No me pertenece KHR
Si le preguntaran qué es el amor, diría que es como una avalancha que mientras desciende se hace más grande, llevándose todo lo que está en su camino sin dejar rastro. O diría que el amor es como una corriente eléctrica que deja sin funcionar el cerebro y por lo cual el razonamiento no sirve de nada. Aunque los demás encuentre argumentos válidos para rechazar y criticar lo que se cree que esta mal, el que está enamorado nunca aceptara ninguna razón sin importar cuan cierta sea.
Por eso Tsuna en su estado completo de enamoramiento, no cree que ser hermano de Giotto es un obstáculo para amarlo. ¿Desde cuándo el amor ha sido malo? Se justificó. Amar nunca estuvo mal, sin embargo a lo largo de la historia algunos amores eran un tabú. Lo entiende, no es un idiota para no entender, quizás hubiera repudiado a otro por tener una relación incestuosa, al final de todo así era el ser humano de hipócrita.
Al medio día del siguiente día sus padres celebrarían su unión para toda la vida. Cansado de pensar y frustrado por no ser aceptado se apoyó en la barandilla del balcón, frente se extendía un íntimo jardín donde predominaban las rosas blancas, que bien cuidadas se enredaban en los huecos de la valla blanca. Escucho la puerta ser abierta y luego cerrada suavemente, pasos ligeros se acercaron donde se encontraba, y con un golpecito en su costado, dio una mirada cariñosa a su hermano que lo miraban desde abajo.
Fuuta miro a su hermano con grandes ojos inquietos. Sentía que su hermano ocultaba algo y que era algo muy doloroso, su hermano que no sonreía a los demás siendo solo la excepción Enma y el, ahora era más abierto a mostrar sus sentimientos, sin embargo Tsuna dejo de mostrar sus sentimientos y se encerró en un caparazón unos días atrás. Sabía que, aunque preguntara si podía hacer algo para ayudarlo, su hermano mayor solo sonreiría y diría que todo estaba bien.
—Tsuna-nii, yo quiero crecer rápido.
Tsuna enarco una ceja, completamente curioso por la repentina confección.
— ¿Por qué quieres crecer rápido?
Fuuta inflo su pecho, y se paró en una forma altanera con su rostro serio infantil miro a su hermano, que trato de no reír a lo adorable que miraba su hermano, para no ofenderle, se dio cuanta lo serio que estaba siendo Fuuta, seria de mala educación reírse, aunque no se estuviera burlando.
—Para defender a Tsuna-nii. —frunció el ceño —.Voy a crecer grande y fuerte para defender a Tsuna-nii de todos, y para que Tsuna-nii nunca tenga una mirada triste.
Tsuna abrió sus ojos por unos segundos, una sonrisa se estiro en su rostro, le dio unas palmaditas en la cabeza a Fuuta. Oh era un idiota, pensar que nadie estaba a su lado amándole a pesar de todo sus defectos.
Giotto regreso a su habitación después de haber hablado con su abuelo. Giotto sabía que su abuelo se dio cuenta que algo pasa entre sus nietos. El anciano lo invito a su oficina a tomar un café, mientras la plática amena seguía, los ojos de Timoteo brillaba con expectativa, el anciano tenía una gran intuición, como todos los Vongolas. Sin embargo Giotto no podía decirle a su abuelo, que tuvo sexo con su hermano menor y que Dino los encontró mientras llegaban al orgasmo, no quería ser el culpable que su abuelo tuviera un colapso.
Se acostó en su cama, cerro sus ojos, el sabor de la piel de Tsunayoshi se mantienen en sus papilas gustativas. La piel tersa todavía la podía sentir en sus dedos, el olor de su cabello lo podía oler como si estuviera a su lado. En qué momento se había vuelto un loco enamorado, el uso de razón ya no funciona y todos sus sentidos buscan el cuerpo de Tsunayoshi.
Su corazón le pertenecía.
Kyoya salió de su habitación hacia la cocina, bebería un vaso con jugo de naranja y luego iría a patrullar las calles de Namimori. Sus ojos cayeron en el cuerpo inconsciente en el sofá; la noche anterior su hermano llego como un penoso borracho que no fue capaz de llegar, a su propia habitación. Abrió el refrigerador y saco la caja de juego de naranja, casualmente vertió el líquido en el vaso, dio otra mirada a su hermano que mantenía los ojos cerrados herméticos.
Kyoya ya sabía la razón del lamentable estado de Alaude, el único que podía poner a su hermano en ese estado era Dino. El caballo que suplica perdón por un pecado no cometido, dejo de seguirlo hace dos semanas. Hace dos semanas Dino se olvidó de Alaude, Kyoya se dio cuenta que Dino estaba pasando por algo difícil, por el repentino desinterés por su hermano y las grandes ojeras en sus ojos. Dino se miraba cansado, y con los días que pasaba se miraba peor. No era tonto para no darse cuenta que el mismo Alaude se dio cuenta que algo le pasaba a Dino, solo que su orgullo no dejo ir tras el hombre que ama y consolarlo.
— ¿Por qué no dejas de actuar como un herbívoro? —dijo Kyoya colocando el vaso en la mesa —Eres como esos patéticos herbívoros que se ahogan en su propia mierda.
Alaude frunció las cejas desde el sofá. Su cabeza se partía en dos, tenía suficiente con la resaca para aguantar las tonterías de su hermano.
— ¿A quién le estas llamando herbívoro?
Kyoya guardo la caja de jugo de naranja, dando una risita que molesto más a Alaude.
— ¿Quién más? —se burló —.Si fueras un carnívoro de verdad, no te ahogaras en esa mierda. Ya sabes la verdad ¿cierto? Solo te gusta mantener ese orgullo barato que tienen los herbívoros.
—No sé de qué hablas. —gruño.
Hibari puso los ojos en blanco, colocando su chaqueta en los hombros luego sus tonfas en el interior, se preparó en salir.
—Sabes que nunca paso nada.
Abrió la puerta y se marchó dejando Alaude en silencio. Alude abrió sus ojos, y la luz del día hizo que los cerrara con molestia, su cabeza palpitaba y las palabras de Kyoya resonaban en su mente. Era verdad, lo sabía, Dino lo ama tanto que es incapaz de engañarle. Cada vez que Dino se iba del país su corazón se sentía vacío, cada vez que Dino regresaba y lo perseguía como un perro perdido le satisface a su ego. Era un bastardo por disfrutar de las lamentables suplicas de Dino. Ahora Dino se fue al país sin despedirse, por estar en el círculo sabe que los hermanos Vongola se han ido para asistir a la boda de sus padres.
Giotto no estaba contento, Tsunayoshi no lo estaba tampoco, el único que parecía contento por la ceremonia era Dino, pero dos semanas antes de viajar Dino mantenía una sombra sombría. Alaude se sentó en el sofá, sintiendo el dolor de cabeza alejándose, cruzo sus manos, pensó en las palabras de su hermano; se comportaba como un herbívoro, eso era imperdonable para un miembro de la familia. Se masajeo la sien, llego el momento de dejar ese orgullo y dejar de comportarse tan patético, Dino lo ha seguido todos esos años, ya era el momento que fuera tras Dino. Sonrió como rara veces lo hace, si, no sonaba mal ir tras Dino.
Dino tomo un sorbo de vino que le sirvió Romario. Ya era de noche, miro hacia el cielo que era como la tinta sin ninguna estrella, suspiro profundamente, a unas cuantas horas su padre se casaba con la madre de Tsunayoshi. La imagen de sus hermanos en el éxtasis del órgano volvía su estado sombrío. Si tan solo ellos no fueran hermanos, todo estaría bien, ama sus hermanos tanto que desea su felicidad, sin embargo apoyar su relación incestuosa no lo era, ellos no serían felices en esa relación; porque la sociedad los señalaría con cada paso que den. Dino sabe que Tsunayoshi no era lo suficiente fuerte para aguantar la maliciosa sociedad.
Dino no sabía cuan equivocado estaba. Tsunayoshi era mucho fuerte, si no hubiera sido una persona fuerte no hubiera sido capaz de soportar las noches en vela por culpa de los sollozos de su madre. No hubiera sido capaz vivir bajo la mirada y los cuchicheo de los que lo llamaban el hijo de la amante. Ni fuera capaz de seguir viviendo, con el recuerdo de pasar días amarrado en una silla, en completa oscuridad y soledad.
¿Era débil? Tsunaysohi, podía ser un cobarde, torpe y tímido pero débil jamás.
Se encontraba hundiéndose en un mar de oscuridad, su cuerpo sin peso se hundía, se hundía y cada vez era más profundo, el agua era fría que helaba hasta los huesos. Sus ojos estaban cerrados dando la sensación de una espantosa tiniebla. Trato de abrirlos, fue incapaz, lo único que podía hacer era dejarse tragar en aquel abismo de soledad y tinieblas.
Su corazón se ahogó en la desesperación. Su vida era tan vacía, como un cascaron podrido, las pocas alegrías que vivió era tan pocas que no eran suficientes para desear nadar contracorriente y salir de esa profundidad. Los recuerdos de su niñez emergieron como un súbito viento de verano. Ahí estaba rodeado de niños, gritando que no tenía un papá, que su madre nunca estaba en casa y que era un hijo bastardo. Con sus grandes ojos caramelos, suplico que no dijeran nada más, sin embargo todos los insultos siguieron.
El escenario cambio, ahora se encontraba en su casa, mirando a su madre riendo y acariciando a un hombre que le dijo que lo llamara padre. Se quedó sentado en la escalera escuchando las risas de su madre y las adulaciones de ese hombre.
Los matones persiguiéndole y robando lo que tanto trabajo para conseguir. La soledad y la incomprensión de los demás que justifican sus intimidaciones, diciendo que se merecía aquel trato por ser un inútil, por ser el hijo bastardo, por solo haber nacido. Sus pulmones colapsaron en el profundo mar que lo tragaba, quizás era mejor así; era mejor desaparecer del mundo.
Escucho su nombre, la voz era gentil y calidad. Escucho siendo llamado su nombre como si esa persona desesperadamente trataba que no se sumergiera más en ese abismo. Aunque continua con los ojos cerrados, podía sentir la luz acercándose, aquella oscuridad negra se volvía en un brillante blanco, podía sentirlo cada vez cerca y la voz hizo temblar su corazón. Una mano lo jalo, y un cuerpo lo acogió, era tan cálido que no pudo evitar derramar lágrimas, sus ojos los pudo abrir, allí estaba. Su cabello dorado como el mismo sol, y ojos tan profundos como el inmenso cielo. Una sonrisa amorosa se extendía en los labios carnosos, Tsunayoshi por fin pudo encontrar un sentido para seguir viviendo. Ama alguien, ese alguien era prohibido, pero ese amor era el único motor que le daba fuerza para seguir y sonreír.
Giotto acaricio su rostro, en su mirada brillaba un amor infinito. Tsunayoshi agarro la camisa blanca de botones de Giotto, y este se acercó a su rostro. Tsunayoshi ya no estaba solo, ya no necesitaba mantener esos recuerdos crueles, ahora tenía alguien que lo amaba, sintió los labios de Giotto más cerca, solo un poco más y la brecha se cerraba.
Tsunayoshi se suspendió en su cama, al escuchar los golpes constante de su puerta, con su voz arrastrada dio permiso para que entrara. Una empleada joven, se disculpó por despertarlo, pero necesitaba que se alistara para la ceremonia. Tsunayoshi asintió y salió entre las sabanas, fue armario saco el traje de su madre entrego el día anterior, todavía recuerda el revoloteo de pestañas de su madre hablando lo maravilloso que será su boda, suspiro, dejo el traje en su cama y se fue a duchar sería un largo día.
Uno muy largo, porque el destino les tenía preparado una tormenta.
Pasado el mediodía, los novios decían sus votos. La ceremonia se hizo en una iglesia católica, a pesar que Nana no lo era, pero así lo pidió Timoteo, en la iglesia donde se casó su padre, donde él se casó y ahí era donde su hijo también se casaría. Habían pocas persona, todo eran amigos de Iemitsu y de Timoteo, Tsuna dudaba que su madre los conociera, pero con tanta felicidad que se reflejaba en su rostro parecía que no le importaba conocer a nadie.
Luego de la ceremonia, todos los invitados, fueron guiados al salón. Adornado pomposamente, la comida servida era de primera calidad, y el ambiente era festivo, lleno de felicidad. Tsuna suspiro pesadamente en su campo, a su lado tenia a Fuuta que feliz mordisqueaba los dulces que le sirvieron, suspiro una vez más, le susurro algo a Fuuta, y este asintió, mostrando sus comisuras llenas de migas.
Se levantó de su lugar, iría a buscar un lugar tranquilo donde pudiera descansar. Un lugar donde pudiera pensar y recordar la calidez del cuerpo de Giotto.
Giotto miro a su hermano salir del salón, pidiendo disculpas a los hombres con quien conversaban siguió a Tsunayoshi. Giro a la derecha, siguiendo los pasos de Tsuna, se detuvo en la puerta, mirando hacia los lados se aseguró que no hubiera nadie.
Iemitsu y Nana se disculparon con los invitados, se ausentarían unos minutos para poder ir y cambiarse. Ietmitsu guió a su hermosa esposa por los pasillos, haciendo bromas tontas y risitas empalagosas. Iemitsu abrió la puerta, Nana dio un paso en interior de la habitación, solo para quedarse congelada. Sus ojos presenciaba algo que jamás, pensó pudiera pasar, su hijo Tsunayoshi y su nuevo hijo Giotto se besaban con tanta pasión que la dejo sin aire.
— ¿Qué están haciendo?—logro articular.
— ¡Mamá!
—Giotto que carajo significa esto. —rugió Iemitsu, detrás de Nana que seguía pálida.
—Mamá yo…
— ¿Tan mala madre he sido para que arruines el día más feliz de mi vida?
Tsuna cerró la boca, Giotto miro furioso a esa mujer. ¿Acaso solo en su felicidad era lo único que podía pensar?
— ¿Qué significa? Significa que Tsuna y yo tenemos una relación. —Iemitsu camino hacia Giotto y le dio una sonora bófeta. Aunque ardía el lugar donde fue golpeado Giotto se mantuvo en su lugar —. Como dije tengo una relación amorosa con mi hermano, y no pienso dejarla.
— ¡Estas jodiendome! ¿Acaso no te has dado cuenta que son hermanos?
— ¿Y?... no me importa voy seguir amando a Tsunayoshi.
Iemitsu furioso, agarro del brazo a Giotto a tirones lo saco de la habitación, Tsunayoshi chillo y siguió a los dos hombres, Nana se quedó sollozando sola en la habitación. El escándalo se hizo cada vez más grande, entre los gritos de Iemitsu y Giotto y el llanto de Tsunayosho, los invitados salieron a ver qué pasaba, solo encontraron a Iemitsu furioso echando del lugar a su hijo, mientras el hijo menor lloraba pidiendo que no los separa.
Dino chasqueo la lengua, salió entre la multitud conmocionada. Tiro lejos del agarre de Iemitsu a Giotto y con una voz grave dijo que se llevaría a su hermano y los esperaría en la casa principal.
Los dos hermanos subieron al automóvil, conducido por Dino, pisando el acelerador salieron disparados del lugar de la fiesta. Dino gruño, parando en un alto, miro furioso a Giotto, que tenía hinchado donde fue golpeado.
— ¿Tenía que ser hoy? —reprocho —¿Qué tienes dentro de esa cabeza? Si querían informar de su romance no podía esperar un poco más.
—Nosotros no le contamos nada a ellos, ellos nos encontraron cuando nos estamos besando.
Dino agarro con más fuerza el volante. Sus hermanos eran unos idiotas dejándose atrapar tan fácilmente.
—Papá no te dejara ir tan fácilmente.
—No me importa. —suspiro, se volteó a mirar a Dino —.Dino es enserio lo que siento por Tsunayoshi, por favor déjanos ser feliz.
Dino dio un suspiro exasperado. Los portones negros de la residencia Vongola se fueron abriendo lentamente, Dino se pasó sus delgados dedos por su cabello dorado.
—Si abuelo los apoya, también los apoyare. —dijo, aparcando su automóvil.
Estoy orgullosa de este capitulo, me gusto donde lo deje y espero que a todos les sea de su agradado nos leemos el próximo capitulo!
