Capítulo 26

InuYasha se había logrado salir con la suya y Kagome había tomado más de la cuenta. Bueno, mucho más de la cuenta… A penas salieron del hotel se habían ido al barrio más atestado de garitos que había en Florencia. Como tuvo varias horas para estar solo, tocar la guitarra y aburrirse como ostra, tomó el portátil de Kagome e hizo unas cuantas búsquedas para no andar dando botes de un lado a otro y perder tiempo. Hace bastante tenía ganas de salir de farra un rato, pero en casa, con Shippo, los invitados y las obligaciones de los demás, eso era un imposible. Y aunque su hermana se había resistido a probar algo más fuerte que jugo con granadina en los primeros cuatro bares a los que habían entrado, luego de pensar rápidamente cómo mejorar la situación, y tras colar un juego a la ecuación, Kagome había comenzado a beber chupitos de tequila tras cada uno de los desaciertos cometidos.

Para ser alguien muy dada a los juegos de mesa y esas cosas, apestaba tremendamente en un simple juego como el 'nunca, nunca', aunque para ser sinceros, InuYasha estaba tomando ventaja de las cosas que sabía de ella siendo, por demás, mal intencionado. Cuando notó que sus mejillas estaban sonrosadas, que sus ojos casi no los mantenía abiertos, los tirantes de su vestido insistían en deslizarse por sus hombros y que se movía al compás de cada ruido, risa, comentario o música que sonaba cerca, supo que era hora de volver al hotel. La palabra para definir al rockero en ese momento era 'achispado', ya que haber cultivado por años una resistencia a los tragos fuertes lo que lo hacía estar nada más que levemente mareado. Sin embargo, no se arrepentía de haber convencido a Suko para quedarse en el hotel, necesitaba esa escapada a solas con Kagome, seguir tachando cosas en su lista de quehaceres con ella.

Cuando salieron a eso de las 3 de la madrugada, InuYasha tuvo que abrazar a Kagome por la espalda para que esta no chocara con cada objeto inanimado, persona o animal que transitaba por la calle. Se había detenido un poco frente a una de las discotecas de la cual salía una animada música y donde había unas cuantas personas fuera fumando para así bailar y cantar mientras se movía junto a él. Los hombres alrededor la miraban con evidente deseo y algunos hasta cantaron con ella animándola con las palmas para que continuara o entraran al lugar, mas, InuYasha solo les sonrió y se apegó más al cuerpo de la mujer alejándose con ella por la larga avenida iluminada. Habían hecho el camino a pie, por lo cual sabía cómo volver, pero eso no era una completa certeza de no perderse y, por lo visto, Kagome no recordaba bien como retomar el inglés.

-No te entiendo una palabra Kag… debes hablar inglés…

-No quiero que bebas tanto… o sea… no vuelvas a beberme tanto… no… no era así… no quiero que me tomes bebiendo tanto al verme… esper...

-¿Que no te vea beber tanto de nuevo?

-¡EEESSOOOO!

-Pues deberías ser mejor jugadora entonces. Aunque luego del quinto chupito ya ni te esforzabas en ganar… los últimos tres los tomaste sin haber dicho yo nada… -ahora caminaban de la mano. Cuando Kagome tropezó y casi se torció el pie, ambos rieron, pero InuYasha se preocupó un poco. Ella, viendo que no llegaría muy lejos con esos tacones de diez centímetros, se quitó ambos zapatos y comenzó a caminar vacilante por el suelo-. Así te vas a herir más.

La chica lo miró haciendo el intento de una mueca con el brazo, mas, se acercó hasta su hermano con cuidado de no dañarlo con los tacones y tanteó con la punta de sus pies sobre sus botas de combate. Él comprendió enseguida lo que trataba de hacer y le ayudó tomándola de la cintura. Cuando ella plantó con seguridad ambos pies sobre los zapatos de InuYasha, el guio el camino mientras ella comenzaba a tararear una cancioncilla que por fin él conocía. Ya que la coordinación del muchacho era la mejor de ambos, hizo unos suaves pasos de baile mientras continuaban su recorrido, lo que hizo estallar en carcajadas a Kagome.

Luego de casi una hora de caminar o más bien, dar tumbos hasta el hotel, InuYasha le ayudó a ponerse los finos Prada mientras le decía que debía componerse un poco para no llamar la atención de los recepcionistas y guardias. Kagome así lo hizo y luego de hacer una especie de venia militar que InuYasha respondió de la misma manera, entraron como lo más normal del mundo. Ya en el elevador, la chica volvió a prorrumpir en risas y él la abrazó mientras las puertas se abrían y la cogía de la cintura para ponerla sobre su hombro.

Lo último de lo que fue consciente Kagome, es haber sido dado vueltas sobre el hombro de su hermano como un torbellino a través de la sala para luego sentir la suavidad de las mantas de la cama bajo su espalda, el resto, se desvaneció por completo. InuYasha la movió y removió, pero Kagome solo hizo unos cuantos sonidos y apenas respondió con su cuerpo. Cuando su hermano comprobó que todo estaba bien y que no se ahogaría con su propia lengua pensó en dejarla descansar para que se recuperara de la borrachera.

Pensó…

Ni siquiera la había cubierto realmente con las mantas, ya que la habitación estaba bien templada. Sentado de medio lado en uno de los bordes de la cama, la miró dormir durante unos instantes, lo siguiente fue sacar su móvil y escribirle un mensaje a Suko para que supiera que habían llegado sanos y salvos. Quitando el sonido dejó el aparato sobre uno de los veladores cercanos y volvió a posar su vista en ella. Era tan hermosa. En ocasiones, cuando dormían juntos, despertaba y encendía la pantalla del móvil con la luz muy tenue solo para poder detallar los rasgos de su rostro, sabía que era algo que no debería hacer, pero inevitablemente, Kagome le había atraído desde el primer momento. Las cosas eran tan fáciles entre ambos que pronto se acostumbró más de la cuenta a ella queriendo más, mucho más, pero sabía que era algo que debía sacar de su mente.

Era la primera vez que se acostaba en la misma cama junto a una mujer solo para dormir, pero bien sabía que eso no era lo que quería de ella. Contenerse era en todo lo que podía pensar cada vez que tenían ese tipo de proximidad y sabía que ella había notado algo peculiar en él hace algún tiempo, por lo cual tuvo que esforzarse el doble en mentir creíblemente para que ella no se apartara de su lado. Solo que… ¿si le diera algún indicio, una señal mínima de que para ella las cosas también eran extrañas?… entonces no lo pensaría dos veces y concretaría lo que llevaba deseando tanto tiempo.

Restregando un poco su mentón sonrió con melancolía, estaba actuando como un verdadero cretino, entre ellos nunca podría haber nada y Kagome lo tenía más que claro. El cariño que le manifestaba era totalmente sincero, pero solo de hermanos, y así era como debía ser después de todo. Incorporándose hizo un recorrido por sus largas y contorneadas piernas, le quitó los zapatos y los dejó ordenadamente en una esquina de la habitación. Volviendo a ella, insistió en despertarla levemente para que le ayudara a quitarle el abrigo, pero Kagome actuaba demasiado torpemente, totalmente fuera de combate. Cogió la polera con la que ella insistía en dormir, reparando por primera vez que esta era realmente de hombre y por un momento pensó que podría ser de Sesshoumaru, lo que le dio una punzada de celos. Por algún motivo la relación entre ellos era distinta a la que tenía con él y esto se notaba por cómo se esforzaban en disimular delante de los demás. Claro, Kagome no quería que pensara que realmente tenía un hermano favorito, y de solo pensarlo, era algo que realmente le dolía.

Quitarle el vestido y ponerle la polera fue un proceso largo y complicado, pero para nada aburrido, podía ser que se estuviera comportando como un verdadero pervertido, pero nunca la había tocado con una intensión expresamente sexual… no por lo menos mientras estuviera dormida; en momentos como este se conformaba con acariciar las suaves ondas de su cabello, delinear el contorno de sus cejas o labios o, simplemente, pasar el dorso de su mano por su precioso rostro durmiente. Cuando por fin la acomodó bajo las mantas, decidió que volver a la habitación contigua donde se quedaba, era un esfuerzo innecesario. Dentro de poco ya amanecería y, de todos modos, ellos solían dormir juntos de vez en cuando.

Despojándose de sus ropas excepto su bóxer, ocupó el lugar que había apartado para sí mismo. Kagome dormía dándole la espalda, tendida sobre su vientre, ¿sería, realmente, tan malo si acercaba su cuerpo y la rodeaba?, solo quería poder sentir un poco de su dulce calor, como tantas otras veces… de verdad no haría nada. Entonces dejó de pensar, cerró los ojos y la rodeó con su cuerpo.

Estaba a punto de quedarse dormido cuando sintió que Kagome se removía bajo él emitiendo hermosos sonidos que parecían… ¿gemidos?; mierda, no podía ser, eso-no-podía-ser. Pasmado ante la propia reacción de su cuerpo, nublado por las sensaciones que le provocaban los movimientos de la chica, apretó con mayor fuerza los ojos y se quedó quieto como una piedra. Pero la mujer logró darse la vuelta y lo que siguió a eso nunca se lo vio venir ni en la mejor de sus fantasías. Kagome había librado una de sus piernas, enroscándola en su cadera libre, mientas se frotaba en ese apéndice que tiraba tras el algodón de su propia ropa interior. Sus manos subieron por su torso, deslizándose por su cuello hasta su nuca para enredarse en su grueso cabello, mientras su boca depositaba suaves besos por sus pectorales, ascendiendo peligrosamente. Sin ser consciente de sus propios actos, gimió de placer, pero se mantuvo firme en no responder a las caricias que estaba recibiendo.

Esto era la tortura más deliciosa del mundo. Solo quería que siguiera haciéndolo hasta que no pudiera respirar…

Cuando ella comenzó a mordisquear su mentón una serie de pensamientos comenzaron a correr rápidamente por su cabeza. Habían dormido varias veces juntos, pero nunca había pasado algo como esto. No es como si le molestara, no, ¡claro que no!, pero no era algo normal. Acaso… podría ser…

¿Que Kagome estuviera saliendo con alguien?

¿Quién?, ¿cómo?, ¿cuándo?, es algo de lo que ya se hubiera percatado hace tiempo, ella misma le habría contado ya. Trató de prestar atención a las palabras que decía, o por lo menos, trataba de decir, pero estaba nuevamente hablando en italiano, y por un momento detestó no estar esforzándose más con las malditas lecciones. Su último gran intento fue retraer la cabeza hacia atrás, para así alejar un poco sus bocas. No tenía más fuerza de voluntad que eso, no podía hacer más que eso y, en todo caso… no había ningún juez en esa habitación que le estuviera vigilando para no hacerlo. Pero Kagome era demandante, no sabía si era solo por el nivel de alcohol en su sangre o si era que las apariencias engañaban, la cosa fue que tomó con fuerza su cabeza y sus bocas se unieron de forma brusca pero apasionada. La lengua de ella no esperó más invitación y se coló dentro de su boca, entonces InuYasha tuvo que retenerla de las caderas para no saltar sobre ella y quitarle la poca ropa que llevaba encima.

-Ti amo… Sss… sses… ti amo… ti amo… -el chico trató de entender a quién podría referirse, pero realmente no podía pensar bien y no estaba dando una buena pista.

Entonces InuYasha saltó fuera de la cama como si esta estuviera en llamas, cogió torpemente sus cosas y se dirigió hasta su cuarto. Kagome estaba soñando con alguien, y lo único que sabía era que no era con él… y que lo que acababa de pasar no saldría de ese cuarto.


Shippo despertó ese día recordando vagamente que Kagome y su padrino no se encontraban en casa. Como buen niño, no sabía de horarios, así que solo pudo suponer que era temprano como siempre que despertaba. Estirándose, bajó todavía medio dormido de su cama y se digirió al baño para ocupar el váter y luego lavar su rostro, mas, en el proceso, notó que había algo en su muñeca derecha que antes no estaba ahí. Detallando la hermosa pulsera, sus ojos despertaron por completo y solo pudo pensar en una persona capaz de hacerle ese regalo.

Salir disparado de su cuarto y correr por el pasillo hacia el dormitorio de Sesshoumaru fue una sola cosa. Como siempre, Camulus ya merodeaba por fuera de su habitación, por lo que trotó sin ningún esfuerzo al lado de él, mientras el pequeño se dio tiempo para rascar tras una de sus orejas. Sin pedir siquiera permiso abrió la puerta, pero la cama del japonés ya estaba vacía, por lo que corrió nuevamente, esta vez en dirección al salón. Al llegar allí, lo sorprendió encontrar a Irasue sola bebiendo ya de su taza de té; la mujer lo miró con ternura mientras le daba los buenos días, a lo que el niño respondió un tanto distraído buscando con la vista al hombre.

-¿Todo bien cielo? –preguntó con ojos curiosos la mujer, pero con una sonrisa en los labios.

-Sí… -mas, al momento sintió unos pasos acercarse y por el umbral de la puerta entró el albino, quien le sonrió de medio lado saludándole. Shippo, antes de tirar como siempre a sus piernas, reparó que en la muñeca izquierda del empresario, había una réplica exacta de lo que él llevaba en la derecha, por lo que chilló de emoción saltando a sus brazos- ¡Sessh!

-Vaya, veo que estás de buen ánimo hoy –le dijo el hombre mientras lo cargaba y le guiñaba un ojo a su madre, quien los miraba a ambos con amor.

-¡Tenemos le misma pulsera!

-Lin no mentía ayer cuando dijo que queríamos comprar algo para ti. Claro, este es mí presente, ella te compró uno aparte –cuando el joven se sentó a la mesa acomodando al niño en sus piernas, este lo miró con sus grandes ojos verde hoja y con algo de timidez le preguntó.

-Entonces es… como una pulsera de… ¿amistad? –Irasue, quien se percataba recién de lo que hablaba el pequeño, miró a su hijo y le sonrió cómplice, lo que este trató de pasar por alto.

-Yup… ayer todos fuimos un tanto groseros contigo, la verdad no te hemos llevado a ningún sitio aun cuando todos hemos entrado y salido de casa. Solo… no pienses que es porque no queríamos estar contigo, ¿vale? Hoy haremos algo especial y podrás ser tú quien elija un lugar para visitar –a Shippo le brillaron los ojos y saltó en el regazo del hombre, quien no se sentía cómodo sonrojándose ante la mirada de su madre por la muestra de cariño del pequeño, sin embargo, verlo tan feliz era realmente reconfortante.

-¡Genial!, no me la quitaré nunca –de pronto su actitud se hizo un poco más seria y entonces Sesshoumaru lo miró, como ya leyéndole la mente. El niño lo miró y esbozó una sonrisa, pero esta vez habló mucho más calmado-. Sessh… lo siento si me comporté mal ayer, yo solo…

-Olvida eso Shippo, ¿tú y yo?, bien. No ha pasado nada. Me alegro que te haya gustado el regalo –'y que aceptaras mis disculpas', pensó para sí mismo.

Luego de un momento, Kohaku y Lin se unieron al desayuno. Sesshoumaru trató de sentar a Shippo en el asiento a su lado, pero este insistió en quedarse en sus piernas, por lo que el mayor solo atrajo los platos y tazas cercanos para servirle y ayudarle con su comida al niño. Lin miró a Irasue y le hizo un gesto hacia su amigo, a lo que la mujer le devolvió otro como dándole a entender que esos dos eran la cosa más tierna del mundo juntos. Bankotsu entró en la estancia acercando el periódico mientras su hermano pasaba a saludar para luego perderse por algún lugar fuera de la mansión. Ban se disculpó por Jakotsu, alegando el hecho de que solo había pasado una mala noche y no se encontraba de muy buen humor, pero que no era nada de lo cual debieran preocuparse.

Es ese momento Sesshoumaru recordó que aún tenían una conversación pendiente con los dos hermanos junto a madre. De primera se había dicho que no era necesario ver las fotos que les habían hecho a ella junto a Colbet, mas, al pensarlo mejor esa noche, supo que sería mejor mientras más información manejara, por incómoda que esta fuera.


Una vez que todos terminaron, Shippo decidió que quería practicar artes marciales con Sesshoumaru, el cual le dijo que para eso debía ponerse algo un poco más cómodo que sus jeans. Como siempre, Irasue los acompañaría en el patio, esta vez junto al libro que estaba leyendo, sin embargo, la sorpresa del peliplata al llegar junto a su madre y el pequeño, fue encontrar a Lin y Kohaku con ellos. La chica estaba en cuclillas mostrándole la cajita de acuarelas que había comprado para él, a lo que Shippo sonreía ampliamente, tratando de comprender lo que ella le explicaba sobre cómo utilizarlas en su nueva croquera.

-Aaah, pero quién mejor que Sessh para explicarte. Él es realmente bueno con estas cosas, seguro y te hará una muestra de cómo pintar con ellas.

-Sessh, ¿me ayudas?

-Claro Shippo, pero la verdad, no soy muy bueno… -ante esas últimas palabras, Lin y su madre hicieron un fuerte sonido entre una carcajada sarcástica y una muestra de reproche, a lo que el hombre rodó los ojos- ¿Prefieres que pintemos? –el niño no quiso parece descortés con el regalo de la chica, pero tampoco pudo ocultar la emoción que le provocaba el practicar con él.

-¡No!... es decir… ya había quedado contigo antes –Lin sonrió hacia Kohaku, quien le hizo un gesto ante la reacción del pequeño. Al alemán también le encantaba el pequeño.

-Bueno, no es como si tengan que hacer una sola cosa –interrumpió Irasue-, es mitad de mañana recién, ya luego pueden pintar y quizá yo igual me una –su hijo, quien aún estaba un tanto molesto con ella, no pudo evitar mirarla con un brillo en los ojos. Así como a su padre lo había admirado por las artes marciales, su trabajo y los deportes, a su madre la admiraba por su lado artístico y sensible. Sin duda verla retomar aquello que le había apasionado tanto en su juventud y que con el tiempo dejó de practicar, pero de lo cual aprendió mucho tan solo con verle, sería realmente estimulante.

-Entonces calentemos.

Antes de comenzar a hacer algunos ejercicios de estiramientos, Sesshoumaru le preguntó a Kohaku si había practicado algún arte marcial, a lo que este negó con la cabeza. Mientras le comenzaba a dar algunas lecciones básicas a Shippo sobre poses y formas de defensas mezclando varias disciplinas, Jakotsu apareció por uno de los laterales de la casa en lo que parecía una caminata despreocupada.

Mientras veía al albino instruir al pequeño, sacó un cigarrillo y comenzó a dar caladas un poco más alejado de los presentes para no importunar con su presencia. Su hermano ya le había echado una bronca por su actitud de esa mañana, por lo cual quería mantener la distancia con él para no tener que salir por ahí a hacer alguna tontería de las cuáles también ya le habían regañado. Esto, sin duda le serviría un poco para distraerse, ya que podría ver a sus anchas al guapo japonés sin tener que desviar la mirada.

Era guapísimo el condenado.

Sus hermanos sabían sobre sus preferencias sexuales y, la verdad, a ninguno le importaba o incomodaba en lo más mínimo, sin embargo, cuando vio a Sesshoumaru por primera vez, ambos se dieron cuenta de cómo le brillaron los ojos, por lo que le dijeron que se fuera con cuidado. Pero no era estúpido. Obvio que no intentaría nada, porque se notaba de lejos que ese hombre no tenía el más mínimo interés en las personas de su mismo sexo. Porque si no…

Shippo ejecutó a consciencia cada uno de los movimientos que su mentor le había enseñado. Por algún motivo, a Jakotsu también le agradaba ese pequeño, el cual era verdaderamente listo, además de simpático y tierno. Sin embargo, Sesshoumaru tenía casi cuatro veces la estatura del pequeño, por lo cual se le complicaba ser un oponente idóneo para lo que quería enseñarle. El niño se esforzaba el doble, percatándose de lo mismo que Jakotsu había visto, pero de a poco comenzó a ceder un tanto ante la frustración.

Sesshoumaru, como buen profesor, lo animaba y se ponía firme ante las palabras que le dirigía sobre cómo no debía perder la paciencia y dejar de esforzarse. Alentaba cada uno de los buenos pasos que daba, pero las demostraciones de patadas altas y bloqueos, debía hacerlas con un oponente imaginario. Cuando el pequeño comenzó a hacer unas muecas cercana a las mañas, Sesshoumaru miró un poco a su alrededor y de inmediato sus ojos se trabaron en los del joven guardaespaldas. Sesshoumaru no hizo más que mirarlo y levantar una ceja, mientras el chico asentía con la cabeza captando el mensaje implícito. Haciéndole un gesto con la mano, indicándole el reloj y abriendo la palma hacia el japonés, entró a la mansión con aire relajado, mas, estando en el pasillo hacia las escaleras, corrió rápidamente a su cuarto, desabrochando ya su camisa como si fuera Clark Kent a punto de transformarse en Súperman.

Ban, que estaba tirado sobre su cama jugando con su DS, lo miró un tanto sorprendido, pero evitó el hacerle preguntas a su hermano mientras se quitaba la ropa y se ponía un chándal azul junto a una polera blanca deportiva, salió calzándose las zapatillas de deporte y antes de entrar al exterior, volvió a adoptar esa postura casi impertérrita como si no le emocionara lo más mínimo lo que estaba a punto de suceder.

-Ahora, necesito que pongas atención Shippo. Jak nos ayudará con las lecciones esta vez –le decía Sesshoumaru al pequeño mientras el aludido se acercaba a ellos estirando los brazos por sobre su cabeza.

Una breve mirada por su hombro le permitió percatarse que el resto de espectadores se acomodaba en los asientos. Solo les faltaban las palomitas para estar completamente a gusto ante el espectáculo que iban a ver. Sesshoumaru le hizo una seña al pequeño para que se retirara un poco y a lo lejos vio que Ban salía sigilosamente por la puerta donde segundos antes aparecía su hermano.

-¿Qué solías practicar? –le preguntó al joven de los ojos castaños.

-Artes marciales mixtas.

-Eso será de mucha ayuda. De momento solo quiero que Shippo aprenda poses de bloqueo. Comenzaremos lento, pero no es necesario que te contengas –y por el brillo de esa dorada mirada, Jakotsu pudo notar que esto era algo que el nipón igual estaba deseando-. Tú atacas, yo bloqueo. Shippo –le dijo volviéndose al niño que miraba a ambos expectantes- pon atención a mis movimientos, piensa que yo soy tú –el pequeño asintió con vehemencia y miró con sus grandes ojos verde bosque la escena.

Jakotsu se mantuvo quieto unos segundos, midiendo la distancia hacia su oponente y calculando su verdadero manejo del combate. Sesshoumaru le sostuvo la mirada en todo momento, hasta que de improviso, Jakotsu se lanzó suave y rápido como una flecha en un ataque directo a él. El peliplateado esquivó con facilidad el golpe alto, moviéndose suavemente hacia un costado, a lo cual Jakotsu, previendo el movimiento, dobló su brazo para golpear con su codo cerca del rostro de su oponente. Sesshoumaru se sorprendió un poco ante el rápido reflejo, pero alcanzó a bloquear nuevamente el golpe, empujando levemente a Jakotsu, quien volvió a retomar su pose inicial para darle tiempo al hombre de explicarle al niño lo que sucedía.

-Ambidiestro –le susurró al guardaespaldas con una ceja elevada, a lo que este le sonrió levemente-, nada mal Jak. Shippo, fíjate en los movimientos que hace Jakotsu; tiene una capacidad poco común y eso es que sabe atacar con un peso equivalente en ambas extremidades –Shippo hizo una mueca de extrañeza como tratando de entender las palabras de su instructor. Kohaku se acuclillo cerca de él y comenzó a susurrarle al oído, en lo que a Sesshoumaru le pareció que le explicaba de forma más fácil lo que le acababa de decir. Shippo asentía con la cabeza esta vez sin dejar de prestar atención-. Tu tendencia es atacar con el brazo derecho, mientras que la mía es hacerlo con el izquierdo. Ambos debemos preocuparnos el doble por el flanco que menos utilizamos, en lo que a Jakotsu no tiene dicha debilidad –su mirada volvió a posarse en el italiano-, pero sí otras. Ahora, agrega unas cuantas patadas altas.

Jakotsu asintió complacido. Como entrenamiento era lento, pero al no tener que medir su fuerza se compensaba por demás la situación para él. Esta vez dirigió sus golpes hacia el torso de Sesshoumaru, quién era bastante bueno en la parte defensiva, por lo que hasta el momento no había logrado tocarle. Dando un giró sobre su costado izquierdo, lanzó una primera patada dirigida hacia el hombro de su contrincante y cuando fue bloqueada, en un rápido movimiento giró hacia la derecha e hizo un ataque similar, esta vez dirigido a las costillas del mismo.

OK. Ahora sí se estaba comenzando a molestar por lo bueno que era el tipo.

Sesshoumaru, notando la mueca del chico le sonrió con malicia. Esto no era más que un juego de niños, pero aun así, le permitía darse cuenta que Jakotsu realmente era bueno en el cuerpo a cuerpo. Si bien le sacaba al menos una cabeza de altura, esto le permitía ser mucho más rápido a la hora de ejecutar sus movimientos. Realmente tenía que estar bastante atento para bloquearlos todos, pero la desventaja clara del joven, era que estaba demasiado seguro de su dominio con ambos flancos, por lo que su fuerza, si bien equilibrada, no resultaba una sorpresa una vez tomado el ritmo.

De pronto, las intervenciones al pequeño comenzaron a hacerse menores, dando paso a una lucha continua sin interrupciones, donde ambos se olvidaron por un momento de que eso era una clase y no un encuentro formal de combate.

Jakotsu aprovechó el momento e hizo una barrida que tiró al suelo a Sesshoumaru, quien rápidamente trabó sus piernas en las de él e hizo una especie de llave con giró que lo terminó tumbando también. Jakotsu maldijo por lo bajo dándose cuenta que Sesshoumaru había planeado el movimiento incluso antes que él lo pensara. Cuando lo sintió sobre su espalda torciendo por sobre la misma su brazo izquierdo, dejó de tener consideraciones especiales y dio un fuerte cabezazo hacia el peliplata. Oyó algunas exclamaciones de asombro, pero se mantuvo pendiente de la reacción de Sesshoumaru quien, lejos de sentirse afectado, cogió su mandíbula y con su brazo libre lo impulsó desde su cintura para darle una vuelta de 180 grados que le permitió maniobrar una pirueta con la cual tomar nuevamente distancia.

Sesshoumaru limpió un hilillo de sangre que salía del corte en su labio, mientras volvía a tomar posición, solo que esta vez fue él quien tomó la ofensiva dando una serie de patadas altas que se alternaban sin un patrón concreto desde el torso a los hombros de Jakotsu. Fue así como en un movimiento no previsto, Sesshoumaru cambió de pierna e impactó de lleno en el pecho de su contrincante haciéndolo caer de espaldas, solo para que este aprovechara el impulso y completara una voltereta en la cual quedó agazapado con una mano plantada en el suelo y la otra reposando en uno de sus muslos.

-¡Sesshoumaru! –interrumpió Irasue.

Sesshoumaru y Jakotsu se sostenían la mirada con las respiraciones agitadas por el esfuerzo y la testosterona bullendo, prácticamente, en sus venas. El menor estalló en sonoras carcajadas, mientras el extranjero se acercaba con paso majestuoso hacia él y le tendía una mano para ayudarlo a incorporarse. Al encontrarse uno frente al otro, ambos hicieron una reverencia dando por finalizado el espectáculo que a más de uno dejó inquieto.

-Eso fue fabuloso –le dijo Jakotsu mientras le extendía una mano a Sesshoumaru y este le sonreía devolviéndole el gesto.

-Tenía la impresión de que necesitabas que alguien te sacudiera la mierda del cuerpo –respondió por lo bajo y solo para el italiano el de ambarina mirada-. Eso no quita que ha sido genial.

Así que apuesto, bueno para luchar y altamente perceptivo. Vaya, vaya, ese tipo tenía el pack completo.

-Sesshoumaru –volvió a repetir Irasue cuando alcanzaron la distancia de los presentes-. Discúlpate con Jakotsu ahora mismo –su hijo hizo una especie de bufido y el castaño volvió a sonreír, esta vez con muchas más ganas y completa sinceridad, lo que a Irasue le hizo percatarse de lo distinto que era su rostro a lo que estaban acostumbrado a ver.

-Señora Irasue, he sido yo quien ha hecho un movimiento nada limpio dentro de la contienda –mientras Shippo hablaba y hablaba como si tuviera tres bocas, Jakotsu se percató en Bankotsu, quien lo miraba desde la entrada, donde se había decidido sentar en las escaleras. Por un momento pensó que ahora sí le esperaría la bronca del siglo, mas, su hermano le sonrió divertido moviendo la cabeza a ambos lados-. Ha sido un muy buen entrenamiento, pero creo que debo volver a mis labores. Si me permiten.

Sesshoumaru trató de obviar los regaños de Irasue concentrándose en contestar las preguntas de Shippo y explicarle algunos de los movimientos que Jakotsu y él habían hecho. Lin trató de calmar a la mujer recordándole lo bueno que era Sesshoumaru con las artes marciales y cómo era evidente que se había contenido en esa 'disputa amistosa'. Kohaku estaba realmente sorprendido, casi tanto como Shippo, y por un momento también sintió el impulso de hacer preguntas y ver si podía unirse a las clases que el pequeño siguiera tomando. Por lo menos, sin duda volvería a estar presente como observador.


Kagome despertó con las sábanas revueltas y el leve atisbo de un dolor de cabeza. Trató de recordar qué había sido lo último que había hecho, pero dedujo rápidamente que InuYasha le había ayudado a ponerse su nuevo y favorito 'pijama'. Con algo de pereza salió de la cama y se metió en la regadera. Sin estar preparada aun para elegir qué ponerse, se envolvió en un albornoz al salir de la ducha dirigiéndose al cuarto de su hermano.

Entró sin siquiera llamar, pero no sin antes asomar un poco la cabeza para comprobar que no se encontrara cambiando de ropa o algo. InuYasha estaba tendido mirando el techo con los brazos doblados por debajo de su cabeza. La miró brevemente mientras esta se acercaba a la cama para sentarse en el borde y responder su saludo.

-¿A qué hora llegamos?

-Pasadas las 4… -Kagome tocó su frente como reprochándose el no recordar nada.

-Dios… ¿hice mucho escándalo? –InuYasha le sonrió levemente.

-No tanto, pero comprobé que eres bastante buena para la farra.

-Está bien… -dijo juntando ambas manos por sobre sus rodillas y adoptando una pose de seriedad- No le contaremos nunca nada de esto a nadie –y ante esas palabras, en lo único que pudo pensar el moreno fue en el beso de la noche anterior. ¿Acaso ella…?

-¿A qué te refieres? –Kagome notó una leve tensión en su hermano y pronto le sonrió dándole un leve golpe en la plana superficie donde las mantas cubrían su estómago.

-Solo bromeo tonto, ¿acaso… hice algo? –preguntó verdaderamente extrañada. InuYasha se apresuró a mover negativamente la cabeza pero, aun así, a ella le siguió pareciendo que algo andaba mal.

De pronto, el silencio se extendió y solo por hacer algo, Kagome le hizo un gesto al rockero, con el cual este le acomodó un espacio a su lado. Sus cabezas quedaron casi juntas a diferencia del resto de sus cuerpos. La chica cerró levemente los ojos pensando en que ambos darían una cabeceada antes de por fin levantarse. InuYasha cogió una de sus manos y ella automáticamente entrelazó sus dedos en los de él, esperando con ello a que lo que fuera que anduviera mal se normalizara.

-¿Kagome?

-¿Humm?

-¿Has conocido a alguien? –el primer impulso de ella fue abrir los ojos, pero se contuvo haciendo un trabajo de respiración mientras continuaba con los párpados pegados.

-Conocer, ¿cómo?

-Como de salir con alguien.

Mierda.

-¿Por qué la pregunta? –InuYasha suspiró frustrado.

-¿Sí o no?

-Oye, cuidado con tu tono, ¿me haces una pregunta así sin ningún tipo de contexto y piensas que no me sorprenderé ni un poco?

-Tampoco te pongas grave.

-¿Qué fue lo que dije? –y ahora era él quien guardaba silencio, sorprendido ante el conocimiento de ella sobre la situación.

-No estoy seguro… hablaste en italiano… pero lo que sí capté fue que decías palabras… de amor a alguien –Kagome se maldijo mentalmente. En algún punto de la noche puede que se haya sentido excitada, y ante eso, obviamente en sueños, al primero que llamaría sería a Sesshoumaru… como siempre. Solo que al dormir constantemente con él, nunca tenía el problema de ser descubierta en 'algo raro'.

-¿Dije algún nombre o algo? –preguntó bastante tranquila, a lo que InuYasha respondió con poco entusiasmo.

-No.

-¿Entonces?

-Creí que no había secretos entre nosotros –y eso sí la hizo sentir mal, porque en el fondo, le dolía tener que mentirle sobre ella y Sesshoumaru a InuYasha, pero más, el hecho de cómo reaccionaría él y lo que sentiría respecto a lo mismo.

-¿Te has enamorado alguna vez de alguien con quien sabes que no podrás tener nunca nada? –preguntó luego de un largo suspiro la pelinegra, sumergiéndose un poco en su propia miseria. InuYasha volteó el rostro hacia ella, de lo cual esta no se percató realmente. Él la miró con profunda tristeza, casi con el corazón oprimido.

-Yo… no… -pero Kagome no fue consciente de la duda en su tono que se apagó paulatinamente.

La verdad, no era necesario decir más nada; InuYasha se había arrepentido un poco de haber preguntado, porque la verdad era que ahora entendía que prefería no saber. Levantándose se dirigió al baño y cuando Kagome sintió el sonido de la ducha, se levantó y fue directo a su cuarto. Se cambió de ropa, ordenó la restante en la valija y volvió al salón para dirigirse a la pequeña cocina y preparar algo. InuYasha salió al rato y cogió en silencio el café que ella había preparado para él. Comieron cruzando un par de palabras, pero pronto volvió a hacerse un poco incómodo.

-¿Vas a estar así?

-¿Así cómo? –respondió algo cortante el chico.

-¿Quieres volver a Nápoles?

-Si ya terminaste de hacer tus cosas, sería una buena idea.

-¿Me acompañarías por lo menos a despedirme de Odette?

-Sí, no hay problema.

-Entonces le avisaré a Suko –le dijo mientras se excusaba para terminar de recoger las cosas en su cuarto.


Algo no andaba bien con InuYasha y esto era similar a lo que ya había pasado antes, específicamente, con lo de Sesshoumaru. Quizá, después de todo, estuviera sintiendo los mismos celos de aquella vez, sin embargo, era algo a lo que no debería acostumbrarse. Frustrada, cogió su móvil y le escribió a la única persona que en ese momento le podría hacer sentir mejor.

-'¿Por qué siento que algo malo te sucede?'

-'No te enfades…'

-'Kagome' –fue la simple respuesta que recibió por texto.

-'Creo que ayer bebí de más' –pulsó enviar mientras se mordía el labio y esperó la respuesta que no demoró en llegar.

-'¿Y?...'

-'Al llegar al cuarto creo que he metido la pata con Inu'.

Cuando entró la llamada de Sesshoumaru, Kagome se percató de lo mal que había sonado su mensaje y se encerró en el cuarto de baño por si InuYasha decidía pasarse por su cuarto por algún motivo.

-Amor –dijo ella con tono dulce como para calmar desde ya al hombre al otro lado de la línea.

-¿Qué pasó con InuYasha? –respondió Sesshoumaru con un tono tenso. Podía imaginar perfectamente el rostro que debía tener en esos momentos.

-Lo que te dije…

-Kagome, eso no me dice nada… ¿ustedes…?

-Ay, por Dios, Sesshoumaru –dijo abriendo el grifo del agua para que no se escuchara desde fuera la conversación-. No, ¡claro que no!, es solo que he… bebido realmente mucho… y cuando llegamos al hotel Inu me ha cargado hasta dejarme en el cuarto. Hoy cuando desperté fui a saludarlo y me… ha hecho unas preguntas –cuando Sesshoumaru contestó parecía más relajado, lo cual la calmó igualmente a ella.

-Aun no veo el problema…

-¿Has notado que cuando duermo, a veces… hablo dormida? –Sesshoumaru hizo ese sensual sonido que era su risa, sobre todo antes de decir algo que seguramente resultaría embarazoso para ella.

-No solo hablas perfectamente claro, también te mueves y a veces eso termina conmigo sobre ti haciéndote…

-¡Bueno!, el caso es que, por lo visto, te he estado llamando en sueños y haciendo algún tipo de declaración amorosa –la línea quedó en silencio y cinco segundos después, las carcajadas de Sesshoumaru se desplazaron de sus oídos a lo largo de su espalda.

-¡Te adoro preciosa!

-Sesshoumaru, esto es serio. Le he preguntado a Inu si me escuchó decir algún nombre, pero me dijo que hablé en italiano, por lo que no entendió del todo. De verdad le creo cuando dice que no escuchó ningún nombre en particular, pero esto es serio, ¿te imaginas que hubiera pasado si hubiera dicho tu nombre?

-Vale, vale… pero aprovechando que estás despierta, yo también te amo.

-Sessh… -le dijo ella en tono de reproche, pero no pudo evitar sonreír.

-Bueno, se ha puesto celoso, sabe que estás colada por alguien y que eres un pervertida que sueña con ese magnífico espécimen haciéndote mil cosas cercanas a lo pornográfico.

-Seeeessh… ya para, eso no es todo. Las cosas no han ido a bien, ahora estamos enfadados y lo último que le logré decir… -ella volvió a dudar.

-¿Por qué no solo lo dices?, ¿en serio debo preguntar cada vez?, está bien, ¿entonces qué pasó? –Kagome hizo una morisqueta enfurruñada que no servía de mucho al no tenerlo en frente.

-Preguntó si estaba enamorada de alguien y yo traté de… salirme de la situación… le dije que era una especie de… amor no correspondido.

-¿Y por qué mientes?

-¿Sabes?, no estás siendo de ayuda. De igual forma debo colgar.

-Está bien, está bien, lo siento preciosa, estoy siendo insensible, ¿me perdonas? –pero Kagome no respondió nada y él solo continuó-. Por lo menos de algo podemos estar tranquilos, no es un amor no correspondido, te amo con todo mí ser y pienso que ya te has demorado bastante en volver conmigo a casa– la italiana volvió a sonreír.

-Volveremos hoy… así de enfadado está.

-Vaya, las tragedias no acaban…

-Sessho…

-No te preocupes. Esta noche dormiré contigo y estaré pendiente por si sueltas algo sobre ese increíblemente apuesto patán que te quita el sueño.


InuYasha ordenó calmadamente sus cosas, sin embargo, como era costumbre en él, solo llevaba unas cuantas cosas, por lo que terminó bastante rápido. Había sentido a Kagome ir y venir por la sala, seguramente acercando su valija a la puerta y revisando que todo estuviera en orden. La verdad, se había comportado mal y lo sabía, no tenía por qué hacer ese papel de hermano mayor celoso, sobre todo teniendo en cuenta que perfectamente podría tratarse de lo que sugería ella…

¿Y qué si no fuera así?, era hora de zanjar ese tema y sacarse esas estúpidas ideas de la cabeza.

Salió de su cuarto con sus cosas no sin antes dejar una propina en uno de los veladores. Al llegar a la sala y encontrarla vacía se dirigió al cuarto de su hermana y tocó la puerta antes de entrar. Cuando la vio sentada leyendo un libro pensó en volver sobre sus pasos, mas, la chica le devolvió la mirada y solo lo quedó viendo.

-¿Estás lista?

-Sí, voy enseguida, puedes ir bajando con Suko por mientras.

-Kagome.

-¿Humm? –la chica respondió distraídamente mientras el suspiraba y entraba sentándose frente a ella.

InuYasha trató de encontrar las palabras, pero ni siquiera había pensado realmente qué decir. Kagome cerró el libro y lo dejó en el velador a su lado, lo miró a los ojos y luego de unos segundos le sonrió extendiendo los brazos. Su hermano cayó directamente en ellos, trabándose los suyos en la estrecha cintura de la joven. La chica besó su cabeza, jugando con algunos de sus mechones y el suspiró en su pecho. Sabía que no podía dar rienda suelta a lo que estaba sintiendo por ella y guardaría el en lo más profundo de su corazón aquel beso con el cual seguro seguiría soñando el resto de sus noches, así como también lo que sentía por ella. No habría más exigencias, aunque tomaría todo lo que ella le diera y se conformaría con los momentos como este, en el cual sentía que se aplacaba un poco ese vacío de tardes negras.

-¿Estamos bien? –le preguntó la italiana. Él solo asintió sin apartarse todavía de ella-. Te quiero pequeño idiota.

-Y yo a ti –mientras se apartaba tomó las manos de ella encerrándolas en las de él para depositar sus cálidos labios en ellas. Kagome trató de buscar su mirada, pero los ojos de InuYasha permanecían distantes en aquel gesto, como si fuera una especie de despedida, lo que la inquietó un poco, por lo que ella esperó el momento en que se apartó para coger su rostro y besar ambas mejillas y su frente.

-Vamos, Suko debe estar esperando.

El moreno le sonrió, pero el gesto no alcanzó del todo sus ojos. Salieron juntos y él le ayudó tomando su equipaje para encaminarse a la salida. En la recepción del hotel, Suikotsu se encontraba haciendo el check-out por lo que Kagome solo tuvo que hacer el pago de las habitaciones.

Al subir al auto, la chica le dijo al guardaespaldas que se dirigirían a casa de Odette para despedirse antes de volver, a lo que de forma silente este asintió tomando el camino correspondiendo. Kagome aprovechó de contarle a InuYasha un poco más sobre la mujer y la invitación que le había hecho a su casa en Nápoles, a lo cual Suikotsu puso cuidadosa atención. Eso era algo que no estaba dentro de los planes y por un momento sopesó qué tan buena era aquella idea de la cual la joven parecía estar tan satisfecha.

El recorrido no fue largo, ya que el tránsito de media mañana les favoreció mucho, por lo que pronto Kagome se encontraba bajando del auto tironeando de su hermano, quien trataba de convencerla de esperarla en el auto para que fuera una despedida breve. Suikotsu los vio encaminarse por el adornado sendero que llevaba al umbral de la puerta de aquella mujer a la cual no pensó volver a ver, mientras se obligaba a sí mismo a volver su vista hacia el frente y concentrarse en… en cualquier cosa, lo que fuera, con tal de no pensar más en aquello que parecía recorrer su sistema circulatorio.

No fue un trabajo difícil y apenas vio a un par de hombres hablando despreocupadamente en una de las aceras, supo de inmediato que no eran simples transeúntes o propietarios de alguna de las casas cercanas. Sus agudos sentidos supieron detectar, aún a la considerable distancia, esa extraña posición con la que equilibraban sus cuerpos, aquellas miradas escrutadoras que parecían inspeccionar el lugar y la forma en cómo trataban de ignorar el carro de los Frossard fuera de la casa de Odette Conte.


Al abrir la puerta, Odette sonrió con una genuina alegría, abrazando primero a la chica y luego deteniéndose un poco en su joven acompañante. El chico parecía un poco incómodo cuando guardó ambas manos en los bolsillos traseros de sus desgastados tejanos negros mientras los presentaban. Era guapísimo, con una piel brillante y dorada, totalmente lisa en su rostro y cuello, donde el azabache cabello destacaba los rasgos de su fino rostro en el cual resplandecían esos enormes ojos tímidos, pero que en el fondo parecían ser tremendamente risueños. Ella le tendió una mano e InuYasha le ofreció una cálida y gran palma masculina para completar el saludo.

-Es un gusto conocerte InuYasha.

-Lo mismo digo, siento la interrupción –dijo mientras la mujer los instaba a seguirlos.

-Para nada, me alegro que Kagome te trajera.

-La verdad, solo venimos a despedirnos –replicó la aludida mientras entraban al salón y Roux trababa su mirada en ella sonriéndole casi sin ser consciente de ello. InuYasha miró al tipo que parecía estar demasiado ocupado viendo a su hermana como para prestarle atención a él y de pronto una idea se formó en su cabeza.

-Hola –dijo el francés, mientras Kagome se acercaba y le daba un medio abrazo que él respondió para luego reparar en el nuevo personaje. InuYasha ya no parecía amistoso de repente, y solo lo miró en silencio mientras extendía una mano hacia el recién llegado- Roux Leduc.

-InuYasha Frossard –el apretón de manos fue breve y ahora su atención volvía a Kagome, quien miraba al chico con un extraño brillo en los ojos.

-No esperaba encontrarle aquí tan temprano, ¿interrumpimos?

-Para nada, solo es una visita rápida.

-Pues es una agradable coincidencia, he venido a presentar a mi hermano –la chica se acercó un poco a InuYasha trabando uno de sus brazos en él y brindando sonrisas a todos los presentes-, volvemos a Nápoles ahora.

-Ha sido una visita bastante breve, ¿has podido pasear siquiera por Florencia? –preguntó amablemente Odette al australiano.

-Solo un poco, pero supongo que ya habrá tiempo para más. Nos esperan en casa.

-¿Seguros que no quieren tomar un té antes de marcharse?

-Muchas gracias, Suikotsu nos espera en el auto y no queremos aburrirlo –Odette desplazó su mirada hacia la ventana, buscando al hombre a través de las cortinas, pero no pudo dar con él.

-Podrías invitarlo a pasar si esa es tu única excusa –trató de insistir la mujer, con la esperanza de poder ver al guardaespaldas una vez más.

-No haga eso, me hará sentir como la peor de las maleducadas, ¿cierto Inu? –su hermano asintió mientras pasaba un brazo por sobre sus hombros y seguía detallando al otro hombre de la habitación, el cual tenía cierta mezcla de acentos en su tono.

-Bueno, espero que la próxima vez te quedes en casa, son todos más que bienvenidos. El espacio es pequeño, pero el corazón grande.

-Lo mismo digo, esperamos verlos a ambos muy pronto. No se aceptan cancelaciones de última hora.

Kagome abrazó primero a Odette, agradeciéndole una vez más por todo mientras InuYasha hacía lo propio con el francés. Cuando las parejas intercambiaron, el mediano de los Frossard notó cierta vacilación en el hombre cuando Kagome se acercó para abrazarle, sin embargo, correspondió el gesto, que pareció extenderse por algunos segundos más de lo esperado. Cuando ambos se apartaron sonreían sin decir nada y lo siguiente fue volver hacia la entrada y salir nuevamente hacia el auto.

Odette y Roux se quedaron plantados en la entrada viendo cómo se alejaban. Primero subió InuYasha, mientras Kagome se volvía para agitar una de sus manos en dirección a ellos. La mujer parecía un tanto desconcentrada viendo hacia el asiento del conductor, por lo cual se enteró en último momento que su acompañante trotaba hacia el auto y llamaba a la italiana.

-Kagome –dijo llegando a ella antes que esta pudiera abordar el coche.

-Dime –respondió volteándose a él.

-A lo mejor sería bueno pedir tu número... si no es mucho. Ya sabes, para seguir en contacto, por lo del viaje y todo eso –la italiana asintió con más emoción de la necesaria a su interlocutor, lo que fue captado por su hermano dentro del automóvil.

-¡Claro!, ¿cómo no se me ha ocurrido antes? –tras dictarle su número ella sacó su móvil y el chico de los ojos anaranjados le sonrió.

-Ese es el mío, espero lleguen bien –dijo mientras Kagome recibía el sms.

-Estamos en contacto.

Y con ello subió al carro y este se perdió rápidamente. Roux continuó mirando el camino por donde se alejaban y tras hacer contacto visual con los dos agentes, hizo un gesto como de frotarse un brazo, clave que fue captada por su equipo. Volviendo sobre sus pasos se reunió en la entrada con Odette.

-Ya que estamos aquí, ellos son de quiénes le hablaba –indicó con un leve gesto de cabeza a la mujer.

-¿Ya te vas?

-Sí, yo también debo viajaré hoy de regreso. No dude en contactarse conmigo si nota algo inusual, tengo que resolver algunos asuntos respecto al caso en Francia, pero mientras antes lo haga, más seguro es que pueda estar en Nápoles la próxima semana.

-¿Estamos haciendo lo correcto?

-Siempre puede negarse si no se siente segura señora Conte. Créame.

-Me sentiré segura solo si vas.

-Quizá podríamos abordar el mismo vuelo, eso nos daría más tiempo para urdir nuestra historia.

-Me parece perfecto.

-Entonces déjelo en mis manos, me encargaré de las reservaciones –dijo finalmente para marcharse.

-Roux –el hombre volvió su atención a ella a medio camino-, cuídate por favor. Nos vemos pronto –el agente asintió y se marchó sin mirar atrás esta vez.

Ese comentario casi maternal removió algo en él que parecía estar dormido, pero claro, a una persona que se encontraba sola en el mundo nadie le decía aquel tipo de palabras.

Ni ningunas otras.


Irasue estaba recibiendo toda la atención del mundo mientras se encontraba en la biblioteca dando una clase de arte mientras manejaba con sutileza el pincel que tenía entre sus finos y pálidos dedos. Shippo era todo atención, como siempre que alguien le enseñaba algo, mientras sujetaba cerca de ella su cajita de nueva de acuarelas.

Sesshoumaru cruzaba un par de palabras con Ban, un tanto más alejado del resto, mientras Lin hacía unos cuantos garabatos en su block de dibujo y comparaba el trabajo de Kohaku. Cuando el moreno abandonó la biblioteca en busca de su hermano menor, el japonés se acercó a la croquera que le habían designado a él y trazó unos cuantos vectores que más tarde irían dando forma al retrato de Camulus, quien parecía saber que lo estaban usando de modelo, por lo cual se mantuvo en pose orgullosa y quieta.

Al cabo de una media hora donde todos habían pasado al color, excepto el albino que ayudaba al pequeño, la puerta de la biblioteca volvió a abrirse y esta vez entraron los dos menores Frossard. Shippo saltó alegre hacia Kagome y su padrino, quien lo cogió en brazos mientras ambos lo llenaban de besos, hasta que una mirada chocolate y ambarina por fin se cruzaron.

-¡Han llegado justo para la noche de películas! –chilló el pequeño de los cabellos cobrizos.

-Qué alegría tenerlos de vuelta –secundó Irasue abrazando a InuYasha, quien se estaba acostumbrado demasiado a sus cálidos abrazos.

-Y ya mañana tenemos todo un itinerario planeado, al cual se tendrán que acoplar sí o sí –completó Kohaku mientras besaba a Kagome.

-Todo parece indicar que nos han echado de menos –dijo Kagome mientras esperaba que los hermanos terminaran de cruzar sus manos para poder acercarse a su amado, quien le daba esa mirada que la hacía sentir la mujer más hermosa del mundo.

-Se siente genial, ¿a qué sí? –preguntó retóricamente InuYasha mientras elevaba un poco del suelo a Lin mientras la abrazaba.

-Bienvenida –y extendiendo sus brazos, Kagome se acurrucó en el pecho de Sesshoumaru, quien le susurró al oído-, al fin vuelves a mí.

La chica lo miró a los ojos, no sin antes corroborar que el resto estuviera pendiente de hacer otras cosas y le gesticuló un ´te amo´ al japonés, quien deseo poder hacer que el tiempo pasara lo más rápido posible para tenerla luego descansando en su cama junto a él.


Capítulo cortito, lento, algo soso y rápido; ¡no me maten por lo de Inu y Kag! *cof, cof, Faby, cof, cof*, pero es necesario. Una vez más, de forma incansable, mis agradecimientos para Faby: ni te fijes, todxs andamos corriendo de un lado a otro, mas, siempre es gratificante leerte.

La tensión aumentará para el siguiente capítulo, así que antes que se vaya este mes, quise dejar esta especie de 'intermedio' para el arco final. Y ahora sí que sí entramos en la recta final.

Cariños a todxs, gracias por seguir leyendo, lo dice,

Jú la Deppravada.-