Estábamos en un lugar que no conocía. Lo que me preocupo.
La oscuridad se cernió sobre mí, escuchaba ruidos a mi alrededor pero nada que avisara que me seguían, sentía una presencia detrás de mí, mire a kattie a la cara.
-Por favor… - susurre suplicante. – no mueras, bebe bonita. Ahora no.
Un dolor zumbante me pego a la cabeza, cortándome la respiración. Me detuve.
Sentía que kattie se me caería de un momento a otro lo que me preocupaba más que mi propia salud.
Respire profundo, tenía que salvarla sin importar que o quien, tenía que llevarla a un doctor.
-Cuando necesitas un maldito coche, no pasa ningún maldito coche. – grite a la nada. No podía sostenerme la cabeza porque perdería a kattie, pero el dolor era fulminante. Sentía como si tirara de mi hacia la derecha, era como una banda elástica tirando de mi hacia ella. Sufrí un mareo, me detuve de nuevo.
-Por favor, Dios nunca te he pedido nada. – murmure a la nada, sentí una lagrima bajando sobre mi rostro. – nada importante, te he dado unas vacaciones toda mi vida y es una bendición que me dieras las fuerzas mediante kattie para salvarnos, pero hemos llegado a un punto de quiebre donde ya no te puedo dar más vacaciones. Necesito tu ayuda, por favor.
Una brisa se levantó sobre mi haciendo que mi piel se estremeciera desde mi cabeza hasta las puntas de los dedos de mis pies.
-Vale, eso lo tomare como una buena señal.
Mire a kattie, no despertaba.
Volví a caminar, no sé por cuánto, no sé cómo. En mi mente la vi a ella graduándose en la universidad de una carrera que no tenía ni idea, pero la veía. Junto a Edward como si él fuera su verdadera sangre.
Prefería quedarme dentro de mis pensamientos felices que fuera, sin ella.
Sonreí un poco.
-No sonrías, estúpida. – chille. – su vida está pasando por tus ojos, ella no morirá. Tú la veras haciendo todo eso. – solloce. – tú la veras, bella. Estarás a su lado, junto a ella toda la vida.
Camine sin rumbo fijo por un momento, no me había fijado en el peso de kattie sobre mis brazos hasta que llegue a una granja.
-Gracias dios. Gracias.
Empuje la reja con mi cuerpo haciendo que esta chillara demasiado fuerte, camine hacia la entrada, había unas personas podía verlas a lo lejos.
Ellos por supuesto me vieron a mi igual y de inmediato alzaron sus armas.
-¿Quién está allí?- pregunto uno.
-¡Las manos sobre la cabeza donde pueda verlas!
-Por favor… - susurre. No sabía si me habían escuchado o no, pero ahora estaba asustada. Ahora lo estaba más que nunca en mi vida.
Ellos se acercaron con sus armas hacia mí.
-Por dios Billy, baja la maldita arma.
-¿Qué?
-Esta mujer esta golpeada.
Sentí como la luz de las linternas me daban en los ojos haciéndome estremecerme, duraron allí más tiempo de lo necesario, me miraban como a animal de zoológico.
Los hombres me vieron golpeada y magullada con mi hija en brazos.
-¿Qué ha pasado?
Un chico se acercó a mí, tenía tez morena y cabello oscuro, largo.
-Mi nombre es Jacob black, estos son mis hermanos y este mi padre. – los señalo como si me importara quienes fueran. - ¿Qué te ha pasado?
-Mi marido… quiero decir mi ex marido me ha secuestrado y nos ha golpeado.- le mire. – a mí y a mi hija.
-¿Están bien?
Los mire con cara de pocos amigos, era una pregunta que por supuesto estaba muy fuera de lugar.
-Llamen a Leah hay personas heridas. – grito el hombre.
-¿Quién es leah? – pregunte.
-Es nuestro veterinario. – respondió Jacob black, incomodo. Vio mi cara. – veras, ella nos ha ayudado cuando nos hacemos daño de vez en cuando. No te ofendas, ella sabe mucho.
-Necesito un medico real. – mi voz salió ronca y firme. – Mi hija lleva mucho tiempo inconsciente, no se cuánto. He perdido la noción del tiempo.
Ellos miraron al bulto en mis brazos y al parecer se enteraron que necesitaba ayuda y no de un veterinario.
El estiro sus brazos hacia mí, yo apreté a kattie contra mi pecho con más fuerza que nunca. No quería dejarla.
Una chica morena, se acercó a mí y a mi hija con una lámpara en su brazo.
-Dios mío… - susurro. – llevadlas al hospital lo más rápido que podáis. Jake, esto no es una cortada de esas con una sierra sin querer, estas chicas han sido maltratadas, mira la herida de la niña. – señalo. – sacadlas de aquí de inmediato si pretendéis mantenerlas con vida. – les grito a todos.
-¿Nos seguirás en tu auto?
-Sí. – me miro. – Soy leah, soy veterinario pero se hacer algunas cosas. Iré detrás de vosotros por si ocurre una emergencia.
Asentí, no podía decir nada más.
Me ayudaron a cargar con kattie por más que me rehusé, pero me sentía mareada y sentía que se me caería para arruinar todo.
-¿Qué ha pasado con el hombre?- pregunto un chico alto.
-Lo empuje por accidente y cayo por el balcón, solo… - respire profundo. – solo quería que mi hija estuviera bien. Y ella ya estaba inconsciente antes de eso. – mire al señor. – fue un accidente, solo intente defenderme.
-Tuvo mucha suerte señorita.
Hubo un silencio.
-¿Podrían llamar a la policía? – pregunte mirando a kattie y llorando al mismo tiempo. – declarare luego que mi hija se recupere, pero no quiero problemas.
Ellos asintieron hacia mí. Eran dos hombres que iban en la camioneta, el chofer y el copiloto. Kattie iba en la parte de atrás junto a mí. Acariciaba su cabello mientras estaba allí.
Pero ocurrió algo antes de llegar al hospital.
Perdí su pulso.
Me desespere, tanto que al bajarme tuvieron que detenerme antes que pudiera lanzarme sobre mi hija.
Tenía un dolor profundo en mi pecho que no podía cambiar ni soportar más. La perdería para siempre, pude acercarme viendo como la reanimaban.
Alguien se acercó a mi.
-¿Cómo está usted?
-¡Salven a mi hija!
-Señora, dígame su nombre.
Mire al enfermero.
-Isabella… isabella swan.
-¿Tiene familia?
-Sí.
-¿Dirección?
Maldición solo quería ver a kattie bien.
Le dije rápidamente o supongo que lo hice donde vivian mis padres, y su numero de teléfono.
-¿Podría decirme que pasa con mi hija?
Necesito que me diga que ha pasado para poder curarlas.
Jacob black se acercó a mí, se le veía preocupado.
Yo No pude decirle nada al enfermero.
Sentí un dolor insoportable en mi cabeza mientras los pitidos en mi oído crecían mucho más de lo necesario.
Caí sobre mis rodillas y luego pude sentir la temperatura del suelo.
Y con el último pensamiento que pude mantener en mi cerebro es que la temperatura del suelo y la del limbo eran iguales.
Eran frías, como la muerte.
Intentare actualizar este viernes. Dependiendo del tiempo que tenga.
Se que es corto, pero era asi :x jaja.
Gracias por leerme, espero les guste este cap.
- A.
