Me da mucho gusto haber tenido buenas respuestas por parte de todo quien lee esta historia, salvo que esta discutida la paternidad de Ulquiorra… bueno, les recuerdo que Nell es la hija de Shunsui con Tier, el padre de Ulquiorra murió, será una sorpresa a quien pondré, pero traten de adivinar, puede que sea en cierto punto, parecido en carácter indiferente. Por otro lado, el carácter de ambos padres, polos opuestos se atraen ¿no?, se me hizo curiosa la idea de experimentar con personajes.
Pasando a otras cosas y de manera rápida (pues sé que ya están con la inquietud de la continuación), sigo esperando sus trabajos para el concurso, no se menos precien por creer que no pueden participar, hagan su intento que nada pierden, al contrario, podrían ganar… ya hay 3 posibles premios (dependiendo el número de participantes). Ahora sí, los dejo con la continuación esperando la disfruten mucho pero no se relajen, les tengo una sorpresa para el siguiente capítulo.
Cap. 25 "Promesas Rotas 2"
En el patío trasero de la escuela, se escuchaba el bullicio de algunas jóvenes; poco le importaba a la mayoría de los estudiantes de secundaria cuando había competencias estudiantiles en la mayoría de las canchas deportivas.
Era toda una gama de insultos los que se escuchaban de aquellas chicas, dirigiéndose a una joven que escondía el rostro lleno de lodo y lágrimas. Su cabello estaba revuelto, aparentemente antes había estado trenzado y como su ropa tenía numerosas roturas y no faltaban rastros de sangre por las raspaduras junto a más suciedad del lodo.
Nada detenía a las chicas, no paraban su tortura psicológica a la muchacha que en pleno intento por defenderse, sólo consiguió resbalar y caer, siendo objeto de más burlas. Las lágrimas no paraban de brotar, la fuerza la había abandonado cuando con apenas fuerzas consiguió levantar el rostro moviéndolo de un lado a otro lentamente, buscaba desesperadamente a quien pudiera detener esa tortura, pero no había nadie, entonces se dejó hundir en su dolor para terminar perdiendo el conocimiento.
El día transcurrió normalmente para el resto del cuerpo estudiantil: Las competencias habían terminado casi al morir la tarde y poco a poco desalojaron la escuela. Un joven esperaba impaciente desde una hora antes que le advirtieran que se cerraría la reja de la escuela. Tras un suspiro, comenzó a caminar lentamente por la calle. Estaba muy molesto, un puñado de alumnas le había estado insistiendo que les acompañara al karaoke y en más de una ocasión él se negó; ahora su fastidio crecía al doble al haber sido engañado para esperar por nada.
Por la mañana, cerca de la escuela se escucharon sirenas de la policía, junto a la de una ambulancia que no se ocuparía para salvar una vida. El cuerpo de joven yacía sin vida en el suelo pintado de rojo por la sangre que abandonó a la chica. La policía no encontró rastros de que la hubiesen asesinado, pero sí huellas de tortura previa a su muerte. La escuela fue rodeada por una cinta que impedía el paso.
Los maestros fueron informados de este extraordinario acontecimiento y se les pidió cooperación para evitar que los alumnos se retiraran. Las autoridades necesitaban interrogar a todo estudiante que hubiese hablado con la difunta. Por error, a una maestra se le salió mencionar el nombre de la víctima y este se disparó a los oídos de todos los estudiantes allí presentes, al igual que rumores de lo que posiblemente le había sucedido.
Un pequeño grupo de chicas entró en pánico: primero lloraron asustadas, luego comenzaron a empujarse las unas a las otras además de lanzarse insultos. Un par de maestros junto con un policía las obligaron a detenerse y se les escolto hasta un salón, esto por órdenes del agente. Luego de unas breves preguntas del porqué de sus reacciones violentas y presionándolas con preguntas confusas, las hicieron confesar que ellas habían sido las culpables de los golpes en la ahora difunta chica.
Todo sucedió muy rápido. Por no medir las consecuencias de sus actos, las chicas serían señaladas por todos sus compañeros y demás cuerpo académico. También provocaron el trauma de otra persona, al de recibir una carta dos semanas después, sabiéndose en parte responsable de la muerte de la joven, el chico se quebró por dentro hasta expulsar sus sentimientos y cualquier apego a lo que pudiera causarle felicidad.
"Ulquiorra, te espero en el patio trasero luego de que dé inicio el partido, pero por esta ocasión, por favor, no dejes de venir… es importante.
Yoshino Soma"
Entre las lágrimas recordaba las primeras veces que la vio, era demasiado disciplinada y exigente en sus calificaciones, pero callada y bastante frágil, por lo que le pareció patética y creyó hacerle un favor al darle un simple consejo:
- No deberías mostrarte tan frágil, o siempre te molestarán. - le reprochó el joven a la desaliñada y llorosa chica.
Ella lo miró con recelo. Se había dado cuenta de cómo él había sido testigo al igual que otros tantos alumnos del maltrato del que había sido objeto por un grupo de abusivos. Su mirada se cargó de odio, sus ojos decía todo lo que su boca se negaba a expresar. Apartó la vista para girarse e ignorarlo. Se levantó con la rapidez que su lacerado cuerpo se lo permitía y se marchó.
El chico la miró, regañándose al entender la mirada de la niña. Él no era de los que tomaban partido en las discusiones de los demás, y mucho menos en peleas. No era falta de valor, más bien prefería concentrarse en sus estudios y dedicar el resto del tiempo, para practicar su deporte favorito o salir a divertirse con sus compañeros y compañeras de la escuela. Ciertamente era popular, lo sabía, pero no abusaba de ello; simplemente respondía amablemente y lo dejaban en paz luego de prometer salir con quien se lo pedía.
La curiosidad sumada al sentimiento de culpa, hizo al joven seguir a la chica que caminaba apresurada. Llegó hasta un parque alejado de la secundaria. Allí encontró jugando con algunos niños, al parecer con ellos se mostraba sin máscaras, con una personalidad abierta, alegre, juguetona. El pequeño merodeo se repitió durante algunas semanas. Ulquiorra primero tenía curiosidad al intentar entender por qué se esmeraba más en integrarse con pequeños que con los de su edad y luego, por saber que era lo que a la chica le provocaba sonreír de esa manera tan cálida que incluso le comenzaba a inquietar.
- Sabes, es cansado aparentar ignorar a un acosador. – Reclamó Yoshino al joven, sorprendiéndolo. Había aprovechado que los niños se alejaron a buscar una pelota entre los arbustos. - Pensé que irías para reírte con tus amigos, pero espere varios días y nada… ¿Qué es lo que en verdad pretendes?
- No estoy acosándote, tampoco intento burlarme. - Dijo el chico saliendo de atrás del árbol donde se ocultaba. - Un día te vi en este lugar, tu actitud me resultó curiosa a diferencia de la que muestras en el colegio. No es excusa, sólo fue extraño y eso me impulso a continuar viendo tus cambios.
- ¡Vaya!... eso es nuevo, ahora… acaso soy… ¿tu conejillo de indias para algún experimento? - Recriminó la joven haciendo evidente su desconfianza.
- Si eso quieres creer, por mi está bien. - Por dentro estaba algo molesto, pero no podía culparla, había sido descubierto y ni él mismo hubiese respondido bien a esa situación de ser el acosado - No me interesa en lo absoluto perjudicarte, tal como dije, me es nuevo ver una facetas que van de un extremo a otro en alguien que parecería no defenderse nunca, exactamente como ahora lo haces, es contrario.
- Ok, sé cómo eres o al menos lo que aparentas. - Se resignó la joven e intentó responder a la curiosidad de Ulquiorra: - No me puedes culpar por sospechar cuando la mayoría en la escuela se burla de mí. En vista de que no has utilizado nada de lo que hasta ahora has visto, te diré: Posiblemente carezco de interés por defenderme ante esa bola de descerebrados; no tiene objeto prestarles atención. En cambio, seres sinceros como los niños me dan esperanzas… prefiero ocuparme en inculcarles valores y darles mi cariño que perder el tiempo inútilmente.
- ¿Proteger tu integridad es perder el tiempo inútilmente? - cuestionó Ulquiorra indignado. Detestaba la poca coherencia en las palabras de la chica. - No me importa qué hagas o dejes de hacer, pero me queda claro que tampoco tú vales nada, te pones por debajo de tu mismo bienestar por un equivocado enfoque y eso hace que ellos te desprecien más: Tú les das motivos.
- ¿Ahora me sermoneas y dices que no te importa? - Rio ella, porque a su parecer, él había hecho lo mismo, por lo que no perdió oportunidad para señalárselo. - ¡Que interesante manera de contradecirse! ¿Y sabes? no sé qué me enoja más, que opines de mi vida o… - su risa paso a ser un sollozo ahogado, dejando que unas lágrimas rodaran por sus mejillas. - …que posiblemente tengas razón.
Los niños que hacía un minuto habían regresado, fueron testigos de la compleja plática de los dos mayores. No entendían pero les quedaba claro que su amiga y niñera estaba llorando. La sensibilidad en ellos los hizo compartir el dolor de la chica, por lo que se acercaron a ella abrazando sus piernas y gimiendo en un vano intento de confortar su dolor. Ulquiorra se quedó impactado al ver la reacción de los pequeños y de alguna manera entendió las palabras de Yoshino.
- No pequeños, no me sucede nada, tranquilos. - Apenas susurró en un intento de tranquilizarlos acariciando sus cabezas. Miró entonces a su compañero y le habló en el tono más tranquilo que pudo. - Te agradecería si hablamos después.
- Lamento haberte causado problemas. - Confesó el chico con pesar por haber inquietado a los niños. - ¿Está bien si te espero? - Ni él supo porque le pidió eso, pero estaba dicho.
- Está bien. Espérame en la fuente que se encuentra cerca del aparcadero de bicicletas.
No paso más de media hora cuando ella llegó al lugar acordado. En las manos cargaba un par de helados de limón. Ulquiorra aceptó, agradeciendo a su fuero el que no le llevara algo más dulce, así no tendría que forzarse.
- Disculpa mi actitud, como dije, no tengo muchas amistades… más por miedo a ser lastimada.
- Comprende que te dañan más al cerrarte, quedas vulnerable dejándoles ver que no te defenderás. No tienes que ser su amiga, sólo ten respeto por ti.
- Comprendo, no tengo excusa pero… - Evidentemente ella no desea iniciar otra discusión por lo que sólo actuó a forma de desquite y distracción plantándole parte de su helado a la nariz del chico para luego retarlo - ¿Te defenderás? - y dicho eso, corrió no sin antes tomar una foto en la que ella sacaba la lengua mientras lo señalaba.
Ulquiorra quedó petrificado ante la extraña respuesta de la chica. Dudó sobre cómo actuar, pero al final dejó que el primer impulso lo guiara, y este fue el desquitarse. De esa forma iniciaron una secreta amistad por petición de ella. Así pasaron algunos meses. Él no la presionaba demasiado, Yoshino poco a poco se dejaba menos de sus compañeras, no llegaba a los golpes, pero aprendió a afilar la lengua sin dejar de ser cauta gracias al maestro que la observara de lejos, dejándola crecer.
Para infortunio de ambos jóvenes, aquellas chicas despechadas por la actitud distante de Ulquiorra se mostraron más que fúricas al descubrir el motivo de su cambio: Era ella, esa chica que tanto detestaban por sus buenas notas, por la que gracias a su disciplina, eran humilladas por algunos profesores y ahora, eran ignoradas por su amor platónico. Más de una quiso hacerse justicia en el momento, pero otras lo impidieron apelando a como quedarían frente a él, por lo que decidieron planear como realizarían su desquite.
Las competencias deportivas tenían a la mayoría de estudiantes de cabeza, entre los que participaban como competidores, como los que apoyaban como staff en todo tipo de arreglos. Ulquiorra había estado ocupado por tres días seguidos, no pudo ir a ver a su amiga, no le perturbaba pues sabía que ella estaba al tanto, pero tal vez si ese día terminaba pronto sus compromisos, le haría una visita y justo cuando estaba por acabar su cometido, algunas chiquillas se le acercaron.
- Vamos Ulqui, tiene tiempo que no aceptas salir. - Se le colgó melosa del brazo una de ellas.
- ¿Acaso te gusta alguien que nos roba tu atención? - Preguntó otra, dando inicio a su cruel plan.
A Ulquiorra le cruzó un pensamiento, ninguna chica le había causado interés como para buscarla, tampoco por compartir parte de su tiempo para hacer cosas simples siendo a su vez, tan satisfactorias. No había en ella algún ápice de interés falso, nada, era autentica. Sus acciones eran simples, transparentes y él no sentía la necesidad de fingir, incluso desde que fue descubierto, su trato algo brusco pero honesto afloró; no sonrió sólo por quedar bien ni tuvo la hipocresía de darle lindas palabras para no verla llorar y con todo eso, ella lo aceptó.
- Posiblemente. ¿Tiene eso algo de malo? - Dijo él mordiendo el nombre de la chica, tal vez dentro de poco, lo dejaría salir.
- ¡Pues nos falta tu presencia! - La chica que colgaba de su brazo, hizo un puchero coqueteándole.
- ¡Yoshino no te conviene! ¡Ella te miente! - soltó otra mientras tapaba su boca como deseando decir más.
- ¿Qué te hace pensar que es ella? – Pese a que su voz no sonó fuerte, fue notoria su incomodidad al sentirse descubierto.
- Ulqui, tranquilo… lo sabemos porque hay un rumor. - Defendió la chica a su compañera intentando dar fundamentos de su acusación.
- ¿Qué rumor? - Preguntó incrédulo el chico. Dudaba que Yoshino hubiese hecho algo.
- Que eres como un perrito faldero, siguiéndola todas las tardes al parque. - Alegó rápido.
- Claro, nadie lo creía pero más de uno te ha visto. - Respondió la otra resuelta, dando crédito.
- Pensamos que era un pasatiempo y esperamos a que se te pasara.
- ¿Y qué más dice ese dichoso rumor? - La tolerancia de Ulquiorra ya estaba al límite.
- ¡Que ella tiene el trofeo que las demás no podemos tener! - Y la chica lo señalo poniendo cara de indignación.
- ¡No lo creo! - Vociferó el chico ya fuera de sus cabales. Prefirió retirarse y dejarlas con su veneno.
- ¡Espera, mira esto! - La chica corrió a él abriendo su cuenta de red social en su teléfono celular.
- ¿Qué significa esto? - Y allí se vio, con el helado en su cara, y ella delante de él tomando la foto.
- Lo estás viendo, ¿la reconoces no?... ahora ve lo que dice el pie de foto - Señalo la chica.
El ojiverde sintió como su calor corporal disminuyo al piso subiendo de vuelta para llenarlo de enojo. No quería creerlo, pero allí lo decía, ella lo escribió bajo la foto que prometió sería el secreto de ambos, su amistad, esos momentos y encima, su burla. Se sintió asqueado.
- ¡Que les quede claro: Yoshino no me interesa ni tengo ninguna intención con ella! - Ulquiorra había perdido la cabeza gracias a la furia que la causaba la traición. No pensó, ni le importó, medir sus palabras, sólo quiso cortar de tajo y terminar lo que ni siquiera inició. Aunque ella no lo supiera, había roto su corazón - ¡Detesto a este tipo de gente, no vale nada, me da asco este estúpido jueguito y ahora dejen de molestarme!
Las chicas sonrieron satisfechas al haber obtenido lo que deseaban. Una de ellas se puso al centro del grupito sacando un aparato digital el cual comenzó a repetir las palabras que Ulquiorra mencionara minutos antes. Todas reían de forma poco sana, disfrutando del dolor de una inocente. Y entonces al día siguiente, luego del partido, como resultado del malévolo plan de esas niñas caprichosas, la escuela se enfrentó al fallecimiento de una excelente alumna quien sucumbiera al tremendo bullying del que fue presa.
Semanas más tarde, gracias a una inesperada visita, la madre de Yoshino le dio a conocer a Ulquiorra que su hija deseaba confesarle que su cuenta había sido hackeada, y que por más que trató de recuperarla, le fue imposible y se horrorizó al ver que su imagen había sido compartida junto a un texto a todas luces, con afán de perjudicarles. Además la señora explicó que su hija fue acosada esa tarde, al parecer al regresar de su trabajo de niñera. Fue interceptada antes de llegar a su casa y la hicieron escuchar una grabación de sonido que según Yoshino la llevó a deprimirse al punto de decidir escribirle la nota a su amigo para pedirle ayuda.
La señora esperaba alguna explicación del chico, pero en él vio la cara de impacto por todo lo que había escuchado y mientras unas lágrimas salieron de sus ojos, sólo pudo decir: "La policía me la entrego dos semanas después de lo sucedido… ellas me la ocultaron… confesaron haberla extraído de mi mesa". No pudo más y se tapó la boca para no dejar salir palabras llenas de odio, resentimiento y despreció, más que para las chicas, eran para él por haber sido una parte indirecta de la muerte de su amiga.
Entonces tomo una resolución: "No volveré a confiar en esa gente hipócrita, no desean más allá que la apariencia, te prometo que estés donde estés, no permitiré que nadie más entre en mi vida, no valen la pena."
- Aún te encuentras débil, quizá no era el momento. - Suspiro el chico al tiempo de apretar la mano de la chica - Quería explicarte la razón por la que ignoré las habladurías.
- Te comprendo. - la pelirroja no salía del asombro. Su mente aún aturdida intentaba asimilar todo lo que Ulquiorra debió pasar y lo injusta que fue al haberse pospuesto por tanto tiempo el escucharlo - ¿Puedes perdonarme?
- ¿Perdonarte?… no, Orihime, no hiciste nada malo. - Él respondió incómodo al verla culparse así, sabía que ella sólo había tenido una reacción dada la situación - Yo fui quien te dañó con mi silencio.
- Tenías tus motivos, debió ser difícil y… - Fue cuando cayó en cuenta que la hermana del chico había insistido tanto. Era lógico, ella intentaba protegerlo por lo que había sucedido - Ahora entiendo a Nell... ¿Ella sabe lo que pasó?
- Toda mi familia. Todos me apoyaron y han buscado la manera de que salga de este encierro. - Externó con un poco de pesar al recordar las pesadillas y tormentos a los que se sometía al sentir que la culpa le traspasaba el alma - Intentaron que rompiera esa promesa, algo que sin saber, tú conseguiste.
Orihime intentó decir algo. Tenía demasiados pensamientos y no atinaba a decidirse a hacer algún comentario. Por un lado sentía el privilegio de conocer el secreto aparentemente, más oscuro del chico. Ulquiorra, viendo la confusión de la chica, le acaricio el rostro con mucha ternura a lo que ella respondió con una mirada cargada de sentimientos y él no pudo resistirse a la tentación de besarla.
- Es irónico, tampoco esperé que alguien viera a través de mi máscara y entrara en mi vida tan de repente. - Dijo la pelirroja luego de un largo suspiro, manteniendo los ojos cerrados al tiempo que contenía las ganas de llorar. - Muchas gracias U-Ul… Uquiorra.
- Orihime. - Él miró como ella se sonrojaba al haber pronunciado su nombre. Ya no la dejó continuar, con mucha ternura continúo besando los labios de su novia, quien prefirió continuar ese hermoso momento.
Continuara…
Nota Autora: Ya que más me queda por comentar más que no se vayan a perder el siguiente episodio. De este, seguro han quedado complacidos con la aclaración sobre del porque Ulquiorra se volvió tan frio (más de lo que ya era), sus culpas y remordimientos le impedían abrirse. La pequeña Hime le hizo remover los sentimientos dándole ánimos por luchar y alcanzar lo que antes no tuvo valor, quedándose a medias. Ahora que al fin enfrento su realidad atreviéndose a hablar de su pasado, por fin es más él, justo a tiempo, pues tal vez ahora sí tenga que hacerse de toda su fuerza para proteger a Orihime.
