— DEJAME AYUDARTE A OLVIDARME —

26


Rapunzel chocó con su madre en la sala, y se la encontró dando vueltas por la misma, preocupada.

— Hola, siento llegar tarde a cenar —dijo—. ¿Mamá, qué sucede?

— ¡Pequeña! —exclamó Arianna, abrazándola— ¿Dónde estabas?

— Yo... Fui a llevarle la cena a Varian y me atrase, pero...

— Oh, Varian, pobre criatura, pobre, pobre...

Rapunzel empezaba a asustarse.

— Mamá, ¿qué pasó?

— Cariño, ha pasado algo muy malo —dijo la reina, acariciando el cabello rubio de su hija—. Alguien ha atacado Vieja Corona.

La princesa en un segundo sintió frío y su corazón se aceleró debido al miedo.

— ¿Están bien?

— No, cielo —Arianna comenzó a lagrimear—, no lo están...

La princesa no perdió el tiempo para correr en dirección al cuarto de Varian, cuando llegó vio la cena que le había traído antes, sin tocar, y a su amigo deshaciendose en sollozos en brazos de Lydia, quien tampoco se lo podía creer.

Las miradas de la mujer y de Harry se giraron para verla, pero no dijeron nada, no era necesario. En silencio se sentó en la cama, uniéndose al doloroso abrazo de sobrino y tía, el miedo que antes sintió convirtiéndose en enfado y solo podía pensar en una culpable.

Gothel.


— ¡Ha ido demasiado lejos! —gritó ella en su habitación, dando vueltas enojada.

Después de horas, habían conseguido calmar a Varian para hacerlo dormir. O eso o las lágrimas lo habían cansado y era mejor que se apagase del mundo por unas horas. Eugene, Lance y Cassandra la miraban ir de un lado para otro, con algo de miedo, nunca la habían visto así de desquiciada, eran incapaces de mirarla a los ojos.

— Rubita, tranquila, no sabemos si ha sido Gothel...

— ¡¿Y quién más que ella?! —gritó, desesperada— Ella ya me lo advirtió, me dijo que iba a pagar por lo que le hice, y Varian, su pelo... su padre... Si me hubiese quedado con ella en la Torre nada de esto habría pasado.

Y tan fácil como estar hecha una furia, ahora se había sentado en el suelo, sintiéndose increíblemente culpable.

— Vamos, Rubita, no digas eso... —Eugene se acercó a ella y la abrazó ligeramente.

— Yo era la que quería salir al exterior..., pero si me hubiera quedado... Soy tan egoísta.

— La única egoísta era ella —interrumpió Cassandra.

— Sí, ella te tenía encerrada solo porque le convenía por tus poderes, no te merecías eso, princesa —habló también Lance.

— ¿Mis poderes? —Rapunzel acarició levemente su cabello con aire de tristeza, todo lo contrario al día anterior— Ya no los tengo... ¡Oh, como se supone que voy a proteger al reino si ya no tengo mi pelo mágico!

— No necesitas hacerlo —interrumpió de repente Frederic, entrando en la habitación de su hija, y todos los presentes se quedaron en silencio, viendo al rey sorprendidos—. Sea el que sea el que lo hizo, busca a tu amigo, no a ti.

Si eso iba con la intención de tranquilizarla, la verdad es que no fue demasiado efectivo.

— Disculpe, ¿qué quiere decir con eso, majestad? —preguntó Cassandra y el hombre regio la miró intensamente por unos segundos.

— Cassandra, tu padre te busca —dijo acercándose al grupo manteniendose estoico y con las manos detrás de su espalda—. Sugiero que vayas a verle, en cuanto a vosotros dos —miró a Eugene y Lance con cierto desdén—, dejadme un momento a solas con mi hija, no lo repetiré dos veces.

Estaba claro que ninguno quería tener problemas con el rey, al menos no de momento, así que salieron. Los dos varones no se quedaron muy lejos de la puerta, sin embargo, acompañando a Stan y Pete, quienes hacían guardia en silencio y con el rostro desolado, Cassandra, por su parte, si fue a ver a su padre, no sin antes quedarse unos segundos parada delante de la puerta del cuarto de Varian, sin poderlo evitar.

"No sé que es lo que está pasando —se dijo a si misma palabras que nunca se atrevería a decir en voz alta—, pero voy a afrontarlo con entereza, por el reino... por ti, Varian, vengaré a tu padre"

Y deseaba en lo más hondo no tener que vengarle a él también.


— ¡NO PUEDES DESHACERTE DE VARIAN! —los cuatro hombres escucharon perfectamente el grito de la princesa detrás de las puertas y se quedaron tiesos como palos, desde luego no deseaban estar en la piel del rey en ese momento— ¡NO ME PUEDES PEDIR ESO, ES INHUMANO!

— Rapunzel, no te estoy pidiendo nada, simplemente te estoy avisando —Frederic hacía muy bien para ocultar el hecho de que a él también se le estaba partiendo el corazón—. Creo que estoy siendo lo suficientemente comprensivo al perdonarte por ocultarme lo que pasó contigo y las Rocas Negras, ahora te pido que me devuelvas esa comprensión.

— No puedo, no puedo —ella golpeó ligeramente el pecho de su padre sin poderlo evitar—. Él es mi amigo, no puedo dejarle ahora, no...

— Rapunzel, entre un solo chico, sea amigo o no, y el reino entero, la decisión está clara —sonaba muy duro, pero era cierto—. Como rey, si puedo evitar una guerra y, sobretodo, más muertes, dándole al enemigo al chico que quiere, ¡por Dios que lo haré!

— ¿Qué si yo estuviera en el lugar de Varian? —chilló ella— ¿Dejarias que me llevasen de nuevo si eso asegura lo mejor para el reino?

— Rapunzel, tú no eres él, ni tienes dentro un poder que puede matarnos a todos —sentenció Frederic—. Una futura reina piensa por su reino. Está decidido que Varian será sacrificado por el bien de todos, lo quieras o no.

— ¡Varian es parte de mi reino! —se quejó entre lágrimas, pero Frederic hizo como que no la escuchaba y se acercó a la puerta.

— Cuando seas reina, sabrás el porque de esta decisión —y se fue.

Cuando se alejaba por el pasillo, hizo como que los cuatro varones no le miraban y se alejó.

— ¡Rubita! —gritó Eugene entrando de nuevo a la habitación.

Su novia se encontraba con la cara empapada por las lágrimas, abrazando fuermente las tijeras que Varian había hecho para ella.

— Eugene, por favor, dime que hago —le miró con súplica y se le encogió el corazón—. ¿Qué hago?

Pero él solo la abrazó sin saber que decir.


— ¿Cómo qué me lleve a Varian lejos? —Cassandra vio a su padre totalmente sorprendida.

— Ya he hablado con Harry y a él no le importa dejar Corona para siempre con él, pero temo que solo él no sea suficiente.

— ¿Pero por qué?

— Cassandra, te digo esto porque eres mi hija y confío en ti, y espero que no me decepciones contándoselo a alguien más —ella calló, esperando a que siguiera—. Los Corona no son la verdadera familia real.

— ¡¿QUÉ?! —ella explotó.

— Tranquilizate, por favor.

— Pero si no son ellos, ¿quién?

— Los Ruddiger... Ahora que Quirin ha muerto, Varian es el último con verdadera sangre real.

Cassandra estaba mortalmente impactada. Varian, ¿con sangre real?

— Creo que... necesito sentarme.

— Hija, un enemigo del pasado de su familia ha vuelto para cobrar venganza. Ya ha acabado con Quirin y con lo que quedaba del Viejo Reino, solo le queda deshacerse de tu amigo.

— ¡Entonces le defenderemos! —dijo golpeando la mesa ante ella.

— No —el capitán negó con la cabeza—, nosotros no, tú lo harás.

— ¿Qué?

— Hija mía, el rey no es tonto, sabe que todo el reino cundirá en pánico en cuanto se sepa lo que ha ocurrido y él planea apaciguarlos... haciendo oficial la ejecución del Brujo de Vieja Corona.

Ella apretó los puños, masticando las noticias.

— Piensa culparle de lo que pasó y va a matarle por ello... —la ira bullía en su interior—. No puedo creerte, eso es simplemente asqueroso.

— Sin embargo, es la verdad, por eso vamos a ayudarle a escapar.

— Papá... —Cassandra miró al hombre sorprendida y él sonrió con tristeza—. ¿Por qué harías eso? Si te descubren eso sería...

— Alta traición, lo sé, mi niña, lo sé —el le tomó las manos—. Pero no soy tonto, hija, sé cosas de las que tú todavía no te has dado cuenta y que te pesaran toda la vida si dejo que esa ejecución tenga lugar, no quiero eso.

— Papá, no puedo entenderte —ella negó.

— ¿Quieres qué Varian viva?

— ¡Por supuesto!

— Pues vete con él y con Harry, fuera del reino ya no será una amenaza.

— Pero él mismo seguirá estando en peligro.

El capitán asintió.

— Por eso necesita que le protejan, y además —él le acarició el cabello con cierta nostalgia—, te conozco lo suficiente como para saber que acabarás llendo tras él tarde o temprano, ¿así qué por qué no irte?

— Pero, papá, entiende, si me voy...

— No podrás volver nunca —asintió el hombre, aguantando las lágrimas que querían salir, hacía años que no deseaba llorar como ahora—. Cariño, sé que estarás bien, te he criado para cosas como está, eres una gran guerrera y sé que vas a tener una buena vida.

Cassandra se quedó callada mirando a la nada por unos minutos, tomando su decisión, pero finalmente habló con lágrimas en los ojos.

— Voy a extrañarte mucho, papá —y lo abrazó como si fuera su único salvavidas.

— Yo también, cariño —dijo devolviéndole el abrazo.

Uno de despedida.