25. REEVALUANDO LA SITUACIÓN
Tras la victoria contra los Ángeles de la Muerte, las Sailor Scouts regresaron a su hogar, con heridas leves y adoloridas de todo el cuerpo. La batalla había sido la primera victoria en contra de las que antes habían sido las Sailor Scouts, aunque no pudieron acabar con ellas, pues Mefistófeles se las había llevado consigo de vuelta al escondite sobre la roca en medio del mar.
Al regresar a casa, los esposos de las Sailor Neo Scouts se sorprendieron al verlas vivas.
- ¡Minako! –exclamó el señor Aino con lágrimas en los ojos y se dirigió corriendo a su esposa para abrazarla.
- ¡Saeko! –lo mismo hizo el señor Mizuno, agradecido de que su esposa estuviera viva.
- ¡Sailor Scouts! –exclamaron al unísono Luna y Artemis, sorprendidos.
- ¡Por favor! –la señora Aino le hizo un ademán a su esposo de que no la abrazara, pues le dolía todo el cuerpo por la batalla.
- Necesitamos hablar de un asunto –agregó la doctora Mizuno con seriedad mientras se sentaba en un sillón con cuidado.
También estaban ahí las Sailor Three Lights, también con heridas leves y completamente adoloridas, acompañadas de la princesa Kakyuu, quien fue la única que no había sido herida en batalla y mantuvo la tranquilidad en todo momento, cuya presencia dejó confundidos a los demás. Luego todos procedieron a volver a ser seres normales.
- Voy a ir por vendajes y ungüento –dijo el señor Mizuno ansioso.
Luego las dos mujeres comenzaron a relatar la batalla contra los Ángeles de la Muerte, cómo salvaron al emperador y a su familia, la aparición de la enorme criatura motorizada Tarkus, cómo estuvieron al borde de la muerte, la aparición de la princesa Kakyuu, la pelea entre Tarkus y la mantícora, el extraño comportamiento de los Ángeles pidiendo que acabaran con ellas y cómo fueron secuestradas por el ser maligno.
Los señores Aino y Mizuno se quedaron sin habla, al igual que los dos felinos. Pronto comenzaron a evaluar la situación.
- En mi opinión ¡Auch! –opinó Yaten mientras era atendido de sus heridas –Creo que eso fue una artimaña para que nos acercáramos a ellas y pudieran atacarnos de cerca ¡Ayy!
- Tal vez –intervino Taiki –aunque también pudiera ser que estuvieran diciendo la verdad. Cualquier cosa pudo haber sucedido.
- No lo creo –repuso la doctora Mizuno –vi fijamente sus ojos y, por mi instinto materno, estaban pidiendo realmente ser eliminadas. Algo debió haberse roto dentro de ellas.
- Yo apoyo a Saeko en esto ¡Auch! –corroboró la señora Aino mientras era curada –Yo también vi los ojos y las expresiones de las chicas y parece ser que querían que las liberáramos ¡Ayyy! De esos poderes malignos.
- Sólo esperemos que de verdad sea lo que ellas quieren –intervino Seiya –Porque capaz y que ellas nos puedan tender una trampa para acabar con nosotros.
La princesa estaba callada mientras los demás discutían sobre lo siguiente que harían; tenía la mirada baja, pensando en el espíritu maligno que había convertido a las chicas en seres malignos.
- ¿Princesa Kakyuu? –le preguntó Luna, saliendo de su ensimismamiento -¿Se encuentra bien?
- ¿Eh? ¡Ah! ¡Sí! –respondió ella distraída –Es sólo que… no pude dejar de notar que ese ser maligno… tal vez ya lo había visto en alguna ocasión.
Al decir esto, todo el mundo volteó a ver a la princesa, perplejos al saber que a lo mejor ella podría saber algo sobre ese ser que mantiene a las chicas bajo su mando.
- Princesa –se apresuró a intervenir Seiya -¿A qué se refiere con que ya había visto a ese ser?
- Tal vez sea mi imaginación –respondió ella con calma –pero a lo mejor leí sobre ese ser en algún libro antiguo, pero creo que me está fallando la memoria.
- ¡Por favor, princesa! –suplicó la doctora Mizuno, tomando la mano de la princesa con ambas manos -¡Cualquier cosa que usted sepa podría ayudarnos a acabar con ese ser!
- Haré todo lo posible –dijo ella con seriedad –pero necesitaré de un espacio cerrado para poder pensar. Necesito absoluto silencio para concentrarme.
- Tenemos un ático –dijo el señor Mizuno –no es muy acogedor, pero creo que cumplirá con los requisitos que usted pide.
El señor Mizuno guió a la princesa Kakyuu al ático. Era un espacio mediano, con una cama un guardarropa, una mesa de noche con una lámpara y estaba iluminada por una ventana.
- Con esto será suficiente –dijo la princesa –solo necesitaré de una alfombra o tapete para poder meditar en el suelo –El señor Mizuno le proporcionó un tapete de yoga que estaba guardado en el guardarropa.
- De acuerdo –dijo él mientras se alejaba de ahí –nos avisa si necesita otra cosa ¿de acuerdo?
- Gracias por todo –respondió ella con amabilidad –estaré bien –luego él cerró la puerta y bajó a la sala donde se hallaban todos.
- Sólo esperemos que ella tenga las respuestas que buscamos –murmuró Luna nerviosa.
- En estos momentos –dijo Artemis –necesitaremos de toda la información para saber cómo derrotaremos a este sujeto.
(Música de fondo: Tornero de I Santo California, la cual se escucha dentro de la guarida de los Ángeles de la Muerte)
En el escondite en medio del mar, el ambiente que reinaba era de apatía e incertidumbre, pues era la primera vez que las chicas eran derrotadas muy seriamente. Todas fueron a curarse sus heridas pese a que, a pesar de que ellas tenían la capacidad de curarse por sí mismas, esta vez, los ataques recibidos les habían hecho un daño considerable. Pero además del daño físico, también sufrieron un muy fuerte daño psicológico y moral que comenzó a sembrar dudas en las chicas sobre su verdadera intensión de pelear contra las Sailor Scouts.
Cada quien estaba absorto en sus propios asuntos:
Serena se hallaba en su habitación descansando y recuperándose de sus heridas, sintiendo dolor en todo su cuerpo, pues la batalla contra Sailor Star Fighter la dejó muy lesionada. Pero ella estaba más perdida en sus pensamientos, sobre todo recordando el momento en que volteó a ver a las Sailor Scouts en esa batalla rogando que acabaran con sus vidas.
- ¿Por qué dije eso? –se preguntó a sí misma -¿Por qué carajos lo hice?
Luego su mente se perdió en la melodía que se escuchaba en todo el escondite, en especial en las armonías vocales.
Rei se hallaba en la bañera, tomando un baño de agua muy caliente para recuperarse del ataque con agua fría que le dio Sailor Star Healer, pues ella era intolerante al agua helada, lo que le provocó un dolor insoportable, en especial en su lado izquierdo del cuerpo, que estaba lleno de quemaduras. Además su armadura había sido destruida por el ataque sorpresa de la Sailor Scout y mientras ella estaba en la bañera, una nueva armadura estaba en construcción.
Pero ella estaba más ensimismada en sus pensamientos y en la melodía del castillo que en cualquier otra cosa. Comenzó a reflexionar sobre cómo fue perdiendo la compostura en medio del combate y dejó que su lado más sanguinario la dominara; además de recordar la parte en que rogó a sus enemigas de que acabaran con su vida.
- ¿Qué me está pasando? –se preguntó a sí misma angustiada -¿Por qué lo dije?
Mientras tanto, Lita se hallaba recostada en su cama, recibiendo curaciones por parte de unas máquinas, mientras estaba pensando en lo que acababa de pasar en ese lugar, principalmente cómo perdió completamente los estribos, dejando que la ira la consumiera por completo, sin poder atacar como era debido, lo que permitió que Sailor Star Maker, literalmente, barriera el piso con ella.
No había sentido un dolor de esa magnitud desde aquella ocasión en que esos maleantes la violaron, ultrajaron y golpearon sin piedad por todo el cuerpo. Todo su cuerpo dolía de manera infernal, mucho más que el resto de sus amigas, sobre todo al recordar cómo su ira explotó de manera catastrófica, al sentir cómo sus nervios se ensancharon hasta quedar marcados en su piel como si fueran venas, permitiéndole tener una fuerza y velocidad sobrehumanas, pero a costa de su capacidad de concentración. Esto último comenzó a aterrarla y a angustiarla, pues no podía darse el lujo de que, para cuando se enfrentara nuevamente con las Sailor Scouts, volviera a tener otro episodio igual, o incluso peor.
- ¿Por qué pasó eso? –se cuestionó Lita a sí misma mientras escuchaba la bella melodía en idioma italiano -¿Por qué perdí el control de mí misma?
Mientras ella estaba ensimismada en sus pensamientos y en la música, otra máquina estaba trabajando en construirle una nueva armadura, después de que la original fuera destruida por Sailor Star Maker. Pero también se acordó de la forma en que les rogaba a sus enemigas que acabaran con ella.
En la sala central del escondite estaban Mina y Ami, ambas cubiertas de vendajes en la parte torácica, mientras que la primera tenía un collarín en el cuello, pues después de la batalla contra sus propias madres, quedaron muy lesionadas, en especial por los ataques que aquellas utilizaron, que eran versiones más poderosas de los ataques que ellas tenían cuando eran las Sailor Scouts.
Estaban descansando en el larguísimo sillón que rodeaba a la chimenea, mientras trataban de ponerse ebrias. Ami sostenía un vaso de whiskey mientras estaba recostada en el sillón con el sombrero de ala ancha cubriendo su cara, entre tanto Mina tenía una botella de cerveza, sentada mirando fijamente el fuego de la chimenea central. Ninguna de las dos había tocado sus tragos en todo ese rato, mientras escuchaban la música que se oía por todo el escondite.
- Esa canción es muy bella –dijo Mina con serenidad –aunque no puedo entender nada de lo que dice.
- ¿Quieres que traduzca? –preguntó Ami con desgano, todavía recostada sobre el sillón sosteniendo el vaso de whiskey.
- ¿Sabes italiano? –preguntó Mina curiosa.
- Un poco –Ami se quitó el sombrero de la cara y comenzó a traducir:
"Aún veo el tren, alejarse y tú, que enjugas esa lágrima, volveré, cómo es posible, un año sin tí. Ahora escribe, espérame, el tiempo pasará, un año no es un siglo, volveré, cómo es difícil, vivir sin tí. Eres, eres mi vida, cuanta nostalgia, sin tí, volveré, volveré".
Mientras se oía el solo de piano y los coros, ambas comenzaron a sentir melancolía al darse cuenta de lo patéticas que fueron sus vidas amorosas: Mina al ser condenada por sus antiguos enemigos, Dark Agency, a no conocer el amor jamás; en tanto Ami comenzó a recordar a Richard, al no poder declarársele para formalizar una relación.
Regresando a la canción, Ami siguió traduciendo:
"Desde que partiste, comenzó para mí la soledad. En torno a mí está el recuerdo de los bellos días de nuestro amor. La rosa que me dejaste ya se ha secado, y la conservo en un libro que nunca termino de leer".
"Volver a empezar juntos, te quiero tanto. El tiempo vuela, espérame, volveré, piensa en mí, sabes, y el tiempo pasará".
- Ya fue suficiente, gracias –dijo Mina con la voz casi quebrada. Se produjo un silencio en la sala, hasta que Mina dijo de repente:
- Soy un fracaso –dijo secamente ante Ami mirando su botella de cerveza aún llena –yo era Sailor Venus, la Sailor Scout del amor, pero nunca pude hallar el amor de verdad. Qué ironía, ¿no, Ami? Darte cuenta de que eras la Sailor del amor y ni siquiera poder conocerlo. Qué mierda.
- No eres la única –dijo Ami con voz apagada, incorporándose en el sillón, sintiendo todavía dolor por sus lesiones –Yo tampoco tuve la valentía de poder hallar el amor; nunca pude declararme a Richard y… aún me arrepiento de ello –Ami le dio finalmente un sorbo al vaso de whiskey que tenía en la mano –Pero luego comienzo a recordar las palabras de un científico loco que vi hace unos meses en un programa de televisión: "Lo que la gente llama AMOR en realidad es una reacción química que obliga a los animales a procrear. Es muy fuerte y luego desaparece dejándote varado en un matrimonio fallido". Al oir esas palabras –Ami dio un eructo –me recuerda el momento en que mis padres se separaron –Ami sacó una pipa de un bolsillo, lo encendió con un encendedor y comenzó a fumar –así que considérate afortunada de no tener que pasar por el proceso de divorcio.
Mina se quedó pensando en las palabras de Ami, mientras seguía recordando la melodía que se había terminado, a la vez que tomaba su cerveza y fumaba un puro, uniéndose a Ami, mientras ambas bebían y fumaban.
- Yo era la Sailor del amor y el conocimiento –comenzó a recordar Ami con amargura –Alguna vez dije que la ciencia debería ser usada para el beneficio de la humanidad –Ami le dio un trago al whiskey –y ahora mírame, la estoy usando para destruir a la humanidad. Soy una jodida hipócrita, ¿no?
Mina no supo qué responder; las dos permanecieron en silencio durante un buen rato pensando en lo que platicaron.
Mientras tanto, Mefistófeles se hallaba en el mismísimo Tártaro supervisando las reparaciones de Tarkus, que había recibido serias lesiones a su armadura, pues el ácido de las púas lanzadas por la mantícora había dañado gravemente a la criatura; una de las orugas de sus "patas" se había salido y estaba lleno de barro.
Se veía serio por fuera, pero por dentro estaba pensando en las consecuencias y la humillación que tendría que soportar ante el gran maestro por la derrota brutal recibida por las Sailor Scouts; pero lo que no podría soportar era que su antigua aprendiz, ahora convertida en su supervisora, le restregara su derrota en la cara.
- No es la primera vez que te dan una paliza, ¿recuerdas? –dijo Katrina con tranquilidad –Además, como has prestado valiosos servicios en el pasado, ten por seguro que el gran maestro te dará una segunda oportunidad ¿sabes?
Pero Mefistófeles no escuchó las palabras de su ex alumna; en vez de ello, comenzó a pensar en aquella mujer pelirroja que hizo aparecer a la mantícora, como si la hubiera visto en alguna ocasión.
- ¡Oye! –gritó ella sacándolo de su ensimismamiento.
- ¡¿Huh?! ¡¿Qué?! –exclamó él sobresaltado por el grito.
- ¡¿Acaso no escuchaste nada de lo que dije?! –exclamó Katrina molesta.
- Disculpa –dijo él regresando a la realidad –Es que… me quedé pensando en esa mujer pelirroja.
- ¿Qué con ella? –preguntó Katrina con curiosidad.
- Olvídalo –respondió él cortante –Creo que solamente es una alucinación mía. Necesito supervisar esto hasta que esté reparado.
- De acuerdo –dijo ella con tranquilidad –Pero si recuerdas algo más, no dudes en decírmelo ¿Ok?
- Lo haré –respondió Mefistófeles sin darle importancia. Mientras Katrina se retiraba, él le preguntó:
- ¿Tú pusiste esa música en el escondite? –él podía escuchar la melodía desde el Tártaro. Ella le respondió con seriedad:
- Creo que ya sabes la respuesta –después ella desapareció.
Katrina abandonó el Tártaro y regresó al escondite mediante un portal dimensional y comenzó a recordar algunos pasajes de su pasado con su ex maestro.
(FLASHBACK)
Año 1900, inicio de un nuevo siglo. En las inmediaciones del Tártaro se llevaba a cabo la celebración de la graduación de los nuevos "Instigadores del mal", llamados así porque utilizaban toda clase de artimañas para provocar el caos y la destrucción por doquier en la Tierra.
Katrina llegó a graduarse como la número uno de su graduación, recibiendo la condecoración más alta que puede llegar a tener un instigador: la bendición del gran maestro, el amo supremo del inframundo, señor de la destrucción y el caos. Fue felicitada también por su propio maestro, quien liberó los poderes más oscuros del interior de la nueva instigadora. ¿La razón? Haber instigado al presidente de Estados Unidos, William McKinley, y al primer ministro de España, Práxedes Mateo Sagasta, para que se declararan la guerra por el territorio de Cuba en 1898. Al final, Estados Unidos se quedó con Cuba.
Este incidente le valió a Katrina el reconocimiento de todos en el Tártaro y su transferencia a la sección 66, un nuevo cambio de look y puestos de mayor responsabilidad. Pero…
Septiembre de 1914, un mes de haber iniciado la Primera Guerra Mundial. En una habitación de hotel en Belgrado, Reino de Serbia, Katrina y Mefistófeles, vestidos como simples civiles, tuvieron una discusión bastante acalorada que se escuchaba en todo el piso.
- ¡No me interesa lo que digas! –exclamó ella enfadada.
- ¡Vas a escucharlo, quieras o no! –replicó el molesto.
- ¡Me quitaste mi oportunidad de brillar ante todos! –Tenía los ojos muy abiertos y su mirada chispeaba intensamente ante su ex maestro, quien permaneció frío e impasible -¡Me humillaste en público, puto pendejo de mierda! ¡Quedé en ridículo ante el gran maestro y ante todos los grandes instigadores! ¡Y me quitaron mis poderes! ¡Ahora soy una simple mortal!
- ¡¿Acaso crees que fue fácil para mí también?! –exclamó él apesadumbrado -¡O era eso, o serías eliminada para siempre, igual que yo! Además, no debiste ponerte en ese plan conmigo en primer lugar, pues no estaríamos en este embrollo.
- ¡¿Por qué mierda tuviste que revelar nuestro secreto ante todos?! –exclamó ella con lágrimas en los ojos, dejándose caer de rodillas en el suelo de la habitación, sollozando amargamente -¡Ahora mi reputación está en juego! ¡Nadie me dará trabajo en ninguna parte del Tártaro! ¡NADIE!
- ¡Ya deja de chillar, carajo! –dijo él con frialdad –recuerda que el gran maestro nos dio la oportunidad de mantener nuestros trabajos intactos a cambio de… ya sabes qué.
Katrina comenzó a tragar saliva al pensar lo que tendrían qué hacer, lo que no le gustó para nada, pero si querían mantener sus reputaciones intactas, tendrían que hacer un sacrificio enorme.
- ¿Y a dónde iremos para hacerlo? –ella recuperó la compostura, aunque todavía tenía los ojos enrojecidos por las lágrimas.
- A Japón –dijo él con decisión –será más seguro ahí que en medio de todo este barullo. Pero debemos darnos prisa, pues esta gente está muy paranoica y nos pueden linchar. Debemos irnos ya.
Inmediatamente comenzaron a empacar sus cosas y, con el poco dinero que tenían, iniciaron su travesía hacia Japón. Fue toda una odisea: debido a la guerra tuvieron que tomar un barco en la costa del Mediterráneo, logrando llegar a Barcelona, España (que era neutral al conflicto); luego se dirigieron hacia el puerto de Cádiz el cual les tomó cuatro días; de ahí se dirigieron en barco hacia los Estados Unidos, en una penosa travesía, pues habían submarinos alemanes acechando el Atlántico, como lo que sucedió con el Lusitania. Llegaron a Nueva York y valiéndose de sus medios, tomaron un tren con dirección hacia la costa del Pacífico, teniendo que viajar en trenes de carga como polizones. Llegaron al puerto de San Francisco después de una semana de una travesía peligrosa. Tomaron un barco con dirección a Japón logrando llegar a la bahía de Tokio. Ahí en la capital se establecieron en calidad de refugiados políticos por un tiempo hasta que el asunto en el Tártaro se disipó completamente y recibieron el visto bueno del gran maestro para regresar como si nada hubiera pasado.
(FIN DEL FLASHBACK)
Katrina comenzó a hurgar en todos los archiveros de su ex maestro algo que pudiera comprometerlo y que ella pudiera ser la siguiente gran instigadora del mal. Literalmente puso todo el cuarto de cabeza, hasta que finalmente encontró lo que buscaba. Ella comenzó a reír maléficamente y guardó eso en un bolso que traía. Pero antes de irse, usó sus poderes para poner todo como estaba.
Luego se dirigió a la sala central, donde se encontró con Mina y Ami, que estaban profundamente dormidas, ebrias y roncando como puercas en un chiquero. Se les acercó y las movió para despertarlas.
- ¡Oigan, despierten! –exclamó ella mientras ellas trataban de despertar sin muchas ganas.
- ¿Qué? ¿Ya amaneció? –preguntó Mina somnolienta.
- ¡Ayyy! –se quejó Ami -¡Mi cabeza!
- Necesito hablar con ustedes sobre un asunto muy importante –dijo Katrina –pero primero debo ir por el resto de sus compañeras. Será aquí en este mismo sitio, ¿Ok?
Las dos no dijeron nada al respecto, mientras Katrina se dirigía al cuarto de Serena. Tocó la puerta y automáticamente se abrió.
- ¿Serena? –preguntó Katrina asomándose por la puerta.
- ¡Ya voy! –exclamó ella, caminando a duras penas, pues todavía sentía dolor, aunque no de la misma magnitud que antes -¿Qué carajos quieres?
- Necesito hablar con ustedes en la sala central –explicó Katrina –es con referencia a su mentor.
- De acuerdo –Serena salió de mala gana de su habitación y se dirigió hacia la sala central. Mientras tanto, Katrina se dirigió al cuarto de Rei.
- ¿Rei, estás ahí? –ella tocó la puerta y casi al instante la puerta se abrió; Katrina entró al cuarto y vio a Rei recostada en el regazo del muñeco hecho a imagen y semejanza de su difunto padre.
- ¿Qué es lo que quieres, Katrina? –preguntó Rei con desgano.
- Necesito que vayan todas a la sala central, hay un asunto sobre su mentor que quisiera tratar –explicó Katrina.
- Dame unos minutos y estaré ahí –dijo Rei sin ánimos y Katrina se retiró un tanto confundida al ver la escena.
Luego se dirigió al cuarto de Lita, pero para su sorpresa, justo en ese momento ella estaba saliendo de su habitación vestida nada más con un bikini.
- ¡Espera! ¿A dónde vas? –preguntó Katrina alcanzando a Lita, quien parecía dirigirse hacia otra parte.
- ¿Qué carajos te importa, perra? –replicó ella fríamente.
- Necesito hablar con ustedes sobre su mentor, justo ahora –explicó Katrina de manera apresurada.
- ¿Va a tardar? –preguntó Lita con el mismo tono.
- Sólo serán unos minutos, lo prometo –Inmediatamente Lita se dirigió al cuarto central, donde todas sus amigas se encontraban ya sentadas alrededor de la fogata.
- De acuerdo, Katrina –repuso Mina con suspicacia -¿Qué es tan importante sobre Mefistófeles que no puede esperar para después?
- Les haré unas cuantas preguntas –explicó Katrina con serenidad –Díganme ¿Cuánto tiempo llevan conociendo a su mentor?
- Desde hace un mes –respondió Lita, quien fue la primera en conocerlo.
- ¿Cómo consideran que las ha tratado? –preguntó Katrina.
- Hasta ahora… -respondió Rei –nos ha tratado de manera… paternal. Se preocupa por nosotros.
- Muy bien –prosiguió Katrina -¿Qué tan bien lo conocen?
- Pues… -Mina trató de responder pero no pudo hallar una respuesta.
- Bueno, siguiente pregunta –siguió Katrina con su cuestionario –¿Sienten que él ha sido lo suficientemente sincero con ustedes?
En ese momento nadie supo qué decir al respecto, pues se sintieron como unas estúpidas al no haberse tomado la molesta siquiera de haber indagado más sobre la vida de su mentor y protector.
- Bueno, última pregunta ¿Les ha contado la verdadera razón por la que las reclutó a ustedes específicamente?
- Para librar al mal del mundo con más mal… creo –dijo Ami sin mucha confianza en lo que dijo.
- De acuerdo –prosiguió Katrina –Pues lamento informarles que yo tengo otra teoría al respecto sobre eso. Miren.
Ella sacó de su bolso lo que le había robado a su maestro cuando indagaba su cuarto. Era una carpeta que tenía la clasificación de ULTRASECRETO y se los mostró a las chicas; ellas comenzaron a leer cuidadosamente el contenido de la carpeta y lo que vieron en él las dejó petrificadas, echando humo por los oídos y sus ojos chispeaban de ira.
- ¡¿PERO QUÉ… MIERDA ES ESTO?! –exclamó Serena indignada.
- ¡No puedo creer que ese pendejo nos haga esto! –replicó furiosa Rei -¡¿Quién mierda se cree que es?!
- ¡Y pensar que habíamos confiado en él! –exclamó Mina iracunda -¡Me siento como la estúpida más grande del mundo! ¡Puta madre!
- ¡Pues esta vez este cabrón no se saldrá con la suya! –corroboró Ami golpeando su puño derecho contra su mano izquierda –¡Vamos a darle una buena violada y así sabrá quién manda!
- ¡Yo quiero ser la primera en arrancarle sus putos huevos y metérselos en su asqueroso culo! –exclamó Lita decidida.
Y así, echando lumbre y decididas, las chicas se dirigieron al Tártaro a reclamarle lo que leyeron en ese documento confidencial. Sin embargo…
- ¡Esperen un momento! –exclamó Serena y todas se detuvieron, luego se dirigió hacia Katrina con suspicacia -¿Qué mierda tratas de hacer con esto? ¿Acaso nos quieres ver las caras de pendejas? –Le lanzó una mirada inquisitiva.
- ¿Quieres una prueba de que esto es real? –dijo Katrina impasible, luego sacó lo que parecía un disco de hockey; de él salió una especie de holograma en la que aparecían Mefistófeles y el Gran Maestro hablando sobre las chicas. Los rostros de las chicas enrojecieron de cólera e inmediatamente se dirigieron hacia el Tártaro; era la prueba definitiva que necesitaban para ir a reclamarle a su mentor por haberles ocultado secretos comprometedores.
Katrina tenía una expresión de satisfacción en su rostro mientras veía a las chicas alejarse con la intensión de darle una paliza a su mentor.
- Que te den por culo, puto pendejo mamón de mierda –dijo ella para sí misma y luego comenzó a reír a carcajadas porque su plan estaba saliendo como lo tenía planeado. Sólo era cuestión de tiempo para que ella obtuviera su venganza.
