Capítulo XXV
Severus emergió primero y se quedó un momento mirando el saloncito de la chimenea y suspiró. Sirius salió sacudiéndose.
–¿Que sucede?
–…
–Severus…
–Creo que entiendo que no sea de su agrado, pero invadir mi casa es…
El animago abrazó a su esposo:
–Tranquilo, no pienses más en eso.
–Imagina que ellos –Severus tocó su vientre– ya estuviesen aquí.
El heredero Black no respondió, pero se tensó tan solo de pensar en esa posibilidad.
–Presionare a los aurores para que resuelvan esto lo más rápido posible.
–¿Te unirás a Lupin?
–¿Cómo?
–La mansión Malfoy también fue atacada.
–¡¿Lo fue?!
–Si.
–¿Tú crees que los Zabini también fueron atacados?
–No lo sé.
–Los Nott no, pues su casa estaba muy vigilada. –pensó en voz alta Sirius.
–Eso reduciría las posibilidades a los mortifagos que cambiamos de bando o los que se casaron con los mortifagos.
–Eso fue el pasado.
–Sabemos que el pasado casi nunca se queda atrás.
–No hables así y no me importa lo que la gente piense, yo quiero justicia y no justificare a los idiotas que hicieron esto.
–Aunque aún no me has dicho que hicieron.
–…
–Sirius…
–Solo tratar de romper las protecciones.
–Qué bueno que solo fue eso –respondió Irónico el pocionista– Olvídalo, vamos a dormir.
–¿Dormir? –preguntó decepcionado el animago.
Severus volteó y tomó a su pareja del rostro.
–Lo siento, pero no tengo ganas de más.
–Entiendo.
Dijo Sirius y abrazó a Severus guiándolo a su habitación.
–Mañana vamos a comprar algunos elfos.
–Si. –aceptó el heredero Black– Porque pasado mañana debemos ir a la inauguración de la fábrica de Lucius la casa se quedará sola de nuevo.
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Lucius vio a Remus que preparaba la cama y preguntó:
–¿Por qué no se lo pediste a un elfo?
–Me gusta hacerlo para ti.
–Ya…
–¿Lucius hay algo que quieras decirme?
Lucius suspiró temiendo ese instinto de Remus que notaba cundo él tenían una preocupación.
–No quería decírtelo, pero no hay modo de que no te enteres… también la mansión fue atacada…
–¡¿Qué?!
–La verdad es que ni siquiera lograron nada, por eso no te lo había dicho.
–No es el daño sino el intento, tendremos que avisar a los aurores.
–Si mañana…
–No Lucius, es mejor ahora mismo no quiero que haya suspicacias por parte de ellos.
Remus dejó lista la cama y bajó al salón de la chimenea, el rubio platino consideró que el licántropo no quiso usar la chimenea de la habitación porque no quería que si había preguntas incomodas, lo supiera él.
–Remus demasiado considerado conmigo… cuando fui casi la mano derecha de Voldemort.
Lucius no quiso hacer menos el esfuerzo de Remus y se metió bajo las mantas esperando a que este subiera y le dijera los pormenores.
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Al otro día, Draco y Harry llegaron a desayunar con los mayores y estos los recibieron con preguntas acerca del final de la fiesta.
–Fue un éxito, Blaise asegura que obtuvimos bastantes galeones para hacer las reformas que necesitamos –comentó Harry muy sonriente.
El mayor de los Malfoy miró al menor y este respondió:
–Es cierto, Blaise hizo unos rápidos cálculos y se podrá hacer mucho.
–Puedo preguntar ¿cuánto donó Malfoy Company? –cuestionó Lucius.
–Lo suficiente para que no quedáramos mal como organizadores, casi lo mismo que Farmacéuticas Black y Construcciones Zabini. Los Nott no donaron, pero sabemos que las finanzas con ellos no van muy bien, además gastaron en la fiesta–respondió Draco.
Remus y Harry no ahondaron en las cifras, de verdad no deseaban saber. Siguieron comiendo y al terminar Lucius informó:
–Vamos a Surrey ¿van con nosotros?
–Sí, yo quiero conocer esa fábrica y a sus trabajadores. –afirmó el de ojos verdes.
Los menores ya se retiraban a su casa, cuando Remus los alcanzó en el pasillo, que unía las dos mansiones y habló con ellos.
–Anoche hubo un ataque a la casa Black y a esta.
–¡¿Qué?! ¡¿Por qué no nos dijeron?! –exclamó Harry.
–Porque no queríamos preocuparlos.
–¿Alguien resultó herido o…? –preguntaba Draco.
–No, atacaron precisamente porque sabían que no estaríamos en casa, ni ellos tampoco, aun así los aurores ya están al tanto y ustedes también, no queremos sorpresitas.
Los jóvenes asintieron y Harry comentó.
–Vamos a verlos –pidió a su esposo.
Draco aceptó.
–¿A qué hora se irán a la fábrica?
–En una hora, pueden alcanzarnos allá.
Remus vio a la pareja avanzar a su casa y regresó por el pasillo y fue al despacho donde seguro estaría Lucius. Entró sin tocar y vio al rubio platino acomodando algunos pergaminos.
–Remus, ayer no pude esperarte despierto ¿Qué sucedió?
–Lo investigaran, junto con lo sucedió en casa de Sirius, pues consideran que están relacionados, sería mucha casualidad que los ataques fueran el mismo día y a la misma ahora. También creo que deberíamos informarle a Caín.
–Sí, pues la noticia de la apertura salió esta mañana. Contratar vigilancia para la fábrica y la zona de casa de los trabajadores es urgente.
–No lo sé, es difícil que los trabajadores acepten a gente de fuera vigilando, sería mejor que algunos de ellos tomaran ese trabajo, además aún faltan más mano de obra.
–Tú los conoces mejor, así que has lo que creas mejor. ¿Lo chicos?
–Van a ver a Sirius y Severus, y nos alcanzan en Surrey.
–Al paso que vamos en carruaje, seguro que llegamos al mismo tiempo.
Remus sonrió, sabiendo que a Lucius no le agradaba viajar en carruaje.
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Theo llevó el desayuno que los elfos prepararon a la cama, luego despertó a su esposa con un beso y esta se removió y abrió los ojos. Hermione se incorporó. El castaño acomodó los almohadones detrás de ella para que se recargara.
–Si me sigues mimando me voy a acostumbrar.
–Esto y más mereces…
Theo guardó silencio y acomodó la mesita en la cama para que Hermione desayunara, luego con inmenso cariño peinó con los dedos las hebras revueltas de ella y las ató con una cinta.
–¿Qué pasa Theo? Te veo algo… deprimido… ¿no te agradó la noticia que…?
–¡No es eso! –se apresuró responder Nott– O si lo es, pero no por lo que crees.
–¿Que sucede?
–No deseaba que fuese ahorita.
Hermione suspiró y dejó de comer.
–¿No estás preparado?
Theo besó a la castaña.
–No es por mí… es por ti, tenías tantos planes… Lo siento Hermione fue un descuido imperdonable…y
Theo inclinó la cabeza, Hermione tomó el rostro de su esposo para que la mirara.
–Ambos somos responsables y acerca de mis planes, no han cambiado.
–¿No estás molesta?
–No ¿Y tú?
–¡Por supuesto que no! Al contrario estoy totalmente feliz, pero creí que no te lo tomarías a bien que lo estuviera.
–Vamos y usted señor Nott fue uno de los más inteligentes en Hogwarts, ¿Cómo iba a molestarme que celebremos que estamos embarazados? Además él o ella no es obstáculo es algo especial y no creo que le moleste que su mamá vaya a estudiar.
–Seguro que hasta termina aprendido Leyes como tú.
–Si.
Theo volvió a besar a su esposa y esta respondió con la misma ternura. Hermione le había confesado su embarazo la noche anterior, cuando ambos ya casi estaban dormidos, cabe decir que después de eso Theo ya no durmió mucho. La ex gryffindor consideró que deseaba ser madre antes de que todo sus planes –como les llamaba Theo– impidieran tener tiempo para disfrutar plenamente un embarazo.
Terminaban con el plato de fruta, cuando un elfo entró informándoles que tenían correó.
–Buenos días amos. El sobre fue dejado por una lechuza y esta partió sin que pudiésemos saber quién la manda. Hermione frunció el ceño y Theo mencionó.
–Un hechizo revelador. –Theo tomó el sobre y se dirigió a Hermione– por favor permíteme el honor –bromeó con su consorte.
Más cuando el contenido del sobre fue un encantamiento oscuro, las bromas terminaron y Theo se levantó de inmediato con el sobre, que bajó al primer piso. Entró en su despacho y lo abrió con varios hechizos de protección.
¡Muerte a los traidores!
El sobre desapareció dejando humo negro detrás de él. Theo hizo unos pases de varita y reconoció la maldición.
–La maldición de la viuda negra…
Un veneno que iba mermando la salud de los que lo habían aspirado hasta que morían por lo que suponían, eran causas naturales; dependiendo de la cantidad que se ingería era el tiempo que la víctima tardaba en morir y por unas moléculas podía tardar meses, sin embargo esta maldicen era bastante pasada de moda, pues con que un medimago reconociese al paciente, podía ser curada.
–No entiendo –pensó en voz alta Theo.
El castaño dejó el sobre en el escritorio y subió a ver a su esposa, no deseaba que esta se preocupara. Entró a su habitación y Hermione ya estaba levantándose.
–¿Qué pasó?
–La maldición de La viuda Negra.
–¡¿En serio?! Creo que leí de ella en primer año.
Theo se rió.
–Seguro que si amor, pero la mayoría lo leyó en su tercer año.
Ella se sonrojó.
–Esa es la cuestión, que es muy simple.
–Cierto. De todos modos llamar a los aurores es necesario.
–Pues sí, solo para informar.
–No solo eso cariño, que esos imbéciles -quienes sean- se atrevieron a mandarme algo así a mi casa y si algo hubiese pasado, en tu estado es…
Theo apretó los dientes y Hermione se acercó a abrazarlo.
–Estamos bien. No soy una bruja común.
–Cierto, no lo eres mi amor.
–Informa a los aurores y vamos a tomar un baño.
Theo sonrió y siguió a su esposa.
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Ron se estiró un poco y tomó la canasta que uno de los elfos le ofrecía.
–¿Qué llevamos?
–Algunas frutas del invernadero, desde que compramos a Pingu, el jardín ha pasado por una trasformación para bien y los árboles frutales van mejorando mucho.
–Oh.
–A tu mamá le gustara hacer algún pay de melocotones.
–Y a mí me gustara comerlo.
–¡Ron!
El pelirrojo alzó en brazos a su esposo y lo besó llevándolo hasta la chimenea.
–Merezco un premio por haberme levantado temprano después de desvelarnos anoche en la fiesta.
–Tu mamá nos invitó amablemente, no podía negarme y el premio te lo di ayer –dijo coqueto el moreno.
–Otro más nunca sobra –respondió de igual modo el pelirrojo.
–Ya, que nos esperan a almorzar.
Los dos sonrieron y terminaron de entrar a la chimenea. Salieron en la Madriguera y Molly en la cocina los llamó.
–Qué bueno que llegaron a tiempo.
Blaise saludó a la mujer y a Ginny que ayudaba a su madre a poner la mesa.
–Le traje algo, es de la cosecha de la casa.
–Oh Blaise, no te hubieras molestado.
–No es molestia.
–No lo es, por que nos invitaras de lo que cocines con ellos –dijo descarado el de ojos azules.
El moreno codeó a su esposo, pero Molly no se tomó a mal su desfachatez.
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Fred despertó y se quedó un momento reconociendo el techo, luego se giró al sentir el calor humano a su lado y notó a cierto chico guapo que había sido su amante una noche antes. Fred no era un santo y había tenido algunos encuentros casuales con otros chico, sin embargo nunca se había quedado a dormir con ellos y mucho menos con la intención de verlos despertar y seguir ahí.
–Hey Pete…
Fred acarició el oído de este con la nariz.
–En nombre de Merlín, no me llames de ese modo.
Fred se rió y besó la espalda del mago que estaba recostado boca abajo.
–Eres un chico muy lujurioso –comentó el secretario.
–…
Fred no respondió, pues se había acomodado para tener el cuerpo del otro bajo él y besarlo a su gusto. Peter gruñó con satisfacción al sentir rozar el pene erecto de Fred entre sus nalgas.
–Si nadie te espera podemos pasar otro ratito, juntos.
–Por supesuto que no me esperan, aunque si tú quieres ser ese alguien que me espera en algún momento.
–¿Eso es una proposición?
–Lo es.
–Bueno… ¿Por qué no?
Una extraña forma de pedirse un noviazgo, mas parecían entenderse bien y eso era lo importante.
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Severus se despertó y estiró buscando el calor de su esposo. Al no encontrarlo se incorporó y tocó el lado donde este dormía y lo sintió frio, abrió las cortinas del dosel y llamó:
–¿Sirius?
No hubo respuesta y dado el incidente de la noche anterior Severus se levantó y colocándose la bata salió a buscar al animago. Buscó en el baño, salió al pasillo y recorrió las habitaciones del segundo piso; como no encontró nada bajó al primero y creyó que estaría en la cocina, pero no estaba. Severus se preocupó y por fin salió al jardín... Gritó furioso:
–¡Fido!
El perro que hasta ese momento perseguía una mariposa, se giró de inmediato al escuchar la voz de Severus. Por un momento se quedó parado evaluando la situación, pero al ver como el pocionista se le notaba la preocupación y enojo, corrió hasta él y al llegar se transformó abrazándolo.
–Lo siento, no deseaba preocuparte, solo salí a hacer un poco de ejercicio.
–Me hubieses avisado chucho pulgoso.
Respondió el pocionista y trato de que su voz no se quebrara, pues las hormonas lo estaban haciendo débil y Severus Snape no podía permitirse serlo. Sirius le ayudó cambiando de conversación.
–Desayunemos fuera y luego iremos por esos elfos.
–Sí, aunque sabes, recordé que citamos al medimago Macgrey para mañana.
–Oh, es cierto tendremos que cambiar la cita ¿Cuándo quieres que venga? –preguntó el heredero Black deseando que Severus no buscara un pretexto para no citar al sanador.
–Hoy mismo.
–¡¿De verdad?!
–Si, entre más pronto mejor. –se resignó el ex profesor.
–Lo llamare, espero que esté libre.
Los dos pelinegros se metieron a la casa y subieron a su habitación para arreglarse y salir. Cuando bajaron notaron que la chimenea se activaba y por ella entraron Draco y Harry.
–Hola –saludó Sirius.
–Bueno días ¿Cómo están? No enteramos esta mañana acerca de lo sucedido. –completó Harry
–Oh, bueno no es algo que esperábamos…
–Yo si –agregó Severus– después de todo, la guerra no tiene mucho tiempo de haber terminado.
Draco asintió apoyando lo dicho por el exprofesor.
–Sabíamos que había una posibilidad.
–O ustedes son muy pesimista o nosotros optimistas, porque yo no lo esperaba –aceptó Sirius.
–No somos pesimistas, solo realistas. –agregó Severus.
–Aun así, como mago respetable y perteneciente a la sociedad mágica, esperaba que se respetara mi casa y a mi familia –añadió Sirius ya molesto.
–En fin, ya se dio parte a las autoridades y veremos que sucede. –Terminó con ese tema Severus– Por cierto no hemos comido, saldremos ¿nos acompañan?
–Claro –aceptó Draco.
Los dos jóvenes se unieron a la salida. Sirius aprovechó y de ahí mandó una lechuza al sanador Macgrey.
Buscaron un restaurante discreto y ahí los mayores comieron y los jóvenes pidieron algo de beber.
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El lugar iluminado por una antorcha, solo permitía que se vieran las figuras y los reunidos se reconocían solo cuando hablaban. Uno de ellos inició preguntando:
–¿Los sobres fueron entregados?
–Si, uno de ellos tuvo que ser desviado y aún no sabemos si fue recibido, pues la casa no tiene elfos.
–¿Creen que ellos entiendan? La verdad es que no pudimos hacer mucho a sus protecciones.
–Tiene que entender, si no tomaremos medidas más drásticas. Sobre todo con lo que se atrevieron a hacer… esa dichosa fiesta de beneficencia.
–¿Pero no quedamos en que no haríamos nada violento?
–Y no lo haremos, pero no dejaremos que olviden o ignoren ¿o sí?
–¡No!
Se oyó un coro de negativas.
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Lucius revisó los últimos arreglos a la maquinaria mágica y checó de nuevo que todo estuviera en orden.
Remus le había dejado solo, pues consideraba que el rubio lo prefería de ese modo, en ese momento él se encontraba caminando por los alrededores del terreno comentando con Caín.
–Cómo ves, esto es algo que nos tienes preocupados, pues podrían llegar hasta aquí y molestar o hacer algo peor.
–Por eso no te preocupes, llame a algunos parientes de la zona de Escocia y ellos han accedido a trabajar también aquí, por supuesto que no tardaron en interesarse con todo lo que ofrece este trabajo, ellos son del clan de los licántropos Maclaud y sabes que son bélicos por naturaleza, creo que como guardias lo harían bien.
–Me parece bien y si son de tu confianza.
–Lo son, el único problemas es que son familias de más de cinco miembros.
–En ese caso, con que hagan algunas reparaciones a las casa…
–Sí, con eso bastara.
Los dos magos regresaron a tiempo de ver salir a Lucius dándole indicaciones a Henry, uno de los técnicos que trabajaría en el lugar. El rubio platino dejó al mago y se acercó hasta los dos que llegaban.
–Caín, ¿todo listo?
–Sí señor Malfoy, todo listo y nosotros ansiosos por iniciar.
–Yo también quiero que ya empecemos, pero hay que hacer las cosas en orden.
–¿Ya nos vamos Lucius?
–Ya, quiero descansar un poco porque mañana será un día largo.
Los dos magos rubios se despidieron del pelinegro y este sonrió. Joshua se le unió y Caín le preguntó:
–¿Ya quieres comer?
–Ya.
Padre e hijo regresaron a su casa para revisar su atuendo para el día siguiente. Estaban abriendo la puerta de su casa cuando Connor Maclaud, los llamó.
–Caín.
–Connor ¿Qué sucede?
–Acabo de ver a los que se fueron y… ¿ellos son los jefes?
–Disculpa que no te los presentara, pero fue una visita rápida y si, el jefe es el rubio…
–Platino, el que huele a… ¡Merlín huele delicioso!
–Pues será mejor que no lo digas en voz alta y jamás cerca de su esposo, porque créeme Remus se puede ver muy tranquilo, pero he combatido con él y no es ningún lobito bueno
–Oh ¡¿Cómo crees que arriesgaría mi trabajo y el de mi manada de ese modo?!
–Qué bueno que lo entiendes.
–Por cierto que no me has dicho dónde trabajaremos.
–Pues mira que Remus acaba de abrir nuevos lugares, son como guardias del complejo.
–¡¿De verdad?! Eso me agrada.
–Pues entonces ¿no habrá problema si inician de inmediato? Es que ha habido un ataque a la casa de los jefes y ellos temen que aquí también se dé.
–Oh no lo creo, nosotros nos encargaremos, solo déjanos instalarnos y en una hora nos tendrás al pendiente.
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Los Weasley y Zabini estaban bebiendo algo de té en el jardín y Arthur comentó:
–Algo quiere pasar las protecciones… ¿Una lechuza?
–Déjala pasar Arthur –pidió Molly.
El mago accedió y el ave entró buscando alguna percha o algo donde descansar.
–Pobre, se ve que está muy cansada ¿de dónde vendrá y para quien es el mensaje? –mencionó Ron.
Vieron que el ave se paraba en el pasto y Arthur se acercó a tomar el pergamino. Por supuesto lo checó y negó.
–No se ve muy seguro, no dejen que la lechuza… –El pelirrojo mayor ya ni pudo terminar la frase, pues el ave ya había volado.
La familia de pelirrojos se sorprendió, por la llegada del pergamino, pues ellos nunca habían sido amenazados o atacados, por lo menos no después de la guerra. Como profesional, Arthur revisó y abrió el sobre, y la misma nube de humo salió de este. Un encantamiento burbuja colocado en el sobre evitó cualquier incidente, sin embargo la frase fue más que suficiente para poner nervioso a los pelirrojo y al italiano.
–Lo dicen por mí ¿verdad? –dijo Ron.
–No lo sabemos, no saquemos conclusiones –advirtió Arthur.
–Por quien más lo dirían papá –arguyó Ginny.
Ron miró mal a su hermana, pues el modo en que fue dicha la frase le pareció algo agresivo.
–¿Algo que decir Ginny?
Molly intervino para evitar la pelea que se avecinaba, mas Ron no permitiría que insultaran a su esposo y miró a la chica que se irguió y respondió.
–¡No esperabas que todo aceptaran que te casaste con un mortifago!
–Ya no lo es y luchó a nuestro lado.
–Convenientemente en la batalla final.
–Oh por supuesto que haya salvado mi vida no es importante, bueno entonces lo que debe convencerte es que salvó a Harry, el que acabó con … Voldemort –Ron atacó a la chica– ¿o será que lo que te molesta es que también él haya encontrado a una pareja?
–¡No digas tonterías a mí ya no me interesa Harry del modo que insinúas!
–Eso dices tú, pues sabes que es mago fértil, pero…
Ginny se levantó hecha una furia y entró a la casa. Blaise tomó la mano de Ron y lo calmó.
–Ella tiene razón…
–No la tiene –opinó Molly– No solo perdí a un hijo en esta guerra, también a muchos amigos y conocidos, y hubiese perdido a toda mi familia, si ustedes –se dirigió a Blaise– no hubieran cambiado de bando y prestado ayuda.
–La intolerancia por desgracia siempre existirá y si no empezamos a desterrarle desde nuestro hogar, esto seguirá como un circulo. Hablaremos con Ginny –terminó Arthur.
–Además a mí me agrada mucho mi cuñado y no planeo cambiarlo ni repudiarlo solo porque los demás no lo aceptan y porque invirtió en nuestro negocio –terminó George.
–No sé si agradecerte o que –bromeó Zabini con el gemelo.
–Olvidemos esto, mañana lo llevare la oficina de aurores y...
–¿No irán a la inauguración de la Fábrica de metales Malfoy –Blaise se sonrojó, pues creyó que los rubios no había invitado a los Weasley.
–Sí, pero yo debo ir al trabajo a dejar algo y no me quita nada darme una vuelta por el departamento de aurores, además quiero saber las novedades por la noche anterior. Espero que los jefes de departamentos, ya hayan tomado medidas acerca de los muchos que no trabajan y solo cobran, como Umbridge.
–A lo mejor solo sea parte de las molestias de los resentidos y no sea peligroso –agregó Blaise.
–Por si las dudas, considero que no debes salir solo a esos viajes. –opinó Ron.
–Pero Ron…
–Si no puedo yo, que te acompañe… y me duele aceptarlo que te acompañe Malfoy.
–Draco puede acompañarme si tiene negocios en el mismo país ¿pero si no?
George codeó a su hermano menor, pero este se hizo el que no lo sintió y Arthur opinó.
–Para eso están tus hermanos Ron.
–Prometemos portarnos bien y conmigo te aseguro que la castidad de tu esposo está a salvo, ahora que si hablamos de Fred…
–George no molestes a tu hermano y por cierto ¿Porque dejaste solo a tu hermano haciendo inventario? –regañó Molly.
–Pues…
–No me mientas George –amenazó la matriarca.
–Oh mamá, pues no está haciendo inventario, él se fue con el secretario de Lucius Malfoy y…
Los padres de los pelirrojos negaron y suspiraron resignados, los gemelos ya eran adultos.
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Draco y Sirius dejaron sentados en unas sillas a sus respectivas parejas y ellos fueron a donde el comerciante les mostraba a las criaturas que iba de aquí a allá sirviendo a los invitados. Cada una de los elfos se mostraba servicial ante los dos hombres sentados que tomaban té, sabedores de que en ellos recaía la decisión final y no en los que negociaban con el dueño.
Harry notó como una de las elfinas llevaba una bandeja con galletas y detrás de ella iba un pequeño elfito que con enorme ojo azules miraba todo con algo de miedo y de admiración a partes iguales. El de ojos verdes preguntó el nombre a la elfina.
–¿Cómo te llamas?
–Canny señor.
–¿Y él es tu hijo?
–Sí, es mi hijo señor.
–¿No tiene nombre?
–No señor, se me ha prohibido nombrarlo, pues planean venderlo pronto y…
La elfina se quedó callada, pero no lloró, pues sabía que al dueño no le agradaría que hiciese esa clase de escenas con los invitados tan distinguidos que tenían.
Harry suspiró abatido.
–Yo… yo… –Harry alzó la vista hacia su esposo y este sintió la mirada, pues giró a verlo y no tuvo que preguntar.
–Cuanto pides por ese par –señaló el rubio a madre e hijo.
–Oh señor Malfoy, usted sabe que los elfos jóvenes son muy caros….
–No estoy regateando.
Cortó el rubio soberbio y Sirius asintió dándole la razón, haciendo que el hombre se pusiera nervioso, despues de todo no había muchos sangres pura que fueran a comprar elfos en esos tiempos post-guerra.
–Cien galeones por el pequeño y setenta la madre.
Draco miró al hombre y asintió, aunque sabía que era un robo, mas Harry así lo deseaba. Draco se levantó y fue hasta su esposo y le informó:
–Ya está Harry, son tuyos.
–¡¿Los dos?!
–Así lo deseabas no.
–Si.
Harry le sonrió al rubio y esa sonrisa prometía mucho agradecimiento para más tarde.
Canny se echó a los pies del moreno, pero este la levantó y le dijo.
–No por favor y es mejor que vayas a casa con… ¿Cómo quieres llamarlo?
–Eh yo…
–Que tal… Dobby –dijo el moreno con algo de nostalgia.
–Si al amo le gusta… si a mí me gusta también.
Canny llevó a Dobby hasta donde y Draco estaban y esperó a que estos terminaran el lazo con ellos.
Draco recitó:
–Vuelvan a casa, Canny y Dobby elfos al servicio de la noble casa Malfoy Potter.
El par de elfos sintió la magia de ambos magos y sonrientes haciendo una inclinación desaparecieron, pues era su deber presentarse en la casa de la familia a la que pertenecían. Draco se acercó al moreno y le dijo:
–Si algún día quieres dejarlos libres, no hay problema.
–Gracias.
Severus se removió incomodo, pues a pesar de las hormonas aún seguía siendo un Slytherin que no era tan blando… ¿o sí?
–¡Black!
Llamó al animago que se volvió y preguntó amorosamente.
–¿Qué sucede Sev?
–Nuestra casa es grande, necesitaremos mucho servicio…
–Entiendo –El heredero de ojos grises se giró a ver al comerciante– Me los llevó todos.
Las criaturas casi veneraron al matrimonio de pelinegros, pero Severus los detuvo.
–Vayan a casa, que la quiero lista para nuestra llegada. –Lo que significaba luces prendidas, cocina limpia y con comida, habitaciones airadas y jardines impecables– Solo no toquen mi laboratorio.
Las criaturas asintieron y desaparecieron apneas el vínculo fue instaurado. El comerciante se deshacía en halagos y zalamerías hasta que Severus dijo:
–Ya basta, que creeré que usted también está a la venta.
Harry se rió y Draco negó, antes de agregar.
–Aproveche que finalizó un buen negocio y retírese de este trabajo, que mi esposo piensa trabajar en un futuro en el departamento de regulación de criaturas mágicas y cómo ve, le gusta liberar a los elfos o que les paguen.
El hombre se quedó lívido viendo salir a esos cuatro. Fuera Draco tomó la mano de Harry y se despidió.
–Seguro que quieren regresar a su casa para ver cómo va todo y nosotros debemos prepararnos para mañana.
–Si debemos regresar, pues tengo cita con el medimago en una hora. –respondió Snape.
–Oh, espero que todo esté bien –dijo solicito Harry.
–Eso esperamos Prongsy.
Las dos parejas se despidieron y tomaron rumbos diferentes.
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Severus salió primero de la chimenea y vio a un elfo esperándolo para saludarlo.
–Amo, buenas tardes señor.
–Si… buenas…
Sirius salió sacudiéndose la túnica y preguntó.
–¿Cómo te llamas?
–Kali, señor.
–¿Eres el mayordomo?
–Amo, sí señor, lo que necesiten pídanmelo, amos y se les atenderá de inmediato.
–Por el momento preparen el baño y que nadie nos moleste. –pidió Severus.
–Si amo.
Severus caminó saliendo de la habitación de la chimenea y subió los escalones, seguido de Sirius. Entraron a su cuarto y escucharon como el baño era alistado.
–Un baño con diversión ¿no Black?
–Claro, si tú lo quieres.
–Antes de que llegue el medimago Macgrey.
Sirius abrazó a su esposo y fue retirándole la ropa, luego lo guio hasta el tálamo y lo recostó dejando la piel cubierta de besos, Severus se permitió gemir sabiendo que nadie los escuchaba o los molestaría. Sirius se giró y dejó su pene a la altura de la boca de Severus que al sentir el suyo mimado, también chupó el de su amante. El animago entremetió sus dedos en el trabajo que le hacía a Snape para ensalivarlos y luego los llevó a la entrada fruncida de este para ensancharla. Al sentir que no soportarían más el de ojos grises se acomodó entre las piernas de su esposo y miró con orgullo que el vientre de este ya había perdido la firmeza y se curvaba un poquito.
–Yo los metí ahí.
Severus rodó los ojos.
–Dices cosas tan románticas Black.
–Lo sé.
–…
Sirius rió de la cara molesta de Severus y mejor lo fue penetrando para ponerlo de buen humor. Severus abrió los brazos para que el heredero Black se recostara en ellos, sin perder ni un miligramo del calor que estaba creando con sus cuerpos entrelazados. Tuvieron un orgasmo bastante satisfactorio y con tiempo de sobra para ducharse y esperar al medimago tomando el fresco en el balcón del segundo piso o esos eran los planes.
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Remus y Lucius llegaron a la residencia y el rubio platino fue directamente a su despacho o eso intentaba, pues Remus lo detuvo.
–Dijiste que descansarías.
–Pero tengo que revisar que mi socios tengan todos los datos de la ubicación y…
–Yo llamaré a Peter por red flu.
–…
–Por favor Lucius, ve a descansar si no quieres que mañana por el cansancio cometas algún error.
–Tienes razón.
Lucius salió y dejó a Remus localizando al secretario. En cuanto contactó con la red flu…
–Lamento molestarte Peter, pero Lucius quiere saber si todo está listo. ¿No molestó? ¿O sí?
–Pues un poco, pero ya que Remus –respondió el rostro de Fred Weasley y se vio como Peter empujaba nada amablemente a este.
–Lo siento señor Remus.
–No hay problema.
–Y en cuanto a lo que me preguntó, si señor ya está listo todo, se invitó a la gente importante. Los socios, la prensa y sus amistades.
–Con eso estara tranquilo Lucius.
–¿Cree que me necesitaran para otra cosa?
–Oh no lo creo.
–Tomare el resto del día libre.
–Hazlo, pero no lo consideres como uno de tus días de asueto, esos son aparte.
Peter agradeció y desapareció. Remus sonrió pensando en que Fred no dejaría en paz a Peter, solo esperaba que el secretario no renunciara por escapar del pelirrojo, porque Lucius mataría a Fred.
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El de ojos azules corrió por el departamento riendo divertido, mientras era perseguido por un muy enojado y avergonzado Peter. Cuando el pelirrojo fue atrapado, se giró y dijo.
–No veo por qué te enojas. ¿Te avergüenza nuestra relación?
–No, pero mi jefe no debería de enterarse de ese modo.
–Remus no le dirá nada, es muy discreto, además pienso ir como tu pareja a la inauguración.
Peter suspiró derrotado.
–No veo que pueda convencerte para no hacerlo.
–No.
–Entonces, hablare con el señor Malfoy antes de que todo inicie.
–Puedo preguntarte ¿Por qué tanta consideración con él?
–Lucius Malfoy me protegió cuando Vol… Voldemort…–Peter comenzó a relatar– soy huérfano y yo estaba a punto de morir también, pues soy mestizo, pero como yo trabajaba desde antes de la guerra con el señor Malfoy, él abogó por mí y me salvó.
–Vaya… no puedo creerlo.
–Pues créelo, no todo es blanco o negro también hay grises.
Fred asintió, abrazando a Peter y lo besó.
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Sirius y Severus tomaron un muy largo baño, pues el pocionista debía borrar cualquier rastro de…
–A ver gírate Severus e inclínate, para lavarte muy bien ahí, pues no podemos usar hechizos porque puede afectar a los bebés.
–Lo que me preguntó es ¿por qué quieres hacer eso?
–Pues el medimago…
–Black, el medimago revisara a los bebés en mi vientre, para eso usara un encantamiento pantalla donde vera el desarrollo y en cuanto a mi salud, usara otro, de hecho no tiene que tocarme… mucho.
–¡¿De verdad?! –exclamó alegre el de ojos grises.
Severus negó considerando que su esposo no estaba muy al tanto se como se llevaba un embarazo, mucho menos uno masculino y por eso lo atrajo y le besó en la frente…
–No te preocupes, estamos bien y el sanador Macgrey se ve muy profesional considerando que el licántropo le permitió poner sus manos en su adorado Lucius.
–Si verdad.
Salieron de la gran tina y se secaron poniéndose un albornoz. En la habitación se cambiaron, pero su vistieron con ropa cómoda y listos esperaron al medimago en el balcón del segundo piso tomando un poco de té y pastelillos. No tenían ni veinte minutos sentados, cuando Kali les informó que ya había llegado el medimago.
–Hazlo pasar Kali y pregúntenle que lugar es el mejor para que lleve la consulta y sigan sus indicaciones.
–Como ordene el amo.
Diez minutos más tarde volvió a aparecer Kali.
–Ya está todo listo, amos y el medimago Macgrey los espera en su recamara.
Sirius se levantó y ayudó a Severus quien suspiró cansado.
–Ojala no tarde, porque me muero de sueño.
El heredero Black asintió a lo dicho por su pareja. Caminaron lentamente por el pasillo la corta distancia que los separaba de su habitación y entraron, ahí el joven castaño los esperaba.
–Buenas tardes señores Black.
–Buena tardes… Sanador Macgrey. ¿No fue una molestia el cambio de fecha?
–No, no se preocupe señor…
–Llámame Sirius.
–No señor Sirius, estaba libre; mañana si estoy un poco ocupado, supongo que vamos al mismo lugar ¿verdad?
–Si la inauguración –agregó Severus– ¿Me recuesto?
–Como usted se sienta más cómodo.
–Pues mira no soy flojo, pero si estoy un poco cansado, así que me recostare.
Sirius ayudó solicito a su esposo a recostarse en la cama y le acomodó los almohadones para que su espalda no le molestara.
El examen inició y como Severus explicó fue un hechizo pantalla en donde por primera vez los dos pelinegros vieron a sus hijos, aunque solo fueran dos manchitas, escuchar su corazón fue un evento que ninguno de los dos sobrevivientes de la guerra olvidarían. Ambos entrelazaron sus manos y vieron con ojos de adoración a sus pequeños que crecían protegidos por sus padres, que los esperaban con todo el amor del mundo.
El sanador discretamente se retiró un poco, dejando a los padres disfrutar de ese momento. Media hora más tarde Macgrey se retiró y les dejó un recuerdo maravilloso a los dos pelinegros, que cenaron en su cuarto y durmieron abrazados acariciando la barriga del pocionista.
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Draco y Harry llegaron a la mansión de los mayores y pasaron a verlos. Lucius descansaba y Remus los invitó a tomar chocolate con él.
–Lamentamos no alcanzarlos en Surrey, pero tardamos más de lo que esperábamos con los Black –se disculpó Draco.
–No se preocupen. Con todo lo que debíamos checar no pude ni leer el diario y apenas lo estoy leyendo.
–Es cierto también lo olvidamos. –Remus tendió El Quisquilloso al rubio– Gracias.
Harry se acercó a su esposo y miró divertido las fotos –muy buenas– de ellos sonriendo y hablando con muchas personas importantes del Ministerio, nobles y hombres de negocios.
–La verdad es que hicieron un gran trabajo –comentó el licántropo.
–Sí y destacaron solo lo bueno. –agregó Harry.
–Me alegró que sean ellos también los que cubran lo de la inauguración, sin embargo es algo poco serio que publiquen al final que siguen en la búsqueda del Snockack de Asta Arrugada.
–Oh bueno, no podía ser perfecto –bromeó Harry.
Los tres rieron. Terminaron de tomar la merienda, y los chicos se despidieron y Remus subió a ver a su esposo para que tomara algo ligero y volviera a dormir.
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Draco vio avanzar veloz a Harry por el pasillo de cristal y negó con una sonrisa, sabía que el moreno deseaba ver como estaban sus nuevas adquisiciones. Harry entró a la residencia y vio aparecer a Canny con el pequeño Dobby que sonreía.
–Buenas noches amos, Nulo nos permitió ser los que los recibieran.
–Ah que bueno ¿y cómo se sienten?
La elfina se sorprendió por la amabilidad del moreno y no supo contestar, pero el elfito respondió.
–Bien, gracias amo.
En ese instante entró Draco y sonriendo, pero sin dejar de lado su modo aristocrático, ordenó.
–Tomen nuestras capas.
–Si amo –obedeció Canny.
Ella las tomó y se las entregó a su hijo que apenas si podía con ellas, pero las levitó y se las llevó.
–Puedes retirarte Canny.
–Si amo Draco, señor.
Harry sonrió y se giró abrazando al rubio.
–Se ven felices.
–Gracias a ti.
–No es cierto, gracias a ti y por eso recibirás un premio.
Harry sonrió coqueto. El moren inició una carrera subiendo por las escaleras con dirección al segundo piso a su habitación. Estando en ella se desnudó botando la ropa y esperó detrás de la cortina de la cama, escondido. Draco entró…
–¿Dónde estará mi leoncito coqueto?
Draco se fue desvistiendo también y recorrió el lugar notando los pies de su esposo asomando por debajo de la cortina y se acercó sigiloso, atrapándolo con todo y la tela haciéndole cosquillas. Harry entre risas se removió inquieto y más al sentir como el rubio lo alzaba y lo colocaba sobre su hombro.
–Mmm creo que esta parte tierna se me está antojando.
–¡No Draco!
El de ojos grises no hizo caso y lamió la nalga de Harry, luego lo dejó en la cama, pero lo alzó para tener a su disposición el trasero de este, al que masajeo, lamió y mordió a su gusto dejando al de ojos verdes como una masa temblorosa y balbuceante. Sin quedar satisfecho Draco lamió y preparó el orificio del moreno que no quería tocarse pues sabía que terminaría de inmediato, así que pidió…
–Por favor… Draco… ya…
El rubio le dio un último lametón al moreno y entró en él alzándole las caderas para buscar el punto que haría delirar a este. Con movimientos fuertes y certeros no tardaron mucho en correrse y gemir satisfechos el nombre del otro.
Como no era tan tarde, se dieron un baño en la tina y repitieron la entrega. Con el cuerpo satisfecho y el corazón rebosante de mutuo amor, se durmieron de inmediato.
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Connor y sus hombres cumplieron cabalmente y para las doce de la noche ya llevaban dos rondas por el lugar. Connor oteó el aire y negó creyendo que era un error o que su olfato lo engañaba –poco probable. Se dirigió al lugar y notó que Conrad estaba ya cerca de ahí.
Le hizo señas y los dos rodearon el claro, Connor tomó al que estaba mas cerca y a otro le lanzó un Petrificus Totalus. Conrad utilizó un par de Incarcerus y detuvo a los otros dos; tres más salieron despavoridos, pero fueron interceptados por los otros guardias que escuchando los hechizos corrieron hasta ellos.
Los gritos debieron advertirles acerca de la naturaleza de los bandidos…
–¡No me jodan! –exclamó Connor.
–Pues, si lo son definitivamente… –respondió Conrad.
–Llamemos a Caín –ordenó Connor.
Conrad corrió de regreso a las casas en busca del capataz del complejo. Mientras uno de los encapuchados preguntaba.
–¿Nos van a comer?
–¡Cállate mocoso! –gritó Connor.
…
Muchas gracias por seguir el fic y comentar:
Gelygirl, Gabriela Cruz, Janeth Malfoy Black, setsuna-GW, Renesmee Black Cullen1096, Jaquelin-25, dobbyhp, xyuky-chanx, sailor mercuri o neptune, AnataYume, florelgrey -Muchas gracias por comentar y espero que te siga gustando- y NUMENEESSE.
