Notas: ¡Aquí está!


XXV

Emily se levanta muy contenta de su cama para un nuevo día en la escuela, teniendo su segundo día de estar formalizada en una relación con Arthur. ¡Es hermoso! Es un sueño que nunca despertará. Anoche le contó a Marguerite por teléfono, ella no suele gritar como lo hace Emily, pero esa ocasión era necesario. Solamente falta ella para tener un pretendiente. Marguerite lo sabe, y no anda apurada, todo en su vida va con calma y concentrada en sus clases de ballet.

Emily baja las escaleras cantando una canción inventada mientras se duchaba. Se despide de su nana, su padre se marchó temprano a trabajar.

Sale de su casa y Arthur la espera afuera con una sonrisa. Se acerca a él.

― ¿Bicicleta?

―Caminando.

Él prefiere caminar y disfrutar de la mañana, tomando la mano tibia de Emily para que caliente la suya, que está hecha hielo. Ella reclama un poco por ello, le da escalofríos.

Las miradas han descendido sobre la pareja al entrar a Thomas Jefferson High School, sobre todo en Emily. Muchas aguantan las ganas de jalarle esos cabellos rubios desaliñados, no soportan la idea de que Arthur Kirkland eligiera a una campesina. ¿Qué tiene ella? Sólo Arthur lo sabe, y quizás Sakura.

Durante las clases, el británico tuvo acercamiento con su pequeño grupo de amigos, a excepción de la japonesa, para ella se le hacía difícil y entender cómo los dos de sus mejores amigos llegaron a ser novios. No está en contra ni nada, pero no entendía. Estaba feliz por ellos, pero ni Emily le contó lo que realmente sucedió para estar juntos. No podía vivir con la incertidumbre, por eso pidió permiso a su amiga estadounidense en prestarle por un momento a Arthur, luego se lo regresaría. Emily no tuvo problemas, después de todo ellos debían retomar la confianza.

Fueron hacia unos muros del patio que cerraban el establecimiento, ahí conversaron y casi Sakura gritó por la historia resumida del acosador de Emily. ¡¿Por qué ninguno le dijo nada?! Primero porque, Emily no quería involucrarla, podría salir herida, y él pensaba lo mismo. Sin embargo, todo acabó y no ha vuelto a molestar. Sakura puede estar tranquila.

Arthur continuó explicándole, más sus razones de haber tratado mal a Emily y cómo llegaron a ser novios.

―Pero eso parece más una obligación que una petición. ―Sakura pensaba lo mismo que Emily cuando Arthur le "pidió" ser su novio a la última.

―Lo sé. ―él ya lo sabía, no era necesario recordárselo.

La asiática surcó los labios. Todo estaba solucionado y entendido, así que un abrazo no haría mal.

Luego Emily apareció uniéndose al abrazo, no quería quedar fuera, y no era porque los estaba espiando. Quería asegurarse de que los dos arreglaran el malentendido.

Levantó en brazo a Sakura y la giró en el aire y la presionó contra su cuerpo. Emily sonreía. Sakura quería que la bajara, se estaba mareando. Arthur liberaba sencillas risas.

Todos felices, como debe ser.

.

Aprovechando el segundo receso, Emily quiso estar a solas con Arthur, sentados en el césped alejados de los demás muchachos, Sakura se encuentra acompañada de los demás para que no estuviera sola, tampoco la dejarán de lado por ser novios ahora. Claro que no, todo seguirá como antes.

―Está saliendo un poco de sol ―Jones levanta la mirada al cielo siendo seguida por la del inglés, preguntándose si para esto quería estar solos―. Hay algunas cosas que aún no te he contado de mí.

Arthur arquea una ceja interesado, aunque no sabe que más debe saber de Emily. ¿Hay cosas que aún no conoce?

―Mi cumpleaños~. ―canturrea finamente dándole una sonrisa. Es verdad, Arthur no sabe su cumpleaños.

― ¿Cuándo es?

― ¿Nadie te lo dijo? ―pensó que él tenía esa información, ¿qué clase de novio es? Bueno, Arthur le niega con la cabeza― ¿Ni Sakura?

―Apenas empiezo a retomar mi amistad con ella, cachetona.

― ¿Cachetona? ¡Yo no tengo las mejillas grandes! ¡Ayy~! ―ante su reclamo, Arthur le estira las mejillas con sus dedos sin hacerle daño, pero de todos modos Emily se queja hasta quedar libre. Se acaricia entre sollozos― Mis mejillas…―le quedan algo rojas.

El londinense cruza los brazos teniendo en mente que su acción no fue tan mala, estirarle las mejillas a la americana fue divertido. Retomando…

―Bueno, ¿cuándo es tu cumpleaños? ―dirige sus ojos verdes a la chica, ella le espeta molesta mientras se frota el rostro― Vamos.

Emily no tiene muchas ganas de decirle, pero en fin. Carraspea la garganta tomando aire y egocentrismo.

―Es el día más patriótico de mí amado país.

― ¿Halloween? ―quiere molestarla un poco más, pero vamos, sólo es una broma― ¿Cuatro de julio?

La rubia confirma con la cabeza, retomando su compostura en interesarse por el cumpleaños de Arthur.

― ¿Y el tuyo?

―Veinte y tres de abril ―responde, curvando los labios―. Por ende, soy mayor que tú.

¿Mayor? No es la gran cosa, aunque…Arthur será mayor de edad primero que ella, y ella seguirá siendo una niña hasta su fecha, podría tomar maldades y buenas jugadas contra él. Emily, eres tan inteligente. No obstante, tendrá que comprar primero el regalo. ¡Rayos! Y para colmo tiene que pensar qué regalarle… Se deprime.

Arthur no entiende, le pregunta si tiene algo más que decirle que sea desconocido para él. Emily únicamente le toma el brazo, y se apega a él. No tiene nada hasta el momento, no recuerda más.

― ¡Ay! ―Arthur chilla al sentir un tirón en su labio inferior.

―Eso es por las mejillas. ―se vengó.

.

Todo continúo sin nada nuevo ni novedoso, tan sólo los recordatorios de Arthur hacia Emily sobre estudiar para el último examen de historia y geografía. No era necesario, ella lo sabía muy bien. Lo bueno de todo esto es que estudiará con su novio, ¿sería diferente? A lo mejor será menos antipático.

Cierto, si hubo algo novedoso, la estadounidense pudo acceder al entrenamiento de Arthur, él conversó con el entrenador. Emily debía quedarse quieta y no intentar nada absurdo sobre todo con sus ideas de ir a salvarlo de la pelota, o que la pelota era la reencarnación del mal. Sólo quieta, surcando los labios cada vez que su príncipe o "princeso" se acercara al arco. Pudo celebrar unos cuantos goles, emocionada con ir a ver por segunda vez un partido de su inglés, para él sería el partido número…perdió la cuenta, pero tendría tres más para entrar a la final, animándola aún más ser su porrista número uno, sin decir que Elizaveta y Sakura fueron sus espías ente la información de cada partido que no pudo asistir. También él puede ir a verla a los partidos de béisbol, se encontraban cerca de cuatro partidos más. Y hoy no tuvo entrenamiento.

Arthur la invita ir a su casa, es temprano, puede avisar a su sue-el señor Jones que regresará un poco más tarde. No debe preocuparse, él la irá a dejar completamente con todas sus partes, no le faltará nada.

Emily avisa a casa mientras caminan a la residencia Kirkland. Tiene en duda si la familia de su novio sabe de la relación. Arthur le dice que sí, omitiendo la actitud de su madre. Solamente la lleva a ver la reacción de ella, si bien, se llevan bien, quizás está molesta porque a Emily la veía como la amiga de su hijo o la esclava de su hijo y eso era todo. Debió ser por la impresión.

Si platican, todo se arreglará. Tampoco es tan terrible.

Apresuran el paso.

― ¡Espera, no puedo caminar tan rápido! ―puede tener extensos pasos, pero Arthur camina demasiado acelerado que ni lo alcanza. Éste da la vuelta sin ninguna expresión.

―Para correr eres increíble, pero para caminar eres un desastre. ―es sincero.

― ¿Cómo puedes tratar así a tu novia?

―Porque eres mi novia ―respuesta precisa dejándola confundida―. Tampoco te trataré como florecilla. Anda, camina.

―Troglodita. ―bufa con desprecio prefiriendo alejarse del inglés. Porque es su novia, ¿tiene que tratarla como se le da la gana? ¿Qué cambio hay de ser su esclava a su novia? ¡Nada! ¡Todo sigue igual!

―Iremos a tu velocidad. ―de repente su mano es sostenida por la persona de sus pensamientos. Alza la vista, topándose con una sonrisa pequeña. Es imposible negarse ante esa sonrisa.

Entran a la casa del mayor. Lo primero que presiente Arthur al llamar a las personas de su familia, que no se encuentran. Su madre de seguro llegará más tarde por tantos pacientes, y su hermano mayor…tiene muchas teorías al respecto, bastante predecible. Ahora que lo piensa, ser predecible viene en los genes.

―Bien ―suspira descansando su bolso y el de Emily sobre un pequeño sofá―, estamos solos. ¿Quieres hacer algo?

¿Están solos? ¿Solos en la casa de su novio sin ningún adulto responsable? La rubia se enrojece por las miles de imágenes sobreimaginativas.

Dos chicos solos en una casa con habitaciones. Dos jóvenes, dos adolescentes fuera de la pubertad, donde las hormonas en escasas ocasiones hacen caso a su dueño. Dos adolescentes solos en una casa.

―Bu-Bueno yo… ―Emily no sabe qué responder.

― ¿Quieres ver televisión? ―Arthur se aleja tomando el control del televisor sobre la mesita de centro, encendiéndolo. Dirige la mirada hacia ella― Te puedes sentar, mientras serviré unas tazas de té.

Se siente estúpida y pervertida.

Hace una pequeña sonrisa, optando por una taza de café. Enseguida se sienta en el sofá esperando al rubio con las respectivas bebidas, entreteniéndose con las caricaturas de los canales de estos. Arthur toma asiento a su lado dándole la taza de café, no trajo nada para comer, de seguro su madre preparará algo después. Deben acumular el hambre.

―Dime Arthur, ¿qué deseas estudiar? ―pregunta de la nada la estadounidense, bajando sus manos sosteniendo la bebida. Su rubio de ojos esmeralda la mira confundido― ¿Qué harás después de terminar la escuela?

Eso, vaya. Arthur da un sorbo rápido a su té.

― ¿Qué deseas estudiar tú? ―cambia, pensando tal vez que Emily estudiará en una escuela para payasos o cómo obtener poderes siendo picada por una araña. Ella se ve mejor en una escuela para modelos. No, todos los hombres la mirarán. Frunce el ceño y lo hace desaparecer al oír la respuesta de la americana. Quiere estudiar derecho, para luchar contra las injusticias y enviar a la cárcel a los criminales― Interesante. ¿Qué universidad?

―La Universidad de Virginia. ¿Y tú? ―ya tiene todo planeado, hasta su padre le comprará un pequeño departamento cerca de la facultad, para no quedarse allá compartiendo habitaciones. Emily debe independizarse, aunque ya lo es. Sólo le falta sacar el permiso de conducir y será feliz teniendo a Arthur consigo estudiando en la misma…

―Tenía pensado estudiar en Inglaterra, en Cambridge.

― ¿Eh? ¿Me vas a dejar? ―su sueño se arruina. Arthur sabía que Emily se pondría de esa manera, no podía mentirle que deseaba estudiar en este estado o país. Como contestación, sube y baja los hombros, lo que puede hacer es ver qué universidad tiene su carrera― ¿Y de qué?

―Literatura antigua.

― ¿Y en qué te va ayudar? ―no entiende, es sincera, y por esa sinceridad y pregunta torpe mezclada con la burla, Arthur le jala las mejillas. No puede creer que su propia novia le haga esa pregunta poco inteligente, obvio que le servirá.

La suelta escuchando sus lloriqueos, y observando el frote de los pómulos.

Está un poco enojada, no le agrada lo que hace el mayor con su rostro. Terminando se acariciarse, gira hacia él.

―Pero… ¿en serio te irás?

―No lo sé, lo pensaré. Tal vez busque alguna universidad de este estado ―eso le da esperanzas a Emily en no tenerlo tan lejos―. Oye, ¿tú no tenías trabajo? ―recuerda al segundo después, se supone que ayer tuvo que trabajar ¿no?

―Estoy cesante, lo dejé ―sonríe―. Ahora sé que mi novio cubrirá mis gastos.

―No estamos casados, no te aproveches. ―ni aunque fuera su marido pagará sus gastos. Todas las mujeres son iguales, se aprovechan de uno cuando son débiles. Da un sorbo a su taza de té, sin marcar alguna expresión.

Emily repite la acción con el café, mirando la televisión. ¿Qué más pueden hablar? Estar en silencio no es tan incómodo estando en pareja con Arthur; es una sensación extraña y tranquila. Hay algunas cosas que no ha dicho aún, como el sueño premonitorio. ¿Debe contarle? Lo puede hacer sonrojar. ¡Entonces sí!

―Oye Arthur, una vez soñé contigo ―va directa al grano, haciendo escupir al nombrado―. Estabas dentro de mi sueño.

¿Él? ¿Dentro del sueño de Emily? ¿Qué sueño? ¿Qué cosa soñó y cuándo fue?

― ¿Recuerdas ese día que actuaba extraña? Cuando tus fanáticas nos persiguieron ―aclara ante el desconcierto de Arthur y su rubor―. Bueno, fue un sueño premonitorio.

Ahora está más confundido. ¿Un sueño premonitorio? Debió haber sido una pesadilla, ya que en ese tiempo los dos se odiaban. Le dice que le cuente.

―Pues…se supone que en ese sueño, hubo una segunda persecución cuando tuve que atarte los cordones de tus zapatos. Corrimos, nos escondimos en un cuarto que parecía de aseo.

― ¿Qué sucedió ahí? ―espera que no sea lo que está pensando. Hasta los sueños de Emily son difícil de predecir. Y viendo el semblante cohibido que dibuja ella, no parece nada bueno. Por favor, que no sea nada relacionado con estar disfrazado de pirata, Sakura lo ha molestado mucho con ello con la última vez que la acompañó a un evento otaku. Nunca más lo volverá hacer, todas las féminas adolescentes se le lanzaron encima por su actitud malvada y sexy. Y si Emily lo vistió de pirata, la respuesta es, Sakura no guardó el secreto.

―Juro que antes de esos días y en ese momento te odiaba, pero ese sueño… ―explica rápidamente, dando una pausa teniendo toda la atención del británico. Que no sea de pirata― Te acercaste y casi me diste un…beso.

Al menos no fue de pirata.

¡¿Un qué?!

― ¿Por qué…ca-casi? ―sabe que se ve idiota tartamudeando. Él jamás soñó con algo así, ni por ambos lados. No puede creer que él la haya casi…

―Porque desperté y no se consumió. ―borra el sonrojo de sus mejillas, actuando normal. Ahora Arthur comprende por qué fue un casi beso, pero algo no le calza bien, pues tiene entendido que los dos se odiaban en esos días, ¿por qué ella en el sueño no hizo algo para defenderse?

― ¿Y por qué no me golpeaste en tu sueño? ―pregunta, dejando la taza sobre la mesita de centro.

―Am…no pude ―silencia. Los dos se quedan mirando, para el inglés no le basta esa razón―. Me pusiste nerviosa Arthur, ¿qué querías que hiciera mientras me tenías acorralada en ese cuarto tan pequeño y oscuro? ―¿cuarto pequeño y oscuro? ¿Acorralada?― Bien, me acorralaste después de una conversación y llegaste a la conclusión que tú me gustabas. Yo me negué, porque era cierto en ese entonces. Bueno, y te acercaste lentamente con una sonrisa de querer…besarme.

Kirkland parpadea tratando de conectar cables, un tanto ruborizado. Así que por ese sueño Emily actuaba tan extraña en esos días, intentando distanciarse para no gustar de él, lo que fue todo lo contrario. ¿Sería bueno arrepentirse de entrar en su sueño? No estarían juntos. De todos modos nunca fue un beso concreto en el sueño, sólo en la vida real. Un momento, ¿no se concluyó el beso? Conociendo más a su novia, le hubiera gustado.

Lo piensa antes de hacerlo. Se repite una y otra vez que Emily es su novia y puede hacer lo quiera con ella, con límites por supuesto. Decide inclinarse hacia adelante, frente a la rubia, quien le mira desorientada, mientras Arthur se acerca. ¿Qué trata de hacer? Hacer la recreación del beso. ¿No lo quiere?

La verdad sí, pero no fue en el sillón.

Arthur le coge la mano y la lleva a la pared más cercana. Recrear la escena del sueño.

― ¿Quieres consumir tu sueño? ―Emily se pregunta de dónde su ogro sacó esa actitud tan sensual. Sólo acierta automáticamente con la cabeza― Actúa como en el sueño.

Si eso quiere él…

―Te romperé la cara, Kirkland. O Algo así dije… ―la verdad no recuerda muy bien sus palabras, únicamente el hálito de Arthur que se acercaba de manera lenta. Por Superman, como lo está haciendo ahora. Cierra los ojos enseguida sin estirar los labios hacia adelante, ya que en el sueño no lo hizo. Tiene que recrear la dramatización.

Espera ansiosa, no nerviosa como en su sueño. Era espantoso sentir todas esas sensaciones acumuladas en el estómago, mas no ahora. Siente los labios de Arthur posados en los suyos y se mueven con cuidado. Emily levanta los brazos, deslizando las manos por las prendas del torso de su chico hasta llegar al cuello. Lo abraza. Quizás el beso del sueño no hubiese sido el mismo, sería más corto y sólo una presión de labios, no con amor. En el sueño, para Arthur era un juego de molestarla con que gustaba de él.

Realmente gusta de él.

Se separan y toman aire, manteniendo sus ojos en vista del otro sin desvíos.

―Mejoraste.

―Para que veas. ―con el halago, su personalidad tiene una exagerada exaltación surcando una sonrisa. Con ello se puede decir que besa perfecto. Mejorará más, y le dará muchas sorpresas a Arthur, cómo en este instante, mordiéndole el labio inferior.

―Suéntame en nabio. ―es imposible pronunciar la "L", sin embargo se entiende su manifiesto ante la negación de Emily con soltarlo. Para ella es divertido.

Lo suelta al oír un maullido aproximándose.

― ¡Iggy bonito! ¡Mi bolita de pelos! ―exclama emocionadísima soltando el labio de Arthur, quien gime por el dolor. Pudo haber sido suave al liberarlo. Agradece a su gato por aparecer, pero no por robar la atención. No son celos― ¿Cómo estás pequeño?

―Él ha estado igual que siempre. ―responde Arthur, observando a Iggy en los brazos de Emily y pegado a sus pechos. Esto no le agrada.

―Te extrañé. ―acaricia a Iggy con sus mejillas.

Luego del amor americano hacia el felino, vuelven a sentarse en el sofá, claro que…con un estorbo. Iggy sobre las piernas de Emily. Arthur tiene que soportar, sólo es un gato, un animal, su mascota, no un hombre; humano técnicamente.

― ¿Qué fue eso de no tratarme como florecilla, Artie? ―escucha su nombre sonando como un niño de kínder― ¿Me golpearás? ―otra pregunta más, advirtiéndole que su padre tiene un rifle y es un maestro con el hacha. El londinense maneja muy bien esa información del rifle, pero no del hacha. Tiene más razones para temer al señor Jones.

Sonríe por las preguntas de su campesina.

―Emily, Emily. ¿Cómo se te ocurre que te voy a golpear?

―Es lo que entiendo, e Iggy también. ―la mascota del rubio maúlla apoyándola de verdad.

Arthur bota un suspiro.

―A lo que me refiero, te trataré como tú eres ―Emily arquea una ceja, se siente enredada―. Te explico, la gran mayoría de las chicas tratan de gustar lo que me gusta. Si me gusta el queso, a ellas también. Si no me gusta el queso, ellas harán lo mismo.

―A mí me gusta el queso.

―A mí no.

―Pero a mí sí.

―Eso es lo entretenido ―la misurence ya entiende, quiere discusiones, ¡pues ella ganará! Aunque no es precisamente eso―. Tampoco me gustarán las cosas que te gustan a ti, quizás hay compatibilidades, pero no quiero que ninguno de los dos cambie para caer bien al otro, o que me sigas. Algunas veces te trataré como un chico, otras como mi novia, otras como mi mejor amiga, otras veces como… ―da una pausa, tragando saliva.

― ¿Cómo qué? ―se cuestiona levantando una fina ceja, observando con atención lo siguiente con respecto al tipo de trato hacia su heroica persona― ¿Cómo bruja? Te hago trizas los dedos, Arthur. ―frunce el ceño y toma las manos del rubio, amenazante. Lo espanta, apresurándolo a contestar.

―Como…doncella. ―su boca tropieza un poco, coloreando sus pómulos. El joven que la acorraló en la pared ahora es tímido, entender la personalidad de Arthur para ella todavía es difícil. ¿Qué importa entenderlo? Sólo tiene que quererlo, mimarlo y amarlo, ¿no es así? Además, siendo llamada doncella, el corazón le late rápido. Ella es la doncella de Arthur. ¡Que lindo!

Arthur tose levemente, prosiguiendo mientras las manos de Emily se relajan sin soltar la suya.

―Obviamente, debo ser responsable contigo, cuidarte y… ―de repente se percata que los azules de la estadounidense brillan, es la emoción de sus palabras amorosas― lo que en general haría un novio con su novia.

Emily acierta con la cabeza totalmente sumergida en fantasías Disney, tan sólo le falta que le pida matrimonio, aunque muy temprano para ello.

Arthur la mira, y baja la mirada a su mano todavía sostenida por las dos de su querida campesina. Sonríe sin exagerar, tomando una de ellas con delicadeza, acercándola a su boca. Besa el dorso de la mano de Emily que pronto estallará por tantas emociones juntas en su cuerpo. Arthur está siendo demasiado lindo, y ser demasiado lindo debería ser un delito. La chica se muerde el labio, resistiendo su explosión.

Su mano se aleja del rostro del inglés. Éste le regala una mirada de reojo.

―Me gustan las chicas fuertes y con sentimientos, no precisamente americanas campesinas pero… La vida da sorpresas. ―remata.

Jones frunce la boca, convencida ante su poder de no explotar. Su mano es soltada, siendo un buen momento de respirar profundamente para calmar sus sentimientos. Tiene tantas ganas de tirarse encima de su novio…

Respira hondo y gira su cara hacia Arthur.

―Yo también te cuidaré. ―radiante con una sonrisa a todo esplendor, Arthur se la devuelve acompañado de que la espere un momento, yendo al segundo piso de la casa. Emily queda extrañada, ¿qué le traerá? ¿Por qué nadie más no llega todavía?

De regreso, el británico se acomoda en el sillón, al lado de la norteamericana, sosteniendo un álbum de fotografías. Antes de abrir, Arthur le pregunta si lo quiere conocer de pequeño.

― ¡Sí quiero! ―acierta espontánea. En tanto Iggy, se hace a un lado para relajarse.

Arthur comienza a mostrarle las imágenes del álbum, la mayoría estando en Londres y en algunas ciudades de Inglaterra, también algunas de Estados Unidos. Aquí aparece con Sakura, es obvio; otras junto a Antonio y Gilbert haciendo tonterías. En esas tonterías, a Emily le llama la atención. ¿Tenían una banda de rock?

―Sí, pero duró un año. Gilbert quería ser solista.

―Veo que no funcionó.

―Él no canta, grita. Se veía mejor de baterista.

―Sakura me contó que tocas guitarra.

―No es la gran cosa.

― ¿Un día podrías tocarme? ―Arthur la mira descolocado y sonrojado. Emily entrecierra la vista, disgustada― La guitarra. ¡Eres un pervertido!

― ¡No lo soy! ¡Tú pensaste en esas cosas! ―se defiende enseguida sin bajar el colorete del rostro, al igual la de cabello rubio― Y sí, algún día te podría tocar…la guitarra.

Luego de esa pequeña discusión de quien es el/la más pervertido entre los dos, prosiguen observando las fotos de cada página. Emily pide ver las de Arthur bebé. Esas se encuentran al final, de ahí para atrás aumenta en edades, así que la primera foto es del día uno de vida en el hospital. Emily suelta un "Awww~" prolongado, por supuesto botó otro más al ver a Iggy demasiado pequeñito. Arthur le cuenta que su padre lo halló en la calle, apenas tenía un mes de vida. En ese entonces él tenía once años, dos años antes de que partiera.

Emily no quiere ser desubicada, pero le gustaría saber de qué murió el padre de su enamorado. Si es incómodo, se disculpará. ¿Falleció de alguna enfermedad?

―No fue ninguna enfermedad ―disminuye el volumen de su voz y el rostro, poniendo tensa a la misurence, creyendo que tal vez fue un atropello o un balazo―. Se quitó la vida.

Ella no lo sabía, ¿por qué tiene que ser tan entrometida? No es como su situación, por Dios, el padre de Arthur se suicidó.

―No es fácil para un niño de trece años, ¿sabes? ―se atora por la presión en su garganta, resistiendo a la idea de cristalizar sus orbes verdes. Emily se siente como una tonta― Sobre todo cuando vienes de la escuela y encuentras a tu padre ahorcado en la cocina, en Inglaterra.

No puede ser cierto. Un Arthur de trece años…ahí…viendo… No.

Ve al inglés barrer una lágrima en el parpado derecho. Es una tonta e inútil, no debió sacar el tema, está haciendo sufrir a quien dice amar. No debió sacar un tema tan doloroso. Su garganta se aprieta, su pecho arde, sus ojos quieren llorar, quiere gritar, siente todo el dolor contenido en las iris verdes. No quiere imaginar cómo debió ser ver todo eso. Se siente impotente, no está segura cómo consolar a Arthur, él se ve tan integro; ¿qué debe hacer o decir?, se siente culpable por provocar y revivir el dolor de esa perdida. Sólo atina con sus brazos a envolver fuertemente al británico tratando de contener todo el dolor y pedir disculpas.

―No te preocupes, tenías que saberlo. ―aspira profundo sintiendo su cuerpo tembloroso, mientras que las manos de Emily le acaricia la espalda para después distanciarse pocos centímetros a observarle el rostro. Desliza sus pulgares por debajo de los ojos de su inglés, un tanto húmedos. Tiene la nariz sonrosada. Suelta una pequeña sonrisa.

―Si te sirve de algo ―menciona―, sabes que mi mamá falleció cuando tenía tres años; sólo la conozco por fotografías; fue por anemia.

―No digas que eso me sirve de algo; un ser querido que fallece a nadie le sirve de algo, menos como consuelo.

―Sólo quería…

―Está bien ―no desea continuar con el tema, es demasiado fuerte y ya ambos conocen partes de sus vidas, no es necesario seguir, les hará mal. No vinieron aquí para deprimirse. Rodea con sus brazos a Emily un momento y le besa la frente―. Sigamos viendo las fotos, ¿te parece?

Es lo mejor para distraerse y alegrar el ambiente.

Arthur cambia la página, y aparece su reflejo de seis años desnudo corriendo alrededor de una laguna. De verdad, mostrando todas sus partes. ¿Qué razón tendría Arthur para correr así en público? Emily entiende que a los niños les gusta estar desnudo para bañarse, tiene experiencia propia con su primo John –la cual no comprende cómo llegó a transformarse en alguien tan pudoroso, matón y gruñón-.

―No tenía traje de baño. ―excusa, un poco avergonzado, además no era el único niño desnudo.

―Bueno pero… ―la estadounidense baja la vista azul a la foto otra vez, soltando cortas risillas― la tienes pequeñita. Es una cosita así~.

―No te rías ―oh vamos, era pequeño, todos las tienes pequeñita cuando son niños. No se burle. Se sigue burlando―. Ya verás cuando te toque.

― ¿Qué cosa? ―no logró oírlo por sus risas.

―Nada, no dije nada. ―prefiere mantenerse callado, ella puede golpearlo.

Arthur desvía la mirada al escuchar el ruido de la puerta abrirse. Entra su madre sin divisar a la invitada sentada en el sofá. Cierra la puerta.

Arthur se pone de pie tomando la mano de Emily a que haga lo mismo, depositando el álbum de fotografías en aquel sofá. El rubio habla calmado, nombrando que Emily vino aquí. Ella saluda alegre, mostrando educación, a pesar de que la señora Kirkland ya la conoce, no obstante no para felicitarla en ser la pretendiente de su hijo menor.

Le había dicho a Arthur que no la quería bajo su techo por ningún motivo, ¿acaso es sordo? ¿No entiende bien que no la quiere cerca, ni de ella, ni de Arthur, ni de toda su familia? Le era suficiente con que fueran amigos; ser novios no puede permitirlo. Los Jones no pueden vincularse con los Kirkland, no otra vez, ni mucho menos que la historia se repita.

Emily entrecierra la boca, la situación no calza en su cabeza. ¿Qué pasa, por qué de repente la madre de Arthur la trata mal? ¿Será genético esa actitud de ser bueno un día y al otro malo? No se siente bien…

―Mamá, ¿por qué no me quiere escuchar? Le pido que conversen y se conozcan, no puede tratarla de esa manera. ―al menos Arthur la defiende. Eso es bueno y de hombre.

―La conozco lo suficiente, es una campesina. La quiero fuera de mi casa, Arthur.

―Señora ―Arthur ladea la cabeza hacia Emily, quien habló―, con todo respeto. Puedo ser muy campesina y estoy orgullosa de ello, y a pesar de eso, amo a su hijo. Que sea campesina no significa que sea ignorante o poca cosa, puedo hacer feliz a su hijo, y no quiere decir que me vaya a casar con él. Y seré una gran abogada.

―Emily… ―susurra el inglés, asombrado.

―Sácala de aquí, Arthur. ¡Ahora! ―simplemente no puede soportar a esa niña Jones, tan habladora que ni conoce su historia. Si su hijo no la saca de inmediato, no responderá después. Está enfada e irritada, sólo quería descansar de un arduo día en el hospital, y se yace con esto, y más cuando Arthur no le hace caso― ¡Si no lo haces, Arthur, juro que lo haré yo!

― ¡Escuche, señora! ―Emily también alza la voz, pero Arthur la jala caminando a la puerta, donde la mujer está parada allí. Arthur no quiere que se sigan gritando― ¡Voy a estar con Arthur le guste o no! ¡Arthur está saliendo conmigo, no con usted!

Es la bomba que estalla. Arthur apresura en salir de su casa, los dos, dejando a su madre estática y más enfurecida que antes. Esa mocosa granjera le faltó el respeto. Por nada dejará que sigan juntos, no pueden estar juntos. Sea o no sea así, sin confirmar por completo de que esa mocosa lo sea, tiene que alejarla, porque ella le arruinó todo de su vida.

.

Emily entra a su habitación después de la larga despedida con Arthur. Él se disculpó por el mal momento, se sentía pésimo, nunca pensó que su propia madre tratara de mala forma a su novia con argumentos pocos inteligentes. No quería faltarle el respeto, pero era la verdad. Todo se tensó y se salió de control cuando Emily le gritó a su madre, debió salir de sus casillas defendiendo lo suyo. Él no podía estar en ninguno de los dos bandos, una era su madre y la otra su novia. Era difícil elegir, tampoco podía ni puede hacerlo; lo mejor sería estar al lado de Emily y resistir lo suficiente hasta que la relación se desgaste como todas en el mundo. No podía terminar con ella recién saliendo unos pocos días, le rompería el corazón, y esta vez Sakura sí lo mandaría al diablo. ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? Un problema tras otro. Primero el psicópata y ahora esto. Tendrá que conversar con su madre después, no hay más opción para apaciguar las cosas. No puede tratar así a Emily, ella no le ha hecho nada.

Lo que más lo descolocó y lo puso nervioso, fue oír que Emily lo ama. Es la primera vez que la oye decir aquella profunda palabra. En estos días sólo se han dicho "Te quiero" o "Me gustas". Por parte suya, de su boca siempre sale la primera. No sabe si está preparado en decirle que la ama, menos con este problema. Vladimir podría ayudarlo.

Ojalá Emily tenga un buen sueño, claro que con lo vivido el fruncido del rostro no desaparece ni al ver la televisión sentada en su cama. Tiene rabia, mucha rabia, necesita liberarse pero no puede romper nada de su casa, y el consuelo de Arthur no le ayudó mucho al dejarla a casa.

Sabe que su nana notó su semblante al entrar rápidamente a su dormitorio, vendrá en cualquier minuto y le preguntará por su parte y por parte de su padre.

Suspira. No tiene ánimos de ir mañana a clases, que se ausente un día nadie morirá, quizás Arthur al extrañarla.

Escucha pasos acercarse y su nana golpea la puerta –lo sabía- y la cierra, preocupada.

― ¿Qué sucede, pequeña? ―camina a sentarse en la orilla de la cama, frente a la nombrada que cruza las piernas en posición india.

― ¿Papá te mandó?

―Sí, pero por otro tema ―explica―. Primero quiero saber qué te ocurre. Te ves triste y enojada, mi heroína.

―Es que… ―si no puede golpear nada, tiene la opción de desahogarse― Fui con Arthur a su casa a que me presentara como su novia a su madre. Y ella me tiene manía, me odia, le irrito y no sé por qué. Al principio nos llevábamos bien, y cuando me transformé en la novia de Arthur, fue otra persona, nana. Me trató pésimo, y yo le grité. Ella me gritó primero. ―apresuró en decir lo último.

― ¿De qué forma te trató mal?

―Mal. Me dijo que soy una campesina, que no tengo futuro, que no soy la indicada para su hijo…ese tipo de cosas ―baja el rostro, y su nana le pregunta si Arthur hizo algo al respecto―. Intentó apoyarme, pero como vio que las cosas se salían de control, prefirió dejarme acá.

Bueno, el joven Kirkland hizo lo correcto antes de que se desatara lo peor. Su pequeña granjerita tendrá que lidiar con la mala suerte de tener una suegra no amable, es natural para tener experiencia en lo largo de su vida. Sólo tiene que ser fuerte y no atenuar ante nada. Si Arthur quiere seguir con ella, ella también debe hacerlo. Su consejo hacer sonreir un poco a Emily.

Entonces, es hora de ir a lo que ha venido realmente, lo que le pidió el señor Jones hacer por él, porque para él le es imposible. Incluso al decirle a Esther se colocó nervioso. Para un padre, no es fácil con una hija. Por suerte tiene a su 'asistente personal'.

―Bien cariño, debemos hablar de un tema muy importante, ahora que tienes novio. ―menciona la señora.

― ¿Esta vez sí te mandó papá, cierto? ―sí.

La nana de Emily respira profundo, tomando las cálidas manos de la menor.

―Sé que es tu primera relación, cariño, y por eso mismo no tienes que llenarte de fantasías y que te ciegues para dejarte llevar. ―va lo más despacio posible sin tirar la bomba completa.

― ¿Adónde quiere llegar, nana? ―sin embargo Emily, comienza a sospechar.

― ¿Recuerdas "las charlas" con tu papá? ―pregunta, y la de ojos azules acierta con la cabeza, presintiendo que será algo parecido al casi-fracaso de su padre con "la charla número uno" y "la charla número dos"― Bien cariño, esto es lo mismo pero más a fondo, y tú no querrás contarle a tu padre si un día llegar a tener relaciones sexuales con Arthur.

―Ad-A-Ad, ¿qué? ―se siente desacomodada totalmente; aturdida, desorientada, sonrojada, nerviosa, temblorosa, una gran cantidad de sensaciones que la tienen sin poder hablar. En la casa de Arthur se sintió estúpida y pervertida, ¿y su nana sale con esto?― Pe-Pero nana…s-sólo llevamos dos días…

Es imposible…

―Te entiendo, y quiero que tengas confianza en mí para todas tus dudas, y que comprendas que los hombres son diferentes a las mujeres ―acaricia las manos de la norteamericana con un calor afable, mostrando una sincera sonrisa, notando que la incomodó. Es natural―. Quizás transcurran seis o siete meses o un año como máximo, y en ese lapsus de tiempo posiblemente Arthur te lo va a pedir, y quiero que me cuentes, mi granjerita ―oh, por Superman, Emily se quiere morir―. No soy tu madre, pero soy tu única figura materna, tenme confianza. Puedes contarme; si quieres cuidarte con algún anticonceptivo, me lo dices e iremos al ginecólogo. No creo que deseas que tu padre te lleve, ¿verdad?

Emily continúa tartamudeando tratando de concentrarse, mas es…no se puede. Su nana le da unos segundos para que respire con calma, tiene calor, de repente la temperatura aumentó. Sacude un poco la cabeza y se toca la sien, ¿qué debe contestarle a su nana? No puede decirle que no se preocupe, ella es una inexperta en el tema, y es mejor recibir consejos de alguien como su nana. ¿Su madre le diría lo mismo? Sí, lo haría.

E ir con su padre al ginecólogo sería vergonzoso. La primera y última vez que fue la llevó su nana a una ginecóloga, tenía trece años. Solamente era una revisión de que si tenía algún problema en su órganos internos, algún quiste que podría desarrollar con el tiempo. Por suerte estaba sana. Pero…

―Pero nana, de todas formas no estoy pensando en… ―no sabe cómo pronunciar la siguiente palabra para que no suene feo― eso con él. Ni siquiera sé si duraremos tanto juntos.

―Lo sé mi amor, pero uno de los dos debe ser responsable, si ninguno lo es… ―queda en silencio para que Emily complete la frase. Ella entiende, y tímidamente surca los labios.

―Si llega ese momento, te lo contaré, nana. Pero no le digas a papá. ―mucha confianza podrá tener con su progenitor, pero con un tema tan íntimo, quizás no sea tanto. Las dos sueltan unas risas suaves.

Luego de unos cuantos consejos más hacia Emily, para que aprenda lo que debe y no debe hacer, la mujer se pone de pie y camina a la puerta sin abrirla.

―Y una cosa más ―no puede olvidar lo más importante proveniente del tiempo de su abuela―, aunque el joven Arthur se vea responsable y confíe en él, siempre debes negar a cualquiera que diga "sólo la puntita", ¿de acuerdo?

―…me estás avergonzando. ―con tanta información le es suficiente.

― ¿No confiarás en una mujer con experiencia? ―se siente ofendida posando las manos en su cintura.

―N-No dije eso… ―no vale discutir. Suspira― De acuerdo, nana.

―Y siempre usa la cabeza, piensa antes de actuar. ―sabio consejo, para marcharse al fin.

Emily exhala nuevamente, cansada. Hoy fue un día bastante raro, la mitad del día es su favorito, la otra no.

Se queda pensando un momento en las palabras de su nana y en Arthur. Una duda se le cruza por la mente.

―Arthur tuvo novia… ―ahí va con el inicio, sacando conclusiones de que quizás tres meses son suficiente para…― ¿será casto?

¿Debe preguntarle un día de estos? Son novios, tiene que saberlo.

Se cruza de brazos. Las mejillas se ruborizan. Lo mejor será dormir, mañana no irá a clases.

.

.

.

¿Cuántas veces le dijo a Arthur que no deseaba a esa niña en su casa? Dio sus razones, las suficientes para no aceptarla. Para Arthur no son comprensibles, no son razones para odiar a su novia. ¿Qué le hizo, maldita sea? ¿Qué le hizo?

Arthur no lo sabe. No sabe nada, no tiene idea. Si continúa enredándose con esa niña Jones, lo va a lamentar. Va a sufrir, como ella sufrió por culpa de esa niña.

Dice por última vez que saque a Emily de su casa, pero Arthur vuelve a reusarse, tan sólo quiere una explicación que él pueda entender y no la molestará más. ¿Qué tan complicado puede ser? Mucho, no sabe cuánto.

Asteada, lo hará por su propia cuenta. Apresura el paso hacia Emily, empujando a su hijo a un lado.

Arthur ve desconcertado como su madre agarra de las prendas a su campesina, y se aterroriza cuando un cuchillo carnicero va acercándose al abdomen de la rubia. ¿De, de dónde lo sacó?

Reacciona rápido, pero unos brazos lo atrapan debajo de los suyos.

― ¿Scott? ¿Qué estás haciendo? ¡Maldita sea, suéltame!

―Ella está haciendo lo correcto.

― ¡Suéltame! ¡Emily!


N/A: Creo que estaré actualizando cuando pasen dos semanas, ¿será mejor así? Para dar más tiempo a aquellas personas que desean leer y no atrasarse.

Les había dicho antes que tomaran atención al padre de Arthur. Pobre Arthur. Esta idea la tomé de un amigo, pero su padre no se mató, lo intentó frente a él cuando era un niño.

Por cierto, la escena de "la charla", fue experiencia propia con mi mamá, sólo que, yo no me avergoncé. Siempre hay que tener confianza con la madre.

En fin. Ojalá Arthur algún día a Emily le toque…la guitarra xD

Nos vemos en unos días más.

¡Besos!

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