COMENTANDO LOS COMENTARIOS

Myta.1: Me alegra que te pareciera hermoso, jajaja yo también quedé así cuando lo releí la primera vez fue como: ¿Que cursilada acabo de escribir? xD Y sobre Dominic, bueno, eso se descubrirá más adelante ;D

littelCurly21: Ya me gustaría haber imaginado todo eso desde un principio, ya que de haber sido así hoy no estaríamos en el capítulo 25 sino más adelantadas xD Y sí, creo que estás confundida, al menos yo no recuerdo haber puesto nada acerca de eso en la historia :v

JavieraPilar: Me hace muy feliz que el fic sea tu favorito ^^ jajaja y es gracioso que ahora te guste Castiel y no Nathaniel, pero todo está en darse cuenta que el Castiel del juego y el de este fic no son lo mismo, al menos yo pienso que al del juego le falta bastante por madurar :v Pero en fin, en serio es lindo saber que te gusta mucho el fic y esperemos que su amor sea lo bastante fuerte para afrotnar cualquier problema que pueda avecinarse ;)

Y gracias por desearme suerte con los estudios jaja ^^

Annie: Jajaja que bueno que te gustara el cap, y no hay que perder totalmente las esperanzas con lo que podría pasar entre Nath y Nora :p Por otra parte, no estoy muy segura con subir la historia en wattpad, de verdad lo estoy pensando bastante, pues tendría que pausar el fic aquí para que en ambas plataformas fueran lo capítulos publicados al mismo tiempo y no dispongo de mucho tiempo además :/

Kary: ¡Saludos! No sé si es bueno que el fic te deje intrigada xD pero supongo que te refieres a interesada :v lo cual me alegra, por supuesto. Lamento no haber publicado antes, pero tenía demasiados proyectos, exámenes, etc :/

Genmar: Awww no te preocupes por eso y que mal lo de tu castigo :/

Es cierto que Nora pasó por mucho dolor y todo ese sufrimiento fue lo que la convirtió en un ser tan vacío y frívolo, pero menos mal que alguien ya la hizo cambiar ;) Y menos mal que ahora Castiel es más maduro afrontando la situación jaja

Lamento lo del mensaje, pero creía que sí se podía enviar más en un mismo capítulo, pero bueh :v

Jajaja y también tienes razón al pensar en que no hay que meterse con Nora. Esta chica cuando quiere puede ser muy letal xD

Y estos dos que siempre andaban de duros y amargados ahora se pasan de dulces xD Pero son cosas que pasan cuando hay mucho amor entre dos personas. Si quieres puedes llamarme destino xD Pero es que a veces es necesario poner a prueba ¿No?

Me alegra que te haya gustado mucho el capítulo ^^


Miraba por la ventana del autobús, con sus recuerdos del día anterior aún muy frescos en su memoria, los cuales le sacaban una pequeña, pero aún así inevitable, sonrisa de tonta enamorada.

Se sentía tan ligera, tan feliz que le costaba encontrar una razón para no sentirse así, pues él la había convertido en esa chica que había dicho esas palabras tan naturalmente, que entrego su parte más débil y que desveló su pasado con tal de que él la conociera como era en realidad.

Suspiró al sentir la ingente necesidad de estar entre sus brazos otra vez, escuchando como él también, después de que ella hubiera despertado de su sueño, le contaba parte de su vida, dejándole ver esa parte de él que también a ella le había causado curiosidad por conocer. Había quedado sorprendida de lo que le había dicho sobre Nathaniel, sobre su amistad, pues aunque supiera que habían compartido su pasado juntos, no logró concebir que fueron amigos. También estaba su historia con aquellas chicas que le rompieron el corazón, la de sus padres y los que fueron sus amigos.

Ella también había sentido el deseo de que querer confortarlo, de decirle que ya no estaba ahí. Ambos se habían abrazado aún más y luego cedieron a besarse con tranquilidad, pues así se sentían después de todo, tranquilos, en paz por primera vez en años. Y esos besos dieron paso a otra sesión de cariño por parte de ambos donde, después de ello, Castiel le confesó a Nora que aún no le había dicho todo, que había algo más que estaba oculto, pero que no era nada grave y se lo haría saber el lunes, pues él no estaría el fin de semana en la ciudad y eso que debía decirle debía esperar. Ella también le confesó que no había dicho todo, pues también necesitaría ese fin de semana para sacar esa información a la luz. El pelirrojo se mostró confundido, pero confiaba en ella, esperaría pacientemente por eso que debía decirle, deseando que no fuera algo tan espeluznante como lo fue su vida antes de llegar a Sweet Ville.

Y por eso estaba dirigiéndose a la casa de Nathaniel, no sólo para empezar con su proyecto de historia, sino también para hablar con él de su situación y convencerlo de que le diera el permiso de hablarle a su novio de aquel problema con su padre, pues ella no quería tener ni un solo secreto con su chico, quería estar limpia, libre de mentiras y verdades dichas a medias.

Tocó el timbre del hogar de Nathaniel, esperando a que alguien la recibiera, hasta que el mismo rubio fue quien abrió la puerta y la invitó a pasar.

—Bienvenida—dijo él con sus mejillas un poco rosadas, señalando con su mano el recibidor, en donde ya estaba todo preparado para empezar de inmediato con el proyecto de historia.

La de pelo anaranjado pasó hacia el lugar señalado, sentándose en el sillón cuando el chico la invitó hacerlo.

—Antes de empezar, estuve pensando en que si nos alcanza el tiempo antes de entregar el proyecto, podríamos hacer un modelo a escala ¿Te parece bien?

—Me parece perfecto—la sonrisa que adornó el rostro de Nora desconcertó bastante a Nathaniel, quien no se había esperado ese gesto tan genuino de repente. No podía evitar preguntarse qué era lo que la tenía tan contenta y tan resplandeciente, pues así se veía ella, brillante, más hermosa que veces anteriores.

Suspiró cuando recordó que seguro el pelirrojo era quien la tenía en ese estado, sintiendo ese jodido dolor en el centro de su pecho corroerlo.

—De acuerdo—dijo con la mirada desolada por el rumbo que habían tomado sus pensamientos—. Empecemos—tomó su laptop en las manos, mientras la chica buscaba la suya.

Desde ahí no cruzaron palabras al menos que estas estuvieran relacionadas con el proyecto que deberían entregar en dos semanas. Escribían la información necesaria mientras revisaban las propuestas del otro, en una armonía increíble, pues ellos siempre habían sido así, un equipo perfecto, pero todo había cambiado cuando llegó Castiel a la vida de ella, llenándola de emociones que ella creía enterradas, sensaciones increíbles, nunca antes vividas, y entonces Nathaniel y ella se habían distanciado, su amistad había decaído y sólo porque ella se había enamorado del tipo que el rubio más despreciaba.

Decidieron parar cuando ya había pasado más de una hora y media desde que habían empezado. Luego el rubio fue a la cocina con tal de buscar algo de comer para los dos.

—Hemos trabajado bastante rápido, creo que sólo un par de días más y estará completo—habló la chica antes de morder el pequeño emparedado que había preparado Nathaniel.

—Sí, quizás demasiado rápido—dijo él con aire desolado.

Había hecho mal en querer terminar lo antes posible con el proyecto, ya que él en serio quería pasar más tiempo con Nora, pero entonces todo su interior entraba en conflicto. La quería cerca, pero a la vez lejos, quería hablarle de sus sentimientos y al mismo tiempo sabía que no estaba bien. También era difícil volver a sentirse cómodo con ella cuando la chica sabía más de lo que debería.

—Nathaniel—el rubio salió de sus pensamientos y en cambio puso toda su atención en Nora, quien se había terminado todos los pequeños emparedados que él había hecho para ella—. Yo necesito hablarte de algo importante—él asintió con nerviosismo, ignorando qué era lo que ella iba a decir—. De verdad lamento lo que pasa entre tu padre y tú…—el de ojos dorados suspiró con fuerza, no queriendo tocar ese tema— Entiendo que es algo muy delicado y que tú no quieras involucrar a nadie, pero, quiero que sepas que puedes contar conmigo—él abrió sus ojos de manera excesiva, creyendo que había escuchado mal—. Yo sé que no es algo que me incumbe, pero aún así eso no impide que me preocupe.

—Nora, no es necesario hablar más de esto—aún si sentía que aquellas palabras lo transportaban de la felicidad, no podía seguir escuchándola hablar de esa manera.

—Sí es necesario—ella se acercó más a él, no lo suficiente para ocupar su espacio personal—. Quiero ayudarte, porque no es justo que estés aguantando malos tratos—el chico sonrió de mala gana, apreciando las ganas de huir… O de acercarse más a ella hasta probar sus labios.

—De verdad te lo agradezco, pero ya lo tengo solucionado—ella se mostró sorprendida ante lo que él había dicho—. Quedan pocos meses para que se termine el año escolar y yo después entraré a la universidad, por lo que sólo debo de soportar ese tiempo y después me iré de aquí para estudiar mi carrera—pero ella empezó a negar de repente.

—No, esa no es la solución—él la miró con los ojos entornados—. En ese tiempo podría llegar a hacerte algo… Algo que logre dejarte muy mal herido—Nathaniel dejó de mirarla, pues no podía soportar esa mirada de ella, llena de preocupación, de lástima—. Déjame ayudarte…

—No te metas en esto, Nora—dijo con la voz más tosca—. No tienes que hacer esto sólo porque sientes lástima—la chica volvió a negar.

—No siento lástima por ti—él dudaba de que le estuviera diciendo la verdad—. Sólo quiero ayudarte porque yo… Yo de verdad te aprecio—¿Aprecio? Contuvo sus ganas de bufar ante aquella palabra que no era parecida a lo que él sentía por ella—. También necesito que me des tu permiso de hablar de esto con alguien más—volvió a mirarla, esta vez con una ceja alzada al no entender a dónde iba a parar.

—¿Con quién? —observó como ella entrelazaba sus propias manos.

—Con… Castiel—sabía que el rubio reaccionaría así, con la boca y los ojos muy abiertos, con el ceño bastante fruncido.

—¿Me estás jugando una broma? —se levantó del asiento con furia, mirándola con enfado.

—Sabes bien que no soy de bromas—se levantó también, pero con más calma que él—. No quiero ocultarle cosas a él y este tema no puede ser la excepción…

—¡No! —exclamó con firmeza— ¡Por supuesto que no!

—Por favor, déjame…

—¡No, Nora! —se alejó de ella, con su rostro enrojecido por el enojo— Me costó aceptar que tú supieras de esto y hasta dejarte opinar sin darte ningún reclamo, pero a él ¡A ese imbécil no le dirás nada!

—Entiendo tu posición, pero no puedo tener secretos con él, no quiero que él piense que le sigo ocultando cosas—Nathaniel se giró, sintiendo ese asqueroso pesar en su corazón al entender que el maldito de Castiel había desvelado los secretos de esa chica misteriosa, algo que él nunca lograría.

—Ese no es mi problema—dijo con su voz bañada en rencor.

—No es necesario que reacciones así—ella ya sabía de la historia de él y su novio, por lo que, aunque entendiera su comportamiento, no lo respaldaba. Después de todo fue el rubio quien jugó a quitarle las novias a Castiel.

La chica no estaba siendo lo suficientemente objetiva, pues no entendía que sólo contaba con la versión de su novio.

—¿Ah, no? —otra vez le dio el frente, cruzándose de brazos— Dime, si fueras tú la que estuviera en mi lugar, ¿Te gustaría que Amber supiera por lo que pasas? —la chica tragó en seco. Había sido un golpe bajo.

—No, pero Castiel no es como tu hermana—ella también se cruzó de brazos—. Castiel ha cambiado, él ya no es el mismo de antes, estoy segura que si le hablo de tu situación incluso querrá ayudarte—él empezó a reír de forma sarcástica.

—De verdad has perdido la cabeza—seguía sonriendo con ironía—. Quizás tu novio sea un ángel contigo, pero sigue siendo el mismo pendejo de siempre con todos los demás—a la chica no le gustó la manera en la que se refirió a Castiel—. Así que si crees en serio que él no lograra tirarse al suelo de la risa…

—A nadie le podría causar risa algo como eso—saltó a defenderlo—. No debes de juzgarlo de esa manera, tú muy bien sabes que él es así en parte por tu culpa—ahora sí que el rubio no pudo verse más sorprendido.

—¿Mi culpa? —se acercó más amenazante— ¿Te dijo que él fue quien me traicionó en primer lugar a quitarme a Rosalie? —Nora sabía que no era así, que Castiel no estuvo dispuesto a tener nada con ella sino hasta que la misma chica admitió que gustaba de él— Seguro te dijo que intenté robarle a Debrah, pero apuesto a que no te dijo que yo me había enterado que ella sólo lo utilizaba y que al querer que ese idiota no siguiera con esa víbora, la muy lista hizo parecer que me quería propasar con ella. Por más veces que se lo repetí no me quiso creer—Nora bajó todas sus defensas. Eso no lo sabía, por supuesto—. Ese imbécil al que llamas novio, no es más que un pendejo que sólo ve las cosas desde su punto de vista y que no le interesa traicionar a los demás con tal de tener lo que quiere—ella se negaba a creer que era así— ¡Y para colmo se quiere victimizar por ser un completo idiota! —escupió con todo el rencor guardado desde hacía mucho tiempo.

La chica no fue capaz de responder, había quedado taciturna al entender que no conocía muy bien la historia de ambos chicos, que si bien él le había contado su pasado, sólo contó con su propia perspectiva de los hechos.

De pronto escucharon los pasos de Amber bajar con rapidez las escaleras, quien después vio a Nora y cambió su expresión de pánico a una de inmenso rencor.

—¿Qué hace ésta aquí? —preguntó la rubia con mucho desprecio, pues aún era muy temprano para olvidar lo que le había hecho el día anterior.

La de pelo anaranjado puso sus ojos en blanco.

—Nora es mi compañera para el proyecto de historia—dijo mientras tranquilizaba su semblante irritado.

—Que se largue—se cruzó de brazos mientras miraba a la chica con todo la aversión que nacía de su interior.

—No, ella no se irá sólo por un capricho tuyo, Amber—la de ojos turquesa resopló, recordando de nuevo la razón por la que bajó al recibidor.

—Pues espero que tenga asiento en primera fila para lo que va pasar—los otros dos la miraron confundidos, sin entender el porqué la rubia se notaba nerviosa de repente—. Vi el auto de nuestro padre doblar en la esquina—Nathaniel palideció—. Viene para acá... Algo me dice que no viene de buen humor.

—Pe…Pero ¿Por qué? —tampoco el de ojos dorados parecía estar tan seguro como hacía unos instantes— Se suponía que él tenía un viaje de negocios entre hoy y el lunes—Nora notaba como el chico parecía temblar un poco.

—No lo sé—ella tampoco se notaba segura—, pero no creo que vayan a ser buenas las razones por las que no fue hoy—entonces escucharon el auto del hombre al que tanto temían entrar en la marquesina.

Ninguno supo qué hacer o qué decir. Estaban paralizados como presas de un animal salvaje.

—Llévate a Nora y no salgas por nada del mundo, Amber—lo dijo porque sabía muy bien que su hermana podría querer hacerse la temeraria e ir a meterse.

La rubia gruñó ante la orden, pero no pudo negarse. Tomó por la muñeca a la de pelo a anaranjado y la hizo subir las escaleras, justo en el momento que su padre abría la puerta de la casa.

—Tú, quédate aquí—señaló a Nora, dejándola en el pasillo del segundo piso.

La de ojos plateados no fue capaz de ignorar su mandato, pues ella sabía lo que iba a pasar y estaba claro que ni la rubia ni su hermano querían tenerla involucrada.

Amber bajó un solo escalón y sacó su móvil, señalando la cámara de éste hacia la sala de estar, dónde se encontraba su padre y Nathaniel.

—¿Qué es todo este desastre? —preguntó el hombre con muy mal humor a su hijo.

—Estaba estudiando, papá—le respondió con total firmeza, aún cuando sentía pavor, pero no por lo que su padre iba a llegar hacerle, sino porque Nora, la chica de la que estaba enamorado, lo iba a presenciar.

—¡Te he dicho que estudies en tu cuarto, Nathaniel! —lo empujó con mucha fuerza, logrando casi tirar al rubio al suelo.

Nora no quería verlo, de hecho no lo estaba viendo exactamente, más bien lo escuchaba.

—¿Sabes qué pasó con mi viaje fuera del país, Nathaniel?—el ya nombrado negó con la cabeza—Te hice una pregunta…

—No—respondió de inmediato—, no sé que pudo pasar con el viaje, papá—el de pelo castaño sonrió con amargura, acercándose otra vez a su hijo.

—Resulta que hubo un error—Nathaniel no hacía ni un mínimo movimiento—. El viaje que me fue pautado para tres días no era para mí—Nora ya sabía que aquello no iba a terminar bien— ¿Puedes creerlo, hijo? —siguió sonriendo de la misma forma retorcida— Yo pensaba que por fin estaba a punto de volver al juego, de que me estaban dando mi lugar merecido en la empresa ¡Y sólo fue maldito error! —miró al rubio, esperando que este le respondiera o hiciera cualquier cosa que podría usar como pretexto para desahogar su ira— ¡Di algo, imbécil!

—¿Qué podría decir, papá? —respondió neutral, bastante frío y tranquilo, pero la tranquilidad se fue al diablo al sentir el puño de su padre contra su estómago.

Nora se tapó la boca al escuchar ese horrible sonido, con su corazón latiendo muy rápido.

—¡Vengo de pasar el momento más humillante de mi vida! —lo tomó por el cuello, sabiendo que el chico no haría nada para defenderse— ¡Tu deber como hijo es apoyarme! ¡Y lo único que recibo es este maldito desorden y tus jodidas insolencias! —Nathaniel seguía sin responder, sin mostrar ninguna emoción, sabiendo que de todas maneras recibiría aquel golpe en su mejilla.

Miró la pantalla del móvil de Amber, donde se visualizaba la paliza que empezó a propinarle el hombre a su hijo, luego miró a la rubia, como se mordía el labio frustrada y entendió de inmediato el plan de la chica.

No pudo apartar la mirada de la paliza que grababa Amber, sintiendo una inmensa incomodidad y enfado con aquel hombre que golpeaba a su hijo sólo para desplazar su ira con alguien que, sabía bien, no se defendería. Pero cuando notó como el dolor se pintaba en la cara de Nathaniel y caía de rodillas, de inmediato miró a Amber, quien lo estaba pasando bastante mal con el espectáculo sádico estelarizado por su propio padre.

—¡Recoge toda esta basura! —gritó a la cara de su hijo, que sólo tenía un cardenal en la mejilla, pues el hombre sabía que no debía golpearlo demasiado en lugares visibles—¿¡Dónde están tu hermana y tu madre!?

—Amber…—le costaba hablar al sentir con el dolor de su estómago subía hasta su garganta— Está en su habitación… Mamá salió con unas amigas… Al spa—el hombre empujó al chico por enésima vez, pero esta vez fue para dar terminado aquello.

—Esa mujer…—masculló de mal humor, arrastrando su pelo hacia atrás— ¡Le dije que no se pusiera a despilfarrar el dinero en tonterías! ¿¡En cuál está!? —exigió al rubio, pero éste sólo negó con la cabeza agachada— Como siempre resultas ser un inútil—y sacó su móvil.

Lo único que se escuchaba en la casa era al hombre intentando localizar a su mujer, lanzando groserías al aire cada vez que caía en el buzón de voz. Los adolescentes estaban paralizados, sin hacer ni un miserable sonido, nerviosos, alterados de muchas maneras.

Los tres se sobresaltaron al escuchar el grito iracundo del hombre.

—Tendré yo mismo que buscar a esa idiota—miró con indiferencia a Nathaniel, que estaba en el suelo, con la mano cubriendo su abdomen y sonrió antes de tomar otra vez sus llaves e irse de la casa.

Amber reaccionó con rapidez, bajó como un rayo las escaleras y se acercó a su hermano, sin creer que esta vez habían tenido la suerte de que su padre no llegara tan lejos como antes lo había hecho.

—Nathaniel—murmuró la rubia mientras ayudaba a su hermano a acostarse en el sofá.

Nora fue bajando con cautela, bastante pálida ante la imagen del rubio que tenía; perturbada de entender de que ese mismo chico que había sido lo más cercano a un amigo sufría aquella atrocidad casi todos los días.

—Nathaniel—dijo la de pelo anaranjado— ¿Cómo te encuentras? —Amber puso sus ojos en blanco y la miró con enfado.

—¿Cómo crees que se encuentra, idiota? —escupió con rencor— ¡Está claro que no está bien!

Nora ni siquiera pensó en dirigirle la palabra, ya que sabía que aquella pregunta era bastante tonta e irritante, en especial para alguien que tenía que sobrellevar ver a un ser querido en tales condiciones.

También no pensaba hablarle ni rebajarse con ella por el simple hecho de lo que le había prometido el día anterior a su novio, quien le pidió que no intentara nada contra la rubia, pues él mismo sería quien se encargaría de ponerla en su lugar, ya que no quería que su novia se rebajara ante aquella chica que significaba otro obstáculo para la tranquilidad de ambos.

No quiso en un principio, las ganas de vengarse, de hacerle saber que nunca debió meterse con ella eran inmensas, pero también quería liberarse de tanto rencor y odio que no hacía más que entorpecer la felicidad que construía junto a Castiel.

Se puso al lado del rubio, ignorando la mirada de enojo que le dirigía Amber.

—Necesita agua y una bolsa de hielo para los golpes—miró a la de ojos turquesa, esperando que entendiera la orden.

—¡Tú no me vas a dar órdenes en mi casa, desabrida! —gritó furiosa, pero sin lograr perturbar la paciencia de Nora.

—Amber, por favor—dijo su hermano que no estaba para aguantar otra escenita por parte de ella.

La rubia gruñó y se dirigió hacia la cocina, dejando, de mala gana, a Nathaniel y Nora a solas.

—Nunca imaginé tener que ser testigo de esto, Nathaniel—el de ojos dorados negó con la cabeza, ignorando su mirada de compasión—. Ahora más que nunca se ha de actuar rápido, sin esperar a la graduación para que por fin puedas deshacerte de esta situación—él no supo que decir, ni siquiera que pensar, pues ella tenía razón, su plan era una total estupidez e incluso podría llegar a ser peor, ya que él no estaba bien aguantando esos maltratos.

Todos tenían un límite y sabía que al suyo le faltaba poco para ser cruzado. No sabía lo que era capaz de hacerle a ese ser irreconocible que tenía por padre.

—¿Estás contenta, Nora? —ella lo miró preocupada— Tuviste razón como siempre…

—No sé qué clase de persona crees que soy, pero yo nunca podría alegrarme por esto que te ha pasado—odió ver tanta sinceridad en sus ojos, si hubiera encontrado burla o indiferencia lo hubiera manejado mejor.

—Soy un miserable—la chica volvió a observarlo sorprendida, sin esperarse que él dijera aquello—. Nunca estaré completo, Nora, no como tú lo estás ahora—sintió que el pecho se le oprimía, sabiendo a lo que él se refería—. Sé que intentas ayudarme, pero esto, de verdad, sólo me concierne a mí…

—Aquí está lo que pediste—dijo Amber entre dientes, pasándole ambos objetos con un mal gesto.

La de pelo anaranjado lo hizo beber el agua, y lo examinó para saber si no tenía nada roto, ante la mirada avergonzada de Nathaniel y la asqueada de Amber. Después prosiguió a colocar la bolsa de hielo, intentado convencer a Nathaniel de ir a un médico, pero éste se negó porque no quería después tener que dar explicaciones sobre los golpes.

Amber miraba con desdén a Nora, sintiendo los golpes del día anterior aún muy limpios en su consciencia, con la bilis del odio subiendo hasta su boca, amargándola por completo. Pero la felicidad y la tranquilidad de ella se iba a ir al demonio con lo que tenía planeado: Atacarla dónde más le dolía.

Dejó otra vez solos a su hermano y Nora al saber que él ya se encontraba mejor, pues necesitaba ese tiempo para pulir mejor los detalles de su venganza.

—Yo también debo irme—susurró la de ojos plateados al ver la hora, pareciéndole increíble lo rápido que había pasado el día, cuando todo se sintió como una especie de escena en cámara lenta.

—Entiendo—se levantó con pesadez del sofá, pero Nora rápidamente lo intentó volver a sentar—. Te acompañaré…

—No, Nathaniel, tú necesitas estar tranquilo—musitó relajada.

—Quiero acompañarte, al menos hasta la parada del bus—la chica asintió, sin muchas ganas de querer contradecirle más.

Ambos salieron del hogar roto, con el rubio caminando un poco más lento de lo normal, pero no era tanto por los golpes, sino porque no quería alejarse de ella.

—Deberías pensarlo—salió de su estado de sopor para encarar a Nora—, tu situación…—esperó a que él la interrumpiera con enfado, pero el rubio no lo hizo— No es justo que pases por esta pesadilla.

—No puedo dejar a Amber sola—admitió más abatido—, si hago algo en contra de él sería como utilizar un arma de doble filo: Él perdería, pero también mi familia… No somos nada sin él—ella lo miró asintiendo, aún preocupada—. Él es el único sustento en nuestra familia, si hago en contra de él, todo se iría al demonio, mi mamá y mi hermana perecerían por mi culpa.

—Emancípate—dijo firme como si la respuesta siempre la hubiera llevado consigo, cuando la realidad era que apenas se le había ocurrido.

—¿Emanciparme? —la vio asentir con rapidez, deteniéndose en la parada.

—No tendrás que soportar todos sus maltratos y tu madre y hermana no perecerán—el chico quedó frío, sin nunca antes haber pensando en aquella salida—. Amber estuvo grabando lo que él hizo—otra vez volvió a mostrarse sorprendido—. Al parecer ella sí piensa hacer algo al respecto, sin saber que podría perjudicarlos a todos con aquella grabación.

—Le había dejado en claro que no se metiera en esto—masculló con una mano en la frente.

—Pues deberías conocer mejor a tu hermana—algo de rencor se coló entre sus palabras—. Ella puede ser bastante perseverante para hacer pasar malos ratos a los demás—esperó que Nathaniel reaccionara con enfado, pero él se mostró tan impasible como ella.

—Lo mismo digo de Castiel—sacó también el resentimiento de él.

—Él es diferente—musitó muy tranquila, sin pensar en mostrarse dolida—. Sé que si él se entera de lo que pasas, intentaría…

—¿¡Vas a seguir con eso!? —exclamó ya harto de esa maldita idea de Nora.

—Sí—dijo firme—. Aunque es cierto que tu situación no me concierne ni un poco, ya es muy tarde para ignorar que de verdad necesitas ayuda—el chico se echó el pelo hacia atrás, conteniendo su enfado—. Castiel… Es diferente, más de lo que crees… Si le dieras la oportunidad de redimirse…

—¿Te puedo preguntar algo, Nora? —inquirió hastiado de escucharla hablar tan bien de aquel maldito. La chica asintió nerviosa— ¿Qué demonios fue lo que le viste a ese idiota?

—Nathaniel, no hables así de…

—¡Hablo en serio! —exclamó mientras se acercaba más a ella— Él fue un borde contigo desde que llegaste al instituto, no te respetaba, incluso te ponía esos estúpidos apodos ¿Olvidaste lo que te hizo aquella vez con la foto? —recordar todo la hacía sentir muy lejos de la felicidad, deprimida— Y ahora él es tu novio, tú lo defiendes a muerte y en cambio yo…—ambos tragaron en seco, sabiendo que se estaban precipitando hacia un camino sin salida— Yo te traté bien, fui tu amigo, te defendía de cada burla… Y no tengo nada más que tu lástima…

—La gente cambia—fue capaz de pronunciar en un hilo de voz—. Él demostró no ser alguien tan malo… En cambio tú, que siempre fuiste bueno conmigo, me diste la espalda sólo porque yo me enamoré de él.

Ambos quedaron en silencio, sabiendo que ese momento llegaría, cuando sacarían a relucir todo eso que nunca pudieron decir.

—Eso es justo lo que no entiendo—la voz de él también se quebraba— ¿Qué te hizo enamorarte de él y no de mí? —la chica abrió de más sus ojos al tenerlo demasiado cerca, tanto que la perturbaba.

—No lo sé…—susurró muy nerviosa y la vez tranquila, sabiendo lo que iba pasar, pero sin voluntad de detenerlo.

Cerró sus ojos lentamente, sabiendo que era un jodido error el dejar que los labios del rubio probaran los suyos, sabiendo que lo pudo haber detenido, pero no lo hizo, no concibió alguna forma de interrumpirlo al mirarse a través de los ojos de él, llenos de sufrimiento y rencor, desesperación y confusión.

Sólo había besado a dos chicos en su vida: Lohan, quien le había robado su primer beso, haciéndola sentir asqueada y Castiel, que muy lejos del asco le provocaba tanto pasión como amor… Con Nathaniel no se sentía de ninguna de las dos formas. Ella sólo no sentía nada.

No se atrevía a seguir el beso lento y trémulo, se dejaba besar con el corazón lleno de culpa. Pero cuando pensó que el chico se profundizaría aún más el beso, éste se apartó de ella con suma lentitud, sintiendo un mar de emociones contradictorias, experimentando el placer y la culpa mezclarse en su interior confundido, aquel en el que reinaban dos actos parecidos, dos sentimientos distintos.

—Sé que para ti ese beso no significó nada—murmuró apartándose—, pero para mí significó mucho más de lo que crees—la chica lo miró alterada, al comprender mejor que aquello fue un acto de infidelidad, que al no detenerlo lo había incitado a continuar, tal y cómo una vez dijo no ocurriría.

Él se pasó ambas manos por la cara, igual o más alterado que Nora, sin entender el porqué justo cuando por fin había hecho aquello que tantas veces soñó, ella, aquella chica, apareció en su mente como un recordatorio ¿Había perdido la cabeza?

—Ahora no entiendo el porqué siento esto—murmuró para sí mismo, pero llamando la atención de Nora.

—Esto no debió pasar—dijo ella también, alterada—. Nathaniel, yo…

—No tienes que decir nada más—la detuvo con su mente hecha un embrollo—. Sé muy bien que esto no debió ocurrir—miró al autobús que acababa de llegar—… Yo no diré nada—prometió para que ella no temiera que él fuera aprovechar aquel beso para arruinar su relación. Él no era así—. Adiós— y se dio la vuelta sin molestarse en mirarla, dejando aún más confundida a Nora.

Casi podía jurar que el pecho le dolía por los rápidos latidos de su corazón que hacían circular su sangre al ritmo de la culpa.

Estaba molesta consigo misma, sin lograr entender ni comprender de ninguna forma cómo pudo ser tan estúpida para no detener a Nathaniel de que la besara. Si Castiel se enteraba tendría razón en odiarla.

Quiso golpearse contra la puerta de su casa.

El día anterior fue maravilloso con él a su lado, experimentando lo que era ser realmente feliz y libre y ella, era tan idiota que permitió destruir esa felicidad con la culpa que ahora la embargaba.

Entró a su hogar, sintiendo la presión de los labios del rubio sobre los suyos, entreviendo el asco que le provocaría a Castiel cuando se lo dijera, pues así era, ella no iba a ocultarle aquello, tampoco lo de Nathaniel, incluso si el rubio estaba en desacuerdo.

Si antes no quería ocultarle nada, ahora no sólo era que no quería hacerlo, era vital que él lo supiera, no podría dormir tranquila sabiendo lo que había ocurrido, no estaba bien ocultarle aquello.

—Caramelito—se acercó su madre con una sonrisa, pero ésta se desvaneció cuando notó el semblante pálido y alterado de su hija— ¿Qué pasa, Nora? —intentó tocar su mejilla, pero ella rápidamente desvió su rostro y, negando con la cabeza, se dirigió hacia su habitación.

Cerró la puerta de su cuarto y se sentó de inmediato en la silla del escritorio, con una ligera capa de sudor frío cubriendo su cuerpo, los latidos de su corazón enloquecidos de remordimiento, sus ojos ardiendo y sus dientes castañeando.

Quería llorar, pero las lágrimas no iban a aflorar de sus ojos, no podía permitirse ese acto de debilidad, no cuando todo tendría solución. Castiel y ella se querían, incluso juraba que iba más allá de ese sentimiento, por eso estaba segura que si ella hablaba con él lo antes posible podrían saltear aquello, sin temor ni odio.

Tomó su móvil y lo llamó, pero el móvil de él estaba apagado ¿Por qué lo tenía apagado? Se preguntaba. Él estaba fuera de la ciudad y apagaba su móvil ¿¡Acaso la estaba engañando con otra!? No… Estaba siendo una total paranoica, quizás su batería se terminó y ella estaba montándose una película en base a su propia experiencia de ese día.

Ocultó su rostro entre sus manos, deseando despertar de esa pesadilla que la sobornaba de esa sensación de peligro y miedo.

De repente su piel se erizó al sentir como un par de dedos masculinos acariciaban su brazo derecho. Se levantó alterada, mirando a Dominic con sus impresionantes ojos plateados impregnados de pánico.

—¿Qué haces aquí? —preguntó tartamudeando, mirando con terror la sonrisa ladina del hombre de ojos azules y con el pelo negro mojado.

—Tranquila, ¿No te dijo tu madre que hoy estaría aquí? —tofo lo que había pasado en el día anterior y ese le habían hecho olvidar ese dato.

—Me refiero en mi habitación—se echó hacia atrás al notar que él se acercaba.

—Sólo quería ver a mi linda hijastra un momento—la siguió mirando con amenaza y a la vez con burla.

—Sal de mi habitación—dijo con la poca firmeza que le quedaba. No tenía fuerzas para tratar con aquel tipo extraño.

—¿Por qué? —dijo con voz suave— ¿Me tienes miedo? —maldita sea, sí que le tenía miedo, pero primero muerta que admitirlo.

—Si no sales, gritaré—ya estaba contra la pared en su inútil intento de no permitir que él la volviera a tocar.

El de ojos azules sonrió con ironía, para después no dudar en abalanzarse sobre ella y taparle la boca con fuerza.

Ella de inmediato empezó a forcejear y gritar, pero él la tenía acorralada de tal forma que no podía hacer nada para defenderse.

—Escucha bien, Caramelito, porque no me gusta repetir las cosas—ella seguía gritando como desquiciada sobre su mano y ese grito se intensificó más cuando él acercó sus labios a la mejilla de ella y la besó. Todo su cuerpo reaccionó con el mismo asco del primer día que lo vio—. Nora Jude, desde ahora será mejor que cooperes conmigo si no quieres pasar un mal rato—ella forcejeaba con todo, pero sus muñecas estaban fuertemente comprimidas en la otra mano de él—. Tu madre está en la cocina, preparando nuestra cena, ¿Te das cuenta de lo fácil que sería para ella tener un "accidente"? —rió con superioridad cuando vio el temor aún más claro en los ojos de la chica— Veo que me vas entendiendo—quitó su mano cuando la sintió dejar de gritar.

—¿Qué quieres? —preguntó más temblorosa que antes, más aterrada de lo que ya estaba.

—Sé que eres inteligente, por eso sé que si te digo lo que realmente quiero no te llevará mucho tiempo tenderme una trampa—ella pasó saliva al saber que no estaba frente a un tipo cualquiera, que Dominic no era un tonto—. Pero para que estés más tranquila, te diré que entre lo que quiero…—acarició su labio inferior con su pulgar, haciéndola desviar la cabeza con repulsa— Estás tú ¡Eh! Cuidado si gritas, porque si lo haces, Larissa no vivirá más allá de unos minutos—acarició su mejilla con falsa delicadeza—. Lo único que debes hacer es ser una buena chica, ser tranquila, amable…—se acercó a sus labios, marcando su aliento en los labios de la chica que moría por tenerlo a mil millones de kilómetros de ella— Dispuesta a colaborar…

—Suéltame—murmuró adolorida por la presión de su mano en sus muñecas.

—Relájate, Larissa cree que aún me estoy bañando—su otra mano bajo a las caderas de ella, paralizándola del pánico—. Podemos aprovechar este momento para…—ella intentó escaparse otra vez, pero en cambio tuvo que contener la intensa repulsión que le causó el beso brusco de él que impregnaba de saliva su boca y que masajeaba su lengua con la suya, en un movimiento voraz, caótico y sádico.

La soltó justo en el momento que ella intentó pegarle en la entrepierna, aún sonriendo con sorna, en especial cuando la vio correr de su habitación, justo cómo él lo tenía previsto y planeado.

Corrió hasta la sala y casi se llevaba a su madre por delante si no hubiera sido porque ésta la detuvo.

—¿Pero qué te pasa, Nora? —realizó la pregunta con más preocupación que la última vez, ya que su hija estaba más pálida que de costumbre y esa mirada de espanto claramente no se debían a algo bueno.

Se encontró en una encrucijada, sabiendo que debía de decidir rápido si alertar a su madre, hacerle saber lo que aquel hombre le hizo hacía sólo unos instantes o no en cambio no arriesgar la vida de ella…

—Tu novio…—le costaba hablar y más aún cuando su madre cambió su preocupación por confusión absoluta— Él entró en mi habitación y… Y…—era una pesadilla, estaba perdiendo el juicio y el control.

—¿De qué hablas, Nora? —la soltó poco a poco, todavía con su expresión desentendida, pero presintiendo que lo que iba a escuchar no le iba a gustar.

No tenía manera de calmarse, su semblante frío y firme estaba desmoronado en el suelo, dejando a la vista el temor muy claro en sus ojos, el temblor de sus labios que le impedían hablar claramente.

Quería despertar de esa maldita pesadilla, no podía ser real… No debía ser real.

—Me besó a la fuerza—dijo con miedo, por primera vez en mucho tiempo, a la reacción de su madre, sin saber con qué se encontraría.

La más joven esperaba la respuesta de su madre, quien se había quedado paralizada y pálida ante lo que había escuchado, sin atreverse a responder.

—No entiendo—susurró Larissa al creer que había escuchado mal, porque eso debió ser, una simple confusión, un malentendido de palabras… No esa atrocidad.

—¿¡Cómo que no entiendes!? —soltó más nerviosa que antes, sabiendo que había sido lo suficiente clara con sus palabras—Dominic entró a mi habitación y me besó a la fuerza ¡Y no sólo eso! —el rostro tranquilo de su madre no hacía más que avivar su ansiedad— Él me amenazó, dijo que te…

—Nora, trata de calmarte—dijo demasiado tranquila como para que la más joven lo soportara—. Estás diciendo un montón de incoherencias—la de ojos plateado la miró incrédula, con sus ojos demasiados abiertos por el asombro que le provocaron sus palabras—. Tú no sueles ser así.

—¡No son incoherencias! —le gritó demasiado fuerte, sabiendo que nunca antes le había levantado la voz de aquella manera a su madre— Dominic… Él es un farsante, él no te quiere en realidad…

—¡Ya cállate! —aún más fuerte le gritó Larissa a su hija, harta de que le mintiera de aquella manera tan cruel— Tú no tienes ningún derecho a hablar así de él—la más joven tragó en seco, ya demasiado petrificada como para volver a retomar fuerzas.

—Pero te digo la verdad…—susurró sorprendiéndose a sí misma ante ese acto de cobardía.

—No te creo ni una palabra—sentenció firme, decepcionada y asqueada de que su hija empezara otra vez con su juego de las mentiras. Ya suficiente tuvo que soportar en el pasado al verla enriquecerse a costa de engaños como para tener que aguantar que quisiera destruir la única relación genuina que tenía desde la muerte de Daniel.

Nora retrocedió con espanto, cada vez más convencida de que todo era una invención de su mente, que ese día en realidad era una jodida alucinación.

—¡Oh, Nora! —se espantó de inmediato cuando la voz de aquel monstruo resonó cerca de ella— No escuché cuando llegaste—dijo con su sonrisa tan sincera como una moneda de dos caras.

—No finjas conmigo—la manera temblorosa y agria en las que salieron sus palabras no ayudó en nada a su situación.

—¿De qué hablas? —preguntó el hombre, parecía genuinamente confundido.

—¡No trates de engañar más a mi madre, maldito! —en esos momentos ya no pensaba con claridad, se dejaba llevar por sus emociones, aquellas de las que pocas veces perdía en control, pero es que no podía encontrar la manera de tranquilizar su interior en donde el miedo afloraba en su forma más natural y pura.

—¡No le hables así, Nora! —la regañó su madre con más enfado que antes, mientras que el de ojos azules se mostraba dolido ante lo que su presunta hijastra le acababa de decir.

—Pero… ¿Por qué me dices eso? —dijo él con un fingido tartamudeo que repugnó en lo más profundo a la de ojos plateados.

—Lo que me acabas de hacer…

—¡Ya basta! —gritó Larissa, interponiéndose entre Dominic y su hija, encarando a la última con un rencor tan palpable que estremeció a la más joven— No puedo creer que hasta a esto te has rebajado, Nora—le escupió con aborrecimiento—. Sabía que Dominic no era de tu entera simpatía ¿Pero calumniarle de esta manera?

—¡Te digo la verdad! —sus ojos ya estaban rasados por las lágrimas y su corazón se partía al tener a su propia madre defendiendo aquel demonio— ¡Él me besó a la fuerza en mi habitación! —rogaba que su madre la viera como siempre y no como si fuera mayor basura que pudo encontrarse.

—Si tanto te molesta mi relación con tu madre, pudiste habérmelo dicho en primer lugar y no inventar todas estas mentiras—interrumpió el hombre de hielo con una máscara de sinceridad tan perfecta que hasta ella temió que lo que acababa de ocurrir sólo hubiera sido una invención de su mente.

—No te preocupes, Dominic—habló la de ojos verdes sin dejar de mirar a su hija con desprecio—. Yo sé que me está mintiendo. Siempre lo ha hecho… Y por lo visto nunca dejará de hacerlo.

—Este hombre lo conociste hace unos meses ¿Y confías más en él que en mí que soy tu propia hija? —inquirió visiblemente dolida.

—Por eso confió más en él—respondió con frialdad—, porque te conozco demasiado bien, sé de lo que eres capaz con tal de obtener lo que quieres o de sacar a alguien de tu camino. Sabes muy bien cómo poner a la gente de tu lado, pero conmigo no te va a funcionar…—la chica negó alterada— Además de que siempre has tenido resentimiento con todas mis parejas desde que tu padre murió…

—¡No mestas a mi padre en esto! —gritó con furia, sabiendo que aquel maldito disfrutaba la escena como si de un dulce se tratara— ¡Tú nunca respetaste su memoria! Sólo te obsesionaste con andar con un montón de hombres por los que nunca sentiste nada.

—¡Respétame, Nora! —la regañó repugnada.

—Nunca creí que llevarías tus ansias de control tan lejos—dijo él con abatimiento—. Yo adoro a tu madre, Nora, pero si no puedes con eso… Lo mejor será que me vaya—se giró hacia la puerta, siendo detenido al instante por su novia.

—No te vayas así, Dominic—su voz cambió por una más tranquila.

—No, Larissa—dijo mirándola con decepción—. Tú me contaste todo lo que tu hija era capaz de hacer—aquello alertó a Nora, como un nuevo golpe que nunca vio venir—, pero no quería creer que mis sospechas serían ciertas: Que ella sería un obstáculo entre los dos—miró hacia Nora, con su mirada impregnada de dolor y decepción, perturbando todavía más a la chica que no lograba encontrar manera de desenmascararlo y más cuando parecía tan sincero—. No te preocupes, no volveré a pisar esta casa jamás.

—Mi amor, por favor—rogaba la mujer con miedo de perder aquel hombre del que estaba demasiado enamorada por culpa de la manipuladora de su hija.

El hombre sólo le dio una leve caricia en la mejilla a Larissa para después darle la espalda y salir por la puerta.

Las dos se quedaron en silencio, mientras escuchaban los pasos del hombre alejarse hacia su auto.

—¡Te pasaste esta vez! —gritó Larissa cuando ya sabía a su novio lejos— ¿¡Estarás contenta, no!? —la chica negó, pero no por la pregunta, sino por tener que enfrentar esa reacción nunca antes vista por parte de su madre— Soy tu madre y ni siquiera conmigo tienes piedad…

—Te dije la verdad—murmuró con las lágrimas cada vez más cerca de escapar—. Él te miente… Incluso me amenazó…

—¡Cállate, mentirosa! —la mujer estaba roja de furia, asustando a su hija que nunca la había visto de aquella forma— ¡No te creo nada! Siempre haces eso: Mientes, hieres y destruyes todo lo que te estorba o no te conviene. No quiero oír más mentiras sobre Dominic…

—¡Él es un farsante! ¡Es un maldito peligro! —gritaba ella también furiosa— ¡Sólo intento protegerte!

—¡De ti es de quién debería protegerme! —se echó el cabello hacia atrás con desesperación— Siempre con tus engaños, con tu jodido egoísmo… No aceptas ver feliz a nadie ¿Cierto? —sonrió con amargura— En especial a mí.

—¡Ese hombre te lavó completamente el cerebro! —chilló con sus puños cerrados— ¡Te está tomando por una idiota!

—¡Ya cállate! —y su mano se acercó al rostro de su hija, pero se detuvo en mitad del camino cuando los ojos plateados de Nora mostraron un pánico inigualable, pues entre todo lo que había pasado en esos últimos minutos, la chica pudo vislumbrar al padre Nathaniel en ese mismo instantes que Larissa planeaba pegarle— Nora… Yo…—la mujer retrocedió arrepentida por lo que estuvo a punto de hacer, pero no pudo seguir hablando cuando su hija salió corriendo herida hacia su habitación.

Cerró la puerta con seguro, y se deslizó hasta el suelo, aguantando las descomunales ganas de llorar, el deseo de despertar.

Todo estaba mal, todo estaba desmoronándose y ella otra vez no podía hacer nada para evitarlo.

Quiso tenerlo ahí, quería que la abrazara muy fuerte, que la besara hasta hacerla olvidar, pero él no aparecería por arte de magia, aún cuando lo deseara con todas sus fuerzas y todo el dolor que torturaba a su mente.

Bajó la cabeza, escondiéndola entre sus manos, susurrando con voz quebrada, mientras sentía los rasguños que Misu hacía a la puerta para que lo dejara entrar.

—Te necesito…—volvió a decir con menos fuerza.

Bajó con prisa las escaleras cuando Li y Charlotte la pasaron a buscar.

—¿A dónde vas, Amber? —preguntó su madre con un vaso de Whisky en la mano, observando a su hija vestida con un ajustado vestido negro.

—A una fiesta—reveló mientras se revisaba en el espejo de la sala de estar, notando que estaba perfecta para la ocasión.

—No llegues tarde—dijo para después volver a beber de su vaso—. La última vez llegaste demasiado tarde y eso a tu padre no le gustó en lo absoluto—la chica la miró a través del espejo con curiosidad ante el tono que utilizó para decirle lo último.

—No lo haré—se sinceró, ya que después de lo de la última vez no quería arriesgarse a estar con otro desconocido.

Se apartó del espejo y salió por la puerta, dirigiéndose con pasos seguros hacia el auto de Charlotte.

—¿Pasaremos antes de llegar a la fiesta? —preguntó la asiática mientras retocaba sus labios con su nuevo labial.

—Por supuesto, no podemos perder el tiempo—respondió Amber mientras tentaba dentro de su bolso el objeto que se le había entregado esa tarde, después de que Nora se había ido por su camino.

—¿Las pudiste convencer? —esta vez fue Charlotte la que realizó la pregunta, saliendo del vecindario.

—No hizo falta—sonrió con burla—. Jude tiene más enemigas de las que cree—y su sonrisa se ensanchó al ya entrever como cambiaría la vida de aquella desabrida, en especial con la carta bajo la manga que tenía en su poder.


La felicidad de Nora se ha esfumado y nuevamente ha sido reemplazada por el miedo y el dolor. Su infidelidad a Castiel podría costarle caro, eso, más los retorcidos planes de Dominic y Amber están por tambalear el rumbo de la historia.

La pregunta es: ¿Logrará el amor de Nora y Castiel vencer cada obstáculo que está por venir?

Y bien, ese fue el capítulo de esta vez. Si soy sincera lo escribí con algo de prisa y por eso puede que los acontecimientos del capítulo hayan pasado más rápido de lo requerido, pero es que no quería durar más tiempo sin publicar jajaja.

También les recuerdo que si no publico cuando es debido es recomendable que visiten mi perfil, ya que no me gusta dejar avisos dentro de la historia y en cambio los hago en el perfil.

Espero que les haya gustado, y si así fue, o no, no duden en dejar su review con su opinión, que saben que las aprecio mucho ^^

¡Hasta la próxima!