Aceptación

Capítulo 26 – Explicación

La sangre le batía las sienes como si fueran timbales. ¡No podía ser cierto! ¡Era inconcebible! ¡El director no podía haber urdido una mentira tan enorme! ¿O acaso era él el único que no sabía nada y todos los demás estaban al tanto? ¡No! ¡No! ¡Era una pesadilla! ¡Era preciso que se recompusiera! ¡Y tenía que probarse la pulsera destinada al compañero!

Sin soltar la muñeca de Harry, partió corriendo sin agregar nada más, todos los que estaban alrededor quedaron estupefactos.

Fenrir había quedado atónito también. Había comprendido lo tremendo del problema. ¿¡Cómo era posible que hubieran metido a su cachorro en una tal situación?! Se suponía que los del lado de la luz no podían ser artífices de manipulaciones, mentiras… se suponía que no sacrificaban a otros por conveniencia… y sin embargo todo indicaba que así era. ¿Y él? ¿Qué papel jugaba él en toda la historia? ¿Su lobo interior lo había salvado de una crudelísima decepción? ¡Tenía que saber! ¡Tenía que alcanzar a Draco y a Harry! Pero su impulso se vio interceptado por unos de los bajitos del equipo de quidditch.

—¿Señor?

Fenrir bajó los ojos para fijarlos en el caballerito que, sacando pecho, avanzaba acercándosele sin ningún temor… más bien con orgullo se habría dicho. Si la situación no hubiera sido tan terrible se hubiese reído. Para disuadirlo, Fenrir abrió la boca exponiendo los dientes filosos y brillantes. El chico no se amedrentó en absoluto se le puso al lado, sonrió socarrón y lo interpeló como si el licántropo fuera uno de sus compañeros de curso.

—Hola, Fenrir. Quisiera hablarte… me permito llamarte por tu nombre y tutearte… dada cual ha de ser nuestra futura relación.

—Tenés toda la razón… yo no me ando con cumplidos con lo que me va a servir de comida. —respondió Fenrir burlón.

—Uno no se come a la familia, futuro padrastro. —replicó Andrew sin amilanarse.

Fenrir alzó una ceja, observó al chico con más atención y se acordó entonces… ¡El hijo de Evan! ¿Cómo era que se llamaba…? Ah, sí… Andrew.

—Me parece que te has confundido, Andrew. No que yo no considere a tu padre muy seductor… pero él es heterosexual… incluso a tu tan temprana edad… supongo que alguna idea tendrás de cómo funcionan esas cosas. Francamente, si tu padre llegara a interesarse en mí alguna vez… no me disgustaría llevarte de paseo a vos y tus amigos… u ocuparme de otras cosas de las que un padrastro debe ocuparse… Pero ahora vas a tener que disculparme… no tengo tiempo, peque, tengo que irme. Hay un asunto urgente que tengo que atender.

Andrew lo observó alejarse a paso vivo hacia el castillo. Sintió una mano posarse sobre su hombro… su padre lo había alcanzado.

—Espero que no se haya mostrado muy desagradable…es una persona difícil de abordar.

—Papá, está todo bien… pero te voy a de ir algo, y por favor no lo tomes a mal, entre ustedes dos no sabe cuál es el más boludo.

oOo

En las habitaciones de Severus Snape…

Después de haber hablado con Draco, Severus no podía dejar de pensar en todo lo que les había pasado, los acontecimientos se había ido encadenando tan rápidamente uno detrás del otro… ciertamente que en cualquier momento él podría haberlos detenido… pero el viejo, siempre al acecho, se las había ingeniado para que el devenir de los hechos terminara ajustándose a sus retorcidos planes.

Se acordaba como si hubiese ocurrido el día anterior. Dumbledore había pronunciado las palabras fatídicas que lo condenaban a pasar el resto de su vida unido a su peor enemigo, Sirius Black. Sirius… frente a él con la mirada sombría, las manos entrelazadas con las suyas, enunciando con voz monocorde los votos matrimoniales. ¿¡Cómo había llegado a esa situación?! Una buena acción…mínima y única… había terminado sometiéndolo a esa humillación. Había tenido lástima de Bellatrix… y como consecuencia se encontraba casándose con un sucio perro del demonio apenas domesticado… adoptando a un adolescente suicida… con una loca también suicida que entraba a formar parte de la familia y otra bolsa de pulgas salvaje que una vez al mes se transformaba en una bestia sanguinaria. Y como si fuera poco, Albus contaba con él para que ese microuniverso se mantuviera en armonía. —Pero por supuesto, señor director, pierda cuidado.

¡Se lo tenía merecido por meterse a salvar a quien fuere!

Y allí estaba gracias a los buenos oficios de su mentor al que tanto admiraba, encerrado con el otro en una habitación acolchada de Grimmauld Place. Albus les había confiscado las varitas y había puesto un encantamiento en la puerta. Black y él no saldrían hasta que el vínculo se hubiera consumado. ¡Cómo era posible que alguien se permitiera jugar con la vida de las personas de esa forma! ¡Incluso teniendo razón, nadie tiene derecho a forzar a nadie a hacer ese tipo de cosas! Dumbledore realmente tenía una veta oscura muy marcada que casi nadie conocía.

—¿Qué estás haciendo Snape?

Severus estaba vaporizando una poción sobre la cama.

—Estoy aplicando antipulgas. ¡Que tenga que soportarte a vos no quiere decir que también esté dispuesto a acoger a tus pensionistas!

—¡Pedazo de… &* $#§*! ¡Y de… §%&Þ*€*#ض! ¿¡Cómo tenés el descaro de…!?

—Simple precaución. Pero también traje afrodisíacos para motivarnos. No creo que pudiera excitarme con sólo mirarte. —replicó Severus con tono venenoso.

Sirius apretó los puños y lo fulminó con la mirada. Respiró profundamente. Tenían que hacerlo por el bien de Harry. Y cuanto más pronto y rápido fuera… mejor.

—Date prisa para desvestirte, Snape. Te poseo rápido así terminamos cuanto antes…

—¿Qué es eso de "te poseo", Black? ¿Quién dice que tenga que ser yo el pasivo?

—Es muy simple, yo soy el macho dominante, a mí me toca el papel activo.

—¡Siempre tan pretencioso, Black! ¡Te recuerdo que estamos acá por tu ahijado! ¡Sos vos el que tenés que doblegarte!

—¡Jamás permitiría que abusaras de mí!

—Entonces estamos en una situación sin solución. ¡El acuerdo queda roto y vos tendrás que explicarle a tu ahijado que va a tener que volver a vivir con los Dursley!

—¡Cuidado, Snivelus! ¡Te lo advierto! ¡Esto lo vamos a concretar así tenga que tomarte por la fuerza! ¡Harry nunca va a volver a ese infierno y menos aun en el estado emocional vulnerable en el que se encuentra! ¡Necesita cuidados, atención, reposo!

—Basta que aceptes ser el pasivo. —dijo Severus con suficiencia y soltó una carcajada.

Sirius estaba lívido y sin argumentos. El silencio se hacía cada vez más pesado y la sonrisa displicente de Severus se ensanchaba cada vez más… su némesis estaba a punto de capitular. De pronto una voz conocida y animosa que brotaba de vaya uno a saber dónde se dejó oír.

—Mis queridos muchachos. Había olvidado precisarles un punto importante. Como no quería interrumpir nada que se estuviera desarrollando ya, recurrí a un encantamiento de "voz en off". El vínculo debe ser consumado la primera vez de una forma precisa. Sirius, vos vas a adoptar a Harry como padre. Severus, a vos te corresponden los oficios de madre. Por lo tanto, en la primera relación Sirius tendrá el papel dominante. Ya sé que todo esto les causa gran disgusto… pero mucho más penoso es para Harry, puedo verle en este momento el semblante verdoso… y no es para menos, ¡saber que su profesor de Pociones va a pasar a la categoría de madre!

Sirius sonrió triunfante. Y Severus se había puesto igual de verde que Harry.

—¡Jamás! ¡¿Me oís, Albus?! ¡Jamás! ¡Cambié de opinión y el vínculo no se establecerá!

—Oh, vamos, mi muchacho… no podés hacerle a Harry algo así.

—¡Claro que puedo! ¡Van a tener que arreglárselas sin mí! ¡Siquiera algo de orgullo quiero conservar!

—Tchut, tchut… Severus, no podés… porque yo demando que obedezcas en virtud del Voto que me has hecho.

¡Viejo taimado! ¡¿Cómo se atrevía a recurrir al Voto que le había hecho quince años antes!? ¡A cambio de salvarlo de Azkaban le había jurado que le obedecería en todo! ¡Un error tan estúpido, tan impropio de un Slytherin! ¡Y qué bellaquería tan impropia de un Gryffindor!

—Bien… podemos asumir que el que calla otorga… los dejo con lo de ustedes…

Y nuevamente el silencio… y el perro infernal sonriendo… ¡y hasta se hubiese dicho que sacudía la cola! Severus no atinaba a hacer nada, se sentía incapaz de reflexionar, le costaba incluso respirar, todo el mundo a su alrededor parecía desmoronarse… El odio y el rencor le habían dejado el lugar al terror… ¡él no merecía eso!

Sirius, por su parte, se relamía de júbilo… hasta que de repente quedó como paralizado. Su enemigo había perdido la máscara impasible. La mirada se le había trastornado, los labios le temblaban, se abrazaba el torso como si de esa forma pudiera protegerse… ¿o quizá era un signo de pudor? El cambio tan brusco de actitud lo hizo vacilar. El rencor y el odio de siempre le dejaron su lugar a un profundo malestar. Tampoco él sabía cómo actuar…

—Snape… —aventuró Sirius.

—No… no te acerques… —clamó Severus con tono ahogado.

—Severus… —tanteó una vez más Sirius.

El nombre de pila suscitó al menos una reacción, como si Severus estuviera más dispuesto a oír.

—Oí… tenemos que hacerlo por el bien de Harry… te propongo que lleguemos a una solución de compromiso…

—¿A qué se debería un tal favor, Black?

—¿Para que no sea algo tan desagradable para los dos?

—¿Por qué habría de creerte?

—¿Porque yo soy un Gryffindor imbécil? —sugirió Sirius con esa risa que se parecía tanto a un ladrido.

Severus se distendió un poco, lo observó con menos terror… al menos había recuperado algo de su capacidad de reflexión…

Sirius por su parte trataba de encontrar algún modo de acercamiento. ¿Quizá un poco de adulación?

—¿Sabés, Sna… Severus? Hay una cosa que siempre quise comprobar…

—¿Qué cosa, Black?

Sirius se le aproximó y le posó una mano sobre la toga. Severus se crispó pero no reculó.

—Dicen que los hombres de nariz grande… están muy bien dotados… ¿es eso cierto?

Severus se sonrojó un poco pero no dijo nada. Lentamente Sirius le fue desabrochando la toga, la tensión fue creciendo… pero Severus no se movió para impedírselo. Sirius finalmente se arrodilló y expuso el objeto de su curiosidad.

—¡Oh Merlín, Severus! ¡Finalmente encuentro una gran cualidad en un Slytherin!

Severus no dijo nada, el aliento de su enemigo de siempre en su sexo era tan excitante. Su respiración se aceleró cuando Sirius se la metió en la boca. Cerró los ojos disfrutando de la sensación. ¡Hacía tanto tiempo…! El vaivén era por momentos lento y por momentos vivo… enervante y delicioso al mismo tiempo. Abrió los ojos y bajó la mirada. La visión de ensueño le quitó el aliento. Su némesis de rodillas ante él procurándole un placer indecible con su boca prodigiosa. Bajó una mano y le acarició los cabellos. ¡Que el mundo entero se desmoronara a su alrededor, poco le importaba!

Sirius complementaba sus atenciones con las manos, acariciando los testículos y con un dedo furtivo masajeaba el surco inferior que llevaba hasta la entrada posterior. Pero la ropa dificultaba el procedimiento. Interrumpió todas las acciones, lo cual suscitó un gruñido de queja del Slytherin.

—Vamos, saquémonos todo. Ya sé que es algo inusitado… y que es posible que más tarde lo lamentemos… pero lo que los dos necesitamos ahora es un buen polvo. —dijo Sirius tendiéndole la mano con voz invitante y una mirada seductora.

Severus se dejó llevar y se dejó desvestir. Sirius también se desvistió. Y quedaron desnudos observándose frente a frente. ¿Y ahora? ¿Probaría con un beso? Ver esa boca tan detestada tan cerca le produjo un escalofrío… pero de ninguna manera desagradable. Sirius se inclinó acortando la distancia hasta que su boca entró en contacto con los labios. ¡Que no eran ásperos, ni fríos! Sino dulces y cálidos. Los lamió. Y ésa fue la señal. Los dos se olvidaron de identidades, del lugar, de las circunstancias y de todo… y se abalanzaron el uno sobre el otro. Cayeron sobre la cama. Besándose con pasión y acariciándose, con sus manos explorando el cuerpo del otro.

Severus lo oyó gemir… o quizá era él mismo el que gemía… ya no sabía, pero tampoco le importaba. En muy poco tiempo, el horror había mutado en pasión. ¡No era momento de pensar! ¡Era momento de disfrutar! ¡Hacía tanto tiempo que no había hecho el amor…!

Sirius interrumpió el beso en la boca para dedicarse a la mandíbula… el cuello… el hombro izquierdo… el torso… una tetilla. Se ensañó con el botón oscuro arrancándole toda una sinfonía de gemidos a su enemigo. ¿Qué más normal que torturar al hombre que uno más odia en el mundo, no? Por lo tanto… ¡a continuar atormentando al infame! Fue bajando recorriéndole el vientre con la lengua y provocándole piel de gallina… y fue soplando al mismo tiempo para hacerlo estremecer, lo hizo vibrar mordisqueando la piel dulce… ¡Oh, sí… lo haría sufrir terriblemente!

Severus estrujaba las sábanas con los dedos. Sabía que ese hombre quería matarlo. Pero nunca había imaginado que podría llegar a matarlo de placer. El Gryffindor había vuelto a englobarlo con la boca y le estaba infligiendo un suplicio de los más sádicos. Severus se arqueaba gimiendo de gozo en cada ciclo de vaivén… no quería ceder pero era demasiado… no podía aguantar más… y se rindió…

Sirius había ganado la batalla pero también quería ganar la guerra. Y en su estupor post orgásmico su enemigo se hallaba vulnerable… momento ideal para avanzar un paso más. Un dedo convenientemente lubricado jugueteó en la entrada prohibida y unos segundos después la penetró sin aviso. Severus se crispó. Sirius continuó preparándolo acompañando el procedimiento con tiernas caricias en el torso para distenderlo… el proceso se prolongó bastante… y recién cuando las reacciones de Severus le indicaron que ya estaba receptivo pasó a la etapa siguiente.

Se posicionó convenientemente y apretó la punta de su sexo contra la entrada húmeda y estrecha. Ingresó muy lentamente… la sensación era deliciosa.

Severus se arqueó de dolor, las manos soltaron las sábanas y aferraron la espalda de su amante. Sirius se detuvo unos instantes permitiéndole que fuera acomodándose a la intrusión. Finalmente lo sintió distenderse una vez más. Comenzó entonces un vaivén suave y le buscó los labios con los suyos.

La cadencia fue aumentando paulatina pero incesantemente. Sirius quería más. Sus interacciones habían sido siempre tumultuosas, tormentosas, explosivas… había llegado el momento de transformar todo eso en pasión fogosa y arrolladora. Sirius le rodeó el sexo con la mano y comenzó a sacudírselo al tiempo que el ritmo de las acometidas aumentaba hasta volverse frenético.

—¡Sirius! —gritó Severus. Y fue como una señal… los dos se sacudieron espasmódicos en el éxtasis.

Les tomó varios minutos recuperar el aliento. Sirius lo tenía estrechamente abrazado y le murmuraba palabras dulces al oído. Severus nunca hubiera imaginado que esa voz pudiera resultarle tan sensual… Nunca antes había experimentado algo tan glorioso con ninguno de sus anteriores amantes… el recuerdo de ese momento vivido, tan sublime, lo acompañaría por siempre… incluso si en adelante todo empezara a irle mal… el recuerdo de esa noche lo sostendría en la adversidad.

—¡Yo gané! —se jactó Sirius mordisqueándole la oreja— ¡Y no fueron necesarios los afrodisíacos!

—Mal que me pese debo mostrarme de acuerdo, Black…

—No… Sirius, por favor… al menos cuando estemos solos.

—Sirius… Sirius… —se hizo eco Severus y ya volvía a sentir su miembro recobrando actividad.

—Severus… tengo ganas de vos… a ver si ponés en juego toda esa habilidad de la que siempre hacen gala los Slytherin. —lo invitó gimiendo provocador.

Severus abrió los ojos, el recuerdo de esa inolvidable noche de bodas le había dibujado una sonrisa en los labios.

Se habían descubierto entonces como amantes apasionados. Vibraban juntos cada vez que hacían el amor sin importar qué rol jugara cada uno. Habían logrado establecer físicamente un vínculo perfecto. ¿¡Quién habría podido imaginarlo!? Pero en otros aspectos de la relación, en todos aquellos no relacionados directamente con lo erótico, todavía les faltaba bastante camino por andar…

Durante el verano se habían trenzado en duras discusiones… en las que no faltaban los ásperos insultos de otrora… pero al menos la cosa tendía a suavizarse una vez que se metían en la cama.

oOo

Draco corría seguido por Harry. Habían ido a la habitación de Draco, Draco se había probado la pulsera del compañero, y tal como lo había temido, la pulsera lo había reconocido de inmediato. Entró a los gritos en los apartamentos de Severus.

—¿¡Por qué?! ¿Por qué me engañaron de esa forma? ¿Qué hice yo para merecer algo así?

—¿Draco? ¿Pero qué te pasa? —preguntó Severus con calma aunque también molesto por la interrupción.

—¡Descubrí todo! ¡Todo!

¿Qué le habría hecho Harry ahora?

—Sentate y contame…

—¡No! ¡Quiero ir a ver al viejo tarado que me transformó la vida en un infierno!

—¿No te parece que estás exagerando un poco? ¿A qué se debe este arranque melodramático?

—¡No! ¡Me tocó sufrir horrores desde principio de año… y por nada!

—Pero, ¿qué es lo que…?

—Dumbledore nos mintió… —intervino Harry con tono monocorde.

—No sería la primera vez… —apuntó Severus con sarcasmo.

—¡Entonces vos sabías! —estalló Draco.

—No, digo que Dumbledore es un mentiroso habitual… aunque en general es para nuestro propio bien. —aclaró Severus con una nota de nostalgia.

—¿Y te parece que es para nuestro bien que nos haya ocultado que Harry es el veela y que yo soy su compañero? —siseó Draco con acritud.

—¡¿Qué!? —bramó Severus sobresaltado.

—¿Ves, Draco? Ya te había dicho yo que él no sabía nada. —dijo Harry con voz suave tratando de calmar a Draco que estaba lívido de ira.

—¿Qué es toda esta historia?

—Mirá, padre. —dijo Harry tendiéndole la muñeca. Presentaba dos patitas de felino rodeándola y encima de ellas una cabeza de lobo de ojos esmeralda que parecían estar mirándolos. Draco también expuso su muñeca. Una serpiente con cabeza de lobo de ojos grises.

Muchas cosas se aclaraban… pero, ¿por qué? ¿Por qué Albus había ocultado eso?

—Pero, ¿cómo…?

—Es lo que quisiéramos saber.

—Desafortunadamente… el director no está en el castillo. Habrá que esperar hasta mañana.

—¡No quiero esperar hasta mañana! —aulló Draco.

—Calmate, Draco. Comprendo tu enojo… pero antes deberíamos verificar los hechos.

—¡Estoy seguro! ¡Puedo sentirlo! ¡Todo encaja!

—De nada sirve ahora precipitarnos… les propongo que coman acá y que se queden a dormir en el cuarto de Harry. Cuando el director regrese mañana le pediremos las debidas explicaciones.

—¡Yo le voy a exigir que rinda cuentas! —precisó Draco.

Harry se había replegado sobre sí mismo. Había tenido una discusión tumultuosa con Draco… que estaba furioso después de lo que había descubierto… y era entendible. ¡La traición había sido enorme! Se estremeció y los ojos se le nublaron… ahora que las cosas empezaban a encaminarse… ¿volvería todo a arruinarse?

Draco caminaba de un lado al otro impaciente… estaba obligado a esperar hasta el día siguiente… ¡y era tanto lo que había que aclarar! Con Harry también… pero cuando fijó los ojos en él, la escena lo conmovió… Harry parecía aterrado, Severus le había puesto las manos sobre los hombros intentando tranquilizarlo con palabras suaves. Comprendió de pronto el abismo de desesperación en el que debía de estar sumido su amor. Probablemente estaría imaginado venganzas iracundas de parte de Draco ahora que las cosas se habían invertido.

Draco se les acercó, hizo apartar a Severus y abrazó a Harry apretadamente.

—No es con vos que estoy enojado. ¿Tenés hambre?

—No, tengo un nudo en el estómago. —contestó Harry que seguía muy tenso.

—Entonces vení, vamos a ir directamente a acostarnos. Es temprano pero tuvimos un día muy convulsionado, estoy seguro de que una vez calmos y abrazados uno al otro no vamos a tener problema para conciliar el sueño. Yo necesito sentirme en tus brazos y creo que vos necesitás sentirte seguro…

Harry suspiró, asintió y se dejó conducir.

Severus los observó desaparecer detrás de la puerta y también suspiró aliviado. Probablemente iba a producirse una tempestad al día siguiente, pero el vínculo entre Harry y Draco iba a resistir.

oOo

Se oyeron golpes a la puerta.

—Snape… soy Greyback…

—Entrá. —autorizó Severus— ¿Qué estás haciendo acá en Hogwarts? ¿Los mandados?

—Dejá los sarcasmos de lado. Hay algo importante y urgente… los chicos necesitan ayuda y no los puedo encontrar por ningún lado.

—Ya lo sé. Hace un rato estuve hablando con ellos. Fueron a acostarse.

—¿A las siete?

—Estaban cansados, necesitan reposo…

—Lo que necesitan son respuestas.

—Sí, eso también… pero el director no estará disponible hasta mañana a la mañana.

—Y vos… ¿no sabés nada?

—No. A pesar de que todo esto afecta directamente a mi hijo y a mi ahijado… el director no juzgó necesario mantenerme al corriente.

—¿Te sentís ofendido?

—No, más bien furioso de ser siempre un peón.

—Supongo que eso podría considerase una confidencia… no sé si sentirme halagado o si debería empezar a preocuparme por mi vida.

—No es éste momento para bromas, Greyback.

—No estoy bromeando…

Severus se acordó de lo que le había prometido a Draco.

—Creo que puedo concederte algo de crédito… de todos modos ya contamos con otro licántropo en la familia. Pero mañana vamos a tener que jugar muy bien las cartas. Vos no sabés cómo es Dumbledore. Está muy lejos de la imagen que da de abuelito poderoso pero benevolente. Puede llegar a ser el más retorcido… pero al parecer siempre por el bien último de todos.

—Que no se diga, Snape… vos, el maestro de la réplica acerba, el experto en la manipulación verbal… ¿le temés a una conversación con el viejo senil?

Severus entrecerró los ojos. Y bien… iba a tener que hacérselo comprender.

—Decime, Greyback… ¿vos aceptaste la misión que te asignó Dumbledore?

—Sí… —admitió Greyback con cierto recelo.

—Entonces aceptaste… sin oponer objeciones… volver a transformarte en Ericka Grymberg para presentar una denuncia contra Fudge por tentativa de violación… Y vas a tener que testimoniar en público arriesgándote a que tu verdadera identidad quede al descubierto… y accediste a eso… ¿a cambio de qué? ¿De un poco de consideración y confianza? Sí, ya veo… no hay nada que temer del viejo senil…

—Creo… creo que necesito sentarme…

¡¿Cómo era posible que se hubiese dejado manipular así?! Snape le ofreció un vaso de whisky. ¡Y lo peor era que no sentía deseos de agarrárselas con el viejo!

—Voy a llamar a Sirius y a Remus. Tenemos que preparar una estrategia para no dejarnos enredar por el viejo mañana.

Greyback asintió maquinalmente… Al parecer el hombre era recuperable, pensó Severus… pero eso no hacía sino darle una vez más la razón a Dumbledore.

oOo

En la mansión Riddle…

La noche no tenía nada de calma y lúgubre como era habitual. Luces y gritos inundaban lo que en alguna época había sido el salón de baile. Desafortunadamente no se trataba de una fiesta.

Voldemort estaba furioso. Las luces eran los haces de las maldiciones que les lanzaba a sus seguidores para descargar su ira y los gritos eran de dolor, los de los desdichados que eran blanco de su acceso de demencia.

Todos los mortífagos habían caído de rodillas o estaban tendidos en el suelo, ninguno se había salvado de un hechizo.

—¿Dónde está Peter? —bramó.

Nadie contestó. La furia del Señor Oscuro se potenció. Se la agarró con los pobres infelices presentes. Una nueva andanada de maldiciones de tortura.

Finalmente se puso a caminar de un lado al otro tratando de reflexionar. ¿Dónde estaba su espía? ¿Por qué no se había presentado a rendir el informe diario? ¡Necesitaba información para poder llevar a cabo sus planes! ¿La rata habría cumplido la misión que le había asignado? ¿O habría fracasado estrepitosamente? ¿Se estaría escondiendo para protegerse de su cólera? En el peor de los casos… todavía le quedaba la loca que le había rendido su alma. Enviaría a los Malfoy para que controlaran a su hijo y para que le trasmitieran sus órdenes a Bellatrix. Era una pieza sacrificable… todavía contaba con los oficios de Severus como espía. Además si había alguien que pudiera llevar a cabo esa tarea con éxito… ésa era Bellatrix. Era siempre tan servil… si de obtener algo de poder se trataba. A ella podía pedirle cualquier cosa… y podía quitarle lo que se le antojara, incluso el marido. Continuaba siempre fiel como un perro. La vida de ella le pertenecía. Él tenía poder absoluto sobre la vida de todos los mortífagos, poder de vida o muerte… y pronto tendría poder sobre todo el mundo mágico… ¡y sobre toda creatura viviente del mundo!

¡Avada Kedavra!

Macnair… el Ministerio se había quedado sin verdugo. Walden no tenía familia, ni tampoco amigos… nadie lloraría su muerte.

Todos se preguntaban qué estarían pensando los demás mortífagos presentes. ¿Acaso lo mismo? ¿Que tanta locura, tan apartada de los objetivos de gloria y supremacía ya era intolerable? Pero había mucho miedo…

Se veían obligados a doblar la rodilla ante un loco, cobardemente, como menos que nada… ¡justamente ellos que eran supuestamente la élite del mundo mágico! Habían cometido un error… habían hecho elecciones estúpidas… habían emplazado en muy mal lugar su orgullo…

oOo

Al día siguiente en el despacho de Dumbledore…

Dumbledore escuchaba con atención el relato de los horribles hechos que habían tenido lugar la noche anterior en la mansión Riddle. Los Malfoy dejaban traslucir muy poco pero el director adivinaba su gran angustia. Debía serles muy difícil admitir que habían elegido pésimamente… pero más debían de lamentar que les resultara demasiado peligroso dar marcha atrás. ¿Era el momento adecuado de ofrecerles una posibilidad? Habían hecho todo lo que les había pedido para salvar a su hijo, pero no habían pedido nada para ellos. ¿Se sobrepondrían a su orgullo para aceptar una mano tendida? Los Malfoy durante muchas generaciones habían sido muy adeptos a las Artes Oscuras. ¿Era ése el momento propicio para que eso cambiara? Lucius y Narcissa no iban a dar el primer paso de buen grado… pero con un empujoncito…

—Bien, mis chicos… —comenzó con una sonrisa afable.

Hizo una breve pausa para permitirles que se recuperaran del sobresalto.

—Comprendo el problema que tienen que enfrentar… —agregó con una mirada compasiva.

Los Malfoy se removieron algo incómodos pero con un destello esperanzado en los ojos.

—Quizá ha llegado el momento de cambiar definitivamente al mismo lado que el su hijo.

La pieza del sentimiento filial/paternal era una buena movida…

—Por muy poderoso que consideren ustedes a su señor, Harry acabará venciéndolo… y los Malfoy están siempre del lado del vencedor.

Un poco de halago adulador siempre ayuda…

—…porque Harry posee un poder del que Voldemort no dispondrá jamás: el amor.

Volver al papel de viejo reblandecido tornaba más creíble la cosa y les alimentaba su sentimiento de superioridad.

—Y ustedes serían los suegros del mago más famoso y más poderoso del mundo mágico… ¿entonces?

Una pausa de silencio con esa idea tentadora… para la que les resultaría difícil pensar una réplica.

—¡Bien, entonces! Tendremos una reunión de la Orden del Fénix dentro de poco. Les comunicaré la fecha y la hora precisa una vez que hayan sido fijadas.

Una nota de la confianza que supuestamente depositaba en ellos… una buena forma de concluir la charla.

Los ojos de Dumbledore brillaron maliciosos al verles las expresiones de alivio. Había resultado mucho más simple de lo que había esperado… casi tan simple como con Severus… y Bellatrix, Fenrir, Evan…

Les ofreció a ambos un caramelo de limón pero su ofrecimiento fue amablemente declinado. Él por su parte decidió premiarse con uno.

Hubo golpes a la puerta… había que pasar a la batalla siguiente… ya estaban ahí…

—Pasen, mis muchachos… los estaba esperando.

Severus entró seguido por Harry, Draco, Sirius, Remus, Fenrir y Evan. ¡Toda una delegación! ¡Mejor, cuantos más seamos tanto más divertido! Albus los observó ubicarse. Draco fue antes que nada a saludar a sus padres. Se les sentó al lado y Harry al lado de él. Severus, Remus y Sirius tomaron asiento del otro lado de Harry. Evan y Fenrir se ubicaron del otro extremo del escritorio dirigiéndoles una mirada hostil y recelosa a los Malfoy. Probablemente se estarían preguntando qué estarían haciendo allí.

Había demasiada tensión en el grupo… mejor así… difícilmente se pusieran de acuerdo para aliarse todos en su contra… ¡la reunión pintaba que iba a ser muy divertida!

Nuevos golpes a la puerta… ah sí, faltaba ella… y podrían comenzar la fiesta. —Adelante…

Bellatrix entró con la apariencia de la profesora Star y fue instalarse al lado de Remus.

Fenrir por su parte quedó como paralizado… ese olor, sin dudas era conocido… ¿Pero de quién era? El rostro de la mujer le resultaba totalmente desconocido pero podía estar bajo efectos de polijugos o de algún encantamiento. Los olores eran más difíciles de disimular… él había podido engañar a Lupin disfrazado de mujer pero no por mucho tiempo… sin embargo no tenía que tratarse necesariamente de un mortífago con apariencia de mujer… mortífago… mujer… el olor… ¡Bellatrix!

—¡Ya me parecía! ¡Aléjense de ella! ¡Es peligrosa! —corrió con la varita en alto a interponerse entre Harry y Draco y ella.

El efecto fue instantáneo, en una fracción de segundos todos se habían vuelto combatientes en el recinto. Todos mirándose unos a los otros con la ferocidad de perros de presa. El silencio se tornó abrumador, la tensión habría podido cortarse con un cuchillo… Albus estaba encantado…

—¿¡Cómo es que se infiltró esta zorra?! —demandó Fenrir.

—¡Te prohíbo que la insultes, bestia! —lo increpó Remus.

—¡Si serás imbécil! ¡¿Tenés idea acaso de quién es la persona que estás defendiendo?!

—¡Defiendo a mi pareja! ¡La mujer a la que amo más que a nada en el mundo! —replicó Remus con orgullo.

—¡Tu amor no es otra que Bellatrix Lestrange!

Evan y los Malfoy fueron los únicos sorprendidos.

—¡Ya lo sé! ¡Todos lo sabemos!

Greyback quedó totalmente desconcertado.

Draco se dio cuenta de que había quedado descolocado e intervino con tono amable. —No te inquietes, Fenrir. Más tarde te explico todo en privado. Ahora tenemos asuntos más urgentes que arreglar.

—Chicos, volvamos a la cuestión que nos ocupa… —los exhortó Dumbledore condescendiente.

Todos obedecieron y volvieron a tomar asiento. El director volvía a recuperar las riendas.

—Albus, ¡vos nos mentiste!

Había sido Severus el que había atacado de frente.

—¿Sobre qué cuestión, mi muchacho?

Fue Draco el que contestó. —¡Me hizo creer que yo era el veela y que Harry era mi compañero! —gritó furioso.

—¡Eso no es en absoluto cierto, jovencito!

Hubo un silencio de duda… Narcissa interrogó con la mirada a su marido. Lucius se limitó a alzar ligeramente los hombros, él tampoco entendía nada.

—Tus padres vinieron motu proprio a pedirme que intercediera para crear un vínculo entre Harry y vos… y yo acepté porque me pareció una propuesta conveniente… una propuesta que vos mismo aceptaste.

—¡Pero Ud. no nos aclaró que era él el veela!

—Porque nadie me planteó la pregunta.

A Severus le daba náuseas la forma en la que el viejo les refregaba descaradamente su mala fe y sus solapadas artimañas… y no era el único que se sentía así.

—¿Mi hijo no es un veela? —preguntó Lucius perplejo.

—No, padre… no lo soy… pero Harry sí.

—Pero… ¿y los sueños? ¿mis genes? ¿la poción de Severus?

Se desencadenó un bullicio generalizado todos querían exponer sus opiniones al mismo tiempo.

—¡Silencio, chicos! ¡Silencio! —reclamó Dumbledore.

Era llegado el momento de atacar y de imponer su autoridad.

—Yo les voy a explicar todo.

Ya estaba en mejor posición para engatusarlos…

—Descubrí que Harry era un veela en la reunión que tuvimos a principios de julio. Conversando con él pude identificar todos los signos… y él también podría haberse dado cuenta si hubiese leído los libros que le recomendé que leyera.

Harry se puso colorado y bajó la cabeza.

—Yo no quise preocuparlo con esa cuestión, quería que pasara unas buenas vacaciones.

¿Unas buenas vacaciones? ¿¡Con los Dursley?! Harry alzó de inmediato la cabeza y lo fulminó con la mirada.

¡Ay…! Error… se había metido en terreno pantanoso… mejor recular cuanto antes.

—Para que tuviera tiempo de descubrir a su compañero y para que pudiera encontrar una solución para que su condición de veela no interfiriera con sus estudios… ni con su misión de enfrentar a Voldemort.

Estremecimientos generalizados al oír el nombre que no ha de pronunciarse… el único no afectado había sido Harry que lo miraba con cara de "¡sí, fundamentalmente la parte de mi misión contra Voldemort!"

—Pero fue entonces que ocurrió el episodio de la urna funeraria…

Miradas y cejas inquisitivas de algunos…

—Harry puso en práctica un ritual de magia oscura para traer de regreso a su padrino, utilizó para tal fin una urna funeraria del antiguo Egipto.

Varias expresiones escandalizadas…

—Fue Bellatrix la que lo salvó, porque ella se encontraba en casa de Severus cuando la señora Dursley se hizo presente pidiendo ayuda.

Miradas incrédulas, contritas, celosas, burlonas…

—Y fue luego de eso que Severus tomó la sabia decisión de llevarse a Harry a su casa para que se curara.

Todas las miradas se volvieron hacia Severus, quién había adoptado la más pétrea de las expresiones. El viejo los estaba enredando a todos con maestría y él no podía hacer nada para impedirlo.

—Bellatrix y Remus colaboraron… y fueron los que lograron hacer realidad el deseo de Harry de recuperar a su padrino.

Una pausa para que todos reflexionaran sobre los riesgos que se habían corrido… y también sobre el buen resultado… o muy mal resultado según las diferentes perspectivas.

—Cuando yo me encontré con este pequeño universo en casa de Severus… ofrecí mi ayuda.

Severus no pudo evitar atragantarse. ¡Viejo descarado y cínico!

—Yo les pedí que continuaran con esa maravillosa cruzada para proveerle un entorno familiar acogedor a Harry… que tan golpeado había sido por la vida.

Un poco de violines… nunca están de más…

—Sirius adoptó a Harry y para proveerle un hogar estable se casó con Severus, por el que siempre había sentido atracción… así como la polilla es atraída por la luz. Como Harry necesitaba un padrino, Remus resultaba la opción natural… y Bellatrix, que lo había salvado… tenía una oportunidad estupenda de expiar acciones pasadas reprochables aceptando el papel de madrina… y ésa es toda la historia.

Dumbledore evaluó los estragos producidos por la bomba que había dejado caer. Sirius parecía estar al borde de una crisis de apoplejía, los semblantes de Bellatrix y de Remus habían virado al carmín y Severus… Severus echaba humo por las orejas y parecía un toro dispuesto a acometer contra el escritorio.

—¿Acaso cometí algún error, mi muchacho? —le preguntó Dumbledore con el más inocente de los tonos— ¿Habrías preferido dejar a Harry en manos de los Dursley… una casa que nunca fue un hogar para él… sin amor, sin cuidados? ¿Habrías preferido no establecer nunca una unión con el hombre que tenés a tu lado?

¡Oh, el muy… el muy…! No había ninguna palabra insultante lo suficientemente fuerte como para describir lo que Severus sentía en ese momento por su mentor. Si lo negaba habría herido a Harry y a Sirius.

—¡Por supuesto que no! Ustedes necesitaban que alguien les abriera los ojos. Para que pudieran darse cuenta de que eran en realidad dos seres apasionados que se odiaban porque no podían amarse… por estar en Casas rivales primero y en campos rivales después.

¿Qué podía contestarse a eso?

—Lograron finalmente ponerse de acuerdo y formaron una familia sólida, unida… pero no fueron los únicos, otros dos seres también encontraron el amor… dos personas que quizá ya habían perdido toda esperanza de encontrar al individuo ideal con quien pudieran alcanzar la felicidad.

¿Qué podía replicarse a eso?

—Y en el corto período de un mes y medio pasamos de cinco personas lastimadas, solas y desesperadas a dos parejas enamoradas conformando una familia amante para un adolescente que pudo así recuperar la sonrisa y las ganas de vivir.

¿Que se le podía objetar a eso?

—Harry llegó a la escuela para el inicio del ciclo muy feliz y seguro de si mismo…

Era cierto y casi todos lo habían notado.

Dumbledore juntó las yemas de los dedos de ambas manos. Sirius, Bellatrix, Remus y el muy beligerante Severus habían quedado fuera de combate.

—Tenemos a continuación la cuestión de Draco… señor y señora Malfoy, ustedes vinieron a pedirme que intercediera para lograr la unión de su hijo con Harry Potter… sin haber hecho las verificaciones más básicas. Era lógico pensar que era un veela… pero no lo verificaron fehacientemente. Se saltearon una etapa crítica… un error que sólo a ustedes cabe imputárseles. Yo estaba en el campo opuesto… no era a mí a quien le correspondía señalarles la equivocación… por el contrario era mi deber obtener todas las ventajas posibles de un faux pas del adversario.

Lucius apretó las mandíbulas, ¡una necedad tal era inconcebible en un Malfoy! ¡Y él siempre había sido tan meticuloso!

—Yo, por mi parte, hice averiguaciones… y descubrí que su hijo era el compañero de Harry, la ocasión que se me presentaba servida en bandeja era algo que no podía dejar pasar de largo. En lugar de ver a mi protegido dominado y con la clara posibilidad de que fuera secuestrado por el lado enemigo sin que nadie pudiera intervenir… decidí sacarle ventaja a la confusión de ustedes para establecer la situación inversa.

—¡Pero los riesgos eran descomunales! —protestó Severus.

—No, admito que había riesgos… pero eran riesgos calculados… yo sabía que Harry nunca le haría mal a su compañero, aunque se tratara de su enemigo de siempre… si bien al principio se comportó algo torpe y bastante injusto. Y también sabía que Draco había sido educado para respetar las leyes y tradiciones del mundo mágico y que incluso con reticencia terminaría aceptando su supuesta condición.

Lucius y Narcissa también fuera combate…

—En cuanto a vos, Draco, si no hubieses pasado tanto tiempo elucubrando formas encubiertas de torcer las reglas impuestas… te habrías dado cuenta enseguida de lo mucho que sufría Harry cuando vos le guardabas rencor… terribles dolores de cabeza y de pecho; habrías notado antes su comportamiento excesivamente celoso… si hubieras hablado más con él quizá habrías sabido de sus sueños. Habrías podido con tu experiencia, con tu educación y con tu inteligencia encajar todas las piezas mucho antes de lo que pasó ayer. Aceptaste todo sin reflexionar… porque así te lo indicaban tus mayores. Tus rebeliones furtivas no fueron sino desquites pueriles… no una verdadera afirmación de carácter.

Draco bajó la cabeza humillado.

—Cuando viste caer a Harry de la escoba un segundo después de que lo rechazaste… ¡qué prueba más flagrante para descubrir todo!... y sin embargo…

Harry le tomó una mano para confortarlo… pero el gesto sólo logró potenciar la culpa en Draco.

Draco fuera de combate…

—¿Y cómo se explica la poción de revelación? —preguntó Harry para frenar la ola de ataques.

—Severus, vos sos el especialista y Harry tu no muy aventajado alumno… ¿tendrías a bien explicarle?

Harry fusiló al director con la mirada. Severus suspiró.

—La poción puede reaccionar con otras personas que no sean veela… pero el efecto es distinto… para cualquiera que no sea veela la poción revela… las fantasías

Harry se sobresaltó. —¿Yo era una de tus fantasías? —preguntó sorprendido.

Draco bajó los ojos.

—¿Y yo…? —se elevó otra voz de inmediato. Todos los ojos derivaron hacia Greyback y luego retornaron a Draco.

—Ehh… en realidad no.

—¿Y entonces por qué? —inquirió Harry con una nota de celos.

Draco no supo qué responder… Intervino Severus.

—Las fantasías, ilusiones, ensueños… pueden ser muy complejos… es posible que subconscientemente se negara a aceptar que lo atraía cierto licántropo y lo fundió con la imagen de otro que le inspiraba más bien miedo que atracción…

Remus se sobresaltó por la sorpresa y se ganó una mirada verde de celos de su ahijado.

—¿Draco…? —inquirió Narcissa alzando una ceja.

—Fue algo pasajero en tercer año… —admitió Draco pero no agregó nada más.

—Hay algo que a mi sigue sin cerrarme… —dijo Harry— ¿Alguien verificó sin lugar a dudas que yo soy un veela? Me parece que el tipo físico es otro…

—El gen veela es un gen recesivo… que puede quedar oculto durante generaciones. Las veela son mujeres muy bellas descendientes de las Willys o Vilys, hadas de Europa Central que pueden adoptar la forma de aves. Son extremadamente celosas y de humor muy tornadizo… como el tiempo atmosférico. Por lo general son de piel clara y de cabellos oscuros o rojo oscuro y rizados. El gen veela muy raramente se hace manifiesto en los hombres.

—Albus… ¿a qué viene esta perorata sobre esta variedad de criaturas mágicas? —preguntó Severus.

—Los datos son importantes, Severus, tienen que ver con el desarrollo de los acontecimientos y también con mi decisión. Estas criaturas se transforman en verdaderas harpías cuando están furiosas. Vos tuviste oportunidad de verlas durante la copa Mundial, ¿no es así, Harry?

—Sí… eran bellísimas y de repente…

—Exacto…

—Yo… ¿yo podría adoptar esa apariencia? —preguntó Harry de pronto muy consternado.

—No… nunca pasa eso con los hombres. —lo tranquilizó Dumbledore sonriendo— Pero tuve la oportunidad de observar ciertos cambios en vos cuando te enojabas… los ojos se te ponían rojos y los dientes se te afilaban… como los de Fenrir…

Todos se sobresaltaron… ¿a qué venía esa comparación?

—Sí, no se inquieten… como Fenrir… ¿A qué edad te mordieron? —inquirió el director volviéndose hacia Greyback.

—A los seis años… —respondió Fenrir con recelo.

—Mucho antes de la adolescencia… mucho antes de que pudieran evidenciarse signos que identifican a un veela… —dijo Dumbledore y se recostó cómodamente sobre el respaldo de su sillón disfrutando con ganas del espectáculo que había desatado con su última revelación.

—¿Este horror, un veela? —escupió Remus incrédulo. Todos los demás estaban estupefactos.

—Sí, Remus. Pero el licántropo ganó predominancia sobre el veela. Contrariamente a lo que la mayoría cree, los dientes puntudos, las uñas duras y la mirada penetrante y maligna no vienen del lado del licántropo sino de la ira continua que pone en manifiesto de manera casi permanente los rasgos de las arpías.

—¡No es posible! —protestó Greyback que se había sentido siempre muy orgulloso de su apariencia terrible… en fin, casi siempre…

—¿Estás tan seguro? A ver, cuando vos estás furioso o sobreexcitado por la razón que fuere, ¿no has notado acaso que tenés más pelo de lo habitual, que las uñas se vuelven más agudas y que tu olor y tu aliento se tornan más fuertes y penetrantes?

Draco se estremeció. Cuando Fenrir lo había agredido la primera vez, él le había sentido un olor infecto. No había sentido nada parecido a ese hedor cuando lo había lamido o cuando se habían acurrucado el uno contra el otro cuando estaba transformado.

—Cuando hayas hecho las paces con vos mismo, Fenrir, recuperarás la que debería ser tu apariencia normal… y estoy seguro de que el compañero que estás buscando te ayudará mucho en ese aspecto. Pero no vayas a buscarlo demasiado lejos… la felicidad con frecuencia está en el lugar donde menos se la espera. Basta notar las parejas presentes…

Fenrir estaba profundamente sumido en sus pensamientos. ¿Toda su vida no había sido sino una mentira? Ni siquiera sabía ya quién era él… lo de encontrar un compañero en una situación así parecía un imposible.

Fenrir fuera de combate…

—¿Por qué existe un vínculo entre Draco y Fenrir? —preguntó Harry.

—Para esa pregunta… sólo puedo aventurar hipótesis como respuesta. Quizá Draco sea un probable compañero para el veela Fenrir, pero el veela Fenrir se ha replegado por la dominancia del licántropo… es posible que se haya llegado a una situación de compromiso entre las dos naturalezas. Un ser próximo al licántropo, pero que no es su compañero… un integrante joven de su jauría.

¿Por qué todo parecía tan lógico cuando Dumbledore lo explicaba? ¿Aunque se tratara de algo que sonara disparatadamente improbable?

—Y bien… ahora que todos están al tanto de cómo son realmente las cosas, vamos a obrar mancomunados en pro de la felicidad de nuestros dos adolescentes. Será preciso repetir la ceremonia y una vez que la unión se haya consumado correctamente, el vínculo quedará establecido como se debe.

Harry alzó de golpe la cabeza. ¿Consumar adecuadamente? No le había gustada el modo en que había sonado. Draco le estrechó una mano. Los ojos de ambos se cruzaron. La mirada de Draco rebosaba ternura y lo llenó de seguridad.

Harry, fuera de combate…

Se produjo un largo silencio. Demasiada información para procesar toda junta.

Dumbledore aprovechó para pasar a otras cuestiones.

—Bien… como estamos todos del mismo lado, trabajaremos unidos para obtener la victoria del lado de la luz. Les informo que el primer paso será sacar del medio al ministro Fudge.

—Es un mortífago… — musitó Lucius.

—Ya me lo suponía. No hace sino ponernos obstáculos que nos impidan progresar en la lucha… Pero gracias a Fenrir que presentará una denuncia en su contra por tentativa de violación, nos lo sacaremos de encima y ya no podrá ponernos palos en la rueda.

Hubo algunas risas disimuladas, todos conocían las tribulaciones de las que había sido víctima Greyback.

—¡Oh no! —exclamó Draco— ¡Me había olvidado de algo importante! ¡La rata mugrienta fue testigo de la transformación de la pulsera en tatuaje… y pudo escapar hasta perderse en el Bosque Prohibido. Debe de haber deducido todo y seguramente ya se lo transmitió al Señor Oscuro. ¡Es catastrófico!

Las chispas juguetonas desaparecieron por completo de los ojos de Dumbledore. ¡Qué mala suerte! Todo había ido tan bien hasta el momento… ¡pero ahora Harry era más vulnerable que antes!

Alguien golpeó y la puerta se abrió.

—¿Me permite entrar, señor director?

—Por supuesto, Argus.

—Perdón por interrumpir… pero hay algo importante que debo informarle… —levantó ambas manos en la que sostenía a un gatito negro con una presa del doble de su tamaño entre los dientes.

—Lo encontré a la puerta de la habitación del joven Malfoy, intentaba ingresar con su botín.

—¿Y viene a molestarnos por una cosa así? —bufó Bellatrix con disgusto.

—Señor director, por favor, observe con atención a la presa.

—Pero si no es más que una rata… —insistió ella con aspereza y de pronto chilló: —¡UNA RATA!

—¿Tiene una pata de metal? —preguntó Dumbledore.

—Sí, señor director.

Draco se puso de pie y fue a buscar a su gato. El señor Filch se lo tendió.

—Soltá a esa sucia alimaña y vení conmigo mi querido Potty, mi pequeño Salvador… bien que merecido tenés el nombre que llevás…

El gato obedeció y saltó a sus brazos acurrucándose contra su pecho. Draco le acarició la cabeza y le rascó la panza. Potty ronroneó de placer. Observándolo con mayor atención Draco descubrió algunas heridas… se había batido valientemente y había salido triunfante… una de las heridas le cruzaba la frente… Draco se echo a reír.

—Mi chiquito Potty… un nombre muy bien hallado el que te puse.

—¿Que debo hacer con el cadáver de la rata, señor director? —preguntó el señor Filch tratando de contener una sonrisa.

—Por ahora bastará dejarla en el suelo, Argus, muchas gracias. Bueno… sí que ha sido algo milagroso. El gatito nos ha sacado una buena espina. ¡Pero con un nombre como ése no debería extrañarnos! ¡Un pequeño gran héroe que corre grandes riesgos pero que al final sale vencedor!

Harry se sonrojó.

—Sirius, aquí tenemos la prueba de tu inocencia… para obtener tu exoneración. Creo además que debemos convocar cuanto antes a una reunión de la Orden… nuestro lado avanza y hay muchas cosas que debemos poner a punto para la batalla final… que puede estar mucho más próxima de lo que pensamos. Les deseo a todos que pasen muy buenos días… yo tengo algunos asuntos de los que debo ocuparme en el Ministerio. —agregó y le guiñó un ojo a Sirius.

Albus Dumbledore estaba más que satisfecho con el resultado de la reunión. Tenía nuevas cartas en la mano y había podido oponerse a todos y con éxito… bueno, no a todos…

—Antes de partir… Evan… ¿puedo preguntarte si estabas en Hufflepuff cuando estudiabas en Hogwarts?

—Así es… —confirmó Evan con timidez.

—Entonces… deberías apelar a tus cualidades de comunicación, de diálogo, de camaradería para lograr tus propósitos... y si eso no llegara a ser suficiente, vení a verme… quizá yo podría aportarte otras ideas…

—¿De qué está hablando? —le preguntó Fenrir. Evan se había puesto como un langostino.

—No sé… este tipo nunca habla claro… yo no le entiendo ni la mitad de lo que dice… —se defendió Evan.

—Pero Fenrir… si tuvieras un poco de olfato ya deberías haberte dado cuenta de lo que hablo… — musitó Dumbledore con una de sus más logradas expresiones inocentes.

Todos salieron. No llegaron a comprender que los había envuelto a todos en sus manejos hasta que estuvieron al pie de la escalera. Habían venido a arrinconarlo y el viejo… no había admitido sus retorcidas intrigas, no les había presentado ni siquiera excusas endebles y había sabido zafar de todos los deseos de venganza… y encima los había dejado satisfechos. ¡Algún día alguien debería darle su merecido a ese viejo demente y manipulador!

oOo

En Grimmauld Place, esa noche…

Evan estaba recostado en la cama repasando en su mente las palabras de Dumbledore.

deberías apelar a tus cualidades de comunicación, de diálogo, de camaradería para lograr tus propósitos...

El viejo no se había equivocado con otras parejas más que improbables…

Cerró los ojos…

Hubo golpes en la puerta.

—Adelante.

Fenrir entró. —¿Te importuno?

—No… —contestó Evan incorporándose y sentándose de inmediato en el borde de la cama.

—Estuve conversando con Draco. Es una historia increíble.

—Sí…

deberías apelar a tus cualidades de comunicación, de diálogo, de camaradería…

¡Con monosílabos no iba a llegar a ningún lado! ¡Vamos, Evan!

—Fenrir, hace ya tiempo que quiero hablarte…

—¿Sí? —Fenrir se le acercó y se le sentó al lado— Te escucho.

—Ya te había dicho que admiraba tus cualidades de líder…

—Gracias…

—Pero admiro mucho más que eso…

—Ah…

—Yo admiro todo de vos… tu poderío, tu ductilidad… tus cualidades de licántropo me gustan. Tu voz grave y sensual me gusta. Tus ojos encendidos de cólera me hacen estremecer. Tu boca agresiva me inspira ideas que me hacen poner colorado de vergüenza… tus manos me hacen imaginar cosas que yo… yo…

—Creo que entendí el mensaje… ¿yo te gusto, Evan?

—¡Sí… oh, sí!

—¡Yo estaba convencido de que vos eras heterosexual!

—Yo soy todo lo que vos quieras… si me tomás acá… ya mismo.

—No puedo denegar una solicitud como ésa… —susurró Fenrir relamiéndose… Evan tembló de anticipación.

El licántropo lo empujó sobre la cama y se le echó encima. No se molestó en desvestirlo… directamente le arrancó la ropa y se arrancó las suyas. ¡Qué cuerpo poderoso… vibrante de fuerza! Evan tendió una mano para acariciarle la piel hirsuta. Era suave… Pero Evan se apoderó de la mano audaz y se la llevó a los labios. Le chupó con avidez cada uno de los dedos. Evan ya no aguantaba más… a ese paso iba a acabar antes de que terminaran los preliminares… ¡si es que iba a haber preliminares!

Fenrir lo alzó en vilo y lo llevó hasta la cómoda. Lo hizo inclinarse con el vientre sobre el mueble y le acarició la espalda… y las nalgas… y las apartó… sintió un aliento caído… y Evan gimió de placer. El tiempo apremiaba. El licántropo se incorporó y lo penetró sin más preparación y con una sola embestida. Sí… era doloroso… pero su amante estaba por fin dentro de él. Unos segundos de pausa y Fenrir empezó a cogerlo salvajemente… como él siempre lo había soñado… arrancándole gritos de placer.

Unos momentos después se detuvo, lo hizo dar vuelta y se rodeó la cintura con las piernas de Evan. Lo alzó una vez más en vilo y lo llevó hasta apoyarlo contra el armario y siguió cogiéndolo salvajemente aplastándolo contra la dura superficie de madera, lamiéndole con deleite las gotas de sudor de su hombro y de su cuello. Los dos acabaron al mismo tiempo…

Evan pensaba que seguiría un intervalo reposado que le permitiría recobrar el aliento… pero el licántropo tenía otras ideas… al parecer su potencia no conocía límites. Lo llevó hasta la cama y volvió a clavársela estrujándolo contra el colchón. Le rasguñó la espalda y eso pareció avivar incluso más la excitación del licántropo que sumó nuevo brío y furor a las arremetidas.

Fenrir lo pistoneó implacable durante varios minutos, conteniéndose un poco para que su amante recuperara la erección, cosa que no demoró demasiado… Evan se arqueó de placer… Fenrir se incorporó un poco y manteniéndolo siempre aferrado por las caderas echó la cabeza hacia atrás y lanzó un aullido como para congelar la sangre en las venas…

Su cara comenzó a cambiar. Fue recubriéndose de pelos, la boca empezó a alargársele hasta conformar un hocico, las uñas se endurecieron y afilaron… los miembros se elongaron… Y unos segundos después Evan comprobó con horror que se había completado la transformación en hombre lobo. ¡Y seguía dentro de él y en plena acción!

Fenrir volvió a inclinarse peligrosamente sobre él, con la boca abierta, los colmillos afilados expuestos, brillantes y chorreando saliva… ¡Evan quería gritar!… pero ya el mordisco le desgarraba la garganta… ¡No! ¡No!

—¡Noooo…!

—¿Evan?

Alguien lo sacudía por los hombros. Abrió los ojos. Frente a él Fenrir, el hombre, lo miraba con ojos preocupados. Seguía en la cama, en piyama… entre las sábanas muy desordenadas.

—Tenías una pesadilla… nada más que una pesadilla.

Evan se tapó la cara con las sábanas.

—¿Estás bien? ¿Necesitás algo? —preguntó Fenrir inquieto.

—No, gracias… será mejor que me vuelva a dormir. —murmuró muy convulsionado.

—De acuerdo… pero cualquier cosa que necesites… ya sabés que estoy acá al lado.

Fenrir marchó hasta la puerta pero antes de salir se dio vuelta para echarle un vistazo a la silueta que se había apelotonado haciéndose un ovillo debajo de las sábanas. Lástima que Evan le tuviera tanto miedo… a Fenrir le habría gustado quedarse a charlar un rato con él y quizá si una cosa llevaba a la otra… quizá algo más que hablar…. Salió muy decepcionado cerrando la puerta tras de sí. En algún lugar debía de haber alguien esperándolo, alguien que no le tendría miedo… y que sin ningún temor se le acercaría, lo abrazaría y se acurrucaría contra su cuerpo.

oOo