XXV


Usopp exigió tener a la pequeña en brazos aunque fueran unos minutos antes de partir. Por supuesto que Luffy no se negó, pese a esa acuciante necesidad de dejar esas aguas cuanto antes.

—Lamento no tener nada para dejarle —dijo el tirador, mirándole bien la cara para grabar en su mente cada facción. El bebé había despertado fijando sus pequeños ojos en el rostro que la contemplaba con tanto afecto.

Usopp pensó que todo ese asunto de ser padre era increíble, porque pese a no saber nada de su existencia, con tan solo tenerla en brazos ya lograba amarla como a nada y a nadie en el mundo.

En ese momento sentía que si pudiera cambiarlo todo, lo haría tan solo para poder verla crecer.

—Papá se irá, pero siempre estará en el mar esperándote —suspiró, mirando a la madre.—Volveré, lo prometo.

—Usopp, tus promesas nunca las cumples —reprochó Luffy.

—¡Pero esta sí, desgraciado!

Kaya aguantó la risa y tomó a la pequeña entre los brazos para volver a hacerla dormir. Le prometió a su marido que le hablaría siempre de él y lo besó, sintiendo en ese beso el amargo sabor de la despedida. Subió las escaleras de vuelta con la excusa de acostar al bebé, sabiendo que no volvería a bajarlas hasta asegurarse que Usopp se había ido.

Quería que la despedida fuera así o ninguno de los dos lograría darle la espalda al otro. Luffy tuvo que jalarlo, prácticamente, para dejar la mansión. Estaban agotados y sentían que todo ese viaje había sido un derroche de energía. Lo positivo es que cada uno pudo resolver lo que debía resolver antes de tomar una decisión.

Si bien los Tenryuubito's no habían tomado medidas contra sus seres queridos, dejarse ver y aparecer por allí sería una manera de darles la excusa necesaria para contraatacar con toda su crueldad. Sería la confirmación que necesitaban para dar rienda suelta a una masacre y poder justificarla.

Aunque ellos no necesitaban la aprobación de nadie porque, en teoría, eran amos y señores de la Tierra.

Ya de vuelta en el Thousando Sunny, Zoro los vio llegar desde el puesto de vigía. Por lo visto su capitán no se había metido en ninguna pelea. Luffy era la clase de persona -al menos en el pasado- que no conocía el significado de la palabra "sigilo" o "prudencia", ni mucho menos "no armar jaleo para alerta a la marina de nuestra presencia".

Nami también suspiró aliviada al ver a Usopp regresando junto al capitán. Reprimió las ganas de saltar a abrazarlo, pero no así la enorme sonrisa que le regaló cuando se encontraron en la cubierta.

—No saben que igualita es la hija de Usopp a él.

—¡Luffy! —reclamó el mencionado, pero su capitán volvió a mirarlo con esa seriedad acojonante.

Parecía decirle en esa única mirada que no se atreviera a ocultar la existencia de un hijo, porque jamás se lo perdonaría. Mucho menos que jugara así con Nami.

—¡¿Tienes una hija, Usopp?! —Chopper se acercó al oír eso, con una gran sonrisa—¡Dime como es, dime…!

—Ya lo dijo Luffy —murmuró, cerrando los ojos y tratando de evitar la dura mirada de Nami, aunque sintiéndola igualmente como una daga clavándose en el pecho—, es igualita a mí.

—¿Eh, qué pasa con tantos gritos? —Sanji salió de la cocina prendiendo un cigarrillo.

—Luffy tiene una hija que se llama Esperanza —volvió a responder Luffy—, bonito nombre.

—¡¿El narigón esparció sus genes?! —Se asombró el cocinero—¡Dios nos libre y nos guarde!

—¡Ey, ¿qué te pasa, imbécil?! —el acusado agitó un puño—¡Puedo decir lo mismo de ti, pervertido!

—Mis hijos son soles —le apuntó, intimidante, con un dedo—, no te atrevas a hablar mal de ellos.

—De ti, de ti —aclaró Usopp—, tú eres el problema, no ellos.

—¿Pasa algo, navegante-san? —Robin, desde la reposera y un poco ajena a todo ese jaleo, prestó atención a la partida de su amiga.

—Nada en particular… que tenemos que salir de aquí porque este lugar no nos esconderá por siempre —disimuló. —Iré a decirle a Franky que prepare la bomba.

Usopp la siguió por detrás, caminando a una prudencial distancia.

—¿Alguna novedad, Luffy-san? —preguntó Brook.

—Oh, sí —recordó Luffy despreocupadamente—que estamos hasta las bolas… la marina está por todos lados —miró a su espadachín y este gruñó. Mantenían ese lenguaje salvaje que tan bien sabían manejar ellos dos.

—Lo mejor será buscar un lugar donde escondernos hasta que se calmen las aguas —propuso Zoro adivinando la propuesta implícita en los ojos de su capitán.

—Pero… ustedes dos… —Chopper miró a uno y luego al otro—Es injusto, ustedes también tienen derecho a ver a su gente —era irónico que precisamente fuera él quien lo resaltase.

—Si no se puede, no se puede —respondió Zoro con fingida indiferencia.

Le hubiera gustado volver a ver a quien había sido el primero de sus maestros y a quien consideraba casi como un padre, pero no iba a exponer a toda la tripulación a su capricho, además era evidente que el capitán quería buscar un sitio donde refugiarse. Y lo que el capitán decidiera, era lo que iba a hacerse, tuviese él los deseos que tuviese.

—Hemos llegado hasta aquí —dijo Luffy con una sonrisa—, y más lejos que esto no podremos llegar sin armarla a lo grande.

—Entonces —siguió Sanji—¿damos la vuelta y ya?

—Debemos pasar a buscar a Laboon —Brook murmuró, sabiendo que no hacía falta recordárselos, pero incapaz de poder evitarlo.

—¿Y después de ahí? —Robin se unió a la plática—¿Qué haremos, capitán?

—¿Conocen un buen sitio donde podamos ocultarnos?

Todas las miradas recayeron abruptamente en Sanji.

—¡Ey, malditos cabrones… no quiero exponer a mis hijos a ningún tipo de peligro!

—Todo el mundo, especialmente la marina, cree que el All Blue es un cuento de hadas —dijo Zoro cruzándose de brazos.

—Será un buen escondite —se animó a opinar Chopper.

—¿Recuerdan que casi morimos cuando quisimos hacer pasar un barco de la talla del Sunny por esa jodida corriente? —Sanji hizo el gesto con la mano—era así de diminuto el agujero para pasar. ¡Y lo sigue siendo!

—Estuvimos a punto de morir muchas veces —dijo Luffy con total impavidez—¿O qué propones? ¿Ir de a uno? ¿Qué haremos con el Sunny? Franky no permitirá que lo dejemos tirado.

—¡Ni con el Sunny, ni solos! Estoy diciendo que- —vociferó el cocinero, pero suspirando y dándose por vencido—Maldición…

—Acéptalo, cocinero-san —Robin le sonrió—, es el único lugar al que podemos ir dada la situación.

—Me encantaría conocer a tus hijos —comentó Chopper para ver si eso sumaba.

—Malditos embusteros.

—Entonces, ¿vamos hacia el All Blue? —preguntó Brook—Laboon podrá hacer el agujero más grande si ese es el problema.

—¡Hacia el All Blue! —rió Luffy extendiendo los brazos al cielo.

Había que informarle a Nami y Franky el nuevo camino a tomar, uno que no sería sencillo. Habría que pasar otra vez por rutas difíciles de navegar y enfrentarse a los peligros que siempre había en el Nuevo Mundo; pero ellos habían aprendido con el tiempo que nada es imposible.

La persiguió por todo el barco, pero Nami se las ingeniaba para no darle espacio, para no quedar nunca a solas y permitirle tener esa difícil charla. Suponía que estaba enojada y no esperaba menos, pero quería decirle que, hubiera pasado lo que hubiera pasado, ahí estaba… a su lado.

Recién por la noche pudo acapararla en la cubierta del Sunny, luego de la cena y cuando todos comían el postre. Tuvo que entrar al cuarto de las damas, aprovechando que Robin estaba tomando un café en la cocina.

—Nami…

La chica lo miró, pero no lucía enojada, le sonrió aliviándole un poco la angustia.

—No estoy enojada, Usopp…

Pestañeó, entonces no entendía qué pasaba.

—¿Y por qué estuviste todo el día evitándome?

—No es fácil, ok —se defendió— son muchas… emociones encontradas —no sabía cómo explicarlo. —Tienes una hija, ya… es algo importante, pero estás aquí.

—Qué bueno que puedas entenderlo de esa manera —sonrió relajado.

—Aun así eso no me hace feliz —le borró toda la emoción de un plumazo—, porque sé que estás abandonando a una criatura por motivos evidentes.

Le faltó gritarle "¡desalmado, mal padre!" para hundirlo en la miseria emocional, pero no lo hizo y en cambio explicó a qué venía tanta dureza de su parte.

—Sé lo importante que es para ti la familia —tomó aire antes de seguir hablando—, y estoy segurísima que de no ser por la situación actual te hubieras quedado con ella y Luffy hubiera llegado solo—frunció el ceño, molesta con esa verdad—, vuelvo a darle las gracias a esos malnacidos de los Tenryuubito's, entonces… y me da bronca —¿por qué siempre los Nobles tenían que influir en su vida aunque fuera de manera incidental? Le fastidiaba.

—Es cierto —decidió ser franco—, me hubiera quedado con mi hija —Quién iba a decirle, ¿no? Que ni Kaya ni Nami hubieran ganado su corazón, sino otra mujer—; pero… —intentó acercarse a ella, sabiendo que podía ser muy doloroso enfrentar a Nami cuando estaba cabreada—, lo que importa es que estoy aquí, ¿podríamos dejarlo y ya? ¿Seguir adelante? —la tomó de la mano y trató de abrazarla, pero sin previo aviso recibió un puñetazo en la cara que le hizo ver las estrellas—¡Nami!

—Lo siento, necesitaba hacerlo, Usopp —se excusó antes de darle un beso.

—Estás loca.

Nami había tenido tiempo de sobra para pensar y serenarse. Había sido duro descubrir que Usopp tenía familia, pero eso no cambiaba lo que sentían el uno por el otro; no obstante conocía lo suficiente al tirador para saber que no era competencia para algo tan magnánimo con un hijo.

No le gustaba sentirse poca cosa y tener un segundo lugar en su vida, pero ¿qué más daba? No le quedaba otra opción que aceptar la situación como era o ahogarse en lamentaciones que no la llevarían a nada, simplemente a sentirse pésimamente mal. A fin de cuentas, era claro que Usopp no había buscado nada de eso adrede, simplemente se había dado así.

Lo que en verdad más le molestaba era que los Tenryuubito's fueran un factor de peso en sus recuerdos, en sus vidas y hasta en sus decisiones. No le gustaba tener que darles ese lugar tan importante.

(…)

Tardaron medio año en llegar al All Blue; ya para cuando la situación se estaba tornando insostenible en el mar. Los Tenryuubito's habían extendido sus redes por todos lados en su afán de cazarlos y se les estaba agotando la paciencia. Y cuando a un Tenryuubito se la agota la paciencia, hay que temer lo peor.

Luffy lo sabía: que reclamaban su cabeza y que esa sería la única forma en la que se quedarían tranquilos; sintiendo el gusto de la victoria, el de haberles derrotado. Pero claro que Luffy jamás se permitiría perder una batalla, menos que menos una que involucrase de esa manera a su tripulación.

La noche antes de llegar a las temidas corrientes del All Blue, Chopper lo encontró en la cabeza del león con un semblante y un color del que ya se había percatado con el tiempo. Trató de sonreírle al proponerle hacerle un chequeo. Luffy se negó, diciendo que estaba bien y sonriendo, pero Chopper lo sabía. Había estado hablando de eso con Sanji y los dos habían llegado a la conclusión de mantenerlo en secreto el tiempo suficiente, al menos hasta que fuera el mismo Luffy quien tomara esa decisión; la de hablar.

Era evidente que el capitán no quería preocuparlos y que le urgía llegar al All Blue cuanto antes para asegurarse de que su tripulación estuviera a salvo. El tiempo, que siempre es tirano, se le acortaba.

Tal como había predicho Brook, Laboon se encargó de hacer la entrada más grande. No porque así lo quisieran, a decir verdad lo mejor para mantener oculto ese mar era que permaneciera inaccesible, pero de otro forma la enorme ballena no hubiera podido pasar con ellos.

Cuando llegaron, en la aldea que había sido el hogar de Sanji durante esos años, todos parecían reconocerlo, pero no lo saludaban con efusividad, tal vez porque traía a extranjeros consigo. Un murmullo general copó el pequeño pueblo y llegó a oídos de Hana. La anciana mandó al niño a ir en busca de su padre.

Sanji sonrió cuando lo vio corriendo por al camino hacia ellos y gritando "¡papá, volviste, papá!" sin cesar, como un disco rayado. Lo alzó en el aire y lo tomó en brazos, pese a que ya no era un niño tan pequeño.

Mostró una faceta cariñosa que sus compañeros no conocían. Sanji parecía ajeno a ellos y solo tener ojos y voz para su hijo. Le preguntó cómo estaban Umi y la vieja y le pidió que le contara todo lo que había pasado durante su ausencia. Luego pareció recordar que no estaba solo.

—Ah, ellos son mis amigos —dio la vuelta y los señaló, habían quedado atrás. —El que tiene sonrisa de idiota es el capitán, el de cabeza de alga se llama Zoro, la mujer de generosos atributos se llama Nami, el narigón Usopp, la otra belleza Robin, el monstruo Chopper, la cosa de hojalata Franky y el esqueleto, mantente lejos de él porque es un viejo pervertido, se llama Brook.

—Ey, esa no es manera de presentarnos —se quejó Usopp.

—Ya sé quiénes son —rió Ice, si los Mugiwara eran conocidos en todos los mares, incluido el All Blue— yo soy Ice. Mucho gusto, cabrones.

—¿Qué clase de educación les has dado a tus hijos? —Gruñó Zoro mientras Sanji le sonreía al niño, realmente feliz y orgulloso de él.

—Ice, lo de "cabrones" está de más —reprochó Sanji con dulzura. —Maldición, te dejo una temporada con tu abuela y ya hablas como un pirata.

—¡Es que soy un pirata, papá!

—¡Ja! Me cae bien —exclamó Luffy con emoción.

Llegaron a la casa mientras atardecían. Hana los recibió en el descanso, con las manos en la cintura y cara de pocos amigos. Si esperaban que recibiera a su yerno con afecto, se equivocaban. Lo primero que hizo fue quejarse.

—¡Más de dos años, maldición! ¡Pedazo de cabrón irresponsable! ¡Que son tus hijos, no los míos!

—Gracias por cuidarlos, Hana —le dejó un beso en la mejilla, sin inmutarse por el reto, pero al recibir un golpe en la suya trató de sonreír—Vaya, había olvidado lo duro que golpeas. ¿Dónde está Umi? —Preguntó dejando el pequeño bolso de mano en el suelo y llevándose un cigarrillo a la boca.

—La mandé al pueblo a comprar la cena —miró a los restantes Mugiwara y estos dieron un paso hacia atrás, temiendo esa aura asesina que desprendía la anciana—, deben tener hambre, pasen y siéntanse como en casa.

—Gracias, señora. —Luffy, por supuesto, fue el primero en aceptar la invitación a comer.

Pero cuando Umi finalmente regresó a la casa, Sanji no recibió el saludo que esperaba, aunque en el fondo sabía que para su pequeña todo le resultaba muy difícil, más que a Ice. Por lo general él era más despreocupado, tal como su madre, y siempre había sentido que Umi se le parecían mucho a él, al menos en algunos aspectos muy concretos de su personalidad.

—Umi, ¿esa es manera de recibir a tu padre? —reprochó la abuela, pero Umi le había dado la espalda.

—Déjala —pidió Sanji, quería que la dejaran en paz, porque tenía derecho a mostrarse molesta con él—. Será mejor que nos sentemos a comer.

Un aire pesado se había instalado entre ellos. Luffy sonrió diciendo algo sobre lo muy parecida que era a Sanji -físicamente hablando, por supuesto- y hasta había comparado las cejas.

—Ella es así… —se animó a balbucear cuando la niña salió corriendo al exterior—un poco complicada —. Siguió hablando, mientras buscaba todo lo necesario para empezar a cocinar.

De esa forma intentó distraerse, luego iría a darle un abrazo, quisiera su hija o no; pero de momento quería dejarla tranquila, como era evidente que Umi mismo les estaba pidiendo sin hablar.

Siempre sin hablar.


Aunque sea difícil de creer, se podría considerar que el próximo capítulo es el último.


12 de octubre de 2012