Advertencias
Nada relacionado con la maravillosa mini-serie Band of Brothers me pertenece, salvo los OCs que aparecerán.
NO soy escritora, esto es por diversión. Estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
El hilo de la trama se basa en el de la serie, de este modo, escenas, diálogos, etc, pueden estar inspirados o tomados de ella. Otras muchas cosas son ficción y surgidas de mi imaginación.
Esta historia puede contener violencia y lenguaje soez, así cómo escenas de carácter sexual subidas de tono.
Aunque esta historia surge del entretenimiento, no pretende ofender ni herir a nadie al tomar nombres y personajes que realmente existieron, ni al revivir acontecimientos históricos, ni al inventar cosas que jamás sucedieron
Capítulo 25
Esto es lo mejor. Lo mejor para todos ¡No lo pienses más, joder!
Victoria se llevó una mano a la frente, frotándosela hasta llegar a su cabello, suspirando con fuerza mientras continuaba caminando y luchando por aparcar sus dilemas internos, para llegar hasta Roe con algo de firmeza en su interior.
La mujer había pasado la noche dándole vueltas al asunto del beso, la conversación con Bill, y la última escena con Eugene en el pozo de tirador. No podía evitar sonrojarse con vergüenza ante el recuerdo, y más aún al saber que en escasos minutos tendría que tratar de arreglarlo.
Le había costado decidir qué camino tomar, ya que una parte de ella deseaba declararse sin tapujos y poder besar al médico. Pero su otra mitad, asustada y llena de dudas, había hecho que el miedo a perder equilibrara la balanza a favor de fingir y maquillar la verdad.
Aquel hecho hacía que se sintiera desanimada y colmada por la angustia, algo que una vez más la guiaba hacia la cobardía que tanto odiaba y avergonzaba, pero en aquella ocasión no quedaba más que cargar con su cruz para evitar un mal mayor, tanto para Eugene como para sí misma. De nuevo volvía a sentirse segura cuando las quimeras de la dolorosa soledad sin su nueva vida le susurraban lo que quería oír si continuaba con su estrategia.
Victoria caminó hacia Eugene al divisarlo sentado sobre una caja de munición fumando en soledad, alejado unos metros de un corro formado por Powers, Frank, Martín, George y Bull.
La morena repasó mentalmente su discurso, a la par que avanzaba entre las risas y comentarios de los hombres, divisando que por la derecha se acercaban hacia el grupo Malarkey, Lipton y Guarnere charlando. Maldijo interiormente ante la circunstancia de que todos estuvieran tan cerca precisamente en aquel momento.
Sin vacilar continuó el camino ignorando todo lo demás, presentándose ante Eugene en pocos segundos. Rápidamente dibujó su sonrisa despreocupada mientras él alzaba la vista, separando el cigarro de su labios.
Victoria ensanchó su sonrisa al vislumbrar la ya típica nariz roja del hombre contrastando con su gran palidez y cabello negro carbón. Tras tragar saliva imperceptiblemente, calmó sus emociones y habló.
–Hola ¿Cómo lo llevas? –Agregó señalando su hombro herido y los puntos que cerraban la brecha en su frente.
–Bien, con un poco de dolor, ya sabes. Pero estoy bien ¿Tú estás bien? Ayer me quedé algo preocupado, pero no quise molestarte... Parecías necesitar estar sola.
–Sí, un momento de debilidad, ya sabes. De eso he venido a hablarte, en realidad. Y a darte las gracias, por supuesto.
Eugene hizo ademán de sonreír, poniéndose serio en seguida, esperando que ella hablara. Parte de su nerviosismo era patente en la forma en que jugaba con sus manos. Tras un instante Victoria se sentó frente a él, directamente en la nieve.
–Siento haberte asustado ayer y no haber dicho prácticamente nada, desapareciendo hasta hoy. Llevamos un tiempo demasiado difícil todos con la mierda que está ocurriendo, y a eso debo sumarle que he estado más nostálgica de lo normal, acordándome de mi familia... Pero por lo que realmente te pido disculpas es por lo que ocurrió el otro día. Por lo del beso –escupió tras vacilar, centrándose en lo ojos azules de él, ahora indescifrables–. No sé qué me pasó, estaba nerviosa y... Bueno, no quiero que eso te pueda desconcentrar ni tenerte pensativo. De veras que lo siento. Sobre todo haber sido tan infantil como para no haber hablado contigo hasta ahora. Me siento muy idiota ahora mismo.
La morena sonrió con nerviosismo mientras apartaba la mirada de la leve sonrisa de Roe, la cual se desvaneció deprisa tras el monólogo. ¿No sentía nada hacia él? ¿Cómo iba a reprimir sus sentimientos cuando habían cruzado el límite? Aquello le cayó como un balde de agua fría en el corazón, no obstante, se obligó a contestar con normalidad.
–Tranquila, no pasa nada. Todos estamos demasiado agotados mentalmente, ya no sabemos ni lo que hacemos.
–Lo siento, de verdad. Supongo que el estar decaída es lo que hace que esté tan cariñosa. Eres siempre muy atento y bueno conmigo, Eugene. –Agregó mirándolo con una dulce sonrisa, volviendo a darle las gracias sintiendo que tenía que salir de allí corriendo antes de explotar de vergüenza.
–Victoria –Interrumpió la voz de Ledger llegando junto a la pareja–. El capitán Winters quiere verte.
–Gracias, teniente. –Cuando ella respondió, el hombre volvió a alejarse. Victoria miró a Eugene de nuevo. –Bueno, debo irme ¿Entonces todo bien y normal entre nosotros?
–Claro. Ningún problema. Si necesitas hablar o volver a abrazarte a alguien, ya sabes donde encontrarme.
Victoria respondió de igual forma a su sonrisa mientras le agarraba fugazmente la mano, levantándose después tras despedirse con un gracias.
El suspiro de alivio que salió de la boca de la morena fue sonoro mientras se alejaba del soldado encaminándose velozmente sin saber que Roe la seguía con una mirada teñida de tristeza e incomprensión. ¿Desde cuándo y cómo se había hecho ilusiones con la ella? Eugene salió de sus pensamientos cuando escuchó a los muchachos llamarlo para que se integrara en el corro, volviendo así a adoptar su pose de apacibilidad.
Victoria carraspeó cuando llegó al improvisado puesto de mando donde se hallaban Nixon, Winters, Speirs y Ledger hablando y observando documentos y mapas desplegados en una improvisada mesa hecha con una gran caja de cartón.
–Victoria, pase. –Dijo el pelirrojo al hallarla en la entrada de la improvisada estancia cubierta por lonas entre los árboles. Winters se apartó del grupo, el cual continuó centrado en su tarea.
–El teniente me dijo que quería verme ¿Ocurre algo?
–Tranquila, esta todo bien. Sólo quería informarle de que muy pronto comenzaremos con la toma de Haguenau y el teniente Ledger estará al mando del 2 batallón, así que usted estará bajo su orden también. Él le dirá qué hacer y la guiará ¿De acuerdo?
La española posó los ojos en Jack Ledger un instante, volviendo a contemplar los del pelirrojo mientras asentía, aunque no muy cómoda con la nueva noticia.
–Claro, capitán. ¿Ya tienen fecha programada para el asalto?
–Es posible que pasado mañana, pero no diga nada a los chicos, no es seguro. Los alemanes están aferrándose a la posición y reciben refuerzo.
–Sí, lo estamos sufriendo. –Agregó al recordar los bombardeos.
–Podrían adelantársenos y atacar. Intentan rodearnos y cortar el paso a nuestros futuros refuerzos por el este, bloqueando toda la parte del otro lado del río. Parece que eso ya lo han conquistado –suspiró levemente, cambiando el tono-. En fin, si necesita algo hable con Ledger. Puede volver con el resto.
Victoria asintió para después salir del lugar, caminando mientras pensaba en que con el teniente las cosas no serían tan fáciles como con Winters, pero poco le preocupó aquello cuando pensó en que si estaba en ese puesto, debía ser razonable en condiciones de gravedad, con lo cual ella no debería tener muchas trabas si su ayuda era necesaria.
–¡Eh, Victoria! –La nombró Malarkey a unos metros, reunido con el grupo de muchachos en el mismo lugar de antes–. Únete a nosotros. Babe estaba a punto de contarnos cómo perdió la virginidad. No te lo puedes perder. –Bromeó haciendo sonreír a la chica.
–Necesitamos una opinión femenina para que se conciencie de que es muy feo, y que por eso no ha vuelto a mojar desde entonces. –Agregó Guarnere mientras todos reían y el mentado se quejaba por encima de las mofas.
La chica se acercó para ocupar un hueco vacío entre Bull y George, sonriendo con malicia mientras hablaba en respuesta al comentario último de Guarnere.
–Dime, Bill ¿No estarás celoso porque lo ha hecho más veces que tú? Dicen que una vez es mejor que ninguna, ¿no?
El grupo volvió a estallar en carcajadas y bromas, y la mujer incluso pudo atisbar como Eugene esbozaba una sonrisa inevitable, a pesar de que se veía algo meditabundo.
–¿Sabes? No puedo ni recordar el número de chicas con las que he estado. –Dijo el moreno continuando la broma por encima de algunos comentarios jocosos.
–Cuidado, Guarnere. Dicen que es mejor la calidad que la cantidad ¿No te quedaste a medias con ninguna?
–George tiene razón –intervino Victoria a la par que Bill aseguraba que su virilidad era extrema–. Tendríamos que preguntarles a ella. Quizás te llevarías una sorpresa.
Entre el alboroto pasaron desapercibidas las pisadas del teniente Ledger, quien llegó a la altura del grupo, deteniéndose mientras todos callaban y se ponían serios.
–Estén preparados. El asalto a la ciudad se realizará pasado mañana si todo sale según lo previsto. Pero es más que probable que los alemanes nos lo pongan difícil hasta entonces. Hagan patrullas de vigilancia del perímetro hasta el asalto por si intentan rodearnos por otros flancos. Teniente Lipton, organice los grupos. Victoria, quiero hablar con usted, sígame.
Todo el grupo comenzó a moverse sin pronunciar palabra mientras los comentarios del teniente Lipton eran lo único que llenaban el ambiente, anunciando que el respiro había terminado.
