Capítulo 25. Trato con truco.
Konoha, 14 de febrero.
Las Furias se miraron con ojos cansados y rostros pálidos. Al parecer no habían pasado una buena noche.
—Felicidades, chicas —gruñó Tisifone como saludo, ignorando por completo al resto de la comuna.
—Igualmente —contestó Megära en el mismo plan.
Alekto también contestó con una sola palabra: "Hmf". Sí, en la actualidad a eso se le considera una palabra.
—¿Felicidades? —repitió Naruto.
—Es nuestro cumpleaños —aclaró Tisifone como si hiciera falta.
Neji las miró de arriba abajo.
—¿Hoy? ¿Vuestro cumpleaños? —y cuando Megära asintió, soltó una carcajada cruel—. Qué putada.
—No me digas —escupió Alekto.
—Sería tu primer trauma, ¿no? —se burló el Hyûga.
—No sigas por ese camino. No sobrevivirías a tus bromas.
—No será para tanto —intervino Jen.
—He matado a gente por mucho menos.
—¿Eh? ¿De qué hablas? Yo me refería a lo de San Valentín.
—Pues yo me refería a las bromas de éste —la Furia número 2 le sacudió un empujón a Neji.
—¡Qué mal tomada eres! —dijo Naruto.
—No hurgues, que te mata —dijo Kiba con sorna.
—¿Y a quién le importa? —a Jen le dio la vena cruel.
—¡A mí! —contestó Honey—. ¿Quién me iba a invitar a ramen?
—Así te queda más para ti.
—… ¡Cierto!
—Alucino, Honey. ¡Eres una traidora! ¡Sólo me quieres por el ramen! —dramatizó Naruto.
—¿Y qué esperabas? —replicó Jen.
El Uzumaki se quedó plof.
—Así estará quietecito y callado durante un tiempo.
—A ser posible, durante el karaoke —apuntó Sasuke con malísima intención.
—¡Oye, oye! ¡No estarás insinuando que canto mal!
—¡Pues sí, eso mismo estoy insinuando!
—¿Ah, sí?
Entonces fue cuando Lee decidió evitar una pelea y se puso a cantar el cumpleaños feliz a todo volumen.
—Venga, que estamos de cumpleaños —dijo al acabar—. Sea lo que sea, no es para tanto. ¡Disfrutemos nuestra juventud!
—Ya está éste con la juventud… Vale, pero seguro que Naruto canta mal.
—Pues seguro que peor que tú no —replicó Honey, siempre dispuesta a atacar a Sasuke.
—¿Pero yo qué te he hecho? ¿Por qué me odias?
—Pues por qué va a ser, porque sí.
—Buena respuesta —se rió Jen.
—Dios las cría y ellas se juntan —suspiró Sai, todo filosófico él. Y eso que no creía en Dios.
—Tú no hables, SEÑOR ENAMORADO.
—Pero qué manía…
—Y que lo digas —añadió Alekto.
Él se atrevió a mirarla a los ojos de nuevo, pero le dio "miedo" y desvió la mirada.
—Ejem… Lo que yo diga.
—Cállate —gruñó Sai.
—Tomate.
—¡Aquí hay tomate! —se rió Suzy.
—¿Qué tomate? —preguntó Ino—. ¿De qué hablas, Jen?
—El Señor Tomate, digo… Enamorado.
—¡Oh! ¡Es verdad, Sai, estás rojo como pimiento con insolación!
—Como los ojos de tu amada… —entró en el juego Naruto, que por una vez se había enterado de lo que se hablaba.
—¿Queréis dejarme en paz ya?
—Pobre —lo compadeció Kankurô—. Sé lo que es eso.
—Cualquier tío que haya tenido que convivir un mínimo de tiempo con Jen lo sabe —apuntó Neji.
—¿Ahora toda la culpa es mía? ¡La culpa es vuestra!
—¡Mentira! ¡La culpa de que des el coñazo es tuya y sólo tuya! —replicó Kiba muy ofendido.
—Dejadla ya —interrumpió Shikamaru—. Pobre, sus cosas buenas tendrá.
—¡No! Yo soy lo mejor que hay aquí.
—Pamplinas. Lo mejor que hay aquí es Honey —se le escapó a Neji—. ¡Mira lo que me haces decir!
—Has sido tú el que lo ha dicho, yo ahora no hice nada.
—Es todo tu culpa. ¡Me pegaste lo de decir lo que no debo!
—¡Mentira, mentira cochina!
—Qué bonito es el amor —se burló Sai con cinismo.
—Ejem… Alekto, ejem… —carraspeó el Hyûga.
—¡Eh! No me quites mi trabajo, búscate otra cosa.
Él la miró. No le sacó la lengua porque era algo muy infantil, pero el gesto de burla ya estaba en su mirada.
—Me parece que ninguno de los dos está para decir nada del otro, ya lo hago yo —concluyó Jen con una sonrisa malvada.
—De mí no hay nada que decir, métete con Neji y déjame en paz.
—Eh, eh. Que te la juegas.
—¿Dónde está mi escudo? —preguntó la Miyagi mirando a ambos lados.
—¿Quién, san Sasuke? —preguntó Kiba—. Aquí detrás.
—¡Traidor!
—¿Por qué? Yo sólo escondería a cuatro personas de esta comuna, y tú no estás en la lista. Se siente.
—¡Ven aquí!
—¡No! —Sasuke se escondió detrás de Naruto.
—¿Qué haces? —lo delató el Uzumaki.
—¿Por qué no quieres venir? ¿Tan fea soy?
Shikamaru y Chôji se echaron a reír, apoyándose el uno en el otro.
—And the Oscar goes to…
—¡Pedrooooooo! —completó Chôji—. Uy, no. ¡Jeeeeeeeen!
—Vale, no vengas, lo tendré en cuenta.
—Eso es razón suficiente para ir —opinó Gaara.
—También puedo hacer otra cosa…
—Miedo me das —dijo Sai.
—Lo sé —sonrió Jen—. Bueno, tendré que ir yo, y va a ser peor. ¡Ah!, ya sé, estás enfadado conmigo porque te grité, ¿no?
—No, es que no quiero ser tu escudo humano.
—Le damos miedito, pobre cobardica —se burló Neji.
—Me siento mal… ¡Necesito un escudo! —Jen fingió llorar.
—¿No te vale una maceta? —se burló Kankurô.
—¡No seas malo! —Honey lo empujó y no lo movió ni un milímetro.
En cambio, cuando él le devolvió el empujón, casi la tira al suelo.
—¡Pero qué bruto eres!
—Perdona, no soy consciente de mi fuerza.
—Casi me dejas sin amiga —le reprochó Jen, que no era amiga de exagerar ni nada.
—Pobre hermanita —dijo Lee—. La próxima vez ten más cuidado… que se pone quejica.
Jen se puso en pie.
—¡Estoy estresada! Me voy.
—¿Adónde? —preguntó Tisifone.
—Al karaoke. ¡No! Primero me voy a casa a cambiarme de ropa y luego ya voy para el karaoke.
—… Pues te esperamos ahí. Yo a tu centro de tortura no vuelvo —dijo Angel pasándose la mano por el pelo, que volvía a estar tan enredado como si el cepillo de Jen nunca hubiera trabajado en él.
—¡Me voy yo sola! ¡Adiós!
Jen estaba a punto de desaparecer, cuando de repente volvió corriendo, se acercó a Sasuke y le dio un pico, después mientras desaparecía le dijo:
—Te lo debía.
Sasuke se quedó un poco ido, pero esa reacción se la quitó Naruto por la vía rápida, dándole un señor codazo (detrás de otro) y preguntando:
—¿Y eso? ¿Eh? ¿Eh? ¿Por qué te lo debía? ¿Eh?
—Eres lelo como tú solo, pero de algunas cosas bien que te enteras —le picó Megära.
—Pues claro… ¡Eh! ¿Cómo que lelo?
—Eso lo confirma —dijo Sai para fastidiar.
—Totalmente —concidió Alekto aprovechando la ausencia de Jen.
Pero olvidó la presencia de Naruto, y eso que acababa de hablar.
—¡Ves! También te gusta, estás de acuerdo con él.
—¿Y eso qué tiene que ver? —preguntó Suzy.
—¡Todo!
—Mentira —contestó Shino.
—Eso es hablar poco y bien y lo demás cuentos —se rió Kiba.
—¡Yeah! —coincidió Suzy.
—Eso suena rapero —comentó Temari.
—¿Y?
—Hijo, qué humor… A veces me pregunto si eres tú el bicho o los tienes dentro —dijo Kiba.
Shino se encogió de hombros.
—Jo… Sin Jen esto está muy vacío… —se quejó Honey.
—Pero se respira tranquilidad —dijo Suzy.
—¡Hala…! Me voy a chivar.
—¿Y? Es una ventas, nos vendió por su tío. ¿Te parece normal?
—No, pero me sé de uno que nos vendió por Michael Jackson y lo acogisteis con los brazos abiertos cuando volvió en plan hijo pródigo.
Sasuke le dio tal empujón a Honey que la tiró al suelo. Desde ahí, la chica le lanzó un kunai que le atravesó el cuello de la camiseta y se clavó en la pared.
—¡Y como vuelvas a empujarme, te lo lanzo a la cara!
—Eso es para verlo —comentó Neji—. ¡Empújala otra vez!
—Jo… Ya no me quieres…
—Pobre Honey. ¿Por qué quieres que la empujen? —preguntó Angel fingiendo ofenderse.
—No he dicho que quiera que la empujen, sino que la empuje Sasuke para que le lance un kunai a la cara.
—¡Eso si acierta!
—Acertará, te lo digo yo —susurró Suzy en plan fatalista.
—Es como Tenten. ¿Sabes, la puntería de Tenten? Pues igual —aclaró Lee.
—¿Y si nos vamos al karaoke? —preguntó Shikamaru.
Todos lo miraron raro. ¿El vago número 1 de Konoha queriendo moverse?
—¿Qué? ¡Es que me aburro! Ahí por lo menos oiremos música.
—O no. Según quién cante —matizó Shino con malísima intención.
—Seguro que a ti se te da fatal —le picó Kiba.
—No creas.
—Nunca cantas. ¿Cómo lo sabes?
—¡Pelea, pelea! —se emocionó Honey saltando en la silla.
—Lo sé —la ignoró Shino.
—Pues yo no. ¡A demostrarlo!
—No.
—No te atreves —concluyó Kiba.
—Ni tú.
—Yo sí.
—Bien. Pues cantas tú y a mí me dejas en paz.
—No, no, no. ¡Si tan bien cantas, demuéstralo!
—¡Eso! ¡Deléitanos con tu arte! —intervino Suzy teatralmente.
Shino se volvió hacia ella, con una especie de sonrisa, aunque ella, por supuesto, no lo sabía porque todavía no sabía ver a través de la tela.
—Bueno. Si me dejas elegir lo que cantes tú, tal vez me lo piense.
—¡Uyuyuy…! ¡Aquí hay tema! —dijo Naruto con cara de feliz de la vida.
—Eso no convence. ¿No puede ser al revés?
—No.
Suzy se molestó.
—¿Qué pasa, sólo sabes decir esa palabra?
—No, sé más, pero no las digo si son innecesarias.
A veces se preguntaba por qué le gustaba aquel sujeto. Bueno, en realidad, a veces "no" se preguntaba por qué le gustaba aquel sujeto.
—Pues aparece en todas tus frases.
—Mentira.
—¡Ves! ¡Siempre negativo, nunca positivo!
—¡Suzy van Gaal! —se rió Honey, y se inclinó hacia su amiga para decirle algo al oído.
—Esos susurros me dan mal rollo —comentó Kankurô.
—Las chicas son problemáticas.
—Eso lo dices una media de seis veces al día —replicó Yoshi.
—¿Ah, sabes calcular una media? —atacó Neji, rápido como el pensamiento.
—¡A callar, que no la oigo! —gritó Suzy.
—A ver, que te lo repito —y Honey volvió a empezar.
Cuando terminó, su amiga sonrió.
—¡Yeah!
—Venga, Missy Elliot, díselo…
—Shino… hagamos un trato, tú cantas conmigo y yo te dejo elegir la canción.
Shino fingió pensárselo.
—Ese trato tuyo tiene truco, fijo.
—¿Por quién me tomas, por Jen?
—No. Pero sois compañeras de equipo. Todo se pega.
—¿Qué pasa, no te fías de mí?
—No.
—Vale, vale… lo tendré en cuenta.
—¿Por qué dramatizas tanto? —preguntó Shino, cansado.
A veces se preguntaba por qué le gustaba aquella loca. Bueno, en realidad, a veces "no" se preguntaba por qué le gustaba aquella loca.
—No, no, no… Ahora no me digas nada.
—Se ha ofendido… Acabas de meter la pata hasta el fondo, Shino —advirtió Honey.
Él se encogió de hombros.
—Lo siento —mintió.
—No me vale ahora eso. ¿Aceptas o no?
—¿Estás segura de querer cantar conmigo?
—¿A ti qué te parece? Si no, no te lo habría dicho.
—Bueno. Trato hecho.
—¡Vale! Me pregunto qué estará haciendo Jen.
—Tirar toda la ropa por ahí para escoger qué se pone, imagino —contestó Sasuke.
—No creo que la tire por ahí, la quiere más que a sus padres. Como está en casa más a menudo…
—¿Y a sus padres sí los tira por ahí? —bromeó Naruto.
—¿Y cómo iba a hacerlo, si no están nunca? —observó Lee.
—¿Qué? ¿Vamos al puñetero karaoke? —gruñó Shikamaru, que ya estaba aburrido de la existencia.
—¿Tanto te apetece torturar nuestros oídos? —preguntó Temari con aspereza.
—Sí, ¿por?
—¡Bah! ¡Qué idiota eres!
—Sí, sí. Yo también te quiero…
—En fin… ¿Nos vamos? Porque va a llegar antes la loca que nosotros —dijo Suzy.
Honey la miró con cara de "pobre inocente".
—Nah, no creas. Hagamos lo que hagamos y lleguemos cuando lleguemos, ella llegará más tarde que nosotros.
Notas:
¿Honey sólo quiere a Naruto por el ramen? ¿Jen le cambiará el apodo a Sai, o seguirá siendo el Señor Enamorado de por vida? ¿De verdad Sasuke se merece que lo beatifiquen? (Nota de Kohaku: No.) ¿A qué cuatro personas escondería Kiba? ¿Cómo puede ser que hasta Gaara le tenga miedo a Jen? ¿El bicho es Shino, o es verdad que los tiene dentro? Y lo más importante… ¿Tendrá cuidado Kankurô la próxima vez que empuje a Honey? Todo esto y mucho más, más adelante en "Crónicas de un estilista". Y por cierto… ¡vuelve el estilista!
Saludos. Se despiden las Sisters of Sorrow.
