La mayor parte de estos personajes han sido creados para nuestro disfrute por Charlaine Harris, alguno, menor, ha sido sacado del fanfic del sr. Ball, y hay por ahí uno que es sólo mío.
25.
Apreté la mano de Pam mientras Eric era conducido fuera de la sala. No me podía creer que la juez no le hubiese dejado libre. No tenían nada contra él, ¿una camisa? En Merlotte's teníamos un armario dedicado a los objetos perdidos, la gente pierde cosas y no sabe donde. ¿Cómo coño no le creían? A mi lado, Jason intentaba darme ánimos pasándome el brazo por los hombros. Alcide y su compañero, que hablaban con otro hombre, le llamaron y nos dejó a Pam y a mí unos instantes. Salimos al pasillo y el hombre alto y atractivo que había estado comiendo con Eric el día anterior se acercó a nosotras.
_ Pamela – saludó con afecto y bajó para besar su mejilla.
Pam se abrazó a él y se derrumbó, como si fuese su padre. Él la abrazó e intentó consolarla lo mejor que pudo y supo, aunque resultaba bastante inconsolable. Pasados unos minutos, Pam se recuperó.
_ Niall, otra vez... – murmuró contra su hombro.
_ Este chico tiene una habilidad para que le acusen de asesinato... – sonrió con tristeza intentando aligerar la situación-, menos mal que nos tiene a nosotros para sacarle del apuro.
_ Es inocente – le miró seria.
_ Claro que sí, querida. Nunca ha sido santo de mi devoción, bien lo sabes, pero nunca le creí capaz ni de aquello ni de esto – sus ojos se volvieron hacia mí-. No nos han presentado. Soy Niall Brigant, el suegro de Eric.
_ Sookie Stackhouse, señor, lamento haberle conocido en esta situación.
_ Sí – suspiró-, yo también.
El abogado de Eric llegó hasta donde nos encontrábamos.
_ ¿Qué va a pasar con la fianza? No dispone de esa cantidad – dijo al señor Brigant bajando la voz.
_ No creo, no en efectivo, al menos.
_ Tendrá que pasar unos días en prisión mientras reúne la cantidad.
_ Yo la pagaré, pero no puedo disponer de esa cantidad hasta mañana, como mínimo.
Me quedé impresionada, ¿así que eran ricos? Bueno, para mí, cualquiera que tuviese diez mil dólares en el banco ya casi que lo era, pero hablábamos de dos millones, ¿Eric no los tenía en efectivo? ¿Quería decir que sí los tenía en activos? Me encogí un poco sintiéndome insignificante.
_ Queridas, disculpadme unos instantes – nos dijo-, voy a informarme con Desmond sobre el tema de la fianza.
Pam y yo nos miramos y fuimos con Jason y los agentes del FBI.
_ No se me ocurre qué otras pruebas realizar – dijo el hombre que hablaba con ellos.
_ Sookie..., señorita Ravenscroft – Alcide se abrió un poco para acogernos en el grupo y hacer que el hombre callara, evidentemente, era de Eric y las pruebas que tenían contra él de lo que hablaban.
_ ¿Qué va a pasar ahora, Alcide?
_ Seguiremos investigando, buscaremos a la señorita Burley y presentaremos nuestras pruebas a la juez. Tenemos que darnos prisa, no disponemos de mucho tiempo.
Me quedé mirando al hombre que hablaba con ellos y cuya cara me resultaba vagamente familiar.
_ Perdone, señor, ¿nos conocemos?
_ No creo que nos hayan presentado – sonrió tímidamente-. Fui su vecino hace muchos años. Pero es posible que me recuerde de haberme visto en Merlotte's – hizo una pequeña pausa-. Me llamo Bill Compton.
_ ¿La casa de Eric es suya? – se interesó Pam.
_ No – se rió-, hace mucho que no. Mi madre la vendió cuando mi padre murió y nos mudamos a Monroe.
_ ¿Quién la compró? No recuerdo haber visto allí más que algún que otro inquilino y no muchos a lo largo de los años.
_ No le sabría decir, mi madre la vendió cuando yo tenía trece años. Usted debía tener un par de años, quizá, y Jason cinco o seis.
_ Vaya, qué casualidad – me extrañé pero sonreí a pesar de todo por lo que quería preguntar a continuación-. ¿a qué se dedica, si no es indiscreción? – Bill miró de reojo a Alcide que sonreía levemente.
_ Soy del laboratorio criminalístico de Shereveport.
_ ¿Un CSI? – pregunté haciéndome la ingenua.
_ Sí – sonrió-, algo así, pero menos glamuroso y con menos medios que en la tele.
_ Así que usted es quien ha procesado las supuestas pruebas contra Eric – intervino Pam mirándole furibunda.
_ Ha sido nuestro laboratorio, sí... – dijo cuidadosamente.
_ Pues analícelas otra vez, es evidente que no lo han hecho bien.
_ ¿Y qué interés podría yo tener en que las pruebas apuntaran a su amigo?
_ No lo sé, dígamelo usted. Lo que es evidente es que se ha quedado en la superficie, en la apariencia.
Todos mirábamos perplejos el intercambio entre el investigador y Pam, yo, además, vi la actitud que él iba tomando con respecto a ella, así que intervine para aliviar la tensión antes de que Pam hiciera que en cuanto llegara al laboratorio se pusiera a buscar más cosas que, de alguna manera, incriminaran a Eric.
_ Bueno, seguro que el señor Compton pone todo su saber y su buen hacer en su trabajo – zanjé la conversación-. Hablando de trabajos, no recuerdo haberle visto en el bar, ¿cómo es que va usted a comer allí? ¿Vive por la zona? A ver si le pilla en mi turno la próxima vez que vaya.
_ Vivo a medio camino entre la ciudad y Merlotte's, me gusta el campo, y voy con bastante frecuencia, tienen un cocinero excelente – sonrió- y el servicio también es bueno. Sobre lo de no haberse dado cuenta, diría que, en los últimos meses, usted siempre ha estado muy pendiente del señor Northman como para notar cualquier otra presencia... – me sonrojé hasta la punta del pelo-. Pero no quería incomodarla – sonrió falsamente-, es deformación profesional, lo de fijarme en cosas insignificante, en lo que la gente oculta, no quería molestarla.
_ No, lo siento, es que no sabía que se me hubiese notado tanto – balbucí.
_ No, no se le notaba tanto, sólo era evidente para un observador atento.
Dejó caer la frase con un tono suave e inquietante que me puso los pelos de punta, y Jason lo notó.
_ Bien, agentes, si no les soy de utilidad aquí, debería volver a Bon Temps y llevarme de paso a las señoritas, que aquí no pueden hacer nada por el señor Northman.
_ Claro, Stackhouse – respondió el agente Dawson-. Herveaux y yo volveremos en un par de días para seguir allí con nuestra investigación.
Nos íbamos ya cuando Alcide me paró cogiéndome del brazo.
_ Perdona, Sookie, es sólo un minuto – miró a Jason y me apartó de los demás-. Querría saber si luego me puedo pasar a hacerte unas preguntas – bajó la voz al máximo para que nadie le oyese.
_ ¿Preguntas? ¿Sobre qué? No sé nada – respondí en el mismo tono.
_ Por favor, ahora no te puedo explicar...
_ Vale, estaré en casa a partir de las seis, es cuando salgo de mi turno en el bar.
_ ¿Vas a ir a trabajar? – se extrañó.
_ Bueno, necesito el dinero y, además, si estoy ocupada, no pienso en que Eric está en una prisión y no puedo hacer nada por él.
_ Te llamo antes, no me gustaría que estuviese Pam. ¿Crees que podría ser?
_ ¿Quieres que te espere en Merlotte's o tampoco quieres que Sam lo sepa?
_ No, esa es una buena solución – me sonrió-. Nos vemos luego.
Volví con Pam y mi hermano y volvimos a casa. La abuela estaba muy preocupada y cuando le dijimos que Eric estaría en prisión hasta que pagara su fianza, se asustó.
_ Pero él no debería estar ahí – dijo a Jason-, es un buen chico, Jason, hijo...
_ No creo que esté mucho tiempo, son gente de dinero, abuela – intentó tranquilizarla.
_ Peor me lo pones, no está acostumbrado a algo así...
_ No te preocupes, abuela, no le va a pasar nada, está en mínima seguridad, no es como si lo hubiesen mandado a galeras...
_ No me estás escuchando, Jason, no es culpable, estar encerrado en su propio dormitorio sería excesivo...
Lo visualicé encerrado en su dormitorio y, bueno, si yo estaba dentro, no importaba que nos encerraran y tiraran la llave. Sonreí con la idea pero la voz de la abuela me devolvió a la realidad y a la gravedad de la situación.
_ ¿Y Pam? – se interesó.
_ Se ha quedado en la casa de Eric. Su suegro está a punto de volver de Shreveport – me miró sin entender-. El padre de su mujer.
_ Oh, ¿qué hace aquí?
_ Por lo pronto, hacerse cargo de la fianza – dijo Jason.
_ ¿Ves como es inocente? El padre de su mujer, de cuya muerte también le acusaron, está apoyándole. ¿Qué más pruebas necesitas?
_ Unas que no le incriminen... – murmuró.
Durante un rato más, me quedé con ellos, hasta que llegó la hora de ir a trabajar. Cuando Sam me vio aparecer me llevó a su despacho para casi recriminarme haber ido a hacer mi turno. Estaba cansada física y mentalmente, pero si me hubiese quedado en casa me habría vuelto loca dándole vueltas a la cabeza, así que le dije que estaba allí porque Alcide quería hablar conmigo pero sin testigos, y eso pareció convencerle.
Salí a hacer mi turno y todo el mundo me miraba, es más, creo que deliberadamente evitaban ponerse en mis mesas con lo que las de Arlene y Jessica estaban llenas mientras que en las mías estaban los que no habían conseguido mesa con ellas. Bueno, no estaba allí por las propinas sino por ocupar mi cabeza en algo que no fuese morirme de pena por Eric. Llevaba tres horas dando vueltas como un alma en pena entre mis mesas medio vacías, cuando Sam me llamó y me hizo ir a su despacho donde me esperaba Alcide, que se levantó a saludarme, y después nos dejó a solas. Por más que pensaba no sabía lo que podría ser lo que quería decirme. Así que si lo que quería era dar otra vuelta de tuerca sobre la posible culpabilidad de Eric, me iba a enfadar mucho. Mejor poner las cosas claras desde el principio.
_ Si todo esto es para volver a lo de que Eric es culpable, lo dejamos ya. No lo es y yo no sé nada – le avisé.
_ Tranquila, no es por eso – me hizo ademán de que me sentara en el sillón y cogió una silla y se sentó delante-. Quiero hacerte algunas preguntas que, quizá te parezcan extrañas, pero por favor, responde lo más sinceramente que puedas.
_ No te voy a mentir, Alcide, pero no esperes que le incrimine. En ningún momento Eric ha hecho nada que pudiese ser sospechoso y menos de homicidio.
_ Quiero que pienses en los meses que han pasado desde que Eric empezó a venir – le miré sin entender-, piensa en los demás clientes. Un día entra un extrajero que os sorprende a todos. ¿Recuerdas algún comentario?
_ Bueno, lo normal. Las mujeres pensaban que era muy guapo y ellos que no era para tanto, ya sabes...
_ ¿Algo más?
_ ¿Como qué?
_ ¿Alguien llegó a decir algo ofensivo de él?
_ No que yo recuerde – dudé.
_ No pareces segura...
_ Hay algunos clientes a los que les desagrada especialmente, y no me refiero a desde que le habéis estado acosando y acusando falsamente – me amonestó con la mirada-. Tampoco es que dijeran nada contra él, entiéndeme, era más mi apreciación al ver sus gestos y su actitud cuando estaba.
_ ¿Crees que podrías recordar quienes son?
_ No los conozco a todos, Alcide, algunos no son fijos y otros vienen más o menos con regularidad... – por mi cabeza pasó fugazmente una cara y me estremecí-. Hay uno, en particular, que, curiosamente, era el que menos expresaba su desagrado pero era como si le rezumara por los poros.
_ ¿Dijo algo?
_ No, ya te digo, era el más reservado pero...
Alcide me miró esperando que elaborara mi respuesta pero no tenía mucho más que añadir. Era un hombre normal, anodino, alguien a quien no prestaría atención en un bar vacío, cuanto menos en uno en el que estuviese Eric. Alguien como Bill.
Al final no me he podido resistir, aquí está Bill.
