CAPITULO 25

(Pov Aurora)

De camino a la casa de Verio no dije nada, me había dado tiempo a meter en un par de bolsas toda mi ropa y mis cosas.

Al llegar Verio bajó y tomó mis cosas, abrió la puerta y entré detrás de él sin decir nada.

-Ve...- dijo V saliendo del salón-.

Me miró y luego le miró a él.

-¿Que has hecho?-.

-Es asunto mío-.

-No, es asunto de la familia, llévala arriba y ven a mi despacho ahora-.

Verio no dijo nada, subió las escaleras y yo le seguí hasta su habitación.

Dejó mis cosas en el suelo despacio y me miró.

-Espérame ¿vale? no tardaré-.

Asentí y me senté en la cama.

Esto era de lo más raro, por la mañana... era otra persona distinta y ahora pertenecía a Verio Casannova.

Aún que mi virginidad estaba intacta, al irme de casa con otro hombre pasaba a ser suya en todo sentido y en todo momento.

Y seguramente mañana por la mañana mi padre y mis hermanos se presentarían aquí...

-Dios...- susurré y me tapé la cara con las manos-.

(Pov Verio)

Bajé al despacho de V como me dijo y me senté. Nunca había visto tan cabreado a V.

-¿Que... has... echo?- dijo enfatizando cada maldita palabra-.

-Ella es mía, la he traído a mi casa-.

-Es la hija de un gitano ¿sabes lo que has hecho? nos has puesto en peligro y en evidencia a todos... al traerla a esta casa-.

-No la he tocado-.

-eso da igual Verio, ahora pasa a ser tuya, aun que la metas en un puto tarro de cristal y la tengas como mascota ¿entiendes?-.

-Si... lo entiendo y lo acepto-.

-Mierda Verio... su padre te matará-.

-Que venga...- me levanté- lo estoy esperando-.

Me giré y salí de allí subiendo las escaleras de nuevo.

Abrí la puerta y la vi con su rostro cubierto por sus manos en la cama, parecía tan pequeña.

Cerré la puerta intentando hacer el menor ruido posible.

-Aurora...- me acerqué a ella y me senté a su lado- ¿quieres volver?-.

-No-.

"Mierda está llorando..."-.

-¿Entonces por qué lloras?-.

-Porque te estoy poniendo en peligro-.

-Ey no te preocupes por mí, se cuidarme solo-.

-Mentira, no sabes cuidarte solo-.

Respiré todo lo hondo que pude.

-¿Eres mía no?-.

-Si- susurró-.

-Entonces no te preocupes por nada más-.

Abrí las mantas de la cama, ella conservaba su pijama.

-Vamos, entra-.

Ella hizo lo que le dije y me miró con los ojos vidriosos.

Me tumbé a su lado sobre las sábanas de la cama.

-¿No estarás conmigo?-.

-¿Eso es lo que quieres?-.

-Si...-.

-Quiero que estés completamente segura-.

-Estoy segura, quiero esto-.

Me acerqué despacio besándola en los labios, ella hizo lo mismo y me abrazó saliendo de las sábanas y sentándose sobre mí. Ella era mía... ahora todo estaba permitido.