¡Hola a todas un día más!
Antes de dejar el capítulo creo que hoy tengo varias cosas que aclarar. La primera es que como salí de trabajar a las 10 de la noche (hace dos horas) no pude subir antes esta actualización. Digo esto porque sí, hoy me hubiese gustado hacerlo antes para agradeceros eses 300 comentarios. ¡300! ¡No os imagináis lo contenta que estoy! Gracias y mil gracias como siempre, esto es solo mérito vuestro.
Después de mostraros mi felicidad (jajaja) quiero aclarar alguna de las dudas que dejasteis en los comentarios, aunque espero no aburriros mucho.
A EvilSwanQueen21 y a todas las que os gusta el drama, en este capítulo tendremos un poco, aunque he decidido portarme bien ante este día tan especial y añadí una parte final que quería dejar para otra actualización y que va dedicada a las que me piden "no drama" jajaja Intento complaceros a todas, una de cal y otra de arena jajaja
Para TheWonderland que siempre me pide spoilers jajaja te diré que sí, y quien no quiera spoiler mejor que no busque su comentario jajaja
Para todos los que siempre me preguntan los capítulos que quedan os informo a todos que (Para disgusto de muchos y alivio de otros tantos) ¡ESTAMOS ENTRANDO EN LA RECTA FINAL! Como siempre no sé calcularlo bien pero creo que si sigo actualizando a diario el domingo o lunes será el capítulo final
Y para el invitado que tenía dudas sobre Regina dejo un pequeño fragmento de otro capítulo y explico
"Me he acostado con muchas mujeres porque nunca podía estar con la misma más de una noche…desde que Kate murió el sexo se convirtió para mí en una forma de desahogar mi frustración…pero nunca dejé que ninguna me tocase así que solo pasaba con ellas una noche…las dominaba hasta que quedaban tan exhaustas que no podían levantar un solo dedo para tocarme –dijo con algo de vergüenza, con su mirada perdida en la mano de la enfermera que sostenía entre las suyas –Si no las volvía a ver era más fácil para mí, no tenía que dar explicaciones e iba a por la siguiente…Esto te debe de estar pareciendo horrible ¿no?"
Regina nunca ha dejado que ninguna mujer la tocase, lo cual no implica que no se desnudase (De ahí que en el primer capítulo saliese desnuda). En más de una escena de sexo con Emma se ve como ella aguanta sus manos para que no pueda tocarla, que eso es lo que aclara en este fragmento con lo de la dominación. Otra cosa es que Emma nunca la hubiese visto desnuda (que no pasó en ningún encuentro porque yo me encargé de ello con mi lado malvado jaja). Si no recuerdo mal en alguna ocasión se quito el sujetador pero totalmente desnuda solo estuvo cuando dejó que Emma la tocase por primera vez. De ahí que en el capítulo anterior Emma le pidiese que se desnudase. Espero haber aclarado tus dudas entre toda mi palabrería jajaja.
Sin nada más que decir (que hoy ya me he extendido bastante) os dejo con el capi
¡Besos a todas!
EQUIVOCACIONES
Ruby permanecía atónita, sin mover ni una sola pestaña por miedo a que alguno de sus gestos evidenciase a su abuela que sabía algo más. Se giró lentamente, intentando mostrar su mejor cara de fingido desconcierto.
-¿Cómo puedes pensar eso?
-¡Oh Ruby Lucas! Tú has visto lo mismo que yo esta noche
-No sé de qué hablas abuela –intentó hacerse la inocente –Y deberíamos dormir, ya es muy tarde…
Ruby se reacomodó en la cama tapando su cuerpo y cerró los ojos bajo la atenta mirada de su abuela, que no parecía darse por vencida tan fácilmente.
-Me refiero a sus miradas, a esas sonrisas… -volvió a hablar
Ruby sonrió en la oscuridad, en el fondo no le sorprendía que su abuela lo supiese, la mujer siempre había tenido un sexto sentido con ellos. Se incorporó lentamente apoyando su cuerpo sobre uno de sus codos para poder verla mejor. Su abuela la miraba con la confusión bailando en sus pupilas, y Ruby entendió al instante que lo que de verdad le preocupaba era no saber cómo afrontar el tema con Emma.
-¿Por qué no hablas con ella?
-¿Con Regina?
-No, por Dios…con Emma –soltó rodando sus ojos
-Estoy esperando a que ella quiera hablar conmigo, quiero que sienta que puede confiar en mí
-¿Y si ella está esperando lo mismo? -cuestionó sabiendo lo que pensaba su hermana de todo aquello
-Ella es la que tiene que confiar en mí -repitió la anciana haciendo que su nieta volviese a rodar los ojos y se dejase caer sobre el colchón
-Pues entonces no te queda otra más que esperar -suspiró -Y dejarme dormir...
-Pues entonces tendré que esperar... -soltó con desgana
-¿Abuela quieres que yo le diga algo? -cuestionó adivinando sus pensamientos
-No hija, no...eso sería igual que si yo le hablase... -razonó haciendo que Ruby resoplase
-Si quieres se lo comento indirectamente...
-No lo sé...
-¡Vaya dos! -murmuró la morena para sus adentros -¿Entonces puedo dormirme ya?
-Sí hija sí...duérmete
Regina observaba como Emma dormía sobre su pecho plácidamente. Le gustaba despertarse antes que ella, disfrutaba viéndola así, tan serena y tranquila, con su respiración pausada y el gesto de su cara relajado. Acarició suavemente su rostro, separando un mechón de pelo que caía por delante de sus ojos y la rubia se revolvió acercándose más a su cuerpo. Al sentir la piel desnuda de Emma un irrefrenable calor invadió su bajo vientre. A duras penas intentó separarse de ella ya que varios sonidos en el exterior de la habitación la alertaron de que no era la única que estaba despierta.
-Emma –susurró pasando el dedo índice por el perfil de su nariz –Emma despierta…
Lo único que consiguió fue que la rubia se acercase más a su cuerpo, colocando su pierna por encima de las suyas, envolviéndola por completo.
-Emma por Dios –gimió al sentir el rostro de la enfermera removerse sobre sus pechos desnudos, haciendo que sus pezones se endureciesen casi al instante -¡Emma despierta! –susurró más fuerte separando a la rubia sin ninguna delicadeza
-¿Qué…?
Emma abrió los ojos, con el pelo totalmente alborotada sobre su cara, y miró a la mujer que acababa de empujarla hacia el lado opuesto de la cama.
-Me estabas provocando –soltó la morena como única respuesta en un chillido ahogado
-Puedo verlo sí…
Los ojos de la rubia se clavaron en los turgentes pechos de la pediatra, que no tardó ni un segundo en taparse con las sábanas.
-Emma tu abuela está ahí fuera –gruñó señalando la puerta –La he oído trastear en la cocina
-Seguramente estará haciendo el desayuno –dijo tranquila, mientras reptaba por la cama hasta llegar a la esquina donde estaba la morena –Pero a mí sinceramente me apetece otro tipo de desayuno…
-¡Ni se te ocurra Emma Swan! –la frenó colocando su mano en la barbilla de la rubia para separarla de su rostro
-Eso dijiste ayer…y mira como acabamos –soltó dejando caer la sábana que cubría su cuerpo desnudo
-Tu abuela puede aparecer en cualquier momento…no pienso acercarme más a ti, es mi última palabra –concluyó antes de levantarse arrastrando con ella la sábana que rodeaba su cuerpo
Emma la miró divertida desde la cama y vio cómo recogía toda su ropa del suelo para meterse en el interior de su baño, saliendo a los pocos minutos perfectamente vestida.
-¿Qué? ¿Ya te has vestido? –cuestionó incorporándose en la cama y tapándose del frío con el edredón
-Así es –afirmó la morena sentándose a su lado, en el borde del colchón
-¿Ni si quiera una ducha? –interrogó con tono sugerente
-No me ducharé hasta que llegue a mi casa Swan, no quiero arriesgarme a que entres a los dos segundos
-Aburrida…
-Te recuerdo que esto lo hago por ti –gruñó la morena fulminándola con la mirada
-Lo sé…ven aquí –Regina se acercó lentamente a su cuerpo –Sé que lo haces por mí y por todo lo que te conté de mi abuela
-Así es...
-Y te juro que de verdad se lo voy a decir
-Emma no te apures ¿vale? –Pidió la morena con tranquilidad –Lo único que quiero es que esto no influya en nosotras
-No lo hará, te lo prometo –aseguró cogiéndola de la barbilla para acercar su rostro -¿Y ahora puedo besarte? Solo besarte...
-Lo estoy deseando…
Las palabras que Emma había pronunciado aquella mañana en su cama no tardaron en caer en saco roto. En pocos días la rubia se vio sobrepasada por todos los cambios que tenía en su vida y, sin saber muy bien cómo reaccionar, lo único que hacía era pasarse las horas completamente enfadada con el mundo. Estaba irascible, con el peor humor posible y saltaba a la primera de cambio como un león al que le tocan su cría.
Las reuniones de su familia se habían vuelto habituales, comidas, cenas, desayunos…Regina y Zelena compartían la mayor parte de ellos, y tener a la morena tan cerca y no poder comportarse como en realidad quería la ponía de los nervios. Sabía que era culpa suya, por querer mantener su relación en secreto, pero seguía fiel a su idea de que su abuela no debía enterarse por el momento. Tenía la sensación de que se estaba engañando a sí misma, le daba rabia no poder mostrarse ante su abuela tal y como era, pero a su vez el miedo la invadía cuando intentaba dar un paso hacia ella. Aquellos sentimientos tan contradictorios eran el motivo principal de su enfado y no hacían más que incrementarse ante las continuas peticiones de Ruby para que aclarase la situación.
Regina intentaba tomárselo lo mejor posible, sorteando las continuas salidas de tono de la rubia como mejor podía. Entendía su situación, o al menos intentaba hacerlo. Era consciente de que todos los acontecimientos se habían acelerado en los últimos días y era difícil mantener todas las emociones contenidas en un dique. Se habían besado, se habían tocado, habían hecho el amor y habían declarado lo que sentían. Sería el comienzo perfecto para cualquier pareja sino fuese porque ellas lo habían tenido que vivir justo en el momento en el que toda la familia de la rubia hacía su aparición. Era difícil empezar una relación cuando a ratos tenían que mostrarse como simples amigas. Regina lo entendía, y lo único que esperaba era que poco a poco las cosas volviesen a una relativa calma.
Emma habría pensado exactamente lo mismo si no fuese porque ese día comenzó a complicarse desde que puso un pie en el hospital. Una de sus enfermeras había tenido un altercado con un médico y se pasó media mañana entre reuniones con unos y otros que no la dejaban centrarse en su verdadero trabajo. Su mal humor comenzó a acrecentarse y cuando ya creía que no podía llegar a una cota más elevada, cuando lo único que quería era tomarse un descanso, entró en la sala de personal y todo empeoró.
-¿De qué hablabais? –cuestionó a los tres compañeros que había sentados en la mesa mientras se servía un café
-De Regina –soltó uno de ellos haciendo que todo su cuerpo se tensase
-¿De la doctora Mills?
-La misma –respondió el joven que había hablado antes –Hoy está con un humor que… ladra más que habla
-Será que hace tiempo que no folla –bromeó la mujer que estaba a su lado
Emma apretó la taza entre sus manos hasta sentir como el calor que irradiaba se expandía por todo su cuerpo.
-Puede ser eso, hace mucho que no se oye nada de sus escarceos con el personal del hospital –comentó el hombre de barba blanca que jugueteaba con su bolígrafo
Emma no recordaba cuándo había sido la última vez que había oído hablar así de Regina, o al menos cuándo había sido la última vez que ella le había dado importancia, pero en ese momento no pudo evitar que la ira recorriese rauda su torrente sanguíneo.
-Será que ya se las ha follado a todas querido –rio la mujer con un despreció que crispó completamente a la rubia –Con eso de que no pasa más de una noche con cada una…
-Dentro de poco se le acabarán todas las mujeres de Boston –bromeó el hombre más mayor
-Quizás ya se le han acabado, de ahí su mal humor
Ante el comentario del joven los tres se pusieron a reír y Emma golpeó con fuerza la taza contra la mesa asustándolos a todos. La rubia dejó su café sin apenas probarlo y salió de la sala de descanso hecha una furia bajo la atenta mirada de sus compañeros. Intentaba calmarse pero incluso respirar se le hacía misión imposible ante toda la rabia que la consumía. Pensando en que centrarse en su trabajo sería lo mejor, dejó atrás la zona de urgencias y se plantó en el mostrador de Mary.
-¿Has acabado con los informes que necesitaba? –soltó en un ladrido
-Estoy en ello –respondió la mujer despreocupada, sin levantar la vista de su ordenador
-¿Eso significa que no lo tienes listo?
Mary levantó su rostro de la pantalla, sorprendida ante la actitud que mostraba la rubia.
-Eso significa que estoy en ello –repitió volviendo a centrarse en su trabajo
Emma estaba a punto de perder la paciencia, casi a punto de gritarle, cuando una mano se posó sobre la suya.
-¿Estás bien?
Regina la había visto salir lanzada de la sala de descanso y la había seguido al observar su semblante serio. Intentaba saber qué le pasaba, había oído cómo trataba a Mary de esa forma tan poco habitual, pero la rubia separó rápida su mano como si el contacto le quemase. La pediatra la miro con el ceño arrugado y ella simplemente clavó su mirada en la recepcionista para luego volver a mirarla, como si le estuviese recordando que la joven de cabello corto no sabía nada de su relación.
-¿En serio? –cuestionó la morena haciendo que Mary levantase de nuevo su rostro
-¿Pasa algo? –interrogó la joven al ver su fuerte cruce de miradas
-No, no pasa nada –musitó la rubia con la mandíbula apretada –Y tú deberías cotillear menos y centrarte más en tu trabajo
Tras aquellas palabras que dejaron a las dos morenas totalmente desconcertadas, la enfermera desapareció de su campo de visión perdiéndose en el interior de urgencias.
-¿He dicho algo que…?
-No te preocupes Mary –la intentó tranquilizar Regina –Voy a hablar con ella ¿Sí?
-De acuerdo…
Regina se alejó del mostrador y buscó a Emma sin éxito por medio hospital. Era su hora libre, habían consensuado comer algo juntas en la cafetería, pero la rubia no daba ninguna señal de vida. Le envió un mensaje para preguntarle dónde estaba y recibió un escueto "En el jardín". Regina suspiró aliviada y salió a la parte trasera del hospital, donde varios pacientes paseaban con sus familiares. No le costó divisar a la enfermera, que temblaba como una hoja por el frío, sentada en uno de los bancos. Regina sacó su bata y se la colocó por encima.
-No te abrigará mucho pero… -Emma permanecía en silencio, con su mirada perdida en el suelo -¿Qué te pasa? –La rubia siguió sin contestar -¿Puedo tocarte? ¿O crees que desde aquí nos puede vigilar Mary con sus prismáticos? –cuestionó finalmente perdiendo la paciencia ante su pasividad
-Muy graciosa…
-¡Oh vaya! Creí que no sabías hablar… -La rubia la fulminó con su mirada –Emma no lo entiendo ¿A qué ha venido lo de ahí dentro? ¿Crees acaso que Mary se lo va a contar a tu abuela o cómo va la cosa? ¿Nadie en este hospital se puede enterar de nuestra relación?
-¡Ah! ¿Tenemos una relación? –cuestionó irónica
-Pues en verdad no lo sé, cuando te comportas así no lo sé…
-Nunca hemos hablado de una relación
-Sí hemos hablado de una relación –La interrumpió la morena realmente enfadada –Además no es lo que hablamos sino lo que hacemos… ¿No crees que estamos en un relación después de todo lo que ha pasado? No sé si tienes fobia a decir relación, si tiene miedo a decir que somos novias ¡No sé a lo que temes! –Elevó la voz –Yo tengo claro lo que somos, nunca me he entregado tanto a una persona y lo sabes ¡Eres tú la que no te aclaras!
-¿Pasa algo aquí? ¿Estáis bien?
Una conocida voz las sacó de aquella discusión y ambas se giraron para encontrarse a Lily a pocos centímetros de ellas, avanzando casi con miedo. La joven miraba a Emma, esperando que fuese ella la que le contestase, pues solo por ella se había atrevido a acercarse al ver la disputa.
-No sé si aprobará el examen de residente señorita Page pero le aseguro que si fuese por inoportuna se llevaría la mejor nota –Musitó Regina clavando su oscura mirada en la joven -¿Es siempre así o solo cuando se trata de Emma?
La residente por primera vez le mantuvo la mirada, aunque Regina todavía veía el brillo del miedo en sus pupilas.
-Solo he escuchado gritos… ¿Estás bien? –cuestionó girándose hacia Emma
-¿En serio? –Regina se dio la vuelta con los ojos en blanco, intentando controlar sus más bajos instintos, que le gritaban que echase a esa joven a patadas.
-Estoy bien Lily, solo estábamos…
-Manteniendo una conversación privada –Finalizó la pediatra todavía de espaldas –No la voy a matar Señorita Page, puede dejar de hacer de guardaespaldas y volver a su trabajo
La joven seguía mirando a Emma que, algo avergonzada por la situación, afirmó en silencio dándole veracidad a las palabras de la morena, pidiéndole silenciosamente que las dejase solas.
-Entonces mejor me voy…
-Vaya…algo en lo que al fin estamos de acuerdo
La pediatra ya no escondía su animadversión hacia aquella joven y la persiguió con la mirada hasta que estuvo lejos de su alcance.
-¿Siempre vas a tratarla así? –cuestionó Emma sacándola de sus pensamientos
-¿Y tú siempre vas a defenderla? Hace unos minutos estabas más callada…
-Es que no tienes por qué tratarla así –esta vez fue Emma la que elevó su tono de voz –La has dejado avergonzada y a mí también
-¿Sabes por qué la trato así? –la increpó la morena –La trato así porque lo que en realidad me gustaría sería comerte la boca delante de ella para que le quedase claro que estamos juntas –soltó de carrerilla, casi sin respirar –Pero no puedo hacerlo porque tú te niegas a que lo sepa la gente y todavía no entiendo el por qué…
-No tienes derecho a ponerte celosa –Emma se levantó de golpe y caminó hacia ella –Yo sí que lo tendría teniendo en cuenta que cada vez que me giro me encuentro a una de tus amantes
-¿Qué? –cuestionó Regina incrédula -¿A qué viene eso ahora?
-Es la verdad ¡Te has tirado a medio hospital! ¡Trabajo con ellas constantemente!
Regina no se creía lo que estaba oyendo y tampoco se explicaba cómo la conversación había llegado hasta aquel punto.
-No me lo puedo creer –murmuró mirándola a los ojos –No te pienso pedir disculpas por lo que hice en mi pasado porque tú lo sabías perfectamente cuando te acostaste conmigo la primera vez –soltó con cierto rencor –Tú sabes que ellas no significaron nada, sabes mejor que yo lo que tú significas para mí así que no perderé más tiempo explicándotelo
La morena dio media vuelta y desapareció del jardín del hospital sin darle tiempo a Emma de reaccionar.
-¡Mierda! –murmuró golpeando una piedra con la punta de su zapato
Se sentía terriblemente idiota por su comportamiento. Había pagado con Regina su mal humor una vez más cuando ella solo quería ayudarla. Entró de nuevo en el hospital intentando buscarla, perdiéndose en los pasillos sin encontrarla por ninguna parte. Volvió a urgencias y esperó a que la morena se pasase por allí pero para su sorpresa uno de sus compañeros de pediatría parecía atender todos sus casos. Era sumamente extraño, ya que siempre que tenía guardia Regina era la que atendía cualquier paciente de pediatría que llegase a urgencias. Le envió varios mensajes pero no conseguía contactar con ella. Comenzaba a inquietarse así que finalmente decidió ir al mostrador y preguntarle a Mary si sabía algo de su paradero.
-Mary…
-Los informes que me pediste están listos –interrumpió la recepcionista solícita, dejando los papeles sobre el mostrador
Emma soltó un largo suspiro, siendo consciente de que con aquella mujer también había sido injusta. La morena sin embargo la miraba con una radiante sonrisa, sin pizca de enfado, y eso la hizo sentir peor.
-Yo…siento lo de antes Mary, de verdad –se disculpó mirando a la joven –No debería haberte hablado así…
-Cariño un mal día lo tiene cualquiera –la tranquilizó la mujer posando su mano sobre las de ella
-Lo sé, pero eso no es una excusa para mí…
-Pues entonces disculpas aceptadas –sonrió la morena -¿Lo ves? ¡Ya está!
-Gracias Mary –soltó sincera, acariciando su mano –Por cierto ¿Has visto a Regina?
-¿A Regina? Sí, la he visto…salió hace media hora por esa puerta como alma que lleva el diablo –informó señalando la entrada
-¿Ha salido del hospital?
-Así es
-¿Vestida? Quiero decir… ¿Con el uniforme?
-No, salió con su ropa de calle, la chaqueta de la moto y su casco
-¿Se ha ido en moto? –cuestionó la rubia mirando a la entrada como si pudiese ver allí a la pediatra
-Pues sí, la tenía aparcada en la entrada
-Mary me tienes que hacer un favor –Soltó la enfermera girándose de nuevo hacia ella
-Tú dirás…
-Llama al móvil de Regina cada vez que tengas un momento libre hasta que te coja
-¿Emma pasa algo? –cuestionó la recepcionista preocupada
Emma la miró durante unos instantes, con toda la ira que la había abrasado durante la mañana ya extinta. Los ojos de Mary le mostraban su nerviosismo, su intranquilidad ante lo que estaba pasando. Entonces las palabras de Regina cobraron todo su sentido y se sintió realmente estúpida por no haberle contado a la recepcionista toda la verdad desde el principio. Mary era su amiga, de las dos, y estaban viviendo el momento más especial de sus vidas sin hacerla partícipe de ello.
-He discutido con ella –dijo finalmente agachando su cabeza
-¿Ha pasado algo en urgencias? –intentó averiguar la morena
-No, no ha sido por trabajo
-¿Entonces?
-Estamos juntas Mary, somos…somos novias –se sinceró con una pequeña sonrisa asomando en sus labios ante lo bien que le sonaba aquella palabra
-¿Qué? –La morena abrió sus ojos como platos y su mandíbula descendió hasta casi rozar el mostrador -¿Estáis…? ¡Oh Dios mío!
La joven bordeó el mostrador y corrió a abrazarla dando pequeños saltitos.
-Mary tranquila –pidió Emma algo avergonzada, mirando a la gente que las observaba a su alrededor
-¿Cómo no sabía yo esa noticia? –cuestionó la joven separándose finalmente de ella
-Pues porque yo soy una imbécil –dijo volviendo a agachar su cabeza -¿Entonces me harás ese favor?
-La llamaré –soltó Mary convencida, dando vuelta de nuevo al mostrador –La llamaré y la encontraré
-Si te coge dile que…bueno no le digas nada –La rubia dio un paso hacia la entrada de urgencias pero al momento volvió a girarse –Mary –la llamó haciendo que levantase su cabeza del teléfono –Si te coge dile que la quiero
-Eso está hecho Emma –sonrió la recepcionista
Emma se perdió en su trabajo, intentando olvidarse de Regina aunque le resultase realmente difícil. La morena no dio señal alguna de vida y cuando la enfermera acabó su turno comenzó a preocuparse. De camino a su casa llamó a Zelena para preguntarle si sabía algo de ella, pero la pelirroja le aseguró que no la había visto en todo el día y que no se había pasado por su apartamento. Los nervios comenzaron a aflorar. Emma intentaba calmarse diciéndose que si hubiese ocurrido algo ya lo sabrían, pero eso no conseguía aflojar el nudo que envolvía su estómago.
Entró en su casa, que aparentemente estaba vacía, y dejó sus cosas sobre la mesa del comedor. Arrastrando sus pies llegó a la cocina y comenzó a prepararse una taza de café. Sabía que no era lo más recomendable en su estado pero lo necesitaba. Las lágrimas comenzaron a abandonar sus ojos sin previo aviso, en un intento de mitigar toda la frustración que sentía contra sí misma.
-¿Ya has llegado?
Oyó la voz de su abuela a su espalda e intentó limpiar cualquier rastro de aquellas gotas saladas que habían invadido sus mejillas.
-No sabía que estabas en casa –dijo todavía de espaldas, entreteniendo sus manos en la máquina de café para no girarse
-Estaba descansando un poco –Soltó la anciana algo perezosa mientras se sentaba en una de las sillas de la cocina
-¿Y Rubs?
-Se ha ido, ha quedado con alguien al parecer…
-¿Con alguien? –La rubia se dio la vuelta sin ocultar su sorpresa -¿Con alguien en Boston?
-Eso me dijo –afirmó la abuela jugueteando con sus gafas sobre la mesa –Al parecer ahora todos me ocultáis las cosas
-¿Por qué dices eso abuela? –cuestionó Emma sentándose a su lado para coger sus manos
-Por lo rápido que te has limpiado las lágrimas
La rubia agachó la cabeza, sabiendo que sería inútil mentirle en ese momento.
-He tenido un mal día –suspiró
-Antes cuando tenías un mal día te sentabas a mi lado y me lo contabas –La anciana acercó su silla a la de su nieta y levantó su barbilla -¿Es por Regina?
Como si pronunciar su nombre fuese el botón que abría las compuertas de su dique emocional, Emma se echó a llorar en cuestión de segundos como una niña pequeña. Su abuela la aferró contra su pecho, dejando que también alguna lágrima traviesa recorriese sus mejillas.
-¿Tan mal os he criado? -soltó la anciana en cuanto sintió que la rubia comenzaba a calmarse
-Abuela no es tu culpa –murmuró Emma desde su pecho –Yo he nacido así, no…esto no es algo que se pueda evitar…
-No me refiero a eso Emma –dijo la anciana acariciando su espalda –Me refiero al hecho de que creyeses que no me lo podías contar, que pensases que no te iba a aceptar…Por el amor de Dios eres mi nieta –Soltó elevando más el tono, separándola suavemente de su cuerpo para mirarla -¿Tan mal os he criado como para que sintieses que no te iba a apoyar en esto?
Emma se echó a llorar de nuevo, sintiéndose realmente mal por haber ocultado algo tan importante toda su vida. Ver la honestidad en las palabras de su abuela y ese pequeño deje de decepción la habían hecho sentir insignificante a su lado. Su abuela le había demostrado una vez más que su amor por ella iba mucho más allá de cualquier lazo de sangre que pudiese unirlas.
-Lo siento abuela, lo siento –se disculpó separándose de nuevo de ella para volver a entrelazar sus manos –He sido una idiota
-Eso nunca Emma Swan –dijo con ese tono serio y a la vez maternal que hacía que el corazón de la rubia se calentase –Sé por qué lo has hecho, sé que no querías herirme…
-Solo lo hice por eso, te lo juro –intentaba excusarse sin parar de acariciar sus manos
-¿La quieres?
-Sí –respondió al instante, sin vacilación, aunque su cabeza se inclinó levemente hacia abajo –La quiero tanto abuela…
-Amar nunca debería avergonzarnos –La anciana levantó lentamente su barbilla –Es algo que no debes olvidar porque siempre habrá gente que te lo quiera recordar
-Ella me hace sentir tan especial…cuando me mira, cuando me sonríe, cuando me habla, cuando me acaricia…yo creo que su sola presencia me hace sentir especial –sonrió finalmente mirando a la anciana
-Entonces es mucho peor de lo que pensaba –bromeó la mujer –Estás completamente enamorada de ella
-Lo estoy, pero me he comportado como una tonta –Emma soltó un largo suspiro que hizo sonreír a su abuela –Me he equivocado y ahora no sé ni dónde está…
-¿Sabes hija? La vida nos pone a prueba constantemente, casi a diario, y lo peor es que no nos da un manual para saber solucionar los problemas –Dijo golpeando suavemente las manos de Emma –Cuando me quedé viuda mi hija tenía solo diez años…yo no estaba preparada para eso, la vida no me había preparado para pasar por un momento así...y tampoco me había preparado para que mi hija muriese con tan solo treinta años dejándome con una nieta de dos
Emma miró a la anciana a los ojos, aquellos ojos cristalinos que se habían enfrentado a las pruebas más duras que se puede pasar en la vida. Las arrugas de su rostro evidenciaban el paso del tiempo y cada uno de los obstáculos que había tenido que sortear. Mirándola en ese momento, la enfermera se sintió realmente orgullosa y agradecida a la vida por ponerle a alguien como ella en su camino.
-La vida no me enseñó cómo tenía que criar a tres niños cuando ya pasaba de los cincuenta –continuó la mujer –Pero si hay algo que sí me enseñó la vida es que hay que vivirla, siempre –recalcó con ímpetu -como si fuese el último día…porque nunca sabemos lo que el futuro tiene preparado para nosotros –La anciana levantó su mano y acarició la mejilla de la rubia –Esta vez te has equivocado tú y otra vez será ella quien lo haga, pero no pasa nada Emma…en la vida hay que cometer muchos errores para descubrir que lo único importante al final es saber aprender de ellos
Emma se aferró a los brazos de su abuela hundiéndose de nuevo en su pecho, sintiendo que esa era la única forma de expresar su gratitud ante todo lo que acababa de demostrarle.
-Gracias –verbalizó finalmente sobre su pecho
-No nos pongamos más sentimentales –bromeó la mujer golpeando cariñosamente su espalda para que se separase –Y llama a Regina, anda…arreglad las cosas...
-No la encuentro por ningún lado
-Vuelve a intentarlo –la animó su abuela –Y yo mientras te preparará un chocolate como a ti te gusta ¿Te parece?
-Me parece perfecto
Lejos de aquella casa, Regina se debatía entre abrir o no la puerta que tenía frente a ella. Llevaba largos minutos allí, apoyada en su moto, pero finalmente se decidió a dar un paso adelante y entrar. Se abrazó con su propia chaqueta, intentando mitigar el temblor que invadía su cuerpo al sentir aquel olor, aquella humedad, aquel abrumador silencio. Caminó despacio, recorriendo un camino que se sabía de memoria pese a haber estado tan solo una vez allí.
-Te preguntarás por qué he tardado tanto en venir –dijo en cuanto llegó al lugar indicado
