Acá vengo con un nuevo capítulo, ojalá les guste. Siento estar tardandome en publicar, he tenido cosas que hacer ¬¬ Gracias por los reviews, trato de responderlos todos, pero algunos no puedo porque no me sale la opción de responder :(, pero muchas gracias! :)
PD: La historia es mía, pero los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
GRACIAS POR LEER! :) y ya quedan poquitos capítulos porque no quiero forzar la historia jejej, serán los necesarios, no alargaré, pero espero comenzar otra :)
Xoxo
Continuamos gritando y buscando a Mía por al menos una hora más y nada. No estaba por ninguna parte del patio ni de la casa. Buscamos en la piscina y no estaba, eso era lo que más temía. Por un momento también se nos pasó por la cabeza que podía haberse ido en el camión de la tienda, pero eso era casi imposible, ya que Mía no habría podido subirse al menos que alguien lo hiciera, llamamos y nos negaron que estuviese ahí. Ya no sabíamos que más hacer, estábamos destrozados, llamamos a la policía, que tomó nuestros datos y una foto de Mía para ir a recorrer las calles del sector. Era muy pequeña por lo tanto no podía haber ido tan lejos. Nosotros mientras seguimos buscando en la casa.
-Todo esto es mi culpa.- dijo Bella sentándose en la entrada de la casa con las manos en su cara y llorando.
-Bella, no es tu culpa, yo no debí dejarla sola en el jardín.- dije sentándome a su lado, tratando se secar sus lágrimas mientras las mías comenzaban a salir.
-Y si le pasó algo…yo no podría soportarlo.- musitó comenzando a llorar de nuevo y acurrucándose en mí pecho.
-Ey estará bien.- dije acariciándole el pelo. Todo ese tiempo traté de parecer calmado por Bella, aunque por dentro me estaba muriendo a cada segundo que pasaba. –Bien, continuemos con esto.- dije apartándola de mí y levantándome del suelo.
-Revisaré el antejardín y el patio nuevamente.- dijo Bella.
-Okey, yo iré a dentro.-
Estaba revisando cada mueble, cada rincón de la planta baja de la casa, cuando escuché un grito de Bella y salí corriendo hacia el antejardín.
-¡¿Qué pasó?!.- alcancé a gritar desesperado cuando llegué al costado de la casa y vi a Bella sentada a un costado de la pared de arbustos con Mía en sus brazos. Corrí a sentarme a su lado y tomé a Mía, que permanecía inmóvil.
-Iba pasando por acá y vi uno de sus zapatitos tirados, abrí un poco los arbustos y ahí estaba dormidita. Cuando revisamos en la tarde no estaba, seguramente hizo un movimiento mientras dormía y se le salió.- musitó Bella un tanto aliviada.
-¿Cómo no se nos ocurrió buscar entre los arbustos?.- dije reprochándome. –Vamos para adentro.- musité tomando de la mano a Bella.
-Ey, no te culpes así.- dijo Bella y me siguió adentro.
Entramos a la casa y arropamos bien a Mía, que aún seguía durmiendo. Le tomé la temperatura mientras Bella llamaba a la policía para disculparse y parar la búsqueda.
-¿Tiene algo?.- preguntó Bella mirando como sacaba el termómetro del cuerpo de mi bebe.
-Está bien, no le ha pasado nada, debe haberse dormido porque estaba agotada, se la llevó todo el día queriendo subirse a cada sillón y cama de la tienda.- dije sonriendo.
-Tendremos que ponerle GPS.- dijo Bella dejando escapar una risita.
-Y no es chiste. Ven acuéstate con nosotros, ha sido un día agotador.- musité haciendo un gesto con la mano para que Bella se acostara a mi lado.
-No preferirías que me pusiera del otro lado.- dijo antes de entrar a la cama.
-Quiero que me abraces.- dije dándome la vuelta y haciendo un puchero.
-Te amo.- dijo alcanzando mi boca. –Y ya voltéate si quieres que te abrace.- me regaño riéndose.
Bella abrazándome por la espalda y yo abrazando a nuestra hija. Estaba en medio de las mujeres más importantes de mi vida. Qué rico se sentía aspirar el olor de mi bebe, aunque ahora, luego de la magnífica siesta entre los arbustos, era una mezcla con pasto mojado. Nos quedamos dormidos por un largo rato hasta que Mía comenzó a demandar nuestra atención.
-Leche.- dejó escapar de su boquita junto a un bostezo.
-Iré yo.- dijo Bella y salió de la cama para ir a preparar el biberón.
-Hija, ¿te duele algo?.- le pregunté a Mía para esclarecer si es que se había caído a los arbustos o solo se había dormido, movió su cabecita en negación.
-Hambe (Hambre).- musitó.
-Ya viene mamá.- dije arreglándole los mechoncito de pelo que tenía en la cara y sacándole el chupete lleno de baba. –Mía, no debes dormir en cualquier parte, para eso está la cama y los brazos de mamá y papá, estábamos muy preocupados cariño.- musité y mi bebe me miró confundida e hizo un puchero, ya que al parecer hablé en un tono muy duro. –Ey, no llores, te amo.- dije tranquilizándola y sentándola en mí regazo. -¿Aún tienes sueño?.- pregunté empujándola suavemente hacia mi pecho y acareándole el cabello.
-Si.- susurró moviendo la cabecita. Estaba agotada, así que se tomaría la leche y dormiría de nuevo y hasta mañana.
Bella entró sin hacer demasiado ruido y se sentó con el biberón al lado donde hace un raro Mía dormía.
-¿Se lo das tú?.- preguntó pasándome el biberón.
-Bella puedes hacerlo también si quieres.-
-Lo sé, es que se ve tan cómoda ahí.- dijo avergonzada.
-Pon tu cabeza en mi hombro.- demandé y ella me hizo caso y juntos contemplamos como Mía se devoraba la leche y cerraba sus ojitos.
-El lunes Mía tiene cita con su pediatra por la tarde en San Francisco, para que veamos el tema de la lactancia.- musité acostando a Mía entre Bella y yo.
-¿En San Francisco?, pero entonces tú no…- dijo Bella confundida.
-Es el que la ha visto desde sus primeros días y me tomaré la tarde del lunes para ir con ustedes, sé que es importante para ti.- dije acariciando su cara.
-Edward, podríamos cambiar de pediatra a uno que esté más cerca.-
-No lo sé, me gusta ese. Luego discutiremos el tema, ahora descansemos porque mañana temprano debo ir al departamento y ayudar con la mudanza.-
Me levanté muy temprano, ya que debía llegar al departamento antes de que llegara el camión de la mudanza. Me duché y quería aprovechar de bañar a mi hija antes de irme. Entré a la habitación y Bella aún dormía, mientras que Mía estaba sentada sobre la cama y apenas me vio me estiró sus bracitos para que la cargara.
-Buenos días princesa.- dije tomándola en brazos y besando su cabecita.
-Ben día (Buenos días).- musitó aferrando sus manos a mi cuello y dándome besitos babosos en la mejilla.
-Amo tus besitos, pero ahora vamos a ir a darte un baño para que estés linda cuando mamá despierte.-
-Shiii.- chilló.
Senté a Mía sobre una encimera indicándole que no se moviera mientras le preparaba su bañera. Una vez que el agua estaba tibia procedí a sacarle el pijama de polar color rosado que traía puesto, las pantis, el pilucho, y el pañal, que estaba lleno. La pare dentro de la bañera y la ayudé a sentarse. Puso una mueca rara al sentir el contacto con el agua lo que me provocó mucha risa.
-Bien bebe, ahora inclina un poquito tu cabeza para atrás para mojarte el pelito.- dije e inmediatamente se estiro para atrás y la ayudé con mi otra mano. –Así está bien, eres una niña muy obediente e inteligente.- musité echándole ahora el shampoo de bebe.
La dejé un rato en la bañera con un raro peinado que le había hecho con el shampoo para ir a buscar la cámara a la pieza. Sabía que no se movería, ya que la había dejado jugando con sus monitos de Disney de goma, pero aún así fui rápido. Cuando volví seguía ahí.
-Sonríe a la cámara bebe.- musité y Mía inmediatamente se volteó y me dedicó una tierna sonrisa. –Ahora papi te va a pasar la esponjita y enjuagar.-
Terminé de bañarla y la envolví en su toalla de princesas que había echando a su bolso. La senté en la cama mientras buscaba su ropa y Bella comenzó a retorcerse y despertó.
-Buenos días princesa, veo que ya te han bañado.- dijo Bella tocando la pierna de Mía.
-Papii.- chilló Mía volteándose y recostándose sobre Bella.
-Tienes al mejor.- dijo dándole un besito en la cabeza. –Y ahora vas a dejar que te vista mientras yo te preparo el biberón.- susurró sentando a Mía en la cama y parándose a mi lado. –Te amo.-
Me quedé vistiendo a Mía y le puse unas calzas de algodón, ya que el día había amanecido helado. Una camisetita manga larga y un poleron con capucha muy abrigadito.
Dejé a Bella dándole el biberón a Mía mientras iba a preparar el desayuno. Hice café, té y waffles y los puse en una bandeja para subirlos al dormitorio, ya que era temprano y hacía frío. No había caso de que bajaran, prefería que se quedaran acostadas. Al llegar vi que nuevamente Mía estaba acurrucada en el pecho de su mamá y que ya se había tomado el biberón. Bella solo le hacía cariño en la cabecita.
-Edward yo creo que ella quiere.- comenzó a decir Bella, pero la interrumpí.
-Lo sé y es absolutamente normal, pero ya lo veremos mañana con el médico.- dije un poco duro.
Me senté en la cama y dejé la bandeja al medio. Mía se bajó de los brazos de su madre y comenzó a jugar en el piso con algunos juguetes que le habíamos comprado ayer junto con los muebles. Desayunamos prácticamente en silencio.
-Lo siento por hablarte así recién, solo que yo también estoy ansioso y un poco nervioso.- dije agachando la cabeza y parándome de la cama.
-Ey, está bien.- dijo tomando mi mano. –Solo trata de no hablarme así.-
-Te amo.- musité y me acerque a su lado para darle un beso antes de sacar la bandeja e irme al departamento. – Te llamaré cuando venga de vuelta.-
-Espero tu llamado.- dijo Bella parándose y tomando a Mía para llevarla de vuela a la cama.
Una vez empacada todas las cosas de Mía, mi ropa, la de Bella y algunos adornos, ya que la mayoría de las cosas eran del departamento, me subí a mi auto y le indiqué al chofer del camión de mudanza que me siguiera. Al llegar pude divisar a Bella junto a mi hija sentadas en el pasto delante del arbusto con forma de familia. Estaban leyendo un cuento y apenas Mía vio el auto intentó pararse, pero Bella la detuvo y la tomó en brazos.
Junto con los de mudanza bajé todas las cosas del camión, mientras Bella distraía a Mía con algunos juguetes para que no nos pasara lo mismo de ayer. Terminamos de entrar todas las cosas y con Bella armamos la cuna de Mía y pusimos algunos de sus muebles, ya que se estaba haciendo tarde y debíamos cenar y darle el biberón a Mía. El resto lo arreglaríamos en la semana.
Le pusimos el pijama a Mía, le dimos el biberón y la acostamos ya dormida en su cuna, que la pusimos en nuestra habitación, ya que debíamos pintar su cuarto primero antes de trasladarla finalmente. Nos acurrucamos con Bella y nos quedamos dormidos, ya que mañana ella tenía que ir a la matrona y luego a hablar con la directora Denali, que la había mandado a llamar, para luego unirse a Mía y a mí en el almuerzo e irnos a San Francisco a ver al pediatra de mi bebe.
-Buenos días hermosa.- susurré dándole un besito en la cabeza a Bella.- Vuelve a dormir, yo le preparo el biberón a Mía y la llevó al jardín.- dije parándome de la cama.
-Me la acercas antes de irte.- me dijo mirándome con ojitos suplicantes.
-Claro amor, además ella querrá despedirse.-
Preparé el biberón, subí a dárselo y mientras se lo tomaba dentro de la cuna, me fui a duchar rápidamente. La cambie y nos fuimos, hoy comenzaría de nuevo la rutina y sería un día importante para Bella y Mía.
-Hazme saber cualquier cosa que pase, te amo y tranquila que todo estará bien.- le dije a Bella antes de irme.
-Aios mami (Adiós mami).- chilló Mía dándole un besito en la boca a Bella.
-Hasta luego bebe, pórtate bien. Nos vemos en unas horas, te amo.-
Llegamos a la empresa y me dirigí de la manito con Mía a la guardería, la dejé y le dije a las tías que me Bella la iba a venir a buscar a la hora de almuerzo como siempre, pero que no iba a regresar en la tarde. Me pasé el resto de la mañana revisando documentos e informes como era habitual y esperando impaciente alguna llamada de Bella para indicarme cómo le había ido con la matrona. Como no llamaba, me asuste y me puse inquieto, así que decidí llamarla.
-Aló Bella, estás bien?, porque no llamaste.- me apresuré a decir.
-Edward, yo lo siento.- dijo con la voz quebrada.
-Bella, ¿qué te han dicho?, ¿por qué estás así?. Bella, no llores.- dije al escuchar como comenzaba a llorar. –Todo estará bien.-
-Tengo miedo Edward, la doctora me dijo que era un poco complicado por la edad de Mía, ya que ella tal vez no entienda esto, que no se acostumbre. Yo le expliqué la situación, le dije que solo la había amamantado cuando nació y luego me sacaba la leche con un succionador hasta hace como 7 meses, ya que tenía mucha.- dijo sonando avergonzada. –Pero me dijo que era posible, absolutamente posible Edward y yo solo temo que Mía me rechacé.
-Bella, tranquila cariño. Tú has visto como Mía lo desea tanto como tú. ¿Qué más te dijo?.-
-Qué debía comenzar a estimular mis pechos nuevamente, haciendo que Mía succione de ellos o sino mediante un succionador y también que podía usar un suplementador para que se acostumbre. Edward, yo la lo he hecho.-
-¿Has hecho qué?.- interrumpí confundido.
-Me he sacado leche desde que vi que Mía se comportaba así y ayer cuando te fuiste le di un biberón y se la tomó, aunque al principio la rechazó, luego se la tomó toda.- dijo comenzando a llorar.
-¿Por qué no me lo habías dicho?.-
-Tenía miedo de hacerme ilusiones, quería saber lo que me decía la matrona primero.-
-Te entiendo, pero de todas formas debiste decírmelo, tú sabes que yo estaré ahí.-
-Lo sé amor y ahora voy para allá para que almorcemos y terminemos con esto.- dijo y colgó. Había comenzado a llorar de nuevo y no quería que la escuchara.
Llegó la hora de almuerzo y Bella con Mía en brazos irrumpieron en mi oficina. Bella tenía los ojos rojos de tanto haber llorado.
-Papiii.- chilló mi pequeña al verme y estiró sus bracitos para que la cargara.
-Hola princesas.- dije tomando a Mía en brazos y dándole un beso en la boca a Bella.
Nos fuimos a almorzar al restaurant de siempre, esta vez junto a Emmett y Rose, no tocamos el tema, solo nos dedicamos a comer y a hablar de la reunión que habían tenido Rose y Bella con la directora Denali. Un tema del cual no había preguntado a Bella cuando la llamé.
-Así que les han ofrecido trabajo.- dijo Emmett muy animado.
-Sii, yo he dicho que sí.- dijo Rosalie casi saltando en su asiento de felicidad.
-Felicidades amor, serás una gran tía.- dijo Emmett besándola.
-Y ¿qué hay de ti Bella?.- señalé.
-Me lo estoy pensando aún.- dijo un poco pesada para mi gusto.
Terminamos de almorzar y nos fuimos en silencio hasta el aeropuerto. Mía se había dormido ya que era la hora de su siesta. Y con Bella solo nos sentamos y ella descanso su cabeza en mi hombro.
-Todo estará bien.- dije besándola en la cabeza.
-Eso espero.-
Llegamos a la consulta del Dr. Tanner y Bella me tomó muy nerviosa de la mano y golpeamos.
-¡Adelante!.- dijo emocionado. –Buenas tardes Edward y…-
-Bella.- musité.
-Un gusto, ¿cómo ha estado la niña?.- musitó.
-Muy bien, ni se ha resfriado.- dije orgulloso.
-Bien, tomen asiento por favor. Edward ya me ha planteado la situación y bueno, debo decir que relactar es absolutamente posible, siempre que ambas pongan de su parte, eso si los nutrientes ya no son los mismos, pero reforzará el vínculo madre-hija.-
-Bella fue a la matrona hoy.- interrumpí y el Dr. Le pidió a Bella que le contará con detalles todo.
Luego de que el Dr. Tanner le diera todas las indicaciones a Bella y cómo proceder, advirtiéndole que no era algo fácil y que se diera tan rápido, le indicó que se sacara la parte de arriba de su ropa para que comenzara con el paso más importante.
Mientras el Dr. Tanner revisaba a Mía, ayudé a Bella a subirse en la camilla y recostarse. Se sacó la blusa y el sostén y quedó completamente desnuda de la cintura para arriba. Fui a buscar a Mía y le dije que ahora iría a recostarse con mamá.
Acerqué a Mía a la camilla y la recosté sobre el pecho de Bella, me miró confundida con sus grandes ojos verdes.
