Te amo, ¿no te importa?
[Eren. J]
Acomodé por última vez el pequeño moño negro que estaba alrededor de mi cuello, nunca había sido bueno haciendo moños, mi naturaleza un tanto torpe no me lo permitía. Llevaba puesto un traje negro y una camisa blanca debajo de él, por primera vez en mi vida había dejado que Erwin peinara mi cabello hacia atrás con un poco de fijador para el cabello, no reconocía a la persona frente al espejo. Jamás me gustó vestir tan formal porque yo no era así.
El baile de primavera se había adelantado por una semana ya que después se vendrían los parciales y lo cierto es que por esas fechas nadie tiene ganas de celebrar nada, sobre todo los que como yo, estaban en la recta final. Fue una sorpresa cuando Mikasa en persona me había invitado al baile, siendo honesto, ni siquiera me apetecía ir pero al final accedí a ir con ella. Me costó mucho trabajo, pero logré convencer a Levi que fuera como pareja de Hanji.
Ella iría sola, no me agradaba la idea, además... era mi último baile de primavera, quería estar con todas las personas que me importaban y sí, eso incluía a Levi y Hanji dentro del paquete. Miré el reloj circular colgado en la pared de mi habitación para darme cuenta con horror que llegaría tarde por Mikasa, Annie y Armin; me apresuré en planchar con las manos el saco que llevaba puesto y darme un último vistazo en el espejo.
Bajé casi corriendo las escaleras, Erwin ya me esperaba al pie de la escalera con las manos sobre su cintura, tenía el ceño levemente fruncido y sabía lo que diría a continuación: "tarde como siempre, niño irresponsable".
—Tarde como siempre, niño irresponsable.
Dijimos al mismo tiempo, Erwin juntó aún más sus espesas cejas rubias y me regañó con la mirada, para luego, cambiar su expresión por una más complacida en cuanto vio el resultado final de horas de insistencia por parte suya de que no podía ir con pantalones de mezclilla y playeras de manga corta a un baile "formal". Sonrió ampliamente y soltó un silbido coqueto.
—Qué elegante, señor Eren— Exclamó con voz burlona.— ¿Piensa regresar con una nuera para mí?
Encogí los hombros, dándole una sonrisa ladeada.
—Nunca se sabe— Contesté mientras dejaba que él me acomodara el moño como era debido.
—¿Rivaille?
Preguntó con una sonrisa de alegría impresa en su rostro, tuve que obligarme a mí mismo a forzar una sonrisa. Erwin no sabía lo que había ocurrido con Rivaille, Levi y Jean, ni siquiera sabía que esa noche iría con Mikasa y no con quien él suponía. Cuando terminó de acomodarme el moño —y al no haber recibido respuesta por parte mía—, bajó la mirada azul a mi persona y arqueó una ceja, como si todavía estuviera esperando a que yo respondiera con una afirmativa y confirmara sus sospechas. Miré la hora en mi celular y me separé un poco de él.
—Es tarde, debo irme— Le dediqué una última sonrisa y luego caminé con paso apresurado hasta la puerta.— Nos vemos después.
—No te metas en demasiados problemas.
Le escuché decir cuando cerraba la puerta detrás de mí, abordé mi automóvil que había lavado aquella mañana y me dirigí a casa de Mikasa. Una parte de mí se sentía mal por guardarle secretos a Erwin, entre él y yo jamás los hubo. La otra parte se sentía confundida con todas las cosas que pasaban a mi alrededor, en realidad... Levi y su inesperada confesión eran lo que me tenía así de confuso, no todos los días se recibía una declaración de amor. Además, estaba el factor de que de un tiempo para acá, lo notaba distante, queriendo aumentar las distancias entre ambos.
Me parecía irónico, pues él había sido el primero en pedir que nada cambiara a partir de su confesión, pero era él quien se esforzaba por cambiar las cosas entre nosotros. Me sorprendía que también, últimamente se la pasara pegado a Mikasa cuando antes ya me había confesado que la quería lejos de nosotros.
Nosotros.
Era difícil escuchar esa palabra y no asociarla a Levi y a mí, se repetía como mantra en mi cabeza siempre que pensaba en aquella tarde de febrero. Debía confesar que también era todo lo que últimamente estaba en cabeza, haciendo un insistente eco que no dejaba que me concentrara cuando tenía a Levi cerca de mí, parecía que ahora todo era acerca de lo que sucedió esa tarde, de lo que Levi sentía por mí y de como se suponía que debía sentirme yo. Pero todo lo que obtenía a cambio, era la maldita confusión de no saber como actuar frente a él, sin que se me notaran las ganas de pedir perdón cada vez que Mikasa coqueteaba conmigo frente a él.
Pronto llegué a la casa de Mikasa, apenas me estacioné y la puerta blanca de madera fue rápidamente abierta, supuse que ella había estado vigilando por la ventana a que yo hiciera la tan ansiada aparición. Mikasa Ackerman era otra de las cosas que me tenían tan fuera de lugar, la quería demasiado pero no servía de nada cuando la herida seguía abierta y sangrando. Pero la quería tanto que dolía, a veces deseaba estar lejos de ella y que todo volviera a ser como era antes de que regresara. Había otras veces que deseaba dejar todo en el pasado e intentarlo una vez más. De repente toda mi vida se había complicado más de lo que ya era.
Mikasa golpeó con sus nudillos varias veces la ventana del copiloto sacándome de mis pensamientos, estaba esperando a que le quitara el seguro a la puerta para que ella pudiera subir. Mentiría si dijera que no se veía preciosa en su bonito y entallado vestido negro, se había rizado el negro cabello y después de mucho tiempo, volvió a pintarse los labios con ese labial rojo clásico que sabía que tanto me gustaba.
—Te ves hermosa— Murmuré con una pequeña sonrisa, Mikasa también sonrió y entonces agregué:— ¿Labial rojo? Parece que la niña finalmente se volvió mujer.
—Gracias y sí...— Hizo una pausa en lo que yo volví a encender el motor para ponernos en marcha— Hoy tengo un motivo muy especial para usar mi viejo labial rojo— Me tensé casi enseguida al escuchar aquel tono sugerente y por segunda vez en el día, forcé una sonrisa pero ella lo notó casi enseguida porque palmeó mi espalda.— Te veo un poco desanimado, vamos, ¡anímate! La primavera ya esta cerca.
Arrugué la nariz y evité a toda costa poner una mueca de desagrado ante la mención primavera... nunca había sido de mis meses predilectos, considerando lo terriblemente alérgico que era al polen que esparcían las abejas en éstas fechas.
—Prefiero el otoño, ¿sabes?— Comenté con tranquilidad sin apartar la mirada del camino, escuché que Mikasa dejaba salir una expresión de asombro.
—Vaya... cada vez te pareces más a Levi.
Comentó ante el nuevo descubrimiento, no pude evitar reír y darle una rápida mirada.
—¿Cómo así— Pregunté mientras me estacionaba frente a la casa de Annie, para luego tocar el claxon avisando que ya estábamos ahí.
Pensó muy cuidadosamente en su posible respuesta, llevándose una mano a la barbilla para agregarle un poco de dramatismo a la situación. Pronto regresó su mirada ónix a mí y se encogió de hombros, como si lo que estuviera a punto de decir fuera demasiado obvio para todos.
—Tú tienes mucho de él, y también veo mucho de ti en él, es raro pero prácticamente...— Dejó su oración a medias, parecía dudosa de lo que diría, pero al final lo dijo.— Se complementan, como la miel y el panal.
No pude evitar fruncir el entrecejo, nuevamente la confesión de Levi venía a mi mente para recordarme que seguía allí, tan palpable, tan real. De a ratos me preguntaba si él pensaba demasiado en ese día como yo lo hacía con frecuencia, quise preguntarle a Mikasa lo que había tratado de decir, pero cualquier cosa que fuera a salir de mi boca, murió en mi garganta cuando Annie salió haciendo tremendo escándalo de su casa, gritándole a su papá que intentaría llegar temprano o algo así.
La azabache miró a la triunfal rubia con un puchero en su rostro, murmurando algo que sonó a "ese vestido pudo ser mío", parecía ser que Mikasa todavía no superaba que aquel vestido que ahora lucia Annie en toda su gloria, no le hubiera entrado a ella, ni aunque se embarrara aceite en el cuerpo para hacerlo entrar por la fuerza.
Annie subió al coche con aquella sonrisa de burla en el rostro que iba totalmente dirigida a Mikasa, ésta última asesinó a la rubia con la mirada para después cruzar los brazos sobre su pecho y acentuar más su puchero de frustración. Sería un largo, largo camino a la casa de Armin.
Al llegar a la escuela ésta ya estaba abarrotada de estudiantes en sus elegantes trajes de negro y en los bonitos vestidos de colores de las chicas, el baile fue en el gimnasio como cada año, como cada vez que se organizaban eventos de éste tipo. Se encontraba en penumbras, lo único que alumbraba era las luces de colores azul, verde y rojo que emergían de algún aparato escondido para no llamar demasiado la atención, habían arreglos florales por todas partes, globos de colores llamativos que se suspendían por encima de nuestra cabezas. Pegada junto a una pared estaba una larga mesa con toda clase de bebidas y bocadillos, la música ya estaba en todo su apogeo y algunas parejas ya se encontraban en la pista de baile.
Entre todo el gentío logré ubicar a Hanji, quien no había improvisado con un peinado nuevo, llevaba el mismo de siempre, ella llevaba puesto un sencillo vestido blanco y ni siquiera se había tomado la molestia de maquillarse y aún así, a mí me parecía que se veía linda. Levi estaba a su lado, con su típica expresión de malhumor en la cara, fue raro pensar en lo bien que se veía en su modesto traje. En cuanto la castaña reparó en nuestra presencia, agitó la mano en al aire para saludarnos con euforia, luego arrastró a Levi hasta donde estábamos nosotros.
—¡Chicos! Creímos que nunca llegarían— Saludó con emoción, luego sus ojos marrones fueron a dar a mí— ¡Vaya, Erencín! Luces tan cool— Asentí algo avergonzado, estaba a punto de dar las gracias por el halago pero la mujer habló nuevamente, ésta vez tirando de Levi.— Levinano también se ve muy cool hoy, ¿verdad que sí, Eren?
Todos los ojos se posaron en mí esperando expectantes por una respuesta de mi parte. Aunque Levi lo disimulara bien, sabía que en el fondo él también estaba ansioso por una respuesta. De pronto me sentí acorralado, ¿qué se supone que se responde en éste tipo de situaciones?
Nada, me quedaba responder con total sinceridad. Sonreí de lado y asentí de nueva cuenta.
—Sí, Levi, Hanji tiene razón, hoy te ves muy bien— Los grises ojos se enfocaron rápidamente en mí, aunque Levi se esmeraba por ocultar lo que había provocado, sus ojos no dejaban de verme de aquella manera tan suya.— Quién sabe, puede que hoy nos des una sorpresa y termines saliendo con una linda chica.
Tan pronto como terminé de decirlo me arrepentí, Levi pareció levemente dolido y hasta ofendido. Pronto su frente se arrugó y vi a Hanji tensarse en su lugar, su mirada reprobatoria me decía a gritos que lo había arruinado.
—Jaeger— Dijo entre dientes, evidenciando lo molesto que se sentía.— Sabes que yo no...
—Ajá, sí, como sea— Interrumpió Annie, poniendo los ojos en blanco y aferrándose más al brazo de su novio.— Escuché que Reiner traería alcohol de contrabando, ¿quién quiere ir a comprobarlo?
Arrastró a Armin entre regaños y protestas, pronto Hanji se unió y se llevo consigo a Levi, mientras que él alegaba que ella no tomaba alcohol, que dejara de fingir que le gustaba sólo porque quería impresionar a Armin. Algo me decía que Hanji tenía un crush secreto con Armin y que Levi estaba más que enterado. Mikasa y yo nos miramos entre nosotros, sin saber muy bien qué hacer o qué decir, al final, terminamos yendo a la mesa de bocadillos, mientras nos atascábamos comiendo de los panques de chocolate y observábamos desde la distancia al pequeño grupo que se había hecho alrededor de Reiner.
En poco tiempo todo se salió de control, Reiner no había sido el único que había llevado alcohol a la escuela y cuando menos cuenta me di, ya más de la mitad de la escuela estaba completamente ebria, bailando con euforia en la pista de baile o haciendo chistes que sólo a ellos les daba gracia. Dentro de ese grupo estaban incluidas Annie y Hanji, quienes incluso estaban abrazadas, alardeando de todas las cualidades que tenía Armin.
Sólo Levi, Mikasa, Armin y yo, estábamos completamente sobrios. Armin intentaba calmar al par de mujeres que chillaban de emoción cuando él decía algo, Levi y yo simplemente estábamos desparramados sobre las sillas, mirando todo con aburrimiento, y Mikasa... parecía desilusionada, como si nada de lo que había planeado estuviera saliendo bien. Parecía estar en la inútil espera de que la sacara a bailar, o simplemente de que pudiéramos estar a solas.
La música que en un principio había sido un poco alocada, comenzó a tornarse en algo más lento y suave. Pronto la euforia pasó y todos los ebrios comenzaron a cantar a coro las canciones románticas que sonaban, algunas parejas salieron a bailar muy abrazados y pude ver a Mikasa fruncir ligeramente los labios y suspirar.
De pronto, una canción conocida tanto para Mikasa como para mí. Pareció que a ella se le iluminó la cara y sus ánimos decaídos pronto se esfumaron, apretó con fuerza mi mano, sus ojos negros parecían brillar ante la nueva e inminente idea que surcó en su cabeza.
—¿Oyes eso, Eren?— Preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.— ¡Es nuestra canción!
Perdiendo por completo la elegancia se colocó de pie de un salto y tiró de mi brazo, incitándome con esto a que me parara a bailar con ella. Pestañeé varias veces sin entender muy bien por qué estaba dudando, cuando antes hubiera sido yo quien tomaría la iniciativa de sacar a bailar a Mikasa. Sin entender muy bien por qué, mi mirada fue a dar con el serio perfil de Levi, quien discretamente encogía los hombros y entornaba los ojos con algo de fastidio.
—¿Qué esperas, Jaeger?— Preguntó con fastidio, ni siquiera me dirigía la mirada.— Tú pareja espera por ti, no es muy romántico que digamos que la dejes esperando.
Mis ojos de nueva cuenta miraron a Mikasa, quien parecía desconcertada con todo esto, sonreí y tan rápido como pude, me puse de pie y deje que ella me guiara al centro de la pista, en donde eramos objeto de atención de todas las demás parejas. Las manos me temblaron cuando coloqué mi diestra en su cintura y ella entrelazó mi surda con la suya, fuimos lento, como se supone que debía ser.
Por algunos segundos ella había recargado su cabeza sobre mi hombro mientras sentía su respiración en mi cuello, inevitablemente comencé a tararear la canción que me sabía al derecho y al revés, ella rió suavemente y luego levantó la mirada para mirarme con una enorme sonrisa, mientras que ella se encargaba de canturrear la canción en voz muy bajita, sólo para nosotros dos. Sonreí ante aquel gesto, me permití por un momento recordar los viejos tiempos, cuando todo estaba bien entre nosotros, entonces, al pensar en todos aquellos momentos juntos y los felices que fuimos, lo supe todo, ya no había más dudas.
Le sonreí aún más amplio a Mikasa y a ella se le tiñeron las mejillas de un bonito rojo.
—Eren...— Me llamó en un murmuro, cuando la canción se iba apagando para dar inicio a una nueva— Te amo— Mi sonrisa poco a poco se fue deformando en una mueca y ella se mordió los labios.— ¿No te importa? Porque yo realmente quiero que haya una segunda oportunidad para nosotros.
Abrí los labios, dispuesto a dar una respuesta, pero entonces descubrí que la voz no salía de ellos. Un jadeo escapó de mis labios y sólo me quedó volver a sonreír nuevamente, tontamente, no sabiendo qué hacer en aquel momento tan crucial de mi vida.
—Mikasa, tú y yo sabemos la respuesta.— Ella abrió grande los ojos, el brillo en aquellos iris negros se intensificó y de sus labios escapó un jadeo tembloroso.
De reojo vi como Levi salía del gimnasio completamente cabizbajo.
[Levi. A]
Caminé a paso lento hasta las áreas verdes que sabía que estarían vacías, porque todo el bullicio se había aglomerado en el gimnasio. Habían puesto una poltrona que colgaba por dos fuertes cadenas que se sostenían fuertemente de la rama de un viejo árbol, habían adornado el lugar con pequeños faroles enterrados en el césped, nadie había ido allí pero yo sabía que también se habían tomado la molestia de arreglar las áreas verdes para quienes quisieran tomar aire fresco, ¿cómo no iba a saberlo? Durante semanas estuve en la exhaustiva investigación de los preparativos del baile.
Me dejé caer pesadamente en aquel especie de columpio que había sido diseñado para dos personas, tiré sin fuerza de mis cabellos y apreté muy fuerte los labios, pensando que para estás horas, Eren y Mikasa eran nuevamente una pareja y que yo fui quien lo provocó.
Mikasa había sacado a bailar a Eren, y cuando los vi ahí, abrazados, mirándose de esa forma a los ojos mientras se decían quién sabe qué, supe que no había vuelta atrás. Había renunciado a Eren y podía ver como se hacía más inalcanzable para mí. La canción que en ese momento había estado de fondo me parecía lejana, lo único que había logrado entender era que el chico estaba enamorado de la chica y esperaba que su amor fuera correspondido de la misma forma, por eso se repetía una y otra vez el estribillo How deep is your love?
Nuestra canción, había dicho Mikasa con aquella sonrisa amplia y esos ojos que centellaban la inevitable emoción que sentía al oírla, al saber que esa era su señal divina para decirle a Eren que aún lo amaba como la primera vez, que se merecían una nueva oportunidad para por fin hacer las cosas bien. Hanji estaba tan ebria que ni siquiera reparó en todo lo que estaba aconteciendo, de otra forma ya la tendría aquí, diciendo que no era momento para rendirse.
Pero yo siempre había estado en desventaja, pensaba que si tan sólo hubiera sido Rivaille, realmente Rivaille, no lo habría dudado ni un poco. Habría sido yo quien invitase a Eren al baile, habría sido yo quien lo hubiera sacado a bailar, sin importar que no tuviéramos una canción, hubiera sido yo quien sin titubear le habría dicho que lo amaba. Que sabía que no era suficiente, que merecía algo más, pero que allí estaba y que no pensaba dejarle ir tan fácil.
Pero no era Rivaille y ese era el problema.
Escuché unos pasos acercándose a mí, creí que tal vez se trataba de Hanji pero no fue así. Grande fue mi sorpresa cuando Eren se sentó a mi lado con aquella ligera sonrisa adornando su rostro, pronto sus ojos se enfocaron en lo alto del cielo, en aquella enorme luna casi dorada que brillaba con opulencia y opacaba a las demás estrellas que brillaban con sencillez a su alrededor.
—Sabía que estarías aquí— Murmuró con voz suave, sólo encogí los hombros sin animo alguno.— ¿Sabes? Supe que tú animaste a Mikasa a que me invitara al baile y a que confesara que aún me ama. Te lo agradezco mucho.
Dirigí mi mirada hacia él, su sonrisa se había ensanchado y todavía miraba la luna con fijeza, sus ojos verdes parecían brillar ante el reflejo de ella. Torcí un poco los labios, no quería, ni tenía ganas de hablar, pero sentía que tampoco estaba bien simplemente callar y demostrarle cuanto me dolía, ya no quería parecer débil ante él.
—Supongo que Mikasa y tú ahora son...
—Amigos— Completó Eren mi oración, a pesar de eso, su sonrisa no había desaparecido de sus labios.— Le he dicho que sólo amigos.
Pestañeé varias veces, no estando seguro de haber escuchado bien. Inevitablemente mis ojos se abrieron muy grande y la sorpresa pronto se instaló en mi rostro, simplemente no podía creer la inesperada respuesta de Eren, yo hubiera apostado mi alma al diablo de que terminaría con Eren y Mikasa, y un predecible final feliz. Arrugué la frente y miré con desconcierto al castaño.
—¿Por qué?— Pregunté en un murmuro que más bien pareció jadeo ahogado.
Pronto la sonrisa de Eren se fue tornando en una línea recta, a pesar de que sus párpados habían caído ligeramente su mirada seguía enfocada en aquel punto en el cielo que parecía llamarlo con insistencia. Al ver su mueca de dolor supe que realmente le dolía, que no estaba seguro de que hubiera sido lo mejor, ¿entonces, por qué?
—Mikasa y yo jamás fuimos compatibles, era por eso que desde el principio estaba destinado a fracasar— Admitió, encogiéndose cada vez más en su lugar para finalmente, bajar la mirada y centrarla en su bonito par de zapatos perfectamente boleados.— Lo pensé mucho y me di cuenta que sólo estoy enamorado de los recuerdos, tú sabes, de la tonta idea del amor. Rivaille tuvo mucho que ver, ella vino para cambiar muchas cosas por aquí y me parece que todavía no te he agradecido.
Ésta vez, el nombre de Rivaille no me enfureció, no cuando ella había sido la responsable de que las cosas se tornaran de ésta forma. Al final y sin querer, algo muy bueno había salido de ella, después de eso, todo permaneció en silencio, había tantas cosas que quería decir pero ninguna se animaba a salir de mi garganta y eso me frustraba. Entonces, Eren de pronto se paró del columpio y metió las manos en los bolsillos de su pantalón de vestir.
—Además, no me sentía cómodo sabiendo que había un enano tristeando por ahí, por mi culpa— Me dedicó un atisbo de sonrisa y encogió los hombros como si fuera tan fácil.— En fin, creo que deberíamos de volver, Hanji está vomitando en el baño y Annie le está tomando fotos. Armin hace todo lo que puede para controlar la situación pero ya te imaginarás... por eso creo que ya es hora de volver a casa.
Hizo un ademán con la cabeza para que lo siguiera, seguido a eso dio media vuelta y apenas pudo dar un par de pasos cuando yo ya me había levantado de un salto y le había dado alcance rápidamente. Él pareció algo sorprendido de verme de pronto frente a él, cuando antes había estado a sus espaldas, no supe ni siquiera porqué lo hice, tal vez podría culpar a la imprudente felicidad que se había aglomerado en mi estómago, a las abejas asesinas que se habían transformado en delicadas mariposas que aleteaban felices dentro de mis intestinos.
Quizá, a que ya me sentía en mi límite como para seguir soportándolo por más tiempo.
Todo lo que supe fue que había tirado de la nuca de Eren, haciendo que se inclinara a mi altura y que mis labios pronto se estamparan contra los suyos, sus labios fríos y los míos ardiendo. En algún momento me di la oportunidad de cerrar los ojos y dejarme llevar, sorprendiéndome de que el rígido castaño no hiciera ni un mínimo esfuerzo por rechazarme. Moví mis labios contra los de Eren, suaves y adictivos labios de Jaeger; mi atrevida lengua pronto salió a relucir y se paseó sobre ellos, pidiendo permiso para entrar en ellos, para hacer contacto con la lengua ajena. Escuché a Eren ahogar un jadeo pero nada más, no me permitió ir más lejos y eso fue lo que me puso los pies sobre la tierra.
Me separé bruscamente de él, abriendo los ojos de golpe en el proceso. Él tenía el ceño fruncido, pero no había enojo en él, más bien confusión, sorpresa, incredulidad, todo revuelto y dando vueltas en su cabeza. Toqué mis labios con la punta de mis dedos, Eren seguía medio encorvado, observando con atención cada movimiento que yo hacía.
Relamí mis labios y me di cuenta de que no había sido suficiente, que estaba deseando que él se acercara a mí y continuara con lo que yo deje a medias, pero él, desde luego, no lo haría. Las piernas me temblaban cual gelatina aguada y el corazón me había dado un vuelco; era vergonzoso incluso darme cuenta que mis pantalones me comenzaron a apretar allí abajo, que moría de ganas por frotarme contra el cuerpo ajeno, pero que la expresión rígida de Eren me lo impedía. Balbuceé un par de veces y Eren se incorporó con lentitud, era él quien ahora pasaba la punta de su lengua por sus labios.
—Lo siento.
Mascullé apenas pude, la verdad era que no lo lamentaba en lo absoluto, de hecho, quería más. Eren parpadeó y al final de su boca salió un suspiro largo y tembloroso.
—De acuerdo.
No dijo algo como "¡fue asqueroso!" o "no lo vuelvas a hacer", o algún otro reclamo que protestara que no había sido cómodo para él, no. Se limitó a aceptar la disculpa sin chistar, como si de alguna manera estuviera aceptando el beso también y todo lo que éste implicaba.
¡Hola a todas/os!, antes que nada, quiero desearles un feliz año terriblemente atrasado, espero que todas sus metas se hayan cumplido y que para este año nuevo también logren cumplir todo lo que se propongan. Paso por aquí después de mucho tiempo para dejar primera actualización del año, espero que sea de su agrado. Muchas gracias a quienes me leen por aquí y me dejan reviews, eso siempre me anima mucho. En fin, sin nada más que agregar, nos estamos leyendo próximamente, ¡saluditos!✨
All the love, Dragón .🐉🌹
