Capítulo 26: "Regreso"

Positivo, positivo, positivo, positivo.

Kagome palideció mortalmente y entonces se desvaneció, ella se quedó en el frio piso del baño, desmayada y con la prueba de embarazo aun en la mano.

En ese instante, Inuyasha ya se encontraba en pie, frente al espejo, terminaba de acomodarse la corbata para volver a la empresa, como lo venía haciendo las últimas semanas después que su padre se recuperó, cuando sintió de pronto una aguda y dolorosa punzada en el pecho, exactamente, en el corazón. Se llevó la mano a él y murmuró un "¡ay!" mudo, arrugó la frente y se encorvó levemente, esperando que el dolor desapareciera. Pensó, si es que acaso él tendría problemas cardíacos igual que su padre, pero concluyó de inmediato que era imposible, puesto que era muy joven aun como para heredarlo, se tranquilizó porque tampoco sentía otro dolor en el cuerpo y sabía además que cuando venía un ataque al corazón el brazo izquierdo se inmovilizaba.

El dolor cesó poco a poco, entonces fue capaz de moverse y desabotonar la camisa para poder respirar mejor, resopló e hizo una mueca, porque aunque el dolor se había ido, quedaba el recuerdo de aquella dolorosa punzada. Entonces suspiró largamente, hasta que ya no quedó señas del dolor, se incorporó preguntándose qué había sido eso cuando sus ojos se desviaron y vieron, aun en su cuello, el rosario que ella le había obsequiado.

No es que no lo viera todos los días. Claro que sí, pero desde lo de su padre y aquel arreglado compromiso, se obligó a no pensar más allá, no pensar más en ella, o en lo que habían tenido en esa isla, no más, para así no sufrir como los primeros días de su separación. El imaginar que Kagome ya sabía que él se iba a casar y que por eso no contestaba sus llamadas, daba por concluido el asunto ¿para qué seguir? No quería herirla, aunque seguramente lo estaba… y él no seguiría torturándose, aceptaría cumplir con su deber, devolvería la honra, el prestigio y recuperaría todo el dinero perdido debido a sus actos pasados.

Bloquear los días en esa isla, a Kagome, a su madre, era algo que simuló creer fue un sueño, porque todo volvió a la "normalidad", a como era antes. Estaba en su lujoso apartamento con espectacular vista, seguía a cargo de las empresas y sus empleados se atemorizaban cuando lo veían, se codeaba nuevamente con la gente más influyente y aristocrática del mundo, volvía a las fiestas y presentaciones pues su presencia era muy bien vista y más aun, con la joven y bella novia que tenía y con la cual ya habían fijado fecha de matrimonio. Para eso faltaban 2 meses más.

Pero ahora estaba aun, tocando con la punta de los dedos el rosario y sintiendo su corazón latir desbocado, sus ojos dorados se centraron en su propio rostro reflejado en el espejo, un sensación de vacío infinito se apoderó de él, de melancolía, tristeza, el nudo amargo y doloroso se hizo presente en su garganta cuando volvió a recordarla, ella, sonriente y llorosa, momentos antes de su despedida.

Inuyasha volteó y su mano se aferró aun más su rosario, como si de pronto, abriera los ojos y se enfrentara a la realidad que estaba escapando. Estaba ahí, vestido de traje, realizando la misma odiosa rutina, codeándose con aquella detestable gente, sonriendo con hipocresía a personas que sabía le envidiaban u odiaban por su poder a tan temprana edad… y fingiendo que sentía algo por su prometida… cuando, sabía, jamás sería así.

Y todo eso tenía que hacerlo por su padre y porque tampoco se perdonaba el ocasionarle un sufrimiento, cuando el anciano había hecho todo por ayudarlo. Remordimiento, culpa, sentido del deber, eso era lo que había dejado que su mente dominara, aplacando su tristeza y frustración por no poder volver y rehacer una vida en Santorini, como había creído.

El teléfono sonó, sacándolo de sus pensamientos y también de la inquietud y melancolía que comenzaba a dominarlo, su rostro adoptó la expresión seria y malhumorada de siempre.

- Ah, Miroku…- Masculló-… sí, sí, estoy casi saliendo ya… ¿qué?…- Arrugó el ceño-… pues dile que deje los catálogos, más tarde me reuniré con Kikyo y veremos qué lugar elegimos… esta bien, hasta pronto.

Viaje de bodas. Eso le avisaba que debía tomar las cosas más en serio. Se llevó la mano al rosario y tuvo la intención de arrancárselo del cuello, pero aunque sus dedos se aprisionaron en las cuentas, él no tuvo la fuerza para quitarlo, otra vez. Tenía que hacerlo, tenía que mantener lejos el recuerdo de ella como fuera, cerró los ojos con fuerza y otra vez intentó arrancarlo, pero a último segundo no pudo hacerlo. Quizás, inconscientemente no quería hacerlo para no tener que olvidarla completamente… quizás era lo único que le quedaba ahora de Kagome… eso y sus… recuerdos, que había almacenado en lo más profundo de su memoria y que volvían a salir a flote otra vez…


Pestañeó varias veces, sintiendo el cuerpo agarrotado y frio, reconoció el baño y antes de preguntarse qué había sucedido, su mano palpó algo que le llamó la atención, al ladear la cabeza vio el test de embarazo aun en su mano, mostrando aquellas dos barritas rojas que le develaba una noticia que cambiaría por completo su vida. De inmediato volvió a la realidad y su corazón saltó de temor dentro de su pecho, se sentó en el piso y se quedó mirando por un buen rato el test.

No había duda. Estaba embarazada y cuando fue consciente de eso se aterró, llenándose sus ojos de lágrimas.

¿Embarazada? ¿embarazada? Oh ¡Kami Sama! Ella embarazada… pero… ¡qué iba a hacer! Se sonrojó de vergüenza y tuvo miedo al pensar en la madre de Inuyasha, Su Señora. Había abusado de su confianza, había sido desleal y… oh, Kami… ¡estaba embarazada de él! Él que ahora se iba a casar con una mujer de su esfera, su clase social… embarazada y ni siquiera sabía cómo se mudaba un bebé, o criarlo… o… ¡mantenerlo! ¿Qué iba a hacer? ¿Qué iba a hacer? No podía quedarse en esa casa, Su Señora se moriría de horror cuando supiera la verdad, porque una madre es una madre y siempre espera lo mejor para su hijo, además ella sabía que Inuyasha se casaba y estaba conforme con esa decisión ¿qué iba a hacer? No podía estar sola en esto, ella ni siquiera tenía una madre, una hermana o un pariente cercano a quien solicitar ayuda… si apenas había salido del colegio y casi ni sabía de la vida ¿qué iba hacer? Entró en pánico y quiso gritar y llorar por la desesperación, le aterraba imaginarse embarazada y sola, teniendo el bebé en quizás qué parte, sin tener dinero para un hospital, comida, medicinas o…

Miró a su alrededor. No tenía sentido lo que estaba pasando ¿por qué? ¿por qué a ella? ¿por qué ahora esto? Sin duda, por ser una loca que se dejó llevar y engañar por aquel hombre que dijo que la amaba, que se quedaría a su lado… porque el amor la cegó y confió en sus palabras y no pensó en consecuencias, tan sólo quería ser feliz, feliz…

¿Y ahora? Lo que más dolor le causaba, era el de sentir que había abusado de la confianza de Su Señora Izayoi. ¿Cómo la iba a mirar a la cara? Qué iba a decir de ella… cuando se enterara…

Evitó llorar y se quedó ahí, sentada, con la prueba de embarazo aun en su mano, tratando de pensar qué debía hacer, cómo iba a seguir adelante ahora… todo el mundo preguntaría quien era el padre… y se desilusionarían de ella…

Tragó con fuerza y apoyó la espalda en la pared, no era capaz de mantenerse en pie porque sentía el cuerpo tembloroso y como sus huesos se hubieran convertido en esponja. Sabía que era debido al gran miedo que sentía ahora, a la desesperación de no saber qué hacer, cómo sobrellevar algo así… ahora tendría que quedarse por siempre con el recuerdo de Inuyasha… aunque eso último, fue más un consuelo, que de alguna forma llenó un poco el vacío que sentía en su alma con la ausencia de Inuyasha.

- Ya que estas aquí… ¿podrías plancharme esta camisa?

- ¿No puedes? ¿no eres la sirvienta?

- ¡Maldita! ¡perra! ¡Te aprovechaste de mi posición! ¡sólo deseas mi dinero! ¡Bruja!

- No me llames Amo Inuyasha, por favor.

- Admito que cuando llegué a este lugar lo odiaba… o más bien… tenía resentimiento de él.

Entonces Inuyasha se acercó hasta tocar su pecho con el suyo, deslizar su mano por su cintura, atraerla aun más a su cuerpo y posar inesperadamente sus labios sobre los suyos sin permitirle acaso reaccionar con una protesta. Una protesta que duró un par de segundos en su mente y que luego desapareció, así como todo a su alrededor, entonces Kagome cerró los ojos y respondió al beso que le paralizó el corazón.

- Bueno ¿vas a subir o que?

- Estabas… ¿llorando por mí?

- No juego contigo… querida Kagome… no juego contigo…

- Lo llevaré donde se debe llevar…- La miró con una sonrisa-… así te tendré siempre junto a mi… muchas gracias, lo cuidaré por siempre.

- Yo te quiero… demasiado, nunca te lastimaría ¿Qué no te das cuenta? ¡He cambiado!- Sonrió- ¡Y es por ti! Llegué a esta isla lleno de odio y rencor… y por ti… por ti soy otro… - Frunció el ceño y dejó de sonreír-… no soy como mi padre… soy un Taisho pero no soy como él ¿entiendes? Yo nunca te lastimaría… ni dudaría de ti… ni… te dejaría…

- Promesa de Taisho. Pero de un "nuevo" Taisho.

- ¡Eh! ¡Kagome! ¡Vamos! ¿qué esperas? ¡Apúrate! Quítate ese grueso vestido y ven aquí ya.

- Tranquila… iremos con calma… lo siento… perdón… pero… espero que algún día… si decides… entregarte a alguien… sea a mi… claro, cuando quieras por supuesto. Esperaré.

- Voy a contarte algo, Kagome… Pensé que podría hacer cualquier cosa, dominar lo que quisiera, jugar lo que quisiera… pero… alguien fue más astuto que yo… ella… Kagura… me acusó de haberla embarazado… y lo reveló a todos en el mismo cumpleaños de mi padre. ¡Es mentira! Una trampa de esa perr… Me emborrachó para hacerme creer que habíamos tenido sexo… pero no fue así… lo sé… pero no le importó, siguió adelante con la mentira… los medios obviamente se enteraron de cada detalle… fui la burla de todos… Kagura era para mi sólo un pasatiempo, pero jamás uniría mi vida a ella como pretendía… incluso mi padre quería que hiciera eso… ¿Sabes cuanto la odié? Porque a pesar de su belleza era una arribista, una… vulgar… alguien así se aseguró con decir que tendría un hijo mío, de forma que pudiera acceder a mi fortuna… - Hizo una mueca-… el embarazo… la más antigua y ruin de las tretas femeninas para cazar a un hombre millonario. Eso fue lo que pasó… vine hasta acá… esperando recuperar… la calma… la cordura… y también… esperaba vengarme de los que me habían lastimado. Esa es la verdad. Vine hasta aquí esperando idear un plan para poder vengarme… créeme… no he tenido el tino para hacerlo… porque en lo único que he podido pensar… todo este tiempo… ha sido en ti.

- ¡Feh! ¿para qué? No tengo nada que hacer allá. Quiero comenzar una nueva vida aquí.

- Te amo…- Murmuró Inuyasha de pronto.- Sólo quiero estar contigo… por siempre, Kagome. Oh… por favor… ámame… ámame…

- Debí… protegerte… y protegerme…

- Después de todo… creo que… esta casa sería un buen hogar para los dos… ¿no lo crees?

- Sólo será un par de días… pondré todo en orden allá… hablaré con mi padre… quien sabe si hasta se le ocurre instalar una empresa naviera por acá jaja…Cuando solucione y arregle todos mis pendientes allá en Tokio, regresaré para siempre a ti, lo prometo.

Lo prometo… lo prometo… lo prometo…

Podía escuchar el susurro de su voz cerca de su oído. Y fue con esas palabras que se despertó, cuando el sol comenzaba a salir en Santorini, no sentía el cuerpo de tan frío que estaba, la cabeza le daba vueltas y pesaba, quiso moverse y dio un pequeño quejido, sabía que le costaría ponerse de pie debido a lo débil y enferma que se sentía, afirmó las manos en el suelo para ayudarse y entonces escuchó el sonido de algo que caía de la palma de su mano, volteó el rostro y vio la prueba de embarazo. De inmediato despertó completamente y comenzó a jadear. Había pensado, en los primeros segundos de haber despertado, que era una pesadilla, pero ahora súbitamente comprobaba que era verdad. Se volvió a quedar sentada en el suelo y tomó nuevamente el test.

Estaba embarazada y eso era consecuencia de sus actos. Tenía que afrontarlo, asumirlo, después de todo ¿qué más iba a hacer? La criatura que llevaba dentro no tenía culpa de nada, estaba sola, eso era cierto, tendría que hacer bien las cosas ahora. Ya no más ingenuidad… no más comportarse como una tonta chiquilla que creía en todo y en todos… tragó con fuerza, el miedo volvió a apoderarse de ella pero intentó tranquilizarse, pensar… positivo… se prometió salir delante de todo eso, como fuera… no tenía más alternativa.


- ¿Qué prefieres, cariño? ¿Maguro Teriyaki? Yo quiero sunomono de perdiz.

Inuyasha alzó una ceja observando el plato que era de la preferencia de esa mujer. Perdiz escabechada con algas. Nada apetitoso al menos para su paladar. Le entregó la carta al garzón que los esperaba en silencio a un lado y dijo:

- Maguro Teriyaki para mi… y un algo de champán… gracias.

La mujer le entregó la carta también al garzón y entonces se acomodó en la silla, miró a Inuyasha y su corazón latió con fuerza, casi no creyendo que estaba cenando ahí, con él, con el hombre que tanto tiempo había amado en silencio y que ahora, era su prometido y muy pronto se iban a casar… todas sus fantasías se harían realidad.

Estiró su mano para alcanzar la de él que reposaba sobre la mesa, quería sentir su piel, y percibir su calor, Inuyasha la miró con sus hermosos ojos dorados y le sonrió. Kikyo supo que esa sonrisa era fingida, entonces quitó su mano de la suya con irritación.

- Si no querías venir, podrías habérmelo dicho.

El hombre alzó una ceja y la contempló. Kikyo era callada, muy fina, educada y elegante, pero horriblemente orgullosa y mimada, aunque su amor hacia él era verdadero y sincero, no soportaba que Inuyasha la tratase con tanta liviandad o desprecio. No lo merecía, ella, la heredera más cotizada de Japón, la mujer más hermosa del país, lo había elegido precisamente a él… así que esperaba que Inuyasha se comportase de acuerdo a las circunstancias.

- ¿Por qué lo dices?- La cuestionó. Intentó relajarse y no perder la paciencia, al fin y al cabo, no se merecía ella su malhumor.

- Por que se nota que estas en este lugar por compromiso.-Masculló, volteando el rostro con indiferencia.

El joven hombre la observó y deseó poder decirle: "Todo es compromiso", incluso el noviazgo que llevaban. Kikyo sabía que él no la amaba con la misma intensidad que ella, pero aun así esperaba siempre que la tratase como si la amara con locura. Una idea descabellada, Inuyasha se había convencido últimamente que su corazón ahora sólo latía para vivir y nada más.

Sin embargo, su padre estaba ilusionado con el asunto de la boda, como el frío de Sesshoumaru no daba atisbos de querer contraer nupcias aun, toda su atención era en él y en su futuro, sólo la palabra "nietos" hacía que su rostro rejuveneciera un par de años menos. Y no sólo eso había sido como resultado de su próximo matrimonio, las cosas andaban perfectamente bien ahora, la empresa había subido sus bonos, los socios volvían a invertir, todo gracias a esto… una boda que a Inuyasha le parecía más la unión con otra empresa, nada más. Así que fingió, para obtener buenos resultados, como siempre.

- Por supuesto que quería estar aquí… además mira- Sonrió y se abrió un poco la chaqueta, extrayendo de ella un par de folletos de agencias de viaje que dejó al lado de su prometida, ella los miró- … hay copias en nuestro correo electrónico pero también quise que nos dejaran esto para poder revisarlo.

- ¡Oh!- Los tomó entusiasmada y entonces sonrió, lo miró e Inuyasha pensó que debía ser más considerado con ella, Kikyo no merecía su desprecio, al contrario, tenía que sentirse feliz de tener una prometida tan cotizada y hermosa como ella.- Los catálogos… para nuestra Luna de Miel…- Se sonrojó. Entonces, él dejó de sonreír, trayendo a su memoria el recuerdo de cierta chiquilla humilde y sin maquillaje que se ruborizaba hasta por sus palabras. - ¿Qué pasa?- Despertó del recuerdo y sonrió forzadamente.

- Nada. – Tragó.

Kikyo no insistió, estaba feliz y emocionada leyendo los catálogos que mostraban distintas alternativas para pasar una semana de Luna Miel donde quisieran, obviamente con todo el lujo y la comodidad que ellos esperaban. Quizás hubiera sido mejor haber tomado un avión privado y elegir un lugar al azar en el mundo, pero Kikyo no quería darse el tiempo de organizar algo, ya bastante tenía con su vestido, ajuar y la decoración de la nueva casa que ya había comprado y él menos se daría el tiempo para eso.

- Hay de distintos lugares… vaya… aunque la gran mayoría ya los he visitado…- Dijo la mujer, levantando el rostro y sonriendo. – Supongo que te debe pasar lo mismo.

- Ni siquiera los he mirado- Respondió con neutralidad.

El garzón regresó con sus pedidos recién preparados los cuales acomodó en frente de cada uno. Inuyasha miró su plato sin muchos ánimos y se esforzó en comer aunque fuera un poco, la verdad añoraba volver a su cama y dormir, para no tener que soportar esa triste y monótona realidad.

- Bueno… no importa… tenemos tiempo aun para escoger… Dijo ella y entonces bebió un sorbo de champán para refrescar su garganta- Veamos… ¿qué prefieres? La ciudad, la montaña, el campo o la playa.

Inuyasha tragó su comida y luego se limpió la boca con la servilleta de género que tenía a su lado.

- La ciudad no, para qué, Tokio me tiene bastante estresado…

- Pero New York o París son idílicos para las parejas…- Refutó un poco de mala gana.- Si fuéramos a París aprovecharía de renovar mi guardarropas.

El hombre suspiró pesadamente.

- Quiero que sea un descanso, Kikyo, no una semana de compras.

Ella dejó de sonreír y volvió los ojos al catálogo. Durante un momento sólo leía y comía, Inuyasha retomó su comida la cual ya comenzaba a enfriarse.

- ¿Y la montaña?- Le preguntó ahora, con la voz más suave y esbozando un sonrisa seductora.- Podríamos ir a Suiza, a los Alpes ¿te imaginas? Esquiaríamos todo el día ¿sabes esquiar?

- Sí, claro que sé- Suspiró y bebió otro trago de champán.

- Aunque no tolero mucho el frío…- Agregó Kikyo.

El hombre sonrió, agotado.

- Entonces escoge otro. A mi tampoco me agrada mucho el frío… y me gustaría que fuera un lugar con clima diferente al que ahora tenemos- Y entonces, ambos dirigieron sus miradas hacia la ventana que tenían más cerca, que daba hacia uno de los patios interiores del restaurant y que estaba decorado de acuerdo al Feng Shui, completamente oscuro y cayendo una incesante lluvia helada.

- Cierto- Respondió la mujer y volvió a estudiar el catálogo.- El campo lo detesto, los insectos me causan alergia, sobre todo las arañas.

- Hay arañas aquí y en todas partes- Replicó cansado Inuyasha, ella pareció no escucharlo.

- Entonces nos queda la playa… vaya… aquí hay unos lugares maravillosos, estas islas del pacífico son realmente hermosas… aunque ni existe civilización, no creo poder estar tan ausente del mundo por una semana…- Suspiró-… pero tu estuviste en una isla con un clima estupendo hace poco ¿Qué tal si vamos para allá? Grecia es civilizada y… ¿San… ini? O algo debe ser muy bello ya que te retuvo bastante allá.

Él había quedado con su tenedor a medio camino, el corazón saltó dentro de su pecho y su cuerpo se estremeció ante el recuerdo de Grecia y Santorini, sol y mar en calma.

- Quien… ¿quien te contó?- Preguntó apenas, dejando el tenedor a un lado y limpiándose las manos, ya sentía en la garganta un nudo que le impedía digerir cualquier cosa.

Ella bebió un sorbo de champan bastante entusiasmada.

- Tu padre… - Sonrió-… si vamos y me muestras los lugares que recorriste yo…

- Definitivamente no- Respondió abruptamente y dándole una mirada casi maquiavélica.

La mujer se sorprendió. Jamás lo había visto enojado, al menos no de esa forma en que le hablara tan golpeado y más encima le diera una mirada que le provocó escalofríos, hubiera jurado que sus ojos dorados de pronto se volvían como llamaradas de una hoguera.

Entonces poco a poco él aminoró la ira que había dejado salir, mientras Kikyo abandonaba el catálogo en la mesa y comenzaba comer en silencio.

Ninguno de los dos habló el resto de la velada e Inuyasha hubiera querido disculparse con ella, pero el recuerdo de aquel lugar sólo había traído de nuevo aquel dolor lacerante en su pecho y revivido el vacío en su alma, además, volvía a darse cuenta del mundo, la realidad que estaba viviendo y que hubiera cambiado gustosamente… pero no podía, no podía… no podía.

Tragó con fuerza y miró a su prometida, a su lado, de reojo. Ella no merecía lo que le estaba haciendo… si pudiera corresponderle, amarla entonces... quizás olvidaría y su corazón sanaría, tendría una vida nueva donde todos serían felices… al menos su padre estaría satisfecho.

La limusina se detuvo frente a la puerta de la gran mansión de Kikyo. Él quería hacer las pases con la joven, así que se inclinó para darle el beso de las buenas noches, sin embargo Kikyo abrió la puerta y salió, diciendo un rápido "buenas noches" y luego cerró la puerta de golpe.

Cansado y frustrado, pidió al chofer que regresara a su departamento. Se reclinó en el asiento y pensó, con algo de alivio, que al menos esa noche no tendría que buscar una excusa estúpida para esquivar pasar una noche con ella.

Miroku decía, que era un estúpido ¿cómo rechazar a una mujer tan despampanante como esa? Con un cuerpo de diosa y además hermosa, pero Miroku no lo entendía, lógicamente él jamás se había enamorado.

Su departamento estaba a oscuras, solitario, inerte y como siempre. Se quitó la ropa, la lanzó al suelo como todos los días y se dejó caer en la cama, sintiendo el frío de la noche calarle hasta los huesos, pero no tenía ánimos de buscar abrigo, ni un abrigo era lo bastante reconfortante ahora, nada estaba bien. Nada.

Y volvió a soñar con las cálidas tierras de Santorini, donde el mar siempre estaba en calma y el sol brillaba fuerte y alegre, volvió a verla a ella, con su cabello al viento, su sonrisa inocente y sus ojos de niña. Escuchó otra vez su voz y sus recuerdos se entremezclaban con la misma niñita que le gritaba "Inu Baka". Su risa, su llanto, su enojo, sus suspiros cuando se había entregado a él…

- Te amo…- Murmuró Inuyasha de pronto.- Sólo quiero estar contigo… por siempre, Kagome.

- ¿Por… siempre? ¿conmigo?- Musitó, incrédula aun y en un hilo de voz.

Despertó, cuando aun no amanecía en la ciudad de Tokio, estaba agitado, transpiraba, el corazón latía desbocado, herido, sangrando. Lo había prometido y ni siquiera había sido capaz de volver y decirle porqué no podía estar con ella cuando moría por hacerlo… cuando sabía que se condenaba a una existencia insulsa y tortuosa… pero necesitaba verla, una vez más, quizás… sin que ella lo supiera, tan sólo verla y comprobar, que estaba bien… o…

El teléfono a su lado sonó de pronto quebrando el silencio de la noche. Inuyasha lo miró con recelo, rara vez éste sonaba porque era el numero que sólo conocía su familia cercana y Miroku, en caso de emergencia. ¿Su padre? Pensó aterrado y de inmediato se reprochó la debilidad de querer volver a Grecia. Contestó rápidamente, esperando escuchar una voz conocida, pero en cambio, fue el de una mujer que modulaba muy bien y de acento neutro, ella dijo que tenía una llamada desde Santorini, Grecia.

Y entonces su sangre dejó de fluir y el corazón pareció detenerse, mil ideas se arremolinaron en su cerebro, imaginando a Kagome que lo llamaba, pero entonces se dejó escuchar un hombre, educado y que se dirigió a él en un arcaico japonés.

- ¿Señor… Inuyasha Taisho?

- Sí… ¿Quién es usted?- Preguntó con desconfianza.

- Mi nombre es… AristoDalaras, soy médico, y trabajo en el hospital público de Thira, disculpe la hora… sé que es de madrugada allá pero… era prioritario que me comunicase con usted.

- Sí… diga…- Musitó, volviendo a sentir los latidos de su corazón que esta vez comenzaban a latir con fuerza.

- Es… un asunto complicado… se trata… de su madre… no me gustaría explicárselo por teléfono… es… delicado.

El muchacho arrugó el ceño.

- ¿Mi madre?

- Así es.

- ¿Esta ella bien?

- Ella esta… en casa ahora, no sabe que lo llamé porque se rehúsa a que la ayuden… pero esta muy enferma… y no quiere seguir el tratamiento.

Inuyasha recordó a la mujer que lo recibió con los brazos abiertos y sonriente, que nunca lo había cuestionado por haberse alejado, que seguía manteniendo su cariño a pesar de los años y de su propia indiferencia.

- Qué… ¿qué tiene? ¿por qué se rehúsa? ¿qué le pasa? Dígame ¡por favor!

- Tiene… un tumor cerebral…

El muchacho se quedó con la boca abierta.

- Si no se somete a una operación… la esperanza de vida…

¿Qué pretendía esa mujer? ¿morir? ¿por qué? ahora no podía, ahora menos que nunca porque ya sentía que se había reconciliado con ella, no, su madre estaba loca, no iba a dejarla morir, además, algún día tendría que volver con su padre, en eso Inuyasha jamás había perdido la esperanza.

- Muchas gracias por llamarme. Estaré allá esta misma noche.- Respondió decidido y entonces cortó.

Iba a tener que inventarse una muy buena excusa para que los demás no supieran que volvía a Grecia…

Continuará…


N/A: Ahh que tarde es, todos duermen menos yo, jeje, espero no se despierten sino me llevo un reto por estar a estas horas en el pc... en fin, era para actualizar, agradecerle todos los reviews que me enviaron, ya van más de 800, me siento emocionada por eso y... gracias por el apoyo de siempre jeje.

Las letras en cursiva son las conversaciones reales de los personajes que extraje de distintos capítulos, primero en Kagome, pues ella sueña todo lo sucedido con Inuyasha y luego le toca a él soñar y recordar una promesa que no cumplió.

¿Habrá reencuentro? jeje... a esperar la próxima actualización.

Un abrazo a todos, nos vemos.

Lady Sakura Lee