Suiza entra al cuarto de Austria, rojo hasta la raíz del pelo, dando un portazo pero Austria no esta en el cuarto.
—Österreich? Traje tu leche —sentencia vacilando e si poner o no el vaso con leche encima de la mesa de noche sin posavasos recordando el asunto del vasito.
—Danke —responde desde el baño—. ¿Has visto a Deustchland?
—Ja... y al idiota de su hermano, y a Spanien y a France—protesta sentándose en la cama con el vaso en la mano.
—Te han dicho algo —deduce sonriendo malignamente.
Suiza no responde nada, gruñendo algo indescifrable y dándole un pequeño trago a la leche, porque tiene muchísima hambre y le tiró su vaso a Prusia en la cabeza.
—Como suponía —sale del baño en toalla.
—Son idiotas —se sonroja mirándole con cara de bobo.
—Ja. Me acompañarás ahora a hablar con Deustchland.
—¿A hablar de qué? —sale del idilio apretando los ojos y desviando la mirada.
—Tengo que advertirle que vamos a desayunar fuera.
—¿Tienes que advertirle cada vez que comes fuera? —frunce el ceño cada vez menos convencido de este modo de vida (para el deleite de Prusia).
—¿Acaso tu no adviertes a Liechtenstein de todo lo que haces? —pregunta vistiéndose.
—Eso es diferente, Liechtenstein es una niña pequeña y dulce —responde mirando el vaso... y espiándole de reojo sin poder evitarlo.
—Deustchlanden algún lugar sigue siendo un niño pequeño y sensible —le sonríe.
—No creo que él sea en lo absoluto pequeño y sensible después de las atrocidades que pasaron hace algunos años — le extiende el vaso mirándole a los ojos.
—Hablaremos de eso luego —responde Austria tomando el vaso.
Suiza suspira mirándole a la cara, poniéndose un poco nervioso con ese asunto de hablar de eso luego... finalmente eso y Alemania fue lo que organizó todo el desastre. Frunce el ceño y se levanta de la cama.
—Vámonos.
Austria baja el vaso y se relame los labios. El helvético le mira otra vez con cara de bobo y le ruge el estómago sonoramente.
—Vámonos. ¿Sabes si siguen en la cocina?
El rubio vacila porque en realidad no quiere ir a la cocina otra vez.
—Puedo esperarte afuera.
—Nein, bitte
Suiza gruñe un poco mirando al suelo.
—Mi... Tú... la ropa que traía anoche... —carraspea y se sonroja—, tiene mi teléfono.
—¿A quién se la diste?
El suizo se sonroja más y baja el tono de voz.
—Tú... el piano.
—Trata de usar conectores del tipo determinantes, pronombres y sobre todo verbos en tus frases, bitte
Suiza frunce el ceño y mira el reloj otra vez.
—Tú me la quitaste abajo del piano y supongo que sigue ahí —explica como niño pequeño al que le hacen confesar que perdió el lápiz en la escuela.
—Está en el armario de abajo, luego vamos a por ella.
Suiza parpadea sorprendido de que sepa, porque el no tiene IDEA de cuando pasó eso. Tiene idea de muchas otras cosas que pasaron, cierto... pero de eso, no tiene ni idea. Se sonroja más y abre la puerta del cuarto, deteniéndosela para que pase... viejo hábito aprendido en otros tiempos.
Austria pasa pensando que la guardo ahí expresamente para que no estuviera desordenada, para hacerle esperar mientras la guardaba y para que nadie pudiera encontrarla si acaso Suiza huía de madrugada pensando que esto había sido un error.
El helvético mira afuera del cuarto un instante, preguntándose qué significa realmente esto. Este giro sorprendente de los hechos que al parecer al único que sorprendía era a él.
Austria se encamina, sin embargo, al cuarto de Alemania primero y el rubio le sigue, olvidando un poco la vacilación, frunciendo el ceño.
—¿A dónde vamos?
—A buscar a Deustchlanda su cuarto a ver si por casualidad podemos ahorrarnos la cocina.
—Pero si yo lo he visto en la cocina... —se guarda las manos en los bolsillos, sintiendo que esta es una casa de locos.
Austria golpea la puerta del cuarto y Alemania la abre tan rápido como si estuviera parado al otro lado de la puerta.
—OH —les sonríe porque Alemania está de muuuuuuy buen humor y a él NO le da lo mismo además lo que ha pasado con ellos, con el desayuno de Italia en la mano—. Österreich, Schweiz! Denme un segundo, bitte...
Austria sonríe tranquilamente mientras el alemán entra y pone la charola de desayuno sobre la cama... no tiene idea de dónde esté Italia... pero Alemania vuelve a la puerta.
Suiza hace los ojos en blanco, pensando que esto es demasiada familiaridad con gente extraña. Se recarga en la pared un par de pasos lejos de ellos dos, mirándoles en silencio.
Alemania mira a Suiza de reojo y luego a Austria... con un poquito más de expresividad en la mirada de la que suele tener. Le pone una mano en el hombro y le da unas palmaditas.
Austria le "fulmina" sonriendo.
Alemania le sonríe un poquito de lado, y luego se sonroja un poco y me da un poco de pena la falta de habilidad de comunicación del alemán.
—Deustchland, necesito que le devuelvas a Schweizsu pistola para paliar la increíble confusión que me crea al respecto de su alegría, el hecho de que no la tenga.
Suiza abre la boca y se sonroja con esto, cruzándose de brazos y fulminando a Austria.
—Oh... está en tu cajón de la cómoda a la entrada —responde —, ¿puedes sacarla tu? Es que yo... —carraspea —. ¿Se quedan al desayuno? Hice strudel.
—Nein, vamos fuera, al parecer Spanien, Frankreich y Preussenya han comentado suficiente sobre el concierto de esta mañana para el gusto de todos.
Suiza aprieta los puños frunciendo el ceño, indignado con que sea AUSTRIA el que se está burlando.
—Österreich!—protesta Suiza. Austria sonríe.
—Oh... —carraspea un poco sonrojado, tomando el pomo de la puerta para volver al cuarto. Luego recuerda algo —. Si ves a Liechtenstein salúdala de mi parte, bitte.
—Así lo haré, Schweiztiene a bien de agradecerte el aguardiente.
Alemania frunce el ceño mirando a Suiza sin entender... quien se ha sonrojado a un tono vino tinto.
—VERDAMMT! ÖSTERREICH!
—Dicho esto, creo que dejaré que sigas disfrutando de tu decisión con Italien, ahora tengo que darle una pistola de verdad a Schweizy temo ser igual de bueno consiguiendo que la dispare como con la otra.
Alemania sonríe un poquito mientras Suiza toma a Austria del brazo y le empieza a arrastrar hacia las escaleras.
—Eres infinitamente imbécil, ¿lo sabes? Mein gott in himmel...—protesta Suiza entre dientes.
—Auf wiedersehen—se despide Austria mientras tira de él.
Alemania se despide de ellos con un movimiento de la mano abriendo la puerta del cuarto y entrando en él.
Suiza protesta hasta llegar al mueble de la entrada... o al o que supone que es el mueble de la entrada.
—Creía que querías primero el teléfono.
—Quiero los dos —le suelta el brazo.
—No tienes que preocuparte, Deustchlandno ha entendido ni una cuarta parte de lo que le he dicho —explica sacando la pistola
El helvético le mira con el ceño fruncido.
—Le has contado del aguardiente... Bah! ¡La vez pasada él me lo dijo!
Austria le sonríe y Suiza gruñe malhumoradillo desarmando la pistola en automático y volviendo a armarla
—Le conté lo suficiente para que pudiera comentarte a ti lo adecuado sin entender más allá
Suiza se sonroja.
—No cuentes esas cosas.
—No lo hice, pero quería que te lo dijera.
—¿Por? —Parpadea y le mira.
—Por que tú sí sabes de qué hablo —confiesa.
—Y querías molestarme —deduce humedeciéndose los labios.
—Eso mismo —se dirige a la sala del piano. Suiza frunce el ceño y le sigue.
—Quieres... Ir a casa a desayunar? -pregunta mirándole de reojo nervioso de estar a solas y hablar de cosas—. O prefieres ir fuera.
Austria se arrodilla frente al armario buscando la ropa.
—Necesito hablar contigo, así que lo que te sea más cómodo.
Suiza se sonroja al recordar el asunto bajo el piano pero sale del ensimismamiento con lo de hablar.
—Hablar...
—Ja.
—Vamos fuera —decide que no quiere meterle a casa si no sabe que cosa se le va a ocurrir decirle.
—Eso mismo pensaba yo —le tiende la ropa.
El helvético saca el teléfono del bolsillo y mira que nadie le ha hablado. Se echa la camisa sobre los hombros y le mira nerviosito viendo el reloj.
Austria le vuelve a sonreír.
—Vamos —suelta con el ceño, visiblemente más tenso que antes—. ¿De qué es que vamos a hablar? No vas a quererme convencer de matar a media humanidad, ¿verdad?
—¿Qué te han dicho, entonces? ¿Les gustó el concierto? —pregunta Austria cuando salen y se suben al coche para irse. El rubio automáticamente se vuelve del color de su bandera. Nunca, nadie conocido le ha escuchado hacer eso con Austria así que le da más vergüenza aun... Es... Es vergonzoso. Muy. Ni siquiera se da cuenta de como pasa, solo pasa. ¡Pero no es un concierto!
—¡No es un concierto! —chilla.
—Eso es solo un eufemismo —responde tan tranquilo.
—No me estas explicando eso —protesta—. Ya lo sé, pero me parece un mal eufemismo.
—¿Cuál hubieras usado tú?
—¡Ninguno! ¡No hay necesidad alguna de hablar de eso! Eso que no pasa además —tsundere—. NO PASA... Porque no hacemos nada... Y aunque lo hiciéramos, que no lo hacemos. Yo soy silencioso.
—Pero alguna explicación tenía que darle a Deustchlandsobre por que no nos quedábamos a desayunar —se defiende.
—Y de todas, ESA es la única que convenientemente te pareció adecuada. Verdammt...NO hables de eso —protesta sonrojado.
—Está bien, en cualquier caso no planeaba volver a mencionarlo si no se da la ocasión en la que sea necesario.
—Noesnuncanecesario —bufa, mirándole de reojo en el coche "indignado" —. ¿Qué va a decir Deutschland?
—Que se alegra, seguramente. Y luego va a contarme una serie de cosas raras que no ha entendido que le ha hecho Italien—resume desinteresadamente.
—¿Italia? ¿Que tiene que ver Italia aquí? —Suiza no se ha enterado.
—Nada, tu tranquilo.
Frunce el ceño.
—Deja de intentar hacerme el tonto.
—¿No notaste ayer a Italien un tanto más... expresivo con Deustchlandde lo normal?
—Eso parece normal en esa casa de locos —susurra sonrojándose un poquito.
—Bueno, ja.Pero no tanto.
Le mira de reojo.
—Spanien y Preussendijeron algo raro sobre.. —empieza y luego se sonroja más incapaz de seguir con esa línea de pensamiento... Sonrojado —. Olvídalo
—No, dí —le insiste. Suiza se revuelve en su lugar incomodo.
—Algo raro sobre anoche, realmente no lo entendí, algo de un secreto. Creo que estaban molestándome.
—¿No les preguntaste?
—Nein,estaba más preocupado en intentar no matarles por burlarse de mí exactamente por lo mismo que te has burlado tú.
—Ah, ja—sonríe cínico—. Supuse que ellos también harían eso, por eso no quise bajar.
Bufa.
—Claro, que se burlen del idiota se Schweiz y no de ti.
—Bueno, tú habrías hecho lo mismo, es instinto de supervivencia, además, así ahora ya te dejarán más o menos en paz.
—Yo no hice eso! Y no planeo volver a verles.
Austria se revuelve un poco y se le pone un semblante más serio
Suiza no se entera, conduciendo por la autopista a toda velocidad... Ahora en silencio, al parecer, mirando a Austria de reojo unos minutos más tarde.
—Schweiz, ¿qué planeas que suceda ahora?
—Vamos a ir a desayunar.
—Excelente, genio. Pero no me refiero a eso.
Suiza le mira de reojo, suponiéndolo y luego suspira, tensándose más.
—¿Qué esperas tú que pase?
—Quizás sería más prudente esperar que aparques antes de hablarlo.
El helvético tiene un escalofrío, pensando en ello. No tiene idea de lo que quiere que pase, pero si van a discutir otra vez y a volverse a casa de Alemania... Suspira.
—No tardaremos en llegar —murmura por lo bajo sintiéndose repentinamente pesado y tenso. Le mira de reojo otra vez.
—Bien, quizás puedas pensar en ello mientras —mira por la ventanilla jugando con las puntas del pañuelo de su cuello, un poco nervioso.
¿Pensar en que? Se pregunta a sí mismo. No hay nada en lo que realmente quiera pensar, si estuviera pensando con claridad estaría sentado en su casa, tranquilamente… Odiándole.
Pasa en silencio un rato más, mirándole intermitentemente de reojo poniéndose cada vez más tenso... Pensando en que tiene todavía un montón de razones para odiarle... La guerra, el que le haya echado y especialmente el no haberle buscado nunca una vez terminada la guerra. Al final, él tenía razón. Frunce el ceño.
Austria mira por la ventanilla reflexionando. Él sí tiene una idea bastante clara de lo que quiere y ha estado toda la mañana actuando como si Suiza ya hubiera accedido a ello, sin querer realmente hablarlo por miedo a que el helvético no piense igual y no parece que así sea por sus reacciones, pero igual es importante poner las cartas sobre la mesa antes de hacerse más ilusiones quizás en vano.
Suiza toma la salida de la carretera que le corresponde con el ceño fruncido y en silencio. Conduce un poco atrabancado un par de minutos más saliendo por un camino de terrecería antes de entrar a la ciudad. Se estaciona debajo de un árbol.
Austria suspira mirando dónde están pensando en si tiene que pedirle a Alemania que venga a recogerle, sin querer pensar que vaya a salir mal, pero sabiendo que el momento se acerca peligrosamente y se imagina "Ehh.. Estoy en Suiza, en... Un camino de terrecería, debajo de un árbol" aprieta los ojos.
Suiza suspira bajándose del coche y cerrando la puerta tras él, empezando a caminar hacia... La nada. Austria le sigue lentamente. Mirándole.
—¿A dónde vas? —pregunta el moreno tras unos pasos.
—A desayunar —se gira y le mira a la cara, vacilando un poco.
—¿En mitad de la montaña?
Suiza le mira a la cara pensando en que esa es una de las preguntas más estúpidas que le han hecho nunca.
—Ja —responde igual y se da la vuelta, metiéndose entre unos árboles.
—Bien —le sigue pensando que obviamente Suiza no esta entendiendo el problema, dejándole hacer.
Suiza camina unos pocos minutos en la montaña, hasta llegar a un claro, con una casita muy mona. Toca la puerta, sonrojándose un poco y mirando a Austria de reojo.
Austria le sigue bastante rezagado andando lentamente y mirando el paisaje hasta que ve, lo que supone, es una cabañita de pastoreo.
—Soy yo, Frau Luthi—indica el suizo con el ceño fruncido. La puerta se abre y una ancianita como siempre, le mira malencarada desde dentro.
—Nosotros —corrige el austríaco llegando a su lado, apoyando una mano en su hombro.
La mujer mira a Austria con desconfianza, frunciendo más el ceño. Él le sonríe sutilmente con una ligera inclinación de cabeza a modo de saludo.
—¿Dónde está Liechtenstein? —pregunta mirando al Suizo, en tono de regaño.
—En casa —responde Suiza nerviosito con la mano de Austria encima.
La mujer mira de pies a cabeza a Austria y frunce más el ceño aún.
—Hemos hablado con ella esta mañana, está perfectamente bien —añade Austria.
—Österreicher—indica ella hacia el austriaco (que quiere decir, precisamente Austriaco) con desagrado.
—Herr Österreichen persona —responde él con una sonrisa altanera.
La mujer levanta las cejas algo sorprendida y luego mira a Suiza.
—Créame, ha sido bastante impactante para todos —asegura sin dejar de sonreír.
—Mein gott —protesta el suizo apretando los puños —. Déme una cesta igual que siempre, Frau.
Ella sigue mirando a Austria con más asombro esta vez que desconfianza, camina hacia adentro de la casa con sorprendente agilidad y sale un par de minutos más tarde, cargando una cesta.
—Encantadora —comenta Austria para Suiza mientras esta dentro en un tono que no se puede considerar sarcástico... ni sincero.
Suiza bufa y le mira de reojo.
—Herr Luthimurió en la guerra —explica.
—Estupendo —vuelve a comentar, esta vez sí de forma sarcástica. Suiza se sonroja un poco y le mira otra vez de reojo.
—Era austríaco —agrega justo antes de que la mujer salga con la canasta en la mano. El moreno le mira de reojo.
Suiza saca un billete y se lo extiende a la mujer. Ella niega con la cabeza
—Regaña al cabrero si lo ves por ahí, no ha estado alimentando bien a las cabras —ordena cerrando la puerta.
Austria levanta las cejas.
—Mis mejores deseos, Frau Luthi, Dankeschön—se despide a la puerta pensando que si es como Suiza, no solo estará escuchando del otro lado, si no que les espiara un poco por la ventana.
Suiza también las levanta porque la mujer no le ha dado siquiera un huevo gratis en toda su vida. Mira a Austria de reojo empezando a andar otra vez, espiados por la señora (desde luego).
Austria anda junto a Suiza y cuando están unos metros más allá le toma de la mandíbula girándole la cara hacia si y dándole un beso casto en los labios, lo bastante para que una mujer como esa pueda refunfuñar sobre la indecencia con una pequeña sonrisa.
Suiza abre los ojos como platos. Sonrojándose hasta alcanzar el color de la mermelada de fresa que trae en la cesta y las cortinas de la casita se mueven.
Austria sigue andando como si nada.
El rubio saca la manta de la cesta poniéndola en el mismo lugar de SIEMPRE, sonrojado aun, murmurando algo por lo bajo. Austria sonríe un poco, esperando y luego recuerda que aún tienen que hablar.
Finalmente Suiza se sienta en el suelo y sirve dos tacitas de chocolate caliente de un termo. Mira a Austria esperando a que se siente. Él lo hace, delante de él mirándole. El helvético suspira nervioso y le mira a los ojos.
El moreno sonríe un poquito, nervioso también.
—Es esto lo que quiero y lo que tengo —indica el rubio.
—¿Y qué hay de mi? —pregunta Austria, Suiza frunce el ceño.
—Esto —señala la manta y a ellos —, tú estás aquí.
—Bien —sonríe asintiendo con la cabeza suavemente.
—Pero... es que. Yo no tengo ni quiero tener aspiraciones a algo mucho más grande.
—¿Qué quieres decir con eso? —pregunta buscando algo en la cesta y sacando unas galletas.
—¿Qué es lo que quieres tú? La última vez tú —carraspea
—Yo... —el austríaco vacila un poco y le mira—. Creo que esto ha sido divertido y hacia mucho tiempo que no estaba de tan buen humor, pero...
Suiza levanta las cejas tensándose con eso puesto así... pensando que hay un pero.
—No quisiera que se limitara a eso. A que cada cincuenta años la necesidad te haga venir como si solo hubiera sido un impulso incontrolable. Ni tampoco quisiera que continuaras detestándome de verdad si acaso no pretendes tu tampoco que sea considerado como algo fruto del momento.
—Was? ¡Yo no he venido por ninguna necesidad! —chilla frunciendo el ceño... sonrojado.
—Sigo sin tener ni idea de por qué viniste, eso es lo que me incomoda —confiesa.
Suiza se pellizca el puente de la nariz pensando que no tiene una respuesta a eso, porque en realidad no sabe tampoco por qué fue, o no quiere saberlo... porque el pensar en haber ido por Austria es algo que a el también le incomoda.
—Tú me echaste de tu casa y jamás viniste a buscarme otra vez. Yo no... —carraspea porque decir estas cosas le cuesta. Cierra los ojos—. Yo no sé qué esperabas.
—No esperaba nada, fue tu decisión no apoyarme en lo que pasó, para mi no tenía sentido volver a ir a buscarte insistiendo.
El helvético le mira a los ojos.
—Eres neutral desde que terminó la guerra —suelta pensando que es algo que lleva cincuenta años queriendo decirle. A él.
—Aprendí algunas cosas desde entonces —le mira directamente.
El helvético se sonroja un poquito, sonriendo levemente porque eso de la neutralidad de Austria es algo que casi lo hizo volver al final de la guerra, sólo por felicitarle.
—Hago grandes esfuerzos por detestarte —murmura sacando dos panes y queso de la canasta.
—Mientras solo sea para sentirte mejor y no de verdad, puedes hacer lo que quieras —sonríe mirando el queso.
—Estábamos bien antes de la guerra —agrega partiendo el pan con su navaja suiza, sin mirarle a la cara.
—Podemos volver a ello... —propone. Suiza cierra la navaja y frunce el ceño.
—Hay unas cuantas condiciones —cierra los ojos y se sonroja.
—Veamos —pide.
—No puedes pervertir a Liechtenstein, ni enseñarle NINGUNO de tus pésimas costumbres.
—¿Pervertirla? —parpadea sin entender en qué está pensando.
—Pues... llevarla por el camino del mal, ella es una florecita inocente —explica frunciendo el ceño y mirándole.
—Sabes que ella vivía conmigo cuando era una niña pequeña ¿verdad? —pregunta sin poder evitar sonreír.
—Ese es justo el problema... al fin logré arreglarla, así que cuidado con ella —advierte.
—Bien, prometo no hacer nada que pueda dañarla o perjudicarla.
—Ni humillarme frente a ella —agrega más sonrojado pasándole un pan con queso.
—Humillarte, qué exagerado —dramatiza tomando el pan.
—Oh, como si no te conociera bien —protesta mordiendo su pan y mirándole a la cara, cubriéndose los ojos del sol con una mano.
—¿Consideras que lo que he hecho con Deustchlandha sido humillante?
Se sonroja más, acordándose.
—¡Claro que lo ha sido!
—Entonces no puedo cumplir esa condición, lo lamento —se encoge de hombros.
—Was?¡No vas a hablar de lo que hagamos con Liechtenstein! ¡Te he dicho que no la perviertas!
—Liechtenstein tiene que saber lo que le pasa a su bruder.
—Nein,¡no tiene que saber esas cosas!
—Por supuesto que tiene que saberlas, ¿cómo sabrá entonces que dispararme ahora no es una buena idea si llevas cincuenta años enseñándole que sí lo es si no se lo dices?
—Hablo de los detalles, idiota, lo otro... —carraspea, pensando que tampoco es como que quiera decírselo—, ya veremos.
—No recuerdo haberle dado ningún detalle a nadie.
—Hablaste con Deutschlandsobre no sé que cosa de mis gritos... que es mentira
—Deustchland ya sabía cualquier detalle sobre tus gritos él mismo —sonríe burlón—. Pudo oírlos de tu propia voz.
El helvético se sonroja más, terminándose su pan y protestando algo entre dientes.
—Odio eso, lo odio... y odio que estemos ahí y que lo escuche todo el mundo —aprieta los ojos.
—Entonces no estemos ahí.
Suiza le mira a la cara y se relaja un poco con eso.
—Bien —saca la mermelada de fresa y suspira mirándola, pensando que cada vez que la come se acuerda de Austria, aunque no quiere.
—¿Alguna otra condición? —pregunta antes de seguir comiendo.
El rubio le mira, pensando en todas las condiciones que quiere que incluyen que no le moleste y que no le haga rabiar... Frunce el ceño.
—Nein—murmura levantándose.
—Estupendo —sonríe cínico—. No quisiera tener que romper más normas —bromea.
Suiza se estira un poco y se sienta otra vez, como un metro más cerca de Austria esta vez... casualmente. Hace los ojos en blanco mirándole de reojo.
—¿Y tú tienes alguna condición? —pregunta gruñendo un poco.
—Seguramente, pero ya te enterarás de ellas a medida que se me ocurran.
—Eso no es justo, a ti se te puede ocurrir cualquier clase de ridiculez que no quiera cumplir —replica haciendo los ojos en blanco otra vez.
—No veo cuál sea el problema.
Suiza mira el reloj.
—¡Pues que no la quiera cumplir!
—¿Y qué sucede si no la cumples?
—Pues no lo sé, tu puedes entonces decidir que no… —se interrumpe a si mismo, bufando un poco y sonrojándose, echándose hacia atrás y recargándose en sus codos—. Bah! Da lo mismo.
En cuanto hace eso, Austria inclina la cabeza mirándole. Suiza se sonroja un poquito mirándole de reojo.
El moreno sonríe, se da la vuelta y apoya la cabeza en su estomago. El rubio le mira y no dice nada... porque en realidad, esto era justamente lo que quería.
—Tienes prohibido contarle a Liechtenstein nada sobre el aguardiente.
—¿Sabes? esa es la magia de ese asunto.
—¿Cuál magia?, no hay ninguna magia en ningún asunto.
—Por supuesto que la hay. No tengo ningún interés en contarle a nadie el asunto del aguardiente, por que es absolutamente perfecto para hablar de él en público sin que nadie más que tú sepa en qué estoy pensando realmente —explica. Suiza se deja caer de espaldas, bufando y recordando claramente ese día.
—Pues entonces tienes prohibido hablar del aguardiente —levanta una mano y así como que no quiere la cosa... se la hunde en el pelo. Lo que hace la relajación.
—Oh, mein gott,otra regla más que romper —responde cínico sin comentar nada de la mano en su pelo.
—Österreich!Voy a tener que prohibirte entonces acercarte a ella, ¡te he dicho que no la perviertas!
—Forma parte de la gracia, ella no va a tener ni idea de que es una perversión tuya.
—¡No es ninguna perversión mía! —levanta la cara y le mira. El austríaco le mira también.
—¿Qué es entonces?
—Es tu culpa! Siempre es tu culpa
—No estaba buscando un culpable, estaba buscando una descripción.
—Pues "perversión" es una descripción... f-fatal —aprieta los ojos pensando en las perversiones de ayer noche y de hoy en la mañana, temblando un poco.
—Si no lo consideras una perversión no veo que tiene de malo hablar de ello.
—De esas cosas no se habla —murmura entre dientes volviendo a incorporarse un poco para mirarle.
—Ahora estamos hablando de ello —le sonríe.
—¡No deberíamos!
—¿Por qué no?
—Porque no, porque... Nein!Es vergonzoso y... vergonzoso.
—¿Te da vergüenza? —se gira un poco para quedar de cara a él preguntándolo expresamente como si no lo supiera perfecto aun si Suiza no acabara de decirlo.
El helvético le mira y se sonroja, dejándose caer de espaldas otra vez y apretando los ojos.
—Claro que me la da... si a ti no te la da, eres un desvergonzado.
—No he dicho que no lo haga —responde tranquilamente volviendo a mirar los árboles que tiene delante.
El suizo levanta la cabeza y le mira otra vez, deteniendo la mano que vuelve a estar en su pelo.
—Pero no me da tanta como a ti, desde luego.
Suiza levanta el brazo y se tapa los ojos.
—Deja de hablar de estos temas, ¿quieres? No he dejado de pensar en eso desde que me desperté.
—¿Y no te gusta? —sonríe. El rubio dobla las piernas y aprieta los labios sin contestar. Austria se ríe un poco.
—Esto también está prohibido —se gira poniéndose un poquito de lado, aunque manteniendo la cabeza de Austria más o menos en su abdomen.
—¿Has notado al resto? —cambia de tema para no molestarle demasiado.
—¿El resto de qué? —se quita el brazo de los ojos y le mira.
—A los demás, a Deustchland y a Spanien...
—Nein, todos están muy felices de reírse de mi con tu ayuda... —protesta volviendo a taparse la cara, haciéndose un poco bolita alrededor de Austria.
—Creo que tú también podrías haberte reído de ellos.
Suiza levanta el brazo y vuelve a mirarle.
—¿Perdona? ¿Por?
—TODOS estaban igual que tú, ¿no lo notaste? —pregunta idiotamente por que es obvio que Suiza no lo hizo.
Se sonroja llevándose una mano a las regiones vitales.
—Was?!
—Evidentemente no por mi, mein gott,pero... Algo bastante curioso, ¿no te parece?
Suiza aprieta los ojos y se sonroja más por el asunto de "no por mi"... y luego recuerda lo que le ha dicho Prusia.
—Oh... Preussen!
—Ja?
—Me dijo algo extraño, lo que te decía hace rato —carraspea y se cubre la cara otra vez, porque es más fácil hablar de esto cuando está escondido. Baja el tono de voz—... algo como... "quizás él cree que estaba excitado... porque le excita".
—La verdad, yo creo que pusieron algo en la comida. Es extraño que justo a partir del postre todo el mundo empezara a sentirse un poco... incomodo.
Piensa un poco, considerando que él se ha empezado a sentir incómodo desde antes, pero a la vez valorando el que... bueno, algo raro pasaba dado que en realidad no era normal tanta insistencia por más Austria que fuera. Eso quería decir que Austria estaba así también por eso y todos los demás. Se relaja un poco pensando un poco en los sucesos de la noche y considerando que en lo absoluto le parece que haya pasado algo malo.
—Eso explicaría muchas cosas —murmura —. Aunque... ¿cuál era la intención?
—No lo sé, ¿molestar?
—Pues vaya que lo han logrado —responde un poco sarcásticamente volviendo a mirar el reloj... el histeriquito de Suiza.
Austria se ríe.
—Lo único que no entiendo es qué haces tú viviendo en esa casa de locos... ¡con lo controlador y perfeccionista que eres!
—Dicho así hasta suena a insulto.
—Pues lo es... ¡Eres un histérico! —Ok, Suiza... esto ya es demasiado.
—¿Yo? ¿Quién es el que se pone a gritar y no puede hablar de perversiones?
—¡Eso es tu culpa!
—Quizás, pero eso no te quita lo histérico, Liebe.
Suiza le pone una mano en el hombro dándole un par de golpecitos para que se levante. Incorporándose el un poquito, porque llevan como diez minutos acostados.
Austria se incorpora un poco a regañadientes por que no le importa estar perdiendo el tiempo. Una pequeña y sutil diferencia entre ambos.
—Österreich—carraspea, porque algo le da vueltas en la cabeza desde hace rato y quiere dejarlo claro antes que otras cosas...
—Ja?
—Ungarn y tu... o Deutschland... —vacila, el austríaco inclina la cabeza a la espera de que hable—. Ustedes —carraspea—. ¿Tienen algo?
—¿A qué te refieres? —frunce el ceño.
—A que ustedes... bueno, no sé.
—Somos amigos.
Le mira
—¿Nada más?
—Nein, no creo que Preussen e Italienestuvieran contentos conmigo de ser así
Suiza se relaja un poco más con esto mirándole a los ojos un segundo. Se hinca en la manta y se acerca a él.
Austria le mira fijamente mientras el rubio se acerca aún más a él y le besa suavemente los labios... y es que insisto que está de buenas.
Austria se sonroja un poco y se deja, claro y a Frau Luthise le salen los ojos adentro de su casa, mirando la escena con un par de binoculares, mientras Suiza recuesta un poco a Austria en la manta, hundiendo LAS DOS manos en su pelo.
Austria le pone las manos en la cintura notando la caricia en el pelo, sonriendo.
Y aquí suele ser cuando a Suiza las cosas le salen "mal", porque separarse le da vergüenza y seguirle besando le da... vergüenza. Se separa torpemente y hunde la cara en su cuello. Operación Avestruz.
Austria le abraza
—Es tarde (todos nos preguntamos tarde para qué pero vale...), vamos a casa —susurra después de unos instantes, sin moverse.
—Bien —concede. Con un poco de vergüenza, el de ojos verdes se separa un poco y le besa la mejilla rápidamente, levantándose, sonrojado y sin mirarle.
El moreno sonríe con eso.
—Ayúdame a recoger, y... —carraspea —, apresúrate.
Austria le ayuda, levantándose de la manta. (Gesto impresionante y servicial donde los haya)
Suiza termina de guardar todo, poniéndolo dentro de la cesta con la manta doblada encima. En silencio, aún sonrojadillo. Empieza a caminar hacia la casita de nuevo, atrabancado y nerviosito.
Austria le sigue tan tranquilo por que Frau Luthi le llama la atención.
Suiza vuelve a tocar la puerta anunciando quien es... porque estos bosques están llenos de gente, LLENOS, y es necesario indicar quien es cada vez que tocas... aunque tengas que devolver la canasta después de que te la prestaron.
La ancianita abre la puerta unos tres segundos más tarde, algo sonrojada y con el ceño más fruncido que antes. Sale por la puerta enfrente de Suiza y le mira a los dos. Tenemos aquí a una versión mucho mucho más ruda de Suiza... y más tsundere.
Austria vuelve a sonreír con bastante insolencia por algún motivo.
—Pero qué estupidez y ridiculez es esta, ¿eh? —les mira a ambos con los brazos en jarras.
—Una que hace sonreír al pequeño Schweizerische Eidgenossenschaft—responde Austria.
La mujer abre la boca para responder algo y luego la cierra... mirando a Suiza que no está sonriendo realmente, pero está bastante más relajado que de costumbre y se le nota.
—No le escuche, Frau Luthi...es... —frunce el ceño y la mira notando algo—, ¿a qué se refiere?
—¡Él sabe bien a que me refiero! Y tu, qué... pero qué estás pensando, ¿eh? —le pica el pecho a Suiza con tanta fuerza que el mismo Suiza hace carita de dolor.
—Frau,me parece que tiene usted un problema conmigo —comenta Austria.
—Pffffff... qué problema voy a tener, si yo a usted nunca lo he visto antes —se cruza de brazos mirando a Suiza de reojo—, pero sí lo he visto a él antes y eso me basta.
—Me parece que me considera usted un insolente, indecente y desvergonzado —sentencia. Suiza levanta las cejas mirándoles alternadamente como mirando al tenis... sorprendido.
—Justamente, jovencito... justamente —le mira con el ceño fruncido.
—A mi me parece que usted esta prejuzgándome un poco —sonríe cínico—. De forma completamente acertada.
—¡Es usted completamente cínico! —mira a Suiza—. ¿Que acaso tú no le escuchas? ¡Está admitiéndolo!
Suiza hace los ojos en blanco, pensando en si no basta con que le moleste a él como para ir a molestar a toda su población.
—Es bastante cínico, insolente, indecente y desvergonzado... en efecto —admite Suiza asintiendo con la cabeza—, yo le detesto.
—Debería usted oírle como me lo grita a pleno pulmón —sigue Austria riéndose—. Esta misma mañana sin ir más lejos.
—Österreich!—protesta Suiza sonrojándose mientras la mujer se acerca al austriaco y le pica ahora el pecho a él, con el ceño fruncido.
—Puede que el idiota de Schweizno le odie, pero como se te ocurra hacerle algo voy a ir a su palacete y le voy a volar la cabeza, ¿me oye?
Austria levanta la mano tomando la mano de la mujer suavemente, apretándosela un poco con suma delicadeza.
La mujer mira su mano y detiene los movimientos histéricos, tragando saliva y mirando al austriaco a la cara. Un leeeeve rubor le colorea las mejillas.
—Usted no tiene de que preocuparse —susurra. La mujer parpadea mirándole aún.
—C-Claro que tengo de qué preocuparme —responde ella muucho menos agresiva esta vez, mein gott...es una epidemia.
—Por supuesto, pero yo no tengo más que hacer que decirle que no lo haga.
—¿Tiene motivos para decírmelo?
Suiza se incomoda más cada segundo que pasa... he de decirlo.
—Los tengo, pero no sería prudente por su parte confiar en mi de primeras.
Suiza carraspea tomando a Austria del brazo y la mujer aprovecha la ocasión para que le devuelvan su mano, mirando a Austria aún con recelillo.
—¿Podrían dejar de hablar de mi como si no estuviera? Danke—protesta Suiza fulminando a Austria.
—Lo lamento, Frau,algunas personas opinan que me porto mal, pero me consideran bastante más interesante de esta manera y le aseguro que puedo ser un perfecto caballero si me lo propongo.
Suiza bufa un poco, tenso... sonrojándose con lo que está diciendo, mirando a la mujer.
—Y tu confías en el además... tsk... a dónde irá a parar este país —le reclama.
—Hacia un lugar más prospero aumentando el comercio exterior y las relaciones internacionales —asegura—. Y para ganarme su simpatía tengo a bien en invitarla a el próximo concierto que daré en Wien.
El suizo hace los ojos en blanco mientras la mujer levanta las cejas y mira a Austria.
—Venga, venga... que tenemos prisa ya y estoy seguro de que usted tiene muchas cosas que hacer, Frau...nos pondremos de acuerdo para el concierto si es que quiere ir —concilia un poco Suiza, mientras la mujer vacila un poco, interesada en el concierto, claro.
—Tendré a bien en mandarle un par de entradas y... ¿le gusta a usted Ravel?
—Mein gott...estoy seguro de que Ravel le parecerá bien —insiste Suiza —, ya nos pondremos de acuerdo para esto.
—¿Cuándo dice usted que es el concierto? —pregunta ella.
—Apuesto a que a ti también te encantará oir una versión más espectacular que la de ayer noche —comenta Austria para Suiza—. En un mes.
Suiza piensa que claro que quiere escuchar a Austria silbar, si eso. Hoy mismo Suiza puede escuchar a Austria tararear una canción y quedarse embobadillo.
—Guten morguen, Frau, su mermelada de fresa es la mejor que he probado. Espero verla en Wien—se despide Austria.
—¿En... en un mes en qué fecha? ¿En Wien? —pregunta Suiza despidiéndose de la mujer con una inclinación de cabeza y caminando junto a Austria, tomándole del brazo.
La mujer asiente desfrunciendo el ceño con el asunto de la mermelada de fresa y metiéndose a su casa, mirándoles de reojo.
—Eso lo pondrá en las entradas que le mandaré —explica Austria a Suiza, quien frunce el ceño y sonríe un poco para sus adentros, pensando en un concierto. Traga saliva.
—¿Tienes conciertos regularmente?
—Nein,no regularmente, pero no tienes que preocuparte, lo pondré un día que tengas mucho trabajo para que no te sepa mal no poder venir.
—Oh... —le mira de reojo—, ¿entonces no quieres que vaya? Verdammt…pues no voy y ya, no tienes que invitarme obligado.
—Ni siquiera te he invitado aun, la he invitado a ella.
El helvético frunce más el ceño y se guarda las manos en los bolsillos. Refunfuña algo.
Austria se ríe.
—Me ha caído bien, ¿vienes a verla a menudo?
—Pues ella te ha detestado —sentencia mirándole de reojo—. Una vez a la semana, en fin de semana regularmente, vengo a comer aquí con Liechtenstein, en verano.
—No creo que me haya detestado, te trata como si fuera tu madre —comenta—. Y creo que le gusto. Se parece bastante a ti.
—Te has puesto a picarla como si fuera... no sé, ¿qué ganas tu con molestar a la pobre mujer? —medio protesta, frunciendo el ceño—. No habla mucho, pero vive sola y alguien tiene que repararle el techo de las goteras antes del invierno. Le ha enseñado a Liechtenstein algunas cosas...
—Schweiz, la estaba molestando igual que te molesto a ti. Un granuja, eso es lo que cree que soy. Te acompañaré a charlar con ella mientras le reparas las goteras.
—Pues claro que cree que eres un granuja, y eso es porque lo eres —sentencia alegrándose un poco de pensar que irá con ellos—. Si trajeras tu violín, puede que le agradaras más, creo que su esposo tocaba algo... no recuerdo qué.
—Y por ser un granuja es que le agrado. Eso sí podría hacerlo —concede sabiendo que de hecho es a Suiza a quién le gustaría más.
—¿Por ser un granuja es que le agradas? Mein gott...¡claro que no! A nadie le gustas por ser un granuja.
—Excepto a ti. Y a ella.
El helvético bufa mirándole de reojo de nuevo, pensando que eso NO es verdad... ejem... ¡no lo es! Austria sonríe.
—Vas a tener que venir por ella para el concierto y luego devolverla —indica Suiza llegando al coche
—Estoy seguro que tú te ganaras tu entrada haciendo eso en mi lugar.
Hace los ojos en blanco abriendo la puerta del coche usando la llave... para ahorrar batería del controlito.
—Igual de utilitario que siempre, veo que la vida no te ha cambiado.
—¿Para qué cambiar algo que ya funciona?
—Funciona mal... es bastante maleducado de tu parte el sólo usar a la gente.
—Todo el mundo usa a la gente a cambio de cosas, así funciona el mundo.
—No invitas a alguien que quieres que vaya a algún lado, solo por el interés de que lleve a otro invitado.
—Sí lo haces si quieres molestar a esa persona.
Suiza le mira de reojo prendiendo el coche.
—Nada cambia, por lo visto...
—¿Quisieras que cambiara? —pregunta Austria pensado que Suiza siempre ha sido la persona más reacia a los cambios del mundo. Él carraspea sin responder abriendo la ventana.
—Liechtenstein.
—Creía que odiabas los cambios ¿Qué con ella?
—Ten cuidado con ella —insiste cambiando el tema.
—¿Qué te preocupa de ella?
—Ya te lo he dicho, que la perviertas. Ella... Habla de ti de vez en cuando.
El de las gafas sonríe con eso.
—Y puede que ahora sea confuso..
—¿Qué dice?
—Cosas. Esto creo que la hará bastante feliz.
El moreno asiente sonriendo.
—No debería —replica Suiza.
—¿Por qué no?
—¡Pues llevo años diciéndole que te tiene que odiar!
—No crié a ningún idiota, Schweiz.
—Odiarte no es idiota —protesta haciendo los ojos en blanco.
—Por eso no lo haces ni tú —se ríe.
—Ni yo... ¿qué es lo que quieres decir con eso? —pregunta frunciendo el ceño girando para entrar en su calle. Austria se ríe sin responder y Suiza bufa un poco más mientras estaciona el coche afuera de su casa.
—Tengo ganas de verla —confiesa el austríaco.
—Qué vas a tener ganas de verla... si tuvieras ganas, habrías venido a hacerlo —suelta duramente abriendo la puerta del coche.
—¿Tú has visto como tratas a la gente que entra en tu terreno sin permiso?
Suiza cierra la puerta del coche pensando que nunca le ha disparado a Austria, ni aún teniendo que hacerlo y se pone un poquito nervioso, porque hace MUCHO tiempo que no tiene a Austria en casa.
Austria baja tras él, mira la casa y toma aire profundamente por que más de una vez pensó que no volvería a entrar nunca.
El helvético toca el timbre de la casa tres veces y mete su llave en la chapa empezando a abrir.
El austríaco mira la parte baja de la puerta por impulso, esperando el perro que se le ha de echar encima.
—¿Qué haces? —pregunta mirándole de reojo.
—Nada —sonríe. La chica aparece en escena con la pistola en la mano y la regadera de las plantas en la otra.
Austria se tensa inclinando un poco la cabeza y mirándola por encima de las gafas, le sonríe un poco.
—Brud...Ohh! —sonríe tirando la pistola y la regadera al suelo y corre hacia Austria y justo antes de abrazarle se detiene a si misma haciendo un enorme esfuerzo. Mira a Suiza.
Austria se acerca y la abraza él y luego si eso ya le luego Suiza echara la bronca.
—Mein gott...tirando el arma al suelo—le riñe Suiza sonrojándose un poco y cerrando la puerta tras el mientras Liechtenstein abraza a Austria de regreso.
—Herr Österreich —susurra muy contenta.
—¿Cómo estás? —pregunta apretándola un poco, sonriendo y luego soltándola.
Liechtenstein mira a Suiza que recoge el arma del suelo y la regaderita de agua.
—B-Bien, estoy bien —susurra mirándole de regreso, tímidamente.
El moreno le sonríe pasándole una mano por el pelo y acaba por ponerle una mano en el hombro volviéndose a Suiza.
Suiza termina de recoger y les mira, con el ceño fruncido.
—Ehhh... Liechtenstein —carraspea y la chica se pone bastante en firmes, esperando el regaño por parte de su hermano.
Suiza extiende la mano con el arma de Liechtenstein para que la tome.
—Ve a lavarte las manos y a terminar lo que estabas haciendo. ¿Puedes traernos un vaso con agua cuando termines?
—¿Qué vas a decirle? —pregunta Austria una vez Liechtenstein se ha ido.
—N-no tengo idea
—Pues deberías pensártelo, yo no puedo hablar con ella —responde y mira toda la sala.
Suiza le mira recordando otra vez, hace muchos, muchos años, en la que miraba la sala con bastante altanería y desagrado. Traga saliva y para demostrarse a si mismo cómo han cambiado las cosas, le pone una mano en la baja espalda.
—Siéntate.
Austria se acerca a la mesa de aquella vez y le pasa una mano por encima al sitio exacto, sonriendo.
Suiza se paraliza, sonrojándose y desviando la mirada... carraspeando. Austria se vuelve a él y sonríe más.
—Nosédequehablas —responde él, aunque Austria no ha dicho nada
—Hacía mucho que no estaba aquí —comenta mientras sigue observando, andando un poco por la sala.
—Ja.El tiempo pasa —murmura el recargándose a la pared y mirándole revisar la casa.
—La mesa sigue siendo la misma —le sonríe mirándole por encima de las gafas. Suiza desvía la mirada otra vez.
—No es verdad, la cambié hace unos años —miente de manera además terriblemente evidente, porque es OBVIO que la mesa es la misma.
—No lo creo, es una mesa fuerte, puede aguantar mucho peso.
—Estabas más delgado entonces —murmura sonrojándose el solo con su respuesta.
—Compensaba el peso con un montón de joyas.
—De joyas estúpidas y ridículas —hace los ojos en blanco y se sienta el en la sala, en el sofá.
—Lo que es nuevo es el sofá. La mesa no habría tenido tanta suerte de haber estado entonces —comenta acercándose.
—Mein gott...¡Suerte! Y te dices a ti mismo todo un caballero si te lo propones —protesta mirándole.
—Te estás desviando sobre el asunto de qué decirle a Liechtenstein —se sienta a su lado.
—¿Me estoy desviando? ¿Yo? ¡Tú eres el que está hablando de sexo y esas cosas!
—No, yo estaba hablando de la mesa.
—Nein,no trates de engañarme, tú estabas hablando de... —bufa, sonrojado, cruzándose de brazos—. Liechtenstein. ¿Qué quieres que le diga? Que... se te han ordenado las ideas y has mejorado.
—¡Podrías dejar de llevarlo todo al terreno sexual! —se queja Austria aparentemente sin relación alguna, esperando incomodarle.
—¡Yo no hablo de lo que has mejorado en la cama! —protesta, como siempre, de manera desatinada.
—Bien, acaba de quedar claro quien es que lo entiende todo en esas, hasta lo más inocente.
—Yo hablo de mejorar como país, de dejar de ser tan imposible e indeseable, pero veo que... mein gott! ¡Eres terrible!
—¿Así que he pasado de indeseable a terrible?
—Sfshdf... eres... ja!Terrible, todo lo terrible que puede ser alguien —frunce el ceño apretando los brazos cruzados —. ¡Yo estaba hablando de Liechtenstein!
—¿Cómo puedes sostener que hablabas de Liechtenstein si me dices que he pasado de indeseable a... terriblemente deseable? —se ríe, por cierto
—Was?!—abre los ojos y le mira, más sonrojado con ese asunto de lo terriblemente deseable que SIEMPRE ha sido.
—Es lo que tú has dicho.
—Vamos a dejar de hablar de todo lo terriblemente deseable que me pareces —se defiende frunciendo el ceño, nervioso y sin darse cuenta de lo que está diciendo—, estábamos hablando de Liechtenstein.
—Puedes hablarle de eso a Liechtenstein, le dejará las cosas claras —apoya los brazos en el respaldo del sofá. Suiza aprieta los ojos pellizcándose el puente de la nariz.
—¡No vamos a hablar de ninguna perversión con Liechtenstein!
—Mein gott, empiezo a tener la sensación de estar en un bucle.
—¡Es tu culpa eso! ¡Tú eres el pervertido!
Austria suspira. Suiza le mira de reojo y suspira también.
—Voy a decirle lo mismo que le dije la vez pasada, y ya.
—¿Que es...?
—Que estamos en mejores términos.
—¿Como un trato comercial? —le mira de reojo.
—No especifiqué —carraspea mirándose las manos, porque en realidad... era un tema del que hubiera querido hablar con alguien, pero siempre le angustiaba demasiado que Liechtenstein quisiera volver a casa de Austria una vez que su economía mejoró un poco.
—Es posible que esta vez ella ya se haya dado cuenta de eso con el hecho de que me dejaste entrar a la casa.
—¿Y qué quieres que le diga? ¿Que estamos juntos? —pregunta un poco agresivamente
—¿Lo estamos? —levanta las cejas. Suiza abre la boca y luego la cierra mirándole a la cara ligeramente angustiado. Piensa un poco.. ¿Qué no estaban juntos antes de... la guerra?
El austríaco mueve la mano que tiene en el respaldo del sofá, tras su espalda y le acaricia un poco la nuca con un dedo
—Eh... —traga saliva y desvía la mirada y siente el dedo en su nuca con un escalofrío.
—¿Aja? —insiste, hundiéndole la mano en el pelo de atrás de la cabeza, desde abajo.
—P-Pues... —otro escalofrío y sigue el movimiento de la mano sin poder evitarlo—, yo... bueno, entonces dime como ponerlo si no.
—No he dicho que esté mal, solo me hace gracia el asunto —sigue jugando con el pelo, poniéndoselo tras la oreja.
—¿Qué es lo que te hace gracia? —tiene un escalofrío y le mira de reojo.
—Aún no me creo que esté aquí —confiesa.
—Yo aún no entiendo cómo es que lo estás y cómo es que estoy hablando de estar juntos —responde unos segundos más tarde, menos histérico, mirándole a los ojos mientras por otro lado piensa, que es ridículamente fácil tenerle aquí y hablar de eso.
—Me parece que quieres estar conmigo aquí —sonríe sin burla. Suiza se aclara un poco la garganta y se pasa una mano por los ojos.
—No sabía lo mucho que lo quería.
—Te escondes de mi cada vez que dices una cosa como esa —comenta al ver que se cubre los ojos.
El helvético se sonroja mirando al suelo, porque le da vergüenza admitirlo y porque lleva toda la vida intentando cambiarlo. El moreno se acerca y le besa en la mejilla
El rubio se quita la mano de los ojos, mirándole de reojo.
Austria le sonríe y Suiza le sonríe también, porque al final Austria también vino y le dejó llevarle al bosque donde podría haberle volado la cabeza sin que nadie se enterara y está aquí, en su casa, con él... debe querer estar con el también.
El austríaco cierra los ojos y junta la frente con la suya, sonriendo y luego le acaricia mejilla con mejilla.
El helvético suspira, siguiendo el movimiento, y... bien! Es posible tener a suiza relajado cerca de Austria! Y feliz! Hombreee. Levanta una mano y le acaricia suavemente la mejilla.
Austria le busca los labios por que aunque esta mañana ya... esto es tan impactante que aún tiene ganas de estar con él en ese plan, para acabar de convencerse
Suiza lleva años sin ninguna acción más allá de... bueno, la propia, así que le responde el beso cerrando los ojos, levantando una mano y acariciándole la mejilla. ¿Qué hicieron ya algo en la mañana? Austria sabe bien ahora mismo y Suiza es incapaz de pensar en nada más.
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