Antes que nada, quiero aclarar que la serie Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa "casualidad". Aclarado este punto quiero señalar que esta es una historia "paranormal" y desde ya aviso, no es apto para todo público, espero les guste esto es un Kagome/Sesshoumaru y a aquellos que no les guste esta pareja les aconsejo que simplemente escoja otro fic n_n
Atentamente:
La Autora
(Makimashi Misao Futura de S.S.L.A.)
"Desde lo alto de la noria de Tokio,veo el pasado infinito dibujarse sobre el paisaje que una vez fue verde, exuberante y virgen. Ahora encapsulado en calles, aceras, carreteras y edificaciones que antes fueron tierras fertiles plantadas y cuidadas con el sudor, lágrimas y sangre de muchas generaciones de duro trabajo… me pregunto, ¿como será ese nuevo mundo, serán felices, tendrán paz?...Kami espero que si… espero que sean felices… espero que seas feliz... Sesshomaru…"
Higurashi Kagome
( Pergamino de plegaria al templo del atardecer. Enero 3 Tokio 2013 )
Cap.26: Las palabras de la luna, un triunfo silencioso
Dejar a Kagome en su refugio como había prometido, fue los más duro que hasta entonces, Sesshomaru se había obligado a hacer. Después de haber estado junto a ella durante casi tres meses seguidos, se encontraba luchando consigo mismo y su bestia, para dejarla ir nuevamente fuera de su perímetro; tras darle la espalda, dejándola en la puerta de su refugio y alejarse de ella, se pregunto « ¿De verdad había otra hembra a la que amaría más que a ella?» No, no lo creía posible, su misma bestia dentro de él rugía exasperado al saberse lejos de la terca mujer y apenas había dado unos pasos lejos de ella; había dejado de lado su orgullo y le había pedido que viajara con él hasta el castillo de su madre una vez más y ella se había negado, alegando (no sin razón) que él tenía cosas que hacer con su madre y ella solo estaría distrayéndolos a ambos, para su eterna frustración era cierto pero no lo reconocería jamás.
Después de gruñir internamente todo el camino mientras su bestia blasfemaba abiertamente, la había dejado sobre sus pies y ahora estaba obligándose a dar cada paso mientras se alejaba de ella negándose a volverse a mirarla pues sabía que la echaría sobre su hombro y la llevaría con él, maldiciendo y pataleando todo el camino hasta el palacio de la luna, y si bien por un lado la idea era tentadora, solo terminaría complicando las cosas entre ellos.
Ella había sido clara "necesitaba espacio" y él conocía de primera mano lo sofocante que Inuyasha había sido con ella, controlando cada aspecto de su vida, y por las palabras del Kitsune, no había sido el único que la había agobiado creando en ella aquella "necesidad" de soledad y silencio, y después de todo, él mismo necesitaba de algo de paz de vez en cuando.
Suspiró mentalmente antes de elevarse en su nube de youki dejando a la mujer en su refugio. Al menos por ese lado se quedaba con la tranquilidad de saber que allí estaba a salvo de peligros; se dirigió con rapidez hacia el castillo de su madre, cuanto antes terminara antes podría volver a ella y convencerla de ir con él al Oeste, donde debía de estar, donde pertenecía "junto a él".
Por otra parte Kagome lo veía partir con el corazón pesado a cada paso que se alejaba de ella, la chispa de dolor que se había instalado en su pecho desde que se había negado a acompañarlo se intensificaba. Ella no debía acostumbrarse a tenerlo siempre con ella y lo sabia muy bien. Él tenía una compañera, una que reclamaría de él, absolutamente todo, mente, cuerpo, alma y sobre todo corazón. Entonces ella que no tenía derecho alguno sobre él, no solo perdería a un amigo, perdería su corazón en el proceso.
Suspiró con el ánimo pesado y abrió el shoji, haciendo entrar a sus Inus al refugio con un ademán, levanto la mirada añil hacia el punto donde lo había visto desaparecer y se sintió extrañamente vacía, como si con su partida, Sesshomaru se hubiera llevado una parte de ella con él, como si hubiese perdido algo con la ausencia del youkai, sacudió la cabeza con tristeza, ya nada podía hacer,estaba completamente perdida y lo sabía, se obligo a dejar de lado el alarmante pensamiento que había llegado a su mente de que « así se sentiría siempre, mientras él no estuviera a su lado» Y se obligo para su paz mental, a entrar en un torbellino de actividad para llenar aquel vacío sin conseguirlo del todo, pues cuando menos lo pensaba se conseguía a si misma pensando en él, extrañándolo, buscando su aura, siempre buscando.
Aquel día horneó galletas para un regimiento, pensando lo que tendría que hacer para conseguir reabastecerse de trigo y las otras cosas que ella no tenía en su huerto y decidió también retomar su proyecto de levantar un invernadero, con su vidrio se encargaría de que fuera artístico, hermoso y definitivamente practico.
Tras tomar un largo baño y dar de comer a sus Inus y comer ella también, se encerró en su taller por horas decidida a alejar a Sesshomaru de su mente, obligándose cada vez que su imagen irrumpía sin permiso en su mente, a colocar junto a el a aquella mujer sin rostro, el dechado de virtudes que reclamaría al youkai que amaba y al que renunciaría, pues ella quería que él tuviera a su compañera, y con ella el sentimiento real que él había descrito con aquella abrasadora pasión en la cueva donde habían esperado el encargo de Totosai. Él tendría lo real así ella se muriera antes de tiempo, lo haría en paz, sabiendo que él sería inmensamente feliz.
Si para variar ella se sacrificaría de nuevo pero… ¿No era lo que había hecho siempre?, había sacrificado los juegos en el parque para aprender sobre las rodillas de su padre a soplar su primera burbuja de vidrio, había renunciado a su padre por que no había tenido mas opción la vida no se la había dado, había renunciado al kempo por falta de tiempo, había renunciado a su vida por recolectar la perla, había renunciado a su familia para mantenerlos a salvo, había renunciado a Sango, para salvarla de si misma, renunciar a el, al youkai que amaba a favor de su felicidad seria doloroso pero lo haría por el, con la seguridad y la conciencia con la que solo una mujer como ella podía amar a un hombre como él.
Aun pensarlo era doloroso, pero de una forma u otra cruzaría aquel puente cuando lo tuviera frente a ella, rogando a los Kami, no caer de cabeza por el borde, pues si no era mucho pedir, quería una muerte pacífica y preferiblemente indolora; se obligó a avanzar en algunas piezas que había dejado sin terminar y trabajar en otras que tenia en mente, siempre empujando a Sesshomaru con firmeza hacia aquel rincón que había destinado solo para él, ¿Quién lo habría dicho?, que el amor de su vida sería él, Sesshomaru, el lord de las tierras del Oeste, Inu Kami-Daiyoukai.
Aquella noche al llegar al palacio de su madre, la misma fanfarrea de siempre lo recibió, Sesshomaru caminó con calma hasta el salón donde sabía que su madre lo esperaba; la mujer, estaba seguro que había visto su llegada días antes de él mismo decidir que así sería, con sus predicciones casi infalibles y sus visiones entre otras artes. Lady Irasue era bien conocida entre la clase youkai como una bruja poderosa con un linaje antiguo como el mismo tiempo inugami de sangre pura, su madre era ciertamente una entre su clase. Y aunque no lo admitiera en voz alta, se enorgullecía de haber nacido de tan poderosa hembra, así que cuando entro en el salón y la vio como siempre embelezada en el mosaico del suelo no le sorprendió para nada, mas cuando ella en silencio se levantó ignorándolo olímpicamente e hizo aparecer a sus pies frente a ella un circulo perfecto de luz dorada que se hincho como una burbuja de energía desde el suelo hasta la altura de sus ojos como una bola gigante, miró con perplejidad aquella muestra de poder que su madre no había ejercido desde la muerte de su padre, cuando ambos lo vieron caer, en la burbuja se arremolinaron los colores y lentamente las figuras se aclararon se encontró viendo a la mujer que había estado en sus pensamientos desde hacia tres años atrás.
— ¿Qué significa esto, madre? — Pregunto él sin poder despegar la mirada de la mujer que sonreía serenamente y daba galletas a la pareja de Inus blanco, sonriéndoles con indulgencia.
— Este es uno de los poderes que deberás manejar cuando nuestro entrenamiento termine, Kagome es natural con el, debo señalar y muy respetuosa con el como con todo lo que ha aprendido — Dijo Irasue sin mirar a su hijo, pues su atención estaba puesta en la mujer que la burbuja le mostraba.
— ¿Le enseñaste esto a ella? — Pregunto él perplejo, ante los miles de significados que tenia aquel conocimiento en manos de la mujer que se reflejaba en la superficie de la burbuja mágica.
— Es mi pupila, claro que le enseñé todo lo que se, y tu aprenderás también y aprenderás incluso algunas cosas más. Eres un Inu Kami, cachorro no lo olvides — Dijo ella viendo a la mujer meterse en la cama donde la había visto antes dormir junto a su hijo, inocente de los deseos e intenciones de su ladino cachorro.
— Estoy desvaneciéndome hijo — Dijo Inu kimi finalmente despegando los ojos de la mujer que dormía lejos de ellos y miraba a su hijo desde donde estaba parado observándola también.
— ¿Cómo? — Pregunto él escuetamente tenso, mirándola con seriedad, aunque su corazón sentía un sordo dolor por la pérdida de su madre, con sus rarezas y formas la amaba a su manera.
— Tu compañera ha llegado, cachorro. Ese fue el trato que hice con los Kami, ellos me sostendrían en este mundo donde solo soy la mitad buscando, siempre buscando eternamente a tu padre, hasta que tu legitima compañera llegara a ti — Dijo ella deslizando sus garras entre la superficie de la burbuja y a miles de kilómetros de allí entre los negros cabellos de Kagome, que permaneció en el mundo de los sueños, ajena a aquel contacto que había atravesado sus defensas, después de todo la mujer que la estaba tocando era para sus efectos una diosa.
— Pero — Dijo él mirando a su vez a la miko dormida, su bestia dentro de él rugiendo una negativa. — ¿Puedo rechazarla? — Pregunto él entonces, tragándose el orgullo por la debilidad que reflejaba semejante petición.
— Sería tu fin, ¿Además por que querrías rechazarla?, creí que la deseabas o eso me a parecido hasta ahora — Dijo Inu kimi sonriéndole a su hijo conocedora, este la miro con intensidad antes de mirar a la mujer dormida entre ellos. —Sí, mi querido muchacho, cuando pediste a los dioses intervención por mi, hiciste tu propio sacrificio, tu propia compañera no nacía aun, así que cambiaste una compañera youkai por una humana, como la que nos había hecho tanto daño, ya sabes como son los otros con sus extraños métodos de enseñanza y sus juegos — Dijo ella dedicándole una sonrisa con un ademán desdeñoso.
Al principio había sido una espina en su costado saber lo que le costaría a su hijo aquella intervención, pero luego cuando había vislumbrad a la mujer con claridad y la había reconocido por sus antiguas visiones, había estado mas que satisfecha cuando esta se había finalmente presentado allí en un cuerpo falso y buscando ayuda; aprender que su alma era fuerte, fiel y compasiva fue un alivio, convivir con ella y entrenarla personalmente fue un placer, asegurarse de que ella era de fiar fue esclarecedor después de todo pondría la vida de su amado cachorro en sus manos.
— ¿Kagome es la compañera de este Sesshomaru? — Pregunto él, comprendiendo entonces el porque de el tirón entre ambos había sido tan fuerte desde que se habían visto la primera vez tres años atrás.
— Tu legitima compañera, mi sucesora, no entrené a una simple pupila mi amado cachorro, entrene a mi relevo, tu compañera — Explico ella dedicándole una acuosa sonrisa. — Las emociones están aquí, Sesshomaru, y este dolor abrumador esta acabando con tu madre, así que me estoy permitiendo deslizarme al encuentro con tu padre, antes de que mi cordura mengue y me convierta en un monstruo sin mente, ni alma…. mi bestia lo añora, lo necesito como el aire para respirar — Admitió la mujer con una nota desesperada de cruda agonía.
Sesshomaru la miraba con una salvaje alegría golpeándole dentro del el pecho, su bestia rugiendo de alegría y salvaje triunfo, y por otro lado dolido de tener que despedirse de su madre; la rodeo entonces con los brazos en un abrazo apretado como jamás le había dado en su vida adulta y deposito en su frente un calido beso, que esta recibió con lagrimas deslizándose por sus mejillas, su señor le había dado su bendición, ahora restaba un paso más con su sucesora y sería libre, « finalmente libre»pensó Irasue.
— Pero su marca, no la siento — Dijo él confundido entonces, sentía el tirón entre ambos desde siempre era cierto, ¿pero no debía sentir algo más?
— Ella te dijo que había un sello sobre ella, ese sello también ocultó con su poder la marca, cuando su cuerpo se purificó y su alma volvió a donde pertenecía, el sello ya estaba roto ella debe de tener una marca en su cuerpo solo que tu debes encontrarla ahora. Además siendo ella tan poderosa, debe de ser como ella, totalmente diferente a lo esperado — Dijo ella entonces pensando como ayudar a su cachorro en la tarea.
— Ella no saldrá dañada — Dijo quedamente, la orden era clara.
— No la dañaría jamás, amo a esa muchacha como si la hubiera parido, además es algo ridículamente sencillo — Dijo ella besando a su hijo en la mejilla y acariciando levemente a la mujer dormida en la frente. — Deberás ser cuidadoso con ella, Sesshomaru. Ella es una hembra fuerte y sabia, pero la vida la ha hecho fácil de herir, su corazón es sensible y muy noble, apóyala siempre y ella estará allí para ti pase lo que pase, no le des motivos para llorarte, dale motivos para amarte hijo, y ella será completamente devota a ti, como tu lo serás con ella — Dijo su madre antes de alejarse hasta la salida de la habitación con la visión de su compañera, su legitima compañera apretujada entre las sabanas. Su bestia rugía dentro de su cabeza haciendo casi imposible escuchar sus propios pensamientos, él la tendría, ella… como había sospechado era suya, suya para reclamar, para amar, para henchir con su semilla. Él la reclamaría y entonces nada ni nadie podría interferir entre ellos, se prometió mientras la burbuja se desintegraba lentamente. — Vamos cachorro, luego reclamaras a tu dama, ahora tenemos trabajo que hacer — Dijo Irasue desde la puerta viendo con orgullosa satisfacción a su hijo, y rogando a los cielos, que él se mantuviera fuerte, pues ella había visto y sabía muy bien que las cosas no serian tan fáciles para ellos como él creía, aun faltaba salvar a una raza entera entre otras cosas, y la creación del portal que los llevaría a salvo a otro mundo.
Durante una semana entera Sesshomaru permaneció en el Devas entrenando con ahínco y fiera determinación siempre con la mente puesta en Kagome, preguntándose por ella y obligándose a mejorar se dedico en cuerpo y alma a entrenar hasta alcanzar la perfección, como su nombre rezaba, solo para poder verla y calmar a su ansiosa bestia. Los otros dioses lo habían recibido como su linaje obligaba, como a un igual, pues él no era solo el representante de los youkai e incluso humanos aunque estos lo desconocieran por completo, si no el representante de ellos mismos en el plano humano.
En su refugio Kagome hizo tantas esculturas de vidrio para adornar el castillo del Oeste, desde las mazmorras a la torre más alta y en ese momento supervisaba con calma como la arena que había viajado desde la costa con un sencillo hechizo que había aprendido y perfeccionado en su entrenamiento en el Devas llenaba los barriles que estaban en su taller, tras llenar cada barril de diferentes tipos de arena para hacer su vidrio, Kagome terminó el hechizo dispuesta a embarcarse al delicado trabajo manual en su huerto, donde tenía varias hierbas medicinales y algunas verduras y legumbres, después de arrancar cada mala hierba y cosechar las verduras que estaban a punto, desenterró con sumo cuidado cada planta medicinal y las colocó en masetas de barro y cuentas de vidrio que había echo en los primeros días que había hecho de aquel lugar su refugio y las llevo una a una a la habitación que había acondicionado para aquella delicada tarea, hasta que el invernadero fuera una realidad.
Luego tomó a la sombra una buena jarra de te frío y siguió terminando las cosas que había estado haciendo aquella semana, vio a sus Inus a los lejos retozar bajo la sombra de un árbol que estaba perdiendo las hojas y vio hacia el cielo gris plomizo, aquella noche empezaría a helar con un poco más de esfuerzo para el próximo deshielo ella podría empezar a levantar el invernadero y no tendría que estar trasplantando sus preciadas plantas y corriendo el riesgo de perderlas.
A pesar de que los grados habían bajado considerablemente los últimos dos días, el húmedo calor que la asolaba tras el esfuerzo físico era insoportable, mas tras la breve pausa, siguió revisando los limites de su refugio, quemando hierbabuena y mejorana entretejida con mirra, sándalo y salvia, purificando las barreras puestas sobre el lugar, y reforzándolas con descargas de reiki continuas imbuyéndolas de energía, trazando nuevas runas y reforzando los círculos de cristales que rodeaban el área donde estaba sellando la energía con su misma sangre y varios sirios y rituales a la luz de la luna, había elevado plegarias y cánticos sagrados a los dioses y se había purificado a si misma religiosamente cada mañana y entrenado el control de sus poderes con la misma disciplina que se había impuesto cuando entrenaba con su abuelo y los Fujimiya, pues sabía que con el grado de poder que manejaba ahora sin su sello, que no podía darse el lujo de tener ningún escape de poder que pudiera llamar la atención sobre si misma, el anonimato era primordial para su supervivencia.
Noche tras noche había meditado sobre los pergaminos que Jaken había entregado a su cuidado y las ideas empezaban a formarse en su mente, pero sabía muy bien que aun necesitaba tiempo, era imperativo que ellos aprendieran a ocultar sus rasgos youkai antes de crear el portal.
Para la noche del séptimo día, las ideas habían empezado a tomar forma y el terrible vació que había dejado el Lord youkai en su misma alma era casi insoportable, ya no había forma de distraer aquella parte de si misma que clamaba, lloraba y suplicaba por él, por sentir su alma, su aura aunque fuera solo un segundo y calmar las ansias de estar en su presencia, aquella energía nerviosa que la hacia sentir como una extraña en su propio cuerpo y que no podía entender.
Kagome se encontró leyendo una línea de uno de los pergaminos de los custodios por tiempo indefinido, sin entender una sola palabra, finalmente renuncio a continuar, y con toda la calma que fue capaz de reunir, cerró los pergaminos con reverente cuidado, y los coloco uno junto al otro en la biblioteca que se había armado con la ayuda de Bokuseno, observo sin ver realmente la extraña imagen que su biblioteca mostraba, la mezcla de libros del futuro con los tomos de papiro escritos a mano que había ido recolectando en sus antiguos viajes mientras estaba a la caza de los fragmentos, los pergaminos que Kaede le había entregado a su cuidado junto algún que otro escrito de Miroku, era una imagen ciertamente extraña para cualquier persona de aquella época y por supuesto la propia, mas para ella, el epitome mas extraño de ambas épocas, era más que normal, dentro de su concepto de normalidad claro estaba.
— ¿Dónde estás, Sesshomaru? — Pregunto Kagome en voz alta inconcientemente, antes de registrar su pregunta y cerrar los ojos con fuerza colocándose una mano sobre los labios como queriendo callar y negar su propio desliz, después de una semana de luchar contra si misma para no pronunciar su nombre, tratando de acostumbrarse a su ausencia y al significado de ella.
Mascullo una maldición, antes de salir como una exhalación de su despacho personal, necesitaba hacer algo, correr, gritar, algo que la agotara, algo que le permitiera caer inconciente hasta el día siguiente y luego empezar una vez más, hasta que la idea de su ausencia entrara y se instalara en su terca cabeza, con esa idea echo a correr seguida a una distancia prudente de sus dos guardianes sin ser conciente de que sus marcas estaban brillando con intensidad y su reiki la envolvía como una nube azulada.
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El seco sonido del shoji al cerrarse fue el único indicio del regreso de los Inu gami al plano humano, con gráciles movimientos Sesshomaru e Irasue bajaron la escalinata, los tenues rayos de luna perfilaron la imponente figura del hombre que refulgía con el crudo poder que palpitaba en sus venas y se aferraba a él como una segunda piel. Irasue observo a su hijo henchida de orgullo, este era el hijo que le había dado a su amado compañero, perfección de los pies a la cabeza.
— Ve, cachorro. Kami sabe que es lo que deseas, un año lunar más y ella tendrá que guiarme... Ve con ella y recuerda, no debes presionarla demasiado, ella y solo ella es la única que puede decidir — Dijo Irasue acariciando la mejilla de su hijo, antes que este depositara un suave beso en su frente y envuelto en un orbe de luz se perdiera en la noche. — Ve con ella, cachorro. Aprovecha los momentos que puedan robarle a la vida, pues como yo, tu has visto que el camino no será fácil para ambos y fe hijo mió, ten fe con ella vas necesitar mucho de eso — Murmuró la hembra Inu antes de trasformase en su forma real, y soltar un aullido de llamada. En el Asura seguro él escucharía su nostalgia, sus ansias de reunirse con él, sentiría su amor, aulló nuevamente con los primeros copos de nieve cayendo sobre su prístina piel. «Pronto, mi amado, Touga, pronto»…
Sesshomaru ignoraba el natural llamado de su propia tierra a recorrerla, ignoraba a su gente e ignoraría todo por una vez en su larga y extensa vida, por que una sola cosa no podía ignorar por sobre lo demás y era el llamado de ella. La mujer que había estado en su pensamiento durante dieciséis mil ochocientos años humanos que había estado entrenado en el Devas, su bestia y él estaban desesperados por estar en su presencia por sentir su alma brillar sobre ellos, su reiki danzar sobre su piel, verse reflejado en sus ojos azules, escuchar su voz y con un poco de suerte sentir su piel contra la de el, bañarse en el olor de su cuerpo e incluso discutir con ella. Él había extrañado a su terca, voluntariosa y maravillosa mujer.
Solo ahora podía empezara entender el sufrimiento al que su propia madre había estado sometida durante siglos, solo ahora comprendía lo egoísta que había sido, al permitirle a su madre semejante sacrificio, por que si la extrañaba a este punto y aun no había puesto su marca sobre ella, ni conocía su cuerpo como deseaba, como ansiaba conocerlo, no podía imaginar el extremo de dolor y desesperación real que su madre y su padre en el Asura sentían al estar separados. Ahora pronto aquella separación tocaría su fin.
Aumentado su velocidad al máximo que había logrado en el Devas, cruzó el cielo como si de un cometa se tratara emborronando los copos que caían alrededor de él, pronto estaba en los bordes del bosque de Bokuseno, al tocar tierra observo con aparente aburrimiento sus alrededores, buscando con calma algún intruso alrededor del santuario de su compañera, al no encontrar ningún olor o presencia extraños avanzo con calma ignorando por completo a Bokuseno que seguía hundido en su letargo, caminó hasta las puertas del refugio de Kagome. Su energía lo bañó apenas cruzó su barrera, al entrar lo asalto el olor natural de su hembra, sándalo y lluvia con una pizca de miel y el olor de sus Inus.
Avanzó con calma buscando su presencia, hasta sentirla avanzando con rapidez alejándose de él, seguida de cerca por sus guardianes, sintió también una nota discordante en ella, «algo estaba mal»decidió antes de echar a correr hacia donde la había sentido entonces la vio, con un vestido azul rey y un chal blanco precariamente colocado sobre los hombros y el cabello suelto cayendo en alegres ondas azuladas como una cascada a su espalda observando los copos de nieve amontonarse en el piso de su patio trasero, su mirada azul perdida en algún punto; tan cerca de él y a la vez tan lejos, deseó que las cosas fueran diferentes y poder levantarla en brazos y demostrarle exactamente lo mucho que la había extrañado, pero sabia que no podía hacerlo aun.
— Se supone que cuando llegas a algún lugar, saludas — Dijo Kagome entonces sin volverse a mirarlo. Sesshomaru sonrió internamente por el regaño, aquella mujer tenía su propia forma de actuar y era eso lo que más le había atraído de ella.
— Se supone que la señora de la casa, tiene que estar atenta a recibir a su señor — Dijo él con toda intención.
— Buena cosa que yo no sea tu señora, ni tu mi señor, por que entonces ambos estaríamos en problemas — Dijo ella dedicándole una ligera sonrisa volviéndose a mirarlo de reojo.
— Kagome… —Saludo él secamente, reprimiendo las ganas de sacudirla por aquellas palabras, pues ella era ciertamente su señora y el su señor, que ella lo desconociera no le restaba merito.
— Sesshomaru… confío en que tuviste éxito — Contesto ella mirándolo y dedicándole una sonrisa genuina que llego a sus ojos dándole un nuevo matiz al azul de sus ojos cuando las diminutas chispas doradas brillaron con fuerza.
— Este Sesshomaru no conoce el fracaso — Contesto él observándola atentamente, bebiendo de la etérea imagen frente a el como si su vida dependiera de ello.
— Me alegro por ti. Me temo que yo no he avanzado tanto como quería con los portales, tengo varias ideas pero necesito comunicarme con Shippo o algún Kitsune, aun así creo que tengo una vaga idea de lo que necesitamos para iniciar esto — Dijo ella apartándose el cabello del rostro.
— Es bueno entonces que regreses al Oeste con este Sesshomaru —Señalo él extendiendo una mano llena de garras hacia ella. Kagome lo miro colocando su delicada mano en la mas grande de el sin titubear, antes de que él colocara su mano sobre su antebrazo y la guiara dentro del templo, lejos de el frío de la primera helada.
— No es bueno que este en tu fortaleza, Sesshomaru — Señalo ella con calma dejándose guiar dentro del templo deteniéndose solo para cerrar el shoji tras ellos.
— Tampoco puedes estar lejos, pues seria imposible coordinar lo que tenemos que hacer sin ti a mano, Kagome — Señalo Sesshomaru sintiendo la mano de la mujer temblar levemente sobre su antebrazo.
— Lo se, aun así no quiero ponerlos en riesgo, lo mejor será otro lugar, un punto medio — Dijo ella con calma tratando de controlar las ganas que tenia de abrazarlo y decirle lo mucho que lo había extrañado el era su amigo, su aliado, uno prácticamente casado, no estaría bien que ella se tomara esas libertades con el además no estaba segura si el apreciaría tal arrebato emocional.
— No nos pones en riesgo, no hay otro lugar donde podamos estar más seguros para planificar todo que en el Oeste — Dijo Sesshomaru deteniéndose junto a ella frente a la puerta de su habitación.
— Tal vez tengas razón aun así, no es buena idea, Sesshomaru por ahora será como tu quieres, pero no siempre será así — Advirtió ella con calma, soltándose de él y avanzando hacia la cocina. — Voy a cocinar, así que deja esa armadura donde no aplaste a nadie —ordeno ella avanzando con fluida gracia. Mientras Sesshomaru y su bestia miraban embelezados el sensual ondeo de las caderas de la mujer mientras se alejaba de él, inconsciente de lo que causaba con cada paso.
— Este Sesshomaru esta condenado — Murmuro para si abriendo la puerta de la habitación dispuesto a despojarse de la armadura, como su señora le había ordenado. Su bestia se encontraba en paz, en su presencia solo podía conseguir paz, incluso cuando ella ordenaba, o lo irritaba con algún comentario, su bestia y él siempre encontraban paz.
En la cocina Kagome apoyaba sus manos sobre la repisa y respiraba profundamente tratando de mantener la calma, por alguna razón se sentía mareada y demasiado llena de energía al punto que parecía a punto de explotar. Era por él, lo sabia en su corazón mas no podía darse el lujo de mostrarle lo mucho que su sola presencia la afectaba de aquella manera. Jamás había sido así con Inuyasha, cuando se había creído enamorada de él con quince años y llena de cuentos de hadas y príncipes encantadores, jamás había sido así de emotivo, de intenso; su corazón latía a con fuerza abrumadora. No le extrañara que Sesshomaru desde su habitación escuchara su desbocado corazón latir con tal intensidad, que no se sorprendería tampoco si este se salía de su pecho. El aire faltaba dentro de sus pulmones saturados con el aroma de el, sus manos hormigueaban, picaban de tocar su piel, sus cabellos, sus labios pulsaban con la necesidad de besarlo, su mismo cuerpo se sentía pesado, quería ser abrazada, besada simplemente amada, mas no por cualquier hombre si no por el, siempre por el, el único que había anhelado como solo una mujer anhela a un hombre. Sesshomaru, el hombre, el youkai que amaba y que pertenecía a otra, para variar su suerte una vez más imponiéndose.
Con un par de respiros más, Kagome destapo la carne que había dejado marinando antes de su fracaso con los pergaminos, abrió el horno de ladrillos que había construido y contó seis bolas de arroz y decidió que una ensalada estaba a la orden, se lanzo en la faena de hacer una ensalada y una sopa de miso, sin ver a Sesshomaru en el umbral de su cocina observándola con atención, con los ojos rojizos siguiendo con hambre cada movimiento de ella.
— Estas distraída, Kagome — Señalo Sesshomaru entrando en la cocina y tomando asiento en la misma silla que había usado desde que llegara a aquel lugar por primera vez, observo los brazos desnudos las delicadas marcas de magia formando arabescos en sus hombros y muñecas y el chal sobre el respaldo de la silla frente a el.
— Estoy pensando — Contesto ella sin decirle exactamente la verdad, seria un poco difícil explicarle lo que ella necesitaba de él, sin decirle como se sentía ella respecto a él. Lo que al final traería más complicaciones entre ellos, que tal vez destruirían la amistad que había nacido entre ellos.
— ¿Qué piensas, Kagome? — Pregunto Sesshomaru curioso y deseoso de saber lo que ella pensaba.
— ¿Cómo haces para cambiar a tu forma real y luego a la humanoide? — Dijo ella de golpe pensando en la primera pregunta que se había planteado en hacerle a Sesshomaru, de esa forma no estaba mintiendo por completo.
— Solo permito a mi bestia tomar el control de mi youki, así la imagen de mi forma real, se vuelve real en este plano, luego tomo el control por completo y permito el cambio a lo que ves — Contesto con calma sintiendo una sensación extraña en el ambiente.
— Espera un segundo, explícame bien eso, detalles, Sesshomaru por favor — Pidió Kagome ahora genuinamente interesada, removiendo ausentemente la olla con la sopa un momento, antes de dedicarse a la delicada tarea de cortar la carne en finas laminas.
— Es simple. La bestia representa los instintos más básicos sin control alguno, el lado salvaje de este Sesshomaru, así que para mantener un férreo control sobre la bestia, este Sesshomaru Ha colocado una serie de cadenas para controlar a la bestia — Explico con calma observándola filetear con experiencia la carne, dividido entre el deseo de probar la carne que cortaba o morderla a ella. — Cuando cedo cierta cantidad de control a la bestia, el youki de este Sesshomaru se libera por un momento con gran parte de su poder, así moldeo esa energía en mi verdadera forma. — Explico con calma, viendo el ligero balanceo de las caderas de la mujer cuando se volvió a mirarlo, y obligándose a arrancar la mirada de sus caderas y fijarla en su rostro pensativo.
— ¿Como moldeas tu energía para trasfórmate en tu bestia, me refiero que haces le ordenas trasformarse, la obligas a moldearse? — Pregunto ella con calma olvidando por completo la comida, su mente trabajando a miles de kilómetros por hora, las ideas a medio formar estaban tomando forma conforme escuchaba a Sesshomaru, era como si su sola presencia hubiese eliminado de raíz el bloqueo mental que tenia.
— La bestia y este Sesshomaru es una sola entidad, Kagome. Este no puede ordenarle mas de lo que él puede ordenar a este Sesshomaru, no puedo obligarle a nada ni el puede obligarme, simplemente trabajamos en conjunto — Explico él con calma observando como sus ojos azules brillaban viendo sin ver realmente a un punto junto a el, era obvio para el que la había visto a si antes, que la mujer estaba analizando sus ideas a marchas forzadas.
— Ok, me disculpo si los ofendí, pero necesito saber, Sesshomaru exactamente que piensas cuando te trasformas, fuera de la próxima victima claro está — Pregunto ella, mirándolo entonces a él fijamente, en sus ojos podía verse que estaba hablando en serio.
— Este Sesshomaru piensa en su bestia, la ve como es desde las garras hasta la cola, entonces el youki fluye por el cuerpo junto con la sangre y permito la transformación, de igual forma cuando quiero recuperar la forma que vez, solo veo lo que quiero hacer con mi energía. — Explico finalmente comprendiendo lo que ella quería saber sin ofenderse por lo de lavictima, después de todo ella solo lo había visto trasformarse para atacar.
Kagome lo miro fijamente antes de volverse y a apagar la olla, dejar el cuchillo de lado y limpiarse las manos pensativa y meticulosamente con un paño y caminar hasta quedar justo frente a él, con la expresión en blanco.
— ¿Estas diciéndome, que lo único que haces es… visualizar la imagen que quieres proyectar y dejar fluir tu youki? — Dijo ella mirándolo perpleja y no sin razón ella siempre había creído que aquello era más complicado y resulta que al final no lo era tanto.
—Técnicamente si — contesto Sesshomaru sin comprender la impasibilidad de su expresión.
— Muéstrame — Dijo ella mirándolo fijamente.
— Destruiré tu refugio — Contesto él.
— No, me refiero si puedes trasformar tu cuerpo de una bestia gigante a lo que estoy viendo ahora, ciertamente puedes hacer algo más como… esconde tus marcas — Dijo ella sin pensarlo.
— ¿Me estas pidiendo que haga trucos para ti? — Preguntó perplejo y de cierta forma ofendido.
— ¿Qué?... No, Sesshomaru, no entiendes, si puedes ocultar tus marcas entonces no será tan complicado esconder a los youkai, si logramos enseñarles a ocultar sus rasgos youkai, sin que haya algún artefacto de por medio que pueda caerse, romperse, dañarse y descubrir todo el pastel sería perfecto — Explico ella explotando en una vorágine de energía nerviosa. — ¡Muéstrame si puedes ocultar tus marcas! — Pidió entonces tocando el dorso de su enorme mano con la de ella, sus ojos brillando con el inequívoco aire de suplica.
— ¿Qué vas a darme a cambio? — Pregunto entonces apresando su delicada mano.
— ¿Cena? — Dijo ella estallando en una risa nerviosa que la molesto e hizo sentir ridícula. — Vamos, Sesshomaru... ¿que voy a darte a cambio?, una oportunidad a ti y a toda tu raza de sobrevivir, de conseguir su propio mundo sin renunciar por completo a este, ¿que voy a darte?... vida — Contesto ella enseriándose.
— Vida… —Murmuro él entonces con una emoción que ni ella ni el pudieron darle nombre. Entonces sin soltar su mano, Sesshomaru permitió su energía fluir y Kagome vio con fascinación sus marcas de nacimiento desaparecer una a una dejando el rostro de Sesshomaru libre de ellas, como si jamás hubiera estado sus marcas allí.
Kagome estaba demasiado fascinada para registrar sus propias acciones, como inconcientemente había liberado su mano del agarre de Sesshomaru y acercándose aun mas a el quedando entre las largas piernas del youkai, deslizando sus propias manos por el rostro libre de marcas del lord youkai.
Mientras por otra parte, Sesshomaru estaba luchando contra sus propios instintos que le rogaban tomara a la mujer de una vez, sometiéndose a la dulce tortura que sus suaves manos ejercían en su rostro, dejándolos a su bestia y a él, jadeantes y temblorosos como cachorros recién nacidos.
La mirada azul de Kagome estaba completamente fascinada mientras sus manos se deslizaban por los planos de su rostro, dibujando con la punta de sus finos dedos las marcas que estaban ocultas de su vista, pero que seguían allí tan sensibles al tacto como siempre, el rugido de su bestia con cada caricia era tal que le hacia imposible escuchar sus propios pensamientos, y cuando registro sus acciones le fue imposible detenerse.
— Kagome — murmuro con la voz grave cargada de una oscura promesa que ella en su completa inocencia no comprendió, aferrando las manos de Kagome apartándolas de su rostro con el poco control que tenía sobre si mismo en aquel momento, ella lo miro perpleja comprendiendo finalmente que había estado tocándolo libremente. El sonrojo de bochorno en su rostro fue la cosa más hermosa que él había visto y extrañado de ella durante la prueba que los dioses habían puesto para ella. La nota de vergüenza agriando su olor natural solo llamo a su ira.
— Yo… yo. Lo siento, yo… solo, no se que me paso, Sesshomaru siento mucho haberte ofendido — Se disculpo ella atropelladamente bajando la mirada hacia el amplio pecho del youkai, incapaz de mirarlo a la cara de la vergüenza, cayendo en cuenta de lo que había estado haciendo, y sintiendo deseo de soltarse de un tirón del agarre de acero que Sesshomaru mantenía en sus muñecas y empezar a abofetearse mentalmente por haber perdido los papeles de esa forma. Estaba genuinamente avergonzada y molesta consigo misma. Ella sabia que el no toleraría que se tomara libertades con él, y era lo primero que había hecho se sintió increíblemente estupida se dispuso a lanzarse en una retahíla de disculpas nuevamente cuando el feroz gruñido que parecía retumbar del pecho del youkai que mantenía sus muñecas cautivas la hizo levantar la vista de golpe, chocando con un par de ojos rojos que la miraban fijamente. Kagome sintió el corazón caerle a los pies, al ver sus marcas sobresalir en su hermoso rostro, « ¿Tanto así le había ofendido su acción que su bestia luchaba por alcanzarla y aplastarla como a un insecto?» se pregunto dolida.
Sesshomaru la miraba conteniendo a duras penas la necesidad de rugir, ante su tentativa de disculparse por darle aquel inocente placer, dolido por su necesidad de disculparse por algo que estaba en su derecho de recibir, exigir y disfrutar de ella. Se sentía ofendido con su muestra de vergüenza, él quería que ella se sintiera cómoda con él, que se acercara a él, que buscara activamente su tacto, su consuelo en él, solo con él.
Recibir aquella reacción después de haber disfrutado de su completa fascinación y su inocente tortura, era una muestra dolorosa para él de las trabas que tendría que eliminar entre ellos, su bestia estaba herida como él por la reserva que ahora conciente de sus acciones ella mostraba, él deseaba sus manos su cuerpo y toda ella en contacto con cada centímetro de el.
Vio sus enormes ojos azules opacados con profunda tristeza antes de echar su rostro hacia la derecha permitiéndole acceso a su nívea y tersa clavícula izquierda encendido sus pasiones de un tirón, mostrando no solo una señal de sumisión común y silvestre, si no una exclusivamente que se daba entre compañeros, pues era allí del lado del corazón, en la unión de hombro y cuello, donde la marca de apareamiento tendría su lugar en el cuerpo de su legítima compañera.Ella, solo ella, a otra le habría arrancado la cabeza ante aquella acción, intento vil y ofensivo de restarle derecho e importancia a su compañera pero a ella la disfrutaría como era su derecho, decidió con un gruñido de satisfacción de su bestia, empujo a Kagome contra él atrapándola efectivamente entre sus piernas aferrando sus caderas con sus grandes manos llenas de garras y deslizándolas con tortuosa lentitud hacia su estrecha cintura y espalda, obligándola a apoyar su tembloroso cuerpo lleno de las lujuriosas curvas que el estaba dispuesto a explorar y disfrutar en su momento, contra el duro cuerpo de él sintiéndose arder allí donde se tocaban.
Entonces con deliberada lentitud deslizo su rostro desde el nacimiento de sus pechos llenos, hasta su clavícula izquierda seguido posteriormente de su cuello, deslizando pecaminosamente su lengua desde la base de su cuello donde pretendía colocar su marca, hasta su oreja izquierda deleitándose en cada temblor que el inocente cuerpo de la mujer que tenia entre brazos daba contra él y el picante aroma que nublaba sus sentidos y le empujaba a seguir explorándola aún más hasta tomar de ella, todo lo que anhelaba y mas, su bestia rugía y la sangre le atronaba en los oídos, su corazón bombeaba sangre con fuerza tal que estaba seguro que ella podría escucharlo.
— Se…Sessh…homaru — Dijo Kagome entrecortadamente. Luchando contra el fuego que parecía consumirla y que el había desatado en ella con sus extrañas reacciones. Su mente era un revoltijo de ideas y de palabras inconexas, solo una idea parecía relucir con fuerza en su mente espantándola de los pies a la cabeza "lo deseaba, como una mujer deseaba a un hombre,ella lo deseaba" y eso la aterraba. Deseaba por poner fin a aquella tortura que no parecía tener fin, pues el seguía lamiendo un punto en la base de su cuello que la hacia sentir como un flan a punto de derretirse. Kagome lucho contra las olas de calor que atravesaban su cuerpo y descubrió espantada que era deseo" y lucho por recordar a la mujer, el dechado de virtudes, la compañera de Sesshomaru. La UNICA que tenía derecho a estar entre sus brazos, la única que tenía derecho sobre él.
— ¿Acostumbras a hacer esto con cada mujer que te toca, en modo de castigo? — soltó Kagome forzando un tono jocoso. Sesshomaru se arranco del placer de probar su piel, sabiendo que no debía tentar su resistencia con aquella mujer.
— ¿Consideras que te castigo? — Pregunto Sesshomaru. Obligándose a soltarla, forzando sus palabras a través del nudo de deseo que aferraba su garganta.
— No lo sé, pero si querías hacerme sentir avergonzada, muy bien lo lograste, ¿que diría tu dechado de virtudes si te viera en estas? — Pregunto Kagome con las manos en las caderas, antes de apartarse con una calma que no sentía y eventualmente cuando choco contra la encimera donde había estado preparando la carne, se dio la vuelta con las piernas temblorosas y tomar el cuchillo dispuesta a terminar de cortar la carne rogando no terminar cortándose un dedo por como le temblaban las manos.
Sesshomaru la observo complacido al igual que su bestia por dejarla en semejante estado y contuvo las ganas de rugir y decirle abiertamente que su dechado de virtudes estaba en ese momento temblando como una hoja frente a él, pero ya había sido advertido que empujarla demasiado solo la alejaría de él.
— Posiblemente no le importaría — Contesto él con calma.
— Oh claro que le importaría. Solo que a ti no te arrancaría la cabeza directamente, esperara pacientemente hasta que estés confiado, entonces se las pagarías con creces, en cambio si me viera a mi, me habría dejado hecha una pila de huesos triturados después de darme una buena masticada y escupirme — Mascullo ella obligando a su mente a funcionar y a su cuerpo a calmarse, estaba segura que el podía oler perfectamente lo que le había echo, así que aun muerta de la vergüenza no le daría el gusto de dignificar sus acciones reconociendo abiertamente lo que su cuerpo traidor estaba anunciando alegremente.
— No creo que mi dechado de virtudes, como tu la llamas sea así. Tu no reaccionarias así — Dijo él con toda calma contando mentalmente los segundos y esperando ansioso la explosión que no se hizo esperar. El reiki de la mujer exploto como un estallido de furiosa luz azul haciendo resonar cada utensilio y casa rincón de aquel lugar, danzando sobre su piel enviando impulsos de doloroso placer, la vio dejar con sumo cuidado el cuchillo que había estado usando y volverse a mirarlo con los ojos encendidos de poder crudo que crepitaba y danzaba sobre su piel y ondeaba sus cabellos como si estuviera en medio de un vendaval.
— ¡No me pongas en un maldito pedestal Sesshomaru, no soy una santa, yo habría reducido a cenizas a cualquiera que se atreviera a poner sus manos sobre lo que considero MIO, no te equivoques, luego de terminar con ella, yo si te habría pateado el ego y con seguridad te habría mandado al carajo! — Dijo ella con la garganta cerrada de cruda ira.
Sesshomaru y su bestia la miraron perplejos, esperaban picar su orgullo un poco, no esperaban una explosión de fría furia que era lo que al final habían obtenido. Comprendieron entonces el concepto acertado de que nada es más peligroso y espeluznante que la furia de una mujer. Kagome era el ejemplo que debieron haber tomado, su reiki pesaba sobre él y su aura ahora oscura como la noche sin luna enviaba escalofríos al alma del lord youkai erizando los vellos de su cuerpo.
— Pues humillarme por un hombre que puede simplemente cambiarme por la primera que pase frente a él no va conmigo, soy una mujer del futuro no me criaron para rogar amor, me criaron para merecerlo y esperarlo, y si es traicionado es mejor cortar de raíz y seguir con lo que quede de mi — Finalizo ella retrayendo con obvia dificultad su reiki dentro de su cuerpo al comprender avergonzada que se había cegado estúpidamente.
— No fue mi intención…
— Lo se y lo siento, creo que mis emociones ahora que las tengo de regreso son un poco más duras de controlar en ese punto en particular, se que no estabas tratando de ofenderme, ni estabas tratando de hacer menos a tu compañera o a mi, solo que… no se enloquecí por un momento y me disculpo — Lo corto Kagome presionando el dorso de su mano contra su frente, justo donde la estrella de cinco puntas estaba. — ¡Diablos, estoy… loca! — Dijo volviéndose a terminar la cena, sin ver a Sesshomaru observándola sin pestañear como el depredador que era, con el deseo brillando abiertamente en sus doradas orbes.
Su bestia y él se sentían complacidos con su estallido, a pesar de ser una completa y grata sorpresa, saber que ella seria tan posesiva con él, como él con ella, era un placer y un gusto que no se negaría jamás, y conocer que ella seria capaz de abandonarlo si sentía que le faltaba de alguna forma, lo ponía sobre aviso a espantar a cuanta hembra lujuriosa se atravesara en su camino sin chistar, pues no se arriesgaría jamás a perder a su compañera a favor de ninguna otra, pues estaba seguro que ella con su infinita terquedad se las arreglaría para mantenerse alejada de él si así se lo proponía, sin importar cuan doloroso fuera para ambos. La mujer era terca y tan orgullosa como él mismo. Además él la quería a ella, la deseaba a ella, la amaba solo a ella. Kagome Higurashi y nadie más.
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Las aldeas ocultas de los Kitsune Inari ya se habían reunido en consejo. El Kyubi Inari estaba frente a ellos, ver al alto guerrero con sus colas ondeando orgullosamente tras él, era una imagen digna de ver. La ferocidad en los ojos verde del joven Kyubi mientras relataba sus andanzas y su parte en el grupo de la mujer sagrada que se decía, era la campeona de los dioses y la Señora del Oeste, era una experiencia que los ancianos del concejo Kitsune estaban agradecidos y orgullosos de escuchar. El relato del joven fue oscureciéndose hasta el desenlace final tras el fin de su cautiverio en manos de la bruja ladrona de almas, y su posterior reunión con la sagrada mujer que lo había criado y protegido como una verdadera madre.
Tras escuchar sus palabras las pruebas empezaron a ejecutarse, bajo la promesa de colaboración inmediata una vez el joven se lanzara a tomar el control de las nueve casas, una vez aceptado, firmado y sellado el tratado, los heraldos de Inari se lanzaron por todos los rincones a dar la noticia de la toma de Shippo el Kyubi de Inari, el príncipe de los Kitsune, hijo de la mujer sagrada, aliado del Inu Kami y las tres casas cardinales de los youkai.
Duras pruebas se desarrollarían antes de alzarse con cada casa mientras tanto, los Kitsune colaborarían con la causa de salvar a los youkai en pleno. Pues nada podían negarle a la mujer que tanto había sacrificado por ellos, menos aun cuando ella misma había protegido a el máximo guerrero de la diosa Inari ganando a si la lealtad absoluta de los recelosos Kitsune.
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Mientras la situación de los humanos era cada vez más alarmantes. El numero de muertes por los conflictos entre los samurai iban creciendo con alarmante rapidez. Los samurai viendo lo inútil de atacar a campesinos sin fortuna, ni nada que pudiera darle poder alguno a sus señores, habían empezado a mirar con recelo a los youkai codiciando silenciosamente sus tierras, sus riquezas y por supuesto, sus poderes y longevidad tan cegados por la envidia, que eran incapaces de notar el leve desplazamiento que los youkai habían empezado lentamente hacia sus respectivas casas cardinales, abandonándolos lento pero seguro, alejándose poco a poco de los humanos sus codicia, y guerras inútiles, iniciando la desaparición de su clase con extrema sutileza, abandonando asi lentamente su mundo.
N.A: Agradecería mucho que se tomaran el tiempo en dejar un review con su opinión, pensando en el tiempo que me he tomado en tejer esta historia que comparto con ustedes.
Atte.
Yo.
Gracias.
Owari.
