestro Deviantart para ver que dicen las fans, y podrán ver por fin a Kitzuna y a nosotras en versión chibi —exclamó alegre mientras le mostraba el dibujo—, somos tan lindas.

—… supongo —aunque no estaba del todo convencida.

—¡Y sabes qué más, paso! —no necesito al respuesta de Lili para que siguiera hablando—. Una chica súper linda Brandy Moon me hizo unos fan-arts de Sef y Kitzuna, le quedaron simplemente geniales, su seudónimo es Yue-Uchiha94 en Deviantart, ya tengo sus dibujos en favoritos, velos —cogió su laptop y la puso en el regazo de Lili—. Dime si no están hermosas.

—Están muy bien —aceptó la directora con una sonrisa.

—¡Son perfectas! ¡Oh! Debo actualizar nuestro perfil para que puedan ir a ver los dibujos.

Lili vio lo feliz que estaba su amiga que no pudo evitar reír antes de empezar a recoger todo el tiradero que había en el lugar, debía recordarle modales pero… sería más tarde, que siguiera con ese humor tal vez le ayudara a escribir más rápido.

Como pueden ver ando muy feliz, porque aparte de escribir estoy volviendo a dibujar e hice a Kitzuna para que pudieran imaginarse mejor, y entonces llega una chica y me dice que hizo unos dibujos de Sef y Kitzuna, me súper emocione y mucho más cuando Roserwin Tavares (Krisstal06) me dijo que haría a Fira y a Lili cuando tuviera tiempo, yo estoy fangirleando como nunca :´) ¡Gracias a esas chicas por tomarse la molestia de hacer algo tan bonito como un dibujo! E igual quiero agradecer a Alicia Calleja Ecija que me dedico uno de Sayumi, pero que no está por Internet ya que me lo mando por inbox, muchas gracias chica; pero igual están las personitas que me mandas su reviews y está vez fueron bastantes largos :´) amo leer comentarios largos, gracias por su tiempo ahora sí, a responder:

Maria: Bueno, ya veremos que pasara con el niño, porque habrá unos cuentos problemas en torno a él. De nada, es que te esforzaste haciéndolas y además de la equivocación de nombre, además fueron entretenidas, me divertí respondiéndolas. Y gracias por entender, si de mí dependiera podría pasarme escribiendo toda la vida fanfics, pero así no va la vida. Yo estuve luchando con esa escena para hacerla emotiva, así que después de leer casi todos los reviews, entre ellos el tuyo puedo decir que lo logré. Por cierto, respecto a tu review en "Antiguo Amor", he puesto los links de mi página en Facebook y mi Facebook personal, si ya me has agregado pero no te he aceptado dímelo por inbox, no acepto a nadie a menos que me diga de donde me conoce :) Bueno, un placer seguir viéndote por mis fics. Besos.

Erika Taishō: Oh, pues qué bueno que te animaste a dejarme un comentario y, gracias, me da mucho gusto saber que la historia es de tu agrado :D Me animan mucho los comentarios, pues habrá que ver si puedo hacer lemon, no soy de escribirlos, pero ya veremos que va acorde al desarrollo. Un beso y abrazo.

Riovi: Mucho tiempo, querida. Pues bien, por fin salí de mi cuarto semestre, me quedan otros 4. Jajaja. Disculpa eso, espero que siendo viernes puedas tener tiempo para leerlo con calma y sin andar ansiosa correteando por todos lados. Pues no sé, sólo voy escribiendo para llegar al clímax y dejar caer toda la bomba y que sufran (¿?) Okey no, ignora eso, tú no has leído nada. Y pues no aún no los he reunido pero o es en el siguiente o dentro de dos capítulos que se reunirán, con algo que las hará querer matarme, pero conste que es parte de la trama y sólo para ser buena te digo que InuYasha estará rondando por ahí. Y muchas gracias por las buenas vibras, una las necesita mucho cuando todo parece que se hunde, de verdad gracias. Besos.

Amane Amy: No, no te pongas mal, era la hora de Kaede y se fue feliz, en los brazos de su gran amiga Kitzuna. Sí, Shippō quiere hacerse fuerte, pero esperemos la noticia de Kagome ablande un poco su corazón. Sí, ya tres largos años, pues es bueno leerlo y pues no, hasta donde yo me acuerdo no he leído tu nombre, está es la primera vez :) y estoy muy feliz de que hayas comentado. Gracias, un beso y un gran abrazo.

Mara: No, no lo dejaré abandonado sólo que como explico tengo muchas cosas que hacer, que daría yo por poder estar escribiendo fanfics todo el día pero lamentablemente no me dan dinero para poder sobrevivir :C vida tan cruel. Y sí, siempre estoy al pendiente de ustedes, si puedo les respondo todas su preguntas, tanto por aquí como en el face o el ask que recién cree para ustedes. Gracias por el comentario. Un beso y un gran abrazo de oso.

Daliapv Pérez: Lamento la demora, asuntos personales y académicos quitan mucho tiempo. Jajaja. Lo reitero lamento la demora pero cada vez que puedo hago lo posible para escribir, pues te diré que Kagome romperá su sello durante una batalla y la declaración pues… me la guardo para mí ;) besos.

Hachico94: Pues ya está aquí, espero te haya gustado. Un beso y un abrazo.

Ana Asakura: Y como siempre adoro tus comentarios. Lo siento pero créeme yo lloré como niña pequeña mientras escribía la escena de Kaede y Kitzuna, igual porque tenía un OST súper triste reproduciéndose mientras la hacía. Y pues, más que nada son consejos para Kagome, ahora sabiendo su relación que podría mantener con Sesshōmaru pues las anteriores no le iban a servir. Pues ya están más que insinuados, sólo faltan que ellos dos se aclaren y listo; a mí me encanto hacerla, ¿sabes? Me pareció indicado que la primera persona que supiera lo que sentía por Kagome sea Kaede, ya que es como una madre para ella. Pues, ¿futuro? O mejor dicho en la línea temporal original, ¿no? Pues se conocieron diferente pero la esencia viene a ser igual y sí, tengo planeado un especial para mostrarlo. Un beso y un abrazo.

Blackdark: Disculpa la demora. Y sí, ya era tiempo de que descansara, ¿y qué mejor forma que en los brazos de su querida amiga? No, se puso horrible pero no lo demostró, si pudiera leer si mente fue como la muerte para él. Pues, tal vez, no arruinaré la emoción. Un beso y un abrazo.

Muchas gracias por sus comentarios, los aprecio mucho, mucho.

Un beso.

FiraLili