Hola! Aquí por fin les traigo los respectivos POV!

Muchas gracias por sus reviews y por disculparme por la demora! Ya quedan pocos capítulos para el final!

Espero que les guste!


Jasper POV

-Bien, jódete entonces- miré a Bella entre la decepción y la furia.

¿Por qué todo tenía que ser tan jodidamente difícil?

La escuché llamarme, pero no regresé. Abrí la puerta con violencia y avancé maldiciendo sonoramente, empujando a algunos imbéciles de mi camino.

¿No podía hacer ella un mínimo esfuerzo por ceder? ¿Sólo yo tenía que soportar a su molesto nuevo novio? ¿No tenía el mismo jodido derecho?

Una desagradable voz en la cabeza me susurró que ésa no era la verdadera razón por la cual estaba molesto y que estaba muy lejos de serlo. Que la realidad era que María no tenía nada que ver con la discusión de recién y que no era el motivo principal por el cual yo llevaba ignorando por dos semanas, a la persona que significaba para mi más que nadie en el mundo.

¡Joder! No necesitaba pensar en eso.

Busqué a María con la mirada pero no pude encontrarla, necesitaba de modo urgente una distracción y no se la veía por el maldito lugar. Me impresionó que no estuviese esperándome fuera de la cocina para asaltarme apenas saliera. La chica tenía tendencia a comportarse como un chicle.

Vi a Bella salir de la cocina con expresión abatida, ni rastro de la sonrisa con la que me había saludado. Me sentí culpable e hice un esfuerzo por no ir a su lado. ¿Qué sacaba? Se apoyó en la pared y se quedó mirando a Cullen, mientras este hacía sus acostumbradas estupideces de niño idiota.

Volví a enojarme y me dirigí hacia una de las puertas laterales, encendí un cigarrillo esperando que mi maldita cita apareciese y nos fuésemos pintando de aquí. No deberíamos haber aparecido en primer lugar.

-Hola- escuché la vocecilla de Alice.

Alcé los ojos al cielo antes de volverme. No quería hablar con nadie, menos con ella.

No era que encontrase algo malo en su diminuta persona. Era simpática, atractiva, amable y con un millón más de cualidades positivas. Pero había algo en esta pequeña mujer que hacía que se me recogieran las bolas dentro del cuerpo y quisiera correr lo más rápido posible en la dirección contraria. Además de una vergüenza, era también una sensación completamente ilógica ya que la chica expelía bondad por todos los poros. Pero no podía evitar sentirme así y como no quería ahondar en aquella extraña reacción, prefería alejarme.

-Hola, Alice.

La miré de reojo sin poner mucha atención. Un segundo después pegué mis pupilas a su figura.

¡Jesucristo!

Pestañeé varias veces, sin poder creer que mi fantasía sexual favorita acabara de materializarse a mi lado.

Caperucita "Alice" Roja me sonrió y perdí un poco los papeles. El disfraz marcaba sus muy precisas curvas de modo sugerente sin llegar a ser grosero y dejaba ver sus piernas perfectamente constituidas. Eso sumado a su mirada siempre honesta e inocente me calentó la sangre hasta niveles imposibles.

Jamás había reaccionado de un modo tan físico ante alguien. Jamás.

-¿Estás bien?- preguntó ante mi mutismo.

¡Contrólate, jodido pervertido! Estuviste a punto de saltarle encima como mono en celo.

¿Acaso era mi culpa? Yo sólo reaccionaba ante la ropa con que ella...

¡Un momento!

... con que ella se había vestido.

Fruncí el ceño. Tuve la impresión de que Alice y su vestimenta no eran una jodida coincidencia y la seguridad de quien estaría detrás de aquello. Carraspeé aclarándome el cerebro.

-Bien, gracias- calé el cigarro y apunté a su atuendo esforzándome por mantener los ojos en su rostro- Lindo disfraz.

Se ruborizó. Si hubiese sido cualquier otra chica me hubiese reído internamente ante el gesto, pero ella era tan cándida. Sería como burlarse de la madre Teresa... o alguien así.

-¡Ah! Gracias... Bella lo tenía en su casa cuando estuve allí. Iba a venir como Campanita pero admito que ella tenía razón en recomendarme este- soltó una risilla- Supongo que aún quedan algo de esperanzas para ella en lo referente a la moda.

Mis sospechas quedaron confirmadas... Maldita niña terca... Aún así no conseguí enojarme demasiado, Bella tenía muchos recursos cuando se trataba de conseguir lo que quería. Su tozudez a veces podía ser positiva y Alice con ese atuendo, podía ser uno de esos extraños casos.

-Tú también te ves bien.

-Gracias.

-¿Dónde lo conseguiste?

-Port Angels... María conocía un lugar.

-¡Oh! Claro, viniste con ella- sus ojos se apagaron un poco.

La observé con cuidado...

¿Por qué no me odiaba? Tenía todas las razones para hacerlo... todos sabían cuales eran sus sentimientos, había que ser un ciego retardado para no darse cuenta. Podría culparme por eso pero no lo hacía, parecía no importarle lo que pensaran los demás.

Luego estaba el hecho de que habíamos salido y yo siempre sin darle jamás una esperanza real. Después se me había ocurrido ir a su casa y explicarle que quería estar con mi mejor amiga. Para rematar, ahora estaba saliendo con otra.

Si bien jamás la había dañado de forma deliberada, ella podría aborrecerme. Tendría que odiarme. Por el contrario, se acercaba a hablarme como si nada de lo anterior importase.

¿Cómo podía hacerlo? Era algo que estaba más allá de mi entendimiento.

-Si, está... por algún lugar- hice un gesto hacia la casa.

-¿Estás seguro que estás bien? Te ves un poco... - alcé las cejas- ¿necesitas algo?

Su mirada expresaba preocupación y de nuevo me pregunté cómo lo hacía para ser tan... buena. Estaba acostumbrado a Bella, Rosalie, incluso María con sus temperamentos volátiles y esa cierta agresividad que encontraba atractiva.

Alice por otro lado, tenía una cualidad tranquilizadora. La antítesis exacta de mi mejor amiga.

-No, gracias- respondí.

-Ok, de acuerdo... te dejo entonces.

-Alice- llamé antes de que cruzara la puerta. No quería estar solo con mis pensamientos.

-¿Si?

-Me vendría bien un poco de compañía- dije sabiendo que no iba a rechazarme.

Me escrutó con la mirada y luego se sentó a mi lado. Le ofrecí el cigarrillo pero hizo una mueca.

-¿No te gusta?

-No lo he probado- se encogió de hombros y luego lo quitó de mis dedos con delicadeza. Inhaló y enseguida tosió expulsando todo el humo.

-Tienes que respirarlo- sonreí y posé una mano justo debajo de su cuello- Llevarlo ahí.

Lo intentó otra vez pero no consiguió mucho éxito y me lo devolvió.

-Creo que no es lo mío... así que ¿por qué estás aquí todo enojado?

-No estoy enojado- contradije.

Elevó la comisura de su boca al escuchar mi gruñido.

-Claro que no...-me dio la razón de modo odiosamente condescendiente- Es por Bella.

Demonios...

-No.

-No estaba preguntando- suspiró- Supongo que no debe ser fácil.

-¿De qué hablas?

-De Bella y Edward- respondió con naturalidad- Imagino que no es sencillo verla tan... feliz. Como su amigo seguro que te alegras pero al mismo tiempo quieres estar con ella...

-Si, ella se ve bien- la corté. A pesar de que la evitaba, había notado aquel cambio. Se veía diferente, mejor, más contenta.

-No es la única. Edward también esta distinto.

-Yo lo veo igual de imbécil.

Me dirigió una mirada de reproche pero dejó pasar la ofensa.

-Cómo sea. Es mi amigo, soy feliz cuando él lo es.

Bufé.

-¿Estás tratando de decirme algo?

Alice tardó un poco en responder.

-Se que crees... se que quieres estar con ella Jasper, y no debe ser fácil verla con alguien más, sobretodo cuando se ven tan bien.- se quedó callada unos segundos- ¿no te alegra que ella esté feliz?

-Como dije... es un idiota. Terminará por herirla.

-Quizás... quizás no. No lo sabes, no realmente. Lo único que sabes es que ella tomó una decisión y parece muy bien con eso. ¿Acaso eso no te complace? ¿Aunque sea un poco?

Ese era el punto...

¿Cómo no iba a alegrarme? Por supuesto que lo hacía... la veía todos los días, y cada uno de ellos aparecía frente a mi con la mirada limpia, los ojos chispeantes y el ánimo inmejorable. Llena de vida. La mayoría no se daría cuenta de aquella sutil transformación, pero yo la conocía mejor que nadie. Me alegraba al verla así, claro que sí. Después de todo seguía siendo su amigo.

Hasta que miraba quien la llevaba de la mano.

En ese momento se me olvidaban todos los pensamientos nobles que pudiese tener... ¿Cómo aceptar aquello? La había cuidado por tanto tiempo y se había convertido en mi compañera. La había consolado, aconsejado, protegido, y ella había hecho lo mismo conmigo. Conocía cada uno de sus gestos y podía jurar que a veces la escuchaba pensar. Sabía exactamente como reaccionaba cuando se enfadaba, cuando estaba entusiasmada, cuando estaba triste.

Percibía todo de ella, todo lo bueno, todo lo malo... y sabía la clase de persona que era. Y la verdad era que Cullen no la merecía, ni siquiera un poco.

Y sin embargo él, justamente él era el responsable directo de la felicidad de Bella. Si a veces parecía que brillaban juntos, aun cuando discutían, lo que hacían bastante a menudo.

¿Cómo demonios uno se hace a la idea de eso?... Imposible.

-¿Sabes?- siguió Alice cuando no dije nada- Sabía que tarde o temprano algo así iba a pasar. Edward siempre la observaba de lejos, cuando creía que nadie lo veía. Y a veces se le escapaba su nombre cuando hablaba conmigo o con Emmett. Así que ambos sabíamos que iba a ir tras ella en algún momento... pero a ti debe haberte pillado desprevenido.

Asentí.

Ya era tarde de todos modos. La situación venía de hace un par de meses, quizás más ya que Bella me había ocultado la información en un principio. Pero cuando lo supe había esperado que Cullen arruinara todo como siempre lo hacía o que Bella dijese la verdad cuando aseguraba que sólo era un tema físico.

No la consideraba una mentirosa, conociéndola seguro ella habría estado en negación durante un tiempo con respecto a Cullen. De todo modos debía haber sabido que Bella acostándose con su ex mejor amigo no podría tratarse sólo de sexo.

Y a pesar de mi opinión anterior, la verdad era que no creía que Cullen arruinara las cosas. Para mi completa irritación, se veía igual de satisfecho que ella. Apenas le quitaba la vista de encima y se mostraba increíblemente posesivo. Lo mismo que ella.

Y la rabia me comía por dentro al verlos.

Desde el primer minuto no había querido presenciar en primera fila semejante imagen, así que me había entregado a las distracciones más efectivas que conocía. María y un poco de alcohol me habían ayudado a soportarlo, me hacía olvidar por momentos que me habían quitado algo vital para mi existencia.

Suspiré y puse la manos en mi rostro.

¿Había algo malo con este egoísmo? Supuse que sí. ¿Por qué no podía ser bueno como Alice y sólo alegrarme por ella... por ellos?

-¿Por qué la evitas? Sabes que le duele. dijo mientras me observaba meditar. Seguro me veía como la mismísima mierda.

-Soy feliz cuando ella es feliz Alice, de verdad. Pero ahora mismo, verla me hace daño. Todo este tiempo la consideré... mía.

Alice hizo una mueca y desvió la mirada. Sentí vergüenza, si bien ella era quién había sacado el tema, no tendría que escuchar esto.

-Quizás deberíamos dejar el tema...

-¿Crees en el destino?

Fruncí el ceño.

-No.

-Yo sí. Creo que todo está escrito en las estrellas- alzó una mano para apuntar el cielo- Y se supone que estamos destinados a ciertas personas. Como Rose y Jack.

-¿Rose y Jack?

-Ya sabes, de Titanic. O como Allie y Noah.

-¿Quienes?

-The notebook... ¿la película?

Me encogí de hombros sin tener idea de qué hablaba.

-Como sea, pienso que a todos nos está esperando alguien. Un alma gemela, la otra mitad.

-Eso es una tontería.

Se rió.

-Edward es de la misma opinión, no cree en este tipo de cosas. Pero él la ha estado esperando... y haría cualquier cosa por hacerla feliz. Eso suena a destino para mi- me miró de nuevo- Creo que incluso se haría a un lado si ella eligiese a cualquier otro chico, mientras la haga feliz.

¡Genial!

-¿Por qué me dices esto?

-Porque tu no harías lo mismo.

¡Qué...!

-¿No?- medio grité- ¿Acaso no me estoy haciendo a un lado ahora?

-No, la estás sacando de tu vida.

Tuve ganas de golpear algo.

-No tienes ningún maldito derecho a juzgarme.

Se levantó y me miró con algo parecido a la furia.

-¿Crees que no sé que tienes rabia?

-¡Claro que la tengo!

-Y tienes derecho a ello, lo sé. ¡Pero la rabia y el resentimiento es lo único que tienes!- se paseó de un lado a otro- Ni siquiera puedes decir que te rompieron el corazón, de hecho no tienes ni idea cómo se siente eso. Tampoco estás verde de celos, ni te has acercado a Edward a golpearlo por atreverse a tocar a la supuesta chica de tu vida... ¡estás enojado! ¡enojado! ¡Pero eres tan ciego que no tienes idea de porqué!

Las ganas de moler alguna cosa con mis puños habían aumentado al escucharla . También me levanté.

-¡Y si me conoces tan bien, entonces dime porqué demonios tengo rabia!

Ni se inmutó por mi mirada iracunda.

-Porque eres tan estúpido para creer que tu mejor amiga te cambió por alguien más, que te bajó del ridículo pedestal al que te subió apenas te conoció. Estás resentido porque fijó su atención en otra persona y tú, Jasper, ya no eres el único capaz de deslumbrarla. Y lo horriblemente gracioso de todo esto es que ella no ha hecho ninguna de estas cosas, si pusieras atención te darías cuenta de que te sigue mirando como si fueses algún superhombre o algo por el estilo. Dicho de otra manera tu actitud no tiene nada que ver con amor y todo que ver con tu ego.

Quise ahorcarla, en verdad lo pensé. ¿Qué demonios se creía?... Ella no se detuvo ahí.

-No tienes idea...

-La tengo, ¡claro que la tengo! Por mucho que te moleste, te conozco. Sé que personas como Bella o María no te asustan. Te sientes cómodo y seguro con ellas porque son como tú y no representan sorpresas... ¡Estás confundido! Porque no confías en nadie. Tus padres te dejaron solo desde pequeño y te las arreglaste por tu cuenta. De ahí en adelante Bella representó toda esa compañía que te faltó. ¡Confundes seguridad con amor!- respiró agitada por unos segundos- Es hora de que te saques la maldita venda...

-¡Demonios! Alice no hablas más que estupide...

-También se que me tienes miedo- interrumpió.

La quedé mirando sorprendido mientras la furia se disipaba de un plomazo.

-Lo tienes- reafirmó- Puedo notarlo en tus ojos cada vez que avanzas, cada vez que compartes más de la cuenta... luego te arrepientes y tu mirada se apaga, retrocede. Por eso tienes dudas conmigo, porque no soy como Bella o como María... porque soy una apuesta. Porque altero todo tu mundo basado en la comodidad.

¿Cómo putas sabía...?

Ella pestañeó con los ojos repentinamente brillantes de lágrimas.

-Está todo en tus manos... sabes como me siento con respecto a ti, no me avergüenza admitirlo porque... bueno ¿que sacaría? Ya te dije que creo en el destino, desde que te vi llegar al instituto con tu mirada dura... lo supe- bajó la mirada unos momentos, cuando la levantó sus pupilas estaban llenas de voluntad, también de dolor- No quise soltártelo todo así, pero estás tan ciego... y estás dañando gente.

Se dio media vuelta mientras yo echaba raíces en el suelo producto del shock... una parte de mi quiso ir tras ella, la otra... salir de ahí.

Caminé rígidamente hasta el automóvil, cerré de un portazo y me senté tras el volante, apretándolo fuertemente mientras pensaba que debería haberle respondido unas cuantas cosas en vez de quedarme como un estúpido mudo.

Lo que ella había dicho no eran mas que mentiras... ¿verdad? Debían serlo. Tendría que ser un redomado imbécil si estuviera en ese nivel de confusión.

Me pasé las manos por el rostro tratando de recobrar la calma... Alice no me conocía, ella sólo tejía fantasías en su mente llena de imaginación. Quizás se había inventado toda esa cosas porque... no se porque.

Miré hacia la casa y pensé en ir a buscar a Bella. Por primera vez en quince días me olvidé de la rabia y sólo pensé en ir a buscar a mi amiga, para hablarle, para...no se para qué. Seguro ella me daría la razón, me diría que la pequeña Brandon estaba como una cabra.

Sus palabras, dichas hace algún tiempo se colaron en mis pensamientos.

...¿No has pensado que esta es la primera cita real que tienes y que no es con ninguna zorra estúpida con la que sólo te interesa un revolcón? Alice es diferente, es normal que te guste.

-No he dicho que me guste.

-No con esas palabras, pero estás aferrándote a una razón estúpida para no admitir que te gustó salir con ella y que lo quieres repetir- me sonrió- ¿verdad?...

Lo recordaba, justo después de la primera cita con Alice... me había gustado y al mismo tiempo me había inquietado, luego la llegada de mis padres la habían eliminado de mis pensamientos.

Recordé también cuando le había pedido una cita... la chica no había parado de hablar de Peter y sus brazos, Peter y el bosque, Peter y su jodido carro... ¡era tan ingenua! el idiota de Peter quería un buen polvo y ella casi hablando como si fuese un príncipe azul. Así que la había sacado en una cita real... y había pasado un buen rato con ella. Pero esa sensación de alarma no me había abandonado en todo ese tiempo.

Después la había invitado a salir otra vez y por primera vez había reprimido mis instintos básicos y había rechazado una noche de placer carnal. Todavía no me quedaba claro porque lo había hecho.

Volví a escuchar la voz de Bella.

...No es que no quieras asumir esa responsabilidad, es que te da miedo. Si fuera cualquier otra chica te la habrías llevado a un motel o a tu habitación sin pensarlo y hoy estarías con un gran sonrisa estampando tu cara. Pero no puedes hacer eso con Alice porque ella te importa, y te preocupa hacerle daño.

Negué con la cabeza, frustrado. Esto no me estaba ayudando.

Pensé en ir a buscar a Bella y obligarla a hablarme pero con mi suerte seguro se encontraba con Cullen en alguna habitación.

Sin embargo ella regresaría a su casa... bien, la esperaría.

Ignorando la idea de que en realidad no era con Bella con quien tenía que hablar, me dirigí hacia el pueblo sin siquiera preocuparme por dejar a María. Laurent me vendió algunas botellas de alcohol y luego me dirigí a la casa de Charlie. No andaba con ánimos acróbatas así que saqué la llave oculta en la entrada y subí a su habitación.

Me senté en la cama tomando ron y mirando alrededor... estaba todo igual. No se porque tenía la impresión de que todo estaría diferente, como si Edward marcase su territorio en aquel lugar y yo ya no encontrara las cosas de Bella, si no las de la novia de Cullen.

Algo en su escritorio llamó mi atención y me estiré para tomarlo. Una cámara que claramente no era de ella, se veía muy costosa y sabía que nuestro jefe de policía no podía permitirse este tipo de juguetes tecnológicos.

Sabiendo que sería una mala idea puse Play.

Se veía esta misma habitación, pero más desordenada y con la luz de día iluminándola. Bella estaba sentada mirando feo hacia la cámara.

-Dije que no. Apaga la maldita cosa- quería parecer enojada pero como siempre, sus ojos la traicionaban.

Se escuchó la risa idiota de Cullen.

-Se supone que es entretenido. Adrenalínico.

-No, Edward. Es pervertido.

-Pervertido es divertido -dijo y enfocó su cara- Eres sexy, yo soy sexy... la situación es sexy. Nos vamos a ver bien en el vídeo.

-¿Y si alguien más lo ve?

-¿Crees que dejaría que alguien te viese?- ahí estaba de nuevo ese tono de posesión.

Ella arrugó la nariz escondiendo una sonrisa y se acercó. Cullen aprovechó de hacer un primer plano de su escote. Se escuchó un golpe, un "imbécil" de la boca de mi amiga y una protesta de él. La cámara volvió a su rostro.

-Ok, de acuerdo. Pero no aquí.

-¿Por qué no?

- Es raro, en está habitación viví mi infancia... no puedo filmar un vídeo de sexo aquí. Vamos a tu casa.

-Como quieras, porn-star.

Se escuchó otro golpe, una risa y un alarido, la imagen se fue hacia un lado mientras las risas aumentaban. Apagué la cámara sin querer ver más.

Así que estaban haciendo vídeos triple x... supuse que debía sorprenderme, pero no lo hice. Sabía por experiencia que Bella podía llegar a ser muy... pasional. Los celos llegaron, pero de forma extraña, como si no estuviese molesto por lo que hacían, sino porque la camaradería que compartían me recordaba que me la estaban quitando.

Miré la cámara analizando por primera vez las palabras de Alice.

... tampoco estás verde de celos, ni te has acercado a Edward a golpearlo por atreverse a tocar a la supuesta chica de tu vida...

¿Podía tener siquiera una pizca de razón?

¡Demonios! Mi cabeza estaba echa un puto desastre. Me eché de nuevo en la cama a beber.

Me desperté minutos u horas después cuando se encendió la luz. Parpadeé y miré hacia la puerta.

Alice me observó paralizada, noté que todavía llevaba el disfraz y de nuevo mi entrepierna reaccionó.

-¿Qué haces aquí?

-Yo...- carraspeó- necesitaba... esperaba encontrar a Bella. ¿Qué haces tú aquí?

Me encogí de hombros.

-Lo mismo, obviamente.

Asintió y frunció el ceño.

-Ok, mejor me voy.

Me incorporé.

-Espera Alice... no quiero que te vayas- me vio con duda- ¿Podemos hablar... por favor?

-¿De qué?- preguntó algo violenta.

-Yo... se que te sientes mal y no te culpo por las cosas que dijiste- la tomé de la mano y la hice sentarse en la cama- Supongo que... en algunas cosas tienes razón, pero yo- suspiré sin saber que decir- Estoy confundido, ya lo sabes.

Me observó sin decir nada.

-Se que lo has pasado mal por mi culpa, aunque nunca fuese mi intención. Es sólo que no se que hacer... de todas maneras no me porté bien contigo ¿Podrías perdonarme?

Asintió.

-¿Podemos ser amigos? No puedo... prometer otra cosa. No por el momento. Creo que eres genial, de verdad y me gustaría... no se, poder confiar en ti.

Sabía que no era lo que ella quería pero ¡joder! no estaba listo para nada, apenas estaba aceptando algunas cosas. Alice sonrió levemente y luego se acostó en la cama con seguridad.

-Amigos, claro- dio palmadas a su lado para que me uniera.

-¿Estás segura?

Asintió otra vez, me senté a su lado y de pronto la conversación fluyó de modo natural y me hizo olvidarme de todo excepto ella. Creo que nos quedamos dormidos al mismo tiempo.

...

...

Me estacioné al lado del auto de Newton y salí del carro. Miré alrededor y me encontré con mi mejor amiga bajando de la chatarra que tenía por auto. Cullen llegó y la apretó contra la puerta.

Había pensado en arreglar la cosas, lo necesitaba. Pero la llamada de María ayer en la noche había cambiado ciertas cosas.

...-¡LA PERRA ME ENCERRÓ!- había chillado en mi oído.

-¿Qué?

-¡Tu amiguita me encerró en baño, TODA LA PUTA NOCHE!

-¿Quién, Bella?

-VOY A MATAR A LA ESTÚPIDA ZORRA. ¡HUELO A MIERDA! EL JODIDO BAÑO ESTABA HECHO UN ASCO!

-Cálmate, María.

-¡LA VOY A MATAAR!...

De pronto el encierro y el disfraz de Alice me parecieron un muy astuto plan por parte de mi amiga... y eso me había encabronado bastante. Los planes de reconciliación amistosa se fueron al traste. Bella no iba a manipularme.

Miré alrededor en busca de Alice pero no estaba. No la había visto desde la casa de Bella. Me había despertado solo en la cama y había salido del lugar rápidamente sin encontrarme con nadie. Por un segundo había pensado que había soñado todo.

Caminé a la entrada. Ahora Bella estaba con Rosalie, parecía que discutiendo. No había visto a mi prima, sólo la había escuchado llegar anoche. Rosalie le dijo algo y luego se perdió con su acostumbrado paso majestuoso.

Bella se quedó mascullando hasta que me vio. Una sonrisa apareció en su rostro pero luego su expresión se ensombreció. Me acerqué.

-Hola.

-¿Encerraste a María en un baño?

Se quedó en blanco.

-¿Qué?

-La encerraste en un baño- afirmé.

Bella entrecerró los ojos, se había enojado.

-No, no lo hice. Pero cuando lo descubras dime el nombre de la persona para felicitarla ¿todavía andas en plan de defender a la zorra?

-Y también le recomendaste a Alice el disfraz.

Por un momento mostró algo de vergüenza, pero se recompuso.

-Sí, lo hice -los ojos le brillaron desafiantes- Y funcionó por lo que vi ayer en mi casa.

Así que nos había visto.

-Te dije que dejaras de meterte en mis asuntos.

Rodó los ojos.

- Jazz deja la actitud de mierda ¿quieres?- la gente en el estacionamiento empezó a observarnos.

- No te gusta verme con María, ¿por eso la encerraste, verdad? Y si empezara a salir con Alice ¿también terminarías encerrándola en un baño?

Me miró como si me hubiese vuelto loco.

-Punto uno ¡no encerré a tu jodida novia!... dos ¿de qué demonios hablas?

-¿Quieres que te esté esperando siempre como un perrito faldero? Te metes en mis cosas sin ningún jodido derecho... María, Alice... Entiende de una vez, no quiero tus consejos, ni tus planes retorcidos. No quiero terminar como tú, haciendo el ridículo de novio con alguien que es mas prostituto que otra cosa.

Las palabras salieron de mi boca antes de poder ponerles freno, pero de nuevo estaba lleno de rabia, que se había visto aumentada al saber que ella había maquinado todo para que yo terminase la noche junto a Alice. Los que estaban mas cerca ahogaron un grito.

Bella me miró con ojos cargados de decepción. Me sentí como la mierda.

-¿Eso es lo que piensas?- preguntó con voz firme, pero la conocía lo suficiente para darme cuenta que se estaba quebrando.

-Sí- confirmé.

Ella se lo había buscado.

Asintió quemándome con los ojos castaños.

-Bien- se dio media vuelta pero luego me miró otra vez, manteniendo la compostura. Siempre la había admirado por eso- Ya no somos amigos, Jasper.

Se alejó con paso rígido y veloz. Definitivamente sentí que algo se había roto, que la conexión se cortaba y estaba terriblemente solo. La angustia me invadió.

Cullen se puso delante de mi cara, pero apenas lo vi.

-A menos que tengas la mejor disculpa de la historia, te mantendrás alejado de ella ¿escuchaste?-su voz teñida de profunda ira- Te voy a poner de nuevo en el puto hospital si le hablas así otra vez.

Me dio un empujón que casi ni sentí y se fue.

Ahora él la estaba cuidando... de mi. Si no sintiera que me acabaran de apuñalar el corazón con una daga, me estaría riendo.

...

...

Edward POV

Bella estacionó la excusa de camioneta y bajó de un salto mientras el cabello le revoloteaba alrededor. Llevaba cinco minutos esperándola y ya estaba algo impaciente. Me aproximé rápidamente mientras la observaba.

Vestía jeans, unas botas y chaqueta ajustada. Como siempre, todo el cuerpo se me alteró al verla. La jodida niña hacía lo que quería con mis hormonas.

No era el único que la miraba y quise golpearles las bolas a los imbéciles que miraban a mi novia. Antes de que cerrara la puerta tomé su mochila, la encerré entre mis brazos y la apoyé contra la camioneta. Dejó salir un gritito de sorpresa, pero luego me devolvió el beso con la misma intensidad.

Era un mensaje que decía... ¡Es mía, cabrones!

Me separé antes de que perdiéramos el control frente a todos. Ella se tambaleó un poco con los ojos nublados y me enorgullecí de no ser el único afectado.

-Hola.

-Vaya saludo.

-Cuando quieras- ofrecí.

Sonrió y tomó mi mano. Sabía cuanto le costaba aquel mínimo gesto y quizás era una tontera después de las declaraciones del fin de semana, pero ella avanzaba de a poco en las demostraciones públicas. Y estaba bien, tampoco quería a alguien colgada de mi brazo todo el santo día.

-¿Has visto a Alice?- preguntó con un tono de indiferencia que no consiguió engañarme.

La consumía la curiosidad por saber lo que había ocurrido entre Whitlock y Alice. No estaba dispuesta a preguntárselo a él a menos que arreglasen las cosas primero. Así que la otra opción era mi amiga.

-No.

-Quizás Rosalie lo sepa- apuntó en la dirección de la rubia.

Me tensé apenas la vi, pero conservé la expresión serena. Bella se rió mientras buscaba alguna cosa en su mochila.

-Jasper y Alice en mi cama, Rosalie y Emmett en la tuya. Fue una noche interesante... ¿Emmett la cuidó toda la noche?

-Eso creo- desvié la mirada.

-Pobre de él, es fastidioso cuidar a un borracho drogado- sacudió la cabeza- Rosalie está siendo una idiota.

-Tampoco es para tanto, todos lo hemos hecho alguna vez.

-No me preocupa eso... es como si reaccionara a alguna cosa, no tengo idea que. Sé que algo le pasó... la otra vez estaba igual y me dijo que era una persona horrible- el estómago se me encogió. Maldita Rosalie y su puta boca.

-No deberías darle vueltas al asunto- dije involuntariamente en tono violento. Ella me escrutó con la mirada por unos segundos eternos.

-¿Estás nervioso?- preguntó algo recelosa.

Bella era increíblemente perceptiva.

-No- mentí.

Estrechó la mirada.

-¿Hay algo que no me estás diciendo?

Mantuve el rostro tranquilo con esfuerzo.

-Bells, no imagines cosas- me reí y atrapé sus labios con los míos en un intento de distraerla. Si ella algún día se enteraba, me iba a odiar.

Se separó y me dio una sonrisa divertida.

-Estás raro.

-No me gusta hablar de Rosalie- expliqué, era verdad en cualquier caso.

-¿Por qué no?

-Emmett es mi amigo, no me gusta verlo revolcarse como un gusano por alguien que solo lo insulta.

Asintió comprensiva y sentí alivio. Luego se dio media vuelta y llamó a la rubia. Cuando se acercó me fui con la excusa de buscar algo en el Volvo.

La consciencia me remordía mientras caminaba hacia el auto, sabía la razón por la cual la prima de Whitlock actuaba así y sabía que jamás podría decírselo a Bella sin que ella terminara odiándome.

Frases como "más rápido cae el mentiroso que el ladrón" o "la verdad siempre sale a la luz" amenazaban con hacerme perder la jodida cabeza. Racionalmente sabía que eran verdad y que quizás yo no podría guardar el secreto por siempre. Pero Bella no tenía nada que ver con mi lado racional, todo lo contrario. Y no podía ni siquiera pensar en perderla, no por algo tan insignificante. Menos ahora que por fin estábamos en un buen lugar como novios.

Todo lo que había ocurrido después de la fiesta era prueba de que íbamos por buen camino. El verla mientras yo tocaba su canción ¿cuantas veces había pensado en ese momento? Lo había imaginado en muchas ocasiones y aquellas imágenes mentales no se habían acercado ni un poco a lo que habíamos experimentado.

Bella me lo había dicho todo con una sola mirada, y aunque yo había salido corriendo principalmente debido a la culpa por esconderle cierta situación, no me había quedado más remedio que confesarle que también la amaba.

¿Cómo no? Llevaba queriéndola desde hace tanto.

No era que todo fuese perfecto tampoco, no le había mentido a Bella cuando le dije que era un dolor en el trasero. De las dos semanas oficiales como novios debíamos haber pasado la mitad en estúpidas peleas, principalmente porque éramos una mierda cuando se trataba de comunicación y porque ninguno de los dos sabía muy bien lo que hacía.

Ella me gritaba y yo terminaba saliendo del lugar, luego me ignoraba y yo iba en su busca para que empezara a gritarme otra vez. El autocontrol no era nuestro fuerte tampoco.

Pero no sacaba nada con negar que me agradaba, me gustaba el caos que ella significaba para mí aunque a veces fuera una verdadera lata. Me gustaba sacarla de quicio, hacerla enojar, reír, excitar. Era todo intenso, desordenado y fascinante.

Encendí un cigarrillo, lo calé un par de veces y me dispuse a entrar a clases. Estaba cerca cuando noté que algunos estaban mirando la conversación entre Bella y Whitlock. Necesité una mirada al rostro de ella para saber que no estaban arreglando las cosas.

Escuché la sarta de estupideces que le escupió a mi novia. Una furia corrosiva me hizo querer hacerle saltar todos los dientes.

Jodido Whitlock... me acerqué cuando Bella se alejó.

-A menos que tengas la mejor disculpa de la historia, te mantendrás alejado de ella ¿escuchaste?- escupí aunque él parecía no verme- Te voy a poner de nuevo en el puto hospital si le hablas así otra vez.

Lo empujé deseando que me devolviera el golpe y así estar en libertad para partirle la cara, pero él no reaccionó.

Los mirones se dispersaron cuando sonó el timbre. Bella había desaparecido por uno de los patios y consideré ir a buscarla. Sabía que estaba triste y también sabía que si me acercaba en ánimo consolador me enterraría un puño en el ojo.

Mejor dejar que se le pasara.

No me equivoqué con respecto a su humor. Estaba triste y a su propia y retorcida manera, expresó su pena transformándose en una loca agresiva. Me mantuve fuera de su alcance, apenas dirigiéndole la palabra mientras ella le ladraba a cualquiera que se le cruzara por el camino. La expulsaron de una clase, le dieron detención, dejó a un par de chicas de primer año llorando por que la empujaron sin querer y al final del día todos se apartaban de su camino debido a su mirada lapidaria.

Jasper puto Whitlock...

Me sentía mal por ella, en serio. Pero era divertido observar como podía reducir las almas más valientes a nenitas lloronas. Hasta Emmett se desvió de la trayectoria de Bella. Me mantuve silencioso a su lado durante las clases y los intermedios... y me consideré afortunado de no recibir ataques físicos ni verbales. Ella necesitaba descargarse y yo no iba a estropearle la diversión.

Pero claro, eso fue hasta que llegamos a su casa. Ahí no había nadie más que yo si es que decidía usarme como saco de boxeo.

Sabía que debí haberme ido, quizás dejarla calmarse en soledad pero no quería abandonarla, sabía que se estaba quebrando por dentro. Así que me quedé en plan de novio comprensivo.

Comenzamos a hacer los deberes de cálculo y ahí comenzaron mis penalidades. Después de media hora de haber cruzado el umbral quería rebanarle el maldito cuello.

-Cuatro- gruñí.

-No es cuatro, idiota- respondió la arpía y me pasó la hoja para ver la condenada ecuación. Nunca entendía sus garabatos.

-¿Qué demonios dice? ¿No puedes escribir como la gente?

-Son números, maldito ciego. ¿Cómo es que no puedes leerlos?

-No puedo y tu ecuación es una mierda... es mucho más simple que eso.

-¿Cómo lo sabes si no entiendes lo que dice?

-Porque ocupaste cinco líneas cuando se resuelve en apenas dos, genio- le mostré mi hoja.

-Está mal- declaró sin siquiera mirarla- No puede ser tan simple.

-No, lo que pasa es que eres inepta para esto.

-¿Inepta?

-Sí, y si dejaras de ser una puta molestia ya habríamos terminado.

-Podría decir lo mismo, lo puedo hacer perfectamente sin tu estúpida ayuda.

-Claro y después andarás lloriqueando cuando repruebes.

Sus ojos lanzaron llamas.

-Yo no lloriqueo, bastardo idiota.

-Lo haces, niñita tonta.

-¡Imbécil!- arrojó el lápiz directo a mi nariz.

-¡Loca!- tomé las hojas y las solté en su cara.

-¡Cretino!

-¡Subnormal!

Se levantó echando chispas y me mostró el dedo.

-¡Jódete, Cullen!

Echó la silla atrás de una patada y pisó fuerte hacia las escaleras.

Mierda, no. No iba a dejarme así como mermo en medio del comedor. Me levanté en el mismo segundo y la agarré de un brazo.

-Suéltame, hijo de la mismísima...- la empujé al sillón haciendo que se callara y la inmovilicé.

-Para de ser una perra, Swan o no respondo.

-¿Y qué vas a hacer si no?

No tenía idea pero ya era hora de que dejara de echar mierda por la boca.

-No quieres saberlo- alardeé.

Intentó levantarse pero conseguí mantenerla ahí. Una de sus manos se liberó y fue justo a mi cara, que esquivé por un milímetro. El movimiento me sacó de mi eje y caí hacia el suelo llevándome a Bella conmigo.

Rodamos mientras ella quería asesinarme y yo la mantenía a raya. No tengo idea como pasó, pero en un segundo ella estaba intentando sacarme los ojos con las uñas y al siguiente nos hallábamos con las bocas pegadas, besándonos de forma algo desesperada.

Bella se colocó debajo de mi urgiéndome para que la apretara contra mi cuerpo. La complací mientras mi mente se apagaba gracias a su contacto.

De pronto, algo duro y frío me presionó entre los omóplatos.

-Suelta a mi hija, Cullen.

Por un momento vi una tumba con mi nombre escrito en la piedra.

Me desenredé de mi novia y levanté las manos como si me estuviesen arrestando. Bella soltó una risita ante mi palidez.

Perra.

-Déjalo Charlie- dijo incorporándose. Me volví y vi el arma del Jefe Swan apuntando directo a mi pecho. Estaba con el rostro casi púrpura, seguro que quería dispararme en los genitales.

-Te dije que te llenaría de plomo si te encontraba haciendo algo indebido.

-Charlie...- comencé a decir sin tener idea como explicarme. Unos minutos más y me hubiese encontrado follándome a su hija en la alfombra de living.

-Jefe Swan para ti, niño. Agradece que Carlisle es mi amigo.

Bella bufó y recé para que su estúpido humor no empeorara la situación.

-Baja la pistola, papá y deja de hablar como un maldito gángster.

-El lenguaje, Bella- dijo y empezó a bajar el arma. No me tranquilicé porque ahora si que estaba apuntando a mis pelotas.

-Lenguaje nada, Charlie. Edward es mi novio... no estábamos haciendo nada del otro mundo ¿o crees que jugamos ajedrez cada vez que nos vemos?

El hombre se puso aún más morado. Seguro le daba un ataque al corazón o le reventaba la vena de la sien.

-Mientras estés e mi casa...-

Ella rodó los ojos y lo interrumpió.

-¿Prefieres que nos vayamos a un motel, entonces?

¡Bella, cierra la jodida boca!

-Bien, creo que mejor me voy- comenté cobardemente, pero el arma seguía orientada hacia mi zona sur.

-Buena idea chico.

Salí con paso rápido del lugar, Charlie masculló una serie de amenazas de asesinato cuando pasé por su lado. Al llegar al Volvo noté que Bella me había seguido.

Estaba sonriendo la muy pérfida.

-¿Asustado?

-No eras tú la que casi muere castrada en ese lugar.

-Charlie ladra pero no muerde, no te preocupes.

Miré hacia la casa para ver su furiosa cara espiarnos por la ventana.

-Como sea, me largo.

Me subí y ella se apoyó en la ventanilla regalándome una linda y tentadora imagen de la parte superior de sus pechos. Maldije a su padre por interrumpirnos.

-Edward- subí los ojos a su rostro- Siento haber sido una perra.

Me incliné y la besé sabiendo que no tenía nada que perdonar. Su aroma a freses me aturdió.

-Te paso a buscar en la noche. Iremos a mi casa- no quería arriesgarme otra vez por este sector.

-De acuerdo.

Eché a andar el motor y ella retrocedió. La miré de nuevo.

-Te amo- le recordé.

-Yo también.

...

...

...

-Demonios Bella, elige un jodido sabor- refunfuñé al móvil.

Una mujer de mediana edad me miró escandalizada y luego se alejó.

-Ya te dije, me gustan todos los helados- respondió ella y escuché el televisor de fondo.

Iba a ir a buscarla en unos minutos más porque su padre ya había caído en la inconsciencia. Como sabía que mi novia no estaba en su mejor día había planeado una noche de películas cómicas, que ya estaban descargadas en mi laptop. Y ahora me encontraba en el supermercado comprándole comida rica en carbohidratos para que se animara. Pero ella no me estaba ayudando.

-Ok, entonces llevo piña y... melón.

-Eso es aburrido- se quejó.

-Entonces dame una puta respuesta- no estaba acostumbrado a hacer esto, por nadie. Ni siquiera por mi. Esme siempre tenía la casa bien abastecida. En verdad yo sólo visitaba la farmacia y las botillerías.

-Ok, ok. Sin sulfurarse... compra pistacho para mi. Tu elige el otro.

-De acuerdo... mmm ¿palomitas?

-Tienen que ser dulces, no esa mierda con sabor a sal.

No entendía como no era mórbida con todo lo que comía, y tampoco era como si practicara algún deporte aparte del sexo.

-¿Alguna otra cosa?

- No, gracias.

Alcé la vista y me quedé de piedra al ver a Rosalie acompañada de una anciana.

-Te veo luego- dije y corté rápidamente.

Ella me vio y se acercó algo insegura. Quería ignorarla pero no podía ser tan mal educado.

-Hey- saludé.

-¿Qué haces aquí?- preguntó y miró alrededor.

-Compro, obviamente.

-¿Viniste con Bella?

-No.

Noté su alivio. Luego se cruzó de brazos en actitud decidida.

-Estuve pensando... quizás deberíamos decírselo.

Pestañeé.

-¿Te volviste loca?

-No, pero es mi amiga y quizás, si le explicáramos bien...

-No lo entendería.

Suspiró.

-No quiero mentirle.

Me pasé una mano por el cabello. Joder, yo tampoco era feliz escondiéndole cosas. Pero quería estar con ella, aunque me remordiera la conciencia.

-Terminaría odiándonos a ambos. Y yo no quiero arruinar todo por un estúpido error de una noche.

Recordé la noche en que había ido a buscar a Bella a su casa justo después de que ella vio a Whitlock inconsciente y me pidió tiempo para pensar las cosas. Recordé la rabia que sentí cuando escuché ruidos sospechosos desde el living.

Me había enterado muy tarde de que no había sido ella ella, sino que había pasado toda la noche en mi habitación.

...

-Ya te dije, fui a verte- respondí de modo automático.

-¿Y luego?- inquirió

-Fui donde Emmett- tampoco había mentido cuando dije eso, había ido donde Emmett pero él no estaba y me había encontrado a Rosalie afuera de su casa- ¿Dónde crees que estuve?

Se encogió de hombros y me pareció muy frágil.

-Dada tu fama, no me habría extrañado que fueras en busca de una de tus... entretenciones habituales...

-No lo hice- mentí sabiendo que estaba mal. Pero ella estaba aquí, conmigo, por fin dejando las mierdas de dudas y malentendidos. No quería perder eso, de verdad no quería.

...

-Lo sé, la quieres- mencionó Rosalie observándome.

Asentí mientras volvía a la realidad.

-Sí... ¿es por eso que estás así, consumiendo cualquier cosa que se te ponga por delante?

Entrecerró los ojos.

-No es de tu incumbencia.

-Desde que robaste medicamentos de mi casa, sí lo es.

Ella masculló una maldición en contra de Bella.

-Lo que sea.

-Escucha Rosalie, si te quieres llenar el estómago de pastillas, adelante... no me incumbe. Pero será mejor que cuides lo que dices cuando lo hagas. Le fuiste a Bella con tu discurso de culpabilidad y el sábado también empezaste a gimotear sobre el tema. Emmett pudo haber sumado dos más dos.

Se puso pálida.

-Yo... ni siquiera lo recuerdo. ¡Jesús! Lo siento.

-Asi que... ¿estamos de acuerdo verdad? -estaba deseando irme- En no decir palabra de esto a nadie.

Afirmó con seguridad.

-Sí.

-Bien, tengo que irme.

-¿Edward?- llamó y me volví- ¿Emmett me cuidó verdad? ¿En tu casa?

-Sí.

Se removió incómoda..

-¿Podrías... darle las gracias?

-No, tú deberías hacerlo. Y también deberías dejar de insultarlo, el idiota se babea por ti.

Aquella frase no le hizo gracia.

-¿Qué podría ofrecerle cuando... me acosté con su mejor amigo?

Apreté los dientes.

-Nade tiene por qué saberlo. Tu y yo sabemos que no significó nada, que fue un estúpido error.

-Lo sé, pero...

-Nos vemos, Rosalie- me alejé deseando poder volver el tiempo y no haberme enredado con ella. Ahora lo único que podía hacer era olvidarlo y esperar que ella también lo hiciera.


ADELANTO CAPÍTULO 21

-Ok... ¿Qué es lo tan importante?

-Se me ocurrió una idea para su cumpleaños.

-¿Baile de máscaras?- chilló con emoción.

-No, Alice. Una fiesta sorpresa.

...

...

...

- Vienes aquí después de mas de un mes ¿y me pides consejos de amigos?- sacudí la cabeza- Olvídalo Whitlock.

-Bella...

-No, vete.

Le cerré la puerta en las narices. Tres segundos después me eché a llorar.

...

...

...

Debía estar loca. ¡De manicomio!

Pero me armé de valor y equilibrándome sobre los tacones abrí la puerta. Edward no se había movido ni un centímetro.

-Ya puedes mirar.

Abrió los ojos y se paralizó.

-Feliz Cumpleaños- sonreí.


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Déjenme sus opiniones ... muchas gracias por su cariño!

Besotes!

Cata...